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Archivo de la categoría ‘Alemania’

Löw, el entrenador menos alemán

Domingo, 3 Julio 2016

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Es el Real Madrid de Eurocopas y Mundiales. Cambia sus generaciones, pero siempre está ahí sin personajes mediáticos que alboroten a la prensa. Alemania no tiene un Vengador que salve al mundo, como Cristiano a Portugal, o Bale a Gales, pero sus panzer avanzan rondas sin freno. Si no hubiese sido por la mejor España jamás vista, la última década de los germanos habría sido escandalosamente inolvidable. Hay que otear un horizonte muy lejano para divisar su último fracaso: la Eurocopa de Portugal (2004) donde el seleccionador Rudi Völler construyó la última Alemania de pelotazos y cabezas cuadradas. A partir de entonces, la federación eligió al carismático Jürgen Klinsmann para introducir una ingeniera alemana más sofisticada. Constructores como Michael Ballack sacudirían el bloque de hormigón que tuvo su momento álgido con aquella mítica frase de Gary Lineker, “El fútbol es un deporte que juegan once contra once y siempre ganan los alemanes”. Preguntado por la célebre cita, Joachim Löw sugirió una vez en una rueda de prensa honrar a Lineker. Y así ha sido.

Löw ama el fútbol tanto como el buen vino. Dicen que la vinoteca de su casa merecería turismo enológico por su ultramodernismo; tanto como sus métodos de entrenamiento. El seleccionador de la Mannschäft no puede vivir sin un ipad que le acompaña en la mesilla de noche. Es la libreta de Van Gaal. Mediante un software a la vanguardia alemana, nunca mejor dicho, chequea cualquier dato imaginable de cualquier futbolista, sea del equipo nacional o un juvenil de las seis ligas regionales del país. No en vano, uno de los objetivos capitales de Löw cuando era asistente de Klinsmann fue implantar una metodología única en las academias de fútbol. Una especie de Masía o escuela del Ajax en todos los landerDe repente, el fútbol siderúrgico cambió por la precisión geométrica; prohibido regalar balones sin sentido. Prueba irrefutable de esta evolución es que Alemania cada vez es menos peligrosa en el juego aéreo y más en ese fútbol escurridizo de Kroos, Özil y Müller.

Löw entendió que el atajo más rápido para tumbar a Italia era reaccionar ante la pasividad de Del Bosque. A Conte sólo le ganaría desde el banquillo porque la selección azzurra depende del cerebro  de su entrenador. La solución al sudoku planteado fue tejer una telaraña que enmarañase el partido. Si Italia salía con tres centrales, los germanos no le andarían a la zaga. Pocos países tienen una columna vertebral tan erguida como la alemana, ni siquiera la destartalada Francia. Desde ahí maniobró el jaque un Löw que tampoco se atreve a traicionar del todo las costumbres teutones. La grada de Munich se cansó de Guardiola porque no asimilaban que la pelota tuviese que entrar hasta la cocina. Joggi (así apodan al seleccionador alemán) experimentó con falsos nueves al principio de la Eurocopa, y pronto se dio cuenta que necesitaba un boya (Mario Gómez) en el punto de penalti. Muy alemana la idea. Khedira era el titular innegociable del entrenador durante muchos años; hoy también, pero no tanto. Esta Alemania está funcionando porque Toni Kroos ha recuperado la esencia de sus primeros meses en el Bernabéu. Está siendo el mejor del torneo y su vestuario lo sabe, incluida la azotea privilegiada de Thomas Müller, el Raúl González de este equipo.

 

Alemania vintage

Martes, 21 Junio 2016

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Thomas Müller no es el mejor futbolista del mundo, pero sí es el mejor del mundo en lo suyo”. Jupp Heynckes habla en muy contadas ocasiones y cada discurso suyo llena auditorios. Van Gaal brindó a Muller su primera oportunidad y fue Heynckes quien disparó su meteórica carrera. Salvando las distancias, el media punta de la Mannschaft tiene cierto aire a Raúl González: su carrera es antiestética, su disparo no intimida y el regate es poco escurridizo. Pero siempre está ahí: rematando centros imposibles, abriendo en canal defensas de hormigón e inventando pases en medio metro cuadrado. Müller es el perfecto ‘falso nueve’, lo supo Guardiola y le imitó hábilmente Joachim Löw desde el pasado Mundial de Brasil. Las míticas selecciones del ‘Torpedo’ Müller, Klinsmann, Bierhoff o Klose han evolucionado hacia una coctelera en la que el propio Thomas Müller, Özil y Kroos han desengrasado un estilo tan mecanizado.

Alemania no juega al ritmo de Iniesta, pero de vez en cuando saca a pasear aquella apisonadora que destripó a Brasil en la mayor humillación del fútbol contemporáneo. Su fútbol suena muy vintage, con delantero centro, y no necesita galimatías tácticos para despistar al rival. El juego alemán del pim, pam, pum perdura por los siglos de los siglos. Dice Bernd Schuster, cuya renuncia a la selección todavía es considerada un sacrilegio en el país, que “Alemania es el Real Madrid de Eurocopas y Mundiales”. Quizá tenga razón, porque manejan el tempo de las competiciones como nadie y callan a su prensa crítica cuando se acaba el fogueo. Se sobreexcitan con pesos pesados y, como Muhammad Ali, eligen al boxeador del momento para decir ‘aquí estoy yo’. A pegada es imposible ganarle porque Löw confía ciegamente en la estructura metálica que empieza por Neuer y sostiene Khedira, el pivote innegociable del seleccionador. El ex madridista mantiene el don de la apariencia, paquete para España y un ídolo en su país. Es la diferencia entre ensayar con alevines una genialidad de David Silva, y la querencia germana por los trotones en las escuelas.

El efecto dominó de la infantería alemana provoca que Toni Kroos juegue sin corsé. En la Mannschaft Khedira desatasca cañerías y Krooos copia a Xabi Alonso. Sin mirar de reojo a su defensa, el madridista coloca pases de cuarenta metros y luce ese putt tan tan característico en su pierna derecha. Löw no traicionó la costumbre patria por tercera vez: del falso nueve contra Ucrania y Polonia, hoy hizo caso a la opinión pública colocando un boya en el área, Mario Gómez. Cualquier club de la Bundesliga construye su plantilla a partir de un delantero centro y un francotirador. Por eso, Guardiola fue un genio incomprendido. Alemania volvió a ser Alemania. 

Mario Götze, de proscrito a héroe nacional

Lunes, 14 Julio 2014

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Mario Götze era hasta ayer ciudadano proscrito en Dortmund. Jugó allí desde los nueve años hasta que el todopoderoso Bayern de Munich le dobló el salario dándole cariño de estrella. Fue entonces cuando la grada vertical del mítico Westfalenstadion quiso hacerle vudú a base de amenazas a él y a su familia. Götze había traicionado a su club de siempre porque quiso ascender en la vida; sin embargo, Pep Guardiola no ha sabido (o querido) encajar en su galimatías táctico al prototipo de futbolista alemán del futuro. “Sal ahí y demuestra que eres mejor que Leo Messi”, le susurró al oído Joachim Löw instantes antes de saltar al césped de Maracaná: no era una arenga cualquiera sino la punzada que necesitaba Mario para herir su orgullo y enseñar a su nación que el Bayern acertó fichándole tanto como Jürgen Klopp tutelando su carrera. Götze es de esos genios impasibles que a veces tardan un rato en entrar en acción y ayer no fue la excepción, porque durante un buen puñado de minutos, lejos de aliviar a su equipo cogiendo el balón, se movió por el verde sin cabeza ni corazón, como un ‘pecho frío’ argentino.

La máquina de ingeniería alemana se desactivó desde que Argentina se acogió al estilo Mourinho y defendió su bloque con cemento armado dejando suficiente pólvora para sus pistoleros. Lástima para todos ellos que se les encasquillaran los revólveres porque, paradójicamente, la selección con más gol del campeonato sufrió su talón de Aquiles precisamente en la delantera. Se había dicho que los argentinos tenían los mejores goleadores, un pésimo centro del campo y una defensa algo potable. Pues resultó que Mascherano fue el mejor del campeonato, a pesar de que la mano de Julio Grondona, presidente de la AFA, es demasiado alargada y Messi fue nombrado por sorpresa MVP de Brasil. El barcelonista no se ha estado reservando para Maracaná. sencillamente su físico no da para más desde que prescindió de los servicios particulares de Juanjo Brau, el recuperador por excelencia del Barça que lo había mantenido a tono estos últimos años. Le cuesta moverse por el campo como si recién acabase un banquete romano en el túnel de vestuario, y el único indicio que sugiere que sigue siendo Leo Messi son sus arrancadas esporádicas que dejan atrás unas cuantas piernas. Con algo de reprís, Messi habría vuelto loco a Hummels toda la noche. Y qué decir si hubiese jugado el lesionado Di María. Menos mal que Boateng alardeó de físico y actuó como dos o tres centrales a la vez: el mejor de la Mannschaft en la final y quizá también mejor jugador del partido, a pesar de los nombramientos extraños de Blatter y sus gerifaltes.

Messi falló la ocasión de inmortalizarse como el sucesor definitivo de Maradona, e Higuaín volvió a etiquetarse como el delantero del ‘casi’. Un error clamoroso tras otro sólo podía leerse entre líneas como que Alemania nunca muere. Al tran tran, jugando sin las revoluciones del histórico 1-7 a Brasil, los alemanes movieron el balón oscilándolo como un equipo de balonmano, esperando su ataque. Su ‘tiqui-taca’ se parecía a la versión oscura española: mucho sobe de balón sin terminar la jugada. Argentina les planteó un partido a cara de perro sin permitir a Löw ordenar el ‘ataque relámpago’ que machacó a los anfitriones.

El desenlace no podía pintar más traumático: sólo una cagada en toda regla o el gesto e un genio podían romper la baraja. Rodrigo Palacios tuvo delante de sus narices la ocasión de Robben a Casillas en la final de Sudáfrica y no supo reventar el balón. Pero Götze sí supo bajar un centro bombeado de Schürrle para machacar la red de Romero. De proscrito a héroe nacional, es el destello del alumno aventajado llamado a liderar la próxima generación alemana, una más que, por supuesto, llegará a cualquier semifinal como mínimo. Y es que en los últimos treinta años, Alemania tiene el gen competitivo del fútbol mundial. Con o sin trofeo, siempre nos quedará la Mannschaft.

Y no fueron diez goles de milagro

Mircoles, 9 Julio 2014

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“En esta Alemania jamás habría renunciado a jugar”. Fue la reflexión socarrona de Bernd Schuster pocos minutos después de la masacre del Mineirao. El legendario centrocampista teutón no quiso jugar con su país un amistoso contra Albania en 1983 porque coincidió con el nacimiento de su hijo y la rebeldía le costó la expulsión eterna. “En este equipo, hasta yo con mi edad me divertiría”, lo dice un sabio que, a estas alturas de su vida, ya lo ha visto todo en el mundillo del fútbol. O casi todo. Paco González acertó con el titular de la noche: “Esta goleada es la madre de todos los partidos de la historia”. Pasarán los siglos y el repaso más soberano que se haya visto en un Mundial todavía escocerá. Devolver una bofetada de tales proporciones bíblicas requeriría una Copa del Mundo en Berlín y otra goleada a la inversa, pero a tenor de la cabezonería del seleccionador Luis Felipe Scolari (ni un amago de dimisión), queda Brasil de hormigón para rato. De repente, el fútbol repartió papales distintos y el mítico Brasil del setenta fue imitado palmo a palmo por una Alemania jugona de tiqui-taca. Vamos, un Bayern de Guardiola en toda regla.

El espíritu Neymar, con David Luiz enseñando a todo el Mineirao su camiseta, se esfumó en un chasquillo de dedos. Lo que tardó Joachim Löw en descuartizar a la canarinha de pies a cabeza. El entrenador alemán siempre ha confiado en Khedira y aún se sorprende de la condición de paquete con la que la prensa española trata a su panzer preferido. Con la camiseta nacional, Khedira hace de Makelele y Özil al mismo tiempo (siendo más decisivo incluso que el ‘besugo’); o sea, un cóctel más gustoso que Fernandinho y Paulinho juntos, cuyo tacto por el balón sabe a suela de zapato. Pero Scolari quería morir con sus principios y, aunque se atornille al banquillo por muchos años, jamás habrá visos de jogo bonito. Sus ideales son músculo, mamporros y Neymar. Quizá tenga que atenerse a esta promoción en la que sólo el barcelonista divierte como un malabarista; no obstante, todavía quedan dispersos por ahí Ronaldinho, Robinho, Kaká y Lucas Moura, éste el gran ausente.

Con ellos tampoco habrían ganado nunca a Alemania pero sí habrían aportado algo de show. Como el que hizo, por ejemplo, Toni Kroos, fichaje inminente del Real Madrid. Guardiola no ha contado con él por su predilección hacia Thiago y eso que gana el Madrid. Es un pelotero de los que habría engatusado hasta al propio Alfredo Di Stefano: pisa el balón, medita la mejor jugada, y siempre encuentra un pase decisivo o un disparo a media distancia que busque las cosquillas del portero. Anoche encontró las de Julio César. Kroos vale para construir fútbol y volatilizarlo al contraataque, estilo preferido de Cristiano y Gareth Bale. Opinión diferente merece Schweinsteiger: su edad le ha reconvertido en un Paul Gascoigne con mentalidad germana.  Vertebra la columna de la selección y gambetea en un metro cuadrado, no le hace falta más. Como tampoco a Miroslav Klose, que ha dejado atrás a Ronaldo Nazario en goles mundialistas cazándolos por tierra, mar y aire. En cualquier generación alemana no puede faltar el delantero tanque por antonomasia; Klose aglutina varias camadas juntas y siempre ha sido necesario. Merece una despedida triunfal de Brasil.

El lloro desconsolado de David Luiz no fue inesperado. Sin Thiago Silva y Neymar, o con ellos, se barruntaba un epílogo cruel. Desde luego, Scolari jamás habría desactivado el martillo neumático de Löw. Y si éste no hubiera ordenado bajar el pistón, la goleada podría haber merodeado los diez goles. Habría bastado que Özil hubiese recuperado aquella versión que llegó a dejar boquiabierto al Bernabéu. Quien sí lo haría y un porrón de veces es el Raúl González Blanco de la Mannschaft. Él es Thomas Müller, antiestético corriendo, regateando y chutando, pero siempre delante del gol. Sin tener nada, lo tiene todo: oportunista como Raúl, infatigable en el esfuerzo, presiona por todo el césped olisqueando el balón. Su carácter arrollador lo ha transmitido a un equipo que pisotea y pisotea al rival hasta dejarle aplastado. Le da igual que sea en el nido de Brasil o en un partido de sábado por la tarde contra el Werder Bremen: su obsesión por el gol es de diván de psicólogo. Por eso, Alemania es el país más competitivo que ha existido siempre y, por eso, tenían que ser ellos los que firmaran la mayor vergüenza de la historia centenaria del fútbol. En el futuro ya no bastará que gane Brasil: o fabrican nuevos Zicos, Romarios y Ronaldos, o la torcida brasileña dejará de excitarse con el fútbol. De cualquier modo, siendo Scolari el comandante, la masacre no habrá terminado.

La hormigonera Khedira

Jueves, 3 Julio 2014

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Sami Khedira todavía no ha concedido ninguna entrevista en español. Chapurrea, sabe mantener un diálogo de besugos y lleva cuatro años enterándose de lo que opina la prensa española. Su seleccionador, Joachim Löw, puso el grito en el cielo durante la última Eurocopa porque consideraba un sacrilegio que en España se considerara a Sami un paquete. “José Mourinho entiende que existen futbolistas imprescindibles para el juego oculto”, comentó Löw en la concentración polaca de 2012. El entonces técnico madridista consideraba a Khedira tan intocable que el Madrid rechazó una oferta del Manchester United por 40 millones de euros el pasado verano. “Es imprescindible”, dijeron en la planta noble del Bernabéu. Ya no estaba Mourinho, sino Ancelotti, otro entrenador que no entiende el fútbol sin ese “juego oculto”. El italiano tampoco entendió por qué la grada murmuraba cada vez que Khedira tocaba un balón; “es un centrocampista que sería titular en cualquier equipo del Calcio”, confesó Carletto en una entrevista al Corriere Della Sera. Pero Khedira se rompió la rodilla en un amistoso contra Italia el pasado noviembre y dentro del club le pusieron rápidamente la etiqueta de vendible.

Ancelotti pidió al club hace unos meses que mantuviera a Khedira porque necesitaba un “tapón para cubrir agujeros”. Pero quizás la decisión de Ancelotti no ha sido demasiado persuasiva porque el alemán pretende escuchar ofertas y se hace el remolón ante una posible oferta de renovación del Madrid. Louis Van Gaal, actual seleccionador holandés y ya entrenador del United, le sigue y le persigue; necesita un Nigel De Jong para vertebrar el nuevo centro del campo de Old Trafford, y en los próximos días el club británico intentará negociar en Madrid.  Y no son los únicos: dicen que la Fiorentina también intentará pescarle porque sus cualidades cuadran a la perfección en el férreo estilo del Calcio. Según fichajes.net, Mario Gómez, compatriota y amigo de Khedira, le ha llamado varias veces para intentar convencerle.

Pero hasta que Alemania no acabe su aventura mundialista, el futuro de Khedira no se aclarará, hecho que sorprende a los enviados especiales de la Mannschaft y al propio Löw. “Estuvo perfecto en la goleada contra Portugal y eso es lo que necesita el equipo contra Francia”, dice el gran portero Bodo Illgner, ahora comentarista de Bein Sport. En su país, Khedira ha sido casi tan esencial como Busquets en España; era, en pasado, la extensión del seleccionador alemán en el campo. Pero Khedira se lesionó, y aunque su selección le ha esperado, Löw ha copiado la innovadora idea de Guardiola: apostar por Lahm en el centro del campo. No obstante, el partido de Francia apunta a Lahm en el lateral derecho, su posición natural, así que Löw sacará su mejor hormigonera. “Sami al cien por cien es un  bloque de ladrillos; de lo contrario, se puede hacer pedazos”, no lo dice cualquiera, sino un tal Lothar Matthaüs, que de esto algo sabe. 

“Jodida final de Eurocopa”

Martes, 5 Junio 2012

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El guardameta checo Petr Kouba sorprendió a la prensa cuando, meses después de la fatídica final de la Eurocopa del 96, justificó la victoria in extremis de Alemania con un alarde de cultura futbolística. El ex portero del Deportivo de La Coruña, entre otros, contó en una televisión de Praga que “Alemania es el ogro que siempre acaba ganando”. Y prosiguió: “sucedió en Wembley, cuando nosotros íbamos ganando para regocijo de toda Europa, pasó en el Mundial de Italia contra la Argentina de Maradona y también en el Mundial de Suiza 54”. Para asombro de la opinión pública, Kouba se puso a contar una historia que había escuchado de niño, la de cómo la Alemania más dócil de la historia supo encontrarle las cosquillas a la mejor Hungría de todos los tiempos, liderada por ‘Cañoncito pum pum’ Puskas y el grácil extremo Zoltán Czibor, que años después jugaría en el Barça. El checo contó que en la primera fase Hungría, favorita absoluta del torneo, machacó a Alemania por un sonrojante 8-3,  y en la final, a la que casualmente habían ido a parar los germanos gracias a su tenacidad inagotable, la fiesta estaba preparada de antemano para homenajear a la fabulosa selección húngara. Pero como dijo magistralmente el mítico Gary Lineker justo después de que su Inglaterra quedase eliminado en las semifinales de Italia 90, “el fútbol es un deporte donde juegan once contra once y siempre ganan los alemanes”. Así que durante aquella tarde de Berna el cuento de la cenicienta se vino al traste por la cabezonería germana, que ni con 2-0 adverso se rindió.

Kouba todavía no se explica cómo se le escapó el famoso gol de oro de Oliver Bierhoff en la prórroga. La tanqueta alemana la pegó mordida y el portero, creyendo que un cañón Bertha le destrozaría la cara, sacó las manos delante por si acaso. Pero aquel balón le llegó tan blando que ni siquiera pudo amortiguarlo con los guantes, que más bien fueron manoplas. El fatalismo (para Kouba) quiso que la pelota entrara llorando para éxtasis alemán y, sobre todo, de un Bierhoff que no podía imaginar cómo el gol más churro de su vida sobreexcitó a una nación entera. Evidentemente, Kouba fue preguntado por la televisión de su país y su respuesta arrastró una buena dosis de ocurrencia…y resignación: “Se mofarán de mí el resto de mi vida y eso que ayudé a mi selección a jugar una jodida final de Eurocopa”.

Hoy, martes 05 de junio, aquel gol aún causa cachondeo; sin ir más lejos, en el búnker alemán de Gdänsk (Polonia). El manager general del combinado teutón es, precisamente, Oliver Bierhoff, quien ha inaugurado el ciclo de ruedas de prensa diarias. Y, por supuesto, no ha faltado el chascarrillo de uno de los goles más tontos en la historia de las Eurocopas: Bierhoff estuvo acompañado del presidente de su federación, Wolfgang Nierbasch, quien en un momento de evocación pastelosa recordó sus momentos más decepcionantes y desternillantes con la selección alemana. Naturalmente, el presidente rememoró el gol de Bierhoff con sarcasmo: “le pegaste tan duro que era imposible que no entrase”. Y mientras la prensa alemana se descojonaba de risa, Bierhoff apenas esbozó una sonrisa, quizás porque con ese gol siempre se le reaparece la cara desencajada de Petr Kouba. Al menos, el ‘gracioso’ Nierbasch no nos dejó mal a los españoles: el gol de Fernando Torres en Viena no le quita el sueño, pero el de Antonio Maceda al legendario portero Toni Schumacher en la Eurocopa de Francia 84 todavía lo recuerda como una pesadilla, la misma que sufre Kouba desde aquel estropicio.

 

‘Wembley Tor’ (gol de Wembley)

Sbado, 29 Enero 2011

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Fue el 30 de julio de 1966. Entonces, el fútbol ya agitaba a las masas y las rivalidades históricas se batían en un terreno de juego. Wembley se había acicalado para reclamar al mundo la excelencia que Las Islas también debían tener en el deporte. Inglaterra y Alemania se citaron en una de las finales más populares en los anales del fútbol (las reminiscencias de la Segunda Guerra Mundial estaban a flor de piel) y tuvo que ser allí, en aquel momento y con los ojos del mundo pendientes del fair play de las dos superpotencias, cuando el fenómeno del  ‘Wembley Tor’ (gol de Wembley) entró en la posteridad.

Geoffrey Hurst reventó el larguero con un disparo al borde del área pequeña y la pelota botó hacia fuera. Alemanes e ingleses alzaron los brazos, los primeros en señal de que no había entrado y los británicos para celebrarlo; todos nerviosos menos el propio Hurst, que se inclinó para apoyarse sobre las rodillas a la espera del fallo final del árbitro suizo Dienst, quien confió tamaña decisión al linier soviético Bakhramov. Éste le susurró al suizo que era gol y en consecuencia, la nación alemana bramó contra la que hoy todavía consideran como una de las injusticias deportivas jamás perpetradas. Tanto es así que los estadios alemanes siguen bautizando cada gol fantasma como ‘Wembley Tor’.

Pero lo extraordinario del gol de Inglaterra fue la movilización de la ciencia para determinar quién debió tener razón. Estudios de Física y análisis posteriores de eminencias de Oxford concluyeron que el balón de Hurst nunca entró. Obviamente, los expertos se desenvolvieron en un marco tecnológico muy precario: las televisiones retransmitían con una sola cámara en la que, a la vez, ralentizaban la imagen para ofrecer jugadas de moviola. Aparte, se servían de un puñado de fotogramas como pruebas para refutar decisiones. Roger Hunt, el futbolista inglés más próximo al bote del balón, siempre comentó que él levantó los brazos porque vio gol; no obstante y a tenor de más estudios de Oxford, las palabras de Hunt nunca fueron una certeza, ni siquiera un testimonio a tener en cuenta. La prestigiosa universidad británica cerró el caso que un ‘no’ rotundo: el balón nunca entró en su circunferencia total.

Aquel gol fantasma dejó de ser una incógnita memorable porque hace años Hurst reconoció de una vez por todas que su gol no debió valer. Casi cuatro décadas después, la confesión no tuvo mucha repercusión, aunque la reputación de Oxford y sus teorías de la uniformidad del bote del balón quedaron inmaculadas. Recordaréis que la final del 66 volvió a primera plana en el mundial de Sudáfrica del pasado verano. Pero el disparo de Lampard sí fue captado a la perfección por una cámara cenital. La FIFA demostró que los goles fantasmas ya no regatearían a la tecnología…o al menos así lo creímos hasta el pasado miércoles.

Y eso que los Sevilla-Real Madrid guardan antecedente con otro gol dudoso: en 1975 durante un partido entre ambos equipos también en el Pizjuán, otro alemán, Paul Breitner, se sacó un misil que entró por el lateral de la red de la portería del sevillista ‘Superpaco’. El gol fue validado pero nunca entró entre los tres palos. Desde luego, estaba claro que la red cedió por el costado por el que se coló el balón, porque ni siquiera los madridistas lo celebraron. Buscando por internet no he encontrado ningún vídeo de aquel partido, tan sólo la foto del delito, y es bastante clara. Además, las crónicas y los testimonios de la época coincidieron por unanimidad en que fue ilegal.

El de Luis Fabiano con Albiol tardará en esclarecerse. Pero antes de valorarlo, habría que reverenciar la realización modélica de las cámaras de Canal Plus que, como casi siempre, rayan la perfección. Después de cuatro o cinco tomas dudosas, hubo otra que supuestamente capturó el balón detrás de la línea en su totalidad. Fermín, ‘el del banderín’ no lo vio cristalino y como dijo Valdano, “el gol nunca admite dudas y éste siempre las tendrá”. Pero el portero Palop aseveró que el “noventa y nueve por ciento de los linieres habrían pitado gol”, razón no le falta. El caso es que nadie puede asegurar científicamente que fue o no fue gol. Así que ya puede la FIFA volver a probar los dichosos microchips o fijar definitivamente, y por la cuenta que le trae, el ‘ojo de halcón’. Mientras tanto, el departamento de Física de la Universidad de Oxford tiene trabajo. Estaremos pendientes de su resolución.

Nos estamos acostumbrando muy bien

Jueves, 2 Abril 2009

Cómo ha cambiado el discurso. Si el derrotismo ha sido el estigma de España durante toda su historia, ha sido ganar una Eurocopa y lo demás venir por sí solo. La selección ha cogido una inercia triunfal en la que parece que plantear un empate es de segundones. La ‘Roja’ juega y gana en todas sus vertientes: que el rival invita a hacer ‘tiki-taka’, pues jugamos cortito y al pie; que urge ser expeditivos y plantear partidos físicos, pues los nuestros se remangan la camiseta y a la faena. Por suerte aún no hemos tenido que emplear el ‘patamun p’arriba’ de Javier Clemente. Y anoche, en el Ali Sam Yen, los españoles sudaron para contrarrestar las embestidas de unos turcos ardorosos, que se desenvolvieron con más vehemencia que inteligencia.

Del Bosque estuvo acertado al alinear a Riera. El extremo del Liverpool ha recuperado ese juego explosivo con el que destacó en el Español. Quienes no estuvieron atinados fueron Xavi y Xabi Alonso, engullidos por un gran Mehmet Aurelio (cómo eché de menos a Iniesta). Sin embargo, este grupo cuenta con multitud de recursos y ayer el premio se lo llevó Güiza, quien porfió en dar guerra hasta el final. Viene bien tener a un delantero tanque como el gaditano para refrescar el lado ofensivo.

Lo que importa es que, juegue bien o mal, España no tiene parangón en Europa. Del resto de países, si acaso destaca la remozada Inglaterra de Fabio Capello. El italiano ha inculcado a los ‘pross’ carácter para sufrir. Anoche en Wembley, Terry salvó a la nación con un gol sobre la bocina ante Ucrania. También continúan sólidas Alemania y Holanda, aunque sus rivales apenas tienen empaque. Encima, la selección holandesa funciona por los madridistas: Robben, Huntelaar y Van der Vaart son indiscutibles. Extraña el caso de Van der Vaart, que sigue saliéndose con su selección cuando en el Madrid todavía no ha aparecido en escena.

Italia va a lo suyo. Da igual que empatase anoche contra Eire, al final acumulará los puntos necesarios para clasificarse con holgura. Y quien cada día ofrece peores síntomas es Francia. Lejos queda ya el extraordinario combinado de Zidane. Hoy es Ribery quien mantiene en la brecha a sus compañeros. Pero Francia se encuentra sumida en un periodo de transición y no se atisba optimismo en las generaciones venideras.  

De Sudamérica, el gran titular es la humillación de Bolivia a Argentina. Llegaba Maradona a La Paz con aires de grandeza y los andinos le dieron un bofetón en toda regla con media docena de goles. Messi y Agüero se diluyeron ante el ímpetu aplastante de los andinos. En consecuencia, ha quedado claro que la albiceleste no es tan infalible como nos querían vender desde Buenos Aires. Y por último, Brasil ganó sin convencer por enésima vez. A los ‘canarinhos’ se les ve tristones, no disfrutan con su fútbol y eso es lo peor que les puede suceder. Menos mal que todavía juega Kaká, el único que puede arreglar el desaguisado, porque el pasotismo de Ronaldinho es mayúsculo. A ‘Ronnie’ se le acabó el talento hace tiempo. 

De Viena al cielo

Lunes, 30 Junio 2008

Suena raro decirlo porque no estamos acostumbrados a ello, para nada. España es la nueva campeona de Europa y no es un milagro. Nuestra selección ha sido la mejor del torneo, así de simple. El fútbol le debía una a Europa tras la conmoción que supuso la victoria de Grecia hace cuatro años, y España se la ha devuelto al viejo continente. Hemos vuelto a demostrar que jugando bien es más fácil ganar. Luis Aragonés y sus pupilos han  lapidado los tópicos, clichés y demás prejuicios absurdos sobre este combinado. Dije en el anterior artículo (Hoy no es un lunes cualquiera) que anoche daba igual ganar o perder, que ya habíamos colmado cualquier expectativa. Era cierto, pero no del todo. Seguramente, si España hubiera perdido contra Alemania injustamente, ahora estaríamos jurando y perjurando por haber desaprovechado una ocasión histórica. Pero la dulce realidad es que el buen fútbol de España ha sido la mejor herramienta para alzarse con el título.

España ha sido atrevida desde el principio de la competición.  Ha sido fiel a su fútbol, al de salón, el único que conocen estos jugadores. Y eso es para aplaudir. ‘La Roja’ ha sido un ente extraño entre selecciones que se rigen por la máxima de ganar a toda costa o de cualquier manera. Da verdadera lástima ver a potencias como Alemania o Italia que no se preocupan por su talento ni se molestan en descubrir sus virtudes. Se guían por sus réditos y de las rentas no podrán vivir eternamente. Si la Francia de Zidane avasalló por su gusto exquisito, España va camino de ser un émulo, la cual, sin ninguna figura rutilante, ha apostado por el equipo, que es la esencia de este deporte al fin y al cabo. Porque anoche daba gusto observar jugadas de tiralíneas, pases precisos, centros desde las bandas, subidas de los carrileros con sus correspondientes coberturas, disparos lejanos, regates, triangulaciones y contundencia defensiva. Vamos, el partido perfecto.

Luis Aragonés se ha salido con la suya. Ha remado contra viento y marea por su testarudez, o más bien por su sabiduría (por algo es ‘Sabio de Hortaleza) y se ha ganado la admiración de todos los españoles. Del cariño colectivo a Luis  no estoy tan seguro porque aún habrá ‘raulistas’ rencorosos y recalcitrantes que ignoran que Raúl es un futbolista feliz en el día de hoy, feliz por su selección. Allá ellos. Lo importante es que hoy todos estamos orgullosos, satisfechos por haber lapidado esa teoría casi axiomática de que el fútbol sólo nos daba disgustos. Pues no, el balompié (suena más castizo) ya no es el patito feo de los deportes españoles. Por fin podemos presumir de ser los reyes de Europa, quizás del mundo dentro de dos años. Y qué bonito ha sido descubrir en ‘La Roja’ futbolistas en potencia como Marcos Senna, Iniesta, Cesc y  Villa, a los que les faltaba culminar grandes actuaciones en grandes campeonatos. Enhorabuena por ellos, el país les agradece su derroche y compromiso.

Es ahora cuando recuerdo aquella frase del ‘zapatones’ en las que decía que en el fútbol sólo valía ganar, ganar, ganar y volver a ganar. ¡Qué razón tenía Luis! Sin embargo, a España sólo le ha valido ganar jugando maravillosamente, y así, como he escrito, todo es más sencillo. Las exhibiciones de la selección han atestiguado que hay diversión para unos cuantos años, por lo menos hasta Sudáfrica 2010. Casillas, Puyol y Torres son los líderes de una nueva generación de ‘locos bajitos’ que han deleitado a una nación. Aprovechémosles, han logrado la primera de muchas gestas.