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La reverencia de Anfield

Jueves, 23 Octubre 2014

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Anfield rindió su tributo a Cristiano Ronaldo. En señal de gratitud, el estadio aplaudió al unísono su cambio por la enésima actuación galáctica; lástima que todavía no haya encontrado en los campos de España esa reverencia. Culpa suya por unos cuantos años de chulería y también de esa corriente antimadridista que no aguanta el desfase abusivo entre los dos señores de la Liga y el resto de vasallos. De repente, el Madrid pintó un cuadro digno del museo del Prado, como el de Munich de la Champions pasada. Quizás sean sus dos obras maestras, las que el público guardará en la retina para presumir que el fútbol no es sólo pegada. También los blancos saben impartir su vertiente de tiqui-taca, con más velocidad y menos pases. La verticalidad de este equipo supera la de una pared de noventa grados: desde que Toni Kroos cede el balón a Modric la apisonadora se activa para triturar defensas, porteros y hasta los tres palos, si hace falta. A los mandos el de siempre, el Hércules portugués considerado por su vestuario como el mejor de todos los tiempos: “¿Homenaje a Messi? A Cristiano, que es el mejor”. Sin vacilar, Arbeloa daba carpetazo a una polémica surgida del pique motivado por el inoportuno Javier Tebas, presidente de la LFP. Y el propio CR7, consciente de que cualquier desliz cabe en portada, echó balones fuera: “No es un duelo Messi-Cristiano, es un Madrid-Barça”. Él sabe perfectamente cuándo debe empezar a venderse para el Balón de Oro.

Michel Platini lanzó el tomahawk esta semana: “El Balón de Oro lo debe ganar un alemán porque ha sido año de Mundial”. Cristiano se ha aplicado a sí mismo el silencia stampa pero está facilitando demasiado a los votantes su elección. Liverpool era hasta anoche territorio inexplorado por el Madrid y en poco más de media borró de un plumazo su leyenda negra con los reds. Anfield se quedó alelado, como hoy muestra el diario MARCA en portada, ante el portugués y el potencial devastador de un equipo construido para volatilizar todo lo que se le ponga por medio. Y mucha culpa de ello lo tienen los dos guardaespaldas que se han ganado la confianza del ‘bicho’. El primero e indiscutible sigue siendo Benzema. El ‘nueve’ que mejora a otros ‘nueves’ también golea como un killer del área, aunque le repateé ese rol. Al principio del partido falló dos pases porque James todavía no estaba donde debía, quizá porque el francés lee el fútbol más rápido que casi todo el mundo. Sólo Cristiano sabe compartir confidencias con el otrora monsieur empané. Ahora ya no está en el limbo; al contrario, también se ha contagiado de ese apetito voraz e insaciable del personal. Debió pensar que en este Madrid quien no corre, vuela y, por eso, no meter goles es de pardillo.

A Benzema le pone construir jugadas como si fueran mecanos y ahí encuentra la sana oposición de James Rodríguez, la revelación del equipo, Su pase de media vaselina a Cristiano en el primer gol recordó, salvando mucho las distancias, al de Laudrup a Romario en aquel fantástico gol a Osasuna. James se va a divertir mucho imaginando combinaciones imposibles con los de arriba: su zurda es un guante de seda para trazar centros con escuadra y cartabón, y disparar proyectiles inteligentes. Parecía que no (prejuicios absurdos de periodistas), pero el colombiano está dando que hablar. Y, paradojas tácticas, a James le viene mejor que a Bale jugar en su banda antinatural; desde la derecha templa el balón mientras que al galés le vendría mejor la izquierda como pista de atletismo. Está claro que mientras todos los males de Ancelotti sean pintarrajear su pizarra, Florentino no tiene de qué preocuparse.

Luis Suárez, un gamberro en el Ibex 35

Jueves, 5 Diciembre 2013

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El entrenador del Liverpool, Brendan Rodgers, no exageró cuando dijo en verano que el mejor fichaje que haría su equipo sería un “Luis Suárez con la cabeza bien amueblada” (having his head screwed on). La prensa británica se mofó del técnico y algunos tabloides como el Sun sugirieron a Rodgers montar un equipo competitivo antes que “llevar al uruguayo a un correccional”. El técnico se erigió casi en el único defensor de la causa del uruguayo: creía que podía reeducarle y borrar en poco tiempo su imagen de enemigo público número uno. El mordisco de Suárez al brazo de Ivanovic, del Chelsea, hizo saltar por los aires el solemne código de buena conducta de la Premier League.

La presión social de la carismática grada de The Kop fue tan exagerada que no pasó un día en el que los hinchas no reclamaran su cabeza. Había mancilla la camiseta red y, para un público tan distinguido, es más grave que un futbolista manche el nombre de un club tan venerado que falle goles a diestro y siniestro. Esto último no es el caso de Luis Suárez, quien detectó rápido la animadversión hacia él. El delantero se obsesionó desde Brasil, donde compitió en la Confederaciones, con una posible llamada de Florentino Pérez. Dependiendo donde se publicara el rumor, su nombre estaba por delante del de Cavani o detrás del ‘Kun’ Agüero. Sólo le importaba escapar de Las Islas.

Pero Rodgers entendió que para centrar a su chico, lejos de atosigarle con gritos de barracón militar, necesitaba cuidarle con guante de seda. Sólo así se reencontraría con el gol y sólo así firmaría las paces con Anfield. Luis Suárez ha captado el mensaje a la primera: golea como quiere, revienta las defensas y, sin duda, se ha vuelto a colocar en el Ibex 35 del mercado. El Madrid le contemplaba cuando Benzema estaba en el ojo del huracán y todavía tiene escrito su nombre en la libreta, por si a monsieur empané se le ocurre regresar al limbo. Esta semana se ha ganado la redención definitiva. Puso patas arriba a Anfield, “recordando al mejor Kevin Keegan”, se atrevió a decir el comentarista estrella Gary Lineker. Quizá sean palabras mayores comparar a un mito como Keegan con el impacto mediático y ¿efímero? que está teniendo Suárez. Sin embargo, es uno de los hombres del momento, inventando goles de cualquier ángulo, pero todavía con la sospecha de chico gamberro. “Si se atrevió a poner el diente en un contrario, quién dice que no liará otra igual dentro de un tiempo”, afirmó Peter Kenyon, ex director ejecutivo del Chelsea y principal benefactor de Mourinho en Inglaterra. De momento, no ha sucedido. Y mientras le jalee Anfield, Luis Suárez seguirá en la agenda de fichajes…del Madrid y de medio mundo.