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Madrid y Barça, el nudo gordiano…

Mircoles, 30 Marzo 2011

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Podremos tragar con huelgas de controladores aéreos; tampoco molesta que el Congreso retrase la aprobación de una ley…pero aplazar una jornada de fútbol se antoja sacrilegio en España. El pataleo de los clubes de Primera y Segunda (menos el G-6 rebelde) ha sido una pantomima más de un gremio cuyas diferencias evidencian que la Liga nos mola por Messi, Cristiano y otro puñado de estrellas, no por su modelo de competición. Porque si una jueza debe decidir si en tres días hay o no fútbol, es un absoluto disparate. Y para hacer un trabalenguas, más disparatadas son las declaraciones de Enrique Cerezo espetando que “el parón habría sido un disparate”…¿Disparate? Disparate es que lo diga el presidente de un club que apoyaba la huelga.  Pues estos mitotes están a la orden del día en nuestra ‘mejor’ liga del mundo.

Así que el G-6 ha ganado el pulso en aras del sentido común: el cierra patronal habría supuesto aburrimiento por un tubo (si un fin de semana sin Liga es un sopor, dos ya ni os cuento) y, sobre todo, un peligro a la vista para el gobierno de turno. Ningún político se atrevería a abolir la obligatoriedad del partido en abierto; como mucho, llegaría a un acuerdo con la Liga para que algún operador compre los derechos y los venda a alguna tele para que emita sin codificador. Quizá ésa sea la solución más salomónica. Pero si finalmente el Gobierno cede a los intereses crematísticos de los clubes, que se olvide de la de  ‘ley Cascos’, amén del asunto de los ingresos de los clubes por quinielas y demás juegos. El panorama pinta un fútbol controlado por un colectivo de egoístas, empecinado en dejar tiritando a las televisiones con millones a granel, rascar todo lo que puedan en los derechos del juego y, por supuesto, mofarse de Hacienda: el todavía secretario de Estado para el Deporte, Lissavetzky,  ha repetido esta mañana que los clubes deben casi setecientos millones y lo que falta de la Seguridad Social. Y para mayor escarnio, no hubo enmiendas al partido en abierto de la ley audiovisual aprobada hace un año, ¿por qué ahora sí?

A partir de este punto, el presidente de la Liga, José Luis Astiazarán, aboga por empezar a redactar una nueva hoja de ruta que, por cierto, parece más complicada que las gestiones diplomáticas en la Franja de Gaza. El Gobierno no va a claudicar con el fútbol para toda la nación; la patronal porfiará por mayores ingresos con conatos de huelga y el dúo Madrid-Barça se mantendrá distante apoyando a la mayoría y sin descubrirse descaradamente. Precisamente el nudo gordiano comienza por el agravio comparativo entre los dos grandes y el resto: la Liga, como representante de ‘todos’ los clubes, no se ha esforzado por mitigar las penas monetarias de la mayoría, la razón es obvia: si Madrid y Barça funcionan como equipos y, más importante, como empresas, la supervivencia del campeonato está asegurada. José María Del Nido es quién más ha clamado por un reparto menos tercermundista y sus argumentos son lícitos cuando los compara con otras ligas europeas. Pero las audiencias son irrefutables y deducen que Madrid y Barça son apisonadoras sin ningún contrincante a la vista: el Atlético, con el tercer presupuesto, está sometido a una catarsis continua y siempre son Valencia, Villarreal y Sevilla los aspirantes a los puestos vacantes de Champions (menciono ésta porque la Europa League es económicamente deficitaria salvo para el ganador).

O sea que el vodevil empieza desde dentro, pero no con las desavenencias del flamante caso del G-6 y el resto. Hasta que los clubes no consensúen un torneo más competitivo que no sean dos ‘ligas’, Madrid y Barça exigirán lo que creen que les pertenece y a los demás no les quedará otra que formar más grupillos o resignarse al ostracismo. Quizá no interese meterle mano al establishment y al público le enfervorice que el pulso de cada año sea Barça-Madrid. Creo que es que la revisión más urgente que debe acometer la Liga…el resto, como habéis comprobado, son vaciladas sin sentido.