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Dos entran, uno sale

Jueves, 4 Agosto 2016

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Dos entran, uno sale, como en la Cúpula del Trueno de Mad Max. Es la eterna pelea por el puesto más codiciado de un equipo. Y no es el goleador. Luis Enrique maneja una elección tan volátil como seguir alternando a dos de los mejores porteros del momento o hacer caso de la vieja escuela y apostar todo a la bola roja. Por merecimientos, Claudio Bravo dio media final a Chile en la Copa América con dos intervenciones sublimes y ha ganado las dos Ligas que ha disputado. Firme debajo de los palos, su mandato es parar con los guantes, primero, y dominar sus botas, después. Expeditivo, entrena el pase corta a su primer defensa y también el patapum p’arriba (guiñol de Javier Clemente dixit) en circunstancias inevitables. Bravo es capitán de un país campeón que no entendería una suplencia gratuita. Apenas canta, controla el mano a mano con infinitos tentáculos que empequeñecen la portería y repele cabezazos magistrales. Lucho no debería encontrar motivos para romper costumbres.

Al otro lado del ring, Ter Stegen, el sofisticado guardameta alemán que parece haber mamado la escuela cruyffista. Lleva guantes, pero podría pasar por centrocampista elegante. Sus reflejos no le suelen traicionar, pero sí esas jugadas poco ortodoxas que buscan sobreexcitar a la grada. Vino del Moenchengladbach porque el Barça necesitaba una garantía en la portería que no envejeciera. Él estaba preparado para el gran reto, pero le trajeron a Bravo y Luis Enrique optó por la decisión salomónica. El chileno jugaría todos los fines de semana para mantener su regularidad, y a Stegen le regalaba la competición de los mayores, en la que un fallo te manda a casa. Cometió uno grosero en París durante la primera fase de su primera Champions, y se resarció en aquella semifinal contra el Bayern de Guardiola, en la que fue pesadilla de Lewadowski. Los balones a quemarropa son su especialidad, los regates suicidas su debilidad y los balones aéreos un calvario que necesita demasiado entrenamiento. “El portero del futuro” fue el eslogan que le colgó Zubizarreta, entonces director deportivo, para olvidar rápidamente la sospechosa salida de Víctor Valdes. Llegó a Barcelona entre un aluvión de odiosas comparaciones: de Zubi a Valdés y de éste a Ter Stegen. Por el camino, porteros espantapájaros y guitarristas de club de la comedia. Zubi le trajo porque la fiabilidad alemana vende, y mucho. Salvo aquel Timo Hildebrand del Valencia que, en efecto, fue un timo en toda regla. Desde siempre, el Barça ha jugado en campo contrario, con la zaga en la medular y la necesidad de que cualquier portero bordease el precipicio de José Francisco Molina, el escurridizo arquero del Atlético de Madrid que salvaba media docena de ocasiones por jugar a cuarenta metros de su portería. Ése es el Ter Stegen que prefiere controlar un balón con el pecho a blocar con las manos.

Suplente de Alemania, la sombra de Neuer se puede alargar hasta la posteridad. Stegen necesita jugarlo todo porque está en fase de crecimiento, y así lo transmitió en las oficinas del club esta semana. Y como en estos casos, el fuego cruzado de versiones interesadas se dispara sin piedad, nadie sabe a ciencia cierta si amenazó con ultimátum o sólo pidió una explicación para imaginarse en su cabeza el panorama de esta temporada. Dicen (nunca se sabe quién) que Guardiola le espera en Manchester porque no se fía del cantarín Joe Hart. Esto último es información, lo primero simple palabrería. O no. Pero el Barça no vende a su “portero del futuro” porque si el alemán puede con la presión de Bravo, no habrá copia de las llaves de la portería. Sin embargo, el chileno viene más emocionado que nunca, habiendo vencido a Messi en dos finales consecutivas y con el desafío de jugar Europa. La Liga no es consuelo. El Real Madrid no rota porteros, ni el Bayern, ni el United, ni el Atlético, que también tiene a dos muy buenos. Dos entran, uno sale.

  

Mascherano, líder silencioso

Mircoles, 27 Julio 2016

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Líder silencioso para el gran público y padrino en el vestuario de un grupo huérfano desde la retirada de Carles Puyol. La mejor noticia para el Barcelona es que los más jóvenes aún tendrán que aguantar el taladro de Javier Mascherano para que no pierdan la cabeza como cualquier estrella de rock. Nunca farda de palmarés, ni siquiera de una eterna alabanza como la de Diego Armando Maradona, cuando siendo seleccionador de Argentina en 2009 dijo aquella mítica “La Albiceleste serán Mascherano y diez más”. Por supuesto, Leo Messi venía incluido en el montón. El ´jefecito´se jubilará en el Barça porque Luis Enrique necesita su brújula y ordenar a sus compañeros como piezas de ajedrez durante la celebración de un gol. Como Bill Shankly, él también piensa que el fútbol es algo mucho más importante que una cuestión de vida o muerte (perdón por desordenar la cita): “Sólo disfruto en los entrenamientos. En los partidos siento demasiada presión porque no puedo salir relajado, como Piqué”. Dentro de tres temporadas concluirá su nuevo contrato y en la calle apenas recordarán que él siempre prefirió jugar en el centro del campo, conteniendo como Fernando Redondo. Curiosamente, la Juventus le ofreció este verano reeditar su viejo oficio y Masche se lo pensó dos veces. Sin embargo, su espectacular Copa América y la jerarquía en la zaga azulgrana de los últimos tiempos han pesado en su decisión. Cumple años pero no pierde frescura; sus piernas no pesan y, con permiso de otro veterano como el madridista Pepe, no hay mejores centrales que ellos al corte.

No viste esmoquin ni se regodea en los flashes de un photocall. No busca las cámaras pero cuando le toca hablar, es tan sincero como Samuel Eto’o;  bueno, quizá eso sea imposible. Se desvive por su escudo, pero no entiende el fanatismo. No en vano, esta temporada no escatimó elogios para el entrenador del Real Madrid, Rafa Benítez, cuando confesó en una entrevista para la Gazzetta que Rafa le “había sacado de un pozo de veinte metros”. Agradecimiento por haberle fichado para el Liverpool y decirle a la cara que aún teniendo a Xabi Alonso, Gerrard y Sissoko, él tenía más calidad que los tres.  Ha cumplido 32 años pero le sobra mercado: pocos clubes cuentan con bulldozers que puedan cubrir cincuenta partidos o centrales con cicatrices de grandes guerras. Mascherano vale para cualquiera rol, incluso de conferenciante al estilo brillante y pausado del maestro César Menotti. Que se lo pregunten a Guardiola, con quien mantuvo largas pláticas en las tediosas concentraciones. Es un hombre de fútbol que vive y estudia su profesión, como el médico de cabecera que tiene que preparar una charla a sus residentes; a los ayudantes de Guardiola les pedía pilas de vídeo de sus rivales para intuir sus debilidades, cómo defender a sus delanteros o cortocircuitar sus tácticas. Se entrena dos horas, lo que dura cualquier entrenamiento en España, pero respalda la costumbre anglosajona de trabajar días enteros en las ciudades deportivas. Así se lo comunicó al ‘Tata’ Martino.

Amigo íntimo de Messi, sabe que sin D10S buscaría un plan de jubilación en cualquier otro lado. La infinita timidez de Leo le obliga a veces a hablar por él. Incluso, un periodista francés que sigue al Lyon confiesa que Umtiti tiene ganas de entrenar con Mascherano para que “le imparta doctrina”. Sin protagonizar portadas de prensa, selfies de instagram o tuits provocativos, la gente del fútbol habla de él. Las galas le excluyen porque no pertenece a ese celuloide donde saber jugar es tan importante como ser guapo, rico y famoso. Pero no le importa que le digan que es de la vieja escuela o, como presumen los culturetas, futbolista vintage. Gente como Mascherano es necesaria para que este mundillo no se acartone del todo entre tanta pasarela. Hacen que nos sigamos creyendo al fútbol.  

 

Pico, pala y goles

Domingo, 15 Mayo 2016

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Armó el Kalashnikov y en el día señalado no se le encasquilló. Luis Suárez regaló la Liga al Barça y pidió permiso a Messi para posar delante en la alfombra roja de Hollywood. Disparó antes de preguntar en Los Cármenes porque sabía que un gol suyo abriría la lata y evitaría cualquier calvario que perturbarse al vestuario. Entendió mejor que nadie la inspiración de Neymar (¡por fin!) y se hinchó a desmarques mortales. Era su momento y ni siquiera los goles de Cristiano que aparecían en el videomarcador le descuadrarían el día perfecto. Jordi Alba dio con la tecla en zona mixta: “Luis es el mejor no porque meta goles, sino porque también trabaja para el equipo”; es la opinión generalizada en el club. El uruguayo sale al campo a tumba abierta, como si quisiera reivindicar que la FIFA metió la pata hasta el corvejón con su mordisco a Chiellini. De enemigo público a ídolo de masas con el revolver más rápido del Oeste. Desenfunda tan rápido que los más puristas se ponen de pie cuando le mencionan, y eso sólo ocurrió con Stoichkov, Romario y Ronaldo Nazario. Todos ellos Balones de Oro. Cuando la temporada intuía el enésimo Barça de Messi más diez, apareció el ‘caimán’ justo cuando la MSN se oxidaba. Precisamente, D10S agradece que su delantero centro remate, centre, abra huecos, baje al barro para pelearse con las defensas y persiga el balón como un rottweiler con los ojos inyectados. El mundo le considera una estrella, él se siento minero: pico, pala y los goles llegarán a borbotones.

Suárez llegó al Barça olvidándose de su ego personal y ensayando la mejor de las sonrisas delante del espejo. Ha superado a Neymar en decibelios de aplausos porque sigue jugando de crack silencioso, goleando y ejerciendo de samaritano (22 asistencias en toda la temporada). A Pep Guardiola le habría encantado contar en el Bayern con este ejecutor, híbrido entre un ‘falso nueve’ y un boya de waterpolo. Sus movimientos son demasiado escurridizos como para pegarle a la chepa un Gattuso de turno; su colocación recuerda a la de Karim Benzema, tan productiva fuera del área como letal en la cocina, quizá más. Luis ha asimilado que sólo hay un gallo en el corral y, además, él se ha convertido en su mano derecha. Con Messi suele armar el taco porque se ven de reojo y telegrafían la jugada. Sus habituales cenas familiares son festejadas en la planta noble del Camp Nou (esto es información y no opinión): admiran la simbiosis de ambos porque al mismo tiempo espantan viejos fantasmas. Por de pronto, los del discotequero Ronaldinho y el ególatra Ibrahimovic. Uruguayo y argentino son tipos normales que huyen de las cámaras, hasta el punto de torcer el gesto si el que les graba con Periscope es el mismísimo Piqué.

Diego Torres publicó en El País  hace dos temporadas que varios directivos del Real Madrid disuadieron a Florentino Pérez de fichar a Luis Suárez. “Un delantero de ochenta millones no sólo tiene que marcar goles”, comentaron los ejecutivos, según el periodista. Daban a entender que el club necesitaba a Benzema o una versión aproximada del francés, lejos del típico delantero como Falcao, que remata (o remataba) hasta un microondas desde el punto de penalti. Pensaron que el carácter inflamable de Suárez colisionaría con el libro blanco de conducta del club; por encima de todo, la imagen. Y sí, el uruguayo está forjando su leyenda buscando goles por tierra, mar y aire; desde el fútbol de alcantarilla para listos hasta el Circo del Sol llamado Fútbol Club Barcelona. A él le deben la Liga número 24. Y las que quedan.

Primero dispara y luego pregunta

Jueves, 21 Abril 2016

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No hubo pájaras en la subida al Tourmalet. Los tres escapados ni siquiera se miran de reojo; casi que pedalean con plato grande. El líder ha vuelto a pegar un arreón cuando ha sentido en el cogote el aliento de los otros; su descalabro sonaba a los de Jan Ullrich en aquellas peleas gloriosas contra Armstrong y el ‘Pirata’ Pantani. Pero el Barça se ha descubierto como la locomotora americana que, lejos de desfallecer, ha vuelto a imponer un ritmo brutal. El que ha querido y le ha dejado un Depor demasiado relajado. El 0-8 es la coartada perfecta para reclamar como accidente la derrota contra el Valencia. El campeón entró en barrena y salió de la crisis de la manera más contundente: asustando como Mike Tyson. Resulta que Luis Enrique, enemigo público número uno de la prensa y casi de la calle, quizá tuviese razón: no fallaba el físico sino la puntería, porque en Anoeta Gero Rulli salvó a la Real Sociedad y el pasado domingo Diego Alves se convirtió en Duckadam, no parando penaltis pero sí disparos por tierra, mar y aire. El Barça espanta fantasmas y Luis Suárez se declara ganador en el debate de quién ha sido el mejor de la MSN. Desde luego, el killer uruguayo no sólo destroza sus propios récords (ya lleva 50 goles esta temporada) sino que garantiza a su equipo el mejor delantero centro del momento. Golea y da asistencias, rechazando las teorías de los ‘falsos’ nueves. Calibró su Kalashnikov cuando más lo necesitaba, y en cualquier palmo del área ataca al balón como un velociraptor a su presa. Tendría su enjundia verle en un equipo de Guardiola, con tantos delanteros móviles que, de repente, cambian a media puntas o interiores. Suárez es el delantero que pivota en el punto de penalti para rematar hasta un microondas (bonita expresión de Jorge Valdano); fuera del agua se muere porque, al contrario que Benzema, él no entiende el fútbol como un mecano donde la jugada empieza a construirse desde la banda.

A Romario le preguntaron en O Globo quién era su favorito de este Barça. Y cuando todo el mundo intuía que tiraría de inercia patriótica con Neymar, el senador más transgresor del parlamento brasileño sorprendió con Luis Suárez. “Me recuerda a mí, con mi instinto pero sin mis regates”. O Baixinho sigue pendiente del negocio del balón y sabe que el club azulgrana compró la mejor semiautomática del mercado. El Camp Nou la disfruta, como lo hizo Anfield en el año que casi les devuelve la Premier League. Por eso, el mito del Liverpool, Kevin Keegan, avisó hace tiempo al barcelonismo:No saben de qué es capaz el monstruo”. Entre sus diabluras de extremo derecho y delantero centro, se sacó dos Balones de Oro. Al igual que Suárez, ‘Super ratón’ Keegan triunfó en la Premier alejado del estereotipo de tanqueta goleadora (tal honor le correspondió a J.B.Toshack). Los regates del uruguayo son una vintage de aquellas fintas del gran ariete de los setenta. Keegan cambió la idea simplona y folclórica de los inventores del fútbol, mientras que el uruguayo no ambiciona tanto, si acaso, un recuerdo como el de Hristo Stoichkov, de quien le han dicho que puede aspirar a lo mismo: un Balón de Oro. Casi nada. Luis plantea cada partido como un duelo en el Lejano Oeste. Dispara nada más recibir, sin pensar, sin imaginar el ángulo. Le da igual a bote pronto o en pirueta, remata el balón como Hugo Sánchez. Y cualquier aroma añejo siempre es bienvenido. Suárez es el goleador del momento, que dio pistas en Amsterdam y se consagró en Inglaterra. Si Football Leaks desvelase que el Real Madrid le tuvo tan a tiro…

Busquets, el ‘huracán tranquilo’

Viernes, 12 Febrero 2016

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Debutó en 2008 siendo ‘el hijo del portero’, pero con los años a papá Busi le han terminado conociendo como ‘el padre de Sergio’. Vicente Del Bosque le rindió un tributo inolvidable en Sudáfrica defendiendo sin rubor que si fuera futbolista, le gustaría parecerse a Busquets. No acapara portadas porque cualquier gesto de Messi o Neymar acaba siendo trending topic, ni tampoco suele ser cómplice en el césped de los prodigios de Iniesta. Sin embargo, supera a casi todo el vestuario en las notas de los cronistas: suele sacar sobresaliente y apenas baja al notable; de lo contrario,  el Barça entraría en mayday!  Como dice el maestro César Menotti, “es el coche escoba que limpia la alfombra para que el resto de esos locos bajitos hagan sus diabluras”. La voracidad de nuestro periodismo deportivo, que escanea con lupa hasta la roña que puedan tener en la uñas Cristiano Ronaldo o Messi, se olvida a posta de la clase media. Y Busquets representa esa clase obrera de tarea poco glamurosa. Fue el peón decisivo que ansiaba Mourinho durante su época merengue; no en vano, un directivo de la planta noble del Bernabéu sugirió más de una vez intentar un segundo caso Figo, claro que no tan bullicioso.

Este Barça sufre de algún modo el ‘síndrome Makelele’: el francés aguantaba el equilibrio galáctico hasta que se hartó del ninguneo y se largó. El Madrid le consideró intrascendente y Zidane, Figo, Raúl y Ronaldo se estrellaron en aquel galacticidio. Ellos vendían el fútbol total y Makelele sostenía la viga maestra del tinglado táctico. Sólo cuando las piezas se desacoplaron, el proyecto faraónico de Florentino comenzó a resquebrajarse. Desde la irrupción meteórica de Guardiola, el Barça ha tensado un cable que Busquets mantiene firme para que, por una parte, su retaguardia no se encuentren de bruces con una invasión enemiga y por otra, Messi y el resto de alquimistas se liberen de cualquier marrón. “Es el mejor centrocampista del mundo”, espetó Guardiola en Munich. Pista más que fiable para que el resto de todopoderosos le quieran tentar. Busquets recibió dos ofertas el pasado verano de Chelsea y Paris Saint Germain, pero el Barça le había prometido un contrato de estrella de rock. Media temporada después, ni ha estampado la firma ni le han dado turno en las oficinas del Camp Nou. Y Busquets, que conoce los trapos sucios de este negocio, ya ha deslizado en la ESPN que le debe media vida a Guardiola: “Sólo mi mujer y Guardiola me harían dejar el Barça”. ¿Hora de cobrar el favor?

“Busquets arrasa con todo si el físico no le traiciona”, palabra de Frank Rijkaard. No lo dice uno de los entrenadores más decisivos de la historia moderna del club, sino uno de los mejores centrocampistas defensivos que ha visto el fútbol mundial: el ‘huracán tranquilo’, tal como le calificaron en un artículo de FIFA.com. “Todo fútbol, el rácano o el más vistoso, necesita fontaneros”, lo sabe bien Fabio Capello, que nunca ha querido cambiar la llave inglesa por un pincel. Y, desde luego y a pesar de las apariencias melindrosas, Guardiola siempre mete la llave pesada en su caja de herramientas. Busquets es imprescindible antes, ahora y siempre; sin duda, es otro ‘huracán tranquilo’. 

Pintando Giocondas

Domingo, 20 Diciembre 2015

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“La última Gioconda la pintó Guardiola”. César Menotti atajó de golpe el creciente debate de barra de bar insinuado desde Barcelona. ¿Pep o Luis Enrique? Los títulos casi les dan empate técnico (el Athletic lo desigualó con la última Supercopa), pero el fútbol atrinchera a los puristas (menottistas, y bielsistas son los maestros filósofos) contra el ataque directo, sin delicatessen (en el Bernabeu mourinhistas, en el Calderón cholistas…). Luis Enrique es una versión híbrida apta para ambas tendencias: sin ensayar el baile de salón con el que el Barça maniató al Santos de Neymar en 2011, su secuela no está obsesionada con empujar el balón en el área pequeña. Al contrario, se esfuerza tanto en el contraataque como en combinaciones escurridizas al primer toque. ”Cualquier atajo es perfecto para chutar a portería”, insisten desde el cuerpo técnico del asturiano. Julio Maldonado ‘Maldini’, que de dinastías futboleras sabe un rato (tiene toda la historia del fútbol digitalizada, TODA) cree que sólo una dupla ficticia formada por Messi y Ronaldo Nazario superaría a la MSN. Y siendo tan escrupuloso en sus análisis, la osadía de ‘Maldini’ quizá no sea tan exagerada.

Michael Schummacher acabó peleando contra su leyenda en Ferrari; a Roger Federer le pesó tanto la hegemonía, que llegó un momento en el que no ganar títulos suponía fracasar. Este Barça intenta superar su propia barrera del sonido y el primer reto, como dice José Mari Bakero, es romper la maldición de la Champions: desde el Milan total de Arrigo Sacchi, ningún club ha podido repetir dos Copas de Europa consecutivas (1989 y 1990). El villano más peligroso de los azulgranas es el Real Madrid más inconsistente de los últimos tiempos: de la Champions de Lisboa a subirse a la barca de Caronte en tiempo récord. Todo sucede a la velocidad de la luz en el Madrid, ése es el problema que nunca sufre un Barcelona que da tiempo a sus proyectos, moldeándolos según la ideología de Cruyff. Unos como alumnos aventajados (Guardiola) y otros un poco más díscolos (Luis Enrique). Sin embargo, la génesis prevalece y salvo excepciones forzadas y precipitadas como el ‘Tata’ Martino, la idea es ejecutar rivales con elegancia, como un fino esgrimista con florete. No a cañonazos en pleno ambiente discotequero, como suele ocurrir en el Bernabéu.

Messi, Neymar y Luis Suárez. Tres estrellas, tres amigos que suelen cenar en familia. Alves es el alma de las fiestas, tan querido por todos que su felicidad pesó demasiado para no largarse rajando; Piqué, el liante del grupo y tan amado entre sus huestes como odiado entre tantos otros con sentido común; Mascherano, ‘jefecito’ sobre el césped y en la calle. Son la pandilla de amigos que cualquier directivo querría. Sin guerras civiles, sin malos rollos. La última vez que hubo una colisión de egos en Can Barça, Eto’o y Ronaldinho se declararon el fuego cruzado y el proyecto de Rijkaard se resquebrajó para siempre. A Luis Enrique le salvó el puesto su vestuario porque entendió que con Messi no cabían broncas. Sus buenos y nuevos amigos, ‘Ney’ y Luis, se sienten su guardia pretoriana, saben quién es el D10S. Y como las armonías son perecederas, el Barça juega en una época para la posteridad. Como el Brasil del 70, como el Dream Team, como Pep.

 

 

“Ponte detrás de Messi”

Martes, 20 Octubre 2015

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“Busquets es innegociable en el doble pivote”. La cabezonería de Vicente Del Bosque terminó cuando Xabi Alonso se despidió en Brasil. Luis Enrique, por su parte, no ha tenido tanta paciencia: Busquets siempre ha confesado que su hábitat termina un puñado de metros por delante de la defensa. Ahí es donde encuentra oro y mirra. Sin embargo, su entrenador se empeña en usar el comodín por cualquier palmo del campo; a la antigua usanza, como el polifacético Miguel Ángel Nadal, de profesión central del Dream Team y de afición delantero centro en situaciones imposibles. La primera parte de Borisov fue la prueba de que el algodón no engaña: perdido de interior izquierdo y, mirando cómo Mascherano oteaba plácidamente la colina, Busquets ni siquiera se postulaba como la amenaza fantasma. El 0-0 del descanso tenía coartada, Luis Enrique no.

Busquets es el fontanero del Barça y, por eso, no figura entre los 23 candidatos para el Balón de Oro. A la FIFA no le conviene por estética elegir a futbolistas que se ensucian en el fango. Busi se embarra en el juego oscuro, ése que el equipo necesita entre bambalinas. Y aunque el BATE no requirió sus servicios, sí evidenció que el catalán sólo ha nacido para comerse marrones. Y a mucha honra. Como Neymar, que presionado en la condición de líder interino, ignoró el photocall con susmejores fintas y bicicletas. Suya fue la internada que acabó con asistencia a Rakitic en el balcón del área, y también facturó el segundo pase de gol. Y cuando los mentideros de Barcelona todavía dudaban si Neymar acabaría engullido por su egocentrismo (como le sucedió al ex madridista  Robinho), de repente imitó a Leo Messi. El vestuario azulgrana nunca ha sospechado del brasileño; simplemente refunfuñaba cuando quería la patente de todas las jugadas. De Neymar se cuentan demasiadas fábulas, cada una de ellas sellada con el prejuicio sobre su entorno juvenil. Su grupo de amigos, los ‘toiss’, suelen disparar los rumores de una vida disoluta; sin embargo, su verdadero círculo lo forman dos personas: su padre, Neymar, y el representante de toda la vida, Wagner Ribeiro. Un Jorge Mendes brasileño que controla cualquier promesa con ínfulas de Pelé.

“Eres carismático en Brasil, aprende ahora a ser líder en el Barcelona: ponte detrás de Messi”. Fue el primer consejo de Ribeiro a su futbolista minutos después de la presentación ‘hollywoodiense’ que le brindó el club en el verano del 2013. De hecho, Neymar nunca se avergüenza en confesarlo delante de un micrófono: “Messi es único y luego estamos todos para ayudar”, contó a Canal Plus después del Atlético 1-Barcelona 2 de esta Liga. Sabe que la pole position está reservada por los siglos de los siglos, o al menos hasta que D10S deje de rifarse los Balones de Oro con Cristiano. De momento, expediente cumplido: el Barça casi en octavos y Neymar gustándose como en el Santos, pero sin sentirse tan estrella de rock. Allí la táctica recordaba a la escena de Evasión o Victoria en la que, precisamente, el preso de guerra Pelé traza su jugada en una pizarra de portería a portería. El Barça es distinto a todo. Este Neymar también.   

“Pedro es el más espabilado con y sin balón”

Sbado, 1 Agosto 2015

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“Cuando todos fallan, él acierta. Es un futbolista al que le sale todo bien”. Minutos después del baile de Wembley, Guardiola respondió a un periodista británico en la sala de prensa interesado en la actuación de Pedro Rodríguez, entonces Pedrito. El Barça acababa de desquiciar al Manchester United en una de las finales de Champions más descaradas de la historia. Fue 3-1 porque los azulgranas así lo quisieron, con un fútbol delicatessen sólo apto para románticos del ‘cruyffismo’. Y no fue Messi quien comenzó la juerga, sino ese veinteañero tímido delante de las cámaras, y escurridizo y pícaro con las botas puestas, que batió a Van der Sar con una especie de putt perfecto y dejó en muy buen lugar a su descubridor, el ojeador canario Sixto Alfonso. “No es bueno porque le suele salir todo, sino porque siempre elige bien”, se ufana en contar el cazatalentos. Coincide Guardiola, quien aposto por él, al igual que por Busquets, como productos de edición limitada de La Masía.

Pedro ha jugado más de 300 partidos, 200 de titular y 98 goles oficiales. “Siempre cumple. No se puede decir lo mismo de muchos otros”, espetó Tito Vilanova en una entrevista a Barça TV.  Claro que su nombre no vendía periódicos ni camisetas; por eso, tuvo que batirse el cobre con personajes de escaparate de Quinta Avenida: en su primer año llegó Ibrahimovic, a continuación David Villa y tiempo después el sueño pernicioso del ex presidente Rosell: Neymar. Cualquier otro habría pedido el exilio, pero ningún entrenador, incluido el ‘Tata’ Martino, quiso desprenderse de un auténtico obrero del fútbol. “Es de los delanteros que mejor me entienden el pase al hueco”, aseguró Xavi Hernández; su primer gol en el Bernabéu (0-2 en la 2009/2010) y el que abrió el cinturón metálico del United en Wembley lo atestiguan. Quizá el mejor cumplido, el que más le gusta a él, se lo sugirió su amigo Busi: “Es el futbolista más espabilado que conozco con y sin balón”. Quizá sea ese el secreto por el que el Barça se resiste a venderlo; también Guti tuvo el suyo que le mantuvo en el Real Madrid década y media.

El Manchester United supuestamente ha pujado fuerte por Pedro (el Barça lo niega) porque no quiere ser el “mejor cuarto delantero del mundo”. Así le considera Luis Enrique cuando le explicó que delante tiene a los “tres mejores del mundo”. Él lo asume con la misma facilidad con la que quiere que el club le agilice una despedida sencilla. Porque así es su vida fuera de un vestuario repleto de egos ‘hollywoodienses’. Su intención es jugar el puñado de minutos que no le descarte para la próxima Eurocopa, ya que Del Bosque insiste en que “la agresividad de Pedro rompe con el molde de España de jugar al pie”. Y de paso, probar otras ligas, por ejemplo la Premier. Allí puede que se rencuentre con el tipo con quien más ha disfrutado y aprendido en los entrenamientos: Thierry Henry, que vive en Las Islas. Fue un solo año de convivencia, pero dio para un máster acelerado con monsieur Tití. Por si acaso, los interminables rumores del mercado también apuntan al Bayern de Guardiola. Caché no le va a faltar, es el currículum que se ha currado el único futbolista de la historia (sí, de la historia) en marcar en todas las competiciones imaginables de clubes en una sola temporada. El Pedrito del Barça quiere alzar el vuelo, sólo que ahora será Pedro. Sencillo, punto.


Bartomeu por delante de todos

Mircoles, 15 Julio 2015

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Debate sano y sin zancadillas en Ca Barça. Lejos quedan ya aquellos duelos electorales en los que una frase cortaba de raíz horas de verborrea anestésica (por ejemplo, aquel misil antológico de Ramón Mendoza en las elecciones del Real Madrid en 1995, cuando lanzó “ambos contendientes son igual de malos”, en referencia a un novato Florentino Pérez  y al testimonial Santiago Gómez Pintado). Anoche el Camp Nou celebró la última oportunidad para aclarar el voto del soci indeciso, y el resultado sigue siendo una incertidumbre absoluta de esa cuarta parte del electorado que elegirá presidente por arrebato más que convencimiento. Josep María Bartomeu, el peso pesado, saltó al ring con la guardia alzada y no tardó ni quince segundos en soltar su directo favorito: el triplete, concepto demasiado manoseado como propaganda electoral pero que vende tanto como la corrupción de PSOE y PP para Podemos. El último presidente habló por boca de Luis Enrique, su entrenador blindado a los ataques por tierra, mar y aire. Nunca ha sido personaje en el universo Barcelona ni pretende serlo, por eso su falta de carisma la rellena con datos demoledores para el resto de contrincantes: títulos, figuras hollywoodienses, patrocinios millonarios y ese Espai Barça que pretende convertirse en un parque de atracciones más temático que Port Aventura.

Minimizar daños fue el objetivo de los asesores de Bartomeu. Salir a pegar a sabiendas que recibiría un puñado de jabs esperados: el fraude del caso Neymar, sanción FIFA y las sospechas éticas de Catar. Esos debían ser los asaltos de Joan Laporta, pero su vaguería o dejadez por preparar un debate muy decisivo para su candidatura le relevaron a páginas interiores. Tenía que ser Laporta en portada con tomahawks inteligentes contra Bartomeu y acabó liado en un discurso aburrido, farragoso y que el favorito se encargó de engorronar más con demagogia barata pero útil (“usted que es abogado, señor Laporta, no confunda los términos ‘imputado’ y ‘procesado”). Da la sensación que el ex presidente vive y se emborracha de su propio ego, de un carisma inflado con el prodigio de Guardiola y viviendo de ese pasado. Cuando el resto de candidatos se ha esforzado en redactar un programa electoral sesudo, él sale con un tríptico simplón con menos texto que las pegatinas que regalan dentro del envoltorio de un Bollycao. Se jacta de que el electorado conoce de sobra sus intenciones, pero como dice un ex barcelonista del Dream Team de Cruyff: “Laporta es como un loco con una camisa de fuerza que no para de repetir en un manicomio: ‘Cruyff, Guardiola y Masía’ “. Precisamente, la cantera suele ser un arma de varios kilotones imprescindible en una guerra de trincheras, aunque poco le preocupa a Bartomeu haber fallado en la fabricación en serie de una nueva remesa de jóvenes perfectos cuando su pegada de carteles se abrevia en Messi- Suárez- Neymar.

Y entre bambalinas, los dos sparrings que debían montar bulla. Uno lo hizo con creces y el otro se evaporó entre tanta cordialidad y diplomacia empapada de suavizante. Agustí Benedito sabe zafarse en el uno contra uno, pero necesita prensa mamadora: al menos, un diario deportivo y alguna televisión local que le dé carrete. Comparado con los demás, su discurso inicial de minuto y medio fue copiado del mismísimo Marco Tulio Cicerón: FIFA, Catar, el dinero negro de Neymar y un Barça entre juzgados nacionales y provinciales. Pim, pam, pum; una combinación de puñetazos perfectos para alguien que necesita personajes con cara y ojos en sus presentaciones. A Toni Freixa sí le conocen, como un rebelde sin causa, pero le conocen. Preside la corriente subversiva de Sandro Rosell: cabreado porque su propio ex presidente atrofió un proyecto de amigos yuppies en un modelo faraónico, donde él decidía. Freixa como Benedito son opciones de futuro. Sus puestas de largo necesitan envejecer en una barrica de malos tiempos y con un nuevo Elefant Blau. Así fue como nacieron Laporta, Bartomeu…es decir, todos.    

Propaganda en el Barça

Jueves, 2 Julio 2015

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“Si soy presidente del Real Madrid, vendrán Cesc, Robben y Kaká”. Fue el cebo electoral de Ramón Calderón para alzarse con la presidencia del club en los comicios del 2006. El funesto presidente colocó su mensaje en las interminables tertulias de radio y televisión porque años atrás la bomba de Luis Figo había surtido efecto en el voto presencial (el de correo fue la clave para las elecciones de Florentino y Calderón). Pero paradojas de la vida o mentiras muy vendibles, esa temporada no llegaron ni Cesc, ni Robben ni Kaká. La foto que ayer inmortalizó a Ariedo Braida, director deportivo del Barcelona de Bartomeu, y Beppe Marotta, consejero delegado de la Juventus, es el imán perfecto para captar al soci. La instantánea no adjuntaba pie de foto, que cada periodista lo intente interpretar con lógica cartesiana, porque las filtraciones se dispararon al segundo: desde la candidatura del Bartomeu insinuaron que Pogba jugaría en el Barça el próximo verano, pero Marotta despejó de un manotazo seco los rumores en La Gazzetta: “Nos han ofrecido 80 millones pero no le vamos a vender”.

Pogba es el cheque dorado de su agente Mino Raiola. Y hasta que el histriónico representante salernitano no alce el pulgar como el César en el Coliseo, la Juve no firmará el finiquito de la cresta más cotizada del mercado. Una comisión del 10% de 90 millones pesa un ‘kilo’ más que 80, y Raiola suele decir sin tapujos que Poga vale “lo mismo o más que Gareth Bale”. La intención del todoterreno francés es cristalina: Luis Fernández el ‘Machote’ reveló anoche en El partido de las 12 que Pogba le había confesado su deseo de jugar en España. Y Raiola, amigo íntimo de Joan Laporta, sólo coge llamadas al Barça, en concreto a Laporta, porque con Florentino Pérez se las tuvo tiesas. Y sólo sacará la pluma para firmar contratos cuando el club azulgrana tenga nuevo presidente. Como en Los Idus de Marzo, Raiola conoce todos los trapos sucios de las carreras electorales en el negocio del fútbol, y sabe que la foto de Braida y Marotta es propaganda muy convincente. El efecto acción-reacción no se hará esperar en la Ciudad Condal: Laporta buscará un apretón de manos con el agente de Ibra sin pie de foto. Una imagen siempre vale más que mil palabras.

El Barça no ha fichado a Pogba, pero evita que el Madrid suelte el talegazo sobre la bocina. Las mil reuniones celebradas en Milan estos días entre el director deportivo azulgrana y Marotta han escenificado una superproducción hollywoodiense con un resultado estratégico pero simplón: bloquear a Florentino. El problema para el Barça es que Pogba se quiere gustar en la antesala de su Eurocopa, es el año y su revalorización le puede costar cara. Y aquí no hay fondos de inversión por medio en los que ocultar dinero negro; el fichaje de Neymar ocurrió una vez, Pogba valdrá 80 o 90 justificados, ¿quizá 100 redondos? Si el Madrid los pagó por su galés, ¿por qué no el Barcelona?