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“Si ganas vales y si no eres una mierda”

Jueves, 17 Abril 2014

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Vicente Del Bosque podría replantearse la fórmula de la Coca-cola de la selección española. Mestalla vio perecer un tiqui-taca demasiado manoseado y pizarras tácticas como la de Ancelotti o el estilo pétreo de Simeone también podrían conducir a Maracaná. Futbolistas hay para cualquier recurso. La Roja respira según las constantes vitales del Barcelona y, a dos meses vista del Mundial, el equipo que más nutre al combinado nacional es un enfermo que necesita un electroshock. El fin de ciclo vociferado por Frederic Hermel se ha infectado hasta el tuétano del club y, a la espera de que FIFA le permita o no fichar, urge una catarsis interna por mucho que ídolos de la Masía como Xavi todavía confíen en un equipo moribundo. Esta Copa dejó de ser un título menor por el cataclismo que se asomaba en Can Barça: ganar le habría dado cuartelillo ante un barcelonismo que anhela la era ‘guardiolista’ porque, siguiendo la reflexión de Dani Alves, “en el fútbol si ganas vales y si no eres una mierda”. Suena maniqueo pero Barça y Madrid o tocan el cielo o muerden el polvo. No existe termino medio.

Ganó quien lo buscó y peleó. Ancelotti, lejos de sufrir un ataque de entrenador italianizando al equipo, dio galones a Isco y le recomendó usar el balón para atacar. Así de simple. El Madrid no necesita marear la pelota para aclararse a sí mismo, le basta un puñado de pases rápidos y precisos para descerrajar defensas. Y la del Barça estuve verdaderamente horrorosa para regocijo orgiástico de Gareth Bale. Una sola cabalgada le bastó para guardar bajo llave los vídeos del Tottenham con los que había presumido de credenciales. El pobre Bartra, improvisado goleador y central rapidísimo al corte, vio pasar ante sí a un híbrido de Usain Bolt, Yohan Bake y Maurice Green. Da la sensación que al galés se le quedan pequeñas las dimensiones del campo porque su aceleración de cero a cien en escasos segundos se produce en el último tramo de la carrera. El Bernabéu merece un espectáculo de cuadrigas entre Bale y Cristiano Ronaldo al estilo de Ben Hur, sólo que los caballos son ellos mismos.

Si el Barça se jugaba quemar las últimas fichas acumuladas en años, los blancos querían evitar una pesadilla antes del terrorífico Bayern de Munich. Las casas de apuestas se habían inclinado levemente por los azulgranas, quizá porque el factor Cristiano pesaba toneladas de pesimismo, Por eso, el triunfo del Madrid ha cogido una trascendencia histórica; el portugués es medio equipo, pero la otra mitad también ha demostrado que sabe apañárselas sin su Terminator enchufado. Florentino Pérez sabe desde anoche que ha comprado un arma de destrucción masiva por valor de 100 millones que, aunque son 91, suena más ‘marketiniano’. Bale es el super héroe de la noche, con permiso de un generoso Di María, y parece que no le afecta la kryptonita de Messi. Ni siquiera Neymar, con quien le hemos comparado desde la prensa por haber compartido prime time de telediarios el pasado verano. El contraste fue simplemente brutal: Bale se montó en un cohete para llevar el balón hasta las redes de Pinto y Neymar se volvió loco delante de Pepe y Coentrao, los pájaros disparando a las escopetas.

El desquiciamiento de Neymar y la apatía de Messi, quien todavía no ha bajado de ese extraño limbo, son indicios inequívocos de la flagelación del Barça. La planta noble del Camp Nou espera que termine rápido la Liga para despedir a Martino por la puerta de atrás con un pasaje a Buenos Aires y encender otra vez la máquina de la ilusión. Sin embargo, esta vez no importa tanto La Masía como un personaje que venda periódicos. Y ése se llama Jürgen Klopp, devoto confeso del contraataque, por cierto. O sea, más entusiasta del ‘’corre, corre que te pillo’ del Madrid que del fuego lento que cocina el Barça. Porque no sólo de tiqui-taca azulgrana vive el fútbol. Que se lo pregunten a Ancelotti o, más complicado, que intenten convencer a Simeone. Al fin y al cabo, se trata de ganar y que no te recuerden como una “mierda”.