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Romario, el martillo pilón de la FIFA

Martes, 10 Junio 2014

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“Romario ataca, Ronaldo responde y Bebeto calla”. No es la crónica de un partido de la canarinha, sino el grotesco panorama político que ha causado el inminente Mundial. Así lo describe Alexandre Martins, amigo de Romario y ex agente de Ronaldo. Las manifestaciones populares que claman estos días por los recortes sociales las advirtió ‘O Baixinho’ hace meses, antes de que el gobierno brasileño superase su límite de 11.000 millones de dólares para organizar el Mundial, y la FIFA anunciase a todo el mundo que Brasil estaba “muy bien” acicalado para celebrar el campeonato. Joseph Blatter, quizá intuyendo el martillo pilón de Romario, puso en el escaparate a Ronaldo y Bebeto como los personajes mediáticos del torneo. “O Ronaldo y Bebeto no saben lo que está pasando, o lo saben y están fingiendo que no lo saben. De cualquier forma, los dos son unos ignorantes”. Fue el primer directo que el político Romario (ahora de profesión) lanzó a la mandíbula de sus ex compañeros de selección. Tantas concentraciones compartidas, tantas sambas bailadas en vestuarios de medio mundo y lo que se presuponía una fiesta común de fútbol ha destrozado el buen rollo de estos magos del fútbol. Al menos, ellos lo fueron con las botas puestas.

Romario es el hombre del momento en su país. Se ha subido a la ola populista desde su escaño de diputado del Partido Socialista Brasileño, una división pequeña pero que se sensibiliza con toda la ciudadanía por un propósito plausible: apoyar los derechos de los 45 millones de brasileños que sufren alguna minusvalía. Romario tiene una hija con síndrome de down, de nueve años, que suele recibir a todos aquellos paisanos que se acercan a su despacho de congresista en Brasilia. Entiende que la causa de su hija Ivy merece un respaldo político y unas leyes que coloquen a su nación a la vanguardia de las ayudas a los discapacitados. Pero los tentáculos de la FIFA con obras faraónicas interminables en los estadios y la desesperación social por gente a la que no le llegan los reales para comprar leche y pan han terminado por irritar al ex delantero diminuto del Barça. Dice que Ronaldo ha incumplido una promesa de 32.000 entradas del Mundial para los más desfavorecidos y, claro, el ‘Fenómeno’ no tardó en responder hace pocos meses: “Es lamentable que Romario me responsabilice por cosas que no me competen”.

Dos ídolos del pueblo peleándose delante de las televisiones, mientras Bebeto, también metido en política, se queda al margen. El ex deportivista no quiere líos que le puedan perjudicar en su carrera como asambleísta del Partido Democrático Laborista. Ha acudido a todos los actos previos del Mundial, se ha recorrido las obras de las doce sedes y nunca ha dejado de esbozar su eterna sonrisa. “¿Romario? Lo que importa es que los brasileños disfruten del Mundial”. Palabras vacías de un Bebeto que va cogiendo el tranquillo de la oratoria política. Es obvio que a tenor de las sacudidas diarias entre manifestantes y la policía, el país se ha visto forzado a elegir entre sus mitos futbolísticos: se queda con Romario sin pensarlo. Porque Ronaldo y Bebeto, aún si tener designado un sueldo oficial, huelen a FIFA de pies a cabeza; ponen la cara del Mundial ante el mundo y tratan de esconderse de fronteras para adentro. Allí reina ‘O Baixinho’ con sus lanzamisiles preparados por tierra, mar y aire, esté quien esté delante. “Ya consiguieron lo que vinieron a buscar: dinero”. Palabra de Romario da Souza Faria, quién sabe si próximo alcalde de Río de Janeiro y, en un futuro no muy lejano, O presidente.

Historias del ‘club de los cinco’

Martes, 11 Diciembre 2012

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Los cinco goles que Falcao marcó de una tacada al Depor han dejado boquiabierto a casi todo el mundo, menos al viejo zorro de John Benjamin Toshack. Él también vivió in situ una gesta similar en el año de la despedida del mítico Bebeto, precisamente de Coruña. Sucedió a finales de 1995, cuando el galés cogió el testigo del inolvidable Arsenio Iglesias. Entonces, el Deportivo no era el equipo de hoy, preocupado por sobrevivir en Primera para que las deudas no le devoren; no, aquel era el Superdepor que había entusiasmado al país, levantado una Copa y estuvo a punto de ganarle al Barça una Liga de no haber sido por el penalti más maldito del fútbol contemporáneo. Y Bebeto, que había hecho méritos suficientes para mejorar su salario en un grande de Europa, no escatimó en esfuerzos; en la jornada 5 el Albacete visitó Riazor y Toshack, en rueda de prensa, sólo necesitó una comparación para resumir el partido: “Mi Madrid marcó 107 goles y ví varios hat tricks de Hugo Sánchez, pero nunca, nunca, nunca vi a nadie hacer cinco goles casi en un ratillo”. Sí, a falta de ocho minutos su equipo iba ganado al Alba por la mínima y en un pispás Bebeto hizo el segundo, el tercero, el cuarto y el del redondeo. Todavía faltaba la prolongación, pero el árbitro Fernández Marín no se atrevió a añadir ni siquiera unos segundos por respeto al Albacete y miedo a que Bebeto reventara cualquier récord imaginable.

Al entrenador del Albacete, Benito Floro, le tocó el marrón de dar alguna explicación creíble, si es que la había, pero no la encontró: “¿Qué se puede decir cuando un mismo jugador te hace casi un gol por minuto?”. Y dijo “casi” porque tan sólo transcurrieron siete minutos desde el segundo hasta el quinto gol. Al final de la temporada, Toshack, que no iba a continuar, comentó en plan socarrón que “cómo coño era posible que la afición de Riazo hubiese silbado a su equipo cuando tenían delante de sus narices a un tío que había metido cinco en un partido; le había hecho un hat trick al Madrid y se había despedido con otros dos goles al Barcelona”. Con el tiempo, la prensa coruñesa se daría cuenta que vivieron un año sin títulos (bueno, sí, la Supercopa) pero con acontecimientos casi irrepetibles.

Fernando Morientes también entró en el emblemático ‘club de los cinco’ en un día tonto para Las Palmas. A principios de febrero de 2002 el Madrid de Zidane y Figo se presentaba en el Bernabeu con demasiadas dudas y una crisis severa de resultados (cuatro partidos consecutivos sin ganar). Aquella tarde no estaba Raúl y en la previa se había rumoreado que el canterano Portillo, el último invento de la factoría de La Castellana, podía ser titular en detrimento del criticado Morientes. Finalmente, Del Bosque tiró de lógica y se decidió por el ‘Moro’. Y así fue cayendo un gol tras otro: centro milimétrico de Figo, remate del delantero y 1-0…otro pase de Figo, testarazo de Morientes  y van dos…así hasta 5 goles con tres asistencias del portugués. Sin embargo, la tarde aún pudo ser más histórica: Santi Solari cedió al gran protagonista el honor de lanzar el penalti que podía encumbrarle como el máximo goleador merengue en un solo partido…¡de toda la historia! Atenazado por los nervios y sintiéndose observado por todo el Bernabeu, Morientes tan sólo se preocupó por dirigir su disparo entre los tres palos. El portero de Las Palmas, Nacho González, se tiró a un lado, casualmente por dónde venía lentamente el balón, y el madridista se quedó con la miel en los labios.

Pero si los cinco goles de Bebeto sobreexcitaron a la ciudad durante mucho tiempo, en el Bernabeu el único agradecimiento que recibió Morientes se lo hizo el árbitro del partido Turienzo Álvarez. “¡Te lo has ganado, felicidades!”, le dijo Turienzo, haciéndole entrega a continuación del balón de ese Real Madrid 7- Las Palmas 0. Los blancos recuperaron el liderato de la Liga, pero Morientes dejó el titular que describía su estado de ánimo: “Seguramente, después de esto también estaré cuestionado”. Era el cabreo de un goleador al que la prensa había puesto a parir por no golear.