Blogs

Archivo de la categoría ‘Benítez’

Pegada, siempre la pegada

Domingo, 27 Septiembre 2015

cristiano-ronaldo-sentado-sobre-cesped-benzema-con-balon-frustrados-durante-partido-contra-malaga-tras-lograr-batir-kameni-1443294372619.jpg

La nulidad del Real Madrid delante de Kameni recordó la famosa escena de Pulp Fiction en la que sólo una “intervención divina” salva a John Travolta y Samuel L.Jackson de un tiroteo a quemarropa. Por tierra, mar y aire, el pupilo de Tommy N’Kono desquició a Cristiano Ronaldo hasta el punto de palmear un balón decisivo que Varane pudo haber aprovechado. “Partidos así sólo suceden una vez”, se justificó Marcelo después del partido. De repente, el Bernabéu es un templo presumible de ser profanado: el Granada estuvo a punto de reventar la fiesta y el Málaga, lejos de blindar su Fort Knox, intentó morder la yugular a la zaga. Sin una idea nítida, y con Modric y Kroos estorbándose en un galimatías táctico (razón: Rafa Benítez), el Madrid es un funambulista que busca el equilibrio entre la inspiración desesperada de Isco&Benzema y los balones a la cazuela que tanto pregonaba Javier Clemente. Treinta disparos sin pólvora no son un domingo cualquiera, tampoco lo es que CR7 calibre mal su Kalashnikov. Y el pícaro Kameni, que de parar a Messi sabe un rato, acabó consolando al portugués, obsesionado con el récord de Raúl y, sobre todo, consigo mismo. De su afán de superación depende el destino de esta temporada. Suena exageradamente crudo, pero se reduce a eso.

“De 1000 partidos, el Madrid habría ganado 999”. Es la tranquilidad de un directivo de la planta noble. Que no hayan ganado en dos jornadas, sólo preocupa a los estadistas que profetizan otra liga de cien puntos. De Ancelotti a Benítez ya ha transcurrido un verano y dos contrastes: el equipo se ha tomado en serio defender con hormigón, pero el ataque ya no es esa juerga alocada que tanto gustaba a la grada. El empate de anoche deja a los blancos sin margen de error en el próximo derbi: tumbar a Simeone es la coartada perfecta que necesita Mister Rafa para aplacar a la prensa carnívora; cualquier otro resultado arrojaría demasiada carnaza. Las rotaciones están espabilando a todo el vestuario, incluido Toni Kroos, al que se le critica un presunto agotamiento y, sin embargo, ayer corrió casi doce kilómetros. Y no se trata de la distancia sino de que su entrenador le ordena que defienda por detrás de Modric y le priva de soltar pases milimetrados o putts como el que se inventó el año pasado en su gol contra el Rayo.

Criticar por criticar es malgastar papel. Si el Madrid no ganó al Sporting y Málaga fue porque le traicionó ese punch de peso pesado que tantos puntos le ha dado durante décadas. No importaba que racanease de fútbol, “el concepto era el concepto”, en Airbag y en el Bernabéu, en Liga o en Champions, con o sin delantero centro. El hombre que sabía demasiado de eso era Hugo Sánchez, quien resumió sus 38 goles a un solo toque en un titular mítico: “Pegada, siempre la pegada”.

 

Buscando a Van Nistelrooy

Lunes, 24 Agosto 2015

Tony Stark tiene demasiado trabajo con su proyecto Iron Man. El traje no está preparado para volar y ni siquiera dispara con la potencia necesaria para intimidar a sus enemigos. “Cuestión de calibración”, le fanfarronea Stark a J.A.R.V.I.S, su ordenador de inteligencia artificial. Rafa Benítez le ha comentado a su cuerpo técnico que el gol llegará más temprano que tarde, cuando las kalashnikov afinen la mirilla. El problema todavía no es psicosomático, basta que el mister saque una docena de balones en un entrenamiento y ponga a sus delanteros a acribillar la portería. En el trofeo Bernabéu las ocasiones fueron clamorosas; en Gijón al portero Cuéllar no le hicieron internacional pero casi. El Madrid quizá sea el equipo que merodea el área con más facilidad, pasmosa en su caso: basta un tomahawk de Cristiano Ronaldo para despertar a la bestia. El Sporting peleó por mantener anestesiado al gigante hasta que la cuenta atrás del partido obligó a los blancos a acelerar sus deberes. Son esos minutos decisivos los que evidencian que una noche aciaga la puede solucionar un nueve puro, de esos que se dejan la cabeza para rematar un microondas, si hace falta. Y el galimatías táctico que aún no ha aclarado Benítez invita a pensar en un sacrificio de CR7. Manu Carreño se preguntaba anoche en Tiempo de Juego por qué un futbolista que genera cuarenta o cincuenta goles desde la banda izquierda, tiene que comerse el marrón del delantero centro. Ésa es la génesis del problema: que nadie del vestuario excepto Jesé quiere enjaularse en el punto de penalti, cuando ser rematador ha sido desde siempre el mayor privilegio de este deporte.

La condición atlética de Cristiano le convierten en el candidato ideal para cubrir una laguna cada vez más oceánica (5 de 9 partidos sin hacer diana). Su salto de Bam Bam Zamorano y esa pegada ambidiestra brutal cazaría cualquier balón que pulule por el área. Mister Rafa tiene una ocasión única para resetear el don de su estrella, ¿pero querrá éste? De repente, la preocupación trasciende del un dibujo táctico que todos entiendan; pronto vendrá a escena el domador de egos. Bale falló en la derecha, como de costumbre, aunque dejó de ser inerte los ratos que cambió a su hábitat natural. El fútbol moderno ha borrado de un plumazo a los extremos, pero el galés camparía a sus anchas por la autopista izquierda, poniendo unos centros que el Bernabéu no experimenta desde la jubilación de Míchel. Entonces, volvería la pescadilla que se muerde la cola: quién sería el desdichado percutor. “¿Es mejor ser temido o respetado? Yo digo: ¿es mucho pedir ambos”, se pregunta Robert Downey Jr. en la primera Iron Man. De toda la vida, en pleno éxtasis o sumido en la crisis más existencial, el Madrid nunca ha traicionado el gol. Había una máxima, una especie de mandamiento mesiánico, que decía que los blancos siempre marcaban. Es lo que temían sus rivales. En apenas una semanas, el nuevo Madrid se ha vuelto pétreo, casi siderúrgico como el Atlético de Simeone. La pequeña gran diferencia es que los rojiblancos sobreviven con una estrategia de laboratorio y Benítez aún fía los goles a la inercia de siempre.

El Molinón echó de menos a un Van Nistelrooy. Y hasta que reaparezca otro, dieciocho equipos de la Liga intentarán copiar el generoso esfuerzo del Sporting. Bravo por Abelardo y su sinfónica defensa que no dejó resquicio alguno delante de Cuéllar; actuaron como espartanos, dejándose la vida palmo a palmo. Sólo la improvisación de Isco y el ímpetu de Cristiano inquietó a un recién ascendido que apenas puede fichar a jugadores a los que pague el salario mínimo de la profesión. Mérito a la enésima potencia. El Madrid sí puede comprar a quien se le antoje; quizá este 0-0 sea la prueba del algodón que dé la razón a Benítez. Pidió un delantero de emergencia y la respuesta en la planta noble fue tajante. No está de más otra visita al despacho del presidente para conseguir temor y respeto. Por si acaso cuela. 

El reloj de arena

Mircoles, 19 Agosto 2015

 1801432_heroa.jpg

Hubo un tiempo que los patrocinadores de Roger Federer sugirieron al ex número uno mundial que cualquier resultado que fuese no ganar torneos suponía un fracaso. En pleno apogeo de su carrera, el tenista suizo se aceptó la advertencia como un reto porque Mercedes Benz, Rolex y Gillete querían anunciar al deportista perfecto, sin fisuras. Sin embargo, la eclosión de Rafa Nadal y su mítica victoria de Wimbledon devolvieron a Federer a la más cruda realidad: se había exigido a sí mismo una presión sobrehumana. Rafa Benítez se decidió por el Real Madrid consciente de que su proyecto se construiría a contrarreloj; el marrón de relevar a Ancelotti después de un año aciago, y con el crédito de la Décima vencido el pasado 30 de junio, borraban de un plumazo la paciencia metódica que siempre ha pedido a sus directivos. “En el Real Madrid ganas o fracasas: nadie se acuerda de los subcampeones”. Manolo Sanchís sabe perfectamente lo que dice porque ése es el “adn de la grandeza” del club. El nuevo año cero del Real Madrid tiene demasiado margen de mejora pero está amenazado por un reloj de arena. El último grano caerá cuando lo decida el tendido siete del Bernabéu, que anoche no transigió con Cristiano Ronaldo. Y mister Rafa no vive en una nube: reconoció que la puesta de largo del equipo le preocupó.

Le llaman resultadista y él responde con seriedad. No esconde que ganar por 1-0 le preocupa menos que un 5-4. “Tener el balón”, es la promesa simplona y envenenada que anunció en una entrevista a El País. Y no mintió. El Madrid del trofeo Bernabéu intentó sobar el balón, marearlo de banda a banda y sin la prisa de electrocutar al Galatasaray. Esa parsimonia inquieta a la grada, acostumbrada desde la época Mourinho a combates de cuerpo a cuerpo en los que casi siempre quedaba en pie el Madrid. Este equipo se esfuerza en bailar sobre el ring al ritmo de las piernas de Apollo Creed, pero el entrenamiento de pretemporada parece que ha agotado sus movimientos. El difunto Ramón Mendoza despidió a Radomir Antic con el Madrid liderando la Liga porque su fútbol le aburría a él, primero, y a todos los abonados. Cualquier aficionado que no viese el partido de anoche y haya esperado al resumen del telediario, concluirá que el equipo genera ocasiones por tierra, mar y aire. El trasfondo no es tan próspero de momento: la pelota rueda lenta, como si se deslizase por un tapete sudamericano, y el efecto sorpresa no existe salvo que se le ocurra a Isco. Porque Cristiano todavía está buscando la inspiración divina y Bale regresó a la posición que le da mil y patadas por la cabezonería de Carletto. A Benítez no le importa jugar con telégrafo, anunciando siempre el siguiente pase a la bota del compañero; quizá por eso, Marcelo se espabiló del sopor y probó con una virguería de fútbol-sala que disfrazó el trofeo.

La gran noticia para el Madrid es que Tony Stark aún no ha terminado el traje de su Iron Man al cien por cien de su capacidad. Es un destructor que apenas ha disparado dos cañonazos para intimidar. Y los jugadores tampoco juegan a tumba abierta en pretemporada por miedo a una repentina lesión. El maratón comienza el domingo en El Molinón, las depósitos de energía están llenos, pero la figura no está tan afilada como la de un keniata para adelantar rivales con una zancada estética. Todo lo contrario, este Madrid corre con zancos  y se ladea bruscamente como un elefante africano. ¿Paciencia? Sí, claro. El show acaba de comenzar. No obstante, la arena ya ha empezado a bajar en el reloj.

El cortador de césped

Jueves, 30 Julio 2015

1433666772_extras_noticia_foton_7_1.jpg

El Madrid ha fabricado una nueva cortadora de césped. El fantasma de Makelele se ha alargado demasiado porque el casting de sucesores fracasó estrepitosamente: Pablo García, Gravesen, Emerson, los Diarra, Gago, Khedira, Toni Kroos en versión atrofiada…ninguno de ellos, ni siquiera Kroos, entendió la importancia que un día asumió aquel escudero de Zidane que vertebraba y aplacaba el ímpetu desatado de los galácticos. Fue irse Makelele por falta de ‘cariño’ y comenzar el galacticidio del primer proyecto faraónico de Florentino Pérez. El propio Zizou llegó a reconocer en una entrevista en L’Equipe la trascendencia de su compatriota: “La salida de Claude partió por la mitad al equipo. Sin él no sabíamos jugar en bloque”. Precisamente, un bloque de ladrillo cementado es la obsesión de Rafa Benítez. Y si del Bosque juró una vez que el doble pivote era “innegociable” y en su dni le hubiera gustado identificarse con Sergio Busquets, a mister Rafa (apodo eterno en Liverpool) también le va el juego de los destructores. Él es Casemiro, construido en Sao Paulo, adaptado en Valdebebas y fogueado en Oporto, donde Lopetegui llora su pérdida por temor a que se le caiga el castillo de naipes (esto es información, no opinión). Su regreso era una prioridad en primavera para el director general José Ángel Sánchez, quien sabía de antemano que el nuevo entrenador le enrolaría en su ejército sí o sí.

Si han visto los amistosos contra Inter y Milan, y han notado que el dorsal 14 no paraba de correr desde su área hasta el centro del campo como si llevara una pila Duracell, no se sorprendan: Case (así le llama el vestuario) sacrificó una semana de sus vacaciones y contrató un preparador físico para entonarse desde Brasil. Se ha tomado tan en serio la oportunidad del club, que la fase experimental del equipo deja dudas de la titularidad indiscutible de Toni Kroos. Sí, el alemán jugará en el estreno liguero junto a Modric, pero no es un secreto que el campeón del mundo preferiría repartir balones sin chaleco antibalas, liberado del marrón que hace un bulldozer como Casemiro. Al Oporto le extrañó que su centrocampista no fuese titular en la pasada Copa América, sobre todo en una selección brasileña tan metálica como la de Dunga. Con Benítez no habrá sospechas: sus rotaciones son sagradas para evitar la oxidación de esos “mismos once cabrones de siempre” (Toshack dixit). Y en esa tesitura, Casemiro entrará como un carromato.

El empate a cero ante el Milan habría sido una ofensa al espectáculo en cualquier momento de la temporada. Hoy no es más que otro tubo de ensayo para que Benítez reivindique su fútbol de hormigón, muy del gusto de los entrenadores y poco de los espectadores. Porque este Madrid no pretende invocar los contraataques tan letales como alocados que excitaban al Bernabéu; ahora toca un control más riguroso y disciplinado que el de Ancelotti, en el que una pérdida de balón no altere las matemáticas del equipo. Jugar por inercia, ése es el aprendizaje de esta pretemporada. Y en apenas dos semanas, Casemiro ha cumplido los deberes que le han hecho un “hombre” en Oporto.

Real Madrid: Economía de guerra

Sbado, 4 Julio 2015

Economía de guerra en el Real Madrid. La escasez galáctica del mercado y el convencimiento en la planta noble del Bernabéu de que la plantilla diseñada para Ancelotti todavía está preparada para emular al último Barcelona han borrado la obsesión ‘marketiniana’ del presidente. Apenas queda un puñado de futbolistas que pueda abarrotar las gradas en una puesta de largo veraniega. Ni siquiera Rafa Benítez se ha visto con galones para exigir un capricho, simplemente porque el vestuario no lo necesita; y aunque el caso Sergio Ramos acabase explotando como una bomba de neutrones (bastante improbable), el sustituto no tendría ese caché que sólo Florentino Pérez otorga eligiendo a dedo. “No hace falta maquillar la plantilla temporada tras temporada”, dice un actual directivo blanco. A fecha de hoy y sin garantizar la despedida de Iker Casillas, sólo el fichaje de De Gea preocupa en los despachos. Y si Van Gaal le sigue tasando con un P.V.P. descerebrado para cualquier portero, Danilo será el único posible titular que se haga la tradicional foto de caras nuevas con el presidente.

Florentino Pérez es amante de las encuestas entre sus socios y, a propósito de sus respuestas habituales, suele tener claro que la masa social necesita comprar ilusión. Desde que asumió la presidencia en 2000, la política de galáctico por verano se agotó cuando no quedaba ninguna bestia parda por comprar. Fue entonces cuando triunfó en el mercado la clase media con los Diogo, Pablo García, Gravesen, etc. Durante su segundo mandato, tan sólo aplicó la economía de guerra en la última temporada de Mourinho, en la que el portugués solicitó a Luka Modric como si se tratase del quinto elemento. Ángel Cappa recuerda que en su segundo año con Jorge Valdano al  frente del banquillo, pidieron a Ramón Mendoza una intentona “suicida·” por Eric Cantona. Entonces contaban con el pichichi Bam Bam Zamorano y un imberbe Raúl González Blanco, pero la respuesta del difunto presidente fue: “Vamos a por Juan Eduardo Esnáider porque ésta es su casa”. Aquel Madrid campeón de la Liga del 95 acabó en el desguace meses después por “oxidación”, como define Cappa.

El nuevo Madrid suena poco ‘florentinista’, al menos de fachada. El presidente ha aplacado sus ansias empresariales por las nuevas inversiones en una decisión fría y calculadora. El diagnóstico no es el de paciente muerto sino paciente enfermo. Las lesiones musculares han tumbado el castillo de naipes con el que Modric sostenía a un equipo mil millonario (¿se acuerdan de Makelele?). Y al margen del affaire de la portería, en la que un Casillas concentrado y ajeno al runrún de la grada podría competir perfectamente con De Gea, la necesidad primaria es sellar el centro del campo, no tanto con locos creativos (ya están James e Isco) como con picapedreros. A vuela pluma, los nombres que copan los primeros puestos del Ibex del fútbol son Paul Pogba y Arturo Vidal. Pero el francés de cresta histriónica ya ha acordado con la Juve que saldrá en un año hacia Can Barça, con una cláusula de bloqueo por si a Florentino le tienta reventar el mercado a finales de agosto. Vidal también fue sondeado el año pasado, pero su vida disoluta mancharía aquel ‘libro blanco’ de buena conducta que una vez existió. ¿Y quién cubrirá las espaldas a Benzema? El Madrid lo tiene claro: “Si Jesé se pone las pilas…”.  


Thank you, Mister Rafa

Mircoles, 3 Junio 2015

benitez-presentacion-real-madrid.jpg

“¡Gracias Mister Rafa, gracias de corazón!”. Palabras sentidas de Michael Robinson segundos después de que Jerzy Dudek detuviese el penalti decisivo a Shevchenko. La Champions del milagro, en la que el gigante Milan aplastaría al liliputiense Liverpool voló por los aires cuando once futbolistas apesadumbrados entraron en el vestuario con miedo de regresar a casa. “La afición no se lo merece, dad la cara por ellos”, arengó Benítez a sus jugadores. Sólo es un fragmento del secreto mejor guardado de la historia red: la charla textual que estimuló a un equipo hundido para remontar lo imposible. Aquella fue la final de la gratitud porque un grito al unísono recorrería la mítica grada The Kopp para siempre: cualquier aficionado que visite el templo de Anfield no tardará en descubrir una pancarta que rece Thank you, Mister Rafa. Por eso, Liverpool es el hogar familiar y profesional del entrenador madrileño. Y allí acabará cuando se agote en el Real Madrid o el Madrid se canse de él.

Benítez llega a Madrid rebotado por la grandeza del Madrid. La que dicta que ganas o fracasas. Y Ancelotti ha sido la última víctima. El flamante entrenador merengue presenta un nuevo “librillo de estilo” (ocurrencia de Jorge Valdano) que debería mejorar el de Carletto. “Entrenamiento duro, éxito seguro” en el epígrafe 1 (tal como reveló en una entrevista al analista Marcos López); “Quedar segundos es lo mismo que quedar último” en el 2 (entrevista en La Reppublica) y rotaciones en el 3. Sus equipos son expertos en el cuerpo a cuerpo de las eliminatorias directas, aunque esta temporada Dnipro en Europa League y Lazio en Copa italiana hayan amargado su ciclo napolitano. Precisamente, el epígrafe 3 es en el que le ha insistido el club: el pavor a un tercer ‘galacticidio’ por falta de piernas preocupa tanto en la planta noble del Bernabéu, que el ‘entrenador del método’ (así le ha definido Florentino Pérez en su presentación) sabe cómo inyectar el óxido nitroso que una plantilla de tres competiciones necesita al final de temporada. La fama de Sargento de Hierro de Benítez versión Clint Eastwood es la gran incógnita en un vestuario escocido permanente por la lucha de egos. En los cenáculos de la capital ya se murmulla si será capaz de sentar a Gareth Bale cuando el rival sea más esparrin que peso pesado, o si mismamente le cambiará esa posición amorfa en la banda derecha que atasca su misil izquierdo. Quien no admite sospechas es Cristiano Ronaldo, porque la cúpula directiva ya ha advertido al nuevo mister que las rotaciones deben dejar al margen al astro portugués.

Acatadas las sugerencias, Mister Rafa se dedicará estas semanas a ver a sus jugadores, sobre todo los no aptos. Él decidirá si Lucas Silva tiene que foguearse en un equipo de serie B o si Illarramendi tiene talento para suceder a Xabi Alonso. Su predilección por el doble pivote delante de la defensa aumenta exponencialmente las posibilidades de Casemiro, que se fue a Oporto con cara de niño y regresa con cicatrices de guerra. Si algún tornillo no encaja en su maquinaria, no dudará en pedir fichajes sensatos, eso sí, porque en Valencia le trajeron a Canobbio y su respuesta sublime fue “he pedido un sofá y me han traído una lámpara”. Su primera rueda de prensa ha sido demasiado obvia, con respuestas manoseadas como “jugar bien y ganar”. Ancelotti fue más atrevido en el día de su estreno y prometió una “espectacularidad” que logró en momentos inoportunos, los menos útiles de esta temporada. Pero de repente se encuentra de sopetón con el quebradero de cabeza del ‘1’: viene De Gea e Iker tiene contrato. O sale del Madrid o Benítez tendrá que buscar una solución. Aunque sea cual sea, no le temblará la mano. Ni la conciencia. 

La trituradora

Martes, 26 Mayo 2015

ancelotti5-646x330.jpg

 “¿Ancelotti en el minuto 92 estaba más fuera que dentro del Madrid? No, ni yo, que algo también he leído. La temporada era objetivamente buena con un proyecto que acabamos de empezar, con un entrenador nuevo y siete futbolistas que han venido esta temporada. Vamos a seguir mejorándolo, pero necesitamos un poco de tiempo y, sobre todo, de estabilidad”. Florentino Pérez en El Partido de las 12 el pasado 26 de mayo de 2014. El éxtasis de la ‘Décima’ había hipnotizado al presidente que, por un instante, imaginó de veras que Carletto iba a ser el “Ferguson del Madrid”. El trasiego de entrenadores tocaba a su fin con el ‘pacificador’ que había acabado con el manicomio del vestuario. La imagen de Ancelotti en la sala de prensa de Lisboa empapado de champán y coreado por algunos jugadores parecía cambiar esa imagen de trituradora que tanto han temido los entrenadores que han pasado por la silla eléctrica a excepción de José Mourinho. La “estabilidad” proclamada era el comienzo del fin de una picadora de carne llamada Real Madrid. Sin embargo, al club blanco le sucede como al mejor Federer de todos los tiempos (el de hace cuatro o cinco años): cualquier resultado que no sean títulos es fracasar. Y gran parte del madridismo entiende que eso es el adn de la grandeza del Madrid.

Ancelotti ha cometido errores de bulto, de entrenador novato, quizá creyendo que su experiencia y la inercia goleadora del Madrid arrastraría algún título. Al fin y al cabo, en esta ‘Liga de mierda’ (Del Nido dixit) el premio menor es acabar segundo y es complicado que la  Champions te apee antes de cuartos de final. Pero en el informe sobre el técnico ha pesado demasiado la mala dosificación física del equipo, que recordó al desplome del ‘galacticidio’; ubicaciones indefinibles, como el puñetero ‘5’ de Toni Kroos que le ha obligado a jugar como un péndulo en vez de repartir cartas como un crupier; el galimatías táctico de Sergio Ramos en la semifinal contra la Juve y, lo más criticado en la planta noble del Bernabéu, las infinitas lesiones musculares que han lastrado el ritmo competitivo. Y en el trasfondo del escáner al italiano, el pensamiento eterno de Florentino, que no cree en proyectos de entrenadores. Por eso, en su Madrid nunca habrá un Barça de Cruyff o de Guardiola. Ni siquiera de Rijkaard.

Quizá Ancelotti y su buen rollo con el vestuario (no todos, por cierto) merecían una segunda oportunidad, pero el miedo de Florentino a que la grada se hartase del césped y sacase los pañuelos al palco también habrá rondado por su cabeza. Ancelotti gustó hasta que perdió en Mestalla y el proyecto empezó a resquebrajarse. El repaso liguero-copero del Atleti y la decisiva derrota en el Camp Nou provocaron en la masa social ese murmullo del que el presidente suele estar atento a través de sus encuestas internas. Sí, el Madrid había conseguido 22 victorias consecutivas, pero sólo había tumbado al Barça en el Bernabéu. Hace pocas semanas hubo algún directivo que se atrevió a comentar en privado que Fabio Capello habría puesto firmes a unos jugadores extenuados por el kilometraje y la gestión de sus egos. De repente, Cristiano cabreado con el mundo; Isco decepcionado con su suplencia y Casillas pasmado por la furibunda reacción de un sector del Bernabéu. Las pistas que delatan al presidente con los sucesivos despidos del banquillo son claras: el Madrid no necesita un entrenador, sino un gestor de caprichos con guante de seda y que sepa sacar el martillo de vez en cuando. Por eso, Florentino otorgó poderes plenipotenciarios a Mourinho.

De la blandura de Pellegrini al desafiante Mourinho, cambiado éste por el bonachón de Ancelotti para acabar en el táctico y currante Rafa Benítez. Estilos antagónicos que encajan como un molde en este Real Madrid mientras caigan las copas. Alguna, por lo menos. Precisamente, Benítez fue la pedrada de José Ángel Sánchez, brazo ejecutivo y ejecutor de la directiva, en la rentrée de Florentino en 2009. Pesó más la opinión de Jorge Valdano. Y el presidente supo que se había equivocado. Seis temporadas después, ha hecho caso a su máximo hombre de confianza: Benítez entrenará al Madrid….un rato, al menos.

¡Fernando Torres, Atletico’s number nine!

Jueves, 25 Diciembre 2014

fernando-torres.jpg

El ‘profe’ Ortega acabó confesando su nombre tras hacerse el remolón durante unos instantes. “Vale, les puedo decir que el futbolista mejor dotado físicamente que he entrenado ha sido Fernando Torres”, dijo en El partido de las 12. No se trataba de una entrevista mamporrera para sacarle morbo a la actualidad sino una plática (como le gusta decir al preparador físico del Atlético) sobre sus métodos de trabajo con Simeone. “Torres no corre, se desliza sobre el césped casi como si levitase”; no es la primera vez (ni la última) que al ‘Niño’ le caen metáforas sobre su elegante carrera de guepardo que recuerda a la de Nicolas Anelka en sus años prometedores del Arsenal. El ‘profe’ lo explicaba con una sonrisa picarona, como si intuyese ya en octubre que volvería a pulir esa figura del Discóbolo de Mirón que tanto admira. Si era un mensaje encriptado, ninguno de los periodistas presentes en el estudio se percató; pero si era un vaticinio, habrá que dar más la vara a Ortega. El caso es que Fernando Torres regresa con su hinchada, la que nunca le desmitificó, ni siquiera cuando decidió apearse de una experiencia ruinosa la noche que el Barcelona desangró al Atleti en el Calderón (0-6). Entonces, el delantero fuenlabreño decidió poner su talento al servicio de un proyecto seductor, no en España sino en el Spanish Liverpool que Rafa Benítez había puesto tan de moda.

El cambio no admitió sitio para el arrepentimiento. El fútbol vertiginoso y directo de la Premier le dio a Torres borbotones de tinta para dibujar filigranas y goles inimaginables. Al compás de Steve Gerrard y con la batuta reposada de Xabi Alonso, el ‘niño’ se volvió ‘beatlemaniaco’. El contraataque red parecía fabricado a su medida y su galope, al contrario que en el Calderón, sí encontraba delante balones calibrados con escuadra y cartabón. Su dimensión se agigantó tanto que pasó de ser un ídolo de barro en Madrid (aunque en el Atlético nunca lo reconozcan) a uno de carne y hueso; la prueba de que el algodón no engaña se la dio Anfield con ese tributo musical del Fernando Torres Liverpool’s Number Nine. Sí, su club podía presumir de misticismo y rituales únicos, pero no de la fuerza del dinero. La prensa inglesa murmuraba que Torres necesitaba retos y no ritos en clubes más competitivos. Y el Chelsea de Abramovich abría las arcas del tío Gilito cada año para intentar asaltar la Champions. Fue en el mercado invernal de la temporada 2010/2011 cuando, tras un tira y afloja de regateos, el Chelsea puso sobre la mesa una oferta definitiva de cincuenta millones de libras. “Demasiada pasta como para dejarla escapar”, aseguró el legendario Ian Rush, tercer máximo goleador en la historia red. De Merseyside a la opulenta ciudad de entrenamiento de Cobham en el helicóptero privado de Abramovich. Así pisó Torres por primera vez su nuevo club para pasar el pertinente reconocimiento médico.

El desorbitante traspaso le pasó factura o, al menos, pesó en su responsabilidad. De repente, el goleador sufrió una de esas crisis pasajeras de los ‘nueves’ que se alargó en el tiempo. La confianza de los aficionados blues  iba desapareciendo a la misma velocidad que se incrementaban las sospechas de la prensa que cubría el Chelsea. Un solo gol en tres meses sirvió de carnaza para los mordaces tabloides británicos. Y unas declaraciones a la web de la Liga Española en las que dio a entender que su equipo jugaba con tíos muy lentos corrieron como la pólvora en Stamford Bridge. Estuvieses o no malinterpretadas sus palabras, Fernando Torres necesitaba cada gol para reivindicar cada uno de los cincuenta millones invertidos en él. Pero el ‘niño’ siempre ha tenido esa flor que tanto se alaba en Iker Casillas: su segunda temporada con el Chelsea se saldó con la Champions y un gol suyo en el Camp Nou para finiquitar las semifinales. Sus actuaciones eran de banquillero porque Roberto Di Matteo contaba con la presencia intimidante del gigantón Drogba. Un año después y otra vez con Benítez, aunque de forma transitoria, el Chelsea repitió éxito en la Europa League con gol incluido de Torres en la final. Ya no era aquel delantero estilizado y grácil que corría treinta o cuarenta metros como un velocista jamaicano; había ganado corpulencia y se había adaptado forzosamente al fútbol romo y pesado de su equipo. Mourinho no fue la excepción; al revés, sus minutos en el campo escasearon en beneficio de un Samuel Eto’o trabajador y sacrificado.

Torres había vuelto a tomar otra decisión el pasado verano como en 2007: su futuro en el barracón de Mourinho pintaba demasiado grisáceo y un Milan de Mercadona llamó a su puerta. El Calcio exige tiempo para amoldarse a su estruendo físico y el delantero madrileño apenas había entrado en la fase de cortejo. Ni a él le gustaba ni el Milan tampoco ha encontrado el revulsivo exprés que buscaba. Pero la suerte no le ha dado la espalda totalmente: Simeone pidió precio por él en verano y, como adelantó Antonio Ruiz en COPE el pasado 12 de diciembre, el Atlético ha acelerado las gestiones para contratarle este verano. El italiano Cerci ni siquiera ha sido una anécdota, por lo que el todavía mito rojiblanco se batirá el cobre con la tanqueta croata Mandzukic. Dos estilos antagónicos que darán soluciones diferentes al ‘Cholo’. Porque a Koke le da lo mismo poner pases en carrera que centros inteligentes al área. En ambos casos siempre habrá respuesta. El Calderón prepara la alfombra roja para recibir a su ‘niño’ que no llegó a forjarse en un hombre con la misma camiseta. Hace siete años y medio el Atleti le suplicó a él recuperar su dañada historia. Fue una responsabilidad demasiado violenta. Hoy es diferente: Torres vuelve para encontrarse a sí mismo, mirar a los ojos al club de su vida y explicarle por qué se fue y por qué iba a regresar algún día.

La imagen

Jueves, 4 Septiembre 2014

entrenadores.jpg

A Juan José Millás le gusta desentrañar el lado oculto de las cosas escudriñando fotografías en El País Semanal.  Con su pluma ácida, intenta (o no) convencer al lector de cuál sería, a su modo, un mundo mejor. Por eso, en homenaje a su estilo a veces irónico y siempre agresivo, la imagen del selecto cónclave de entrenadores reunido en Nyon esta semana delata por sí mismo a cada personaje. Al más enrollado se le detecta a la legua: Jurgen Klopp nunca oculta esa sonrisa picarona de Joker, medio sarcástica medio vacilona. Disfruta del balón desde la banda del Westfalenstadion tanto como lo hacía con la pizarra magnética de la televisión alemana explicando tácticas que ningún telespectador veía en el Mundial de Sudáfrica. Debajo de él se sienta el padrino del tinglado, Sir Alex Ferguson, que seguirá acudiendo a estas reuniones para justificar su jubilación. Quizá Klopp se pregunte por qué no fue el elegido para el banquillo con más solera de Europa, aunque es más probable (sólo por la rumorología mentirosa del mercado) que mire de reojo al novato que está pegado a Guardiola.

Klopp sonó en las quinielas del Barça, que no de Zubizarreta, pero Luis Enrique es un tipo de la casa, no de La Masía sino proscrito del madridismo. Su resquemor hacia la falta de palabra de Lorenzo Sanz le ayudó a amar rápido a su nuevo club; era de cajón que tarde o temprano lo acabaría entrenando. Y como buen conocedor de la idiosincrasia culé, debía rendir pleitesía al tótem 2.0 de Can Barça; el indiscutible es Cruyff, por supuesto. Luis Enrique se acaba de sentar en la mesa de los aristócratas, aunque deja caer por sus zapatillas que su estereotipo runner y triatleta nada tiene que ver con las siluetas ensanchadas de colegas como Ancelotti o Rafa Benítez. Como los grandes generales norteamericanos, Carletto y Mister Rafa apenas tienen espacio en la solapa para más medallas; han pisado los estadios de toda Europa y el gremio les habla desde un respeto reverencial. Pueden hablar de vinos gran reserva porque ellos los han creado; Luis Enrique, en cambio, todavía no ha pasado la fase de la vendimia. Por lo visto, Herr Pep le ha servido de consigliere. Sigue siendo único y genuino por su éxito meteórico y esas ideas vanguardistas que otros de la foto aún no entienden. Descubrir una conversación táctica entre Guardiola y los otros invitados sería digno del Pulitzer; no obstante, lean Herr Pep (de ahí el apodo) de Martí Perarnau y entenderán su obsesión tremebunda por el estilo.

Míchel también es de los últimos invitados y por eso se coloca en un extremo, para no molestar. Conociéndole, seguro que ha ido más de oyente que de ponente. Emigró a Atenas para encontrar el reconocimiento que le negó España y cada año construye un Olympiacos nuevo con un puñado de euros. Su meta se parece a la original de Simeone, el gran ausente: incordiar a las grandes moles de Europa como una mosca cojonera. Y cuanto más dé la vara en la Champions, mayor será el botín en un banquillo futuro. En el otro extremo, un zorro viejo en este foro. Wenger prefiere aproximarse a Guardiola que a Ancelotti porque lo suyo es mimar el balón hasta descoserlo y fabricar promesas en cadena. El fútbol base es la génesis del Arsenal y, por eso, no habrá perdido la ocasión de susurrar a Platini que más cantera y menos cartera (a pesar de que los gunners presuman de talonario).

Unai Emery tiene pinta de vendedor en la foto; de vendedor de ideas, precisamente. Su gesto es el de un tipo agradecido por la invitación para que le tomen en serio. Y aunque la Europa League no es ninguna broma, los jerifaltes sólo piensan en  modo Champions. Emery huele a revelación, como lo fue André Villas-Boas en el Oporto. No obstante, al ex amigo de Mourinho le quedó demasiado grande el Chelsea y ésa es la sensación que planea sobre Emery. Revelación también lo fue Manuel Pellegrini cuando Riquelme estuvo a punto de meter al Villarreal en la final de las finales. Su carácter discreto le aleja de las bullas, de ahí que no lo moleste en la pose. Quizá si respondiera a la permanente guerra dialéctica de Mourinho, los periodistas ávidos de morbo dejarían de llamarle el ingeniero de caminos.

 

 

 

 

 

La eterna “situación irreversible” del Valencia

Mircoles, 18 Diciembre 2013

djukic.jpg

La guadaña alcanzó a Djukic. Su soga estaba preparada desde el momento que salió Braulio y llegó Rufete a la dirección deportiva. La directiva sospechó del serbio desde el principio a sabiendas que la plantilla quizá era la menos competitiva  de los últimos tiempos (y más con la venta del killer Soldado). El presidente Amadeo Salvo lo vio demasiado claro, ¿la razón? La de siempre: “una situación irreversible”. Sin embargo, los desencuentros entre Valencia y sus entrenadores comenzaron su edad moderna con la salida de Rafa Benítez. Dos ligas no fueron suficiente recompensa para una grada que, por fin, presumía de un equipo a la altura de la oligarquía de nuestro fútbol. Aquel Valencia de Rafa ganaba por su contundencia táctica, pero su opinión pública exigía un juego que compensase pagar una entrada en Mestalla. Benítez tuvo que aguantar pitos aunque, al menos, nunca escuchó ese famoso ‘¡vete ya!” que sentenció a Carlos Parreira, Jorge Valdano o el mismísimo Hector Cúper, quien metió al Valencia en dos finales consecutivas de Champions contra todo pronóstico.

El italiano Ranieri, simpático para la afición por su socarronería en su primera etapa,  también fue purgado durante segunda versión porque emular a Benítez se convirtió en un auténtico marrón para cualquier entrenador que osara a entrenar en Valencia. Por supuesto, tampoco escapó del cabreo de la afición. Y Quique Sánchez Flores, que cumplió al dedillo el cometido de mantener al Valencia en Champions, también pasó por el cadalso. Tardó en escuchar el sobrecogedor ‘¡vete ya!’, pero en su tercera temporada una victoria (encima, victoria) pírrica contra el Valladolid hartó a la gente. El entonces presidente Juan Soler tenía la escopeta cargada y aprovechó una goleada del Sevilla en el Pizjuán para ejecutar al entrenador. Sólo se habían disputado nueve jornadas y el Valencia era cuarto en la clasificación, pero la directiva ya había preparado el terreno de la enésima “situación irreversible” justificando que a Quique “le había superado el descontrol del vestuario”.

Hubo un personaje que ni se inmutó por las críticas, y mucho menos por las continuas pañoladas. El Valencia de Ronald Koeman sufrió una debacle deportiva en Liga que no se recordaba desde el descenso del 86. El técnico holandés exprimió la confianza de la directiva hasta el punto de defenestrar a dos vacas sagradas como Albelda y Cañizares. Y consciente de que su etapa en el club era cuestión de meses, conquistó la Copa contra el Getafe y se rió de todos (directivos, jugadores y aficionados) diciendo que el Valencia “tardaría muchos años en volver a ganar un título”. En el caso de Koeman, la afición fue poco dura porque aguantó a un déspota que había rajado de todos menos de sí mismo. Entre tanto baile de entrenadores, el que menos balazos recibió fue Unai Emery, que cumplió escrupulosamente su misión: meter al Valencia en Champions cada año. Pero su obsesión permanente quedó reducida a una frase: “Intentamos que los pañuelos de la gente vuelvan a los bolsillos”.

La temporada pasada Mauricio Pellegrino también caminó al borde del abismo nada más aterrizar en Valencia. Fue elegido a dedo por el presidente Manuel Llorente y en poco rato se dio cuenta que el proyecto con el que se le convenció ni tenía nombres ni hombres comprometidos. Su despido sucedió por un calentón del presidente, curiosamente después de un 2-5 contra la Real Sociedad en Mestalla, partido en el que la grada reventó los oídos del presidente al grito unánime de ‘Llorente, vete ya’ y ‘Los jugadores no sienten los colores’. Pero la bala de la “situación irreversible” estaba preparada en el día de su adiós. Al menos, ésa fue la explicación del entonces director deportivo, Braulio Vázquez. Siempre la misma situación y siempre con pocas ganas (o talento) de darle la vuelta.