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Benzema, un problema de peso

Lunes, 18 Febrero 2013

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Karim Benzema siempre agradecerá a Zidane enseñarle el camino de la rectitud. La presión de ser el fichaje mimado y elegido a dedo por Florentino Pérez no supo gestionarla bien, quizá porque no encontró tutela alguna cuando fichó por el Madrid. Pero durante sus dos primeras temporada, aparte de la lentitud en sus movimientos tácticos que le convirtieron en monsieur empané, el francés no anduvo fino debido a un físico sospechoso: parecía que corriese con una faja de hormigón. Lejos de las coces de Mourinho, éste recurrió a Zidane para reorientar a su compatriota y abrirle los ojos a un mundo en el que Benzema sólo concebía el colegueo con Lass Diarra (por idioma, naturalmente) y las huestes personales que había traído de Lyon. En consecuencia, el delantero ingresó en una clínica de alto rendimiento en Italia durante sus vacaciones de 2011 y no sólo estilizó su figura perdiendo siete kilos…”ahora estoy bien de cabeza y de piernas”, desveló Benzema a Radio Montecarlo ese mismo verano. Se había reseteado por consejo de Zinedine y súplica de Mourinho, y ahora sí que estaba preparado para participar en las orgías goleadores del equipo.

Pero en un puñado de meses Benzema ha vuelto a caer en su reverso tenebroso. Cuando parecía que su mente y cuerpo habían alcanzado el equilibrio perfecto que demandaba el entrenador, de repente una mala racha de goles y algún desliz en su dieta han reventado el estado balsámico del que gozaba el jugador. Pasando revista a sus filas, Mourinho se ha encontrado a tres casos flagrantes de sobrepeso: llama la atención el de Marcelo, quien, desde luego, no se ha tomado en serio los planes de recuperación de su lesión. Sin embargo, los otros dos culpables tampoco han cumplido a rajatabla la dieta del gol, detalle que ha sacado de quicio a Mou porque, casualmente, se trata de sus dos delanteros centros. Si a Higuaín le sucede como a Marcelo, que no se ha tomado en serio su vuelta de una lesión, el diagnóstico de Benzema trasciende de un cuerpo más voluminoso de lo que debiera. Eclipsado por la voracidad de proporciones bíblicas de Cristiano, monsieur empané ha vuelto a deambular por el césped con grilletes en los tobillos y sin enterarse de que el Madrid se juega la temporada en un pispás. No es que se haya convertido en figurante de CR7, es que ni siquiera su nombre puede aparecer en los créditos. A Özil se la ha nublado la vista en los tres cuartos de campo no por falta de talento sino porque no contempla ningún socio fiable lejos del tótem portugués. Y, claro, Mourinho se ha hartado con razón.

Y mientras el debate del nueve se acaba transformando en una catarata de rumores sobre quién vendrá como el próximo killer de área, un canterano aprovecha sus escasísimas oportunidades dándole al público del Bernabeu ese anhelo que nunca debió perder, el de enorgullecerse por sus raíces, ahora Valdebebas. A la vista está que Álvaro Morata podía haber contado mucho más en el primer equipo por méritos en Segunda, pero Mourinho le quiere foguear en pequeñas dosis para que no se estampe contra la pared en otro expediente X como el de Adán, quien de arrebatar la titularidad a Casillas en la jornada 17 por “mejor estado de forma” se ha quedado en la grada ocho jornadas después. La cuestión es si Morata va a contar de veras para el primer equipo o Mourinho lo usa como arma arrojadiza para que Benzema e Higuain espabilen. Si el club quería sacar tajada con una buena venta del argentino, Benzema no le anda a la zaga; quizás sea una cuestión de peso.

Sueño de una noche de verano

Domingo, 10 Febrero 2013

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Florentino evocó por un momento aquel sueño (sí, sueño) de una noche de verano. Volvió como Luke Skywalker para devolverle a la galaxia el equilibrio fusilado por el ominoso Ramón Calderón, e imaginó al Madrid del futuro con Cristiano Ronaldo, Kaká y Benzema levantando Copas de Europa y, sobre todo, excitando a un Bernabeu que, con el permiso de Casillas, reclamaba ídolos. Ya desde la rentrée del presidente, a Cristiano se le atribuyó el estigma de líder, no en el vestuario pero sí por la gracia de sus goles; las victorias del equipo dependían del talento del portugués por la friolera de casi cien millones de euros. Arriesgado, pero una “bendita locura”, tal como dijo Lorenzo Sanz cuando se le preguntó en su día por el fichaje de Nicolas Anelka. En definitiva, un puñado de partidos evidenció que los nuevos éxitos de Florentino se convertirían en los de CR7: así sucedió en la final de Copa contra el Barça y la Liga pasada. Por contra, a Kaká y Benzema se les concedió el beneficio de la duda: habiendo sido los mejores en Milan y Olympique, el Madrid representaba el estrellato definitivo, sobre todo para el brasileño, cuyo merecido Balón de Oro no admitía dudas en sus credenciales. Desgraciadamente, aquellas presentaciones cósmicas de verano crearon una quimera demasiado frustrante para el presidente.

Hacía mucho tiempo que el Madrid no brillaba con la segunda versión galáctica en toda su plenitud. Sí, toda porque Kaká ha olvidado para siempre por qué Florentino incordió a los bancos para pedir el crédito de su fichaje, y ahora se ha reseteado en un jugador bueno, que no sublime, y sobre todo generoso en el esfuerzo. Su salida está cantada, y quizá sea en estos meses cuando desentumezca las piernas y evite ser nombrado gran pufo del siglo XXI. El caso de Benzema sí tiene un diagnóstico claro: aterrizó en Madrid como el paracaidista que lo hace en la selva ,sin saber dónde está el norte, y sólo la tutela de Zidane, más una urgente puesta a punto de su físico en una clínica, le enchufó a la inercia goleadora de sus compañeros. La pena es que esta temporada ha vuelto el personaje de monsieur empané y Mourinho no lo ha pasado por alto: está en proceso de recuperarse a sí mismo y con la chamba del vía crucis que sufre Higuaín desde su lesión. Benzema debe ser consciente que batallas como la del United no pueden ser libradas sólo por Cristiano…o a lo mejor sí.

El Sevilla fue el sparring perfecto que necesitaban los blancos para afilarse. Y no sólo eso: Mourinho usó el partido como banco de pruebas para testar al equipo y comprobar cuáles son sus límites. Por de pronto, sorprendió que sacara toda la artillería imaginable (es noticia porque nunca ocurre) a sabiendas de que la Liga se ha convertido en su pretemporada particular para afrontar Champions y la vuelta copera del Camp Nou. Quiso probar a Benzema e Higuaín para que se batieran el cobre y, a tenor del resultado, es el francés quien parte con más posibilidades de ser titular el miércoles. Y, definitivamente, mosqueó el regreso de Pepe…¡al centro del campo! El portugués justificó su extraña presencia en la medular por la expulsión de Higuaín; sin embargo, al entrenador le encanta la incertidumbre táctica para desorientar tanto al rival como a la prensa. ¿Quién no recuerda a Pepe conteniendo el centro del campo en el rally de los clásicos del primer año de Mou? Por si acaso, la duda queda ahí, aunque lo lógico es que se vuelva a unir a Sergio Ramos como central. Mourinho le necesita y el equipo más.

Figurantes a escena

Domingo, 9 Diciembre 2012

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Karanka nunca sería un buen representante de futbolistas. Minutos después de la exhibición de Özil en Valladolid, salió a la rueda de prensa y, preguntado por el partidazo del alemán, no se detuvo ni un instante en aplaudir la jugada del empate a dos…”Özil ha hecho lo que se le exige: un trabajo sin balón espectacular”. Quizá la reflexión iba dirigida a gente que sabe demasiado de fútbol, pero el gran público le pide al ‘Besugo’ partidos con balón, a ser posible como el de anoche. Si es uno de los mejores mediapuntas del mundo, actuaciones así no deberían sorprender ni siquiera a Mourinho. Sin embargo, el portugués andaba mosqueado con él por sus repentinas abulias sobre el césped (en el Pizjuán y Villamarín le cambió al descanso) y, últimamente, había usado a Modric como método de espabilamiento. Özil es un jugón y, como tal, se gusta cuando no está encorsetado en tácticas férreas. Si su entrenador no le ata en corto, aparece en cualquier palmo del campo para inventar bestialidades tan inimaginables como su primer gol. Por eso, Mourinho tiene razón enrabietándose con su versión inerte, que suele ser habitual; es una pena que Özil no entre en simbiosis casi nunca con Benzema, quizá el delantero más inteligente que existe.

Este Madrid ha demostrado que ya no está teledirigido por Cristiano Ronaldo. La temerosa dependencia del portugués se ha esfumado durante esta temporada; sí, sus cañonazos resuelven entuertos, como el derbi, pero otros futbolistas que parecían figurantes por fin han se han atribuido el protagonismo que exigen sus expectativas y, por qué no decirlo, su PVP. El Valladolid se convirtió en un sparring puñetero pero imprescindible para darse cuenta de que Özil sin Benzema apenas sirve, y viceversa. Lo sabe Mourinho y le alivia en caso de que CR7 se ausente: al menos, lo ha comprobado en las faltas directas. Con esto, el Madrid se evita declarar el estado de alarma que ha montado el Barcelona con la contusión de Messi.

Pero en el vestuario del Madrid se ha encendido un código rojo contra los goles anulados. Sergio Ramos advirtió después de la victoria que, en caso de no haber ganado, las cagadas son repetitivas, y no se refería a las calamidades defensivas de los goles de Manucho. Un gol legal de Benzema en el Villamarín, otro clarísimo del sevillano anoche…los jugadores han entendido el mensaje unívoco de Mourinho: o se quejan o los errores arbitrales acabarán devorándoles. Pepe reconoció que “son muchas cosas en contra”; no hay más alternativas. Así que, con la opinión pública clamando contra el entrenador y estas críticas en consonancia con el discurso mourinhista, queda claro que “Mou y sus guerreros siempre tienen razón, aunque no la tengan en absoluto”, tal como explica el director de A Bola, Vitor Serpa, en la última biografía del portugués, Mourinho ‘El único’. Y es obvio que The only one necesita reforzar sus bastiones con compromisos dialécticos como los de Pepe y Ramos. Falta el de Iker Casillas y, entonces, Mourinho volverá a ser en su vestuario “un rey absoluto, aunque su reino no sea democrático y ande lejos de tal condición”.

Benzema en versión bestial

Lunes, 19 Noviembre 2012

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“Si fuera por ti, tendría que entrenar a las doce, porque a las diez llegas dormido y a las once sigues durmiendo”. Ésa fue la primera arenga de Mourinho a Benzema a las pocas semanas de coger el mando del Madrid. Lejos de la actitud laxa de Pellegrini, el francés necesitaba un jefe que le espabilara mediante palos, y su actual entrenador siempre es uno de los más acreditados para resucitar muertos. Porque así sentía Karim en su primer año como madridista; el hecho de que el mismísimo Florentino Pérez tocará al timbre de su casa de Lyon para convencerle de que fichara fue una losa demasiado pesada. Sí, fue un capricho del presidente, pero el primer Madrid de la nueva era debía levitar sobre Cristiano Ronaldo y Kaká. Y con la voracidad goleadora del portugués, Benzema se sentía un simple relleno que se aprovecharía de la inercia ganadora de su equipo. Además, y para más desazón del ex delantero del Olympique, sus superiores buscaron a David Villa como primera opción aquel verano del 2009: “Hicimos un esfuerzo enorme por Villa, pero no alcanzó. Vamos a cambiar el objetivo, pero la prioridad quedó clarísima”, desveló el entonces director general Jorge Valdano.

Pero Benzema era un chaval tímido que no podía fallar a las primeras de cambio. Así se lo comunicó Florentino a Mourinho, quien harto de la abulia de su jugador, acudió a Zidane para que rescatase a su compatriota de otro claro ejemplo de talento malgastado. El astro francés recomendó a Karim someterse a un tratamiento de adelgazamiento en una clínica italiana; el resultado fueron siete kilos de menos que le dejaron una fisonomía perfecta para encajar en el juego vertiginoso de pim, pam, pum que sigue proponiendo Mourinho. Por fin, Benzema enterró su versión ‘monsieur empané’ y se puso a perforar porterías y, sobre todo, montar las jugadas para regocijo de Cristiano (hasta quince asistencias se marcó la temporada pasada). Sin esperarlo tan pronto, su entrenador se había encontrado con un delantero total capaz de rematar, controlar, disparar, asistir e inventar fútbol de la nada. Pero Mourinho, cuya habilidad para gestionar vestuarios es indiscutiblemente brillante, era consciente que a veces el estilo del equipo requería la estocada fulgurante de Higuaín. A partir de ahí nació el debate: ¿el perro (Higuaín) o el gato (Benzema? Pues el Madrid en formato contraataque necesitaba al argentino y, en cambio, el artesanal que exigía paciencia par abrir defensas enlatadas, era el más adecuado para Karim.

Durante esta temporada, la carrera por la titularidad se la había llevado Higuaín. Parecía que el lado oculto de Benzema empezaba a aparecer de nuevo y el jugador lo dejó claro en una entrevista en L’Equipe…”Tengo ganas de jugar más; desde principio de temporada paso más tiempo en el banquillo que en el campo”. La contestación de su jefe fue escueta pero contundente: “Yo paso noventa minutos en el banquillo y no pasa nada”. Quizá Benzema echaba de menos algún consejo de su nuevo mentor Zidane, pero el astro francés se ha apartado del primer equipo y en ocasiones, el ariete de la selección gala anhela la tutela permanente de Zizou.  Con o sin él, el mejor partido de Benzema ocurrió el sábado por la noche. Él solo desmontó la defensa del Athletic y su figura se agigantó en cualquier palmo del césped. Se lo estaba pasando de coña y eso es lo más gratificante que se puede descubrir en Karim. No obstante, dice que su mejor actuación no ha llegado todavía (portada del AS de este lunes), pero difícilmente podrá repetir otra igual: su valoración como MVP es máxima. La gracia es averiguar cuántas veces veremos su versión más bestial.

 

Benzema y el Barça…juego de arte y confección

Mircoles, 11 Enero 2012

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Martí Perarnau dijo ayer en un chat de MARCA que si pudiera fichar a un jugador del Madrid para el Barça de Guardiola sería Benzema. Viniendo de uno de los tíos más indicados para diseccionar las entrañas de nuestro fútbol, la respuesta es la más acertada por encima de una mera cuestión de gustos. Porque Benzema entiende la definición que un día Guardiola hizo de Messi…”Es como un ‘nueve’, pero no de rematar centros o mirar siempre a portería. Leo construye jugadas con la fijación del gol”. El ariete del Madrid también es de esos ‘culos inquietos’ que no soporta rascar balones dentro del área; se siente más cómodo en la elaboración de jugadas, descubriendo espacios para sus compañeros y buscándose huecos para sí mismo en el último cuarto de campo. Ésa, quizá, fuese la razón de su fichaje hace dos años y también vale a Mourinho como argumento del delantero único. Es una tendencia que aparentemente el Madrid ha copiado del Barça.

En la tertulia de COPE del pasado viernes sobre la génesis del Barcelona, Josep María Minguella explicó que la llegada del legendario ‘Rinus’ Michels al banquillo azulgrana a principios de los setenta cambió para siempre las nociones del fútbol. En aquella época cada futbolista tenía demarcación y función concreta; ninguno se salía de su casilla.  Las teorías de Michels, adelantadas a su tiempo, moldearon un nuevo Barça en el que Charly Rexach, el estilista del grupo, tenía que ser el primer en defender porque era quien más cerca estaba de la pelota cuando la tenía el contrario. Se había acabado la ley de los defensas para defender y los delanteros para golear…todos corrían y hacían de todo. De ahí que Rexach soltase la mítica frase de “correr es de cobardes”. La evolución del Barcelona estuvo marcada por la escuela holandesa: primero, con Michels detrás de la línea de cal y Johan Cruyff en el césped; después, el Cruyff técnico y un alumno aventajado, Pep Guardiola; a finales de los noventa, Van Gaal, luego Rijkaard y ahora el propio Guardiola vestido con corbata. Todos han asimilado ese nuevo estilo que deja al 4-4-2 como una táctica desgastada y parece que antediluviana.

Si Perarnau opina que él se llevaría a Benzema para este Barça, no dudéis que a Guardiola le gusta el francés. Pero él tiene a un Cesc reconvertido en lo que la prensa ha denominado un ‘falso nueve’. Q      uizá sea una posición engañosa para el fútbol español, pero no para el Barça, y tampoco para el Madrid de Mourinho. Por eso, Fábregas siempre se centra en dos tareas concluyentes: ayudar a preparar un buen ataque y amartillar la pistola en caso de remate. Sucede lo mismo con Benzema, sólo que el francés prefiere arrancar desde la banda. De ese modo, tiene tiempo de elegir la mejor opción: el inicio de una jugada, el entendimiento con otro compañero o el desenlace egoísta de la misma. El caso es que ataca disponiendo de un amplio abanico de opciones. Así lo practicó en el Olympique de Lyon y hubo un sector del madridismo que no entendió por qué Florentino se decidió por un delantero que apenas alcanzaba veinte goles por temporada. Benzema se está aprovechando de la inercia goleadora de su equipo para mejorarse a sí mismo, renovar el arsenal ofensivo del grupo y únicamente un cambio abrupto en la pizarra podría desenchufarle. El Madrid comenzó la temporada muy a gusto en el contraataque y en ese perfil Higuaín parecía más adecuado. Pero la primera fase de la Champions descubrió a un equipo que también sabía construir fútbol con pases rápidos y precisos, y entonces Benzema reclamó protagonismo. El debate pervive desde esa disyuntiva: al argentino le gusta que el balón corra con espacios libres por delante, mientras que Karim prefiere un juego más de arte y confección, más de Barça. 

La tormenta perfecta

Jueves, 27 Octubre 2011

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“El huracán Grace se dirige hacia el norte desde la costa atlántica, es enorme y va en aumento. En segundo lugar, hay un ciclón en la isla de Sable a punto de explotar. Y, a la vez, surge un frente frío del Canadá, el condenado viaja sobre la corriente y se abalanza sobre el Atlántico, donde confluirán los tres. Puedes trabajar en esto toda tu vida y no ver nada igual…sería un acontecimiento de proporciones épicas, sería la tormenta perfecta”.

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El elegido fue Benzema

Martes, 18 Octubre 2011

Finales de julio de 1994 en Nyon (Suiza). Pretemporada del flamante Real Madrid del técnico Jorge Valdano. La comidilla de la prensa, tanto allí como en España, era averiguar si el mister argentino contaba o no con Iván Zamorano, una estrella cada vez menos rutilante en la Liga. La temporada anterior tan sólo marcó once goles, por lo que Ramón Mendoza meditó hacer negocio con su venta…Stuttgart y Olympiakos se postularon como sus mejores pretendientes. Pero ‘Bam Bam’ tenía entre ceja y ceja  el Calcio, por entonces la mejor liga del mundo, o bien quedarse en el Real Madrid e intentar convencer a su nuevo entrenador. Las noticias de Italia fueron poco alentadoras y Zamorano se tomó aquella pretemporada como un reto: su carrera había llegado a un punto de inflexión demasiado crucial y debía hacer méritos si no quería echar por tierra todo el curre que se había pegado en el Sevilla para atraer a los clubes grandes.

A Valdano le gustaba jugar como uno más en aquellas intensas pachangas; obviamente, todos querían ganarse su favor. El propio Zamorano contó que en una sesión el balón llegó al entrenador y Zamorano rebañó el balón tumbando al argentino. Desde el suelo, Valdano le preguntó…”¿Siempre entrenas así, o sólo cuando odias a tu entrenador?”. Aquel mensaje alteró al delantero, que desde el primer día de pretemporada se entrenó como si le fuera la vida en ello. En pocas semanas, Zamorano había pasado de ser repudiado como cuarto extranjero (Laudrup, Redondo y el malogrado Peter Dubovsky partían con ventaja…Prosinecki directamente se marchó al Oviedo) a consolidarse con goles como el delantero centro titular del decisivo proyecto de Mendoza. Paradójicamente, ni el chileno ni Amavisca eran de la cuerda del nuevo mister en un principio; acabaron siendo los mejores de la Liga junto a Laudrup. Incluso, años después Valdano llegó a confesar que se equivocó…”Mi gran error fue declarar ante los periodistas que yo tenía cinco delanteros y que Zamorano siempre sería el quinto. Con esa afirmación rompí todos los puentes con el jugador”.

David Gistau escribió en El Mundo de ayer, lunes, que fue testigo directo de la eclosión de Gonzalo Higuaín en un River Plate-Boca Juniors del torneo Apertura 2006. El ‘Pipita’ marcó dos goles, uno de ellos escandaloso, y eclipsado por el acontecimiento, Gistau preguntó a sus amigos porteños qué pinta tenía ese delantero. La respuesta fue escueta: ‘Pseé’’. Blanco y en botella: Higuaín era uno más del montón. Esa incertidumbre le persiguió en Madrid, más cuando Ramón Calderón pagó trece millones y medio por él. En su primer año, el de Capello, marcó goles vitales (el de la remontada al Espanyol) y en la primera liga de Schuster se afianzó. Sin embargo, su sambenito permaneció a pesar de un buen puñado de goles y derroches físicos extenuantes…”Higuaín necesita disparar varias veces para marcar un gol”, era el cliché más habitual de la afición. Muchos en el Bernabeu todavía recuerdan su garrafal fallo a puerta vacía ante el Lyon en los octavos de la Champions en los que el Madrid de Pellegrini descabalgó contra todo pronóstico. Aquella pifia no se ha olvidado, aunque Higuaín haya mejorado sus explosivas cualidades, hasta el punto de hacer dudar a Mourinho. El portugués se refirió al debate Higuaín-Benzema con un guiño irónico a la prensa…”No os voy a decir quién jugará ante el Lyon, así no se os acabará el debate”. El elegido fue Benzema, que respondió con la única credencial que le vale…el gol; así que la renuncia al argentino se debía traducir como un método de motivación poco ortodoxo o una intención táctica muy bien pergeñada. Fue esto último, a tenor de la explicación técnica de Mou tras el partido.

La disyuntiva, por cierto, bastante sana (así lo ha entendido Mourinho), va para largo. Por un lado, los últimos ‘hat-trick’ de Higuaín le han descubierto como el delantero perfecto para el Madrid del contragolpe. Es rápido y se siente a gusto con el balón en carrera, justo como le llega de sus compañeros. Pero la sensación es que aún necesita reivindicarse con una cifra redonda de goles; de lo contrario, tendrá que convivir con la sospecha del Bernabeu. Benzema se ha consolidado como un ariete más elegante y cómodo con pocos metros delante. Alfredo Relaño describe en su editorial de AS de este martes que el francés “se abre espacios para el disparo en una baldosa”. Claro que el Madrid de esta noche sí que jugó la pelota e insistió en el toque para acabar con el calamitoso talante de los franceses. El Madrid en dos versiones…la volátil para Higuaín y la más tradicional con Benzema; Mourinho sabe elegir a quién poner dependiendo del partido. Falta por saber si hoy ha meditado jugar al pase corto o el Lyon se lo ha dejado en bandeja.

P.D: unas cuantas más así de Khedira y montamos otra discusión: Lass o él. Porque pensar en Granero para jugar con Xabi Alonso es definitivamente inimaginable.

Sin el complejo de David contra Goliat

Lunes, 15 Agosto 2011

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Chapó a la portada del MARCA…’Puro fútbol [y todavía queda la vuelta]’ y aparecen dos instantáneas decisivas, la del gol de Messi en la parte superior de la primera plana y el de Özil en la inferior. Pero el diario podía haber agudizado más su ingenio dedicando también la primera página a los zambombazos de Villa y Xabi Alonso. Porque Madrid y Barça jugaron un epílogo inmejorable de pretemporada: defensas poco rodadas, asistencias sorprendentes y hasta algún eslalon versallesco (Thiago en su estado natural). Sin duda, un cúmulo de detalles, que eclipsados por el talante táctico de Mourinho, dibujaron el mejor partido del año, el que deja a la altura del betún el ‘rally de los clásicos’ (MARCA dixit). Precisamente, después del nuevo Madrid de anoche, es incomprensible por qué el mismo equipo no fue capaz de plantarle cara al campeón hace unos meses sin el complejo de David contra Goliat; el secreto de la presión asfixiante habría sido un aliado incuestionable para los blancos en las semifinales de Champions.

Y es que durante los primeros treinta minutos de la Supercopa, el Bernabeu se enorgulleció de las intenciones de su entrenador, frotándose las ojos con un Xabi Alonso que manejaba a sus compis a ritmo de rock and roll; no obstante y en defensa de Mou, el planteamiento no fue una jugada de póker, pues la prensa había vaticinado en la previa un ‘ataque total’ al Barça con Özil, Benzema y Cristiano; el orden  está escrito adrede en sentido de mayor a menor porque el francés siguió dándole publicidad al endocrino que ha afilado su cuerpo, el alemán se ha apoderado de esa sensación de ¡peligro! cuando coge el balón y CR7 arrastró a la defensa azulgrana con galopadas infinitas, aunque no sacase provecho de ninguna. Se le veía que no estaba a gusto y, por eso, tal como dice el periodista Manuel Saucedo en su twitter…”el portugués no debe estar feliz, poca participación, ni le buscaban ni le encontraban. Y golito de Messi”. Otro más del argentino a Casillas en un arrebato de bestialidad que acalló a quienes le criticaban su inopia (leí varios tweets que decían con sorna ‘Tierra llamando a Messi’).

El caso es que el Madrid tiene fuelle y talento para dominar el juego contra cualquier rival que se le antoje; otra historia es que Mourinho persevere en esa valentía. Sin embargo, el empate también deja un poso inquietante para los blancos…si su  mejor fútbol no ha tumbado a un Barça experimental, difícilmente podrá doblegar al once fetiche de Guardiola, si es que logra hacerse con uno en una temporada larga y prolija por la cantidad de títulos en disputa. De esas rotaciones, sale por la puerta grande Thiago (¡que hábil fue el club renovándole este verano!). El hijo de Mazinho recordó a su padre en tareas organizativas; templaba el balón y abría el campo para que sus compañeros se desahogaran de la contunde presión del Madrid. La diferencia entre ambos es que Thiago ha nacido para mimar el balón y así lo hizo con el detalle del eslalon que dejó a tres merengues boquiabiertos. Quien tampoco sucumbió a las expectativas fue Alexis, batallador y al que le gusta jugar al choque; habría sido más excitante un cara a cara entre Pepe y él, que no con Marcelo. Sin embargo, la intentona Mascherano-Abidal no resultó: no se entienden y, sobre todo y más importante, no se sabe quién ostenta la jerarquía; sin duda, al Barça le urge la vuelta de Puyol. Por el contrario, el Madrid sí tiene claro que Pepe es su jefe: ordena, corrige a sus colegas de demarcación, aunque aún no se atreve a sacar el balón desde atrás al estilo del antiguo ‘jefe’, Fernando Hierro. Pero anoche el central no estuvo en su línea: se cayó de bruces en el gol de Messi en un fallo defensivo de patio de colegio y tampoco estuvo acertado en el penalti de Marcelo a Pedro. Dos desaciertos puntuales, sin más.

Y hoy se presenta un viejo camarada de La Masía. Cesc cumple su sueño frustrado de los últimos veranos y entra en un vestuario donde el talento creativo abunda, que no sobra. Porque el Barça de anoche careció de frescura y Guardiola ha meditado engrasar a la plantilla durante el transcurso de la temporada; no así el Madrid, que ya rueda a la velocidad de un Sputnik. Así que, aunque Cesc huela a carne de banquillo, el míster volverá a sacar la política de rotaciones que en su día empleó su antecesor, Fran Rijkaard. Sólo de ese modo, el Barça será competitivo en diciembre contra ¿el Santos de Neymar? y llegará sin agarrotamientos a la primavera definitiva.

Postdata I: Agradecimientos a Mourinho por entender que el Madrid debe coger el pincel y no un martillo neumático, y al Barça por ser competitivo tanto en versiones apoteósicas (las de casi siempre) como ‘empanadas’ (anoche).

Postdata II:  Un tirón de orejas a Karanka, porque, aún teniendo que dar la cara en público, le hace un flaco favor al 2-2 entreviendo que “hay cosas que no han cambiado” sin explicar el motivo del dardo. Teixeira Vitienes fue salomónico en sus errores: penalti para cada bando no pitado, punto.

‘Fichajes retóricos’

Martes, 15 Marzo 2011

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Os recomiendo que cada lunes leáis el prodigio literario de David Gistau en El Mundo. El último, titulado El rey y el valido, y referido al panegírico que Florentino tributó a Mourinho, argumenta la necesidad del continuismo. “Al Real Madrid no le conviene autodestruirse cada verano para volver a empezar…si se le permite, Mou terminará haciendo un equipo campeón, sólo que tal vez no este año en el que todavía no declina el Barça”. Exacto. Con el nuevo gurú, el Madrid asumió que tendría que  atenerse a las consecuencias motivadas por el temperamento de Mourinho y su visión exclusiva del establishment futbolístico; el presidente comprendió que el madridismo no toleraría más experimentos de año en año y Valdano, hasta hace poco escudero verbal de lo que gusta y no gusta en el Bernabeu, se ha encontrado inesperadamente con un marrón menos: Mou incendia las ruedas de prensa y, además, se encarga de apagar fuegos…cuando lo cree conveniente. El descaro de tanta excusa (o verdad) contempla un trasfondo obvio: sembrar títulos para evitar que “el dominio abrumador del Barcelona alimente frustraciones que Florentino sólo alivia con despidos y carne fresca en los fichajes retóricos”.

El discurso del presidente dilapida cualquier suspicacia, si es que la había, entre directiva y entrenador; con Valdano arrumbado en tareas más fútiles, el apoyo unánime a las diatribas del portugués cobran validez hasta que llegue la primera copa. Y como en cualquier relación de confianza debe haber reciprocidad, ahí Mourinho se siente imponente: tiene claro que va a ganar algo. Ésa es la esperanza última del madridismo, su ‘clavo ardiendo’.  Por eso, él insistía en un parapeto que viniese de arriba y Florentino se lo ha dado con creces. Tan inédito fue el gesto, que Gistau no lo concibe como noticia sino que lo atina como un ‘acontecimiento’.

Uno de esos ‘fichajes retóricos’ de los que habla el columnista empieza a comprender que de nada vale haber venido con galones galácticos. Sí, Benzema se ha desperezado y ha mudado ese gesto pavisoso cuando la zancada de Adebayor barruntaba su ostracismo más absoluto. No sabemos si en el cambio ha influido una de esas soflamas mitad didácticas mitad agresivas de Mou o el propio francés se ha asomado al precipicio de una hipotética salida, la misma que martillea los oídos de Kaká, a quien no le vendría mal la terapia que se ha autoimpuesto su compañero. El caso es que Benzema, por encima de su progresión meteórica (un febrero y marzo estratosféricos), ha dado la tranquilidad suficiente para que su entrenador no esté mirando de reojo la recuperación de Higuaín; cuando llegue el argentino, bienvenido y a batirse el cobre por el codiciado puesto. Los goles de Benzema han revalorizado la delantera y lo que fue un capricho de Florentino se está convirtiendo en menester.

También va siendo una obligación que el Madrid apueste más por el talento (Granero) que por el músculo (Lass/Khedira), una vez que Mourinho se ha cerciorado de que su equipo también sabe hilvanar jugadas. Precisamente en la Liga española la apuesta por Xabi Alonso y Granero es, cuanto menos, divertida si el madridismo quiere pasar el buen rato de Santander. En esa tesitura, el centrocampista donostiarra agradecería la compañía de otro constructor, aunque el antojo implique mayores riesgos en la retaguardia. Lass y Khedira no aportan ningún extra a sus coches-escobas y de ahí el peligro de concentrarlo todo en Xabi. Y como éste es demasiado necesario tanto para rondos de entrenamiento como para finales, por fin Mourinho ha decidido apostar por Granero, que ha pasado de figurante a secundario al estilo de Steve Buscemi. Su concurso dota a los partidos de incertidumbre sana, pues el chaval tiene el arrojo suficiente para intentar genialidades de crack. El Bernabeu siempre aplaude la intención, salga o no; a ver cómo le mima su mister, Granero tampoco fue un ‘fichaje retórico’.

A Florentino le hace tilín

Mircoles, 23 Febrero 2011

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Gerland fue el escenario de la redención. Quizá sea atrevido barruntar que el Madrid está cambiando la historia un poquito, tal como anunció Mourinho, pero es evidente que este equipo está provisto de mejores accesorios para alargar la carrera por la Champions. ¿Favorito? Todavía le veo verde, aunque sólo vislumbro Barcelona como rival inexpugnable (y eso que los azulgranas tienen más deberes para la vuelta). Del resto de la ristra de candidatos, el Madrid de Mou se puede batir el cobre con ellos pudiendo salir victorioso; Manchester, Chelsea, Inter y Bayer no caminan con más garbo que los merengues. Tan sólo el United, que con un fútbol muy práctico en toda su esencia, lidera con creces al Premier.

Pero el Madrid está mimando esta Copa de Europa con un tacto especial. La prueba más fehaciente fue el impulso vehemente de Florentino en el palco de Gerland cuando su capricho Benzema percutió el 0-1. El sorprendente arrebato de quien siempre ojea los partidos en pose hierática (como las divinidades egipcias) puede interpretarse con dos lecturas: o bien el presidente eligió tal momento para vindicar su perspicacia con su delantero, o era el alivio definitivo a la némesis de los octavos de final. Imaginar un guión con ese ejecutor parecía inimaginable: tal vez porque hasta hoy sólo el vestuario confiaba en Benzema, para la prensa seguía siendo ‘Benzemalo’. Por lo menos, se ha ganado cierto margen para no ser criticado; o sea, que si el francés no ve puerta en un puñado de partidos, el gol de anoche le valdrá como coartada. Pero me cuentan que Karim agradece la competitividad con Adebayor porque ya no se siente inútil. Y aunque no cambie ese rostro pavisoso, le pone que Mou le haya dado tanta caña. Sí, el fin ha justificado los medios.

Benzema salió porque el Madrid debía refrescarse en el ataque: Adebayor porfió en presionar a los centrales Cris y Lovren, pero llegó un momento en el que sus zancadas al estilo de los avatares de James Cameron (símil made in Tiempo de Juego) no acortaban tantos metros; Cristiano no lograba enganchar el balón en un galope de los suyos y tuvo que conformarse con disparar las faltas, una reventó el palo; Di María buscó un dribling que nunca encontró, pero fue generoso en el esfuerzo pues corrió como los niños al escondite. Y la gran pena fue que Özil estuviese en el limbo casi todo el partido, ésa es la remora que le impide salirse en cada partido. Se esconde y el equipo pierde agudeza para inventarse pases entre líneas. Menos mal que volvió a la Tierra en el tramo decisivo y su pillería permitió la jugada resolutiva de Benzema. No obstante, el mediapunta alemán tiene que quitarse de una vez el corsé de chico nuevo y arrogarse responsabilidades de crack, porque Kaká está al acecho y, aunque no intimide, su nombre y los millones de la compra todavía pesan.

Quien sí es un jugadorazo contrastado es Xabi Alonso. Su fulgurante progresión no tiene límites. Anoche no sólo fue el distribuidor oficial, sino que también improvisó de ‘Makelele’ de turno. Robó más pelotas que Khedira en lo que va de temporada y resolvió el galimatías táctico de Mourinho: al Madrid le hace falta una réplica de Xabi sin ninguna diferencia. Eso o traer a una bestia que coja el ‘coche escoba’ y se lleve todo por delante de la defensa. Me gusta el ghanés Essien, pero mucho tendría que agravarse esa demarcación para que viniese. Khedira se preocupa más por no perder su posición que por hacer de escudero del donostiarra, mientras que Lass enchufa su batería y no se está quieto ni un instante. Insisto, un híbrido sería lo más pertinente. También merece un doble Pepe: que pide ganar unos cuantos millones de más, dénselos…no existe mejor defensa al corte. Su omnipresencia apabulla tanto a Carvalho y Sergio Ramos, que estos no pueden sino agachar la cabeza cuando se cuece una bronca. Anoche la recibió Carvalho y varias veces; Pepe le corregía errores continuamente y su compatriota decidió actuar con discreción para no delatar sus cagadas. A Ramos le salvó su desparpajo en el ataque, porque en defensa no le firmaría ni un seguro a todo riesgo, razón: el gol de Gomis.

En definitiva, buen resultado para el Bernabeu y una eliminatoria que no peligra. Ni el rival se asemeja a aquel Lyon de Juninho, Malouda y ¡Diarra (Mamadou)!, ni la Champions parece el formato propicio para que se trunque la imbatibilidad de Mou como local. Pero, pese haber enfilado los cuartos, al Madrid le urge una demostración de poderío: una goleada de escándalo o echar a alguien que tenga galones. Sinceramente, el partido de ayer fue un aburrimiento porque ambos equipos no saben improvisar fuera del fútbol plano y telegrafiado que practican en sus ligas. Aunque supongo que en este año I no trasciende nada más allá del resultado. Ganar la Champions y punto…queda claro qué es lo que le hace tilín a Florentino.