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La calle ‘melancolía’

Jueves, 3 Marzo 2016

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El espíritu de Raúl González reencarnado en Borja Mayoral. Ningún ciclo del Real Madrid se sostiene sin su cantera. Sucedió con el eterno ‘siete’ cuando Valdano entendió que la figura de Butragueño se extinguía; Iker Casillas mantuvo vivo al Madrid galáctico con aquel runrún popular de los goles de Ronaldo y sus paradas milagrosas; Guti fue un genio incomprendido entre taconazos antológicos y una vaguería inexplicable, y desde entonces a Valdebebas se le acusaba de nutrir a medio fútbol español menos a su primer equipo. Mayoral ha reventado todos los récords goleadores en categorías inferiores y su ascenso ha sucedido por accidente. Como Raúl, Guti o Iker. Su gol de carambola alienta a las masas, como diría Brotons, y amortigua el saco de palos que merecen ciertas estrellas. Porque es incomprensible que James todavía esté buscando a Rodríguez entre discotecas madrileñas y el diván de un psicólogo que descubra por qué se ha relajado tanto; ¿qué títulos ha ganado el colombiano para no levantarse de la tumbona? Incluso en Colombia se alarman por ese icono publicitario que cada vez empapa menos de sudor la camiseta. Y Florentino Pérez ha tomado nota con la ristra de telefonazos que van a llegar de media Europa.

James recibirá el famoso warning del argot tenístico,  Isco sufrió el castigo de la suplencia y espabiló goleando. Al fin y al cabo, la solución que pide el Bernabéu es muy simplona: echarle huevos (con perdón). Raúl sí sabía cómo excitar a la grada: arrancaba una carrera imposible sin balón de cuarenta metros, persiguiéndolo como un rottweiler por todo el campo. Y nadie dudaba de su compromiso con el escudo. Zidane ha jugado con él y, quizás tirando de la ‘calle melancolía’, sacó en Valencia a la clase media que juega como si no hubiera mañana. Todos recuerdan aquel núcleo con Míchel Salgado, Helguera, Mcmanaman o Morientes, que aliviaba las noches aciagas de Zizou o Figo. A este Madrid, el de Benítez o Zidane (descubran ustedes las diferencias) se le achaca no tener un grupo entre bambalinas que resuelva los marrones cuando Cristiano se cansa del mundo con gestos y aspavientos. Y la noche de Levante exigía desempolvar a futbolistas que se estaban oxidando con tanto vedetismo. Como dijo el volcánico Juanito, “no importan los millones, sino los cojones”, al referirse a las grandes remontadas europeas.

Lucas Vázquez y Casemiro se salieron del mapa en El Parque de los Príncipes, y desde la llegada de Zidane apenas han calentado por la banda. Lucas recuerda a Santi Solari, banquillero de lujo en el primer Madrid de Florentino y que inventaba regates campo a través. Este equipo necesita chavales sin vergüenza, que revolucionen partidos de pocos voltios. Casemiro va a ser la llave maestra del proyecto: José Ángel Sánchez, director general, le reclamó del Oporto la pasada primavera, consciente de que su vuelta a Madrid sería capital tras un máster acelerado con Lopetegui. Fue el cemento armado de Benítez y Zidane se ha dado cuenta de que no sólo le basta con once bailarines. Necesita un bloque de hormigón para no quebrar al equipo como un palillo. Desde luego, Kroos agradecerá no ser siempre el cortado de césped.