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Busquets, el ‘huracán tranquilo’

Viernes, 12 Febrero 2016

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Debutó en 2008 siendo ‘el hijo del portero’, pero con los años a papá Busi le han terminado conociendo como ‘el padre de Sergio’. Vicente Del Bosque le rindió un tributo inolvidable en Sudáfrica defendiendo sin rubor que si fuera futbolista, le gustaría parecerse a Busquets. No acapara portadas porque cualquier gesto de Messi o Neymar acaba siendo trending topic, ni tampoco suele ser cómplice en el césped de los prodigios de Iniesta. Sin embargo, supera a casi todo el vestuario en las notas de los cronistas: suele sacar sobresaliente y apenas baja al notable; de lo contrario,  el Barça entraría en mayday!  Como dice el maestro César Menotti, “es el coche escoba que limpia la alfombra para que el resto de esos locos bajitos hagan sus diabluras”. La voracidad de nuestro periodismo deportivo, que escanea con lupa hasta la roña que puedan tener en la uñas Cristiano Ronaldo o Messi, se olvida a posta de la clase media. Y Busquets representa esa clase obrera de tarea poco glamurosa. Fue el peón decisivo que ansiaba Mourinho durante su época merengue; no en vano, un directivo de la planta noble del Bernabéu sugirió más de una vez intentar un segundo caso Figo, claro que no tan bullicioso.

Este Barça sufre de algún modo el ‘síndrome Makelele’: el francés aguantaba el equilibrio galáctico hasta que se hartó del ninguneo y se largó. El Madrid le consideró intrascendente y Zidane, Figo, Raúl y Ronaldo se estrellaron en aquel galacticidio. Ellos vendían el fútbol total y Makelele sostenía la viga maestra del tinglado táctico. Sólo cuando las piezas se desacoplaron, el proyecto faraónico de Florentino comenzó a resquebrajarse. Desde la irrupción meteórica de Guardiola, el Barça ha tensado un cable que Busquets mantiene firme para que, por una parte, su retaguardia no se encuentren de bruces con una invasión enemiga y por otra, Messi y el resto de alquimistas se liberen de cualquier marrón. “Es el mejor centrocampista del mundo”, espetó Guardiola en Munich. Pista más que fiable para que el resto de todopoderosos le quieran tentar. Busquets recibió dos ofertas el pasado verano de Chelsea y Paris Saint Germain, pero el Barça le había prometido un contrato de estrella de rock. Media temporada después, ni ha estampado la firma ni le han dado turno en las oficinas del Camp Nou. Y Busquets, que conoce los trapos sucios de este negocio, ya ha deslizado en la ESPN que le debe media vida a Guardiola: “Sólo mi mujer y Guardiola me harían dejar el Barça”. ¿Hora de cobrar el favor?

“Busquets arrasa con todo si el físico no le traiciona”, palabra de Frank Rijkaard. No lo dice uno de los entrenadores más decisivos de la historia moderna del club, sino uno de los mejores centrocampistas defensivos que ha visto el fútbol mundial: el ‘huracán tranquilo’, tal como le calificaron en un artículo de FIFA.com. “Todo fútbol, el rácano o el más vistoso, necesita fontaneros”, lo sabe bien Fabio Capello, que nunca ha querido cambiar la llave inglesa por un pincel. Y, desde luego y a pesar de las apariencias melindrosas, Guardiola siempre mete la llave pesada en su caja de herramientas. Busquets es imprescindible antes, ahora y siempre; sin duda, es otro ‘huracán tranquilo’. 

La ilusión del Circo del Sol

Mircoles, 25 Noviembre 2015

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Disneyland en el Camp Nou. Del miedo de “sobrevivir hasta enero sin Messi”, este Barça se ha metido por méritos propios en la tertulia que más apetece al soci culé: ¿Rijkaard, Guardiola o Luis Enrique? A bote pronto, Pep pintó el perfeccionismo y el holandés una juerga continua que empezó y acabó Ronaldinho. El fútbol con Luis Enrique no escanea el campo palmo a palmo, ni marea el balón en versión delicatessen; el suyo también es de salón, pero con un toque más vertical. El que le pone Neymar y sus regates o ‘elásticas’ de Rivelino; el de las ráfagas eléctricas de Messi o el del martillo pilón de Luis Suarez, de oficio ejecutor. Tres fenómenos que salen al campo con la misma ilusión con la que llevarían a sus hijos al Circo del Sol; tres amigos que a menudo cenan en familia; y dos guardias pretorianos que saben cómo rendir pleitesía a su César. Es la gracia de un Barça programado en modo rodillo, “para divertirse atacando y defendiendo”, como dijo Rakitic anoche. Vino la Roma a morder el segundo puesto del grupo y en quince minutos quedó reducida a un guiñapo, un muñeco de pim, pam, pum. Y no porque bajara los brazos como el Real Madrid en el clásico, simplemente porque delante tenían al Djokovic del momento, que te barre por tierra, mar y aire. Ése es el Barça de Luis Enrique.

Si el fútbol son estados de ánimo (Valdano dixit), el Barça es campeón; si el fútbol es un deporte de once contra once en el que siempre gana Alemania, entonces el Barça es muy germano. Y como citó Renato Cesarini tan brillantemente (a él se le debe el concepto de ‘zona Cesarini), “el futbolista es como un caballo. Si uno lo monta bien, lo respeta y obedece. Pero si usted no sabe apretarle bien los tacos, lo bellaquea y por ahí lo tira”. El Barça ha aprendido a mimar su juego, primero acorazándose en retaguardia sin distracciones estrepitosas. Piqué ha sabido separar sus provocaciones del fútbol, Vermaelen acabará siendo el central por el que mató el incomprendido Zubizarreta, y Dani Alves, sin llegar a la explosividad de la era Guardiola, se irá motivando entre tanta euforia. Sin un coladero en la defensa, emerge el gran Busquets de siempre, al que le ha costado coger ritmo a la temporada. Albañil de vocación, a los puristas les da rabia que la FIFA no le haya elegido en el mejor once del año. Tipos como él, Makelele y próximamente Casemiro son imprescindibles para comerse marrones. Porque detrás del fútbol hay mucho trabajo sucio y pocos jugadores son los elegidos para pringarse en el barro. Que se lo pregunten al seleccionador alemán Joachim Löw, que reservó la titularidad al lesionado Khedira para el Mundial de Brasil. El resultado fue incuestionable.

El contraste entre institución y primer equipo es alucinante. El club afronta juicios, debe cuidar a estrellas imputadas y lidiar con los castigos de la FIFA. Sin embargo, el vestuario vive una realidad paralela reducida a una pelota y dos porterías. Son exageradamente buenos, pero sólo presumen en el campo; juegan a velocidad de crucero pero tienen un manual de emergencias, por si se repite otro drama de Anoeta de género apocalíptico. Y así es metafísicamente imposible que este Barça se empotre como el Madrid de Carlos Queiroz. Aquellos merengues también jugaban como los ángeles y en febrero se les regaló el triplete. Pero Luis Enrique no desgasta al mismo once partido a partido, y en enero recibirá a Arda y Aleix Vidal. Oro y mirra para el banquillo. Las expectativas son tan planetarias que da miedo. Y no es una hipérbole. 

“Ponte detrás de Messi”

Martes, 20 Octubre 2015

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“Busquets es innegociable en el doble pivote”. La cabezonería de Vicente Del Bosque terminó cuando Xabi Alonso se despidió en Brasil. Luis Enrique, por su parte, no ha tenido tanta paciencia: Busquets siempre ha confesado que su hábitat termina un puñado de metros por delante de la defensa. Ahí es donde encuentra oro y mirra. Sin embargo, su entrenador se empeña en usar el comodín por cualquier palmo del campo; a la antigua usanza, como el polifacético Miguel Ángel Nadal, de profesión central del Dream Team y de afición delantero centro en situaciones imposibles. La primera parte de Borisov fue la prueba de que el algodón no engaña: perdido de interior izquierdo y, mirando cómo Mascherano oteaba plácidamente la colina, Busquets ni siquiera se postulaba como la amenaza fantasma. El 0-0 del descanso tenía coartada, Luis Enrique no.

Busquets es el fontanero del Barça y, por eso, no figura entre los 23 candidatos para el Balón de Oro. A la FIFA no le conviene por estética elegir a futbolistas que se ensucian en el fango. Busi se embarra en el juego oscuro, ése que el equipo necesita entre bambalinas. Y aunque el BATE no requirió sus servicios, sí evidenció que el catalán sólo ha nacido para comerse marrones. Y a mucha honra. Como Neymar, que presionado en la condición de líder interino, ignoró el photocall con susmejores fintas y bicicletas. Suya fue la internada que acabó con asistencia a Rakitic en el balcón del área, y también facturó el segundo pase de gol. Y cuando los mentideros de Barcelona todavía dudaban si Neymar acabaría engullido por su egocentrismo (como le sucedió al ex madridista  Robinho), de repente imitó a Leo Messi. El vestuario azulgrana nunca ha sospechado del brasileño; simplemente refunfuñaba cuando quería la patente de todas las jugadas. De Neymar se cuentan demasiadas fábulas, cada una de ellas sellada con el prejuicio sobre su entorno juvenil. Su grupo de amigos, los ‘toiss’, suelen disparar los rumores de una vida disoluta; sin embargo, su verdadero círculo lo forman dos personas: su padre, Neymar, y el representante de toda la vida, Wagner Ribeiro. Un Jorge Mendes brasileño que controla cualquier promesa con ínfulas de Pelé.

“Eres carismático en Brasil, aprende ahora a ser líder en el Barcelona: ponte detrás de Messi”. Fue el primer consejo de Ribeiro a su futbolista minutos después de la presentación ‘hollywoodiense’ que le brindó el club en el verano del 2013. De hecho, Neymar nunca se avergüenza en confesarlo delante de un micrófono: “Messi es único y luego estamos todos para ayudar”, contó a Canal Plus después del Atlético 1-Barcelona 2 de esta Liga. Sabe que la pole position está reservada por los siglos de los siglos, o al menos hasta que D10S deje de rifarse los Balones de Oro con Cristiano. De momento, expediente cumplido: el Barça casi en octavos y Neymar gustándose como en el Santos, pero sin sentirse tan estrella de rock. Allí la táctica recordaba a la escena de Evasión o Victoria en la que, precisamente, el preso de guerra Pelé traza su jugada en una pizarra de portería a portería. El Barça es distinto a todo. Este Neymar también.   

Del Bosque, el buen estratega

Sbado, 30 Marzo 2013

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Confiesa que le ha cogido el tranquillo a ser personaje público, sobre todo después de recibir mil y una distinciones por haber ganado el Mundial, título de marqués incluido. Pero Vicente Del Bosque nunca ha usado su rol público para inflamar asuntos de estado, salvo cuando le tocan la fibra con su despido improcedente del Real Madrid. Sin embargo, en el primer deporte nacional de este país (el segundo es el fútbol) su nombre sigue siendo fusilado por criticones obnubilados por teorías conspirativas. La más famosa y persistente, que durará por los siglos de los siglos, dice que Del Bosque es sólo un continuista de Luis Aragonés y que cualquiera podía haber ganado títulos en el Madrid con el mensaje simplón de ‘salid y jugar como sabéis’, sin olvidar, claro, su sambenito de mal estratega. Quizás estos teóricos ignoren que el seleccionador algo hizo para lidiar con los numerosos marrones que le aparecieron desde que una tumultuosa noche de noviembre de 1999 John  Benjamin Toshack estalló contra la directiva de Lorenzo Sanz y confesó sin titubeos al MARCA que era más fácil ver un cerdo volando sobre el Bernabeu que rectificar algunas declaraciones.

Por de pronto, Del Bosque fue declarado entrenador interino del Madrid tras el despido de Toshack y con la papeleta de conjuntar a una plantilla desguazada por una lucha intestina de egos, con el de Anelka como el más flagrante. “Creo que Nicolás esta confundido, en su mundo”, espetó el entonces técnico merengue cuando le preguntaron por qué no convocó al delantero francés para un Madrid-Sevilla. Y esgrimió su razón: “Anelka no se corresponde con lo que debe ser un deportista, o sea una persona altruista que se dé a los demás. Lo que nunca puede pretender un jugador es entrenar y jugar a la carta; el fútbol es universal: se juega en corto o largo, sea en Francia o en Vallecas”. Así zanjó Del Bosque la cruzada que el fichaje más caro de la historia del club había emprendido contra directiva, entrenador y sus propios compañeros. Meses después y con el equipo pensando en el limbo en cada partido liguero, el técnico salmantino convenció a Anelka de que necesitaba su talento para tumbar al Bayern de Munich en las semifinales de Champions. Se habían llevado dos rapapolvos gordos en la fase de grupos: cuatro goles en el Bernabeu y otros tantos en Alemania. Finalmente, el efecto Anelka funcionó, pues él, y sólo él, se convirtió en la pesadilla del desafiante Kahn.

Pero durante aquella temporada Anelka no fue el único quebradero de cabeza. Con la Liga casi perdida, el Madrid afrontaba los cruces decisivos de la Champions como única salvación de la temporada. Y para más inri, el líder de la defensa, Fernando Hierro, quedaba fuera de combate por lesión. El central había eclipsado a todos y cada uno de los escuderos que le habían alineado cada domingo: Karanka, Helguera e Iván Campo ni por asomo alcanzaban el carisma de Hierro. Así que Del Bosque contempló otra solución: en vez de hacer casting de centrales, cambió el dibujo táctico colocando juntos precisamente a los tres teloneros. El experimento de los tres centrales funcionó en Old Trafford la noche del taconazo de Redondo, prosiguió contra el Bayern y alcanzó su cénit en la final de París. Entonces, Del Bosque fue declarado ‘marqués de la estrategia’. No obstante, después de una década el técnico todavía recuerda el riesgo que asumió: “Nos la jugamos con los tres centrales, si nos sale mal nos matan”, confesó a MARCA hace pocos días.

El siguiente episodio de meritocracia no tardó en llegar. Del Bosque se había ganado su continuidad, así lo entendió y anunció Florentino Pérez a su llegada a la presidencia, incluso antes de ganar las elecciones con el as de Figo en la manga. Y eso que los primeros meses fueron demasiado convulsos: una sorprendente eliminación copera ante el liliputiense Toledo, unido a la derrota en la Supercopa Europea contra Galatasaray y otro bofetón en la Intercontinental de Japón ante Boca Juniors hizo dudar al Bernabeu. Del Bosque tenía una plantilla demasiado buena como para desperdiciar tantas competiciones y, encima, el arranque liguero no había sido el esperado. A ese Madrid le faltaba gol y el remedio no lo iba a encontrar con una billetera: Guti era el elegido para jugar de delantero centro, quizá más de ‘falso nueve’ que de ariete rematador en el punto de penalti. El caso es que el madrileño llegó a quitarle la titularidad a Morientes y clavó ni más ni menos que catorce goles. Del Bosque había sacrificado los pases inverosímiles de Guti por su desconocida capacidad goleadora. Funcionó.

Los capítulos galácticos de Zidane y Ronaldo no supusieron grandes comeduras de coco para Del Bosque. Si acaso, el desliz que se le recordará al salmantino será el de haber sacrificado momentáneamente la carrera meteórica de Iker Casillas por un puñado de malos partidos. No obstante, su suplente César cuajó buenas actuaciones y, quizá, de no ser por su lesión en la final de Champions contra el Leverkusen, Casillas no habría encontrado ese punto de inflexión que relanzó su vida para siempre.

Por último, y después de un mal trago en el Besiktas, donde no detectó ni la más mínima simbiosis  con gente que entendiera el fútbol alrededor de un balón (tampoco Del Bosque se aclimató), llegó la oportunidad envenenada de sustituir a Luis Aragonés. Éste consiguió el ansiado sueño de superar todos los clichés de la selección española, ¡por fin volvíamos a ser importantes en Europa!, pero su ciclo había caducado. El legado del sucesor quedaba claro: aprovechar la mejor generación jamás habida en España. Y así lo hizo Del Bosque, no sin las presiones de la prensa. Ocurrió en Sudáfrica, después del batacazo inicial contra Suiza. El tiqui-taca murió en la defensa helvética y la opinión pública no entendió la necesidad de jugar con Busquets por detrás de Xabi Alonso. Pero el seleccionador se mantuvo firme a su convicción y siguió confiando en el azulgrana, hasta tal punto que llegó a decir que si fuera jugador le habría gustado parecerse a Busquets. De ahí a ganar el Mundial, y de Sudáfrica a la última Eurocopa, en la que sorteó la discusión del ‘falso nueve’ experimentado tácticas hasta la final, en la que España demostró que hoy día está por delante de cualquiera. Gracias, en parte, a Del Bosque.

El secreto es divertirse

Lunes, 14 Enero 2013

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George Foreman, uno de los grandes campeones mundiales de todos los tiempos, fue invitado por el ex presidente del Barcelona José Luis Núñez al palco del Camp Nou en un derbi catalán de noviembre de 1992. El espectáculo estaba garantizado dado que el ‘Gran George’ iba a ser testigo del Dream Team de Cruyff en su máximo apogeo. El Barça goleó al Espanyol por 5-0 en una versión sublime de jugadas al primer toque trenzadas desde Koeman hasta Stoitchkov pasando por el sutil tacto de Guardiola y la infinita creatividad de Laudrup. Instantes después de la exhibición,y antes de abandonar el estadio, a Foreman le preguntaron si el fútbol que acababa de presenciar se asemejaba más al del ‘Bombardero de Tejas’, es decir, el suyo, o a la técnica acuñada por Cassius Clay de flota como una mariposa y pica como una abeja.  La respuesta de Foreman no fue tan contundente como sus directos: “cualquiera vale porque sólo jugaba un equipo”.

Dos décadas después, el balón sigue siendo patrimonio incalculable de un Barcelona que ha tocado todas las versiones del juego con balón. Si en aquel partido, los azulgranas rizaron la elegancia con escrúpulo para acabar cualquier jugada al primer toque; anoche el formato de pases continuos y precisos hasta marear al rival alcanzó su máxima expresión. Ahora todos saben por qué Cesc apretó lo inhumano hasta fichar por el Barça: con ningún grupo se iba a divertir tanto. Ya no es que Xavi e Iniesta formen una simbiosis exagerada, sino que junto a Messi, el propio Cesc e incluso Busquets, forman otro equipo dentro del once titular. Cada uno en lo suyo: Busquets intermedia entre la zaga y estos genios, al tiempo que les garantiza el equilibrio defensivo; Xavi sigue funcionando como una cpu registrando pases que ayuden al resto; a Iniesta cada vez se le piden jugadas más imposibles y su virtuosismo todavía no ha tocado techo, y Messi simplemente es Messi. No obstante, aún hoy hay cierta prensa que se atreve a sugerir que este fútbol aburre por su lentitud, que los tres zancadas con las que el Madrid machaba a los rivales tenían más gracia. Quizá sí, es opinable, pero desde luego no durante esta temporada.

Sin embargo, la mejor noticia no es la inspiración de ese puñado de alquimistas (odas como la de Málaga aún quedan unas cuantas) , sino que la vulnerabilidad defensiva de este Barça se ha acabado cuando Piqué recobró la forma que había perdido el año pasado con Guardiola. En su ausencia y con las intermitencias de Puyol, Tito había probado demasiados experimentos (quién no recuerda a Song y Adriano de centrales). Hoy, con el consentimiento del gran capitán,  Mascherano ya es un fijo como central y tal será su posición por los siglos de los siglos…o hasta que una ausencia de Busquets por causa mayor demande su presencia delante de la retaguardia. Y es obvio que el subidón moral que inyecta a un vestuario ganarlo todo ha contagiado incluso a Dani Alves, igual de incisivo que siempre pero mirando por el retrovisor para no dejar un desierto por su lateral derecho. Todo funciona en este Barça 55 de 57  que sólo juega para ser recordado con poemas y epopeyas. Atrás quedaron el ruido ensordecedor de Mourinho, los invectivas del receloso Joan Laporta y las supuestas tramas arbitrales; hoy sólo importa el entretenimiento, o sea, pasar un rato divertido y punto. Lo que debería pretender cualquier equipo de fútbol.

“Salid a jugar como sabéis”

Viernes, 24 Agosto 2012

Si a Tito Vilanova le preocupaba mimar el legado de Guardiola, el barcelonismo puede vivir tranquilo; es más, debe disfrutarlo porque la propuesta artística no ha cambiado, si acaso ha sido matizada. Pero con Iniesta impartiendo cursos de fútbol para altos coeficientes intelectuales, la sombra de cualquier entrenador es intrascendente. Al nuevo entrenador azulgrana le pasa como a Del Bosque durante el apogeo blanco de los Zidane, Figo y Ronaldo: basta una perogrullada como “salid a jugar como sabéis” para estimular a un vestuario. Porque los banquillos pasan de una mano a otra, pero Busquets sigue amortiguando los ataques enemigos; Xavi ha aprendido a dejar hibernando su ordenador central en momentos innecesarios, y el manchego, como Casillas, quizá tenga que recurrir al Circo del Sol para que le den un dichoso (o maldito) Balón de Oro.

La hoja de ruta azulgrana no olvida a Guardiola, por supuesto, pero Vilanova ha apostado por sus preferencias tácticas, las que siempre ha creído: su pizarra no contempla apelotonamientos en el centro; le gustan los extremos porque dan mayor perspectiva al ataque. Sin embargo, no son los típicos que suben la banda y alcanzan la línea de cal para centrar al área; no, Pedro recibe en la banda y cuando el regate es imposible, se viene adentro, allí donde Messi, Iniesta y Xavi combinan y triangulan hasta el atontamiento.

No obstante, mientras Tito deja rienda suelta a la imaginación de su equipo, el Madrid se rige por la autoridad faraónica de Mourinho.. .y si el portugués ordena levantar una cámara acorazada en su propio campo, ya puede el Barça jugar con extremos modernos o soltarle la correa a Messi: el resultado es nulo. Y eso que el Madrid se delató rápidamente: Mou contempló el partido como lo que es, una eliminatoria que siempre se resuelve en la vuelta, anoche gracias a otra intervención milagrosa de Casillas y una cagada monumental de su colega Valdés. Y aunque el suplente de la selección ostenta un manejo considerable del balón (como cualquier portero instruido en La Masia bajo la doctrina Cruyff), de vez en cuando enseña el lado oscuro, precisamente por cantadas con los pies.

El Madrid se montó su propia película en la primera parte y, aún siendo antagónica con el decálogo del buen madridista , le funcionó. Quizás no tenía que haber variado el sistema, debió pensar Mourinho en el instante que Xavi marcó el 3-1 casi fatídico. Pero la metamorfosis del equipo, obligada por Mourinho, ha convertido al Madrid de los clásicos en un vampiro que vive de chuparle la sangre a su eterno rival (cita genial de Roberto Palomar en El Partido de las 12). Y mientras Cristiano sólo aparezca para saciar su instinto depredador, los blancos no caerán en la lona, como mucho, perderán a los puntos.

La fe de Di María deja al Bernabéu con ganas de remontada, pero pone en un brete a Mourinho: ¿Saldrá hermético en su propio estadio o se irá descaradamente a por la yugular del Barça? Será la comidilla de los mentideros periodísticos (y de los bares con Marca y As) hasta que llegue el próximo miércoles. ¡Ah!, Paco González lo insinuó con convicción y la verdad es que tiene razón: otro de los triunfadores de la noche fue Luka Modric, porque un centrocampista con tan buen gusto de balón debería tener hueco a la vera de Xabi Alonso. Por desgracia, Khedira se ha vuelto a poner el corsé (no sabemos si por dictamen de su entrenador) y aquella versión horneada por Joachim Low en la Eurocopa se ha desvanecido. Si Mourinho les dijese aquello de “salid a jugar como sabéis”….

Trabajo sucio pero glamuroso

Mircoles, 4 Abril 2012

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El gran Arrigo Sacchi espetó en COPE, en la previa del Barça-Milan, que su corazón estaba con los italianos, pero que amaba aún más el fútbol bonito. Por ello, el ex entrenador del mejor Milan de todos los tiempos se debió ir a la cama satisfecho, porque el Barça no se traicionó a sí mismo y tampoco el Milan, en su versión trasnochada (¡ojo Javi Clemente!), que al tiempo es la que lleva ofreciendo varios años. Los rossoneros han intentado modernizarse rejuveneciendo su mausoleo de viejas glorias, pero ni Ibrahimovic, Pato, Boateng, Robinho o Thiago Silva (ausente en la eliminatorio) le han conferido al equipo el caché necesario para codearse en la élite de Europa. Y, precisamente, ahí se llega con méritos tan contundentes como el del Barcelona: cinco semifinales de Champions consecutivas. Da lástima comprobar cómo todo un líder del Calcio se ofusca cuando tiene el balón en los pies: ni sabe cómo jugarlo ni tampoco tiene intención alguna, a pesar de contar con portentos de la talla de Clarence Seedorf, al que, incluso el Milan, le queda pequeño para sus asombrosas dotes.  Ha cumplido treinta y seis años pero sus facultades son de veinteañero, y quizás no sea un disparate confesar que este Seedorf sabría hacer de fiel escudero de Xabi Alonso…¡o al revés!

El bloguero Borja Pardo escribió una vez que Sergio Busquets debutó en 2008 siendo ‘el hijo del portero’ y al cabo de los años al peculiar ‘Busi’ le han terminado conociendo como ‘el padre de Sergio’. Vicente Del Bosque le rindió un tributo grandioso durante el Mundial de Sudáfrica diciendo sin rubor que “si fuera futbolista, le gustaría parecerse a Busquets”. No acapara portadas porque cualquier gesto de Messi es trending topic mundial ni suele ser cómplice de los prodigios que inventan Xavi e Iniesta, pero les gana a todos en las notas finales: Busquets siempre saca sobresaliente y apenas baja al notable, porque de lo contrario al Barça le afectaría en exceso. Ha convertido el llamado ‘trabajo sucio’ en una tarea glamurosa y se le ha reconocido, más si cabe que a antecesores tan dignos como Makelele en el Madrid galáctico. Sería la pieza final que ansiaría Mourinho, por delante de laterales derechos, Agüeros o interiores incisivos como David Silva o Mata. El Barça está tensado con un cable que Busquets mantiene firme para que, por una parte, Piqué y Puyol no se encuentren de bruces con una invasión enemiga y por otra,  Messi y los chicos se dediquen a la alquimia sin necesidad de mirar atrás. Ése es el secreto no revelado de este Barcelona.

Y si encima llega al Camp Nou un equipo italiano y en pocos minutos tira a la basura todo el oficio granjeado en años, la eliminatoria está garantizada. En la época de Sacchi o durante los noventa era impensable que un italiano pecara de ingenuo: podía rendirse por la superioridad del rival o por un despropósito, pero nunca por pardillo. Por eso, cuesta creer que Nesta, un central de largo kilometraje, agarrara la camiseta de Busquets con tanto descaro. Y quizás él piense que toda la culpa no es suya, sino de la patente de corso con la que los árbitros de su país le dejan actuar a sus anchas. Nesta se equivocó y sus compañeros también: en vez de lanzarse como posesos al árbitro holandés Kuipers, debieron dar de collejas a su compañero hasta la extenuación. Así, con todo,  el Barça no descubrió nada nuevo que contar salvo Busquets, el Milan sí sugirió demasiadas lecturas y todas del mismo género: el fútbol italiano ha vuelto a pegársela y lo más aterrador es que su liga decadente y oxidada no atisba un resucitador.

 

 

 

 

Sospechas de fútbol práctico

Mircoles, 26 Octubre 2011

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Minuto veinte de la segunda parte…el Granada aguarda al Barça replegado en su campo; Busquets le coge el balón a Mascherano, la pisa, divisa y sin ningún resquicio a la vista, se la da a Xavi; la CPU azulgrana comienza a escanear posibles ataques, gira a su derecha pero Villa está lejos de él y Messi se queda estático perdido en la maraña defensiva que ha plantado Fabri; la solución es cederle el testigo a Cesc, pero nada: más de lo mismo.

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UEFA-Real Madrid…algo está cambiando

Martes, 17 Mayo 2011

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La UEFA ha puesto en jaque el poder fáctico del Madrid en Europa; más bien, lo ha dejado sin influencia alguna. Y es que el dichoso rally de los clásicos (MARCA dixit) ha dejado a la altura del betún la diplomacia del club blanco: Platini y sus comisarios han tumbado los dos recursos motivados por las trifulcas de los Madrid-Barça. Primero, la apelación a la sangría verbal de Mourinho post ida de semifinal fue desechada por irrisoria. Era asumible. Pero la última desestimación de conducta antideportiva de varios jugadores del Barça ha escocido a los abogados del Bernabeu, hasta el punto que ya no saben qué pruebas aportar o cómo redactar un informe que cuele…Dani Alves, Pedro, Keita, Víctor Valdés,  Mascherano y Busquets no pasarán por la guillotina UEFA. Y, además, el chiste no acaba ahí: el Madrid tendrá que pagar las costas del proceso, un sainete que ni a los guionistas de Ally Mcbeal  se les habría ocurrido.

El caso es que ni el lector de labios ha concluido si Busquets le soltó a Marcelo ‘mono mono’ o ‘morro morro’ (listo estuvo el azulgrana poniéndose la mano en la boca, todo hay que decirlo) ni la UEFA ha tomado en serio al Madrid, hecho que realmente debería trascender. Porque los blancos se equivocaron replicando la denuncia del Barça contra Mourinho a sabiendas que esta queja no tenía precedentes. Florentino, en su obsesión por pregonar valores señoriales e intachables, ha creado un mensaje con el que los organismos internacionales actúan en consecuencia: si el Madrid es tan eminente, ¿por qué intenta atizar al Barça después del partido?…¿resquemor por el ataque a Mourinho? La cúpula directiva debió hablar con su entrenador antes de enfrascar a su bufete en una batalla jurídica con pocas posibilidades. El resultado es que, atendiendo o no a la lógica, al Madrid lo han sacado de la mesa VIP: Mourinho verá la primera fase de la próxima Champions desde tribuna y Busquets sí jugará en Wembley. La excusa oficial es que Platini se niega a rearbitrar partidos, pero los cenáculos de la capital barruntan que algo está cambiando en las relaciones diplomáticas.

Alfredo Relaño define la bula del Barça como ‘In dubio, pro Barça’, aludiendo al principio jurídico in dubio pro reo: en caso de duda, se favorecerá al acusado. El argumento tendría o no validez absoluta si el dichoso lector de labios hubiera resuelto el enigma Busquets-Marcelo. No ha sido así y, por tanto, el Madrid tragará quina.  Pero los desencuentros del Madrid no pillan por sorpresa, la UEFA dejó de ser benevolente con los blancos hace años:

*01 de abril de 1998…el fondo Sur del Bernabeu rompió la portería en los prolegómenos de la semifinal de Champions entre Madrid y Borussia Dortmund. El partido se retrasó hora y media por falta de porterías supletorias, y la UEFA le metió al Madrid un paquete de un partido y multazo económico. El debut del Madrid en la siguiente Champions contra el Inter se celebró en el Sánchez Pizjuán. De nada sirvió que no hubiese antecedente alguno. La imagen dio la vuelta al mundo para escarnio de la UEFA y su competición mimada. En consecuencia, el castigo fue fulminante.

*06 de marzo de 2001…Raúl marca un gol descarado con la mano en el Madrid-Leeds de la segunda fase de la Champions y la UEFA le sanciona con un partido y multa al canto. Finalmente y después del recurso del Madrid (Maradona nunca fue molestado por su ‘mano de dios’ y al angoleño Vata tampoco le reprocharon haberle metido ‘mano’ al Marsella en las semis de la Copa de Europa 89-90), al siete merengue le perdonaron el siguiente partido que, dicho sea de paso, era totalmente intrascendente.

*24 de febrero de 2004…Roberto Carlos propina un manotazo al argentino Demichelis del Bayer Munich en la ida de octavos de aquella Champions en el Allianz Arena. El árbitro Terje Hauge no vio nada, pero la UEFA decidió innovar con el vídeo para rearbitrar el partido. El brasileño se revolvió tras sufrir una fuerte entrada del central del Bayer y su nervio le jugó una mala pasada: dos partidos, que habrían sido tres sin la falta de Demichelis.

Estos  antecedentes delatan que el Madrid no es intocable. Y para más inri, las denuncias contra el Barcelona dificultan el trabajo de Valdano y Butragueño, los que siempre acuden a los sorteos de Nyon. Quizá un silencio estampa del Madrid atempere las relaciones con el organismo con el que justamente no se puede estar a la gresca….o quizá en Madrid crean a ciencia cierta que el Barça es el predilecto de Platini.  Todo son conjeturas, lo único claro es que, a tenor del panorama, el bufete del Madrid deberá redactar informes incluyendo un plan de choque, por si la UEFA le suelta otro mamporro.