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Archivo de la categoría ‘Caparrós’

Con ‘K’ de Keylor

Martes, 5 Agosto 2014

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Joaquín Caparrós nunca ha ocultado su admiración por Keylor Navas. “Tendríais que ver un entrenamiento suyo, es un auténtico espectáculo”, suele comentar a cualquier periodista que le pregunta por la flamante sensación del Mundial. “Tan pronto está volando de un palo a otro como salta desde el suelo, hace una voltereta y ataja un balón sin saber su dirección. Necesita dos camisetas por sesión porque la primera siempre queda empapada”. Para Keylor todos los entrenamientos de la semana son tan trascendentales como jugar en el Bernabéu o Camp Nou. “Ir a la ciudad deportiva del Levante es un rito diario, el de aprender a ser mejor profesional”, confesó el portero en una entrevista la pasada temporada; “uno nunca será un gran portero o ‘porterazo’, como dicen ustedes, si no acaba el día empapado de sudor y manchado del verde de la hierba”.  El sacrificio del trabajo es el ritmo de su Pura Vida, el lema que todos los costarricenses han coreado con cada gol de su selección, con cada parada de Keylor. Lo demás apenas importa para uno de los mejores profesionales que conoce el fútbol de élite. Costa Rica entera siente orgullo patrio por su portero hasta el punto que el presidente de la nación, Guillermo Solís Rivera, pidió una audiencia personal con él cuando los ‘ticos’ regresaron de su triunfal periplo mundialista.

Pero Keylor es un tipo agradecido y, siempre que puede, se deshace en elogios hacia su mentor, compatriota suyo y entrenador de porteros de la selección nacional. En el 2010, un mito del Albacete Balompié, el portero Luis Gabelo Conejo, convenció al presidente del club manchego, Rafael Candel, para que fichara a prueba a Navas. “Del aeropuerto de Barajas a mi despacho de Campollano, tal como hicimos con Conejo”, anunció Candel en la presentación del portero del ‘Alba’. Keylor puede detallar todos y cada uno de los partidos que jugó Conejo con el ‘Queso mecánico’ de Benito Floro de principios de los noventa: “He visto muchos vídeos de Conejo pero no en vivo porque tenía cuatro o cinco años”, contó Keylor en un charla desenfadada con periodistas costarricenses durante la primera semana del Mundial. Lo que sí guarda como una reliquia el todavía portero del Levante es una cinta resumen de su selección en el Mundial de Italia 90, donde superaron el grupo de Brasil, Escocia y Suecia con palomitas gloriosas del que fue guardameta de aquel despampanante ‘Alba’. “Lástima que Conejo no jugase los octavos contra Checoslovaquia”, suele contar el nuevo portero del Real Madrid.

Las televisiones del Mundial acabaron percatándose de su habitual rito: antes de cada partido se arrodilla sobre la línea de gol de la portería y reza una oración. No en vano, la Biblia es su libro de referencia y Cristo su guía espiritual Sus conversaciones divinas surten efecto porque batir de penalti a Keylor Navas es casi una hazaña homérica (en la última Liga le marcaron la mitad de los que le chutaron). En la pasada tanda de penaltis contra Grecia de los octavos de final, Fernando Santos, el seleccionador de los griegos, dio una serie de instrucciones a sus lanzadores para que calibraran bien sus fusiles; conocía la fama de ‘parapenaltis’ de Navas, sobre todo con esos dos penaltis que detuvo en un minuto a Jorge Molina en un Levante-Betis liguero. Pocas veces un país dependió tanto de un portero, por eso, hoy más que nunca es héroe nacional en Costa Rica; la presentación en el Bernabéu ha pillado de madrugada allí pero retumbará en todos los telediarios casi tanto como la proeza mundialista. Y no tiene reparos en coger el teléfono para responder a la prensa; ni siquiera en dar el número de su habitación del hotel de concentración para atender con más calma a cualquier entrevista. Por algo, es profesional desde que se pone los guantes por la mañana hasta que se duerme leyendo pasajes bíblicos.

“Me parto de risa con la crisis del Barça…”

Sbado, 29 Octubre 2011

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“Me parto de risa con la crisis del Barcelona, me parece una coña. Son profesionales, son los mejores y cuando no están contentos, tienen ganas de que llegue el partido más próximo para quitarse el mal sabor de boca“. Lo dijo Joaquín Caparrós en la COPE la víspera. Y no le falta razón, porque el runrún de las ‘crisis’  se reduce a una cuestión mediática: cuando la prensa murmulla dudas o se atreve a mentar la fatídica palabra en los dos grandes, estos se revuelven y callan bocas a base de repasos. Al Barça se le había apuntado con mira telescópica: haber ganado por la ley del mínimo esfuerzo suscitó dudas de autocomplacencia. Tales sospechas le perseguían desde Gijón (0-1) donde Guardiola reclamó fútbol control en vez de un ataque total. Y aunque sí es cierto que en Granada el Barça abusó de apatía mareando el balón de un lado a otro sin intención ninguna, también por la inestimable ayuda de un rival abúlico, al campeón no se le puede exigir sesiones diarias de Circo de Sol.

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“Hagamos un mundo protegido de la hipocresía”

Viernes, 4 Marzo 2011

 

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“En un mundo hipócrita, no ser hipócrita es un gran problema”. La parábola de Mourinho debería servir de enseñanza moral para él mismo, no como excusa para justificar sus groserías. Sí, lleva razón en que nunca entrenaría al Málaga, puesto que se ha trabajado un currículum para ambicionar otros proyectos; pero un personaje público de su envergadura mediática tiene que saber discernir entre lo políticamente correcto y la ofensa. Porque algún aficionado malagueño (o malacitano por el club) se habrá sentido molesto cuando han dejado a su equipo a la altura del betún. Y, precisamente, el entrenador de una entidad que presume de solemnidad ha de ceñirse a un protocolo; o sea que no vale todo en ese afán por devorar títulos. Mourinho ha demostrado que es un ganador nato y ése es el matiz que le ha traído al Bernabeu. Su venida fue desde el primer momento un órdago casi definitivo para Florentino Pérez, quien no quiere ver ni en pintura al ‘monstruo’ que le devoró en su primer mandato…sólo que el nuevo lo encarna el Barcelona. En consecuencia, el club se entretiene apagando los arrebatos incendiarios del gurú de la versión cáustica del madridismo, esa corriente peligrosa que consiste en un pataleo público constante sin dejar resquicio para la autocrítica. Quizá sea duro que un club como el Madrid tenga que resetear su propuesta deportiva; quizá sea más cómodo esperar que la ominosa coyuntura pase y el Barça deje de ser el Barça, o quizá los directivos se planteen una tormenta de ideas y diluciden algo más acorde al ideario de la institución. Siempre habrá una solución.

Y la escapatoria a tanta agitación podría ser la final de Copa. Visto como pinta el panorama, Mestalla es el subterfugio perfecto para explicar la temporada, amén de la Champions. El éxito blindaría a Mourinho y todas las connotaciones que su persona implica, pero creo que ésa no debe ser la actitud. Él se siente víctima del establishment de nuestro fútbol; nuestra prensa no está acostumbrada a que un protagonista de tan alto nivel ponga patas arriba las rotativas cada vez que le viene algo a la mente y su gremio tampoco. Jugadores y entrenadores de Primera División se han quedado pasmados con el abrumador halo que identifica al entrenador: unos, como Preciado, le creen un sobrado y otros aplauden su idiosincrasia. Es el caso de Caparrós, quien a principios de Liga comentó que su homólogo del Madrid “ha puesto de moda una idea que se veía rancia: ganar por encima de todo”. Acertadísima reflexión de un viejo zorro, pero que deja al Madrid subyugado al ‘efecto Mou’. El riesgo merecerá la pena si Casillas levanta copas; el contraste puede ser brutalmente pernicioso en el Bernabeu, empezando por la animadversión gratuita que se ha granjeado el entrenador para sí y para el club.

Mourinho dejó entrever que es un ‘incomprendido’ en su cruzada contra la hipocresía de este negocio. Sin embargo, sus alardes de sinceridad no calan del todo: él dice que son verdades y muchos piensan que es la cortina de humo con la que desvanece la verdadera cuestión: ¿por qué no juega bien el Madrid? El periodista Ladislao Moñino reprochó a Mourinho sus infinitas excusas y éste, al no verse claro ganador de la refriega, le pidió perdón hasta tres veces. Por supuesto, eso honra al portugués. El 7-0 al Málaga atemperó la rueda de prensa posterior: quiso justificar el cataclismo del experimento de Pellegrini (¿qué pensará Preciado?) y no se retractó de sus ‘cariños’ al equipo andaluz. Lo dijo sin titubeos: para qué iba a pedir perdón al Málaga. Insisto, claro que lo puede pensar, pero no debe decirlo. La grandeza del Madrid aún está por encima de todo. Por el momento y como dijo anoche Valdano, Mou “se salió un poco del guión”. Puede que él sea distinto en este mundillo hipócrita; a Tom Wolfe, el padre del nuevo periodismo, también le consideraron un extraño cuando abogó por “hacer un mundo protegido de la hipocresía”. En cualquier caso, el fútbol que hoy entendemos no tendría el amarillismo que tanto vende como alimentamos los periodistas deportivos. Sólo entonces, podremos hablar de fútbol.

Un rato de Athletic

Sbado, 12 Febrero 2011

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El asunto del Real Madrid está muy candente y, por ello, había que insistirle. Él, Fernando Llorente, todavía flipa consigo mismo; ni de lejos esperaba la recompensa mundialista y, sobre todo, ser el adalid de un proyecto entusiasta, de los que hacía lustros que no se agradecían en el bocho. Porque chirría que Lezama haya sido criticada durante muchos años por falta de alumnos aventajados: hablando de memoria, recuerdo que San Mamés vibró con el mediático Julen Guerrero (no sé cómo se habría reescrito la historia si hubiese aceptado aquella mil millonaria oferta del Madrid) a principios de los noventa. Entonces, el Athletic estuvo peleando por puestos de UEFA unas cuantas ligas, hasta que en el 98 su insistencia le premió con la Champions.  En este siglo salió otra remesa complaciente, que no extraordinaria,  con Del Horno, Gurpegui y Aranzubia, y también rondó Europa. Tanto es así, que Mourinho se llevó al lateral izquierdo al Chelsea, donde tristemente se diluyó.  Y ha sido esta última generación la que ha vuelto a revalorizar una de las escuelas con más solera del fútbol europeo.

Lezama vuelve a respirar fútbol en estado puro, con juveniles que amagan talentos exagerados y una buena corte de tutores regidos por Joaquín Caparrós, primero, y el excelso Irureta, en segundo orden. Ambos, junto a Llorente, aceptaron la invitación de COPE para descubrirnos el éxito del nuevo Athletic. Extraña, aunque siempre es bienvenido,  que un club tan idiosincrásico sea apetecible para media Europa; precisamente, ése no es el objetivo planteado en Lezama. Salvando las distancias con La Masía, Caparrós ha diseñado un equipo nutrido desde la cantera y con ganas de intentar algo serio. No obstante, tal como nos alertó Irureta, que no se nos ocurra mencionar ‘Champions’, por si luego se tuerce el cometido: el horizonte llega hasta la Europa League, de momento (esto último lo apostillo yo). 

Fernando ha eclosionado en un momento delicado: tocan elecciones y él es el reclamo electoral. Hasta la fecha, el presidente Macua no tiene rival oficial, aunque en los mentideros del bocho corrió como la pólvora un nombre, José Ignacio Goirigolzarri, ex consejero del BBVA, que supuestamente habría planteado un futuro sin Caparrós pero con Unai Emery (me dicen compis de Valencia que el actual entrenador no encaja en el próximo boceto del equipo). Son sólo habladurías y aunque se postulara alguien, Macua ha encontrado en el equipo su baza más creíble. En consecuencia, vender a Llorente significaría flagelar su mandato; el club tiene delantero para un buen puñado de temporadas y las insinuaciones del Madrid no trascienden del mercadeo de nombres de todos los años. Además, Caparrós ha atajado el asunto, está “hasta el gorro”, mientras que Macua insiste en que no hay lugar para la negociación: la cláusula es de 36 más IVA, o sea 63 ‘kilazos’. Y dudo que salvo un Abramovich de turno algún pretendiente vaya en serio hasta el final. Ni siquiera Florentino.

Pero no sólo Llorente le ha dado pedigrí al Athletic. También ha sonado Javi Martínez, cómo no para el Madrid. Veintidós añitos y una madurez meteórica son dos credenciales muy suculentas para una hipotética salida. No obstante, todavía le queda progresión y, por ende, muchas tardes en el casi centenario San Mamés y en el nuevo, todavía por construir. Y lo mejor es que detrás de ellos puja con fuerza el jovencísimo Muniain, cuyo virtuosismo de mitad de campo para arriba le ha dado un puesto titular cuando aún debería estar buscando sensaciones en la Primera División.  Los tres copan el escaparate mediático pero, como el Madrid ‘galáctico’, tiene una clase media: Gurpegui está haciendo un trabajo descomunal en la medular, Iraola siempre funciona en el lateral y a Mikel San José le ha venido de maravilla su instrucción defensiva en el fútbol inglés con el Liverpool promesas.

Por fin Lezama ha reactivado la fábrica en cadena. Y, sinceramente, la gracia sería que no se desprendiese de sus alhajas más queridas; al Athletic le hacía falta una generación así por historia, folclore y, más que nada, por entusiasmar a una afición devota a la vez que escéptica. Suena vulgar que el equipo  tan pronto opte a Europa como tontee con el descenso. O sea que, con o sin Caparrós, necesita tiempo para perseverarse, se lo merece. También merece el fútbol navarro un reconocimiento por su vital contribución al Athletic.

El inestimable ojo clínico de los ojeadores de Lezama contribuyó a que  Iraizoz, San José, Javi Martinez, Orbaiz, Gurpegui, Muniain, Iñigo Pérez y, el último, Ekiza, vistan de rojiblanco y no de ‘rojillo’. Todos son navarros, pero algunos no fueron rastreados por Osasuna y otros no calaron en la cantera de Tajonar. Ahí comienza la responsabilidad de Jabo Irureta, director de Lezama desde 2009. A Llorente no le descubrió él, no es su trabajo, pero su absoluta implicación es una garantía para la escuela, que está aprovechando al máximo el proyecto de captación de Macua. La intención es absorber jugadores: quedáos con Aymeric Laporte, un juvenil francés  con contrato profesional y muy buena pinta. Además, los ‘mini-Lezamas’ (escuelas de fútbol ubicadas por Vizcaya) fomentan el reclutamiento de chavales que despuntan en los pueblos. Está claro, “el Athletic vive por y para su cantera. Depende de ella para su existencia”, lo dice el míster, un tío de Utrera que aprendió rápido una filosofía distinta. Así que, por encima de Llorente, ya sabéis cuál es el cometido de Macua. Los susurros cada vez se escuchan más alto en Sevilla.