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Porteros como antioxidantes

Mircoles, 1 Octubre 2014

“Siempre he creído que Claudio Bravo era el titular”. Palabra de un Hristo Stoichkov que siempre ha desconfiado de las rotaciones. La nueva moda de la portería traicionó al atlético Oblak, cuyo P.V.P de 16 millones le perseguirá en vida, y anoche dejó a Ter Stegen a la altura del betún. Las referencias del alemán eran casi exquisitas: dominio aéreo, aceptable juego de pies y, ante todo, la sobriedad del portero alemán. Sin embargo, sus credenciales se borraron de un plumazo por una salida a por uvas. Stoichkov se preguntaba en COPE por qué cambiar la portería; Diego López y Casillas tampoco lo entendieron la temporada pasada. Aquella decisión poco ortodoxa de Ancelotti ha sido copiada por Simeone y Luis Enrique, aunque dos noches aciagas de Champions han podido dar carpetazo al lío. Queda un Madrid mentiroso, en el que su entrenador aseguró en verano que Iker para Liga y Champions, y Keylor para la Copa. Éste ya se ha fogueado en el Bernabéu a la espera de que a un Segunda ‘B’ le toque el gordo por adelantado o que el capitán nunca más vuelva a recuperar el ‘santo’.

“El Barça se confundió fichando a dos porteros de nivel”. Obviamente, no lo dijo Zubizarreta, responsable de sus fichajes y que vivió una época dorada donde la Copa era el único premio del suplente. En su caso, su sustituto del Dream Team fue el extravagante Carles Busquets, más parecido a un David Barrufet de balonmano que a la sombra del peor Urruticoechea, si es que lo hubo. El testimonio es de Vitor Baia, paradójicamente estrella en su tiempo pero que acabó engullido por sus propios errores en el Camp Nou. Baia recuerda que lo jugó todo durante el año de Bobby Robson, apenas dejando minutos al propio Busquets: “En equipos grandes, el portero necesita partidos para hacerse al equipo. Pero si juegas dos veces y fallas, entonces no vales”. El legendario guardameta portugués tiene claro cómo funciona el negocio de las porterías de élite. Por eso, chirría que Simeone relevara a Moyá después de una exhibición colosal en el Bernabéu y, más desconcertante aún, que Claudio Bravo calentara banquillo sin haber encajado ni un solo gol. “Me hace gracia esta moda porque un portero puede jugar uno, dos o tres partidos por semana”. Conciso y claro, César Sánchez se delata también como cancerbero de otro tiempo. En el Valladolid fue héroe local hasta que el Real Madrid le llamó, pero se encontró la eclosión de un jovencísimo Casillas, que viajaba en cercanías a la antigua Ciudad Deportiva de La Castellana.

César saltó al césped del Bernabéu en el momento que Del Bosque decidió reemplazar a Casillas. Hasta entonces, la Copa le había dado media vida. Bueno, más bien al contrario porque el ‘Centenariazo’ del Depor y el ‘Galacticidio’ de Montjuic ante el Zaragoza se los comió él. Fabio Capello siempre ha sido un entrenador de ideas clásicas e innegociables: le gustan los porteros únicos, y si son altos y de buena envergadura, mejor. Llegó al Madrid por primera vez (1996) con dos  titulares en horas bajas, Buyo y Cañizares; tras unos entrenamientos y unos cuantos vídeos, exigió el fichaje de Bodo Illgner. Por supuesto, el alemán sólo alternó en amistosos. Una década después, Capello estuvo tentando de fichar a Buffon pero no se atrevió a tocar a un Casillas que sostenía medio Madrid.

La rotación de porteros choca con esa folclore que técnicos como Guardiola o Mourinho aún respetan. Pep exprimió al mejor Valdés en las competiciones que le importaban, y Pinto, motivador de vestuario y amigo de Messi, se ganó sus renovaciones tomándose muy en serio la Copa. El portugués siempre fue amante de un solo portero. “En las finales tienes que sacar a tu mejor portero”, respondió Mourinho cuando la prensa madrileña le preguntó si Adán tenía posibilidades de jugar la final de Copa de 2011, tal como iba a hacer Guardiola con Pinto. El puesto de portero, maldito y gratificante a la vez, necesita más rodaje que ninguno. No en vano, siempre es el primero que sale a calentar porque necesita tensar músculos en caso de un acto reflejo o un vuelo puntual de poste a poste. Antes creíamos que un cancerbero que jugaba veinte partidos la había cagado a media temporada, ahora se les intercambia como antioxidantes, o para satisfacer a la secretaria técnica o la grada. Las normas de siempre corrompidas, ¡qué pena!

Raúl también pegó “cuatro gritos”

Lunes, 1 Septiembre 2014

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Octubre de 2001. Raúl González aparece por la zona mixta del estadio Insular de Las Palmas para justificar lo injustificable: “Tenemos que ser conscientes del escudo que llevamos. No puede volver a suceder esto”. A continuación, un periodista escupe la tan ansiada pregunta: “¿Crisis?”…”Para nada, Esto se resuelve hablándolo en el vestuario y, si hace falta, gritándonos”. El Madrid acababa de recibir cuatro bofetones de Las Palmas y la prensa ya no cuestionaba la presencia de Zidane en aquel ridículo debate sobre si el francés empeoraba el juego del equipo. Vicente Del Bosque no acertaba con un once tipo y los reporteros que cubrían la actualidad merengue sospechaban que el equipo se despistaba por falta de entrenamiento y, sobre todo, actitud, esa palabra que desangra al Madrid cuando corre como la pólvora entre el público.  Caprichos del fútbol, Casillas participó en el desastre pero las críticas no le ametrallaron a él en ese preciso momento: tardó varios meses más en perder la titularidad en favor de César por un aparente bajón de forma. Aquella noche Casillas ignoró los micrófonos porque, sencillamente, no era su responsabilidad dar la cara ante el madridismo.

Ayer sí salió a la palestra el capitán que anhelaba el club. La estrepitosa actuación del Madrid galáctico 2.0 (qué daño hizo ese apodo, según Raúl) ha convulsionado las ilusiones de una afición que presumía de la mejor plantilla de la historia, en el estricto sentido de la expresión. El presidente sabe cómo ganarse a las masas en la arena del circo y, por eso, necesita más cromos que sobreexciten a la gente. Falcao era la última estrella en el desfile de la alfombra roja, pero Florentino Pérez no quiere ampliar el vestuario con más egos. Hoy mas que nunca, las puestas de largo de Kroos y James quedaron en el olvido cuando el club decidió tullir al equipo con las ventas de Di María y Xabi Alonso. Pero “por dinero no va a ser”, como dijo el ex presidente efímero Fernando Martín, el célebre ‘Martinsa’. Anoeta contempló el desequilibrio monumental de un equipo que jugó como uno de fútbol americano: el ataque por un lado y la defensa por otro en departamentos estancos.

Falta un nuevo Makelele que se embarre con el trabajo sucio; Xabi lo hacía con elegancia y Khedira acabará siendo el elegido porque Ancelotti, ante todo, tiene sangre italiana y sólo entiende el espectáculo a partir de una defensa acorazada a prueba de balas. La de ayer fue más blandengue que la mantequilla y no sólo porque Ramos y Pepe no sacasen sus respectivas trilladoras: las jugadas a balón parado se entrenan hasta la saciedad y no parece que los madridistas se hayan esmerado mucho en practicarlas. Más bien, parecían cuatro jugadores que se juntan en el homenaje de algún compañero o en aquellos ‘Partidos contra la Droga’ en los que se marcaba una docena de goles. Si la Real Sociedad clavó cuatro después de ser fulminada en la Europa League tres días antes, qué no hará la apisonadora que ha construido (mejor dicho, comprado) Mourinho o el City de Agüero y el inminente Falcao.

Pero volvamos a Casillas. Ha perdido el santo que le sacaba manos prodigiosas donde nadie más llegaba y cada gol o mala salida se compara de reojo (o descaradamente) con lo que hace Diego López. Mal día para dejar de fumar, entonces: López detuvo un penalti en Milán como un felino instantes antes de que empezara el sainete blanco de la defensa. A Iker le urge un puñado de partidos que evoquen esos que Ronaldo el ‘gordito’ y él solventaban durante la época galáctica. Hasta que lleguen, el público seguirá murmurando si el portero pudo o no hacer algo más en cada gol. Sin embargo, tampoco es plan de debatir la génesis de este Madrid: no estuvo Cristiano Ronaldo, que seguirá siendo medio o casi todo el Madrid un año más. Y si Casillas cree que la caja de Pandora se cierra con pegar cuatro gritos en el vestuario, esperaremos acontecimientos. Raúl lo creyó y su Madrid acabó ganando la Novena.

 

Iker Casillas, la batalla del tenista

Domingo, 3 Agosto 2014

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“El portero está descentrado. Tiene que volver a coger las distancias”. John Benjamin Toshack todavía presume de ser el entrenador que dio la oportunidad de su vida a aquel chaval imberbe que se “comió el marrón de San Mamés”. El técnico galés aprovecha estos días una de sus últimas aventuras en un banquillo del fútbol marroquí, pero nunca pierde de vista a Iker Casillas, el novato que le solucionó (a medias) los problemas de la portería. Quizá el capitán del Madrid necesita que el viejo Toshack le recuerde cómo fueron sus primeros partidos para que vuelve a apretar los dientes como un perro rabioso: “En San Mamés pudo hacer algo más en el gol de falta de Julen Guerrero; en Grecia, también pudo haber salido mejor en un gol de córner de Olympiakos y contra el Depor en el Bernabéu no pudo atajar el disparo con efecto de Djalminha”. Anoche en Michigan el Manchester United no marcó de falta ni con efecto endiablado, pero seguro que Iker se tomó el amistoso como el punto de inflexión para su despegue. Acostumbrado a jugar a la ruleta rusa del Bernabéu durante década y media, en la que una cantada mataba un sinfín de paradas imposibles, Casillas afronta la batalla psicológica más dura de su vida (perdón, la primera fue la que acabó con las tres paradas de Glasgow 2002); es decir, o la para él o es gol, no hay compañeros para hacer las coberturas. Y el Iker de ahora no es el Iker del madridismo, ése que, según Florentino Pérez, “es más amado que el propio presidente”, tal como publicó ayer Diego Torres en El País.

Casillas meditó irse a la Premier League u a otra liga a probar nuevas experiencias. Destinos sí tenía (uno en Londres, por cierto) a pesar de la rotundidad con la que lo niega cierta prensa. Pero su militancia merengue ha pesado demasiado, sobre todo porque la ‘Décima’ no podía provocar la salida de un mito. Si él le hubiera dicho al presidente que se quería ir, entonces habrían pactado una salida en la planta noble del Bernabéu, pero no gratis, claro. Entró en barrena desde la pasada final de Lisboa y todavía no ha conseguido alzar el vuelo, para eso está la pretemporada. De momento, su mala actuación de anoche ha dado la suficiente carnaza para mordisquear el debate de la portería por cualquier costado. Es lógico: un análisis táctico del equipo probeta no interesa a casi nadie a estas alturas, sino el morbo del portero. Discutir si Casillas aguantará la presión de una próxima cantada o qué habría hecho Diego López contra el United entretiene los cenáculos periodísticos y las reuniones vecinales. Antes se trataba de que Raúl vivía del aire (‘el que no hace nada’ de Manolo Lama), continuó con que Fernando Alonso ya no era tan bueno porque no ganaba con un Ferrari y ahora apuramos si Casillas debe o no largarse.

Y como la memoria es tan frágil y las redes sociales han encendido una furibunda corriente de opinión que tacha a Casillas de portero de cartón piedra, el guardameta asistirá a su segundo juicio público en Cardiff, en la Supercopa europea contra el Sevilla. Pep Guardiola advirtió a la prensa que no era justo acribillar a su equipo si no jugaba ese fútbol de salón catalogado ya en las hemerotecas; Casillas de momento no ha visto cómo la grada del coliseo blanco baja su pulgar. Es la apasionante batalla mental que se le plantea al capitán, sólo ante el peligro, como el tenista que tiene que remontar el set. “Ahora la ha cagado otra vez, por eso, siendo Iker Casillas, todo volverá a la normalidad. Merece una despedida como la de Eric Cantona en Old Trafford”. Palabra de Toshack.

Los cafres del twitter

Lunes, 23 Junio 2014

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‘El trofeo Carranza motiva más que este España-Australia’…’Pepe Reina para partidos de comparsa’…’Villa le hace a Del Bosque cagarla más’…’Casillas funciona mejor santificando el banquillo’. Son ‘tuits’ a vuela pluma sacados al azar después del festín orgiástico contra Australia, pero podrían rellenarse todos los periódicos de un día con las reflexiones anónimas (y por ende cobardes), irónicas, grotescas e hirientes sobre la selección española. Como dijo Paco González tras el 5-1 de Holanda, “enhorabuena a los que estaban esperando a España, Del Bosque y Casillas. Es su momento de gloria, que lo aprovechen para dar los palos reprimidos en estos años”. Los índices de popularidad dejaron de fabricarse con encuestas porque, hoy día, las redes sociales son la evidencia definitiva de la cantidad de bilis que se ha esparcido con la eliminación de España. Y como la memoria es muy frágil y los éxitos irrepetibles de esta generación no venden tanto como un fracaso antológico, nuestro país se ha puesto las botas esforzándose en su deporte por antonomasia, que no es precisamente fútbol, sino sacar la guadaña para rajar y descerrajar. 

En los universos de twitter y facebook Del Bosque, Casillas y Xavi copan el podio. Al seleccionador le hemos destripado sin piedad, sin meditar ni un instante que cualquier entrenador en su lugar habría continuado la obra prodigiosa de Luis Aragonés. Le llamaron copión por no alterar ni un ápice el tiqui-taca que Xavi Hernández patentó en Viena; incluso, hubo columnistas que cargaron furibundamente sus plumas cuando Suiza la lió en el debut de Sudáfrica. “Parece que molesta que gane la selección”, espetó el seleccionador en uno de los infinitos homenajes que ha recibido por todo el país durante este tiempo. Nunca deslizó nombres propios porque sus sensaciones eran más del “ruido de la calle”. Y no le falta razón: las charlas de barra de bar no son tan entretenidas sin poner a parir al personal. No sería made in Spain. Flaco favor le hemos hecho a Del Bosque entre todos: la crítica constructiva más acertada que escuché fue que Del Bosque debió comenzar a renovar a ‘La Roja’ después de la última Eurocopa. Fácil de decir, imposible de ejecutar, salvo para un entrenador tipo Mourinho que hace y deshace sin escuchar al vestuario.

El inmovilismo provocado por el amiguismo (reflexionen la expresión) impidió a Del Bosque remover el grupo. No habría sido políticamente correcto tocar a las vacas sagrada, y por ahí van los tomahawks contra Xavi. Vivir de las rentas es la crítica más manida contra el barcelonista, que ha sufrido esta temporada su inexorable oxidación. Es ley de vida. Pero Xavi es alma máter de esta selección junto a Casillas y haberle sacrificado habría exagerado todavía más los debates populares de ‘La Roja’. Holanda goleó a España y Xavi se convirtió en un muñeco de pim, pam, pum por su aparente estado inerte. Horas más tardes, el twitter dejó de bullir cuando la FIFA publicó la estadística de que el centrocampista de Terrasa fue el que más corrió de los españoles. Un dato delató que Xavi quizá no fue tan paquete en el debut mundialista. ¡Qué cosas!

Pero la verdadera discusión nacional capea con la efigie de Iker. Nadie rechistó cuando Del Bosque le incluyó en la convocatoria porque los méritos pesan mucho y, además, el portero ganó Champions y Copa, los torneos que le tocaban. Él sabe que Víctor Valdés apuntaba a titular del Mundial antes de su lesión (esto es información, no opinión) y mucha gente seguirá lamentado el infortunio del guardameta culé. Casillas no supo sacar el ‘santo’ porque su último año y medio ha sido un calvario. Y sin regularidad bajo los palos, incluso los mejores se marchitan. Decisivo en los anteriores torneos, España no pudo encomendarse a sus paradas imposibles. Falló, a veces con estrépito, y punto. Es el portero de España, como lo fue el ‘paralotodo’ Arconada. Pero el señor twitter no perdona: las legiones yihadistas han repartido estopa por internet a kilotones. Hoy, todavía es más proscrito para el sector cabreado del madridismo pro Mourinho, que son los mismos cafres que intentan hacer vudú con el capitán cada vez que bloca un balón. El banquete de tiburones ha empezado y tienen carnaza para rato. Con escribir su nombre en las redes, salta al instante una guerra de trincheras en la que no hay pacifistas. O atizas a Casillas o le defiendes. El respeto por los veteranos parece que es sólo cosa del ejército. Y España sigue siendo la vigente campeona del mundo, pero parece que en este país sólo podemos susurrarlo; si lo gritas, a lo mejor te llevas un bofetón.  

La libreta de Van Gaal

Sbado, 14 Junio 2014

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La pizarra de Van Gaal sentenció el partido. Siempre con su libreta secreta bajo el brazo, el técnico imitó la táctica de Ancelotti que pulverizó a Guardiola en Munich. La prensa advirtió que Holanda se blindaría con cinco defensas y así pareció al principio de partido. Pero no, ilusiones ópticas: David Albelda avanzó en Tiempo de Juego que Van Gaal había colocado tres defensas y cinco centrocampistas; poblando la medular ahogaría la esencia del tiqui-taca español, el genuino que siempre propusieron Xavi e Iniesta. Nada que ver esta Holanda con el finalista macarra que cosió a patadas a los españoles en 2010. Ni siquiera De Jong, que ayer también sacó la trilladora pero que se esmeró en jugar de coche-escoba. El gran público no conocía a la zaga oranje, casi toda construido por Ronald Koeman en el Feyenoord, y a tenor de lo visto, son jóvenes pero sobradamente preparados. Los papeles de Van Gaal nunca se filtrarán, pero no hace falta ser entrenador para intuir un garabato que pusiera ‘Robben y Van Persie vs Piqué y Ramos’. Ésa fue la clave de la carnicería.

El penalti de España, lejos de garantizar la posesión de ‘La Roja’, sobreexcitó a los holandeses, con Sneijder como mente del plan a perpetrar, y Robben y Van Persie de ejecutores. El propio Arjen todavía se ríe del apodo que le puso el Bernabéu: ‘Rodilla de cristal Robben’; su cintura todavía gira mejor que la de una gimnasta del Circo del Sol. Desafortunadamente, la de Piqué necesita por ahora engrasarse con tres en uno. El problema de Ramos no fue tanto físico como de despiste: el cabezazo de Van Persie le cogió la espalda y en ningún momento exhibió esa proeza genética que le ha convertido en uno de los centrales más decisivos del mundo. Partido para olvidar del madridista y punto. Los enviados especiales a la concentración española habían resaltado el estado de forma del sevillano y también de Silva. El grancanario subió el voltaje del juego y compitió con Iniesta en un concurso de pases estéticos; la pena es que toda España hubiese preferido que fusilase a Cillesen en vez de adornarse con una vaselina sólo apta para cracks mundiales.

Hablando de porteros, Casillas no escapa de las crónicas periodísticas. Empezó siendo el ‘santo’ y acabó en la barca de Caronte como un difunto reciente. Sus fallos estrepitosos sirvieron de carnaza para el sector cafre de twitter, en especial los llamados ‘yihadistas’. La memoria es frágil y olvida rápido que el mismo capitán de España conjuró milagros en las pasadas Eurocopas y en Sudáfrica (que se lo digan a Robben, hoy resarcido de aquel ¡uy! De Johannesburgo). Un muy buen amigo de Casillas, Xavi Hernández, también nos recordó que sus mejores momentos ya han pasado. Asumió los galones de capitán general el tiempo que le duró el poco combustible diesel que le queda; “ha sido la derrota más dura de mi carrera”, confesó el barcelonista en rueda de prensa. Y lo dice un futbolista con un palmarés que no cabe en las vitrinas de casi ningún club del mundo. En un ejercicio de sinceridad, todos asumieron el mea culpa delante de la televisiones. “Es una cagada mayúscula”, como dijo Schuster en COPE, pero remediable. El problema no es la goleada, que afectará a las matemáticas del golaverage, ni siquiera que el siguiente perro de presa sea Chile, la alarma roja la anunció Piqué: “Lo peor son las sensaciones”. De cansancio físico y embotamiento mental. Y ahí entra de lleno Del Bosque, como ayer lo hizo Van Gaal, el gran vencedor del 5-1.

El secreto mejor guardado del Bernabéu

Domingo, 25 Mayo 2014

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Fernando Hierro confesó a Mijatovic en Lisboa que intuía un “papelón” de Sergio Ramos en la final. “Tiene adn madridista porque jamás hinca la rodilla”, le dijo al montenegrino. Y Ramos cumplió la profecía más de lo que Hierro habría imaginado. Él nunca marcó en una final de Champions, tampoco le hizo falta. Pero estaba escrito que el Madrid de esta Champions se tenía que agarrar al espíritu de Juanito, hoy reencarnado por el sevillano. Y al estilo de Hierro, entrando como una exhalación en el área, condenó al Atleti a un final cruel, merecido pero al fin y al cabo cruel. Ramos no es el capitán pero casi, lo sabe Iker Casillas, al que le bastaron tres segundos para susurrarle al oído que era el “puto amo”. También lo tiene presente Cristiano Ronaldo, amigo del camero y que suele comentar a sus amigos futbolistas portugueses que es el mejor defensa con el que se ha juntado. La Champions le debía una, o dos, o tres, o cuatro, o quizá una década de decepciones y mofas populares como el penalti que tiró al limbo delante de Neuer. El hundimiento fue tan brutal que Ramos tomó el ejemplo motivacional de Iniesta (“Te caes, te jodes, lloras y te levantas”) para emprender una carrera desenfrenada hasta la Décima.

El madridismo sospechoso de Ramos aclaró sus dudas durante la noche fatídica del Dortmund, en la no remontada del Bernabéu. Marcó el segundo gol, jaleó a su equipo, levantó a la grada y lloró desconsolado cuando el Madrid quedó oficialmente noqueado por undécimo año. Demasiados accidentes, demasiadas desgracias, la obsesión permanecía incrustada como una astilla puñetera. En el estadio Da Luz faltaron noventa segundos para que el club volviera a incendiarse con napalm; el enésimo Apocalipsis iba a ser insoportable, sobre todo por haber estado a punto de morder el polvo contra un Atlético grande, que ha recuperado respeto y prestigio después de un par de décadas sufriendo como el hermano pequeño al que el mayor daba collejas cuando le apetecía. Y en ese minuto 93 Ramos, que llevaba rato de delantero centro, se levantó en suspensión a lo Air Jordan y ejecutó un remate de escuela, de los que gustaban a Fernando Morientes. En la colección de héroes de nuestro tiempo, la Séptima tuvo a Mijatovic con su único gol de aquella edición; la Octava a Anelka y su redención ante Oliver Kahn; la Novena a Zidane con una volea antológica y la Décima los huevos de Ramos, tal como a él le gusta repetir.

Ramos tiene un aire a Raúl González en arrojo, bemoles y verónicas con el capote. Siempre da la cara ante la prensa cuando toca comerse el marrón y, gane o pierda, nunca suspende en actitud. Llegó del Sevilla en plena maceración y Monchi, director deportivo sevillista y maestro cazatalentos, no se equivocó cuando insinuó allá por 2005 que “Ramos sería el futuro de España”. Desde luego, la ‘Roja’ se desvive por él tal como lo hizo por el eterno ‘siete’; y el Madrid también le ha encontrado sitio en el pedestal de los intocables. Hablar de leyenda todavía es una locura, pero es cierto que un Sergio Ramos campeón mundial y de Eurocopa chirriaba sin una Champions en el palmarés. Pero al club no le importa tanto su talento como su docencia del decálogo madridista: aprendió la génesis del Madrid y las pautas de comportamiento que exige vestir esa camiseta. Así se lo hizo saber a Mourinho y, por eso, le costó más de una bronca pública con el portugués. Ramós no es ídolo del Bernabéu porque agite la mercadotecnia o entre en quinielas de Balón de Oro. No, él sabe que rebañar un balón en carrera o rematar un cabezazo imposible es lo que arranca el aplauso de la grada. Ahí se oculta el secreto mejor guardado del Bernabéu que gente como Raúl, Casillas y Ramos conocen.

 

 

 

Iker Casillas detiene la avalancha

Mircoles, 9 Abril 2014

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La grada vertical del Signal Iduna Park cayó como una avalancha contra el Madrid. Los viejos fantasmas de Dortmund reaparecieron de un plumazo, sólo que esta vez el Borussia recurrió a medio equipo de secundarios porque la mitad de los titulares vieron el partido en la enfermería. Pero, incluso con media plantilla desguazada, un único futbolista tomó el mando del partido como si estuviese jugando a la Playstation. El año pasado Lewandowski pasó del montón al estrellato en un rato, lo que tardó en clavar cuatro goles; anoche Marco Reus pidió a gritos un contrato de crack en un club que se lo pueda ofrecer. Este rubio de peinado muy alemán está llamado a liderar la Mannschaft del futuro siendo una versión muy mejorada de Özil, no tanto en talento como sí en regularidad. Reus sonará para el Bernabéu la próxima temporada, también para el Barcelona si la FIFA le levanta el castigo, y desde luego es un gustazo verle en la competición de los mayores. Es justo empezar esta crónica rindiéndole pleitesía porque el Madrid se quedó sencillamente en blanco, quizá asustado por la presión de la mítica olla del Westfalenstadion o impotente ante la ausencia de su gurú portugués. Cristiano actuó de motivador desde la banda, comiéndose las uñas por desesperación y pensando en la que le estaban liando sus compañeros; ni siquiera él habría imaginado el sacrificio que implicó su lesión.

Hacía tiempo que los blancos no se inmolaban de una forma tan descarada. En pocos minutos Jürgen Klopp desnudó al Madrid de la cabeza a los pies. Cada jugada era más caótica que la anterior: Benzema volvió al limbo; Bale se dejó en el vestuario la capa de superhéroe; Pepe se hacía el harakiri y, mientras tanto, Xabi Alonso y Sergio Ramos se tiraban los trastos a la cabeza. Nadie funcionaba, ni siquiera Di María, el que nunca fallaba cuando el resto sí lo hacía. Ancelotti mascaba por inercia y no se tragó el chicle de milagro: los alemanes habían aplastado con sus panzers la columna vertebral blanca y, con Alonso fuera de combate, a su aprendiz le vino grande la semifinal. Los palos a Illarramendi le espabilarán rápido, pero aún no puede asumir el timón del transatlántico merengue. Por poco no presenció el hundimiento de su Titanic.

El baño del Dortmund fue cogiendo tintes antológicos hasta que el Madrid se encomendó a su santo. La imagen de juguete roto apenas importaba porque sólo los rezos a Casillas podían salvar la eliminatoria. Y el capitán no defraudó a sus feligreses: dos paradas milagrosas evitaron la avalancha de la grada y reabren el absurdo debate de la portería, una polémica que empezó Ancelotti con una cerilla y un bidón de gasolina. Casillas tiene que jugar sí o sí, y no por decreto sino porque él ha patentado las paradas imposibles. “Tendría que jugar hasta con el brazo en cabestrillo”, piensa una leyenda blanca. Y no es el único. A Florentino Pérez también le extrañó aquella decisión de la primera jornada contra el Betis. Iker se comió el marrón de Dortmund y, por eso, sigue siendo santo y seña del madridismo, el verdadero, no el pseudo.

Kalashnikov encasquillado

Jueves, 27 Marzo 2014

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“Pedimos perdón a la afición”. Buscando en hemeroteca, la última disculpa pública salió de boca de Iker Casillas aquella noche fatídica de la manita en el Camp Nou, el primer clásico de la era Mourinho. Entonces, el capitán salió a la palestra y, resignado, sólo pudo articular un ‘perdón’. La vergüenza del 5-0 había chocado como un tren de mercancías contra el estado de felicidad que habían generado los primeros momentos del entrenador elegido a dedo por Florentino Pérez. Casillas tuvo que dar la cara ante los periodistas para consolar a todo el madridismo, que vio cómo el Barça le giraba la cara de un tortazo. Anoche Marcelo se apresuró a pedir perdón sobre el propio césped en la entrevista de Canal Plus; consciente de las desastrosas consecuencias que ya estaba originando el batacazo de Sevilla, el brasileño quiso adelantarse a la jugada e hincar la rodilla en nombre del equipo. Porque el Sánchez Pizjuán volvió a ser un campo maldito donde el Madrid perdió media Liga por arte de magia. La que inventaron Rakitic con la batuta de un director de orquesta y el despiadado Carlos Bacca, sustituto natural de Falcao en Colombia y que cuajaría bien en el contraataque merengue. Bacca se reivindicó como una revelación de nuestro fútbol, la estrella que necesitan equipos de clase media para excitar a su público y, sobre todo, darle cierto caché mediático a nuestra mejor liga del mundo (lo decimos nosotros). No tardará en fichar por un grande, tal como lo hicieron Bam Bam Zamorano, Suker o la ‘bestia’ Baptista.

El Sevilla no jugó mejor que el Madrid. Al contrario, se disfrazó de merengue y precisó de dos dosis letales: un gol en cada disparo. Fueron los madridistas quienes usaron un Kalashnikov encasquillado, y acabaron tan desesperados que al final sacaron revólveres para tirar a larga distancia, por si sonaba la flauta. En la liga de las sensaciones el Madrid es colista: en tres días la caverna mediática (Joan Laporta dixit) ha pasado de barruntar un torneo de dos con el Barça noqueado a echar la Liga por un sumidero y declarar el terror absoluto. Porque las victorias blancas son una cuestión de tirar una moneda al aire: la siguiente visita es Anoeta, donde se puede ganar pero también se puede palmar con creces. Ancelotti cobra por construir un fórmula uno en el que debe probar piezas; su problema es que intenta reparar averías cuando el motor ya no carbura. Quién iba a imaginar que Di María sería ahora capitán general, cuando hace unos meses desafió al Bernabéu acomodándose sus partes,. Su ausencia dejó sin reprís a un bólido que anoche habría ganado la carrera con velocidad punta. Pero como el Madrid estuvo lento, con jugadores como Bale o Benzema que, en vez de botas de fibra de carbono, parecían arrastrar grilletes con una bola de preso, el Sevilla ganó esprintando.

La ‘BBC’ ha sufrido el apagón analógico antes de concluir la temporada. Bale, a pesar de sus esmeradas estadísticas, sigue siendo un ovni en los momentos decisivos; Benzema entra y sale de su limbo con una facilidad pasmosa y Cristiano sólo revienta a los rivales cuando invoca a Hércules. Al flamante Balón de Oro hay que exigirle contraprestaciones a su recompensa, claro que como él sólo es medio equipo. O tres cuartos. La otra porción corresponde a Xabi Alonso, pero el donostiarra ha perdido el soldador que unía las dos facciones del equipo, la de la ‘BBC’ con esa defensa de hormigón la semana pasada y cartón piedra ésta. Pero Xabi no está a gusto en campo porque su socio Modric no es el mismo que tomó el relevo del lesionado Khedira. Viendo el embotamiento que sufrió la medular cuando merodeaba el área sevillista, cualquier folclórico echaría de menos a Michael Laudrup. Porque desde que el danés se jubiló, el fútbol español, ni siquiera el mundial, ha disfrutado de un clon suyo. A falta de alto voltaje, el Madrid habría necesitado anoche un Laudrup que descerrajara la defensa con un pase sin mirar. Lástima que ninguna cantera haya fabricado uno igual.

Y, por último, una oda a la ingenuidad. Escribir sobre el Madrid sin mentar la crisis pasajera de Diego López es de pardillos. Las siete plagas bíblicas que azotan al equipo no son culpa del portero de la Liga, pero cualquiera madridista siempre se acuerda de una parada imposible del ‘santo’. Quizá Casillas también hubiese encajado seis goles de siete ocasiones, nunca lo sabremos, pero cualquier mano a mano con Iker delante trae a la memoria su pie milagroso ante Robben. Manolo Lama sondeó en El partido de las 12 la posibilidad del break: si Casillas es portero para Champions y Copa, no sería inoportuno que se entrenara en Liga. Nada es descartable.

 

 

 

El Madrid se agiganta por momentos

Mircoles, 12 Febrero 2014

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“Hace meses decían que nuestra defensa era mala”. Sergio Ramos tenía ganas de callar bocas de cierta prensa, la de quienes antes de Navidad incidieron demasiado en los despistes del central sevillano (me incluyo también). Entonces decíamos que desde la Copa Confederaciones Ramos había pegado un bajonazo físico (su gran fuerte) y cometía errores de novato. Su tonta expulsión contra el Galatasaray con el consecuente cabreo de Ancelotti (“tenías que cubrir la espalda”) fue la prueba concluyente de la versión más negruzca del madridista. Incluso, en algunos mentideros periodísticos se insinuó que la pareja fetiche del entrenador en la zaga iba a ser Pepe y Varane. Pero el francés comenzó un vía crucis por la maldita rodilla y Ramos entendió que era el momento de recuperar los galones que le había otorgado el público del Bernabéu, sobre todo, en la vuelta contra el Borussia Dortmund, cuando él solo se echó al equipo sobre la espalda a punto de obrar el milagro. Desde hace un puñado de partidos, Ramos (y Pepe) se ha vuelto a entonar hasta el punto que el Madrid recibe ocasiones con cuentagotas matiz que rompe con el viejo cliché de que a Casillas siempre le han llegado por tierra, mar y aire. Hoy, Diego López en Liga y el capitán en Copa apenas son protagonistas salvo por algún mano a mano puntual. Los agradecimientos, en la ventanilla de los centrales.

Casillas está a un partido de enmarcar una Copa simplemente perfecta, pero su aparente estado inerte en la semifinal ha quitado de raíz toda la emoción de los derbis. Simeone reconoció que le había fallado su planteamiento de anoche, le faltó añadir que también el de la ida. El Atlético apenas disparó a puerta en toda la eliminatoria y, desde luego, así es casi imposible tumbar al Madrid. El trámite del Calderón duró pocos minutos, los que tardó el ingenuo Manquillo en repetir el penalti de Vallecas de hace unas jornadas. ¿Por qué no jugó Juanfran? El ‘Cholo’ no engañó a las masas: un hombre de fútbol sensato como él jamás intentaría imitar a Houdini; el 3-0 del Bernabéu había borrado de un plumazo cualquier conato de remontada. Por eso, y aunque suene ventajista, esta Copa quedaría más aseada para el prime time televisivo si fuese a partido único: un pim, pam, pum continuo hasta la final. Y, quizá suene raro, pero a este Atleti le convenía quitarse tanto ajetreo de oficina; más que nada, porque cada vez hay más gente que le ve jugando con el gancho. La lesión de Filipe Luis ha dañado la maquinaria industrial fabricada por Simeone, y la baja de Tiago puede averiar más su funcionamiento. A estas alturas, los rojiblancos se han desmarcado de cualquier debate estético: importa ganar y punto. Los resultados pírricos serán tan venerados como una buena goleada.

El Madrid sí que ha dado un vuelco a la temporada y no al revés. De parecer ignorado y menospreciado en aquella pelea entre Barça y Atlético, ha chupado la sangre dejada por los dos como un vampiro para meterse en la bulla liguera. El calendario le ha dado un respiro porque Getafe y Elche no deberían ser obstáculo en la ausencia de Cristiano antes de viajar a Alemania para jugar contra el Schalke, que no es ni primero, ni segundo, ni tercero de la Bundesliga. CR7 se ha encontrado con un descanso repentino por la gracia de los árbitros, pero en su caso, enfriarse en la nevera quizá no sea el mejor remedio. Al contrario que Messi, el cometido del portugués no es tocar techo en mayo, sino hacerlo cada fin de semana porque él necesita jugar todo para no perder su hercúlea forma. Y como en los últimos años de Mourinho, este Madrid apunta sus bazucas a todos los títulos, pero con una pequeña gran diferencia: el fútbol de Barça siembra sospechas, el del Atlético se diluye y el de los blancos se expande como un imperio sin otear el horizonte. Cuestión de Modric y del sentido común que siempre debe tener este club.

Un Madrid de velocistas

Mircoles, 6 Noviembre 2013

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Antonio Conte no exageró ante la prensa argumentando que “el ataque del Madrid es devastador” mientras que Carlo Ancelotti se engañó a sí mismo, que no al resto del mundo, justificando que el Madrid “defendió mejor que en otros partidos”. Si en la defensa se incluye a Casillas, entonces la tarea salió casi de diez. El capitán necesitaba una noche de milagros para volver a erigirse en el ‘santo’ de paradas divinas. Salvó el resultado e incluso intuyó el penalti de Arturo Vidal; lástima que el disparo por la escuadra le fuera imposible. A estas alturas y con el Madrid todavía en formato coladero, resurge el debate de la portería: ¿de veras le compensa a Ancelotti tener a este Casillas calentando banquillo cada domingo? Ni muchísimo menos Diego López es el culpable de la ternura de sus zagueros; al contrario, sus paradas providenciales han amarrado puntos. Pero el espigado cancerbero no goza de esa providencia mágica que sólo se encuentra en gente como Iker o Víctor Valdés. Hasta el propio Casillas confesó a la tele a pie de campo que no es fácil concentrarse jugando cada dos semanas. Aunque al menos, la inminente Copa del Rey le entretendrá entre semana; claro que si le toca foguearse con equipos de Segunda..o Segunda ‘B’.

Quince alineaciones distintas en quince partido refleja el galimatías táctico de Ancelotti. Su pizarra tampoco estaba claro cuando fichó en verano, porque expertos en ‘flechas’ como Enrique Ortego en MARCA o Pedro Pablo San Martín en el diario AS dibujaron innumerables esqueletos tácticos de Carletto en Milan, Chelsea y Paris Saint Germain. Que si su predilecto 4-3-3, el clásico 4-4-2, el férreo 4-2-3-1…infinitas opciones y ninguna clara. Incluso anoche, su corsé de seguridad Khedira-Modric se fue deshilachando por culpa del alemán: en un partido de músculo Khedira debía dar aliento a la defensa y, lejos de eso, apenas ayudó en retaguardia, más pendiente de poner pases largos a sus depredadores. La solución al problema capital del Madrid es Xabi Alonso, pero en su función de ordenador central no puede estar pendiente de las fugas traseras. Ése es el trabajo por el que se le paga a Khedira .

Los honorarios de Cristiano Ronaldo son diferentes. Cobra por ser el mejor (su flamante renovación así lo atestigua) y el presidente tendría que prepararle una paga extra por ser el nuevo gurú espiritual. El portugués no suelta peroratas de grupo ni arengas en el túnel de vestuario, porque como a él le gusta recalcar, “habla en el campo”, donde lo hacen las estrellas. Su momento pletórico, en contraste con el alicaído Messi, está salvando al Madrid de una mediocridad que no había vivido ni en las fases más ominosas de la era Mourinho. Hablando en plata, la dependencia de Cristiano ha adquirido tintes dramáticos hasta el punto que cualquier partido que no juegue CR7 es una moneda al aire. Decepcionante, pero real. Cristiano enchufa goles en cualquier género: goleadas tipo Sevilla, agonías estilo Rayo Vallecano y, más importante, en duelos a cara de perro en los que el equipo tiene que reivindicar respeto porque juega el Madrid. Falló en el derbi, también en el Camp Nou y una tercera derrota contra la Juventus habría sugerido maliciosamente un debate de digestión pesada. Hasta la fecha los clubes a tener en cuenta se le han atragantado, por fortuna para los blancos la segunda parte de anoche motiva al público a creer en algo; mejor dicho, en alguien: Cristiano Ronaldo.

También merece su santoral particular Gareth Bale. En tres partidos ha demostrado que las supuestas hernias o protrusiones son sólo habladurías en un jugador cuya ergonomía encaja como un molde en este Madrid de velocistas. Su galope satisface a un Cristiano que entiende el fútbol a la carrera, como un juego vertiginoso. E Isco, aunque incomodado por su estilo más próximo al tiqui-taca, tendrá que acostumbrarse al galés. Los chascarrillos de los cien millones nunca acabarán, pero si Bale pusiese precio a cada cañonazo a distancia, la inversión la querría cualquier tiburón de la Bolsa. Y en este mundillo en el que los futbolistas top son mejores o peores por comparación, la distancia entre el galés y Neymar ha dejado de ser sideral. Al azulgrana le aplaudimos su precoz responsabilidad y las diabluras de prestidigitador, pero Bale se ha destapado con un par de misiles tomahawk y esas cabalgadas a lo Usain Bolt que desfondan a cualquiera.