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Lord Sith Mourinho

Jueves, 17 Diciembre 2015

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“Antes de hacer preguntas estúpidas, usa Google”. La respuesta de Jose Mourinho a un periodista británico que cuestionó sus terceras temporadas provocó la carcajada general en la sala de prensa de Stamford Bridge. “En mi tercera temporada en el Chelsea, ganamos la FA Cup, la Copa de la Liga y semifinales de la Champions. Y en el Real Madrid, ganamos la Supercopa, semifinales de Champions y final de Copa. Por tanto, es una pregunta estúpida”. De repente, el gesto del entrenador se volvió desafiante ante el silencio sepulcral de los reporteros. Mou no permitió turno de réplica. Asunto zanjado. Sucedió en septiembre, cuando el Chelsea ya había recibido dos sopapos en el inicio de la Premier. Agotado, sin ideas y con estrellas desconectadas de su causa, los tabloides británicos acusaron a Hazard de “silueta ensanchada”, a Diego Costa de “bronco”, y a Cesc Fábregas de “demasiado despistado”. Después de cuatro meses y un buen puñado de críticas ácidas, el campeón sigue en la UVI y pendiente de recibir una descarga de electroshock. Quizá ya no sea con Mourinho, que se ha atrincherado contra el vestuario, y esta vez sin guardia pretoriana a su alrededor.

El primer misil impactó en una leyenda. El intocable John Terry fue sacrificado como toque de atención al resto de la plantilla. Para ridículo público del central, le sustituyó al descanso del clásico del Etihad, retratándole como culpable del desastre. Quién imaginaría que en poco tiempo la ira de Mourinho atacaría a Frank Lampard y Terry, guardaespaldas del portugués y gente de su máxima confianza. Hace apenas unos meses Mourinho borró de un plumazo cualquier tentación millonaria por Hazard: “Vale 125 millones…en cada pierna”. El diario The Guardian (de sensacionalismo poco exagerado) publicó el lunes por la noche que Mourinho no quiso dejar entrar a su estrella belga en el autobús del equipo después de la derrota contra el Leicester. Hazard se lesionó y pidió el cambio sin consulta médica. ”Han traicionado mi trabajo”, fue la respuesta de The Special One para justificar el caos que hunde al Chelsea. Del Inter salió a tiempo, con la corona de César que consiguió en el Santiago Bernabéu aquella noche de Champions que acabó con el portugués metido en el coche de Florentino Pérez. “Me fui del Inter en la gloria, como hizo Eric Cantona en el United”, espetó en una de sus primeras entrevistas como técnico del Real Madrid. Por desgracia para él y sus acólitos, no ha podido repetir la cita tras su paso por España.

A un solo punto del abismo, el Chelsea está sumido en una guerra civil en la que Abramovich ya no concibe a Mou como el Santo Grial. El fuego cruzado entre los jugadores, todos y sin excepciones, y él, ha torcido el gesto del magnate ruso. Despedirle oxigenaría el ambiente, no así la tesorería, de donde tendría extraer una buena morterada; pero ni por asomo los 40 millones de finiquito que anuncia la prensa inglesa (esto es información y no opinión). La lista de ejecutados da la vuelta a la manzana: Diego Costa, Terry, Hazard, Cesc, Cahill, Oscar. Se salva Thibaut Courtois por una ¿inoportuna? lesión; de lo contrario, también le alcanzaría la metralla. El portugués negó hasta tres veces una rebelión a bordo y, para dejar claro que su personaje teatral le preocupa aún más que su continuidad, dejó un dardo para la posteridad de la arrogancia: “A lo mejor el año pasado estos mismos jugadores alcanzaron un nivel que ni ellos mismos tienen”. Puro mourinhismo de quien actúa como un Lord Sith de Star Wars, “Si no estás conmigo, eres mi enemigo” (Anakin Skywalker tras pasarse al Lado Oscuro).

Habla el acusado

Mircoles, 26 Noviembre 2014

Tenía ganas de desahogarse y devolver a raquetazos las sospechas insinuadas por Sergio Ramos. Había callado durante unos días y anoche eligió El partido de las 12 para la entrevista de descompresión. “Sí, me sentí aludido por las declaraciones de Ramos”, tajante y conciso, Cesc Fábregas quería hablar cuanto antes para quitarse ese poso de ‘caradura’ que flotaba en el ambiente. Diego Costa y él acusados de borrarse de la selección sin escatimar ni un minuto en el Chelsea de Mourinho. Al fin y al cabo, y aunque lo niegue el catalán, su entrenador originó este serial provocando a Del Bosque una y otra vez. Bastante tiene el seleccionador con una transición convulsa como para meterse también en un cuadrilátero con Mourinho. Aceptó la vaga excusa de Costa y no le llamó para comerse el marrón de Bielorrusia (orgullo para unos y soberano coñazo para otros). En cambio, Cesc fue más hábil y presentó pruebas médicas en la Federación; pudo forzar, pero como dijo anoche, podía haberse lesionado como Luka Modric. Y, entonces, habría tirado al sumidero la confianza de Mourinho.

Cesc y Ramos han compartido muchas horas de concentración nacional; han coincidido en las categorías inferiores y, por eso, el ex barcelonista se siente molesto. Sin embargo y aún con una llamada telefónica por medio, el misil de Ramos tenía un objetivo oculto: Mourinho. Anoche Paco González desveló que un amigo íntimo de Ramos tenía constancia de la llamada y en el trasfondo de la discusión apareció el protagonista que enreda en la mitad de las broncas del mundillo del fútbol. El central del Real Madrid quiso alertar a Cesc de los métodos de presión de su ex entrenador en materia de selecciones. Pero el jugador del Chelsea, evidentemente, quiso ser políticamente correcto y negó cualquier acto de culpabilidad del portugués, Ramos entiende que el compromiso con España no sólo vale para el casting de Mundiales y Eurocopas; por medio hay fases de clasificación soporíferas en las que tienen que dar la cara. Bielorrusia atrae menos que un trofeo veraniego y ésa es la sensación que ha calado en la selección. Del Bosque lo dijo abiertamente: “parece que estas fechas molestan”. A los aficionados todavía aturdidos por el batacazo mundialista, seguro; a la prensa educada en el yin y el yang (Cristiano y Messi o Messi y Cristiano), también.

Sergio Ramos habló a pecho descubierto como uno de los capitanes de la selección. Lejos de ser portavoz de Del Bosque, se arrancó en un impulso vehemente para dejar claro que a esta España hay que cuidarla. No sólo vale salir en la foto de Viena o Johannesburgo. Y Diego Costa todavía no ha encontrado su sitio en ese vestuario porque llegó tocado a Brasil y ahora está más pendiente de devolver con goles la inversión de Roman Abramovich. También Cesc necesita redimirse en Stamford Bridge de la decepción del Camp Nou. Él sí ha hablado para dejar patente que le “jode” que duden de su compromiso. Esperamos impacientes la coartada del hispano-brasileño. Al menos, Ramos, cuya discusión sincera con Cesc es un buen síntoma de que la selección sigue importando en esta época en la que se acabó el onanismo.

Evitando más jaleo

Lunes, 13 Octubre 2014

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Del Bosque había advertido que la única referencia de Luxemburgo para el gran público era un club modestísimo llamado Jeunesse d’Esch, que en la década de los sesenta se llevó siete goles en el Bernabéu y cinco o seis en su país. Lo dijo en modo irónico porque a los periodistas apenas les apetecía hablar del rival del turno, obvio. Casillas, el bofetón de Eslovaquia, la nulidad de Diego Costa…demasiados incendios como para rellenar páginas y minutos de tertulia con una selección del saco de Islas Feroe o San Marino. Pero el seleccionador, viejo zorro en olfatear las corrientes de opinión, confirmó cinco cambios en el once titular de anoche para distraer atenciones, sobre todo, de los opinadores que piden dimisiones a pecho descubierto. Ha sido una concentración convulsa porque poner a parir a esta continuación de España, campeona de todo, es un lujo que cualquiera se puede permitir pero pocos aceptan. Eslovaquia ha abierto la veda: todo es debatible en esta selección que está en plena construcción con andamios en todas las líneas.

Si hace pocos meses España ofrecía a las masas partidos verbeneros en los que el fútbol eran fiestas apiladas unas detrás de otras, estos días convulsos han dejado un marrón espinoso a Del Bosque. Aliviado por el gol ratonero de Diego Costa en Luxemburgo (Mourinho tardará tiempo en recriminarle otra convocatoria), al debate Casillas-De Gea le sale uno más añejo, el de Cesc. Anoche no jugó porque oficialmente el seleccionador había meditado cambios y oficiosamente no rindió en Eslovaquia. El centrocampista del Chelsea vive en una permanente paradoja táctica: con Mourinho ha vuelto a jugar donde le enseñó Wenger y, sin embargo, en la selección ha sido fundamental según los preceptos de Guardiola. Cesc espabiló y aprendió rápido esa idea extravagante del ‘falso nueve’; Del Bosque copió la invención de Pep y defenestró cualquier recuerdo folclórico de delanteros centros. Ahora, Fábregas ha vuelto a su génesis y chirría. ¿Solución? El ‘buenismo’ del entrenador le obligará a seguir convocándolo como mediapunta. Y si no, al tiempo.

También repetirán convocatoria los locos bajitos, pero todos ellos por inercia. Con permiso de Don Andrés Iniesta, el balón pide a gritos las botas de Silva, genio y figura cuando el equipo se marea a sí mismo. La noche de Eslovaquia necesitó líderes que cargaran el peso en la espalda; no hubo voluntarios y sí varios acusados. El mismo Iniesta, que sin chispa no es ese ‘Iniesta de mi vida’ (Camacho dixit) o Busquets, perdido en el campo como si fuera la jungla, lejos del mejor ‘5’ que recordaba al mítico Fernando Redondo. Ahora es turno para los extraordinarios becarios: Paco Alcácer, Bernat, Rodrigo, etc. Quédense con el primero: goleador en Mestalla y en busca de pulverizar récords con ‘La Roja’. Alcácer era un delantero potable que mejoró hasta hacerse bueno; un puñado de partidos le han convertido en buenísimo. Y de ahí a la clase crack, paso a paso. Su facilidad para marcar recuerda a la de Raúl González, cuando Fernando Hierro vaticinó que era un “Ferrari que adelantaría a todos por la izquierda”. Todavía no conocemos el techo de Alcácer, pero nos deja la pista evidente de que golea por oportunista e inteligente. Y hacía demasiado tiempo que la selección no contaba con un prototipo así. Cualquier noticia que no provoque jaleo siempre será bienvenido en la selección. 

Cesc volverá a ser Patrick Vieira

Viernes, 6 Junio 2014

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“Patrick Vieira estará encantado con la vuelta de Cesc a la Premier”, dijo ayer Gary Lineker, mito con botas y comentarista estrella de la BBC. Lo dijo riéndose con cierta sorna, porque sabía que el barcelonista apunta con fuerza al Chelsea y no a un Arsenal que se ha retirado de la subasta. Y también porque Vieira eligió al español como su sucesor natural  cuando el volante francés daba sus últimos coletazos en Londres. “Está vendido por 33 millones”, deslizó sin querer (o no) Piqué a Del Bosque sin darse cuenta que el micrófono de la sala de prensa estaba encendido. La amistad entre el central y Cesc delata que éste ya sabe que no será bienvenido en Can Barça a la vuelta del mundial; conoce a sus pretendientes, todos ellos atónitos por el hecho de que el Barça quiera soltar a un centrocampista con unas últimas credenciales casi de estrella: 22 asistencias y 13 goles. Mejor que las de Iniesta y Xavi. Es por eso que Manchester United, Arsenal y ahora la suculenta oferta de Mourinho le han obligado a tomar una decisión. El propio Piqué también ha lanzado a la directiva un misil tomahawk por tierra, mar y aire, dejando claro que el club no se ha portado bien con su amigo. Lejos queda ya aquel consejo de padre a hijo, cuando Arsene Wenger recomendó a su discípulo Fábregas “divertirse en Barcelona tal como lo había hecho en el viejo Highbury”.

El deseo cariñoso de Wenger chocó de frente con las intenciones iniciales de Guardiola. El Barça ganó al Madrid en la guerra por Cesc por petición expresa del técnico a Sandro Rosell y, en vez de otorgarle galones de comandante en jefe al estilo Vieira, le metió en la cabeza que su Barça jugaba con ‘falso’ nueve, y ahí entraba en juego el ex gunner. Cesc empezó marcando goles en su primera año culé y arrancó los aplausos del Camp Nou, ‘el hijo pródigo ha vuelto’, rezaba una pancarta en la grada. Fábregas solía merodear el área contraria, pero siempre con el beneplácito de Messi, estrella única e indiscutible. Razón capital para que el de Arenys de Mar mirara de reojo al centro del campo con cierta nostalgia, imaginándose las pillerías que Xavi, Iniesta y él podían pergeñar juntos. En una entrevista a Sky Sport en 2011, Cesc confesó que “le encantaría jugar de Patrick Vieira en el Camp Nou”, en clara alusión a los planes tácticos de Guardiola. La frase no cuajó y el ‘falso’ nueve siguió jugando al escondite entre las defensas rivales. Su rol era demasiado peculiar para un estilo demasiado exclusivo: ningún equipo del planeta imitaba al Barça, sólo la España vertebrada por el propio Barcelona.

La relación entre Cesc y Guardiola contaminó a la opinión pública y, por ende, la de la calle. Sus viajes furtivos a Londres para verse con su nuevo amor, la libanesa Daniella Seeman, hartaron al entrenador, quien creía que esta clase de vida desestabilizaba el establishment que él mismo había creado en el vestuario. En los mentideros azulgranas se decía que Cesc aprovechaba dos días libres para hacer viajes exprés y eso minaba su rendimiento. Fue la causa por la que Guardiola pidió a la directiva deshacerse de él, además de Piqué, Dani Alves y Villa, para poder renovar con todos las garantías en 2012. Pep no era Wenger porque nunca escuchó a Fábregas ni le dio nunca la batuta para demostrar qué había aprendido en el Arsenal. Y Cesc comprendió pronto que él no iba a ser para La Masía el modelo en el que los niños de la escuela gunner se habían fijado como aspiración. Su nueva demarcación requería un esfuerzo hercúleo, moviéndose como una mosca cojonera durante los noventa minutos. No en vano, en una entrevista reciente al diario AS, se quejó de la “rabia que la deba la fama de vago que tenía”.  Desorientado por los cuatro costados, Cesc jamás ha llegado a acomodarse en ningún palmo del césped.

Míchel, ahora entrenador de Olympiakos, comentó una vez que Fábregas “sí habría tenido en el Bernabéu los galones del Arsenal”. Por eso le quiso Florentino Pérez para el Madrid pétreo de Mourinho. Caprichos del destino, el mismo Mourinho ha pedido su fichaje para el nuevo Chelsea que no contará ni con David Luiz ni seguramente con su jugador más talentoso, Eden Hazard. Es decir, que Fábregas sacará la primera plaza de las oposiciones al centro del campo. Para alivio suyo, a Mourinho no se le pasan por la cabeza ‘falsos’ nueves; quiere al catalán delante del timón. Y Cesc puede estar tranquilo: con los equipos de Mou cualquier amago de vagancia desaparece en un abrir y cerrar de ojos.

El Madrid ignoró a Di Stéfano

Lunes, 5 Mayo 2014

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“Dani Parejo es el mejor talento que ha dado La Fábrica”. Palabra de Alfredo Di Stéfano, quien dejó de ir a Valdebebas tras la marcha del canterano al Queens Park Rangers. Algo tenía Parejo que enamoró a ‘La Saeta’, quizá su actuación de anoche evidencia que el Madrid debió hacer caso a su presidente honorífico. Y Parejo, genio apático por naturaleza, volvió al Bernabéu para reivindicar que su antiguo club también fabrica jugones. Él lo es al tran tran, un ritmo que mató la hipervelocidad de los blancos. Ningún quinielista se habría jugado si quiera un doble en este partido: el Valencia venía moribundo, casi metido en el tanatorio, y con unos jugadores agotados; el Madrid, en cambio, recibió el chute moral de la derrota del Atlético. Sin embargo, los ché suelen gustarse en el Bernabéu porque salen excitados, unas veces por su odio sarraceno a todo lo que huela blanco y otras por escándalos arbitrales. No obstante, no era la visita más indicada para darle otro costalazo a la Liga.

Los caprichos de las matemáticas descubrieron un inopinado seguidor merengue: los colchoneros. El 1-2 estremeció al Atleti hasta el punto de imaginarse toda una temporada a la carta del Camp Nou. Por suerte para ellos, Cristiano alivió sus temores y enterró bajo tierra las gigantescas posibilidades que había cobrado un Barcelona que, de repente, había pasado de zombi a máximo favorito. Y con el empate a dos, al Madrid aún le quedaba una bala en la recamara, una ocasión imposible de esas que a veces levantan al Bernabéu. La tuvo el ‘bicho’ en un cabezazo manso y la aplaudió casi todo el fútbol español, encantado con alargar el morbo hasta la última jornada. La “liga de mierda” (Del Nido dixit) se ha sacudido su cariñoso apelativo gracias al discurso plomizo de Simeone y a las cagadas impensables de Madrid y Barça. Y con o sin maletines por medio, Javier Tebas, presidente de la LFP, debe agradecer a equipos “sin motivación” dejarse la piel en trámites que sólo les toca su profesionalidad.

Es el caso del Levante, creado en pequeñito  a imagen y semejanza del Atlético, y con el amor propio de un club de Champions. Caparrós supo asfixiar a un extenuado líder que no estaba para más batallas esta semana. Y si Koke no está fino, su Atleti se gripa; de ahí la trascendencia de un centrocampista que tendrá que sentarse a sopesar la pila de ofertas que le están llegando de media Europa. Pero Koke es santo y seña del club, como lo fue Fernando Torres… hasta que acabó hartándose.

Game over. Fue la expresión más recurrida en twitter para describir el cataclismo del Barça. Busquets habló y tiró la Liga por el retrete; Xavi también la metió en el sumidero y, por si se había obturado en la cañería, el ‘Tata Martino’ terminó de empujarla hasta el vertedero. Incluso, el entrenador argentino tuvo la gentileza de adelantar a la prensa su fecha de caducidad. Quizá se quiera borrar ya del marrón de la próxima temporada, ése que se comerá Zubizarreta, según anunció la directiva frotándose las manos. La jugarreta es fácil: si la política de fichajes fracasa, Bartomeu y todos sus directivos medio interinos (¡elecciones ya!) tendrán su cabeza de turco. Y mientras Messi sigue andando por el césped, la prensa culé apunta a tres despojos fáciles de liquidar: Song, Alexis y Cesc Fábregas. Este último metido en una extraña bronca de la grada. Cesc es un incomprendido porque cree que su afición no agradece haberse mutado constantemente: de centrocampista organizador con Wenger a falso nueve de Guardiola, terminando en media punta forzado. Él pensó que el club de su vida le fichaba para aprovechar su máster acelerado del Arsenal, lástima que se confundiera.

 

 

El genuino Cesc Fábregas

Lunes, 17 Junio 2013

Arsene Wenger es un entrenador feliz este lunes. Su mejor producto de los últimos tiempos por fin ha encontrado el mercado donde mejor se va a vender si Tito Vilanova se deja aconsejar por Del Bosque. Es Cesc Fábregas en versión anglosajona, la que aprendió y perfeccionó a la vera de su mentor en el Arsenal; el mismo que una vez sugirió a los reporteros del Arsenal que estuviesen atentos a “uno de los mejores llegadores del futuro”. No se confundió Wenger con su aprendiz; sí lo hizo Guardiola cuando lo reclamó para el Barça con unos planes totalmente diferentes. Porque Cesc lleva año y medio intentado apreciar el falso nueve que tantos quebraderos de cabeza le está dando. Quizá si en el Barça le hubieran dado un puñado de partidos de mediapunta, la grada del Camp Nou jamás habría sospechado de él. Por eso, el fútbol español agradece a Del Bosque su sorprendente y arriesgada decisión: si Cesc no hubiera sido el mejor de anoche, una buena legión de twitteros  habría martilleado al seleccionador con esa pedrada que tiene Tomás Guasch en su cabeza para el Real Madrid, ‘Silva, Mata y Cazorla’. Por suerte, el técnico español no tiene twitter y, también por suerte, sus cambios tácticos suelen salir bien.

“El doble pivote es innegociable”. Fue el único imperativo que anunció Del Bosque desde que relevó a Luis Aragonés. Y, seguramente, no se lo habría ventilado de haber convocado al lesionado Xabi Alonso; para qué cambiar al campeón mundial y de Europa por dos veces. Cuestión de experimentar, debió pensar el técnico salmantino; por algo, tiene la plantilla más talentosa de largo en el fútbol mundial, con jugadores aptos para plantear cualquier táctica imaginable, sea la clásica 4-4-2, la típicamente culé 4-3-3 o ese 4-1-4-1 con el que sorprendió España luciendo un delantero centro como dios manda. Soldado aprovechó su oportunidad  y deja una pista clara para el futuro: la Confederaciones no verá falsos nueves. Aunque con Del Bosque nunca se sabe; para la prensa que sigue a la Roja acertar el once se ha convertido en un auténtico reto. De hecho, ningún enviado especial se la habría jugado por Iker Casillas. ¿Justo? Deportivamente no por su baja temporal. pero el carisma de quien ha sido el mejor jugador del Madrid temporada a temporada hasta que llegó Cristiano Ronaldo pesa demasiado. Y lo saben Del Bosque y Toni Grande, quienes no esgrimieron ninguna razón convincente para explicar su titularidad y la consiguiente suplencia de Víctor Valdés.

Uruguay nunca ha ganado a España ni en partido oficial ni amistoso. Y con la actitud de anoche será complicado que llegue la primera en un tiempo. Óscar Tabárez se confundió dejando a Forlán en el banquillo, no porque jugase bien los minutos que le dio sino porque siempre hará algo más interesante que cualquier otro compañero, exceptuando a Luis Suárez y Cavani. Sobre todo, la estrella del Liverpool, claramente desesperado por la falta de calidad del resto. Al menos, ha vendido su caché y quién sabe si Florentino Pérez le habrá subido puestos en su particular ranking de aspirantes. Suárez busca desmarques, regates, fija la mirada a los de su alrededor, y pone y lanza faltas. Lo tiene todo si se le compara con el casi saliente Higuaín. Mientras, Cavani reservó sus dotes de killer para partidos más sencillos porque, como al resto de su selección, España le desactivó desde el primer minuto con un ‘tiqui-taca’ de libro.

Las comparaciones están hechas para que nosotros, los periodistas, subamos a alguien a un pedestal tan rápido como lo hundimos,  pero no es ninguna idiotez afirmar que la primera parte fue la más perfecta de la era Del Bosque. Con más del ochenta por ciento de posesión, la visión en HD de Fábregas y la majestuosa lección de patinaje artístico de Iniesta dejaron a Uruguay al nivel de un regional preferente (y eso que en nuestro país esa categoría tiene nivel). El país más idóneo ha reeditado al Brasil del setenta en versión muy mejorada, y no es precisamente la selección de Neymar.

El secreto es divertirse

Lunes, 14 Enero 2013

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George Foreman, uno de los grandes campeones mundiales de todos los tiempos, fue invitado por el ex presidente del Barcelona José Luis Núñez al palco del Camp Nou en un derbi catalán de noviembre de 1992. El espectáculo estaba garantizado dado que el ‘Gran George’ iba a ser testigo del Dream Team de Cruyff en su máximo apogeo. El Barça goleó al Espanyol por 5-0 en una versión sublime de jugadas al primer toque trenzadas desde Koeman hasta Stoitchkov pasando por el sutil tacto de Guardiola y la infinita creatividad de Laudrup. Instantes después de la exhibición,y antes de abandonar el estadio, a Foreman le preguntaron si el fútbol que acababa de presenciar se asemejaba más al del ‘Bombardero de Tejas’, es decir, el suyo, o a la técnica acuñada por Cassius Clay de flota como una mariposa y pica como una abeja.  La respuesta de Foreman no fue tan contundente como sus directos: “cualquiera vale porque sólo jugaba un equipo”.

Dos décadas después, el balón sigue siendo patrimonio incalculable de un Barcelona que ha tocado todas las versiones del juego con balón. Si en aquel partido, los azulgranas rizaron la elegancia con escrúpulo para acabar cualquier jugada al primer toque; anoche el formato de pases continuos y precisos hasta marear al rival alcanzó su máxima expresión. Ahora todos saben por qué Cesc apretó lo inhumano hasta fichar por el Barça: con ningún grupo se iba a divertir tanto. Ya no es que Xavi e Iniesta formen una simbiosis exagerada, sino que junto a Messi, el propio Cesc e incluso Busquets, forman otro equipo dentro del once titular. Cada uno en lo suyo: Busquets intermedia entre la zaga y estos genios, al tiempo que les garantiza el equilibrio defensivo; Xavi sigue funcionando como una cpu registrando pases que ayuden al resto; a Iniesta cada vez se le piden jugadas más imposibles y su virtuosismo todavía no ha tocado techo, y Messi simplemente es Messi. No obstante, aún hoy hay cierta prensa que se atreve a sugerir que este fútbol aburre por su lentitud, que los tres zancadas con las que el Madrid machaba a los rivales tenían más gracia. Quizá sí, es opinable, pero desde luego no durante esta temporada.

Sin embargo, la mejor noticia no es la inspiración de ese puñado de alquimistas (odas como la de Málaga aún quedan unas cuantas) , sino que la vulnerabilidad defensiva de este Barça se ha acabado cuando Piqué recobró la forma que había perdido el año pasado con Guardiola. En su ausencia y con las intermitencias de Puyol, Tito había probado demasiados experimentos (quién no recuerda a Song y Adriano de centrales). Hoy, con el consentimiento del gran capitán,  Mascherano ya es un fijo como central y tal será su posición por los siglos de los siglos…o hasta que una ausencia de Busquets por causa mayor demande su presencia delante de la retaguardia. Y es obvio que el subidón moral que inyecta a un vestuario ganarlo todo ha contagiado incluso a Dani Alves, igual de incisivo que siempre pero mirando por el retrovisor para no dejar un desierto por su lateral derecho. Todo funciona en este Barça 55 de 57  que sólo juega para ser recordado con poemas y epopeyas. Atrás quedaron el ruido ensordecedor de Mourinho, los invectivas del receloso Joan Laporta y las supuestas tramas arbitrales; hoy sólo importa el entretenimiento, o sea, pasar un rato divertido y punto. Lo que debería pretender cualquier equipo de fútbol.

Recuerdos de un 9-0

Jueves, 1 Marzo 2012

“Mi gol ha sido reflejo de lo que ha hecho la selección: toque, rapidez y remate”. Así describió Isma Urzaiz el súmmum al que había llegado la España de Camacho antes de la Eurocopa de Bélgica y Holanda. Aquella noche de marzo del 99 la selección se marcó un partido perfecto contra Austria en Mestalla; el botín fueron nueve goles y quizá el único ‘pero’ fue no haber alcanzado la docena. “Ganando así no hay nada que no me haya gustado. Eso sí, pido respeto para el rival porque en el vestuario lo están pasando mal”, fueron las palabras improvisadas de Camacho, quien jamás imaginó que su equipo pudiese hacer un fútbol tan sublime. Tal fue la humillación que el presidente de la federación austriaca anunció que la destitución del seleccionador se estudiaría con brevedad. Raúl clavó cuatro goles y Guardiola se puso al frente de la sala de máquinas para fabricar una obra de arte de noventa minutos. Entonces, la prensa publicó al día siguiente que había sido el mejor partido de la historia, por delante, incluso, del histórico repaso a Malta por 12-1.

La exitosa España de estos días guarda cada dos por tres antologías inolvidables: Eurocopa, Mundial, clasificatorios,…pero partidos técnica y tácticamente perfectos sólo hay un puñado. Por eso, el de La Rosaleda habrá que editarlo en DVD para regalarlo con el periódico en el quiosco. Como en aquel 9-0 ante Austria, el único desliz de anoche estuvo en el percutor; no obstante, después de una ristra de goles, la gracia de esta selección es contar los pases que pueden llegar a dar en una misma jugada sin que el contrario huela el balón. Para narrar fútbol se recurre demasiado a las hipérboles (‘golazo’, ‘jugadón’), pero a España no se le puede escatimar ninguna: el juego de anoche combinó, como si fuera un híbrido, el talento de toque del Barcelona y la velocidad que le mete a la pelota el Madrid. No en vano, el once inicial repartió a cuatro del Madrid (Casillas, Ramos, Arbeloa y Xabi) y otros tantos del Barça (Piqué, Busquets, Iniesta y Cesc): el resultado es un producto infalible. Y si algún osado productor de Hoollywood se atreviese, montaría una película de ficción en el que el Barcelona jugaría contra España…lo lógico es que acabase en empate. De momento, habrá que conformarse con imaginarlo en la Playstation. El mismo Barça experimentó hace años con un amistoso en el Camp Nou ante Brasil por motivo del centenario azulgrana, sólo que entonces Rivaldo, la estrella brasileña del Barcelona, jugó con su selección.

La goleada también deja una catarata de noticias importantes a largo plazo, exactamente el que decida Xavi. Su presencia es indiscutible, pero si en algún momento le falla el ordenador de a bordo, hay competidores que le pueden hacer sombra. Busquets y Xabi Alonso han cavado su zona en el once titular y ahí quedarán fijados hasta que ellos se cansen o el fútbol español produzca jugadores con sus parámetros. El nudo gordiano viene con Cesc Fábregas. Acostumbrados a verle con Guardiola de lo que se ha llamado ‘falso nueve’, Del Bosque no olvida que su colega Arsene Wenger pulió a un chaval que estaba llamado a ser uno de los mejores centrocampistas del planeta. De momento, Xavi lleva los galones por méritos incontestables pero la goleada a Venezuela brindó a Guardiola una idea de cómo hacer el relevo generacional.

Quien no tiene sustituto es Iniesta porque no hay nadie que se le asemeje. Su inspiración es vital para que la selección se desinhiba: busca espacios, abre defensas y tan pronto revoluciona la banda con jugadas de billar como aparece en el centro del área para enchufar goles. Y eso lo agradece David Silva, a quien la Premier le está viniendo de maravilla; extraña que un entrenador tan quisquilloso como Mancini no le haya puesto la correa. Por último, el casting de delanteros se está poniendo demasiado caro: Soldado se llevó el balón a casa como si nada, Llorente siempre aporta de espaldas y en recursos aéreos y el seleccionador está esperando la recuperación física de Villa y la anímica de Fernando Torres…con el deseo de que Negredo la líe en el Sevilla en los últimos tres meses de competición. Y con todo, España se puede permitir dejar en el banquillo a Juan Mata, de largo el mejor del Chelsea.

Benzema y el Barça…juego de arte y confección

Mircoles, 11 Enero 2012

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Martí Perarnau dijo ayer en un chat de MARCA que si pudiera fichar a un jugador del Madrid para el Barça de Guardiola sería Benzema. Viniendo de uno de los tíos más indicados para diseccionar las entrañas de nuestro fútbol, la respuesta es la más acertada por encima de una mera cuestión de gustos. Porque Benzema entiende la definición que un día Guardiola hizo de Messi…”Es como un ‘nueve’, pero no de rematar centros o mirar siempre a portería. Leo construye jugadas con la fijación del gol”. El ariete del Madrid también es de esos ‘culos inquietos’ que no soporta rascar balones dentro del área; se siente más cómodo en la elaboración de jugadas, descubriendo espacios para sus compañeros y buscándose huecos para sí mismo en el último cuarto de campo. Ésa, quizá, fuese la razón de su fichaje hace dos años y también vale a Mourinho como argumento del delantero único. Es una tendencia que aparentemente el Madrid ha copiado del Barça.

En la tertulia de COPE del pasado viernes sobre la génesis del Barcelona, Josep María Minguella explicó que la llegada del legendario ‘Rinus’ Michels al banquillo azulgrana a principios de los setenta cambió para siempre las nociones del fútbol. En aquella época cada futbolista tenía demarcación y función concreta; ninguno se salía de su casilla.  Las teorías de Michels, adelantadas a su tiempo, moldearon un nuevo Barça en el que Charly Rexach, el estilista del grupo, tenía que ser el primer en defender porque era quien más cerca estaba de la pelota cuando la tenía el contrario. Se había acabado la ley de los defensas para defender y los delanteros para golear…todos corrían y hacían de todo. De ahí que Rexach soltase la mítica frase de “correr es de cobardes”. La evolución del Barcelona estuvo marcada por la escuela holandesa: primero, con Michels detrás de la línea de cal y Johan Cruyff en el césped; después, el Cruyff técnico y un alumno aventajado, Pep Guardiola; a finales de los noventa, Van Gaal, luego Rijkaard y ahora el propio Guardiola vestido con corbata. Todos han asimilado ese nuevo estilo que deja al 4-4-2 como una táctica desgastada y parece que antediluviana.

Si Perarnau opina que él se llevaría a Benzema para este Barça, no dudéis que a Guardiola le gusta el francés. Pero él tiene a un Cesc reconvertido en lo que la prensa ha denominado un ‘falso nueve’. Q      uizá sea una posición engañosa para el fútbol español, pero no para el Barça, y tampoco para el Madrid de Mourinho. Por eso, Fábregas siempre se centra en dos tareas concluyentes: ayudar a preparar un buen ataque y amartillar la pistola en caso de remate. Sucede lo mismo con Benzema, sólo que el francés prefiere arrancar desde la banda. De ese modo, tiene tiempo de elegir la mejor opción: el inicio de una jugada, el entendimiento con otro compañero o el desenlace egoísta de la misma. El caso es que ataca disponiendo de un amplio abanico de opciones. Así lo practicó en el Olympique de Lyon y hubo un sector del madridismo que no entendió por qué Florentino se decidió por un delantero que apenas alcanzaba veinte goles por temporada. Benzema se está aprovechando de la inercia goleadora de su equipo para mejorarse a sí mismo, renovar el arsenal ofensivo del grupo y únicamente un cambio abrupto en la pizarra podría desenchufarle. El Madrid comenzó la temporada muy a gusto en el contraataque y en ese perfil Higuaín parecía más adecuado. Pero la primera fase de la Champions descubrió a un equipo que también sabía construir fútbol con pases rápidos y precisos, y entonces Benzema reclamó protagonismo. El debate pervive desde esa disyuntiva: al argentino le gusta que el balón corra con espacios libres por delante, mientras que Karim prefiere un juego más de arte y confección, más de Barça. 

Sospechas de fútbol práctico

Mircoles, 26 Octubre 2011

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Minuto veinte de la segunda parte…el Granada aguarda al Barça replegado en su campo; Busquets le coge el balón a Mascherano, la pisa, divisa y sin ningún resquicio a la vista, se la da a Xavi; la CPU azulgrana comienza a escanear posibles ataques, gira a su derecha pero Villa está lejos de él y Messi se queda estático perdido en la maraña defensiva que ha plantado Fabri; la solución es cederle el testigo a Cesc, pero nada: más de lo mismo.

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