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Samuel Eto’o, pretoriano de Mourinho

Martes, 21 Enero 2014

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Samuel Eto’o ya vivía como un blanco en el Anzhi cuando Mourinho le llamó personalmente para emprender su segunda aventura con él. Mejor dicho, vivía mejor que el Sultan de Brunei; no en vano, hasta el pasado verano era el futbolista mejor pagado del planeta. Pero una llamada de teléfono del entrenador portugués le incitó sin contemplaciones a cambiar un contrato de veinte millones anuales por otro de ocho. Eto’o aprovechó las nefastas circunstancias del momento: el dueño del Anzhi, Suleyman Kerimov, se hartó del club y puso toda la plantilla a la venta. Con semejante caos, el camerunés entendió que el Chelsea podía devolverle las tardes de gloria en las que puso patas arriba al Camp Nou y San Siro. “Es un año de transición, el nuestro es el próximo”, comentó en la Cadena COPE con su sonrisa picarona. La ‘pantera negra’ había asimilado rápidamente el discurso de Mourinho; por algo, él siempre perteneció a su guardia pretoria en el Inter. Es de ese grupo de futbolistas que echa pétalos de rosa por donde pisa el técnico; de lo contrario, quién imaginaría que un rebelde como Eto’o se plegara a sacrificios tan exagerados como defender descaradamente de lateral derecho en aquella semifinal de los aspersores del Camp Nou. “Mou no necesita un rato para convencerte”. Palabra del camerunés.

Su mítica frase de “no soy un chico de cincuenta goles, lo que puedo prometer es correr como un negro para mañana vivir como un blanco” impresionó tanto al barcelonismo, que tardó poco en comprender el leit motiv de su nuevo ídolo. Veían a un delantero de alta escuela cabreado con su pasado, el merengue, y con ganas de agitar el establishment de Florentino Pérez. Lo que no supo Frank Rijkaard y, por supuesto, ni se molestó en entender Guardiola es que a Eto’o había que atarle en corto dándole cariño. En esa encrucijada y con el vestuario del Barça chamuscado por el fuego cruzado de egos (Ronaldinho, Deco y Eto’o), Mourinho metió mano en el saco de despojos de Guardiola. La jugada no pudo ser más perfecta: se despidió de Guardiola con un gol en la final de Roma y abrazó a Mou con la Champions del Bernabéu. Eto’o se había reciclado: sin perder el instinto depredador, volvió a sentirse futbolista de equipo. Sólo dos hombres lo consiguieron: Luis Aragonés y el entrenador del Chelsea. Sabido es que el ‘zapatones’ necesitó un buen puñado de broncas para espabilarle, como aquella antológica dentro de banquillo de La Romareda.

La etapa rusa de lujo y opulencia no terminó de convencerle. Ganaba demasiada pasta pero jugaba al fútbol sin ningún incentivo, sin codearse con los grandes de Europa. Por eso, el Chelsea ha sido su salvación y, dentro de esa mole de hormigón que ha construido Mou, Eto’o ha encontrado su sitio: correr hasta la saciedad como un rottweiler y moverse en el área por intuición. Así goleó al Manchester United y sólo así acabó cojo y extenuado la tarde del Liverpool. Sin embargo, no olvida sus raíces futbolísticas, “mi hijo quiere que acabe mi carrera en Mallorca”. Ama la isla, al club que le dio la oportunidad y, aunque no lo dijo el domingo en COPE, también a Aragonés. Razones no le faltan.

Eto’o cuenta en una autobiografía que un buen día de abril de 2004 el ‘sabio de Hortaleza’ le sacó de un corrillo de entrenamiento y le espetó: “Negro (así le interpelaba cariñosamente el míster), creo que hay un club perfecto para tu carrera. Tal como está ahora mismo, te necesita y creo que ganará mucho con tu fichaje. Te estoy hablando del Barcelona”. Eto’o no pudo contener la sorpresa y le replicó: “¿qué estás diciendo?”. “Sí, pero primero tienes que marcar quince goles aquí, en el Mallorca, y yo me encargaré del resto”, concluyó Luis. Una semana después, Miguel Ángel Nadal, entonces compañero del camerunés, le desveló que Txiki Beguiristain, director deportivo azulgrana, le había llamado interesando por él, pero que el Barça también barajaba otros candidatos y el delantero de la Juventus, Trezeguet, era el prioritario. ¡Qué mejor asesor que Luis Aragonés!, debió preguntarse Eto’o, su fichaje venía con una de las mejores cartas de recomendación posibles. Ahora también: José Mourinho. 

P.D: David Beckham presenció en el palco el Chelsea-United y Eto’o lanzó una mirada furtiva a esa zona en uno de sus tres goles; quizás se acordaba cuando le dijo hace año que “él (Samuel) era más feo, pero mucho mejor futbolista”.

 

Chelsea a imagen y semejanza de Mourinho

Jueves, 2 Enero 2014

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“No me gustan los jugadores que intentan provocar situaciones y simulan. Y, aunque no sea inglés, defiendo los valores de la Premier League”. Los periodistas que cubrieron la victoria del Chelsea en St. Mary’s Stadium esperaban que José Mourinho reprodujese en rueda de prensa las mismas palabras que le brindó días antes a Luis Suárez, pero esta vez con efecto bumerán hacia a su futbolista Oscar. “El árbitro ha tomado la decisión correcta y Oscar merecía la tarjeta amarilla”, dijo el portugués. Le faltó el matiz gráfico que añadió con el delantero del Liverpool de que “parecía haber recibido un disparo en la espalda”. Pero, claro, en el universo Mou la tarascada de Eto’o a Luis Suárez fue la misma engañifa que el ‘piscinazo’ del brasileño del Chelsea. Y menos mal que el propio Oscar aplacó el cabreo monumental de su entrenador con un pase de gol involuntario y otro tanto, porque el Southampton-Chelsea pintaba a empate y con el protagonista crucificado ante la prensa, previa bronca en el vestuario.

Mourinho ha creado a un Chelsea a imagen y semejanza suya. El periodista de Canal Plus, Gaby Ruiz, fiel comentarista de casi todos los partidos del equipo londinense, expresó un argumento capital durante el Chelsea-Liverpool para entender el porqué de este equipo: la afición rinde pleitesía al portugués por títulos pasados, pero sobre todo porque le ha dado un estilo muy exclusivo en un club sin apenas historia. Por eso, dice Gaby, en un Madrid centenario los planteamientos de Mourinho chocaron de frente desde el inicio, porque jugar con el balón no es un principio básico para el entrenador, ni siquiera se puede llamar principio. Y, de momento, le funciona en su nueva etapa británica. El Chelsea juega con su naturaleza salvaje de intensidad y correr hasta la extenuación. Futbolistas de corte fino como el belga Hazard, Fernando Torres o el mismo Oscar han entendido que para ganarse el favor del entrenador no basta con golear o calibrar un pase de cuarenta metros, deben hartarse a presionar sin balón cubriendo todos los palmos del campo. Sólo así falla el rival.

El portugués trabaja con la tranquilidad balsámica de que en Stamford Bridge nadie osará a pitarle si ordena un repliegue descarado, como en la segunda parte contra el Liverpool. Al revés, la gente le ovaciona por cada decisión, sabiendo que el único interés importante es la victoria. El resto sobra. Sin ir más lejos, hace temporada y media el Chelsea se proclamó campeón de Europa profanando el Allianz Arena en las narices del Bayern; es el recuerdo del público, lejos del fútbol blue que fraguó aquella Champions. La prensa española se deshace en elogios hacia la vocación goleadora del Manchester City de Pellegrini y los bailes de salón que proponen los pupilos gunners de Arsene Wenger. Ambos son las noticias atractivas de la Premier, por eso, el Chelsea vive plácidamente en el rol de tapado, de equipo oscuro que apenas saca quince o veinte segundos de resumen en los telediarios. Es el plan perfecto de Mourinho: ganar sin llamar la atención en el césped, para eso ya está él delante de las cámaras.

Al Chelsea le encanta embarrarse, tanto si recibe al Sunderland como al City. El rival sólo difiere en la cantidad de prevenciones defensivas que tiene que planear. Por ejemplo, colocar a David Luiz, uno de los mejores centrales del momento, en el centro del campo para barrer a los centrocampistas del Liverpool es una genialidad de Mourinho. A Pellegrini casi le cuesta el partido en la jornada anterior y, por eso, Mou tomó nota. Otro caso palmario del axioma de jugar hasta morir es Eto’o, sustituido casi al final de la victoria contra el Liverpool porque casi iba cojeando del tute que se metió arriba y abajo. Su mayor recompensa fue un gol, pero Mou le dio más valor a los 10 o 11 kilómetros que recorrió el camerunés buscando el balón como un rottweiller. Hazard es otra estrella que ha espabilado rápido de la mano de su entrenador: perdido en el limbo cuando su equipo se ponía en plan defensivo, este año se está pegando un buen puñado de esprints cuando pierde un balón. Quizá Juan Mata aún tenga que comprender la sensación de agonizar de cansancio. Es el más talentoso del equipo con la pelota en los pies, pero ya sabe que no es más que un ligerísimo detalle en la mole física que alimenta su entrenador. Ayer se enfadó con el cambio, es entendible, pero casualidad o no, sin él llegaron los goles. A Mata le gusta el fútbol de calma y construcción, justo al contrario que el ‘deconstruído’ de Mourinho. Y por lo visto hasta la fecha, no es nada extraño que el entrenador conciba a Mata como un arma sorpresa para las segundas partes; o sea, de ‘banquillero’ de lujo.

Personajes que no pueden faltar en Champions

Jueves, 12 Diciembre 2013

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1.“El único objetivo era no ganar la Europa League y se ha cumplido”. Sea en Madrid o Londres, José Mourinho no ha perdido ni un ápice de su labia incisiva. El recado lo soltó anoche, después de la victoria del Chelsea y la eliminación del Nápoles de su viejo enemigo Rafa Benítez. Pero lejos de sus habituales discursos triunfalistas, Mourinho sorprendió a la prensa inglesa con una realidad demoledora: “el principal objetivo es asegurarse una plaza entre los cuatro primeros de la Premier”. Sin mentar posibles títulos futuros, emuló a su colega Simeone: del ‘partido a partido’ del Cholo al step by step de Mou. Él lo tiene claro: Bayer, Barça y Madrid son lo favoritos. Casualidad o no, los dijo en ese orden, aunque tratándose del portugués, suena a una lista premeditada. Quien no estará muy de acuerdo es su jefe Roman Abramovich, que cedió el testigo de millonario despilfarrador al jeque del Paris Saint Germain, pero que también ha extendido un puñado de cheques para que el Chelsea se esfuerce en hacer algo más que “quedar entre los cuatro primeros”.

2. El Chelsea juega rematadamente mal, pero también lo hizo con Di Matteo y un cabezazo furtivo de Drogba les dio la Champions en la casa de la gran mole de esta Chamnpions, el Bayern. Curiosamente, los alemanes son vigentes campeones por aplastamiento; con Heynckes, no necesitaron esos chispazos de suerte que deciden un campeón. Y parece que esta edición acabará irrevocablemente en unas semifinales con elllos, Madrid y Barça. El cuarto podría bailar entre PSG según se le antoje a Ibrahimovic, el Mark Lenders del equipo; el propio Chelsea de Mou del que todavía se venera en Madrid su gen competitivo o un Manchester City, que da la sensación de que es un chaval de 18 años al que su padre le acaba de comprar un porsche. Tan pronto toma una curva como si fueran raíles, como se estrella a 200 km por hora. Su plantilla barnizada de oro todavía no le ha cogido el tranquillo a combinar bien Premier y Europa.

3. La Champions vuelve a delatar al Calcio. Sigue siendo una liga desvencijada a pesar del comienzo fulgurante de la Roma y la frescura española del Nápoles de Benítez. La Juventus se quedó en el camino justo cuando Fernando Llorente comenzaba a ser algo más que bello; el Nápoles fue decapitado como un samurai, es decir, con todos los honores de guerra, y solo ante el peligro queda una pésima calcomanía de lo que fue el último gran Milan, no el de Sacchi sino el del Ancelotti. Sinceramente, da pena la eliminación de un Nápoles que había ilusionado a su ferviente afición con despojos de otros clubes: Reina, cedido por el Liverpool, y Callejón, Albiol e Higuaín sin más oportunidades en el Madrid. Sin embargo, se queda en la elite el descarado Dortmund de Jürgen Klopp,  genio y figura de este mundillo y cuyas ruedas de prensa son las preferidas por los periodistas. Las suyas, y las de Mourinho, por supuesto.

4.Huele a una Champions con semifinales muy españolas, pero basta mentarlo para que alguno se atragante antes. El Madrid está predestinado a llegar a Lisboa (la final), de lo contrario, volverán a azotar tormentas apocalípticas. Y en el empeño, Cristiano necesita de Xabi Alonso para cortocircuitar ese ordenador cuasi perfecto que ha programado Guardiola en Munich. Su sombra sigue incordiando en Barcelona: con Tito la prensa mantuvo un respeto solemne, pero al Tata le ven como un intruso que debe salir tan rápido como entró. Neymar podrá acaparar las portadas del momento, pero al final todo depende del de siempre, que andando o corriendo, revienta cualquier partido un palmo de césped. Por algo, Messi fue o es, cuestión de gustos, el mejor, el único.  Y el Atlético se ha ganado su dosis de credibilidad; ninguna sospecha para quien afronta ultimátum y partidos de padres e hijos como un rottweiler rabioso con espuma por la boca. Se deja los huevos y gana; no se los deja, y también. No sucedía antes, por eso, este Atleti también ha entrado en el juego de la silla y tiene muchísimas posibilidades de no quedarse sin asiento.

“Algo ha cambiado ya” en la Premier

Jueves, 18 Julio 2013

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Roberto Martínez está entusiasmado con la marabunta española que está arrasando en la Premier League. El flamante entrenador del Everton no se imaginaba ni de coña que, casi dos décadas después de su osadía, la mayoría de futbolistas españoles quedarían prendados de la cultura anglosajona, hasta hace poco incómoda para un latino, y sobre todo, de un producto de marketing tan bien vendido como la Champions League. Porque la liga inglesa no sólo es un reclamo publicitario vendido a gran escala (número uno en ventas en China, Japón y el Sudeste asiático), sino que los mejores jugadores quieren sentir en su carnes el estruendo de The Kopp en Anfield, pisar el ‘Teatro de los sueños’ o codearse con la jet set del barrio de Chelsea. Bobby Martínez todavía se acuerda de la aventura de los ‘Three amigos’ en el Wigan: Juan Seba, del Zaragoza, e Isidro Díaz y él, ambos del Balaguer, decidieron fichar por el Wigan en 1995. Entonces, este equipo jugaba en cuarta división, pero la prensa nacional llamó la atención de los tres españoles que habían desembarcado sin apenas chapurrear el idioma. “No fuimos los primeros”, recuerda Martínez; “me acuerdo que cuando jugaba en el filial del Zaragoza, el primer equipo fichó a Nayim, el ceutí que había estado en el Tottenham cinco temporadas”. Y es verdad, Nayim, el del golazo de la Recopa del 95, flipa en colores cuando recuerda los años en White Hart Lane: “Me salieron varios partidos buenos contra el Arsenal, por eso gusté a la afición”, recalca el ceutí siempre que alguien le pregunta por su carrera en Inglaterra. Él rompió la baraja y, por eso, es justo que se le recuerde como el pionero.

“Llegué a sentirme más solo que la una”, suelta con sinceridad el ‘Chapi’ Ferrer. Fichado por un Chelsea todavía sin la ostentosa influencia de Abramovich, para el ex defensa del Dream Team de Cruyff el idioma fue su particular martillo pilón durante los primeros meses en Londres. Con entrenamientos en inglés y, por supuesto, las charlas, tuvo que espabilar demasiado rápido. Y así lo hizo durante cinco años completos, los que señalaba su contrato. La ventaja que tuvo Ferrer es que él era uno de los mejores laterales derechos en Europa, por lo que no le fue difícil ocupar la titularidad las primeras temporadas. Además, ninguno de sus entrenadores fue británico porque compartió vestuario con Ruud Gullit y los italianos Gianluca Vialli (que hizo de entrenador-jugador) y Claudio Ranieri. Al menos, con estos últimos no tuvo que esconder la precariedad del idioma. Y justo un año después de la salida de Ferrer, el Liverpool cambió para siempre su historia con Mister Rafa (Benítez). Tal ha sido el arraigo del entrenador español con la ciudad y la afición, que aún hoy tiene fijada su residencia oficial en Liverpool, donde vive su familia, Nápoles se intuye como una estancia temporal. La conversión de Benítez de ciudadano español a británico ha sido tan perfecta que, hoy día, en cualquier entrevista se le escapa la muletilla de ‘¿Cómo lo decís vosotros?’ cuando quiere traducir una expresión del inglés al español. Si bien los casos de Nayim, los ’Three Amigos’ y Ferrer fueron peregrinos, Rafa Benítez abrió la puerta a toda esa riada incesante de jugadores que quieren probar la experiencia de Las Islas. Su primer Spanish Liverpool con Xabi Alonso, Luis García, Josemi, Antonio Núñez y Morientes dio para escribir infinitas historias sobre la comuna española que había levantado el técnico en territorio extranjero.

Y si parecía que la fábula española de Liverpool (aderezada también con Pepe Reina y Fernando Torres) jamás se iba a repetir, este verano Michael Laudrup ha repetido tendencia montando un Swansea casi genuinamente español. Gales, país del club, ha sido tomada por siete españoles: los veteranos de un año Michu, Pablo Hernández, Chico Flores y Rangel se encargarán de hacer novatadas a Jordi Amat (Espanyol) y los béticos Pozuelo y Cañas. Durante estos días, Granero podría convertirse en el octavo pasajero, pero eso ya no extrañaría a nadie. Porque los primeros que ven la influencia española allí como algo normal y no una moda son Roberto Martínez, que ha echado broncas a vestuarios casi cien por cien nativos y, por supuesto, Benítez que repitió su toque español en la pasada final de la Europa League con Torres, Mata y Azpilicueta en el once titular del Chelsea campeón. “Algo está cambiando o, mejor dicho, algo ha cambiado de una vez por todas”, sentencia el mister del Everton. Ayer Negredo firmó el contrato de su vida con el Manchester City, hoy un buen puñado de colegas de profesión sueña con hacer lo mismo en la Premier. ¿La Liga española se oxida? Claro que no, pero que no nos quiten a Cristiano o Messi…por si acaso.

Ancelotti, el fútbol y los placeres de la vida

Martes, 25 Junio 2013

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“No estoy preocupado por mi puesto, pero no sé hasta cuando Roman Abramovich mantendrá la paciencia. Obviamente ahora no estará feliz: yo tampoco lo estaría”. Muy pocas veces un entrenador de alto nivel y salario estratosférico se resigna a describir su cruda realidad sin poner objeciones ni excusas baratas. Y en el caso de Carlo Ancelotti, sus declaraciones suelen ser francas y creíbles, dada su apariencia bonachona y afable. No es un tipo que caiga mal al público; al revés, en París aprendió rápido el francés y suele hablarlo para bromear con los periodistas que siguen al Paris Saint Germain. Si Fabio Capello siempre ha alardeado del carácter de Clint Eastwood en El Sargento de Hierro, Carletto busca momentos de hilaridad para cortar la tensión. Así lo demostró en su última rueda de prensa de Champions, cuando en medio de la tormenta de rumores que colocaban a Mourinho en el banquillo parisino, ironizó sobre una información de L’Equipe que aseguraba que el portugués había enviado al PSG vídeos sobre el Barça, su rival en los pasados cuartos de final. “Todavía estoy esperando los informes del portugués”. Las risas en la sala de prensa contagiaron incluso al avinagrado delegado de la UEFA.

Es vox populi que Florentino Pérez exige unos requisitos imprescindibles en su permanente casting de entrenadores: dominio de egos en el vestuario, palmarés trufado de títulos y, sobre todo y a tenor de los últimos tiempos, ser buen relaciones públicas (facultad importantísima dada la guerra de obuses entre Mourinho y la prensa). Desde luego, Ancelotti no va a perder el tiempo en enfrascarse en un fuego cruzado contra los periodistas porque, como suele decir, “mi primer hobby es el fútbol y el segundo, disfrutar de los placeres de la vida”. No obstante, hay aficionados que no entienden su filosofía, como por ejemplo, una socia del Chelsea que no consintió que el propio Ancelotti se sentara en su asiento de Stamford Bridge durante un partido del equipo sub-18. “Entiendo el enfado de la señora, va con el cargo”, explicó el técnico italiano cuando le preguntaron por la anécdota. Ocurrió durante su segunda temporada en Londres, en la que no ganó ningún título.

Ancelotti no ha sido novedoso en los despachos del Bernabeu. Su nombre sonó con fuerza en los últimos tiempos de su primer mandato, cuando el galacticidio devoró a Queiroz, Camacho, García Remón, Vanderlei Luxemburgo y López Caro. Pero las exquisitas relaciones entre Adriano Galliani y Florentino impidieron el fichaje del entonces entrenador milanista. Allí todavía es venerado por una hinchada que vivió días de vino y rosas con dos Champions y, en el extremo opuesto, una catástrofe de proporciones bíblicas: la increíble derrota de Estambul contra el Liverpool de Rafa Benítez. Su obsesión siempre ha apuntado a la Champions, tal como le gusta a Florentino; de ahí que su bagaje en el Calcio haya sido un solo campeonato en casi una década. Pero los tiffosis van más allá y le agradecerán eternamente tres gestos: haber pulido al mejor jugador italiano del siglo XXI, crear a un Balón de Oro y regalar al público un futbolista que ha antepuesto el Milan a su propia vida. Porque, primero, nada más fichar por el Milan en 2001 pidió a Galliani el fichaje de un media punta desorientado del Brescia. Ancelotti intuía que en ese chaval melenudo de 22 años había talento para moldear un centrocampista único en visión de juego y pases calibrados. No se confundió y Pirlo relevó a Del Piero como el mejor de los últimos tiempos. Sin embargo, para madurarlo, necesitaba un escudero, un perro de presa que permitiese a Pirlo lucir su talento liberado de los molestos marcajes al hombre que tanto se estilan en el Calcio. Y ahí entró en juego Gattuso, un bulldog que ha llorado con cada derrota rossonera y se ha extasiado con las victorias. El Milan o la vida, ésa ha sido siempre la disyuntiva de Gattuso y, evidentemente, San Siro le tiene en un pedestal por sus huevos, ni más ni menos.

El último milagro de Ancelotti lo resume a la perfección el propio técnico en una de sus biografías autorizadas, Preferisco la Coppa, Vite, partite e miracoli di un normale fuoriclasse (Prefiero la copa, vida, partidos y milagros de un crack normal): “Me habían dicho de un chavalín en Brasil, muy bueno, pero al cual no conocía. Por su nombre parecía un predicador. Se trataba de un fichaje a ciegas, lleno de buenas palabras. Pero necesitaba hechos…Kaká llegó a Malpensa y me llevé las manos a la cabeza: gafas, repeinado, cara de buen tío, sólo le faltaba una cartera con la merienda y un libro. Habíamos fichado a un estudiante universitario. Bienvenido al Erasmus de Milan”.  Así describe Carletto su primera imagen del futbolista nodriza del Milan durante un buen puñado de años, hasta que Florentino extendió un cheque de 66 millones de euros. Unos párrafos más adelante, el entrenador se rinde al sentido común: “Con el balón en los pies era monstruoso. Dejé de hablar porque, simplemente, no me salían las palabras. El testigo de Jehová era en realidad un tío que hablaba con el Señor”. Cuentan que Ancelotti quedó prendado de él con un lance inolvidable: en uno de sus primeros entrenamientos, Kaká pugnó un balón con Gattuso y éste, al ver que lo perdía, le dio un empujón terrorífico. El brasileño continuó la jugada y el potro italiano simplemente se resignó diciendo ‘¡A tomar por culo!’. Kaká había pasado su bautismo de fuego.

En su primera temporada en el Chelsea, Ancelotti tuvo el mismo ojo clínico con Sergio Ramos como lo tuvo con Pirlo. Pidió a Abramovich su fichaje porque le consideraba el futuro central de Europa. Se había encaprichado del lateral madridista y lo quería a toda costa para juntarlo con John Terry en el centro de la zaga. También demostró paciencia y mano abierta con Clarence Seedorf a quien rescató del Inter para obsequiarle con la última gran oportunidad de su vida. El holandés se lo agradeció con una forma física de ciencia ficción que alcanzó hasta la treintena. Y otros a los que considera amigos son Drogba y el Pippo Inzhagi; su devoción por ambos quedó revelada el año pasado, cuando se metió en camisa de once varas opinando del fracaso de Fernando Torres en el Chelsea: “Drogba es un excelente futbolista y es como Inzhagi en el Milan: devora a cualquier competidor. Simplemente es así y ahora Drogba devora a Fernando Torres”. A veces la franqueza le pierde pero, a estas alturas, Ancelotti no va a cambiar su carácter ni sus gustos melómanos ni gastronómicos (suele acudir a restaurantes con estrella Michelín o que la aparenten). ¡Que se vayan preparando el Zalacaín, De María y Txistu! Llega Ancelotti. 

Un precio demasiado alto

Lunes, 20 Mayo 2013

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José Mourinho siempre se ha regido por un principio que cautivó al mundo del fútbol americano a finales de los cincuenta. La idea (y la frase exacta) vino motivada por ‘el motivador’, valga la redundancia. Vince Lombardi, el mejor entrenador en la historia de ese deporte, dejó para la posteridad una declaración de intenciones que hoy día es el maná ideológico para las grandes multinacionales norteamericanas: “Para alcanzar el éxito, en cualquier cosa que te propongas, has de pagar un precio, a veces muy alto”. Lombardi consiguió transformar un equipo mediocre, los Green Bay Packers, en uno de las dinastías más recordadas en el Salón de la Fama del fútbol americano, ganando cinco campeonatos durante la década de los sesenta. Pero el mérito de este entrenador fue cambiar la actitud de sus jugadores, convenciéndoles de que eran mucho más competitivos de lo que demostraron en las temporadas anteriores; esos títulos los ganaron los mismos hombres que años antes eran silbados e insultados sin piedad en su propio estadio. Mourinho entendió el mensaje con olor maquiavélico en el Chelsea, Inter de Milan y, por supuesto, en el Madrid. Así se lo transmitió a Florentino Pérez; no en vano, el presidente se dejó seducir por el brillo del currículum del portugués. Sabía que tarde o temprano el carácter volcánico de Mourinho le obsequiaría con títulos, quizá la ansiada ‘Décima’. Lo que jamás intuyó el presidente es que él mismo se haría cómplice del entrenador en la filosofía Lombardi: “Ganar no lo es todo; es lo único”…pero a un precio demasiado caro.

Un directivo actual del Real Madrid auguró noches orgiásticas en el Bernabeu con la llegada de Mourinho; se confundió, claro. Y tampoco atinó cuando, emocionado por aquel abrazo entre el portugués y Materazzi en el parking del estadio minutos después de conseguir la Champions, imaginó con preocupación un futuro post-Mourinho. Los precedentes en Londres y Milan corroboraban su tesis: en septiembre de 2007, días después de que Roman Abramovich le despidiese, el núcleo duro del Chelsea, representado por John Terry, dijo que “el corazón del Chelsea se vería afectado por la marcha del técnico” y que “sería difícil recuperar el espíritu que Mourinho trajo”. Abramovich y su empleado formaron un matrimonio sólido, creíble, casi idílico. Sin embargo, el multimillonario ruso quiso meter mano en la piña que había logrado Mourinho, endilgándole a Shevchenko, y fue en ese punto cuando se desataron las hostilidades que acabaron en su marcha un año después. Con el presidente Moratti fue diferente: Mourinho fue coronado césar en Milan y, en fatal consecuencia, sus ínfulas de poder alcanzaron cotas inimaginables. Si hubiera permanecido en el Inter, su egocentrismo se habría estancado; hacía falta un reto más ambicioso: el Real.

El pasado jueves, víspera de la final de Copa, Florentino Pérez acudió a un acto protocolario junto a Enrique Cerezo en el ayuntamiento de Madrid. Coincidía a la misma hora que la esperada rueda de prensa de Mourinho en el Bernabeu. Justo en el instante que el club anunció que sólo comparecería Sergio Ramos, varios periodistas que estaban en el ayuntamiento se lo comunicaron al presidente para sorpresa de éste. El gesto de Florentino fue de resignación, como si quisiera decir: “Bueno, una más”.  Puede que en estos días de penitencia merengue, el mismo mandatario que fichó a Mourinho y le invitó a subir a su coche segundos después de que éste llorase abrazado a Materazzi, piense que ha sido devorado otra vez por un monstruo creado por él mismo. Lo confesó la noche que dimitió por ko técnico en 2006, alcanzado por la onda expansiva del galacticidio. Es muy improbable que repita el error público de contarlo; sobre todo, porque no le conviene llevarse mal con Mourinho en versión pendenciera. Así que, una vez que el PSG acuerde con Ancelotti la salida de éste, a Florentino le bastará decir delante de un micrófono: “Mourinho, gracias por los servicios prestados”. Esperamos que no añada “ésta seguirá siendo tu casa”, por el bien de Casillas, Ramos, los portugueses…En fin, de todos.  

Ancelotti, nuevo gentleman en el Bernabeu

Lunes, 29 Abril 2013

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“No estoy preocupado por mi puesto, pero no sé hasta cuando Roman Abramovich mantendrá la paciencia. Obviamente ahora no estará feliz: yo tampoco lo estaría”. Muy pocas veces un entrenador de alto nivel y salario estratosférico se resigna a describir su cruda realidad sin poner objeciones ni excusas baratas. Y en el caso de Carlo Ancelotti, sus declaraciones suelen francas y creíbles dada su apariencia bonachona y afable. No es un tipo que caiga mal al público; al revés, en París aprendió rápido el francés y lo suele hablarlo para bromear con los periodistas que siguen al Paris Saint Germain. Si Fabio Capello siempre ha demostrado su apariencia de Clint Eastwood en El Sargento de Hierro dentro y fuera del campo, Carletto busca momentos de hilaridad para cortar la tensión. Así lo demostró en su última rueda de prensa de Champions, cuando en medio de la tormenta de rumores que colocaban a Mourinho en el banquillo parisino la próxima temporada, ironizó sobre una información de L’Equipe que aseguraba que Mou había enviado al PSG vídeos sobre el Barça, su rival en cuartos de final. “Todavía estoy esperando los informes del portugués”. Las risas en la sala de prensa contagiaron hasta al avinagrado delegado de la UEFA.

Anoche Joseba Larrañaga anunció en El partido de las 12 que Ancelotti será el entrenador del Real Madrid la próxima temporada. Ya hay acuerdo pero todavía no está firmado. Es vox populi que Florentino Pérez exige unos requisitos imprescindibles en su permanente casting de entrenadores: saber dominar los egos de un vestuario, lucir palmarés, mantener un prestigio acorde a la imagen del club y, sobre todo y a tenor de los últimos acontecimientos, ser buen relaciones públicas (facultad importantísimo dada la guerra de obuses entre Mourinho y la prensa). Desde luego, Ancelotti no va a perder el tiempo en enfrascarse en un fuego cruzado contra los periodistas, porque, como suele decir, “mi primer hobby es el fútbol y el segundo, disfrutar de los placeres de la vida”. No obstante, hay aficionados que no entienden su filosofía, como por ejemplo, una socia del Chelsea que no consintió que el propio Ancelotti se sentara en su asiento de Stamford Bridge durante un partido del equipo sub-18. “Entiendo el enfado de la señora, va con el cargo”, explicó el técnico italiano cuando le preguntaron por la anécdota. Ocurrió durante su segunda temporada en Londres, en la que no ganó ningún título.

Ancelotti no es ninguna novedad en los despachos del Bernabeu. Su nombre sonó con fuerza en los últimos tiempos de su primer mandato, cuando el galacticidio devoró a Queiroz, Camacho, García Remón, Vanderlei Luxemburgo y López Caro. Pero las exquisitas relaciones entre Adriano Galliani y Florentino impidieron el fichaje del entonces entrenador milanista. Allí todavía es venerado por una hinchada que vivió días de vino y rosas con dos Champions, y una catástrofe de proporciones bíblicas; la increíble derrota de Estambul contra el Liverpool de Rafa Benítez. Su obsesión siempre ha apuntado a la Champions, tal como le gusta a Florentino; de ahí que su bagaje en el Calcio haya sido un solo campeonato en casi una década. Pero los tiffosis van más allá y le agradecerán eternamente tres gestos: haber pulido al mejor jugador italiano del siglo XXI, crear a un Balón de Oro y regalar al público un futbolista que ha antepuesto el Milan a su propia vida. Primero, nada más fichar por el Milan en 2001 pidió a Galliani el fichaje de un mediapunta desorientado del Brescia. Ancelotti intuía que en ese chaval melenudo de 22 años había talento para moldear un centrocampista único en visión de juego y pases calibrados. No se confundió y Pirlo, hoy en la Juventus, relevó a Del Piero como el mejor de los últimos tiempos. Pero Pirlo necesitaba un escudero, un perro de presa que le permitiese lucir su talento libre de los molestos marcajes al hombre que tanto se estilan en el Calcio. Ahí entraba en juego Gattuso, un bulldog que ha llorado con cada derrota rossonera y se ha extasiado con los éxitos. El Milan o la vida, ésa ha sido siempre la disyuntiva de Gattuso y, evidentemente, San Siro le tiene en un pedestal por sus cojones, ni más ni menos.

El último milagro de Ancelotti lo resume a la perfección el propio técnico en una biografía suya, Preferisco la Coppa, Vite, partite e miracoli di un normale fuoriclasse (Prefiero la copa, vida, partidos y milagros de un crack normal): “Me habían dicho de un chavalín en Brasil, muy bueno, pero al cual no conocía. Por su nombre parecía un predicador. Se trataba de un fichaje a ciegas, lleno de buenas palabras. Pero necesitaba hechos…Kaká llegó a Malpensa y me llevé las manos a la cabeza: gafas, repeinado, cara de buen tío, sólo le faltaba una cartera con la merienda y un libro. Habíamos fichado a un estudiante universitario. Bienvenido al Erasmus de Milan”.  Así describe Carletto su primera imagen del futbolista nodriza del Milan durante un buen puñado de años, hasta que Florentino extendió un cheque de 66 millones de euros. Unos párrafos más adelante, el entrenador se rinde al sentido común: “Con el balón en los pies era monstruoso. Dejé de hablar porque, simplemente, no me salían las palabras. El testigo de Jehová era en realidad un tío que hablaba con el Señor”. Cuentan que Ancelotti quedó prendado de él con un lance inolvidable: en uno de sus primeros entrenamientos, Kaká pugnó un balón con Gattuso y éste, al ver que lo perdía, le dio un empujón terrorífico. El brasileño continuó la jugada y el potro italiano soltó un “¡A tomar por culo!”. Kaká había pasado su bautismo de fuego.

En su primera temporada en el Chelsea, Ancelotti tuvo el mismo ojo clínico con Sergio Ramos como con Pirlo. Pidió a Abramovich su fichaje porque le consideraba el futuro central de Europa. Se había encaprichado del lateral madridista y lo quería a toda costa para juntarlo con John Terry en el centro de la zaga. También demostró paciencia y mano abierta con Clarence Seedorf a quien rescató del Inter para obsequiarle con la última gran oportunidad de su vida. El holandés se lo agradeció con una forma física de ciencia ficción hasta haber cumplido la treintena. Y otros a los que considera ‘amigos’ son Drogba y el Pippo Inzhagi; su devoción por ambos quedó revelada el año pasado, cuando se metió en camisa de once varas opinando del fracaso de Fernando Torres en el Chelsea: “Drogba es un excelente futbolista…Pero es como Inzhagi en el Milan: devora a cualquier competidor. Simplemente es así y ahora Drogba devora a Fernando Torres”. A veces la franqueza le pierde pero, a estas alturas, Ancelotti no va a cambiar su carácter ni sus gustos melómanos ni gastronómicos (suele acudir a restaurantes con estrella Michelín o que la aparenten). ¡Que se vayan preparando Zalacaín, De María y el Txistu! Llega Ancelotti. 

Un buen plan

Lunes, 21 Mayo 2012

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Otto Rehhagel fue preguntado en la víspera de la final de la Eurocopa 2004 si su selección, Grecia, tenía alguna posibilidad de ganar a la anfitriona, Portugal. Curiosamente, la pregunta ocurrente la hizo un periodista griego para asombro del seleccionador, porque nadie, ni siquiera la prensa partidaria del ‘antifútbol’ heleno, creía en el cuarto milagro. El primero fue pasar de grupo dejando a España en la cuneta; el segundo, echar a la Francia de Zidane con una ocasión en noventa minutos; el tercero supuso el triunfo del orden espartano ante el talento checo y el cuarto debía ser repetir un ‘maracanazo’ versión portuguesa. Rehhagel tardó en contestar la cuestión de marras y después de unos segundos soltó un escueto y ambiguo ‘quizás’. Grecia ya había recreado las grandes epopeyas de Homero y una derrota en la final no iba a dramatizar ni un ápice los fastos preparados en Atenas.

Rehhagel revirtió el orden lógico del fútbol tumbando a Portugal y demostrando que no siempre prima el espectáculo circense (que se lo pregunten a la Holanda de Cruyff). Una defensa rocosa, una táctica encorsetada sin fisuras y un juego aéreo imponente fueron los recursos que exprimió la llamada ‘cenicienta’ del torneo. Precisamente, el técnico alemán llegó a la sala de prensa minutos después de levantar la copa en el césped de La Luz con el pecho henchido y buscando al periodista griego de la pregunta impertinente….”Pregúnteme otra vez si Grecia puede ser campeona”, le conminó con contundencia al reportero heleno, quien se vio forzado a pedir disculpas por su falta de fe. “La Eurocopa es el premio a tres años de trabajo”, espetó el seleccionador , quizás aprovechándose del oportunismo de la victoria. La prensa griega entendió en ese momento que debía andar con pies de plomo con Rehhagel, no fuera que éste respondiera a cañonazos.

El pasado viernes Roberto Di Matteo también aguantó la misma pregunta, pero en vez de poner cara de alucinado, el entrenador del Chelsea esbozó una sonrisa irónica…”¿Que si el Chelsea puede ganar la final? Mis jugadores tienen todas las cualidades que necesitan para llevarse el título”. La pregunta la hizo a propósito un alemán para corroborar el favoritismo absoluto del Bayern. Pasada la medianoche del sábado, Di Matteo compareció en la sala de prensa del Allianz Arena para rendir pleitesía a todos y cada uno de sus futbolistas; ni siquiera se molestó en buscar al osado periodista. Es más, en esa respuesta que dio en la víspera estaba el truco de su Chelsea: ¿cualidades? Un cabezazo de Drogba y un Benjamin ‘paralotodo’ Price en la portería. El sustituto de Villas-Boas no había mentido en las claves de su equipo, simplemente había ocultado sus dos órdagos, el del bigardo marfileño y Cech.

Y al igual que Grecia en 2004,  el triunfo del Chelsea no ha sugerido ni un solo aplauso y sí innumerables discusiones planteadas como si el buen fútbol estuviese en peligro de extinción. La coartada más escuchada es que el equipo de Abramovich merecía una Champions por cinco años de esfuerzo; la nostalgia por la quimérica final Real Madrid-Barça también ha servido de argumento para ennegrecer el partido de Munich. Evidentemente, a Di Matteo le importan un comino todas esas habladurías: se comió el marrón de levantar un equipo en descomposición y lo ha adiestrado para pasar eliminatorias con el beneplácito de la vieja guardia encarnada en Terry, Lampard y su dichoso Drogba. “Hemos tenido suerte, eso es todo”, resumió el técnico italo-suizo. Otra vez el ‘antifútbol’ o, simplemente, un buen plan para ganar partidos.

No es que sea injusto, es fútbol

Mircoles, 25 Abril 2012

Todo olía a Mourinho en el Camp Nou…Di Matteo y el catenaccio más descarado que se recuerda desde el Barça-Inter del 2010, la ubicación de Fernando Torres en el lateral izquierdo a imagen y semejanza de la de Eto’o en aquella semifinal, la sombra alargada del 1-2 del pasado clásico, el estado de psicosis que sufrió el Barça cuando Messi falló el penalti y, quizás, el recelo de observar desde la barrera cómo el máximo rival se acerca a la restauración monárquica que Florentino encargó a su entrenador.

Es la ley no escrita del fútbol: los azulgranas enjaularon al Chelsea y propusieron un fútbol metódico y paciente, parecía un equipo de balonmano basculando de un lado a otro hasta encontrar disparo. Pero desde que Arrigo Sacchi soltase aquello de que ‘la Champions no perdona’, un solo gol lo cambia todo y el Chelsea alardeó de lo que nunca se le ha achacado al Madrid: capacidad para matar. Además, en Londres todavía quedan reminiscencias del efecto Mourinho; a los blues les importa un comino ignorar el balón y colgarse del larguero para defender a ultranza un resultado. Lo demostraron en la ida y no iba a ser menos en Barcelona. Ellos mejor que nadie saben que la Champions recuerda a su ganador, lo demás no tiene ninguna trascendencia. Y Abramovich ha tenido que despilfarrar más de mil millones de euros (se dice pronto) para conseguir una segunda oportunidad de levantar la gran corona. (more…)

Esperando otro fusilamiento

Jueves, 19 Abril 2012

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Ochenta por ciento de posesión, pero ganó el equipo al que le abrasaba el balón; veinticuatro disparos, pero fue Drogba quien enganchó uno por sorpresa; 740 pases correctos de 900 posibles, y el Chelsea se metió en el área de Valdés en apenas tres toques….estadísticas demasiado contundentes que evidencian un mal día del Barcelona. Porque si Messi continúa con su mal fario en Londres significa que a los azulgranas les faltó pegada, esa virtud de la que abusa el Madrid aún cuando no juega bien. Gustavo Poyet, ex futbolista del Chelsea y amigo íntimo del entrenador Di Matteo, lo intuyó desde un principio: “Hablé con el entrenador del Chelsea hace una semana y podría adivinar cómo le jugará al Barça”, espetó entre risas en El partido de las 12 de COPE. Su indirecta delataba que jugarían con un cerrojazo blindado y a la espera de que cayese en gracia algún ataque. Y a tenor de lo visto en Stamford Bridge, el planteamiento de Mourinho en la semifinal Barça-Inter del 2010 podría ser una broma comparado a lo que prepara el Chelsea. El Barça no debe rallarse la cabeza: sin traicionar un ápice su esencia, podrá probar a Cech otra vez e intentar hacerle menos internacional de lo que fue anoche.

Tan sólo un matiz: Messi y Xavi abusaron de ataques frontales y apenas buscaron a Dani Alves en sus desdobles o a Iniesta inclinado en la izquierda. Porque aparte de Messi, el manchego era quien más expectativas de peligro creaba con el balón; la pena es que no asumiese galones más relevantes. Pero al Barça no le van los faroles: se mete hasta el área contraria con ese fútbol de salón que cuadra a base de infinitos pases de metro a metro y pulsa el botón de disparar casi a bocajarro. Da la sensación (por sacarle algún ‘pero’) que le falta un Cristiano Ronaldo o cualquier lanzador expeditivo que no se lo piense en el momento de soltar un zurriagazo de treinta o cuarenta metros. No obstante, la gracia del fútbol español es contar con dos estilos tan antagónicos y efectivos a la vez.

El Chelsea ha sido testigo de que alguna vez se alinean todos los planetas del sistema solar contra el Barça y que no basta con jugar hasta hartarse. Pero si Di Matteo propone otro suicidio semejante, la probabilidad no engaña: Cech se puede plantar en un fusilamiento total de más de cincuenta disparos. Claro que los blues tienen poco que perder: no todos son capaces de forzar al Barça a tope de revoluciones y eso es de agradecer. Porque el asedio que van a plantear los azulgranas pinta descomunal, aunque el Chelsea de Di Matteo se sienta como un cerdo en el barro en su cometido de despejar balones. Y de nada valdrá el consuelo de Guardiola argumentando que para él “la temporada está ganada” si el Barça no juega la final de Munich…quizás este Barça sea el único capacitado para levantar un buen puñado de Champions en tan poco tiempo. Sin embargo, 1-0 adverso y a esperar la vuelta.