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Intervenciones divinas

Martes, 22 Septiembre 2015

“Tendríais que ver un entrenamiento suyo, es un auténtico espectáculo. Tan pronto está volando de un palo a otro como salta desde el suelo, hace una voltereta y ataja un balón sin saber su dirección. Necesita dos camisetas por sesión porque la primera siempre queda empapada”. De una tacada Joaquín Caparrós describe cómo es el día a día de Keylor Navas. De la ciudad deportiva de Buñol a Valdebebas en silencio, sin armar bulla. La Biblia es su referencia y Dios su guía espiritual. Detrás de cada parada está su imagen divina; detrás de cada estirada, una oración. Reza al levantarse y al acostarse, y como los caminos del Señor son inescrutables, Keylor se entrena a tumba abierta, como si no hubiera mañana.  “Uno nunca será un gran portero o ‘porterazo’, como dicen ustedes, si no acaba el día empapado de sudor y manchado del verde de la hierba”.  El esfuerzo no se negocia (patente de Simeone), es el ritmo de su Pura Vida, el código con el que los costarricenses se identifican por el mundo.

La portería del Real Madrid todavía busca sucesor. La sombra de Casillas es demasiado alargada porque contra los mitos no se puede luchar. Pero Keylor sabe evadirse de ese grosero runrún y concentrarse en las medidas de la portería; “ni escucho, ni leo todo lo que me rodea”, dijo anoche en El Partido de las 12 de COPE. Y para un tío con una fachada relajada, que nunca ha roto un plato (su madre Sandra da fe), la efigie del ex capitán se mira con respeto y admiración, punto. Ni comparaciones odiosas ni recuerdos nostálgicos: el Bernabéu aplaude a rabiar la agilidad de su nuevo portero, al que la prensa aún no ha puesto apodo. La pantera de Manolo Lama le queda niquelada, a partir del miércoles comenzarán a escucharlo en sus narraciones. El proyecto Keylor Navas ha empezado impoluto, sin goles, y con un punto de inflexión crucial: el pasado 31 de agosto, cierre de mercado. Olía a noche fatídica para el costarricense, las sobras del plato que acapararía De Gea. Pero un ¿despiste burocrático? o la intervención divina retuvieron a Keylor en Madrid casi a punto de subirse a un avión con destino Old Trafford. “Lloré después de aquel día”, confesó a la COPE sin ruborizarse. Al fin y al cabo, que el Bernabéu le haya jaleado en dos partidos consecutivos, Betis y Granada, sólo tiene una razón: miren al cielo.

Keylor es un tipo agradecido y, siempre que puede, se deshace en elogios hacia su mentor, compatriota y entrenador de porteros de la selección nacional. En el 2010, un mito del Albacete Balompié, Luis Gabelo Conejo, convenció al presidente del club manchego, Rafael Candel, para que fichara a prueba a Navas. “Del aeropuerto de Barajas a mi despacho de Campollano, tal como hicimos con Conejo”, anunció Candel en la presentación del portero del ‘Alba’. Keylor puede detallar todos y cada uno de los partidos que jugó Conejo con el ‘Queso mecánico’ de Benito Floro de principios de los noventa: “He visto muchos vídeos de Conejo pero no en vivo porque tenía cuatro o cinco años”, contó en una charla desenfadada con periodistas costarricenses durante la primera semana del Mundial. Lo que sí guarda como una reliquia es una cinta resumen de su selección en el Mundial de Italia 90, donde Costa Rica sobrevivió en el grupo de Brasil, Escocia y Suecia con palomitas gloriosas del que fue guardameta de aquel coqueto ‘Alba’. “Lástima que Conejo no jugase los octavos contra Checoslovaquia”, suele contar el portero del Real Madrid, quien,  a pesar de su nueva y sobredimensionada exposición pública, no tiene reparos en coger el teléfono para responder a la prensa; ni siquiera en dar el número de su habitación del hotel de concentración para atender con más calma a cualquier entrevista durante el Mundial. Por algo, es profesional desde que se pone los guantes por la mañana hasta que se duerme leyendo pasajes bíblicos.