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Archivo de la categoría ‘Cristiano Ronaldo’

El Terror del Garden

Domingo, 27 Noviembre 2016

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Regresó el ‘Terror del Garden’ al Bernabéu. Mientras medio país le estaba animando a un plan de jubilación demasiado adelantado, su pegada confirmó que sin él todo huele a tierra quemada. Es el derecho divino que sólo se le puede atribuir al digno sucesor de Alfredo Di Stéfano. Las coartadas de los ingratos caen como castillos de naipes: 1) que si no marcaba goles decisivos. El de Lisboa valió una Champions, el hat trick del derbi enterró al sector cafre de twitter; 2) que si su físico se oxida. Quizás, pero mientras Benzema, Bale y medio vestuario visita a menudo la enfermería, los médicos tienen que convencerle para dosificar sus ansias. Cristiano Ronaldo ya no tiene la explosividad de Bale, de acuerdo, pero su instinto depredador sigue intacto. Ancelotti le sugirió amablemente probar de delantero centro y el portugués lo rechazó sin titubeos. Prefiere seguir cabalgando a treinta metros de la portería y no perder el oficio de francotirador. Con los años Leo Messi ha retrocedido su posición (acabará en la baldosa desde donde se manejaba Xavi Hernández) y Cristiano ahora es más decisivo rematando hasta un microondas desde el punto de penalti.

A Cristiano le suelen preguntar en zona mixta por qué nunca descansa. “Estoy bien, no hay motivo para parar”. Lo dice el mejor profesional de su oficio; entregado al culto de su cuerpo mañana, tarde y noche; obsesionado con romper la barrera del sonido y sacudirse las habladurías de segundón. En sus primeros años Rafa Nadal descansaba entre punto y punto lanzando bolas a los recogepelotas; era su manera de mantener el ritmo. Para CR7, cada jugada requiere su presencia porque él siempre está dispuesto a pedir el balón: un salto imposible, un paso atrás para cargar el tomahawk…Un ex peso pesado del vestuario cuenta que, durante las dos primeras temporadas de Mourinho, su fijación con ser el número uno llegaba a límites insospechados. Por ejemplo, cenar durante una concentración viendo al Barça en televisión, y tirar la servilleta al suelo instantes después de un gol de Messi. Y aunque su egolatría le ha causado odios por muchos campos, las ansias de superación mantienen su voracidad de tiburón blanco, sin que ningún Jefe Brody lo haya arponado todavía. A partir de hoy calibrará sus fusiles para la cacería del Camp Nou, y anoche le demostró a Florentino Pérez una teoría peligrosa para un club de casi 600 millones: el Madrid es Cristiano por tierra, mar y aire. Sin él, se asoma al Apocalipsis. Aunque lo misma dirán los merengues del Barça sin Messi. Sólo la estrella lusa puede evitar un cataclismo en el club y las supuestas terribles consecuencias en la planta noble del Bernabéu.

Rompe récords a la misma velocidad que agita pasiones y odios. Cristiano superó a Raúl con un promedio brutal y todavía arrastrará grilletes. Las plumas más afiladas le recriminan que trescientos y pico goles sólo han regalado una liga en siete años; su guardia pretoriana justifica la existencia de su antihéroe, Leo Messi, como Sebatian Coe necesitó a Steve Ovett para agigantar su grandeza. Le han llamado “goleador de partidos pequeños”: la memoria a corto plazo ignora su salto de gimnasta en aquella final de Copa de Mestalla o el último gol que enmudeció al Camp Nou y metió al Madrid en una liga inimaginable. Hay gente para todo. Llegará a cuatrocientos goles y aún sonará ese runrún ensordecedor y casposo de que juega para sí mismo. Es el tendido siete del Bernabéu que llegó a sospechar del mito Di Stéfano. Ya lo repite Manolo Sanchís hasta la saciedad: “Si han pitado a ‘La Saeta’, quién se puede librar”.

¿A qué juega el Madrid?

Domingo, 6 Noviembre 2016

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Ramón Mendoza despidió a su entrenador Radomir Antic porque “el Bernabéu se aburría cada domingo, incluso en las goleadas”.  La prensa no entendió por qué el equipo que lideraba la Liga agitaba el banquillo sin crisis por medio ni rebeldías de vestuario, pero el entonces presidente creyó que si el Dream Team de Cruyff se parecía al Circo del Sol, su Madrid merecía por lo menos la misma distinción. Mendoza fulminó a Antic y puso a Leo Beenhakker, cuyo funesto epílogo acabó en la primera Liga de Tenerife. Perdieron el campeonato en 45 minutos, pero una encuesta elaborada por la revista Don Balón entre los entrenadores de Primera concluyó que el Barça fue el justo campeón. ¿A qué juega el Madrid? Suele ser debate de barra de bar. Cualquier aficionado merengue espera que el club más mastodóntico de España divierta delante del televisor; quizá, no que juegue como el último Barcelona de Guardiola, pero sí que dé la impresión de rodillo, de sensación de acordeón que se pliega y despliega con estilo. En nuestro periodismo deportivo, cada vez más degradado, opinar del Madrid significa atacarle: porque uno puede decir que el aburrimiento es el patrón de juego y por inercia moral se moviliza una marabunta de tuiteros y/o haters restregándote que Zidane está invicto. Si osas escribir que Cristiano Ronaldo se tiene que desoxidar, de repente te avasallan con infinitas estadísticas de sus infinitos goles. Es la guerra mediática Madrid-Barça que ha cavado dos trincheras en las que no hay sitio en tierra de nadie; bueno, sí, quedarse callado. Opinar de ambos para bien o para mal es vivir una batalla entre jedis y siths, o estás conmigo o contra mí. Si hablas del mal de los blancos, aunque sólo de lo que suceda en el campo, prepárate para el pelotón de fusilamiento.

Una crónica poco marciana sería que un resumen televisivo de 1 minuto explica de sobra por qué el Madrid salió a contemplar cómo el Leganés se dejaba engullir por el “miedo escénico”. Hay jugadores cuyo P.V.P rondan los cien millones porque con apenas dos amagos sentencian un partido. Es el caso de Gareth Bale, en un estado de gracia que está salvando la marca BBC. Ajeno a cualquier odiosa comparación con Ronaldo, Florentino le fichó de número dos y su representante, Jonathan Barnett, le aconseja calma: el protagonismo absoluto estará a tiro en unos años. Su carácter hermético, demasiado anglosajón fuera de las Islas, impide que la prensa le dediquemos más tinta con esas chorradas que tanto nos gustan. Por ejemplo, los movimientos de CR7 sobre el césped no importan, sí su cabreo volcánico en la jugada que termina fallando Bale. Así es el negocio: o lo tomas o lo dejas. Por eso, se agradece que algún protagonista se harte y escupa un titular. Morata salió delante de las cámaras y ante la pregunta de su desafío con Benzema, no especuló: “Estoy cansado de lo de revulsivo”. Gran respuesta. Morata es el delantero centro que Cristiano no quiere ser y él  se aprovecha de esas ‘migajas’. Y mientras Benzema continúe en el limbo,  el canterano seguirá agradeciendo ese máster acelerado que le regaló la Juventus.

Sí, el Madrid ni pierde ni enamora. Quizá sea la poca motivación que supone reventar el cuento de hadas del Leganés, pero la grada merece cierta gratitud. Y la mejor forma de respetar al fútbol es intentar golear sin piedad a cualquiera, como en la noche de la Cultural. Viendo la primera media hora de partido, un ‘entrenador’ aficionado, o sea todos nosotros, pensaríamos que este Madrid se aburre atacando como si fuera un equipo de balonmano. Iniesta y Xavi Hernández podían sobar el balón hasta desgastar el cuero; en este equipo hasta Toni Kroos, pelotero por excelencia, recibe y suelta el balón en décimas de segundo. La leyenda de la posesión se va reduciendo a una mentira popular porque no es superior quien más pelota toca. Recuerdo una goleada del Barça al Rayo de Paco Jémez en la que los vallecanos sólo ganaron esa estadística, y parecía una gesta homérica. Zidane ha entendido que tiene una plantilla ergonómica para salir en estampida desde su propio campo; ¿qué el Madrid no puede jugar así? Pues con Mourinho marcaron 120 goles durante una temporada. La anarquía de los blancos está inspirada en los Harlem GlobeTrotters: el talento de cada crack cubrirá las lagunas tácticas del equipo hasta que Zizou inspire al vestuario con el emocionante discurso de Al Pacino en Un domingo cualquiera: “O nos curamos ahora como equipo o moriremos como individuos”. Sólo así es posible.

Uno de los nuestros

Lunes, 24 Octubre 2016

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“No me enfado por no ser titular. A mí me gusta jugar, pero firmaría jugar menos y ganar siempre”. El madridismo se acordaría de Álvaro Arbeloa  de no ser porque otro Álvaro tampoco ha escondido nunca su religión. Hombre de club, uno de los nuestros (como diría Mourinho), a Morata le toca resolver marrones a contrarreloj. Con el agua al cuello y ese runrún permanente de que apenas golea, volvió a solucionar el galimatías táctico de Zidane. Es el único delantero clásico del equipo, el que remata hasta un microondas si hiciese falta.  A diferencia de Benzema, Morata dispara, primero, y luego pregunta. La presión del Bernabéu es un juego de niños que aprendió en la Juventus: “yo ya superé la ansiedad”, dijo después del partido. Ahora le toca pelear a tumba abierta y demostrar a Zizou no que tiene el mejor fondo de armario, sino que lo mejor del armario es el fondo. O sea, él; o sea, Lucas Vázquez. La clase media que ve en un puñado de minutos la oportunidad de su vida. La BBC innegociable está bajo sospecha porque la grada no ve en ellos un Circo del Sol con el que quedarse alelado. Y la corriente más corrosiva del antimadridismo seguirá anunciando a un equipo en permanente Apocalipsis. Un amago de galaticidio en el que los P.V.P pesan demasiado.

Los pura sangres reniegan de cualquier crisis de juego. Su explicación es lógica porque el Madrid quizá sea el único equipo conocido que jugando mal, rematadamente mal y soberanamente mal, gana. El Athletic fue la prueba de que el algodón no engaña: en medio de la espesura y acostumbrados a caminar sobre el alambre por encima del abismo, los blancos regalaron al público el habitual minuto de éxtasis. Y si es de fabricación casera, mil veces mejor. El héroe local fue Morata unos pasos por delante de Iñaki Williams, que a lo Salinas, falló para varias noches de pesadilla. El Athletic no salió goleado porque la cabeza de Cristiano está en un desierto sin oasis. El estado físico no falla, sí su mentalidad ciclónica que arrasa cualquier récord que se propone. Cuatro partidos ciegos en casa le ponen en el disparadero de quien sólo contempla al CR7 Terminator, que si baja de la barrera de cuarenta o cincuenta goles, todo huele a basura. Ni siquiera piensan por un segundo que es el jugador más importante de la historia merengue con permiso de Di Stefano. Mala racha de un Cristiano que aceleró su pretemporada para no descabalgar al equipo y que ha ganado puntos fundamentales para no plantear esta Champions a vida o muerte.

En esa disección de la BBC, Benzema bajó del limbo por un rato pero sigue siendo monsieur empané; de repente, aparece en la línea de cal sin sentido, con ese ansia de construir jugadas como si fueran mecanos, y el ataque se diluye. En cambio, con Gareth Bale es fácil ser más paciente: no existe durante un rato y en un abrir y cerrar de ojos se marca un Usain Bolt para dinamitar defensas. El galés es el “atleta” de Guardiola necesario en cualquier equipo, incluido en el de Pep. Su potenciómetro va aumentando a medida que se acercan los fastos gordos. Así que no es prescindible en este momento; de lo contrario, hagan una encuesta en la calle sobre la BBC. Y llévense las manos a la cabeza. 

El triunfo de la supervivencia

Lunes, 11 Julio 2016

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Eder Antonio Macedo Lopes es un delantero que en Vallecas podría ser confundido con Manucho. Desconocido para el gran público, incluso los periodistas portugueses creen que Fernando Santos le convocó porque el casting de goleadores lusos era demasiado reducido. En Swansea se parten de risa porque su fichaje de los 5 millones (los que pagó el club galés al Braga) no olió ni un gol en catorce partidos. La presión de los socios fue tan brutal que el Swansea le pasó el marrón al Lille. Allí, en Francia, sí vio puerta, ganándose el reclutamiento nacional. Es la biografía más reciente del héroe anónimo de la Eurocopa, que provocó el segundo lloro de Cristiano Ronaldo y grabó su nombre para la posteridad, quizá por delante de un tal Eusebio, Ruo Costa o Luis Figo.  El espigado Eder ya es ídolo de masas en su país y las generaciones futuras recordarán que él (y sólo él) reventó Saint-Denis y calló de un derechazo a la multitud de la Torre Eiffel.  La gesta sin Cristiano es hercúlea porque la campeona ha llegado a la final con el cuerpo lleno de cicatrices de guerra: Hungría le tuvo noqueado tres veces y entró como mejor tercera por el formato somnífero de la UEFA. Y cuando el día D iba a coronar el Balón de Oro de CR7, se lesiona y su vestuario apeló A las armas, en honor a su himno.

Portugal emuló a Grecia en 2004 porque sin fútbol tumbó a quien se puso por delante. No perdió ningún partido gracias a las intervenciones divinas de Rui Patricio y su fútbol mediocre enmarañó a una tosca Francia en la que el mejor no fue Griezmann sino esa proeza genética llamada Sissoko que jamás firmó un partido así en tres temporadas en el Newcastle. Santiago Segurola tituló en El País la victoria de Italia en el Mundial de Alemania 2006 como El triunfo de la nada; los portugueses han superado un ejercicio de supervivencia tan gratificante como el alpinista que holla cima en el Everest. Sin embargo, dentro de un puñado de años nadie hablará de esta Eurocopa, si acaso del tropezón de España y el milagro islandés. Demasiada racanería y un descarado miedo a perder que contagió a selecciones tan alegres como Croacia. Habría que proponer un consejo de sabios que dirima si conviene anteponer el negocio a los castigos físicos de los jugadores: la mitad han llegado reventados y el resto apenas descansará antes de las pretemporadas. Entre ellos, un Cristiano extasiado al que le iba media vida en la final.

Ni siquiera en los bares lisboetas se hablará de Fernando Santos. Discreto, siempre en segundo plano, cogió un equipo destrozado en el último Mundial. Las casas de apuestas tampoco se habían congraciado con su Portugal y mañana seguirá festejando el título entre bambalinas; los protagonistas son otros. Bueno, el sorprendente Eder y el Pepe más imperial de los últimos tiempos. Todo el vestuario, incluida la gran estrella del Real Madrid, han obedecido las órdenes de Santos con disciplina espartana. Ni una voz estridente, ni una queja convulsa. Cuando Fernando Santos entrenaba a Grecia, ordenó un entrenamiento en Atenas a las 8 de la mañana. Los jugadores helenos se quejaron de que no llegarían puntuales por el caótico tráfico de la ciudad, a lo que el entrenador portugués contraprogramó la sesión a las 07. Finalmente, la plantilla acabó accediendo a las 08. Ése es el nuevo campeón de la Eurocopa, de carácter firme pero calmado. Aunque el fútbol nunca se lo agradecerá, Que piense en Otto Rehhagel.

El delantero quarterback

Martes, 24 Mayo 2016

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Hugo Sánchez, Butragueño, Bam Bam Zamorano, Suker, Ronaldo, Van Nistelrooy…el Bernabéu siempre ha rendido pleitesía a sus delanteros centros; desde las tijeretas del ‘Matador’ hasta las estampidas de Ronaldo, con permiso de las pícaras genialidades del ‘Buitre’. La grada blanca llevaba décadas acostumbrada a los nueve goleadores hasta que Benzema ha cambiado el compás. Después de aguantar varios años de sospechas, su afición le ha entendido definitivamente porque,  lejos de presumir de estadística, el francés se gusta a sí mismo cuando inventa su jugada. Benzema es el socio perfecto de Cristiano Ronaldo, el primero de su guardia pretoriana. Mimado por Florentino Pérez, quien fue a buscarle a su barriada de Lyon, nunca ha aceptado ser el enésimo killer del Bernabéu; él prefiere salirse del área y construir el gol como si fuera un mecano de múltiples piezas, empezar la jugada como si fuera un quarterback. De lo contrario, se desubica dentro del área y se ensimisma en el limbo. Sin duda, el Madrid necesita en Milan la mejor versión del francés, la del año II de Mourinho que frenó la oleada de críticas que le dejaron a la altura del betún cuando la prensa sacaba a la palestra a todos esos goleadores de leyenda.

“Es el mejor delantero de la Liga”, dijo Cristiano sobre su amigo Benzema en una entrevista a Canal Plus hace unos meses. Señal de gratitud y una indirecta a “los que critican y no son profesionales del fútbol”. Desde luego,  la ‘BBC’ sube el caché de su marca con el mismo futbolista que no hace mucho tiempo fue apodado monsieur l´empané. Por desgracia, en las charlas de barra de bar a Benzema sólo se le contempla por el tamaño de su…saco de goles, al fin y al cabo es el baremo para medir si un delantero vale o no. Sin embargo, el Bernabéu lleva tiempo experimentando una nueva sensación: la del delantero que mejora a sus compañeros. La artillería pesada funciona porque el Madrid tiene un depredador cuya voracidad intimida a cualquier mito blanco. De Cristiano está todo escrito, salvo que supo reconducir su egoísmo a favor del equipo. Dulce transición entre obsesionarse por rematar hasta un microondas en el hasta encontrar ratos de generosidad para complacer a sus colegas de balón: Karim, el primero. Hace años al ‘Kun’ Agüero le dijeron que era medio Atleti o, mejor dicho, el Atlético entero; quizá si un periodista extranjero entrevistase a Cristiano con los números delante, le soltaría el mismo piropo, que en el caso del portugués huele a cumplido. Pero Benzema, y el Gareth Bale de esta temporada han derribado la leyenda popular. Sí, Cristiano es medio Madrid, pero sin Karim…

Los puñetazos de Tyson

Mircoles, 13 Abril 2016

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Con la pegada de ‘El Terror del Garden’, el Madrid se metió en semifinales. No baila al blues del Barcelona ni presume del bloque granítico del Atlético de Madrid, pero los puñetazos de Tyson sólo se ven en el Bernabéu. A falta de jugadas de videoteca, al equipo le basta con una ráfaga de metralla, un pim, pam, pum para noquear al esparrin que suba al ring. Zumbar al Wolfsburgo era una obligación, pero cualquier otro semifinalista exige picar en la mina. Hablando en plata, que Bale y Cristiano (sí, el ‘Bicho’), no se queden pasmados arriba cuando el resto sufre con el agua al cuello. Dicen que es una remontada histórica porque los últimos intentos habían frustrado el espíritu de Juanito; en ese caso, aceptamos pulpo como animal de compañía. Fue la comunión del semidios del madridismo con la grada; del sospechoso runrún a la ovación más atronadora; del hay que  venderle por una pasta gansa a CR7 forever.  Y aunque la odiosa comparación con Messi le hierva la sangre, el portugués arrasó el debate de la calle, si es que aún lo había: sí, es el mejor futbolista de la historia del club, que no significa que sea el más importante. Porque ahí entran los folclóricos con Di Stéfano y los puristas de Raúl González.

A Cristiano le preguntaron en zona mixta por qué nunca descansa. “Estoy bien, no hay motivo para parar”. Lo dice el mejor profesional de su oficio; entregado al culto de su cuerpo mañana, tarde y noche; obsesionado con romper la barrera del sonido y sacudirse las habladurías de segundón. Un ex peso pesado del vestuario cuenta que durante las dos primeras temporadas de Mourinho, su fijación con ser el número uno llegaba a límites insospechados. Por ejemplo, estar cenando durante una concentración viendo al Barça en televisión, y tirar la servilleta al suelo instantes después de un gol de Messi. Y aunque su egolatría le ha causado odios por muchos campos, ese ansia de superación mantiene su voracidad de tiburón blanco, sin que ningún Jefe Brody lo arpone. Hace dos semanas encasquilló demasiados fusiles en el Camp Nou, anoche le demostró a Florentino Pérez una teoría peligrosa para un club de casi 600 millones: el Madrid es Cristiano por tierra, mar y aire. Y sin él, se asoma al Apocalipsis. Aunque lo misma dirán los merengues del Barça sin Messi. Sólo la estrella lusa podía evitar el cataclismo del club y las supuestas terribles consecuencias en la planta noble del Bernabéu.

Por cierto, partido horrible del Madrid que le vale para tumbar al Wolfsburgo que todos querían. Suena de chiste que la ida acabase en zozobra con una defensa que, lejos de tener fiabilidad alemana, se parece al cartón piedra. Demuestra que la psicología de los blancos necesita un buen rato de consulta en un diván. Cuando quiere y no se distrae, pasa por encima como una apisonadora, pero de repente viene el Málaga y le hace un brete. Lo decía el mítico Raúl en una entrevista con Jorge Valdano, “no sé por qué, pero la Champions nos evadía de todo. Y eso era muy peligroso”. Al fin y al cabo, desde que se extinguió la ‘Quinta del Buitre’ y su récord de cinco Ligas, el Madrid se ha acostumbrado a jugar a la ruleta rusa: o Champions o hecatombe. Sin término medio. Pero se divierte como nadie jugando a ser funambulista sobre el alambre.

Ese “grupo de atletas”

Domingo, 3 Abril 2016

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Primero empezó con el centenario del Barcelona (1998). Aquel inolvidable canto a capela de Joan Manuel Serrat con el Camp Nou oscurecido acabó en tragedia por un gol del colchonero Jugovic. En 2002 el Real Madrid cuadró sus cien años en el Bernabéu con la final de Copa y, además, pidió a la FIFA que ese día, 06 de marzo, no se celebrase ningún partido oficial en todo el mundo. El ‘Centenariazo’ pertenece a la antología de descalabros madridistas. En 2003, el Atlético de Madrid quiso brinda al Calderón un homenaje familiar, sólo apto para sufridores, y acabó en el túnel del terror en el que le metió Osasuna. Johan Cruyff merecía un homenaje en vida, tal como se quejó Dani Alves el sábado, aunque fue Pep Guardiola quien se lo brindó durante un puñado de años. Las casas de apuestas aumentaron con descaro la distancia entre Barça y Madrid, planteando como un suicidio la victoria merengue. La prensa culé se había preocupado más por el grado de emotividad de los fastos a Johan; al fin y al cabo, la sombra del Madrid ya no era demasiado alargada. Un ex peso pesado del Dream Team de Cruyff insistió en días pasados que no quería ver a los blancos “ni en pintura” en la Champions. Con los vídeos en mano, cualquier Real Madrid jugó mejor los clásicos del Camp Nou que del Bernabéu en la última época; quizá por aquella exhibición de Ronaldinho, o el cataclismo del 2-6. Mourinho debutó con un guantazo literal y aprendió de sus errores.

Zidane prestó atención a ese 5-0 porque entendió que a este Barça se le gana en velocidad. Necesitaba al “grupo de atletas” (Guardiola dixit) que arrasó en la semifinal de Munich o la versión más discutida de Rafa Benítez. Habría sido el partido perfecto para Mister Rafa. No en vano, él jamás habría quitado a Casemiro del once si la presión popular o, mejor dicho, de la planta noble no hubiese sido tan intensa en la ida. Ha nacido un nuevo Makelele, pero con más estilo; especialista en marrones, se especializa en fontanería soldando averías. Y no le quema el balón en los pies, como al gran Claude, quien reventaba jugadas a la espalda del propio Zidane. Case (así le apoda el vestuario) es la prueba de que el algodón no engaña: ni siquiera el Barça se puede permitir el lujo de bailar claqué sin un rottweiler. Pero Busquets sólo hay uno en el fútbol, Casemiro tiene todo el futuro por delante y no lejos de Chamartín, precisamente. De repente, las críticas al ‘Cholo’ Simeone y su fútbol siderúrgico se esfumaron: Zinedine Zidane, cuyo póster voleando la ‘Novena’ aún está colgado en muchas habitaciones, planteó una hormigonera en campo propio. La primera conclusión a vuelapluma fue intuir que el cemento armado era para impedir un resultado obsceno; el cansancio y la posesión oxidada del Barça dedujeron que era una estrategia. Suicida, pero meditada.

El Madrid ganó el debate de la calle: sí, hay que tenerle en cuenta para la Champions. Necesitaba una demostración mundial en el Circo del Sol del fútbol, delante de Leo Messi y una MSN agotada por las convocatorias internacionales. La trinchera merengue le brindaba a Bale una autopista hasta Claudio Bravo. Y en el duelo de correcaminos, la zancada del galés superó al molinillo de Jordi Alba. A Bale le sucede como al mejor Cristiano (me temo que ya no le veremos): es peligroso sin correa, sin el corsé que le ponía Benítez. Desde anoche, tiene licencia para matar por donde él quiera. Cristiano también, por supuesto, pero Zidane se ganaría el favor de los puristas si le reduce el radio de explosión. Ya no es el velocista que adelanta defensas, ahora se fía de su olfato de Van Nistelrooy. El problema, o capricho, sigue siendo que CR7 no quiere jugar de delantero centro, a pesar de que remataría cualquier microondas que le llegue. Decían las lenguas viperinas que el Espanyol siempre había sido la vaselina de Cristiano. Su enésimo gol decisivo callará a los rajadores: quince tantos a los ‘pericos’ y dieciséis al Barça. Aunque pensándolo bien, no cambiará nada: seguirán despellejándole.

Plan Renove

Lunes, 29 Febrero 2016

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Plan renove. Fue la expresión que utilizó Lorenzo Sanz cuando le preguntaron por la caótica temporada que borró de un plumazo a la pareja Valdano&Cappa. Aquel Real Madrid necesitaba fumigar el vestuario y nombrar a un general con puño de hierro. El elegido fue Fabio Capello, que entonces exigió sus fichajes uno por uno y, de paso, cobrar una peseta más que el futbolista mejor pagado de la plantilla. A Florentino Pérez no le gusta ser tan contundente delante de las cámaras porque, como presidente de una multinacional del Ibex 35, conoce el terremoto que origina cualquier decisión drástica. Mejor actuar entre bambalinas, preparando la lista negra mientras el Kalashnikov de Zidane guarda la última bala en la recamara: un disparo sólo apto para el mejor de los francotiradores. Y no parece que Zizou esté bien adiestrado para la misión. Varios ex jugadores merengues suelen comentar las lagunas tácticas del entrenador y deslizan en los cenáculos periodísticos vía Mesón Txistu y Asador Donostiarra que ahora mismo el técnico con más vocación es Luis Miguel Ramis, sucesor de Zidane en el Castilla.  Pero tampoco tiene experiencia, ni siquiera un nombre marketiniano que ayude a vender portadas. Su única oportunidad de entrenar al primer equipo empieza y acaba por ser un mero apagafuegos, como un desconocido llamado Vicente Del Bosque, coordinador de la cantera de la Ciudad Deportiva de La Castellana, durante la década de los noventa.

El club más rico de la lista Forbes ejecuta un plan económico anual digno de estudio en universidades como Harvard o Stanford, y toma decisiones deportivas como si las charlara en una barra de bar. Zidane no estaba preparado antes de Navidades, pero el hartazgo del vestuario con Rafa Benítez precipitó su ascenso. Él, por supuesto, anunció que estaba preparado; el gremio de entrenadores todavía le veía en un póster voleando el gol de la Novena. Y ha sido Simeone el que ha acabado por incendiar las discusiones de salita y redes sociales. De repente, el equipo siderúrgico de estilo plomizo maniató al fino estilista hasta ponerle una camisa de fuerza. Acorralado en un callejón sin salida, sin intercambio de posiciones o cambio de pizarra, el Zidane más impulsivo confió en Borja Mayoral para conjurar la primera gran noche de Raúl González o, a escala inferior, de aquel José Luis Morales que levantó al Bernabéu en un derbi. Cualquier acto de fe que comulgara con la grada. La conclusión es que este Madrid presume de una  alfombra roja de Hollywood en la que los actores se quieren lucir en su photocall más personal. Manolo Sanchís resumió el debate futbolístico en una declaración: “El equipo que más media puntas tiene no juega con ningún media punta”. Isco y, sobre todo, James quedaron señalados porque, hablando en plata, es complicado jugar andando. No hay más preguntas, señoría.

El Bernabéu se cansó de buscar muñecos de pim, pam y pum, y se giró al palco. Ya no había un Ancelotti o Benítez de turno en los que descargar la bilis, y Zidane tampoco merece la guillotina en tan poco tiempo. El presidente ha repetido innumerables veces que sólo convocará elecciones si los socios se lo reclaman; la advertencia en el derbi fue el primer aviso. Con o sin elecciones,  y con o sin otros candidatos. la reestructuración se intuye absoluta. Por ejemplo, una dirección deportiva que detecte por qué no hay un lateral izquierdo que sustituya a Marcelo; o un delantero centro a la vieja usanza que resuelva un plan ‘B’ o ‘C’. Sin profesionales que se dediquen a rastrear el mercado y olfatear futuras promesas, no suena tan descabellado que Cristiano Ronaldo pegue esos fogonazos de proporciones bíblicas. No le falta razón en lo políticamente incorrecto: “Faltan los mejores y la pretemporada está mal planificada”. Radiografía perfecta de un enfermo. El Madrid, no Cristiano.

“¿Me buscabais?”

Jueves, 18 Febrero 2016

De repente el Madrid volvió al spa que más le relaja. Si a las 20.30  el Barça engullía la Liga en busca de la madre de cualquier récord, quince minutos después Zidane empezaba otra ‘liga’ que decidirá si nació o no para entrenar al Real Madrid. El Olímpico proponía un partido arisco, de mucho barro y pocas viguerías made in MSN (marca patentada en Can Barça); y la primera parte no defraudó en racanería italiana: cero disparos  y millones de bostezos. Los blancos no convencían porque tácticamente falta demasiado trabajo artesanal. Y como los periodistas tan sólo podemos intuir cómo entrenan detrás de la persiana que bunkeriza Valdebebas, son estos partidos los que delatan que James aún no ha encontrado a Rodríguez en aquel media punta escurridizo que soltaba el látigo. El colombiano ha perdido su ‘mojo’, como diría Austin Powers, y entre salidas nocturnas y carreras de Fast and Furious la figura de los ochenta millones se ha difuminado. No sucede lo mismo con Isco, que decidió moverse de una banda a otra para intentar romper la carcasa romana. Son esos gestos los que agradece Zizou, poco dado a la mano de hierro y más entregado a las artes plásticas. Es decir, que si Isco se inventa una de esas “croquetas” de las que habló Iván Helguera en su rajadora entrevista en El País, Zidane no le abroncará

Cristiano largó en la rueda de prensa y en el campo. Su gol era una deuda con el madridismo más abrasivo que le acusaba de no dar la talla en grandes veladas, y con el resto de los mortales que le reclamaba un plan adelantado de jubilación. El regata a su espalda aplaca el estúpido murmullo de que ya no regatea ni a una farola, el cañonazo es la garantía de que venderle a cualquier ricachón que pueda comprar los cheques que su ego extiende suena obsceno. Y aunque delante de las cámaras muestre su pose más hierática, él se siente villano en la eterna comparación con Messi. “Estoy feliz, juego siempre y a veces marco goles”, soltó con toda la retranca del mundo en sala de prensa. Palabra a palabra, da la sensación de que CR7 es otra víctima del ambiente conspiranoico que envuelve al Madrid y que sólo ve enemigos en todas partes. Desde eso preciso momento, supo que había comprometido el partido: jugar mal y hundirse en el más hondo ostracismo, o lanzar un tomahawk y preguntar “¿Me buscabais?”. El Barça puede escoger ametralladora, lanzallamas o misil para acabar el trabajo; en cambio, Cristiano es toda la artillería pesada del Real Madrid, Cualquier contratiempo del portugués atraería a los jinetes del Apocalipsis. Y no es una exageración.

El gol en carrera de Cristiano sugiere por una vez un debate sano dentro del club, lejos de toda la hojarasca institucional que eclipsa las típicas charlas de barra de bar. ¿Un Madrid al trote o al galope? CR7 y Bale son el ejemplo de que este equipo muerde con velociraptores; Benzema, Modric e Isco prefieren rodar el balón antes que las piernas. Quizá Zidane también porque va en su adn. No obstante, el Madrid de los últimos tiempos es un híbrido entre la exageración vertical de Mourinho y el reposo de Ancelotti. Comentaba David Gistau en COPE que nota demasiada filigrana en el equipo de Zidane, como si Marcelo o el propio Isco quisieran acabar las jugadas al estilo fútbol-sala. Y, en parte, tiene razón porque en el Madrid la lista de francotiradores da la vuelta a la esquina: Cristiano, Bale, Modric, James…Incluso, el Barcelona de Luis Enrique ha dejado de sobar el balón hasta los límites insospechados de Guardiola. Sin tiempo para experimentos de laboratorio, Zizou debe elegir su fórmula, y la pista que dio Pep con aquel “Madrid de atletas” no esta mal tirada. Pero nada mal. 

Disparen al pianista

Lunes, 1 Febrero 2016

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Alfombra roja para el Real Madrid. La orgía perfecta para saciarse con un Espanyol hermano, tullido sin Caicedo y Asensio, y demasiado sedoso para dar patadas. Si el antiguo Sarriá fue considerado un ‘Mini Bernabéu’, el coliseo merengue fue un colegio mayor donde el hermano pequeño sufrió la novata anunciada; recibió collejas hasta que el Madrid lo consideró abusivo. Mérito merengue por no vacilar delante de la portería y culpa de Galca por no mentalizar a su vestuario como si no hubiera mañana. El miedo de los socios es que estas goleadas no amortizan la entrada, al menos las segundas partes, porque cualquier resultado que no sea un saco de goles suena tremendista. Y con la distancia tan abismal que ha puesto el Barça por medio, a los blancos sólo le quedan dos salidas: aferrarse a la nueva campaña del ‘Clavo Ardiendo’ del diario AS o utilizar la Liga como banco de pruebas para pelear la Champions. Es el destino del funambulista: un Madrid inseguro sobre el alambre que sólo dispone de un torneo para evitar el abismo. Una bala en la recámara que sí ha sabido utilizar en su historia contemporánea. No en vano, todas las Copas de Europa a color llegaron sin salvavidas.

Y otra semana más dando la barrila con Cristiano Ronaldo. Los mentideros merengues dicen que su obsesión por esculpir su cuerpo de culturista le ha mermado en agilidad y velocidad. Él responde abofeteando todos los argumentos menos uno: hace tiempo que no decide en grandes veladas. Roma y Atleti aclararán si Cristiano es digno de una venta millonaria este verano o merece seguir en la comparación con Leo Messi. Al fin y al cabo, ya hay demasiados madridistas que aplauden sus goles desde la grada y despotrican de él los lunes en la oficina. Es el maniqueísmo que persigue al Madrid: ganar o fracasar; la ‘Undécima’ o el famoso plan renove que acuñó Lorenzo Sanz para dar boleto a Jorge Valdano y comprarle a Fabio Capello una plantilla a su medida. Con los blancos el futuro inmediato es más imprevisible que el de Marty McFly: de repente se puede encontrar en la final de San Siro o escuchando una incesante catarata de entradas y salidas, unas reales y la mayoría inventadas, que para algo es el negocio más rentable del periodismo de este país.

Suena curioso que en noches tan plácidas Rafa Benítez siga siendo el muñeco del pim, pam, pum. Da la sensación de que el vestuario necesita hacerle vudú delante de las cámaras. El último fue, precisamente, Cristiano en MoviStar Plus: “Nos hacía falta trabajar más: la pretemporada no fue buena con muchos viajes”. Tomahawk inteligente al ex entrenador y a la planta noble del Bernabéu, donde se cierran las giras mundiales del clin, clin, caja. Es una rajada a mitad de camino entre la esperpéntica relación de Benítez y sus jugadores, y la eterna ansiedad del presidente por proteger el primer puesto de la Lista Forbes. Mola que Cristiano haya empatizado con nosotros, los periodistas, y suelte recados para apañarnos las tertulias y las conjeturas. Porque, al final, cada español, sea o no merengue, opina de su Real Madrid, con sus culpables y salvadores. Y echar todo el estiércol encima de Rafa (todavía Mister Rafa en Anfield) es la coartada fácil. Disparen al pianista.