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Los cafres del twitter

Lunes, 23 Junio 2014

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‘El trofeo Carranza motiva más que este España-Australia’…’Pepe Reina para partidos de comparsa’…’Villa le hace a Del Bosque cagarla más’…’Casillas funciona mejor santificando el banquillo’. Son ‘tuits’ a vuela pluma sacados al azar después del festín orgiástico contra Australia, pero podrían rellenarse todos los periódicos de un día con las reflexiones anónimas (y por ende cobardes), irónicas, grotescas e hirientes sobre la selección española. Como dijo Paco González tras el 5-1 de Holanda, “enhorabuena a los que estaban esperando a España, Del Bosque y Casillas. Es su momento de gloria, que lo aprovechen para dar los palos reprimidos en estos años”. Los índices de popularidad dejaron de fabricarse con encuestas porque, hoy día, las redes sociales son la evidencia definitiva de la cantidad de bilis que se ha esparcido con la eliminación de España. Y como la memoria es muy frágil y los éxitos irrepetibles de esta generación no venden tanto como un fracaso antológico, nuestro país se ha puesto las botas esforzándose en su deporte por antonomasia, que no es precisamente fútbol, sino sacar la guadaña para rajar y descerrajar. 

En los universos de twitter y facebook Del Bosque, Casillas y Xavi copan el podio. Al seleccionador le hemos destripado sin piedad, sin meditar ni un instante que cualquier entrenador en su lugar habría continuado la obra prodigiosa de Luis Aragonés. Le llamaron copión por no alterar ni un ápice el tiqui-taca que Xavi Hernández patentó en Viena; incluso, hubo columnistas que cargaron furibundamente sus plumas cuando Suiza la lió en el debut de Sudáfrica. “Parece que molesta que gane la selección”, espetó el seleccionador en uno de los infinitos homenajes que ha recibido por todo el país durante este tiempo. Nunca deslizó nombres propios porque sus sensaciones eran más del “ruido de la calle”. Y no le falta razón: las charlas de barra de bar no son tan entretenidas sin poner a parir al personal. No sería made in Spain. Flaco favor le hemos hecho a Del Bosque entre todos: la crítica constructiva más acertada que escuché fue que Del Bosque debió comenzar a renovar a ‘La Roja’ después de la última Eurocopa. Fácil de decir, imposible de ejecutar, salvo para un entrenador tipo Mourinho que hace y deshace sin escuchar al vestuario.

El inmovilismo provocado por el amiguismo (reflexionen la expresión) impidió a Del Bosque remover el grupo. No habría sido políticamente correcto tocar a las vacas sagrada, y por ahí van los tomahawks contra Xavi. Vivir de las rentas es la crítica más manida contra el barcelonista, que ha sufrido esta temporada su inexorable oxidación. Es ley de vida. Pero Xavi es alma máter de esta selección junto a Casillas y haberle sacrificado habría exagerado todavía más los debates populares de ‘La Roja’. Holanda goleó a España y Xavi se convirtió en un muñeco de pim, pam, pum por su aparente estado inerte. Horas más tardes, el twitter dejó de bullir cuando la FIFA publicó la estadística de que el centrocampista de Terrasa fue el que más corrió de los españoles. Un dato delató que Xavi quizá no fue tan paquete en el debut mundialista. ¡Qué cosas!

Pero la verdadera discusión nacional capea con la efigie de Iker. Nadie rechistó cuando Del Bosque le incluyó en la convocatoria porque los méritos pesan mucho y, además, el portero ganó Champions y Copa, los torneos que le tocaban. Él sabe que Víctor Valdés apuntaba a titular del Mundial antes de su lesión (esto es información, no opinión) y mucha gente seguirá lamentado el infortunio del guardameta culé. Casillas no supo sacar el ‘santo’ porque su último año y medio ha sido un calvario. Y sin regularidad bajo los palos, incluso los mejores se marchitan. Decisivo en los anteriores torneos, España no pudo encomendarse a sus paradas imposibles. Falló, a veces con estrépito, y punto. Es el portero de España, como lo fue el ‘paralotodo’ Arconada. Pero el señor twitter no perdona: las legiones yihadistas han repartido estopa por internet a kilotones. Hoy, todavía es más proscrito para el sector cabreado del madridismo pro Mourinho, que son los mismos cafres que intentan hacer vudú con el capitán cada vez que bloca un balón. El banquete de tiburones ha empezado y tienen carnaza para rato. Con escribir su nombre en las redes, salta al instante una guerra de trincheras en la que no hay pacifistas. O atizas a Casillas o le defiendes. El respeto por los veteranos parece que es sólo cosa del ejército. Y España sigue siendo la vigente campeona del mundo, pero parece que en este país sólo podemos susurrarlo; si lo gritas, a lo mejor te llevas un bofetón.  

A Zidane también le “faltó apetito”

Viernes, 20 Junio 2014

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Zinedine Zidane también habló de “falta de apetito” cuando los periodistas franceses le exigieron explicaciones a la sorprendente y ridícula eliminación de Francia en el Mundial de Corea. Entonces, la selección blue había dominado el mundo con un campeonato simplemente perfecto en su casa y reivindicó su fútbol de mil y un quilates en la Eurocopa de Bélgica y Holanda. Aquella Francia imponía cualquier baile al ritmo de Zidane, de largo el mejor jugador del momento. El Mundial del Oriente Lejano debía ser la constatación de una generación mítica, inolvidable para el fútbol galo, y que había puesto patas arriba a un país entero; no en vano, la Avenida de los Campos Elíseos se había engalanado con antelación para celebrar los fastos de lo que podía ser un récord bestial: Mundial, Eurocopa y Mundial. ¿Quién en su sano juicio pensaría que Senegal, Uruguay y Dinamarca serían un mínimo obstáculo para el estilo más versallesco y efectivo que existía en el planeta? De repente, los africanos se sublevaron por físico, los uruguayos por ímpetu y Dinamarca se encargó de decapitar a un equipo francés que, en apariencia, no escondía ni una sola debilidad palmo a palmo del césped.

“Creímos que con el gallo estampado en el pecho ganaríamos medio partido”, dijo Thierry Henry después del batacazo inicial contra Senegal; “nos ha faltado una charla de vestuario de nuestro gran capitán, Didier Deschamps”, comentó Emmanuel Petit como coartada del fracaso. En efecto, Deschamps fue el líder espiritual y de puertas adentro de la campeona del 98 y 2000, pero su tiempo se había extinguido y sus compañeros quedaron huérfanos sin su presencia en Corea. “Fui de los que más eché de menos a Didi”, comentó con nostalgia el todoterreno Patrick Vieira la tarde que Dinamarca les mandó para casa sin haber olido ni un solo gol a favor durante todo el torneo. “Tengo miedo del recibimiento en el Charles de Gaulle (aeropuerto de París)”, espetó medio en broma medio en serio el histriónico portero Barthez.

En la selección española nadie se ha atrevido todavía a romper el hielo con un chascarrillo: todo son arrepentimientos y perdones. Esa actitud la ha tomado, como es su deber, el capitán Iker Casillas; otros pesos pesados sí han explicado la debacle. Las declaraciones de Xabi Alonso, casi pasajeras minutos después del estropicio definitivo y hoy superlativas para toda la nación, son el marrón inevitable que debía comerse algún jugador. Al donostiarra se le suele acusar de excesivamente reservado, pero cuando habla jamás peca de hipocresía. Si Xabi habla de “falta de hambre” y “mala preparación física y mental”, las charlas de barra de bar ya no tienen que inventar teorías fantasiosas. Ésas son las razones del desastre nacional, a pesar del supuesto mosqueo del resto del vestuario, como publica MARCA este viernes.

España se quedó a la puertas de convertirse en dinastía pero deja un tributo al fútbol mundial sólo comparable a Pelé y su famoso ‘Brasil del 70’. Y a diferencia de la Francia faraónica de Zidane, donde él inundaba de elogios las crónicas periodísticas, la selección de Del Bosque y antes de Luis ha arrasado las hemerotecas durante cuatro años con un género inédito y casi irrepetible. Y como cualquier obra maestra, cuando la siguiente película apenas arranca buenas críticas, quienes estaban agazapados preparan ahora los morteros y los adoradores se tornan en aduladores. Sí, ‘La Roja’ merece ser atizada hasta que se rompa la esterilla, porque sus internaciones han demostrado ser esta vez más tipos de clubes que de selección. Quizás la Champions colmó el apetito de los madridistas y quizás los barcelonistas aún no hayan superado la pesadilla del año. Un Mundial requiere una pretemporada especial sin distracciones, y a la vigente campeona se le ha agasajado con infinitos actos publicitarios que le han privado de ratos de charlas tácticas. Claro que el business es business en el negocio, que no deporte, del fútbol. Por si acaso, Del Bosque lo advirtió el pasado noviembre en Guinea Ecuatorial: “sólo he visto hambre en los ojos de Koke”. Ni siquiera el seleccionador debió acordarse de sus propias palabras.

El hambre de un tigre enjaulado

Mircoles, 28 Mayo 2014

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Mundial de Alemania 2006. Brasil debuta con una victoria pírrica ante Croacia por un gol a cero y su seleccionador, Carlos Alberto Parreira, lanza la primera advertencia a su vestuario: “No vamos a ganar el Mundial con las cinco estrellas de la camiseta”. Parreira quiso suturar la herida antes de que el batallón de periodistas brasileños enviados al Olímpico Berlín provocara la primera hemorragia. La constelación de estrellas invitaba a presenciar un espectáculo propio del Circo del Sol; Ronaldinho, Ronaldo, Kaká (entonces pletórico), Roberto Carlos y Robinho intuían una versión mejorada del Brasil campeón del 2002 contra la robotizada Alemania que no podía defraudar a toda una nación. Sin embargo, el seleccionador de la canarinha no compartía el entusiasmo popular: algo chirriaba y no era precisamente la mala puntería. “Insisto, ésta no es la manera de competir fuerte”, fue la segunda advertencia de Parreira en la rueda de prensa posterior a la segunda victoria amarga del torneo, contra la cenicienta Australia. Tuvo que ser el suplente Fred quien matara el partido con un segundo gol agónico, porque los australianos metieron el miedo en el cuerpo de Brasil hasta en tres córners. “Japón ha sido el mejor contrincante, pero no basta para jugar la final”. La prensa brasileña se sorprendió por la tercera advertencia del entrenador: Ronaldo, por fin, había perforado la portería y ésa era la coartada que necesitaba la torcida para creer en su equipo.

La goleada a Ghana en octavos provocó un estado de éxtasis engañoso. Aquel Brasil se parecía mucho al Real Madrid, con galácticos a granel que goleaban casi con desgana, por inercia. Y a Parreira no le hizo ninguna gracia. Sobre todo, cuando supieron que Francia se les cruzaba en cuartos de final.  Ellos habían liquidado a España tirando de oficio, Ghana sólo era un caramelo sin más aspiraciones que haber pasado la primera ronda. “A los franceses sólo se les puede ganar jugando en bloque, con la mirada del tigre”, aseguró Parreira en plan motivador. Rápidamente, los telediarios brasileños abrieron sus previas con escenas de Rocky, la frase del seleccionador había dado demasiado juego para cuentos épicos. ¿Quién estaba en lo cierto: el pesimista Parreira o la ruidosa afición brasileña que festejaba todos los goles aún sin su habitual ritmo de samba? La Francia de Zidane disiparía las dudas. Y vaya si lo hizo.

El Mundial de Alemania se recordará por ‘la victoria de la nada” (frase con la que Santi Segurola tituló en El País la conquista de Italia) y la gran última actuación de ‘Cinexin’ Zidane. Un puñado de controles davincianos, regates imposibles y pases estratosféricos tumbaron a una calcomanía muy barata de Brasil. El gol de Henry originado por el pasotismo de Roberto Carlos retrata la autocomplacencia que apabulló a la canarinha. Salir sin sudar la camiseta fue el viejo tópico que temió Parreira desde el principio en un vestuario que, sencillamente, no tenía que demostrar nada al mundo. Sólo presumir, sólo fardar. “Estuvimos desconectados, como si jugáramos un amistoso”, reflexionó el que fuera entrenador de la campeona del 94.

Vicente Del Bosque seguramente no pensará en los miedos de Parreira, pero su primera advertencia recuerda a la de su colega brasileño. “Los ojos de los jugadores no son los mismos que cuando empezaron”, alertó el seleccionador español contra la relajación. Dos Eurocopas, Sudáfrica y, lo más trascendental en el tiempo, el legado de la belleza estética, pueden anestesiar el apetito de otra selección que aspira a un récord inimaginable incluso a dos semanas de empezar el Mundial. Las habladurías de barra de bar dicen que los del Madrid ya han cumplido su misión; los colchoneros llegan baldados y hechos trizas, y los barcelonistas pendientes de sentirse importantes en el nuevo proyecto de Luis Enrique. Falta jugar, claro, pero esta vez no existe la sensación del hambre del tigre enjaulado de antaño.

“Si ganas vales y si no eres una mierda”

Jueves, 17 Abril 2014

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Vicente Del Bosque podría replantearse la fórmula de la Coca-cola de la selección española. Mestalla vio perecer un tiqui-taca demasiado manoseado y pizarras tácticas como la de Ancelotti o el estilo pétreo de Simeone también podrían conducir a Maracaná. Futbolistas hay para cualquier recurso. La Roja respira según las constantes vitales del Barcelona y, a dos meses vista del Mundial, el equipo que más nutre al combinado nacional es un enfermo que necesita un electroshock. El fin de ciclo vociferado por Frederic Hermel se ha infectado hasta el tuétano del club y, a la espera de que FIFA le permita o no fichar, urge una catarsis interna por mucho que ídolos de la Masía como Xavi todavía confíen en un equipo moribundo. Esta Copa dejó de ser un título menor por el cataclismo que se asomaba en Can Barça: ganar le habría dado cuartelillo ante un barcelonismo que anhela la era ‘guardiolista’ porque, siguiendo la reflexión de Dani Alves, “en el fútbol si ganas vales y si no eres una mierda”. Suena maniqueo pero Barça y Madrid o tocan el cielo o muerden el polvo. No existe termino medio.

Ganó quien lo buscó y peleó. Ancelotti, lejos de sufrir un ataque de entrenador italianizando al equipo, dio galones a Isco y le recomendó usar el balón para atacar. Así de simple. El Madrid no necesita marear la pelota para aclararse a sí mismo, le basta un puñado de pases rápidos y precisos para descerrajar defensas. Y la del Barça estuve verdaderamente horrorosa para regocijo orgiástico de Gareth Bale. Una sola cabalgada le bastó para guardar bajo llave los vídeos del Tottenham con los que había presumido de credenciales. El pobre Bartra, improvisado goleador y central rapidísimo al corte, vio pasar ante sí a un híbrido de Usain Bolt, Yohan Bake y Maurice Green. Da la sensación que al galés se le quedan pequeñas las dimensiones del campo porque su aceleración de cero a cien en escasos segundos se produce en el último tramo de la carrera. El Bernabéu merece un espectáculo de cuadrigas entre Bale y Cristiano Ronaldo al estilo de Ben Hur, sólo que los caballos son ellos mismos.

Si el Barça se jugaba quemar las últimas fichas acumuladas en años, los blancos querían evitar una pesadilla antes del terrorífico Bayern de Munich. Las casas de apuestas se habían inclinado levemente por los azulgranas, quizá porque el factor Cristiano pesaba toneladas de pesimismo, Por eso, el triunfo del Madrid ha cogido una trascendencia histórica; el portugués es medio equipo, pero la otra mitad también ha demostrado que sabe apañárselas sin su Terminator enchufado. Florentino Pérez sabe desde anoche que ha comprado un arma de destrucción masiva por valor de 100 millones que, aunque son 91, suena más ‘marketiniano’. Bale es el super héroe de la noche, con permiso de un generoso Di María, y parece que no le afecta la kryptonita de Messi. Ni siquiera Neymar, con quien le hemos comparado desde la prensa por haber compartido prime time de telediarios el pasado verano. El contraste fue simplemente brutal: Bale se montó en un cohete para llevar el balón hasta las redes de Pinto y Neymar se volvió loco delante de Pepe y Coentrao, los pájaros disparando a las escopetas.

El desquiciamiento de Neymar y la apatía de Messi, quien todavía no ha bajado de ese extraño limbo, son indicios inequívocos de la flagelación del Barça. La planta noble del Camp Nou espera que termine rápido la Liga para despedir a Martino por la puerta de atrás con un pasaje a Buenos Aires y encender otra vez la máquina de la ilusión. Sin embargo, esta vez no importa tanto La Masía como un personaje que venda periódicos. Y ése se llama Jürgen Klopp, devoto confeso del contraataque, por cierto. O sea, más entusiasta del ‘’corre, corre que te pillo’ del Madrid que del fuego lento que cocina el Barça. Porque no sólo de tiqui-taca azulgrana vive el fútbol. Que se lo pregunten a Ancelotti o, más complicado, que intenten convencer a Simeone. Al fin y al cabo, se trata de ganar y que no te recuerden como una “mierda”.  

 

   

La vena guerrillera de ‘Tata’ Martino

Martes, 23 Julio 2013

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“Para ustedes, los europeos, yo era como Paul Gascoigne: tenía mucha técnica, pero era muy vago porque no corría”. Los periodistas de la RAI italiana no podían creer la autodefinición de Gerardo Martino en la entrevista que le hicieron días antes del debut de Paraguay contra Italia en el Mundial de Sudáfrica. Ídolo de masas en Rosario, más incluso que el maniático entrenador cuyo nombre bautiza al estadio Marcelo Bielsa del Newell’s, el personaje del ‘Tata’ todavía es desconocido para el fútbol europeo; sobre todo, porque su primer y único contacto con el viejo continente fue cuando el Tenerife le fichó en 1991. Aterrizó diciendo que no conocía nada de la isla, apenas jugó quince partidos en el centro del campo junto a Fernando Redondo y, aunque pasó con más pena que gloria, “el quilombo que se montó entre la afición leprosa (la de Newell’s) fue descomunal”, tal como temió el malogrado ex presidente, Mario García Eyrea. No en vano, hace pocos años Martino fue galardonado como el mejor futbolista de la historia del club rosarino; por eso, es muy comprensible el apego emocional del flamante entrenador del Barça por los colores del que ya es su ex equipo, siempre presumiendo de que dentro de él “corre sangre roja y negra”.

Discípulo aventajado de Marcelo Bielsa (consiguió como futbolista que, aparte de regatear en un metro cuadrado, se pegara un esprint de treinta metros para robar un balón), su fútbol enamora porque, sencillamente, es lo único atractivo del fútbol argentino. Prueba de ello es que Maradona ve todos y cada uno de los partidos del equipo de Martino: “no me pierdo ninguno”, llegó a decir el Pelusa hace unos meses desde su residencia de Abu Dabi. El ‘Tata’ es una especie en extinción en Argentina porque quizá sea el único míster capaz de comulgar con todas las filosofías futboleras: la de Bielsa, por supuesto, en cuanto a presión y agresividad; la de César Menotti en el matiz del entretenimiento y la de Bianchi en el gen ganador. A Vicente Del Bosque le duró el susto de los cuartos de final de Sudáfrica un puñado de días: “la presión de Paraguay ha sido lo más asfixiante que he vivido como entrenador, más incluso que la que nos hizo la Chile de Bielsa”, espetó el seleccionador en la víspera de las semifinales contra Alemania. Sin duda, aquel partido contra el combinado de Martino fue uno de los más taquicárdicos de todo el Mundial; los paraguayos acabaron extasiados de perseguir el balón en cualquier palmo del campo y la camisa de Del Bosque transpiró igual que las de Camacho en Japón y Corea. Sin embargo, el hecho de no considerarse un bielsista radical, le confiere la atención incluso del rey de los preciosistas, el maestro Menotti. Ambos coinciden palabra a palabra en la profunda reflexión sobre el fútbol argentino: “Pensando como entrenador, el fútbol argentino de acá es de los más competitivos del mundo; desde la perspectiva del aficionado, no vería un partido en Argentina más de diez minutos”. Por eso, los leprosos son los más divertidos de ver allí y casi en toda Sudamérica; salvando las distancias, es un Barcelona en esencia, en el que el estilo lo mandan los jugadores.

¿Y qué tiene que ver el ‘Tata’ con el Virrey Bianchi? El primero dijo una vez que “dirigir a la albiceleste sería un trabajo extraordinario, pero nunca un sueño”; Bianchi piensa igual porque él mismo ha rechazado la oferta del presidente Julio Grondona hasta tres veces en diferentes años. Y los dos juegan a ganar con el balón pues, al fin y al cabo, es la piedra angular de sus tácticas. Así lo disfrutó Bianchi en Boca con la mejor versión de Riquelme y así lo hará el ‘Tata’ con su preciadísimo Leo Messi, además de Neymar, Iniesta, Xavi, etc. De todos modos, el fútbol español está expectante por saber qué ideas aportará Martino en un equipo que juega por inercia y cuyo estilo es el menos poliédrico de todos (sólo admite toque y retoque). El ‘Tata’ es un obseso de la táctica, pero obseso tolerante; o sea que si debe asumir la estrategia del ‘falso nueve’, la comprenderá sin objeciones. No obstante, observándole de lejos, no es difícil intuir que la vena guerrillera del argentino será el primer influjo en el vestuario. Su consigan es breve y concisa: compromiso. Eso lo fundamenta todo. La prueba más irrefutable ha sido su amor eterno por Newell’s; ahora emprende su primera aventura europea en un club que gusta de la estética y, por supuesto, el resultadismo. No hay problema, Martino es profesor de ambos conceptos porque lo que más detesta son los “bodrios de novela”. ¡Ah!, y los halagos de la prensa…dice que “empalagan demasiado”.

¿Quieres jugar?, ¿quieres jugar? Brasil te va a enseñar

Lunes, 1 Julio 2013

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Pep Guardiola explicó una vez a un empleado de comunicación del Barça su manera de sentir el miedo escénico del Bernabeu: “A diferencia del Camp Nou, que es más abierto, el Bernabeu son cuatro paredes que impresionan. Pero si aguantas los primeros diez minutos, que son fundamentales, entonces todo es más fácil”. Xavi, Iniesta, Busquets o cualquier otro compañero de Dani Alves que estuviese en la Confederaciones no le preguntó a éste cómo respiraba Maracana. Y quizá fuese un despiste importante a tenor de lo que España se encontró de bruces; no aquel Maracana del Maracanazo, con casi doscientas mil personas hacinadas en las gradas, pero sí una ‘torcida’ numerosa, ruidosa y, sobre todo, apasionada, justo lo que falta en el fútbol español. Anoche los diez minutos iniciales de los que hablaba Guardiola fueron fatídicos: en el césped Brasil salió como Mike Tyson en sus grandes veladas, obsesionado con buscar el KO rotundo sin dejar menearse al contrario, y en la grada el estadio engulló a la selección española, casi que la intimidó. Y no fue un problema de actitud, sino de maestría táctica del cuadriculado Scolari y poderío físico, pequeño detalle que España agotó en la prórroga contra Italia.

España encajó rápido y, lo peor, se fió de su inercia ganadora; quedaba demasiado partido cómo para que ese doble pivote de picapedreros formado por Paulinho y Luiz Gustavo aguantara la presión asfixiante sobre Busquets un rato más. Desgraciadamente, aguantaron y desactivaron a la columna maestra de ‘La Roja’. A partir de ahí se fueron sucediendo el resto de problemas. Con Busquets anulado, Xavi e Iniesta no rascarían balón y, por tanto, el equipo quedaría fracturado. Scolari tiró abajo el castillo de naipes español y Del Bosque, ayer nostálgico de su queridísimo doble pivote con Xabi Alonso, no supo volver a encajar las vértebras de la columna en su sitio. Sin duda, fue un partido para eruditos del fútbol, una lección táctica en toda regla: si Neymar necesitaba espacios sin el agobio de los defensas, alguien debía hacer el trabajo sucio, o sea, incordiar a Ramos y Piqué. Solución: Fred, delantero en la sombra que marca goles de nueve puro y se pelea con sus marcadores hasta desesperarles. El primer gol fue de ratón de área, muy al estilo de Raúl González. Vamos, el rol que falla en España, aunque no lo hayamos necesitado todo este tiempo.

Pero el crack del baño brasileño, y del torneo, es quien merece bastantes líneas. Por de pronto, Sandro Rosell habrá suspirado de alivio porque espanta los fantasmas de un posible efecto Robinho. Y vale que Neymar no se fogueará en un PSV Eindhoven (Romario y Ronaldo) o en un Paris Saint Germain (Ronaldinho), pero la Confederaciones ha confirmado que no necesita ese paso intermedio. Si es espabilado, que parece que lo es, aprenderá de Messi hasta mimetizar algunas de sus genialidades. Entonces ya será el súmmum de la excitación futbolística. Como muestra, el catálogo que anoche desplegó la cresta más popular de Sudamérica sirve de idea para que Sport y Mundo Deportivo lo regalen en un DVD con el periódico del domingo. Sí, es un escándalo de jugador, aunque en la final Neymar fuese la comedia y Arbeloa la tragedia. ¡Vaya contraste!

Es una derrota sin paliativos e indigna para la mejor selección del momento. Pero en España tenemos la maliciosa tendencia de hiperbolizar con nuestro fútbol y después vienen los sopapos a gran escala. Salvando las distancias, por supuesto, España goleó a Ucrania por 4-0 en el debut del Mundial de 2006 y eso creó una efervescencia en la gente que Francia nos borró de un plumazo. Hace dos semanas parecía que el mundo se acababa con la demostración de Harlem Globetrotters contra Uruguay; Maracaná se presumía como el destino final para que La Roja ganase el tan codiciado juego de tronos. Y no se trata de eso: la selección vive una época orgiástica de buen fútbol que no va a cambiar de la noche a la mañana. Incluso, la derrota tiene su lado didáctico porque España tiene margen de mejora: conquistar dentro de un año lo que anoche se escapó. Sin embargo, hasta entonces tendremos que seguir aguantando el grito unánime de Maracaná: “Quer jogar?, Quer Jogar? O Brasil vai te ensinar”. Pueso eso, que nos enseñen…de momento.

Del Bosque, el gran estratega

Viernes, 28 Junio 2013

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A Del Bosque le tomaron por loco cuando, en el Real Madrid, sacrificó el talento trequartista de Guti para rebautizarlo de delantero centro o, mejor dicho, ya entonces de ‘falso nueve’. Con Morientes a menudo entre algodones, Guti se convirtió en estilete de la noche a la mañana y muy a pesar de las críticas de la opinión pública. El ‘catorce’, lejos de molestarse, espabiló rápido y fue marcando goles, así hasta dieciocho en aquella primera Liga de Figo. El Madrid se proclamó campeón y Del Bosque, ese ‘suicida táctico’, fue coronado como estratega mayor del reino. Trece años después,  Del Bosque miraba de reojo al banquillo del estadio de Fortaleza sin encontrarle a Fernando Torres un sustituto de garantías: Cesc y Soldado habían estado tocados durante toda la semana y Villa hacía demasiado tiempo que no afrontaba situaciones críticas. Y como debía tomar una decisión, el salmantino pensó en la ‘opción Guti’, personificada anoche en Javi Martínez. Su ex compañero Ander Herrera cazó a la primera la intención de Del Bosque en el twitter: “De central a delantero centro en año y medio, éste es bueno donde lo pongas”. Loren, aquel delantero del Athletic que pasó a adueñarse de la zaga de la Real Sociedad, ha dejado de ser el único y genuino rara avis.

No fue el único experimento volátil que intentó Del Bosque. Sin ir más lejos, eligió a Busquets para lanzar uno de los siete penaltis; nada extraño de no ser porque era el segundo penalti que lanzaba…¡en toda su carrera! Como anécdota, el primero lo falló, así que máximo riesgo, aunque el barcelonista no se lo confesó al seleccionador en el césped, tal como aclaró en COPE. Pero la madre de todas las apuestas era Iker Casillas. Con él nos jugábamos el primer momento decisivo de la Confederaciones y con él sufrimos hasta el final. Sus dos paradas de la primera parte fueron detenidas por todo el país, incluida la afición culé, ansiosa porque Mourinho y todas sus consecuencias vayan cayendo como un castillo de naipes. Pero ayer el espectro de Mourinho no pintaba nada; bueno, quizá algo cuando el portero no tuvo la flor de siempre en la tanda final. No obstante, a Casillas le vienen de maravilla estos partidos sobre el alambre para recuperar la confianza perdida.

España volvió a demostrarse a sí misma que sabe ganar con el mismo oficio que Italia, Alemania o la misma Brasil. Ya no se trata de esforzarse en maravillar para ganar, sino que en circunstancias atascadas La Roja maneja tan bien los tempos como antaño lo hizo el Madrid de Del Bosque en las Champions. Sin embargo, Prandelli se reveló como un fabuloso ajedrecista intuyendo cada jugada por delante de su colega español. Fue entonces cuando llegó el cambio de Torres por Javi Martínez y la regeneración milagrosa de la prórroga. Quizá cinco minutos más y la selección española no habría necesitado penaltis: Buffon era el único de sus compañeros que se mantenía erguido sobre el tapete, el resto ya había prestado un servicio impagable a su patria azzurra. Los italianos tienen que sentirse contentos.

Y en el horizonte Brasil, aunque ésta que parece extraterrestre en el mundo del jogo bonito. Por eso, cada vez que Neymar intenta una gambeta o un caño sin éxito, no supone ningún fraude en un combinado más musculoso que ingenioso. Así lo prefiere el cuadriculado Scolari y también nuestra selección, que ha patentado y modernizado aquel fútbol marciano del Brasil del setenta. Por fin llega un sueño quimérico: Brasil-España en el sagrado (y remozado) Maracaná, pero con los papales cambiados. España es la número uno del mundo, Brasil sólo un aspirante más.  

El genuino Cesc Fábregas

Lunes, 17 Junio 2013

Arsene Wenger es un entrenador feliz este lunes. Su mejor producto de los últimos tiempos por fin ha encontrado el mercado donde mejor se va a vender si Tito Vilanova se deja aconsejar por Del Bosque. Es Cesc Fábregas en versión anglosajona, la que aprendió y perfeccionó a la vera de su mentor en el Arsenal; el mismo que una vez sugirió a los reporteros del Arsenal que estuviesen atentos a “uno de los mejores llegadores del futuro”. No se confundió Wenger con su aprendiz; sí lo hizo Guardiola cuando lo reclamó para el Barça con unos planes totalmente diferentes. Porque Cesc lleva año y medio intentado apreciar el falso nueve que tantos quebraderos de cabeza le está dando. Quizá si en el Barça le hubieran dado un puñado de partidos de mediapunta, la grada del Camp Nou jamás habría sospechado de él. Por eso, el fútbol español agradece a Del Bosque su sorprendente y arriesgada decisión: si Cesc no hubiera sido el mejor de anoche, una buena legión de twitteros  habría martilleado al seleccionador con esa pedrada que tiene Tomás Guasch en su cabeza para el Real Madrid, ‘Silva, Mata y Cazorla’. Por suerte, el técnico español no tiene twitter y, también por suerte, sus cambios tácticos suelen salir bien.

“El doble pivote es innegociable”. Fue el único imperativo que anunció Del Bosque desde que relevó a Luis Aragonés. Y, seguramente, no se lo habría ventilado de haber convocado al lesionado Xabi Alonso; para qué cambiar al campeón mundial y de Europa por dos veces. Cuestión de experimentar, debió pensar el técnico salmantino; por algo, tiene la plantilla más talentosa de largo en el fútbol mundial, con jugadores aptos para plantear cualquier táctica imaginable, sea la clásica 4-4-2, la típicamente culé 4-3-3 o ese 4-1-4-1 con el que sorprendió España luciendo un delantero centro como dios manda. Soldado aprovechó su oportunidad  y deja una pista clara para el futuro: la Confederaciones no verá falsos nueves. Aunque con Del Bosque nunca se sabe; para la prensa que sigue a la Roja acertar el once se ha convertido en un auténtico reto. De hecho, ningún enviado especial se la habría jugado por Iker Casillas. ¿Justo? Deportivamente no por su baja temporal. pero el carisma de quien ha sido el mejor jugador del Madrid temporada a temporada hasta que llegó Cristiano Ronaldo pesa demasiado. Y lo saben Del Bosque y Toni Grande, quienes no esgrimieron ninguna razón convincente para explicar su titularidad y la consiguiente suplencia de Víctor Valdés.

Uruguay nunca ha ganado a España ni en partido oficial ni amistoso. Y con la actitud de anoche será complicado que llegue la primera en un tiempo. Óscar Tabárez se confundió dejando a Forlán en el banquillo, no porque jugase bien los minutos que le dio sino porque siempre hará algo más interesante que cualquier otro compañero, exceptuando a Luis Suárez y Cavani. Sobre todo, la estrella del Liverpool, claramente desesperado por la falta de calidad del resto. Al menos, ha vendido su caché y quién sabe si Florentino Pérez le habrá subido puestos en su particular ranking de aspirantes. Suárez busca desmarques, regates, fija la mirada a los de su alrededor, y pone y lanza faltas. Lo tiene todo si se le compara con el casi saliente Higuaín. Mientras, Cavani reservó sus dotes de killer para partidos más sencillos porque, como al resto de su selección, España le desactivó desde el primer minuto con un ‘tiqui-taca’ de libro.

Las comparaciones están hechas para que nosotros, los periodistas, subamos a alguien a un pedestal tan rápido como lo hundimos,  pero no es ninguna idiotez afirmar que la primera parte fue la más perfecta de la era Del Bosque. Con más del ochenta por ciento de posesión, la visión en HD de Fábregas y la majestuosa lección de patinaje artístico de Iniesta dejaron a Uruguay al nivel de un regional preferente (y eso que en nuestro país esa categoría tiene nivel). El país más idóneo ha reeditado al Brasil del setenta en versión muy mejorada, y no es precisamente la selección de Neymar.

Del Bosque, el buen estratega

Sbado, 30 Marzo 2013

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Confiesa que le ha cogido el tranquillo a ser personaje público, sobre todo después de recibir mil y una distinciones por haber ganado el Mundial, título de marqués incluido. Pero Vicente Del Bosque nunca ha usado su rol público para inflamar asuntos de estado, salvo cuando le tocan la fibra con su despido improcedente del Real Madrid. Sin embargo, en el primer deporte nacional de este país (el segundo es el fútbol) su nombre sigue siendo fusilado por criticones obnubilados por teorías conspirativas. La más famosa y persistente, que durará por los siglos de los siglos, dice que Del Bosque es sólo un continuista de Luis Aragonés y que cualquiera podía haber ganado títulos en el Madrid con el mensaje simplón de ‘salid y jugar como sabéis’, sin olvidar, claro, su sambenito de mal estratega. Quizás estos teóricos ignoren que el seleccionador algo hizo para lidiar con los numerosos marrones que le aparecieron desde que una tumultuosa noche de noviembre de 1999 John  Benjamin Toshack estalló contra la directiva de Lorenzo Sanz y confesó sin titubeos al MARCA que era más fácil ver un cerdo volando sobre el Bernabeu que rectificar algunas declaraciones.

Por de pronto, Del Bosque fue declarado entrenador interino del Madrid tras el despido de Toshack y con la papeleta de conjuntar a una plantilla desguazada por una lucha intestina de egos, con el de Anelka como el más flagrante. “Creo que Nicolás esta confundido, en su mundo”, espetó el entonces técnico merengue cuando le preguntaron por qué no convocó al delantero francés para un Madrid-Sevilla. Y esgrimió su razón: “Anelka no se corresponde con lo que debe ser un deportista, o sea una persona altruista que se dé a los demás. Lo que nunca puede pretender un jugador es entrenar y jugar a la carta; el fútbol es universal: se juega en corto o largo, sea en Francia o en Vallecas”. Así zanjó Del Bosque la cruzada que el fichaje más caro de la historia del club había emprendido contra directiva, entrenador y sus propios compañeros. Meses después y con el equipo pensando en el limbo en cada partido liguero, el técnico salmantino convenció a Anelka de que necesitaba su talento para tumbar al Bayern de Munich en las semifinales de Champions. Se habían llevado dos rapapolvos gordos en la fase de grupos: cuatro goles en el Bernabeu y otros tantos en Alemania. Finalmente, el efecto Anelka funcionó, pues él, y sólo él, se convirtió en la pesadilla del desafiante Kahn.

Pero durante aquella temporada Anelka no fue el único quebradero de cabeza. Con la Liga casi perdida, el Madrid afrontaba los cruces decisivos de la Champions como única salvación de la temporada. Y para más inri, el líder de la defensa, Fernando Hierro, quedaba fuera de combate por lesión. El central había eclipsado a todos y cada uno de los escuderos que le habían alineado cada domingo: Karanka, Helguera e Iván Campo ni por asomo alcanzaban el carisma de Hierro. Así que Del Bosque contempló otra solución: en vez de hacer casting de centrales, cambió el dibujo táctico colocando juntos precisamente a los tres teloneros. El experimento de los tres centrales funcionó en Old Trafford la noche del taconazo de Redondo, prosiguió contra el Bayern y alcanzó su cénit en la final de París. Entonces, Del Bosque fue declarado ‘marqués de la estrategia’. No obstante, después de una década el técnico todavía recuerda el riesgo que asumió: “Nos la jugamos con los tres centrales, si nos sale mal nos matan”, confesó a MARCA hace pocos días.

El siguiente episodio de meritocracia no tardó en llegar. Del Bosque se había ganado su continuidad, así lo entendió y anunció Florentino Pérez a su llegada a la presidencia, incluso antes de ganar las elecciones con el as de Figo en la manga. Y eso que los primeros meses fueron demasiado convulsos: una sorprendente eliminación copera ante el liliputiense Toledo, unido a la derrota en la Supercopa Europea contra Galatasaray y otro bofetón en la Intercontinental de Japón ante Boca Juniors hizo dudar al Bernabeu. Del Bosque tenía una plantilla demasiado buena como para desperdiciar tantas competiciones y, encima, el arranque liguero no había sido el esperado. A ese Madrid le faltaba gol y el remedio no lo iba a encontrar con una billetera: Guti era el elegido para jugar de delantero centro, quizá más de ‘falso nueve’ que de ariete rematador en el punto de penalti. El caso es que el madrileño llegó a quitarle la titularidad a Morientes y clavó ni más ni menos que catorce goles. Del Bosque había sacrificado los pases inverosímiles de Guti por su desconocida capacidad goleadora. Funcionó.

Los capítulos galácticos de Zidane y Ronaldo no supusieron grandes comeduras de coco para Del Bosque. Si acaso, el desliz que se le recordará al salmantino será el de haber sacrificado momentáneamente la carrera meteórica de Iker Casillas por un puñado de malos partidos. No obstante, su suplente César cuajó buenas actuaciones y, quizá, de no ser por su lesión en la final de Champions contra el Leverkusen, Casillas no habría encontrado ese punto de inflexión que relanzó su vida para siempre.

Por último, y después de un mal trago en el Besiktas, donde no detectó ni la más mínima simbiosis  con gente que entendiera el fútbol alrededor de un balón (tampoco Del Bosque se aclimató), llegó la oportunidad envenenada de sustituir a Luis Aragonés. Éste consiguió el ansiado sueño de superar todos los clichés de la selección española, ¡por fin volvíamos a ser importantes en Europa!, pero su ciclo había caducado. El legado del sucesor quedaba claro: aprovechar la mejor generación jamás habida en España. Y así lo hizo Del Bosque, no sin las presiones de la prensa. Ocurrió en Sudáfrica, después del batacazo inicial contra Suiza. El tiqui-taca murió en la defensa helvética y la opinión pública no entendió la necesidad de jugar con Busquets por detrás de Xabi Alonso. Pero el seleccionador se mantuvo firme a su convicción y siguió confiando en el azulgrana, hasta tal punto que llegó a decir que si fuera jugador le habría gustado parecerse a Busquets. De ahí a ganar el Mundial, y de Sudáfrica a la última Eurocopa, en la que sorteó la discusión del ‘falso nueve’ experimentado tácticas hasta la final, en la que España demostró que hoy día está por delante de cualquiera. Gracias, en parte, a Del Bosque.

El mundo quiere jugar como España

Mircoles, 27 Marzo 2013

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“El mundo quiere jugar como lo hace España y nosotros cambiar de estilo. Es increíble”. La preocupante reflexión de Gerard Piqué para El País en la víspera de la toma de París invita a sentar en el diván a la prensa española. El desliz contra la pandilla finlandesa, trivial para cualquier selección del planeta salvo para la española por extraño que parezca, evidencia el maniqueísmo que sufre la imagen de ‘La Roja’: todo pinta blanco o negro. Así somos. Afortunadamente, Pedro, el goleador silencioso, ha barnizado el tapete con tonos cálidos y alegres; pero si Víctor Valdés no llega a recrearse a sí mismo con aquella sublime actuación ante Thierry Henry en la final de Champions de Paris contra el Arsenal, entonces la imagen de Del Bosque habría acabado hecha un cristo. Todo se simplifica al balón, “el pasado parece que no importa”, tal como denunció Sergio Ramos la pasada semana. Y es una pena porque tenemos delante de nuestras narices la mejor generación que ha parido España y desperdiciamos las tertulias periodísticas queriéndola mandar al garete: ya sabéis, el morbo siempre vende más que cualquier estado de felicidad, por consiguiente, aburrido.

Manolo Sanchís dijo una vez que “no hay nada más bonito que un país pueda disfrutar de su selección cuando es la mejor del momento”. No lo decía por España, sino con cierto tono de envidia sana; no en vano, la última vez que ambos países se enfrentaron en fase clasificatoria, en 1991, el ex capitán del Real Madrid tuvo que aguantar estoicamente como Jean-Pierre Papin y Eric Cantona aplastaban al combinado de Luis Suárez con un repaso monumental en el Parque de los Príncipes. Entonces, a nuestra selección no se le apodaba ‘La Roja’, sino un pobre enfermo con el síndrome de cuartos de final. Y a veces ni eso. Aquella España cincelada por la Quinta del Buitre jugó en París por debajo de sus posibilidades y perdió; evidentemente, era incomparable a ésta, por eso Sanchís no entiende cómo se le puede disparar ni la más mínima crítica a Del Bosque. Será el adn español con ese estúpido bipolarismo que, tal como describe Piqué, indica que “nuestra cultura está en crisis si pierdes un partido después de hacer lo que no ha hecho nadie: Eurocopa, Mundial y Eurocopa”.

La victoria de anoche es rotunda para un equipo que se mofa de los escépticos, y también para Del Bosque, a quien esos mismos le acusaron en Gijón de ser un nulo estratega. Cierto es que el seleccionador no dio con el martillo para destrozar el muro de hormigón de Finlandia, pero en París la gran novedad del once fue Pedro y la consecuencia no pudo ser más satisfactoria. Las teorías del fin de ciclo quedan aparcadas hasta la próxima convocatoria, precisamente contra los escandinavos. Entonces, hacer algo extraordinario, o sea no ganar, alimentaría a los mentideros periodísticos con otra palabra muy manoseada estos días: autocomplacencia. ¿Pero de qué? Si la madre de todos los retos ya la han confesado los propios futbolistas: retar a Brasil en territorio hostil. El Maracanazo del 2014 se aproxima, después poco importarán los ciclos finitos o la continuidad de Del Bosque.