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Manuel Pellegrini, relaciones públicas por excelencia

Jueves, 14 Marzo 2013

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Resulta paradójico que anoche en La Rosaleda, al margen de los seguidores del Oporto, hubiese alguien arrepentido por los acontecimientos. Se sentó durante todo el partido debajo de la grada central donde se ubica la prensa y quiso pasar inadvertido porque el cachondeo podría haber sido de órdago. Era Unai Emery, ahora míster del Sevilla y que en el verano del 2011, cuando dirigía al Valencia, poco le importó dejar escapar a un crío de las categorías inferiores que, según él, no iba a dar la talla en el primer equipo. El chaval, consciente de que su talento sí cuajaría en Valencia, quiso renovar con unas condiciones que Manuel Llorente nunca aceptó. Y mal que le pesara, decidió dejar la que había sido su casa desde los catorce años para embarcarse en el proyecto faraónico del jeque Al Thani. El talento de aquel canterano tenía un precio: seis millones de euros; esta mañana, Isco Alarcón ha subido su cotización a casi cuarenta millonesy, aunque haya renovado, el mercado le va a exponer en su particular Ibex.

Sí, Unai Emery tuvo que tragar saliva con cada regate de Isco, cada pase al espacio, cada control made in Zidane. De repente, ha nacido una estrella que soba con el mismo mimo un balón descosido en las calles de Benalmádena que el oficial de la Liga de Campeones; su propósito es divertirse y es de esos genios que se martirizan sin la pelota en los pies. Isco lidera una apuesta sin garantías de viabilidad económica, pero hoy en Málaga nadie se ha parado a pensar en la pesadilla de los pagos: el equipo ganó anoche el partido más importante de su historia, por tanto, habrá otro aún más histórico, el de cuartos de final; razón: pregunten a Manuel Pellegrini.

“Hemos convertido a un grupo de estrellas en un equipo de obreros”. La consiga del técnico chileno ha imperado en medio de las tempestades originados por la negligencia de un jeque con ínfulas de divinidad. Los dueños habían vendido una obra monumental a una ciudad que estuvo a punto de ver cómo se quedaban sin fútbol de alto copete; pero, mientras las promesas cobraran proporciones bíblicas, las transferencias bancarias escaseaban y el flujo de dinero se cortó de cuajo. En esta tesitura, Pellegrini se inventó una gestión extraordinaria de relaciones públicas para fichar jugadores residuales de otros clubes pero, al fin y al cabo, rentables  y, sobre todo, de su confianza. Así vino Martin Demichelis, el jefe de la zaga. Su largo periplo en el Bayern tocaba a su fin y una sola llamada del chileno lo cambió todo. Habían coincido en River Plate, donde el central argentino había quedado prendado de la mano de seda de Pellegrini.

El fichaje de Martín Demichelis fue especial porque Pellegrini sabía del poder de seducción del argentino. Si venía él, podía atraer como un imán a parte de la colonia de sudamericanos repartidos por Europa. De este modo, el ex central del Bayern convenció al ‘Conejo’ Saviola con una sola llamada y sus años en el Munich labraron una amistad con Roque Santa Cruz que se recompensaron con el fichaje del paraguayo el pasado verano, cuando éste estaba sumido en el ostracismo del Manchester City. Hubo una pieza del puzzle que  costó demasiado esfuerzo: Jérémy Toulalan. El francés impresionó a su actual entrenador en la fatídica eliminatoria Real Madrid-Olympique del 2010 e intentó ficharle durante su primer año en el Málaga, pero fue imposible. Vino en el verano de Isco.

Sería injusto no mencionar a Antonio Fernández, ex director deportivo, como contribuyente crucial de la apoteosis malacitano. El jeque le encomendó a él, y sólo a él, construir un equipo de la nada, y Baptista, Cazorla, Ignacio Camacho vinieron a coste ínfimo gracias a su habilidad en los despachos. Pero, sin duda, el disparo mas certero fue traer a mitad de temporada a un entrenador con un “librillo de estilo moderno” y aroma de gentleman: no podía ser otro que Pellegrini, gracias a la denodada labor del difunto directivo José Carlos Pérez y el vicepresidente Abdullah Ghubn. La pena es que el éxtasis de la ciudad penda de un hilo, la de una fecha de abril en la que el Tribunal de Arbitraje Deportivo fallará si el Málaga va al paredón por sus triquiñuelas financieras o le concede una supuesta segunda oportunidad en el torneo de los mayores.