Blogs

Archivo de la categoría ‘Di María’

Sin miedo al “miedo escénico”

Mircoles, 4 Noviembre 2015

paris_saint-germain-real_madrid-liga_de_campeones_mdsima20151103_2841_21.jpg

Champions League 1995/1996. El Santiago Bernabéu hincó la rodilla en una de las mayores exhibiciones de los tiempos recientes. La última vez que el coliseo blanco aplaudió al enemigo, Ronaldinho se marcó todos los vises. La penúltima la motivó el Ajax de Amsterdam, artesanía de Louis Van Gaal con su ingeniería de cantera. El Madrid de Valdano&Cappa se cruzó en la fase de grupos con un fútbol robotizado, de memoria y sin margen de errores. De repente, la posesión del Ajax sube el porcentaje como la espuma: el balón rueda de Edgard Davids a Finidi; de Overmars a Kluivert y, a medio camino, Jari Litmanen. La grada empieza a impacientarse porque teme que su equipo muera por oxidación. A los pocos minutos, primer gol mal anulado a Kluivert; un rato después, golazo de falta de Litmanen que el árbitro vio fuera. La segunda parte se intuye como un funeral: Valdano no reaciona y el Ajax desborda cualquier línea merengue mareando la pelota. A Redondo y Sanchís les faltan cubos para achicar agua, Laudrup habría querido ser un tránsfuga aquella noche. Termina el partido, 0-2 y demasiadas gracias. 

Anoche el Bernabéu volvió a mosquearse. Entre silbidos y aspavientos, hubo minutos cronometrados en los que el Paris Saint Germain practicó rondos de entrenamiento. El balón escaneaba el césped palmo a palmo sin ninguna interrupción merengue. Y para un Madrid con pretensiones hegemónicas, la imagen es desagradable. Aquel tronco del Barça llamado Maxwell mutó por unos instantes en una especie de David Alaba o el mismo Marcelo. Sin embargo, el PSG no sacó el rodillo hasta que Verratti, eterna y sospechosa promesa, cedió su sitio a Rabiot, un jugador que agitará el futuro más inminente de la selección francesa. Como Anthony Martial. Y siempre quedará Di María, tan rápido de piernas como ágil de mente. Su fútbol es tan volátil que Ibrahimovic y Cavani no alcanzan a leerle entre líneas. Los nostálgicos de La Décima todavía le echan de menos; el grueso de la afición se ha quedado prendado de James. La predilección por el colombiano supera una catarsis de Cristiano Ronaldo.

El caso del portugués escapa de la demagogia, Sí, ha reventado récords  y sus ansias de superación personal merecen un hueco en la carrera de Psicología. Sin embargo, aún no ha sabido aprovecharse de la inexorable metamorfosis de cualquier futbolista. Ha perdido aceleración y no intenta remediarlo; su regate no escurre y él se empeña en amagar con bicicletas. No quiere ni oír la sugerencia de delantero centro, pero su último servicio al Madrid encajaría mejor desde el punto de penalti. Su oasis en la banda izquierda aún no preocupa a Rafa Benítez. Cuestión de tiempo. De momento, las estadísticas facilitan el trabajo del míster y disfrazan la coartada perfecta: el baño del PSG es un acontecimiento muy puntual, casi histórico que se repite con goteo durante décadas. No hay razón para la preocupación: Keylor Navas estuvo discreto, ¡noticia! Pero llama la atención que siga habiendo pesos pesados que no les pueda el “miedo escénico”. Y no se llamen Barcelona.

 

 

 

Un Madrid de rock and roll

Sbado, 18 Octubre 2014

Isco

“El Madrid es rock and roll y el Bayern es más como el jazz”. Con su exquisito tacto, Xabi Alonso es la primera voz autorizada que describe de un plumazo el estilo merengue. Cuestión de gustos, claro; sin embargo, hay una palabra innegociable para su ex equipo: ‘rodillo’. En esta enésima ‘liga de mierda’ (Del Nido dixit) el Madrid gana por aplastamiento a la mayoría, noquea al rival y lo remata moribundo sobre la lona. En la época de Mourinho la artillería pesada salía al contraataque; con Ancelotti lo mismo saca el cuchillo a la carrera que golea con todo el equipo metido en campo contrario. El mayor respeto que puede expresar el Madrid por estos campos es acribillar sin piedad, sin amagos de vacilar o chulear. Y la sensación es que, tarde o temprano, brindará a su público una docena de una sola tacada. Ancelotti presumió en verano de disponer de la mejor plantilla de su carrera; son palabras mayores de quien ha entrenado a astros como Zidane o Ibrahimovic. La más completa de la historia del club ya es más debatible. No obstante, hace dos meses (antes de la ‘minicrisis’ de Anoeta y el derbi) este Madrid tenía la pinta de un Iron Man al cincuenta por ciento de su energía. Pero después de un puñado de correctivos severos, el señor Toni Stark (o sea, Carletto) ha probado el traje a su máxima potencia. De momento, los rivales apenas han sido esbirros de poca monta, porque en el primer combate de superhéroes falló (Atlético) y el próximo sábado llega su mayor villano.

De Cristiano Ronaldo está todo escrito, salvó quién es su acompañante ideal, su Robin de batallas. El año pasado llegó a formar tormentas perfectas con Bale y durante esta temporada se están reivindicando otros aspirantes. Su preferido, Benzema, no jugó en el Ciudad de Valencia, pero sí James Rodríguez, que se está olvidando del lastre de su P.V.P (80 millones) y saca a pasear la zurda con mucho descaro. Los chismorreos de los cenáculos madridistas apuntan que Florentino Pérez quedó prendado de James por su golazo a Uruguay en el Mundial; incluso, le criticamos en sus inicios que no mejoraba su versión discreta del Mónaco. Quizás por eso, James se ha desinhibido como lo hace con la selección cafetera; el guante de su pierna recuerda a los mejores tiempos de Davor Suker. Sin ocupar la misma posición, le faltan los latigazos del croata. A Guardiola le gustaría un tipo como James por su continua movilidad, ya que tan pronto calibra un centro desde la banda derecha como se desliza entre las líneas del media punta. Y ahora el morbo: James no es Di María, vale. Pero Di María nunca llegó a su plenitud en su primera liga. Sin quererlo, su némesis va a seguir siendo el argentino hasta que levante títulos. Las comparaciones son odiosas pero son las mueven las críticas o los ejercicios de onanismo.

Ancelotti se mojó en El partido de las 12  y analizó a James como un sustituto de Di María de “diez kilos más de peso y motor diesel para todo el partido”. Para chispazos eléctricos ya están Cristiano y Bale, el colombiano prefiere levantar la cabeza y mirar a sus compañeros antes de emprender la galopada. Diferentes, pero igual de útiles para ese rock and roll del que habla Xabi Alonso. Por supuesto que Isco también sabe tocar la guitarra eléctrica, pero le sucede como a Benzema: necesita pensar menos en el limbo y centrarse más en el día a día. El francés lo ha superado, el malagueño está en camino. Un talento tan descomunal como el suyo necesita un educador como Ancelotti que le premie en pequeñas dosis. Sólo de ese modo, Isco se entrenará rabioso y a pecho descubierto, capaz de dejarse la vida por cada titularidad. Da gusto ver sus quiebros, amagos de balón y, sobre todo, el toque final de chef que pone de vez en cuando al borde del área. Él había asumido el rol de desatascador para los minutos decisivos y ha acabado entendiéndose a sí mismo: por fin se ha dado cuenta que también puede aparecer en primera plana. Al fin y al cabo, gente como Isco o Benzema espabilan con una buena colleja. La que sabe dar el técnico italiano, pero no delante de los focos sino en el vestuario, a puerta cerrada.

Una bendita pesadilla

Martes, 26 Agosto 2014

carlo-ancelottir.jpg

Problemas en la sala de máquinas. Ancelotti ha pintarrajeado toda su pizarra y la única conclusión es que necesita tiempo para solucionar el galimatías táctico que atasca al Madrid. En vez de rodar el balón, el tráfico del centro del campo parecía la escena final del show de Benny Hill en la que todos corrían detrás de todos. Modric y James no se enteraron de la película y si el Bernabéu quiere ver a ese colombiano que se puso de moda en Brasil, tiene que engancharse con la ‘BBC’. Recuerdo que Fabio Capello, en su primer año de 1996, colocó a Raúl González en la izquierda, lejos del punto de penalti donde olfateaba el gol; claro que Raúl era Raúl y habría funcionado hasta de lateral. Después de muchos años criticando que el Madrid no mimaba las bandas, quizás desde que se retiró Roberto Carlos, anoche no encontró soluciones en el mogollón, donde suele diseccionar al rival.

Un caos táctico aderezado con una falta de ganas exagerada. El Córdoba presentó ilusión y una hoja de ruta muy trabajada, pero seguramente no esperaba que la mole merengue tuviera las vértebras fracturadas. Al ‘Chapi’ Ferrer le gusta tocar la pelota y evitar rifarla si es necesario, se nota que mamó la escuela cruyffista. Curiosamente, al primer toque (como le gustaba jugar a Cruyff) Benzema marcó un gol que fastidia al representante Jorge Mendes, quien ya se frotaba las manos con un negocio exprés por Falcao. El francés salió del limbo un instante decisivo y volvió a sumirse en un estado melancólico que irrita a la grada. Benzema es un delantero especial que, lejos de intentar clavar la bandera en el área, prefiere arrimarse a una banda para construir jugadas: le grada le aceptará o no, pero no exigirle que cambie. Y más, después de cinco años.

El público ve a la legua que su Madrid se divierte más contraatacando. No en vano, una de las zanahorias que se llevó Mourinho durante todo su serial de palos fueron esos ciento y pico goles de la segunda Liga. Bale y Cristiano suspiran aliviados cuando tienen delante autovías de cincuenta o sesenta metros. Su condición de velociraptores no termina de cuajar en esa idea de fútbol-control de Ancelotti. Tampoco lo habría conseguido el jugador que últimamente metía a los partidos cien vatios extras, pero eso ya es un imposible porque Di María estuvo pasando el reconocimiento médico en Manchester a las dos de la pasada madrugada. Si la propuesta del técnico es usar a Toni Kroos como mando de control remoto, a Modric tiene que programarle para una misión específica: o airear la pelota o contener atrás. De momento, se ha diluido demasiado respecto al final de temporada. “Es una bendita pesadilla”, dijo Manolo Lama durante la retransmisión del pestiño que anestesió al Bernabéu. Aclarar el dibujo de la medular hará de Ancelotti un entrenador más fiable o más sospechoso porque todos le mirarán a él. Quizá si Zidane se volviese a vestir de corto….

Derbi de argamasa y amasijos de hierro

Mircoles, 20 Agosto 2014

real-madrid-atletico-madrid.jpg

A Jürgen Klopp le desmontan su Borussia Dortmund cada año y sigue siendo un dolor de muelas. Su filosofía no es el partido a partido tan repetitivo de Simeone, cuyo segundo entrenador, el ‘mono’ Burgos, se encargó de recordar anoche a los telespectadores. No, Klopp cambia de peones (bastante baratos, por cierto) pero mantiene la idea de rodar el balón cuanto más rápido mejor. El ‘Cholo’ también ha asumido que el Atleti es una empresa de compraventa de futbolistas y, más importante, el casting más fiable del que se nutren las grandes moles europeas. Sin embargo, a pesar de la exportación de estrellas y como le pasa al Dortmund, los rojiblancos incordian allá donde juegan, sea en el trofeo Ramón de Carranza o en el mismísimo Bernabéu, al que le han pillado el gustillo. Simeone es cabezón: juega a morder la yugular, a chupar la sangre del contrario como un vampiro. Y para ello, cambian los personajes pero se mantiene el músculo. La esencia es innegociable, justo lo que debe buscar Ancelotti, todavía ahogado en un mar de incertidumbre: dominar el balón o machacar a mamporros.

El nuevo Madrid quiere controlar el fútbol, aunque le sigue tirando la inercia del contraataque made in Mourinho. Provoca relámpagos en ataque con apenas un puñado de pases, pero ahora el problema se ha detectado en la ‘sala de máquinas’, como le gusta decir al narrador Sixto Miguel Serrano. El ocurrente, que no elocuente, trivote formado por Kroos, Modric y Xabi Alonso se obturó por las tuberías de los dos últimos. Al alemán se le ve suelto y, por eso, el partido pedía que él siempre cogiese la pelota. En contraste, a Xabi se le ve cansado, sin la mente clara para interpretar su orquesta sinfónica, mientras que Modric sufre el mal de Sansón: no es el mismo desde que se cortó el pelo justo después de la final de Lisboa, ¿casualidad? Ancelotti tiene que aclararles su hoja de ruta porque desde la grada da la sensación que los tres centrocampistas traspapelan sus funciones: todos hacen lo mismo o lo que no deben.

Quienes lo tienen claro son los colchoneros. Mandzukic ha encajado como un molde en ese rol de delantero tanqueta o boya de waterpolo que se pelea con toda la defensa; en cuanto abra la lata, recibirá el guiño de su entrenador. Los que están en segundo curso de Simeone y repitiendo son su guardia pretoriana: Koke, Gabi, Mario Suárez y el novato Saúl han sido fabricados artesanalmente por su míster argentino. Se entienden, quizá por pertenecer a la misma escuela del Cerro del Espino (de la que habrá que investigar su génesis) y darán que hablar, vaya que si lo harán. Tienen buen pie y sudan como Raúl García, el soldado perfecto del ‘Cholo’. Paradójicamente, en 2005 el Real Madrid sondeó el fichaje del ex jugador de Osasuna, pero por aptitudes más estéticas y, a tenor de lo visto, menos eficientes de las que presta en el Atlético.

La velada continuará el viernes con un Madrid rabioso que lo último que necesita es otro regodeo del vecino, que no hace demasiado tiempo era el hermano pequeño e inocente que recibía collejas del blanco abusón. Y la estrategia de Simeone con la ventaja del empate a uno debería ser sencilla: meter argamasa en la defensa y hasta amasijos de hierro si hace falta. Porque ellos no necesitan un contraataque, les vale un solo corner en el que Godín remata con la cabeza hasta un microondas. Vamos, como Falcao antes de que le pudiera la codicia. Pero ¡cuidado!, que en esas de repente puede aparecer un obús de Bale o una jugada de tres rebotes de la que se aproveche el pícaro James Rodríguez a lo Raúl González. Claro que de un tipo de 75 millones se esperan zurdazos a la red como el del Mundial o recortes escurridizos en un metro cuadrado. No obstante, para esto último está Di María, no sabemos por cuánto tiempo aunque si fuera por la ovación del Bernabéu, un año más seguro. Venderle huele a cagada de proporciones bíblicas. Y si pide ocho millones en el contrato, Florentino debería ser flexible. El caso Makelele le jugó una mala pasada por las devastadoras consecuencias que arrastró. Y el presidente no quiere repetir aquel error de proporciones bíblicas.

 

Di María y los viejos fantasmas de Makelele

Martes, 29 Julio 2014

di-maria.jpg

La inminente salida de Ángel Di María podría revivir los viejos fantasmas de Makelele. En pleno apogeo galáctico, el centrocampista y destroyer francés para cualquier táctica enemiga, pidió un aumento a Florentino Pérez por méritos en el campo de batalla. Entonces, afición y prensa coincidieron que Makelele era el responsable del inevitable trabajo sucio, el que curraba entre bambalinas para que Zidane, Figo, Ronaldo y Raúl recibieran reverencias en el escenario. Pero el presidente y Jorge Valdano no accedieron a las pretensiones de Claude ‘el imprescindible’  y Roman Abramovich aprovechó el cajón desastre del Bernabéu para comprar una de las vigas maestras de su primer proyecto faraónico. Makelele no tuvo sustituto y quizá ésa fue la primera causa del famoso galacticidio; a Di María sí le han traído remplazo, uno que de momento vende tantas camisetas en Colombia como David Beckham en el Sudeste Asiático. Sin embargo, Di María ha ganado una pelea de la que muy pocos están al alcance: avergonzar al Bernabéu por tocamiento de huevos y reconciliarse con el mismo estadio precisamente por huevos. Terminó la final de Lisboa con la camiseta empapada, cláusula fundamental para arrancar aplausos en Chamartín, y desde hace tiempo venía pidiendo más pasta en su contrato. Sin duda, lo iba mereciendo.

El diario MARCA publicó ayer en portada que el Paris Saint Germain ha ofertado por Di María con un precio mareante: ochenta millones redondos y un contrato que permite al argentino comprarse un yate de eslora generosa en Saint-Tropez. Al final, todo se reduce al dinero. Porque cuando Di María raje (que lo hará) en alguna entrevista medio furtiva, usará la coartada por excelencia de los futbolistas: ‘no me querían en el club’. Y no será por la afición que hoy le aclama y ayer le silbaba. Escogido a dedo por Mourinho a los pocos días de acceder al banquillo merengue, Di María tenía la pinta de un Solari moderno; es decir, un banquillero de lujo que se acoplaría en un pispás a ese sistema acorazado del contraataque. Y como buen argentino pasional, peleó y se desvivió por un puesto titular y, cuando lo consiguió, él mismo lo perdió por una sorprendente dejadez. Quién no se acuerda de aquella frase con la que Mourinho lapidó al argentino: “Cuando Di María ganaba poco dinero, jugaba mucho. Ahora que gana mucho, no juega ni mucho ni poco”. El jugador recibió la colleja y entendió que debía ganarse la confianza perdida del entrenador. Pero ya era tarde y, como la mayoría del vestuario, necesitaba oxigenarse con un nuevo míster

El problema de Di María o su entorno ha sido la impertinencia. Su representante, Eugenio López, lanzó un mísil contra Florentino diciendo en radio La Red que tenía contrato pero también “importantes ofertas. Y eso era un tema presidencial”. Fue un primer paso equivocado para reclamar una subida justo cuando la grada pitaba al jugador balón sí balón no. No obstante, la directiva blanca todavía no se había sacudido ese don de la inoportunidad: Mustafa Özil, padre y representante de Mesut, también pidió cita en la planta noble del club para renegociar el contrato de su hijo en el peor momento de su carrera, cuando Özil apenas aguantaba una hora sobre el campo porque se le enrojecían los mofletes por agotamiento físico. El Madrid obsequió a Ancelotti con la potestad de elegir a uno de los dos, con el agravante para el alemán de que el Arsenal le quería a toda costa por casi cincuenta ‘kilos’. Finalmente, el técnico italiano decidió que Di María sudaba más la camiseta, al menos en los entrenamientos.

Vender a Di María por ochenta millones, si es que al final son ochenta, es el mejor negocio de la historia blanca. Dicho simplonamente, es un trueque entre James Rodríguez y  el argentino, a sabiendas que Di María terminó la temporada como un torbellino y fue el mejor argentino del Mundial. Ancelotti le quiere en el vestuario pero acabará aceptando que el Madrid es una mole a la que se necesita meter paletadas de comida. Y el PSG ofrece la más vasta de todas. Puede que Florentino Pérez aún tenga en mente el craso error de Makelele cada vez que negocia la venta de un jugador potable para la grada; en el caso de Di María, siempre podrá justificar que James no dio la talla. Si es que vuelven los fantasmas, claro.

 

 

 

Di María contra el mundo

Martes, 7 Enero 2014

La crónica rosa de Ángel Di María y su “acomodamiento” de partes eclipsó otro partido pestiño del Madrid. El sensacionalismo que tanto morbo da al público, cuando hay jugadores blancos por medio, engulló el caos táctico de un equipo con demasiado margen de mejora casi en la mitad de la temporada. Pero la noticia atractiva, mal que le pese a los puristas, es el gesto obsceno (natural en versión inocente) de Di María. Si el argentino militase en cualquier club de Premier League, a primera hora de hoy habría convocado una rueda de prensa para pedir perdón, no a los periodistas sino a la afición. Claro que antes se habría disculpado en su vestuario. Paco González adelantó anoche en El Partido de las 12 que el club está pensando en poner el asunto en manos de sus abogados: el desplante del argentino ha cobrado tanta trascendencia que el club medita una investigación con su consecuente multa. Por supuesto, (esto es opinión y casi cien por cien información) Di María ha cavado su tumba y su salida se demorará hasta verano porque Ancelotti no puede perder otro peón estratégico como lo fue Özil.

Si Di María jugara en Inglaterra, en el preciso instante que se toca los huevos, lo siento pero es literal, el presidente del club de turno habría enviado desde el palco un sms a su director de comunicación para que obligase a su futbolista a dar la cara ante los medios. Y sólo él para que el mensaje cobrase más fuerza. Anoche, Di María no sólo evitó el marrón de la prensa española sino que prefirió justificar su tocada de genitales en dos medios argentinos, Fox Sport y Espn Argentina. “Si lo hace otro, el gesto pasa de largo; si lo hago yo, es tapa de los diarios”. Además, de verdad, la imperdible fotografía vale para portada y contraportada. Pero si el gesto es a propósito, entonces Di María ya habrá desafiado al Madrid dos veces en apenas mes y medio: la noche que fue sustituido en Xátiva y el que ya es uno de los momentos gráficos del año. Como en el Madrid se magnifica cualquier detalle, si es feo más todavía, ese instante del argentino se comió incluso la comparecencia de Cristiano Ronaldo, apático durante el partido hasta que se puso la toga de semidiós. Un dato elocuente: 400 goles en 653 partidos de su carrera profesional. Le ha costado casi 300 partidos menos que a Raúl González llegar a esa cifra.

Pendientes del rastreo de las declaraciones furtivas de Di María, el ‘Bicho’ confirmó de una vez por todas que sí asistirá a la Gala del Balón de Oro del próximo lunes. Él nunca dejó de acudir a ningún evento FIFA y todo pinta que esta vez las cámaras no tendrán que enfocarle con cara desencajada cuando Joseph Blatter, o quien sea, lea el fallo del ganador. ¿Lo merece? Ése es asunto para la semana que viene. Hoy, tristemente, Di María es protagonista por delante del portugués, del revulsivo Jesé y de los dos mano a mano con los que el celtista Charles pudo dejar en la cuneta al Madrid. Estaba cantado que tanta bondad se tornaría en infierno para un Celta muy atrevido; la lectura fatalista para los blancos es que menos mal que la cruzada de la ‘Décima’ no empieza con el Bayern de Munich. Las consecuencias podrían haber sido desastrosas.   

El dilema de Di María

Lunes, 9 Diciembre 2013

di-maria.jpg

Cristiano Ronaldo llevaba cobrando los mismos millones que Kaká durante cuatro años. Sin embargo, el portugués nunca restregó a su presidente una razón exageradamente incomprensible para cualquiera que viese fútbol sin más. Su renovación, la primera, por cierto, se cumplió por méritos gigantescos con un salario también descomunal, pequeño detalle que no ha obviado el resto del vestuario. Si la tesorería se parece a la cámara acorazada del Tío Gilito, futbolistas como Sergio Ramos y Di María (Özil en su momento) han puesto el cazo por si caen sus cifras planeadas. Del sevillano, un directivo del Real Madrid se sorprende por la “barbaridad que pide su gente”. Y todavía le quedan tres temporadas, hasta 2017. Pero el nombre que flamea estos días es el de Di María. El diario MARCA publicó el pasado sábado un acuerdo inminente del argentino con el opulento Mónaco. Razón: Gareth Bale.

Di María todavía no ha escupido ni una sola palabra, pero MARCA, que suele apuntar bien sus informaciones, ha descubierto una telenovela que aumentará exponencialmente la audiencia mediática del mediapunta hasta verano…al menos, así lo ha asegurado Ancelotti desde Copenhague. Su mejora contractual no fue para echar cohetes en un club que maneja varios ceros en cada contrato; se le subió de 2,5 a 3,5 millones netos anuales. Es decir, que todavía tenía diez compañeros con mejor salario. Quizá por impotencia o conformismo, su rendimiento sobre el césped bajó y Mourinho tomó nota: “Cuando ganabas poco dinero jugabas mucho; desde que renovaste, no juegas ni mucho ni poco”, reprochó el técnico a Di María después de un empate en Pamplona. Pero Mou se marchó y Di María peleó en pretemporada por corregir un rendimiento que se asemejaba a una montaña rusa. Lo entendió Ancelotti y también la directiva, que con la necesidad imperiosa de hacer caja por el descomunal gasto de Bale, decidió vender a un jugador atractivo, pero de segunda fila: Di María u Özil, uno de los dos debía salir. Y Carletto prefirió la entrega, constancia y las buenas maneras que había visto en el argentino. Los amistosos que jugó los bordó, y en los que fue al banquillo, no rechistó. “Disciplina italiana”, dijo uno de los asistentes de Ancelotti sobre Di María.

Pero llegó Bale en loor de multitud y con ínfulas de Balón de Oro. Su precio justificaba todo, incluso la titularidad en el Camp Nou justo en un momento incierto de su esforzada puesta a punto. Desde entonces, Di María, con partidos eléctricos y otros de no tan alto voltaje, no ha digerido las bulas papales concedidas al galés. Bulas que ya no lo son tanto a tenor de sus estadísticas meteóricas: nueve goles y siete asistencias en sólo trece partidos. El listón para el ‘fideo’ sube centímetros cada vez que Bale sale titular, por algo ha costado 100 (o 91) millones de euros. Pero, claro, en año de Mundial cualquier suplencia es sospechosa, y Di María no puede empezar a entrar en la tendencia ‘Iker Casillas’: Liga no, Copa sí y, en el caso del argentino, Champions menos que Liga. Si se queda batiéndose el cobre, el madridismo se lo agradecerá y Ancelotti dará palmas con las orejas; y si pone rumbo a Mónaco, el Madrid se queda sin fondo de armario. La elección es suya: pelear como en la gira de Estados Unidos o ser suplente, de lujo, eso sí, al estilo de Santi Solari en el Madrid de los galácticos. 

De Ronaldo a Cristiano, contraataque

Lunes, 21 Enero 2013

cris-y-ozil.jpg

“El Madrid es el mejor equipo al contragolpe. Pero para contraatacar, es necesario que el otro equipo ataque”. Pep Guardiola motivó el debate sobre cuál debía ser el Madrid políticamente correcto durante el primer año de Mourinho. Los detractores del portugués le achacaban que una plantilla tan ostentosa y con tantos caprichos debía arrasar sin que nadie le quitara el balón; vamos, al estilo del Barcelona. Sin embargo, también hubo opiniones, en la prensa y afición, alineadas con el fútbol escurridizo que provocaba bacanales goleadores con Cristiano como anfitrión del festín. Pero la lucha entre los puristas que sólo conciben la grandeza del club plasmada en el césped y quienes defienden que los jugadores deben adoptar un fútbol más ergonómico que se ajuste a sus características viene de lejos: en concreto, desde que Florentino Pérez fichó al otro Ronaldo, al ‘gordito’.

El delantero brasileño cambió para siempre la inspiración galáctica. Al primer Madrid de Figo, y también al de Zidane, le faltaban un ariete goleador cuya sola presencia fuese obvia para cualquier rival. Entonces, Guti sirvió a Del Bosque como solución improvisada en el estreno del presidente, mientras que Raúl marcaba goles sin ser el punta más adelantado; los hacía porque, simplemente, era buenísimo. Morientes sí aportaba las cualidades del nueve clásico, pero nunca bastó para el actual seleccionador. No, la magia de Zidane y la pillería de Raúl necesitaban un goleador con nombre temible. Y, desde luego, Ronaldo nunca dejó de ser aquella ‘manada de búfalos’ que sugirió el grandilocuente Valdano, ni siquiera con esa especie de rodilla biónica heredada de su desafortunado paso por Italia. Tal era el eclipse que provocaba su letalidad que el Madrid comenzó a gustarse tirándole pases fatídicos en los últimos veinte metros del campo; sin duda, era la mejor forma de aprovecharle y al equipo tampoco se le cayeron los anillos por jugar al contraataque. La diferencia con el Madrid de Mourinho es que Zidane, Figo y Beckham podían cambiar de formato sin esfuerzo: tan pronto le bailaban al Bayern de Munich con un curso magistral de balón, como jugaban agazapados en Old Trafford o el Camp Nou para soltar la correa de Ronaldo. Valían ambas formas y, sobre todo, gustaban las dos.

El Madrid de Mestalla dejó claro que su particular Circo del Sol lo monta con un puñado de pases profundos y paredes precisas. Las exhibiciones más espectaculares siempre han llegado al contragolpe, con Özil de apuntador y los galgos Di María y Cristiano de ejecutores. Con Xabi Alonso enrocado por delante de la zaga, Khedira ha encontrado el placer de animarse a la fiesta de los de arriba. Por si sobran migajas, ahí está el alemán para rapiñear. Y a la vista de todo el mundo está que Özil no puede aspirar al derroche físico que exige su entrenador: le va más poner pases largos y calibrados que inventar jugadas estáticas y bajar a defender. Por supuesto, a CR7 no hay que averiguarle su hobby más preciado: con cincuenta, sesenta e incluso ¡setenta metros! de espacio le sobra; luego, también le pone intentar un regate en parado y sacar misiles por tierra, mar y aire. Pero mola más la versión hercúlea que demuestra esta proeza de la genética.

Y por fin volvió Di María. Karanka justificó que su estancia en el limbo se acabó mediante un “clic psicológico”. O sea que la reprimenda de Mourinho que desveló MARCA surtió efecto. A su edad y con el reconocimiento público del que goza, el argentino tendría que comerse el mundo. Su fútbol se activa a partir de los mil voltios y, al parecer, sólo funciona en estado de sobreexcitación. Ése debiera ser  siempre su talante desde que sale por el túnel de vestuario. Pero quizá la comodidad de haber resuelto su contrato con el pertinente aumento de pasta o el desánimo general de la plantilla le han dejado bastante atontado. Al menos, ha espabilado, aunque sea demasiado tarde para conjurar remontadas fantasiosas.

El fútbol estorba en los Juegos

Mircoles, 1 Agosto 2012

“Los Juegos Olímpicos es lo máximo, siempre que hayas ganado un Mundial”. Fue la carta de presentación de Ronaldinho en Pekín 2008. Fulminado por Guardiola, necesitaba sacar su talento de los escombros de dos años malditos con el Barça; el Milan confió en él, pero Dinho pidió ir a los Juegos consciente de que una medalla de oro haría olvidar esa silueta ensanchada por los vicios de la farra barcelonesa. Sin duda, los Juegos le devolverían el prestigio que un día se ganó con un Balón de Oro. La pena fue que su prematuro desfonde físico pesara más que sus filigranas, al menos las pocas que le consentía el sargento de hierro Dunga.

Leo Messi también acudió a Pekín con la idea de resarcirse, salvo que éste consideró el oro como un eslabón más de su meteórica carrera. Argentina se tomó en serio aquel torneo porque las penurias mundialistas escocían demasiado: el míster Checho Batista armó un equipo en torno a Juan Román Riquelme, otro que pidió ir, temeroso de que sus días de gloria tocaran a su fin. Allí jugaron Ángel Di María, que no fue titular hasta que su seleccionador se dio cuenta que tenía un prodigio en la línea de cal, y Kun Agüero, a quien el estado de neurosis permanente en el Atlético de Madrid le tenía agarrotado. Pero tal como consiguió Marcelo Bielsa cuatro años antes en Atenas, Argentina revalidó título contra la correosa Nigeria, cuyos futbolistas hicieron de los Juegos la coartada perfecta para enchufarse en clubes europeos.

Iker Casillas siempre ha lamentado no competir en los Juegos. No viajó a Sidney en el 2000 porque Camacho le prefirió llevar a la Eurocopa para cubrirle las espaldas a Cañizares. Sacrificó un sueño por otro más deseado, pero aún le remuerde no haber mordido una presea de oro; de lo contrario, su currículum habría sido más bestial de lo que cabe imaginar.

La historia del fútbol olímpica recuerda grandes epopeyas, como la fantástica Hungría de Ferenc Puskas, que ganó el oro de Helsinki 52 y dejó escapar el Mundial de Suecia 54 contra Alemania, o la de la ‘Araña negra’ Lev Yashin en Melbourne 56. Ellos pudieron presumir del oro porque entonces no había mayor gloria que los Juegos…hasta que la FIFA consideró que el Campeonato del Mundo debía ser el único torneo que eclipsara al mundo. Tal capricho ha convertido al fútbol olímpico en un torneo residual para promesas con ínfulas mundialistas y estrellas apagadas en busca de un último chispazo. Las flagrantes críticas al fútbol olímpico responden al recelo español a una categoría, la sub-21, que se ha salido de la inercia gloriosa de los mayores.

Así como Maradona no sería el más grande sin la actuación más estelar jamás vista en un Mundial, cada deporte tiene sus propios retos y es evidente que Michael Phelps nació para que Mark Spitz tenga un ídolo en el agua, al igual que a Usain Bolt sólo le entusiasma que su zancada quede inmortalizada en un estadio olímpico. El fútbol se ha querido desmarcar del espíritu olímpico por saturación máxima, ¡lástima!

Máximo riesgo

Mircoles, 18 Enero 2012

angel-di-maria-lesionado.png

19 de noviembre de 2005…el brasileño Ronaldo aparece en la sala de prensa de Valdebebas por petición propia y en la víspera del clásico. Su presencia en el Bernabeu era capital para el entrenador Vanderlei Luxemburgo y, sobre todo, para el devenir de unos ‘galácticos’ marchitos. Había estado cinco semanas recuperándose de un golpe en el tobillo izquierdo que sufrió en el derbi madrileño y, evidentemente, el reto era llegar al decisivo Madrid-Barça, que marcaría el futuro de la Liga. Así que Ronaldo se sentó delante de los periodistas y acalló los rumores…”Para jugar esta clase de partidos hay que estar a tope e intentar dar el 120 por cien. Yo he trabajado bien toda la semana”. El gran enigma de la semana se había desvelado; los plazos de recuperación se habían acelerado y la pregunta era obvia: ¿merecería la pena que Ronaldo arriesgase contra un Barça que levitaba en Liga sobre todos sus rivales? Luxemburgo lo tenía claro porque su reputación y quizá empleo estaban en juego.

Ronaldo pisó el césped del Bernabeu aquella tarde de sábado…por lo menos. Jugar lo hizo más bien poquito: se le vio romo con el balón y pesado, bastante pesado, puede que por miedo a que el delicado tobillo volviese a hacer ‘crack’. Su abulia y el Circo del Sol desplegado por Ronaldinho tumbaron rápido a un Madrid que sólo pudo ser convidado de piedra en el definitivo fin de ciclo (éste sí que fue real). El madridismo vivó el contraste entre la versión zombi de su estrella y la estratosférica del paisano brasileño de enfrente. Después del partido, Luxemburgo debía dar muchas explicaciones: primero, la paliza del Barça; segundo, el patético ‘cuadrado mágic’o en el que se empecinó el técnico; tres, el estruendoso aplauso del graderío merengue a Ronaldinho y cuatro, y no menos importante, la temeraria presencia de un Ronaldo cuyo único botín fue más molestias en el tobillo. Sobre esta última cuestión, los periodistas sacaron a la palestra el nombre de Baptista, sustituto natural de Ronaldo, en buena forma física y también carnaza de banquillo. Lógicamente, Luxemburgo se escudó en la opinión médica del club, a pesar de que el estado de Ronaldo se delatase por sí mismo ante el resto del mundo.

Ayer el diario MARCA puso en práctica una nueva vertiente de periodismo de investigación: esquivó el hermetismo del club y tituló en su portada que Di María no estaría disponible para el clásico por una contractura en el entrenamiento del lunes. Las averiguaciones del periódico o, quizás, un chivatazo desde dentro de Valdebebas han puesto en jaque a Mourinho, otro partidario de ‘bunkerizar’ los entrenamientos contra reporteros y aficionados. MARCA anduvo espabilado y soltó la noticia que mantendrá el suspense durante el día: la ausencia de Di María desdibujaría el ataque del Madrid y Guardiola es consciente de que el argentino es quien está metiéndole pólvora a las ofensivas merengues.  Mourinho, visiblemente enojado por la filtración al diario, tan sólo explicó que su jugador “entrará en la lista definitiva, aunque las sensaciones no son las mejores”. O sea que, si al final cambia de opinión, siempre podrá justificar que la recuperación de Di María no fue óptima y si fuese uno de los elegidos para el banquillo, el técnico le usaría como último recurso en caso de que se torciese el partido. Las valoraciones jugador a jugador han demostrado que Di María se está saliendo esta temporada, pero es la Copa y sólo la ida, es decir, un clásico más no definitivo. Por si acaso, en Barcelona miran con suspicacia la contractura de Di María, ¿una treta del portugués? Aquí vale todo: antigripales milagrosos, convocatorias engañosas,…