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Archivo de la categoría ‘Diego Costa’

Suéltele la correa

Domingo, 4 Septiembre 2016

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“El jamón viene con hueso, viene como viene”. Julen Lopetegui no pretende resetear la memoria de Diego Costa como la de un ordenador viejo. En el bufé de goleadores puede elegir delanteros pulcros y disciplinados, Morata, y camorreros, de esos que encabronan a un defensa hasta la desesperación. Ambos currículum son necesarios, pero Costa arrastra una telenovela de guión de Gran Lebowski. Héroe para la nación española cuando Del Bosque le eligió, la afición del Atlético agradeció al seleccionador el reconocimiento del mejor delantero sobre barro. Nadie criticó entonces que la selección más artística de todos los tiempos (con permiso del Brasil del setenta) reclutara a un ‘buscabroncas’, capaz de sacar de quicio al mismo Pepe. Sin embargo, esa versión Ronaldo Nazario de Mercadona no ha hecho más que pintarrajear la aseada pizarra táctica de la España del tiqui-taca. En Brasil le tacharon de traidor a la patria y aquí se siente un marciano incomprendido. Quizá porque no huele portería o por la extraña sensación de que, jugando en Inglaterra, le tratamos como un foráneo más, Costa viene a La Roja como el paracaidista que aterriza en Vietnam sin saber dónde está el norte o el sur. Es él contra el mundo y mientras no acierte en esas carreras de manada de búfalos, la prensa deportiva seguirá siendo el enemigo. José María García presentaba sus programas como un teatrillo con buenos y malos; en la selección el hispano-brasileño es el muñeco del pim, pam, pum, apartados ya Iker Casillas y Vicente Del Bosque. Su casa fue el Calderón y así se lo transmitió a Simeone en busca de una redención este verano, pero tres jornadas de Premier League le han bastado para sobreexcitar al ya de por sí nervioso Antonio Conte. No es asunto para el diván de un psicólogo, simplemente no encaja de rojo, como tampoco lo hizo Kaká en el Real Madrid.

Costa no causa indiferencia porque Manuel Jabois obsequió a la calle con la mejor definición que se puede imaginar de él: “Es el típico raro que amaga con la caja B de los equipos que juegan con pelota y que desnivela el partido en las cloacas”. Porque es desde el suburbio donde se motiva, con zagueros de casi dos metros que le cosen a empujones y pataditas sibilinas. El trabajo sucio tan necesario como el de Nicolas Cage en El señor de la guerra, en el que interpreta a un traficante de armas que trabaja para gobiernos que no quieren mancharse las manos. Lopetegui le necesita porque no es un mero continuista de aquel maravilloso prodigio inventado por Luis Aragonés; el carácter volcánico del jugador decidirá si permanece o en el vestuario, o el barracón, tal como lo concibe él. A Costa le quieres o le rechazas, sin término medio; no le hacen falta las pinturas de guerra de una mole de la NFL porque su pose de pelea callejera intimida hasta al propio Vinnie Jones. Y eso son palabras mayores. Pero se parte la cara por él mismo y por unos compañeros que saben lidiarle sobre un alambre. Puede mandar un partido al retrete con un escupitajo, y puede encararse con tres a la vez (antecedente en un derbi con Ramos, Pepe y Arbeloa). El mejor Costa es el rottweiler que persigue a su presa sin correa. De ahí el placer de soltar la cuerda.                                                       

El Rey Leónidas sigue reinando

Mircoles, 25 Marzo 2015

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“O me sigues, o no me sigues; el liderazgo no se puede explicar”. Un dogma de fe con el que Simeone justificó su hueco en el fútbol en una entrevista en Jot Down Magazine. Y como el esfuerzo no se negocia, cada atlético sabe que, con más o menos talento, debe entrar todos los días al vestuario con el mismo alma de espartano; la falange es crucial para que el equipo no se desplome, porque si un solo futbolista no baja a defender, si uno de ellos no mantiene rígido el escudo, el enemigo puede clavarle el puñal hasta el esternón. Aquel sábado de enero de 2012 su primer Atleti empató a cero en Málaga y Radamel Falcao acabó el partido jadeando: “Ni en el Oporto corrí tanto”, dijo el tigre colombiano en La Rosaleda. El efecto ‘pupas’, coartada facilona para ahogar las penas de la sufrida afición, tenía sus días contados: el ‘Cholo’ no era otro producto volátil de esa empresa de compraventa de entrenadores que había devorado días antes a Goyo Manzano. No, el club necesitaba un carisma como el de Luis Aragonés y sólo Simeone estaba preparado para captar feligreses. Gil Marín le eligió sin contemplaciones, así lo habría querido don Jesús.

El rey Leónidas no ha traicionado a su pueblo. El club se ha volcado en él porque sin el ‘Cholo’ se olían el fatalismo. Todavía no ha nacido un digno sucesor; alguien que abra un cajón desastre y aplique una terapia de choque brutal. “No hay lugar para la debilidad. Sólo los recios…sólo los fuertes”, el resto no merece adoctrinarse en el ‘cholismo’.  Un ejemplo reciente fue el italiano Cerci, de gran cartel en Italia pero que no supo embarrarse lo suficiente para pelear por ese sentimiento de pertenencia en la plantilla. Simeone le amenazó con ignorarle si no perdía cuatro kilos y la estrella del Torino no se creyó el órdago del entrenador. En una comida el ‘Cholo’ saca su guasa, pero con el trabajo nunca bromea. Y menos de las sugerencias del ‘profe’ Ortega. Se fue Falcao y la prensa se echó las manos a la cabeza; ¿quién más en el mundo remataría un microondas con la cabeza? Nadie, ni siquiera Diego Costa, aunque tampoco hizo falta. De suplente del Rayo Vallecano a martillo pilón del Real Madrid. El hispano-brasileño entendió el fútbol arrabalero de Simeone y jugando a tumba abierta (requisito imprescindible) se ha convertido en estrella mundial. Es la verdadera gracia del ‘Cholo’, rey Midas de las causas perdidas. ¿Acaso Godín parecía un émulo de Fernando Hierro en el Villarreal? Su compañero de batallas, Miranda, tenía más pinta de Pablo Ibáñez o Luis Amaranto Perea que de central suplicado por media Europa. Razón: miren al banquillo.

Raúl González siempre agradecerá a Valdano aquella oportunidad imposible y Koke Resurrección se atrevió a darle un portazo al Barcelona el pasado verano sugestionado por Simeone. Su disyuntiva era evidente: ganar dinero y fama en Can Barça con el riesgo de marchitarse a la sombra de Iniesta, o mirar de reojo a la banda del Calderón y encontrar a su confidente. No se ha arrepentido porque esos cuartos de final ante el Madrid los habría firmado el mismísimo Adelardo. “Va a arder Troya”, dice un peso pesado del vestuario colchonero. Desde luego, con Simeone los derbis se han disfrazado en duelos Nadal-Federer en los que Federer es el mejor de la historia, pero en los que Nadal casi siempre tumba a la historia. Ahora el gigante no puede con el liliputiense. Disculpas al Atleti, hablaba en pasado. Precisamente, el ‘Cholo’ ha necesitado pocas sesiones para convencer a sus acólitos que la grandeza volvía a ser posible. Pero su aspiración no es ser tercero de España. De eso no presume Simeone, sí lo hacía la familia Gil; tampoco de títulos como su admirado Mourinho. “Hay un refrán que dice que si el 49% de la gente te sigue, date por satisfecho. Cuarenta y nueve, eh, ni siquiera el cincuenta”, cuenta el ‘Cholo’. No ha calculado bien porque ha reinventado el refrán: dejémoslo en un 99%.

Habla el acusado

Mircoles, 26 Noviembre 2014

Tenía ganas de desahogarse y devolver a raquetazos las sospechas insinuadas por Sergio Ramos. Había callado durante unos días y anoche eligió El partido de las 12 para la entrevista de descompresión. “Sí, me sentí aludido por las declaraciones de Ramos”, tajante y conciso, Cesc Fábregas quería hablar cuanto antes para quitarse ese poso de ‘caradura’ que flotaba en el ambiente. Diego Costa y él acusados de borrarse de la selección sin escatimar ni un minuto en el Chelsea de Mourinho. Al fin y al cabo, y aunque lo niegue el catalán, su entrenador originó este serial provocando a Del Bosque una y otra vez. Bastante tiene el seleccionador con una transición convulsa como para meterse también en un cuadrilátero con Mourinho. Aceptó la vaga excusa de Costa y no le llamó para comerse el marrón de Bielorrusia (orgullo para unos y soberano coñazo para otros). En cambio, Cesc fue más hábil y presentó pruebas médicas en la Federación; pudo forzar, pero como dijo anoche, podía haberse lesionado como Luka Modric. Y, entonces, habría tirado al sumidero la confianza de Mourinho.

Cesc y Ramos han compartido muchas horas de concentración nacional; han coincidido en las categorías inferiores y, por eso, el ex barcelonista se siente molesto. Sin embargo y aún con una llamada telefónica por medio, el misil de Ramos tenía un objetivo oculto: Mourinho. Anoche Paco González desveló que un amigo íntimo de Ramos tenía constancia de la llamada y en el trasfondo de la discusión apareció el protagonista que enreda en la mitad de las broncas del mundillo del fútbol. El central del Real Madrid quiso alertar a Cesc de los métodos de presión de su ex entrenador en materia de selecciones. Pero el jugador del Chelsea, evidentemente, quiso ser políticamente correcto y negó cualquier acto de culpabilidad del portugués, Ramos entiende que el compromiso con España no sólo vale para el casting de Mundiales y Eurocopas; por medio hay fases de clasificación soporíferas en las que tienen que dar la cara. Bielorrusia atrae menos que un trofeo veraniego y ésa es la sensación que ha calado en la selección. Del Bosque lo dijo abiertamente: “parece que estas fechas molestan”. A los aficionados todavía aturdidos por el batacazo mundialista, seguro; a la prensa educada en el yin y el yang (Cristiano y Messi o Messi y Cristiano), también.

Sergio Ramos habló a pecho descubierto como uno de los capitanes de la selección. Lejos de ser portavoz de Del Bosque, se arrancó en un impulso vehemente para dejar claro que a esta España hay que cuidarla. No sólo vale salir en la foto de Viena o Johannesburgo. Y Diego Costa todavía no ha encontrado su sitio en ese vestuario porque llegó tocado a Brasil y ahora está más pendiente de devolver con goles la inversión de Roman Abramovich. También Cesc necesita redimirse en Stamford Bridge de la decepción del Camp Nou. Él sí ha hablado para dejar patente que le “jode” que duden de su compromiso. Esperamos impacientes la coartada del hispano-brasileño. Al menos, Ramos, cuya discusión sincera con Cesc es un buen síntoma de que la selección sigue importando en esta época en la que se acabó el onanismo.

Evitando más jaleo

Lunes, 13 Octubre 2014

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Del Bosque había advertido que la única referencia de Luxemburgo para el gran público era un club modestísimo llamado Jeunesse d’Esch, que en la década de los sesenta se llevó siete goles en el Bernabéu y cinco o seis en su país. Lo dijo en modo irónico porque a los periodistas apenas les apetecía hablar del rival del turno, obvio. Casillas, el bofetón de Eslovaquia, la nulidad de Diego Costa…demasiados incendios como para rellenar páginas y minutos de tertulia con una selección del saco de Islas Feroe o San Marino. Pero el seleccionador, viejo zorro en olfatear las corrientes de opinión, confirmó cinco cambios en el once titular de anoche para distraer atenciones, sobre todo, de los opinadores que piden dimisiones a pecho descubierto. Ha sido una concentración convulsa porque poner a parir a esta continuación de España, campeona de todo, es un lujo que cualquiera se puede permitir pero pocos aceptan. Eslovaquia ha abierto la veda: todo es debatible en esta selección que está en plena construcción con andamios en todas las líneas.

Si hace pocos meses España ofrecía a las masas partidos verbeneros en los que el fútbol eran fiestas apiladas unas detrás de otras, estos días convulsos han dejado un marrón espinoso a Del Bosque. Aliviado por el gol ratonero de Diego Costa en Luxemburgo (Mourinho tardará tiempo en recriminarle otra convocatoria), al debate Casillas-De Gea le sale uno más añejo, el de Cesc. Anoche no jugó porque oficialmente el seleccionador había meditado cambios y oficiosamente no rindió en Eslovaquia. El centrocampista del Chelsea vive en una permanente paradoja táctica: con Mourinho ha vuelto a jugar donde le enseñó Wenger y, sin embargo, en la selección ha sido fundamental según los preceptos de Guardiola. Cesc espabiló y aprendió rápido esa idea extravagante del ‘falso nueve’; Del Bosque copió la invención de Pep y defenestró cualquier recuerdo folclórico de delanteros centros. Ahora, Fábregas ha vuelto a su génesis y chirría. ¿Solución? El ‘buenismo’ del entrenador le obligará a seguir convocándolo como mediapunta. Y si no, al tiempo.

También repetirán convocatoria los locos bajitos, pero todos ellos por inercia. Con permiso de Don Andrés Iniesta, el balón pide a gritos las botas de Silva, genio y figura cuando el equipo se marea a sí mismo. La noche de Eslovaquia necesitó líderes que cargaran el peso en la espalda; no hubo voluntarios y sí varios acusados. El mismo Iniesta, que sin chispa no es ese ‘Iniesta de mi vida’ (Camacho dixit) o Busquets, perdido en el campo como si fuera la jungla, lejos del mejor ‘5’ que recordaba al mítico Fernando Redondo. Ahora es turno para los extraordinarios becarios: Paco Alcácer, Bernat, Rodrigo, etc. Quédense con el primero: goleador en Mestalla y en busca de pulverizar récords con ‘La Roja’. Alcácer era un delantero potable que mejoró hasta hacerse bueno; un puñado de partidos le han convertido en buenísimo. Y de ahí a la clase crack, paso a paso. Su facilidad para marcar recuerda a la de Raúl González, cuando Fernando Hierro vaticinó que era un “Ferrari que adelantaría a todos por la izquierda”. Todavía no conocemos el techo de Alcácer, pero nos deja la pista evidente de que golea por oportunista e inteligente. Y hacía demasiado tiempo que la selección no contaba con un prototipo así. Cualquier noticia que no provoque jaleo siempre será bienvenido en la selección. 

Olor a napalm

Viernes, 10 Octubre 2014

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Derrota con olor a napalm. Lejos de una simple lamentación, las redes sociales rescataron aquel 2-0 en Suecia posterior al Mundial de Alemania. Incluso, los más apocalípticos compararon la herida de anoche con el hundimiento de Chipre que le costó la cabeza a Javier Clemente. Brasil ha dejado una herida sangrienta y complicada de cicatrizar; las grandes victorias de los últimos años han legado una herencia demasiado pesada para cualquier España, porque el agravio comparativo es demoledor. La selección todavía sube al ring con miedo a recibir otro directo a la lona; está en plena cocción intentando descubrir el regusto exacto. Y en esa transición, se tiene que acostumbrar a recibir bofetones y el qué dirán: de los palos se aprende. Cuatro derrotas en seis partidos invitan o, mejor dicho, obligan a Del Bosque a ignorar por un instante sus actos de fe en el tiqui-taca y probar nuevas recetas. Gente de futuro como Koke, Thiago e Isco saben tocar y sobarla, por ahí el balón está asegurado; quizá falte ese músculo del que Alemania sabe presumir en los momentos pertinentes. Una estilo híbrido con el que ataquemos en un pim, pam, pum sin necesidad de escanear el césped palmo a palmo.

España perdió como podía haber goleado si el portero eslovaco Kozacik no hubiese sacado tentáculos por todos lados. Él fue el héroe del partido y en la portería contraria Casillas el villano. Su cantada entierra el paradón de reflejos a lo David Barrufet: es el tormento eterno de cualquier portero. Y en el caso de Iker, la lupa sobre él tiene más ópticas que con el resto. Es injusto, pero son los grilletes que debe arrastrar. Precisamente, cuando había encontrado tranquilidad con un puñado de partidos sobrios, el primer gol propone indirectamente otro debate latoso en la portería de España. Aunque no más molesto que el de la falta de líderes. Con permiso del guardameta blanco y tras las retiradas de Xavi y Xabi, urge un jugador que reclame protagonismo para el clímax de la película. España echó de menos anoche la discreción de Iniesta, porque sigue siendo el más talentoso y sin su antiguo compañero de diabluras (Xavi), tiene que pedir turno de liderazgo.

La noticia agradable vuelve a darla Paco Alcácer, cuya voracidad no acabará hasta que la remache con títulos. De repente, ha adelantado por la derecha a Fernando Llorente, que no pertenece a la guardia pretoriana de Del Bosque; Negredo, lesionado sin fecha límite y Soldado, hundido en el ostracismo en el Tottenham. Alcácer está de moda en Valencia y con España, y si Diego Costa no estuviese arrasando la Premier, ya sería el delantero referencia de ‘La Roja’. Pero el crédito del hispano-brasileño tiene más fondo que las tarjetas opacas de Bankia por sus sensaciones goles en el Chelsea y el lío diplomático que casi acaba a tiros entre la Federación y Scolari. Éste es otro debate, el enésimo, porque a medida que se agrava la sequía de Costa, los murmullos suben decibelios. La sensación general es que el público no será paciente con esta España. Pero intentar recuperar la estética del pasado inmediato es, sencillamente, una quimera, la misma que es incapaz de imaginar que este Barça evoque a Guardiola.

Atleti, vender y retener

Lunes, 21 Julio 2014

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“Somos un club comprador, no vendedor”. Enrique Cerezo nunca ha desaprovechado cualquier ocasión delante de las cámaras para sacar pecho de su gestión. Harto de por vida de que a su Atlético lo tomaran como el club graciosete de España, siempre se empeña en compararlo con las dos grandes potencias que controlan la Liga. El ‘cholismo’ ha roto el pesado duopolio deportivo pero la misma directiva, que desde hace tiempo se sacudió el apodo de ‘gilifato’ con fichajes acertados a coste razonable, ha asumido que en este mercado y con sus capacidades salariales el Atleti campeón está siendo el mejor escaparate de la Quinta Avenida del fútbol. Desde el momento que la Federación Española y la Confederación Brasileña casi provocan un conflicto diplomático por Diego Costa, Miguel Ángel Gil entendió que su delantero sería top en ventas. Y como a Mourinho le encantan los futbolistas top, agradeció a su querido colega Simeone (literal) que le diera el pienso adecuado para alimentar a esa mole ricachona llamada Chelsea y que él describió como “pequeño poni”. Costa ha emigrado y Filipe Luis se ha encontrado de bruces con la oportunidad de su vida: mejorar su cuenta bancaria. Porque en lo deportivo será complicado que en Stamford Bridge arramble con tantas copas como en el Atleti. El eterno problema es que gane la Liga o se quede a un minuto de levantar la Champions, siempre habrá un puñado de clubes que dupliquen o tripliquen la guita que pueden ofrecer los rojiblancos. Y eso, en este negocio, no es de equipo grande.

La afición necesita un santo y seña que no encontró en Fernando Torres (“Me voy para ganar títulos”), Kun Agüero (los petrodólares le atrajeron demasiado después del desplante de Florentino) ni en Falcao (jugar en el Real Madrid aunque le esté costando el marrón de vivir en Mónaco). Por eso, el capitán Gabi defendió desde la concentración de San Rafael a los comprometidos, los que se han estudiado la historia de aquel equipo que se codeaba con el Madrid en los auténticos derbis, luego cayó en la odisea del ‘pupas’ y ha logrado levantarse, primero con Quique Sánchez Flores (sería injusto omitirle) y sobre todo a la vera guerrera del ‘Cholo’. Ellos, empezando por Koke, podían haber firmado los contratos de sus vidas pero decidieron no dejar en la estacada a un vestuario que se reía maliciosamente con aquella verdad absoluta (me incluyo yo) del ‘Ya caerán’. Rubén Uría, compañero de profesión, que no de camiseta, lo recordó socarronamente durante 38 episodios, y lo ha dejado en el tintero para la próxima temporada. Ésa en la que Koke, nuevo ídolo del Calderón, podría haber vestido la camiseta del Barça; Godín la del Bayern de Guardiola en el proyecto más ambicioso que recuerda la Bundesliga, y Miranda haber concluido el desembarco de Normandía en el Chelsea: el central brasileño se dejó persuadir por Simeone cuando dijo durante el Mundial a la ESPN que tenía ofertas y su cláusula era “negociable”. Sin embargo, se han quedado en Madrid y suya es la responsabilidad de seguir peleando en las grandes veladas y no en combates de teloneros. Quizá sea el único atajo para hacer realidad la cínica declaración de intenciones del presidente Cerezo.

Gil Marín está negociando por Fernando Torres, le tiene en la recámara como su ‘galáctico’ particular y a pesar de que sea Koke el reclamo para vender camisetas. No en vano, Mourinho no confía en él, aunque Abramovich no le soltará por pocos ceros en el cheque. Antes del Mundial, el plan A era Lukaku y Negredo, mientras que el plan B contempló a Roberto Soldado si Negredo no salía de Manchester (esto es información, no opinión). Pero de repente a Simeone no le convenció la tanqueta belga; el City pedía los mismos millones o más de lo que le costó Negredo, y Soldado fue repudiado por la grada colchonera. Del plan A de equipo grande se pasó a un ‘C’ improvisado pero no peor: Mandzukic. El croata se cansó del galimatías táctico de Guardiola y se decantó por un equipo de ideas sencillas: centros al área y balones el delantero centro. Falta un compañero de gol y, a expensas de Torres, el italiano Alessio Cerci del Torino es una moneda al aire: igual gusta o no.

Como el portero Jan Oblak, un esfuerzo muy caro (16 históricos ‘kilos’) por evitar la nostalgia que deja Courtois. No obstante, y aunque Oblak acabase imbatido en los siguientes 38 episodios, siempre habrá otro club fardando de un fajo de billetes más grueso. Aún falta tiempo para que una estrella confiese que siempre soñó con jugar en el Atleti.

El fútbol echa de menos a Pedro Chueca

Jueves, 22 Mayo 2014

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“En un día me lo curas o te mato. Eres un fenómeno y me tienes que recuperar”. Pedja Mijatovic sintió un pinchazo en el gemelo durante el penúltimo entrenamiento previo a la final de Amsterdam, pero Pedro Chueca, recuperador por excelencia del Madrid durante muchos años, advirtió al montenegrino que, en condiciones normales, tardaría tres o cuatro días en obrar el milagro. El club ocultó a la opinión pública las molestias de Mijatovic; habría sido un golpe anímico para un madridismo que,  aún sobreexcitado por la final, temía el poderío de esa mole llamada Juve. Un buen puñado de masajes y varias cajas de antiinflamatorios anestesiaron el intenso dolor del gemelo del jugador. Pedja llegó a agobiarse por la cura a contrarreloj; sabía que el Madrid le había fichado para “algo grande” y un maldito dolor muscular no le iba a noquear.

Fernando Hierro también se tumbó en la camilla de Pedro Chueca. Con mil y una cicatrices de guerra, el fisioterapeuta merengue cuidó el chasis del capitán hasta sus últimos coletazos en el Madrid. Machacado por las lesiones, Chueca puso a tono todos sus músculos y le afinó tanto, que Hierro jugó una Copa de Europa imperial en 2002, la de la inolvidable volea de Zidane. Por eso, uno de los primeros agradecimientos de Hierro sobre el césped de Glasgow fue hacia su inseparable Chueca. Su trabajo entre bambalinas ha sido tan decisivo que los pesos pesados siempre le guardarán cariño. Por ejemplo, Raúl González, al que una rotura de menisco en 2005 le obligo a modificar su condición física de base, tal como le gustaba decir a Luis Aragonés. Pedro Chueca sufrió por y con Raúl: intensas jornadas de trote, ejercicios de fuerza y masajes intensos sobre la camilla resetearon el cuerpo triturado del ‘eterno siete’, que fue precoz hasta para quedarse sin gasolina en el cuerpo. Chueca y la famosa cámara de hipoxia marcaron un antes y después en la carrera profesional de Raúl.

Pedro Chueca lleva más de veinte años recuperando futbolistas del Real Madrid. La confianza entre jugador y recuperador es la génesis de una buena puesta a punto, lo dice Chueca y cualquier fisioterapeuta de élite. Por eso, en el fútbol de hoy llama la atención la sospechosa relación entre servicios médicos y jugadores. Chueca no es médico, al igual que Juanjo Brau, el otro gran gurú de los recuperadores en el Barça. Brau ha sido el hombre de confianza de Leo Messi varios años hasta el punto de no dejarle ni a sol ni a sombra, ni siquiera en vacaciones. Debido a la fragilidad muscular que sufrió Messi desde su infancia, el Barça quiso que Brau acompañara a su estrella hasta en las concentraciones de la selección argentina; su trabajo era simplemente imprescindible. Nadie más sabía cuidar a Messi hasta que éste se hartó. Las razones todavía no se han aclarado: la excusa oficial es que Brau ascendió de cargo y sus responsabilidades, por consiguiente, aumentaron; la versión más morbosa apunta a que el crack argentino se hartó del régimen espartano del recuperador, severo pero siempre exitoso.

La semana de la final de Lisboa se está manchando con demasiadas noticias médicas. Ayer se filtró que Diego Costa hizo un viaje relámpago a Belgrado para someterse al tratamiento enigmático de Marijana Kovacevic, una farmacéutica, que no médica, llamada ‘doctora milagro’. Se da por hecho que los servicios médicos del Atlético de Madrid han autorizado a Costa para que la doctora serbia le regenere el tejido muscular con placenta de caballo; de no ser así, habemus lío..y padre, además. Y para rizar el rizo, Arda Turan se ha traído de Turquía a un médico del Fenerbahce para curar su pubalgia, una lesión que no debería precisar de ayudas médicas especiales. Pero ni Diego Costa ni Arda tienen a su disposición un Pedro Chueca o Juanjo Brau de turno, un recuperador de confianza que arriesgue el todo o nada con un futbolista.

Tampoco Cristiano Ronaldo tiene fisio de confianza. Sí dispone de Pedro Chueca, pero esa relación está a una distancia sideral de la que Mijatovic, Hierro y Raúl mantuvieron con el prestigioso recuperador. Cristiano prefiere curar sus lesiones con el médico de confianza de Jorge Mendes, el doctor Noronha de Oporto, a someterse al examen de los galenos del Madrid. El cabreo de CR7 tiene su explicación: los médicos del Madrid no detectaron unas dolencias en el bíceps femoral que sufrió en la víspera de la vuelta contra el Borussia Dortmund y, además, le pasaron la patata caliente en la semifinal contra el Bayern. Jugar (y posiblemente romperse) dependería del futbolista, de ahí que Cristiano se molestara con esa indecisión. Con este panorama, está claro que faltan más ‘Pedros Chuecas’ en el fútbol.

La Peineta merece una grada Simeone

Domingo, 18 Mayo 2014

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El porterazo de balonmano y atlético confeso, José Javier Hombrados, supo tocar la fibra del planeta colchonero con su tweet de medianoche: “La Peineta merece una grada con el nombre de Simeone y Luis Aragonés”. Es el sentimiento de una historia centenaria, de ese fútbol popular que se ha trabajado un puñado de currantes obedientes a su capataz. Desde que el Atleti, en plena era Gil de los noventa, dejara a solas a Madrid y Barça en su particular club elitista, sólo el doblete y la UEFA de Quique Sánchez Flores motivaron a una hinchada harta de tantas coces institucionales y sobre el terreno. Radomir Antic comentó en varias retransmisiones que la Liga tendría más gracia que todas las ‘UEFAS’ pasadas porque dieciocho años se podían hacer demasiado largos. Simeone le ha tomado la palabra y ha desafiado las estadísticas del mismísimo Pep Guardiola. Vino, vio y venció, no en plan arrollador como el barcelonista, pero sí partido a partido, trofeo a trofeo, hazaña  a hazaña.

Este Atlético nació del ‘cholismo’, una filosofía sólo apta para gladiadores en el arte de matar o morir y soldados seal con su código de no abandonar jamás al compañero. La influencia mesiánica de Simeone quizá sea la más decisiva en un equipo de fútbol moderno, no hay más que contrastar un hecho muy revelador: el último Atlético de Goyo Manzano (predecesor del ‘Cholo’) fue eliminado por el Albacete en Copa en el Vicente Calderón con una alineación formada por Juanfran, Godín, Miranda, Filipe, Gabi y Koke. Pues bien, estos mismos futbolistas se proclamaron campeones en el Camp Nou, ¿cuestión de talento? parece más bien un cambio drástico de actitud y, sobre todo, autoestima; del tema físico se encarga en exclusiva el despacho del profe Ortega, que ha puesto a toda la plantilla como motos. Así es el ‘Cholo’: entrenador, estratega, motivador y delegado excepcional en las áreas que no domina. Si hace unos meses el técnico invitó a Irene Villa a impartir una charla motivacional delante del vestuario, a nadie del club le extrañaría que Google, Apple o Coca-Cola contratase a Simeone para dar una clase magistral del fútbol y la vida a altos ejecutivos. Es la impresión de un directivo rojiblanco, también feligrés del ‘cholismo’ y que espera la jura de amor eterno del técnico. Porque el Atlético no se puede entender sin su líder; no sólo ha sido el mejor entrenador de la Liga, casi también el mejor jugador.

César Luis Menotti, poco amante del fútbol colchonero por su huella bilardista, explica sobre Simeone que “un entrenador se ve bueno cuando sus futbolistas mejoran ostensiblemente”. Los casos no se pueden contar con los dedos de una mano, ni siquiera con las dos. Courtois vino cedido del Chelsea como aprendiz y en tres temporadas ha alargado sus tentáculos hasta convertirse en el portero más fiable de Europa. A la vera del ‘Cholo’, el portero belga se ha adueñado del juego aéreo, una virtud de la que casi ningún colega puede presumir en el fútbol europeo; Juanfran fue fichado como extremo y Goyo Manzano le probó de lateral derecho. Simeone vio oro en aquel cambio y le ha dado una continuidad que puede valer una convocatoria mundialista; Filipe Luis era un lateral poco potable antes de aprender ‘cholismo’. Hoy la torcida brasileña se tira de los pelos después de que Scolari le dejase fuera de la lista definitiva; Miranda y Godín intimidan por detrás y por delante. El primero va al quite y el uruguayo ejerce de mariscal al estilo Fernando Hierro. Sus letales cabezazos se han hecho famosos en la Premier, donde a Godín le ha salido una buena ristra de pretendientes.

Gabi comentó una vez que cualquier centrocampista soñaba con ser Xavi Hernández. Ahora podrá presumir que durante una temporada él copió la mejor versión del barcelonista. Pero la gran creación de Simeone ha sido Koke Resurrección: su técnico le recomendó que tuviera paciencia desde el banquillo en el año que Diego Ribas fue titular.“Dejándotelos, tú llegarás a crack”, le dijo el ‘Cholo’; la profecía se ha cumplido. Y qué contar de Diego Costa, la esperanza de Del Bosque y todo un país. Cuando terminó su cesión al Rayo Vallecano, vino para entrenar en silencio y jugar entre bambalinas. El Atlético había fichado a Adrián como promesa goleadora a rebufo de Falcao. Pero Costa fue uno de los primeros en aprender al dictado las bases del ‘cholismo’. Le gusta pelear en el barro enfangándose hasta la médula, provocar a los defensas y ha mejorado tanto su control en velocidad y remate cruzado que no existe un delantero mejor con esas recomendaciones, quizá el uruguayo Luis Suárez. Son los elegidos del ‘Cholo’, héroes de hoy y defenestrados en el pasado. Menotti no se equivocó.

Desangrarse en el campo

Lunes, 14 Abril 2014

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Final a final. El discurso plomizo del ‘partido a partido’ pasó a mejor vida en Getafe. El ‘Cholo’ licenció a su Atleti con toga y birrete, y le nombró oficialmente candidato a la Liga. Cumplió su palabra y metió todas las fichas en el mismo tablero que Real Madrid y Barça, con el pequeño gran matiz de que merengues y culés se lo juegan todo a un color, y los líderes todavía pueden tirar dos veces. John Benjamin Toshack contaba en COPE que cualquier aficionado extranjero simpatiza con el Atleti este año; es el triunfo del diferente, del equipo del pueblo cuya filosofía dista galaxias de los poderes fácticos del fútbol. John Carlin escribió ayer en El País que Real, Bayern y Chelsea, los semifinalistas de Champions, son al fútbol lo que Google a la web, Goldman Sachs a la banca de inversión, Nike al deporte y Apple a la informática….”son grandes moles cuya razón de ser consiste en perpetuarse en el poder”. El cuarto en discordia ha hipnotizado a medio mundo con su cuento de hadas; porque el Atleti empezó siendo una anécdota, continuó como una historia bonita que ocuparía un folleto y, peleándose contra todos los niños del patio, se ha ganado un pupitre en la primera fila de la clase. Ahora habla, levanta la mano y el resto le presta atención.

La conjura de Simeone con su vestuario se explica con la imagen de Diego Costa empotrado en el poste de la portería. Su boquete en la tibia amplifica por mil el compromiso de cualquier jugador con la causa ‘cholista’. Es un aviso para navegantes: quien no se desangre en el campo (casi literal) no merece vestir la camiseta por la que un día se desvivió el entrenador. El día que el argentino debutó en el banquillo del Calderón (3-0 al Villarreal), Simeone comentó a  su ayudante ‘Mono’ Burgos que llegaría el momento en que el estadio se dejara la vida por alguno de sus futbolistas como se la dejó por él la noche mágica contra el Albacete, en la que el Atleti culminó el ‘Doblete’. De aquel comentario apenas han pasado dos años, y entre medias una Europa League, otra Supercopa de Europa y la inolvidable machada del Bernabéu. Un botín demasiado preciado para un club cuyos ingresos por venta de estrellas (Torres, Kun y Falcao) se destinaron a evitar la quiebra financiera. Pero, aún sin liquidez, Simeone ha moldeado una plantilla a su imagen y semejanza, con un Costa de pasado mamporrero y presente estrella de rock; y un Courtois que se rifan todas las marcas de guantes y, por supuesto, medio mercado europeo.

Y si tanto idolatra Simeone a Mourinho, no le dolerán prendas en pedirle un año más a Courtois para el Calderón. La coartada del ‘Cholo’ es que Mou tiene a Cech y, mientras le dure, Tibito puede seguir agigantándose en España al tiempo que el técnico, por qué ocultarlo, irá fabricando a su próximo portero. Eso, en caso de que declare amor eterno al Atleti, como Bill Shankly en Liverpool o Sir Alex Ferguson al Manchester United. Porque la borrachera de éxitos está siendo tan prematura, que la Federación Argentina ya está preparando un borrador con un contrato irrechazable. “Simeone acabará en un grande”, dijo un protagonista del ‘Doblete’. Quizá le traicionó su inconsciente o quizás no consideraba a su ex club un grande. Para que no le acribillen en twitter, mejor no desvelar su nombre. Pero el sentimiento colchonero es unánime: ¿El ‘Cholo’ a un grande? Si él mismo ya lo ha creado.

P.D: el entrenador del Atlético también marca moda y no sólo por sus ‘Armanis’ negros y sobrios. Ayer demostró que no es ajeno a los inventos de Silicon Valley. El ‘Mono’ Burgos se puso unas gafas Google Glass y, con la apariencia animada de Vegeta de Bola de dragón, escrutó todas las estadísticas online del partido. Fue una iniciativa de la Liga, pero el ‘Cholo’ está abierto a cualquier sugerencia…luego él hará lo que le convenga, claro.

Pelea de perros

Lunes, 31 Marzo 2014

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Los periodistas que cubren al Atlético de Madrid se frotan las manos esperando al Elche. No habrá homenajes al ‘doblete’ ni a la estruendosa victoria copera del Bernabéu; sencillamente, ese día cambiarán el paso de sus crónicas. Entonces, Simeone tirará por un sumidero su cargante partido a partido y las rotativas se detendrán desde la CNN hasta Al Jazeera: por fin el Atlético será candidato a la Liga. No lo dicen las estadísticas sino esa línea roja de cinco jornadas que el ‘Cholo’ trazó en su discurso exculpatorio. Porque si los rojiblancos se bajaban del barco, la razón la tenían los tíos Gilito de la Liga: el dinero. Y si se mantienen en pie, tal como parece, habrá sido consecuencia del elixir del curre, los huevos, la intensidad…O sea un coloquio made in Mourinho donde en ambos casos resulta vencedor. Al Granada lo ganó con el gancho y el primer rato en San Mamés corroboró la teoría del decaimiento. Pero el efecto Simeone y un delantero que no ataca como una manada de búfalos (Ronaldo) pero sí de bisontes levantaron un marrón grandioso: profanar la nueva Catedral. Quizá sea el momento del Atleti y, por ende, de media liga española. Es el triunfo del Robin Hood argentino del que todos quieren aprender. El último subversivo se llamó Rafa Benítez, entonces entrenador de un Valencia con mucho caché en un tiempo en el que las televisiones aún no habían hecho pedazos nuestro establishment futbolístico.

La ilusión del niño del Atleti choca de frente con la lógica liguera. El Barça había abdicado del campeonato en Valladolid y se rescató a sí mismo en el Bernabéu. Ha cogido velocidad de crucero, pero el ‘Tata’ todavía no ha entendido que Iniesta es ahora medio equipo, le guste o no a Messi. Los azulgranas salieron vivos del derbi catalán con un leve matiz respecto a las últimas derrotas: actitud. El Espanyol planteó un duelo duro, de brega, en el que algunos como Colotto sacaron la trilladora.Lástima que se resolviese con un medio penalti (¿mano de Neymar?) que dará carnaza a las tertulias deportivas. Al final, son tres puntos que dan toda la vida del mundo a una Liga que necesita agitarse con un cóctel explosivo. Y ése es el Barça-Atlético del Camp Nou, una auténtica pelea de perros. Hay que desempolvar la hemeroteca para recordar un último partido decisivo: fue un Sevilla-Atlético de la década de los cincuenta. Casi nada. Sin embargo, habrá que esperar a las heridas de guerra que deja la Champions. El Barça maneja los tempos de esta competición, mientras que el Atleti se adentra en terreno desconocido. Y con la tensión por las nubes, falta por averiguar si al ‘Cholo’ le da para estirar como un chicle los músculos de sus futbolistas. Las estadísticas nunca han traicionado a los culés: todas sus Champions han ido acompañadas de Liga. Sucedió en la primera de Wembley, en la de Rijkaard de París y las dos de Guardiola. En ninguna edición fallaron en la competición doméstica.

Y en medio de esa pelea, el Madrid observa alejado dos pasos. Es el de más envergadura de los tres, pero sus puñetazos no llegan a la cara. No ha pegado a ninguno de los de arriba y eso se paga. Y lo peor es no depender de sí mismo. Por eso, goleadas tan asépticas como la del Rayo apenas motivan al Bernabéu. Es un gusto ver esprintar a Bale casi a 30 km/h y reírse cariñosamente cuando se le ocurra hacer una jugada estilo Royston Drenthe, pero el aficionado madridista esperaba mucho más de él contra cualquier mole. Y ahí el galés ha fallado. Anoeta es la última bala de la recámara: acertar es aferrarse a la cofradía del clavo ardiendo de Tomás Roncero, perder es despedirse de la Liga y dejar sensaciones suicidas en Champions y Copa. Porque, lejos de tener fiabilidad, a estas alturas los títulos del Madrid dependen de una moneda al aire.