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La jugarreta

Martes, 1 Septiembre 2015

 

David De Gea estuvo a punto de descorchar el champán con sus asesores de imagen. Sin rajadas mediáticas, sin rebeldías en el vestuario, sin pelear cuerpo a cuerpo con Van Gaal. El reloj parecía su aliado, el silencio su arma. Negó al United una renovación insistente porque el Real Madrid había elegido su futuro en la portería. El sensacionalismo británico, ansioso de publicar tabloides con titulares morbosos y fotografías descaradas, no ha encontrado ni un gesto torcido, ni un amago de mueca repulsiva desde la grada de Old Trafford, donde impecablemente trajeado ha contemplado los últimos partidos. “Es un tipo calmado, muy calmado”, justificó su compañero Juan Mata en COPE para responder al marrón De Gea. Una declaración de intenciones delante de una cámara o firmada en una servilleta (ambas le valen a Florentino Pérez) habría agilizado el culebrón porque entonces el club blanco no habría esperado a la tasación precipitada. El United puso precio a su portero a mediodía de ayer, sin tiempo para revisar y ejecutar la infinita letra pequeña de este tipo de contratos. Sin embargo, la jugarreta de los ingleses ya estaba perpetrada.

El entorno de De Gea piensa que la cabezonería de ‘Cara ladrillo’ Van Gaal jamás habría trascendido en un United con David Gill y Martin Ferguson, hermano de Alex y un auténtico tiburón en los despachos. El fichaje siempre fue a contrarreloj y eso inquietó a este atlético confeso, a pesar de que Jorge Mendes le ha intentado tranquilizar durante toda la gestación. Un año más en Manchester suena funesto, encarcelado en club que repudió y con el sueño de la Eurocopa despedazado. Un reputado periodista inglés que conoce a fondo los trapos sucios palaciegos de Old Trafford insinuó que Van Gaal le impondrá una renovación como cláusula a la titularidad. El resquemor del técnico holandés supera su manía personal y eterna obsesión con el Madrid: sabe de primera mano que el Manchester no tiene un recambio convincente. Neuer y Courtois son inaccesibles, y Van  Gaal teme (y va teniendo la certeza) que el argentino Romero sea un portero de cartón piedra.

El mejor red devil de la temporada pasada había sobrevivido al tsunami de la opinión pública; incluso, The Sun intentó provocarle con artículos que rememoraban sus inicios tortuosos, cuando le apodaron ‘Calamity De Gea’ por su tibio juego aéreo en una liga en la que un saque de banda es medio córner. Aquel David era un tímido adolescente obcecado en no defraudar a su padrino Sir Ferguson; calló y aprendió mientras mitos vivientes como Peter Schmeichel o Van der Sar sospechaban del ojo clínico del manager legendario.

Iker Casillas aún no tiene sustituto. Demasiado sudor y dinero para la cotización de cualquier portería. De Gea acabará siendo el portero más caro de la historia del fútbol; suena heavy, ¿verdad? Y ese P.V.P. será la coartada perfecta para la noche de la primera cantada. También Gareth Bale juega cada partido arrastrando una bola con grilletes que pesa 91 millones (o 100 según el Tottenham). Es el periodismo cainita que crece y se reproduce. De Gea lo entenderá tarde o temprano (el Madrid no hará de Judas) y su buena suerte es que tardará en oxidarse para esa minoría madridista que atiza leyendas. Florentino le ha elegido a dedo porque es el nuevo Buffon del mercado. De Old Trafford sale un hombre curtido con curriculum de las mejores universidades, pero el Bernabéu exige un máster mba difícil de aprobar. A vuelapluma, en los últimos 30 años sólo Paco Buyo, Bodo Illgner (llegó veterano) e Iker tienen el diploma; este último, cum laude. De Gea aún no es presente  porque la Liga no le tiene fichado, pero el caprichoso futuro está escrito. Y más entre sus guantes.

Di María contra el mundo

Martes, 7 Enero 2014

La crónica rosa de Ángel Di María y su “acomodamiento” de partes eclipsó otro partido pestiño del Madrid. El sensacionalismo que tanto morbo da al público, cuando hay jugadores blancos por medio, engulló el caos táctico de un equipo con demasiado margen de mejora casi en la mitad de la temporada. Pero la noticia atractiva, mal que le pese a los puristas, es el gesto obsceno (natural en versión inocente) de Di María. Si el argentino militase en cualquier club de Premier League, a primera hora de hoy habría convocado una rueda de prensa para pedir perdón, no a los periodistas sino a la afición. Claro que antes se habría disculpado en su vestuario. Paco González adelantó anoche en El Partido de las 12 que el club está pensando en poner el asunto en manos de sus abogados: el desplante del argentino ha cobrado tanta trascendencia que el club medita una investigación con su consecuente multa. Por supuesto, (esto es opinión y casi cien por cien información) Di María ha cavado su tumba y su salida se demorará hasta verano porque Ancelotti no puede perder otro peón estratégico como lo fue Özil.

Si Di María jugara en Inglaterra, en el preciso instante que se toca los huevos, lo siento pero es literal, el presidente del club de turno habría enviado desde el palco un sms a su director de comunicación para que obligase a su futbolista a dar la cara ante los medios. Y sólo él para que el mensaje cobrase más fuerza. Anoche, Di María no sólo evitó el marrón de la prensa española sino que prefirió justificar su tocada de genitales en dos medios argentinos, Fox Sport y Espn Argentina. “Si lo hace otro, el gesto pasa de largo; si lo hago yo, es tapa de los diarios”. Además, de verdad, la imperdible fotografía vale para portada y contraportada. Pero si el gesto es a propósito, entonces Di María ya habrá desafiado al Madrid dos veces en apenas mes y medio: la noche que fue sustituido en Xátiva y el que ya es uno de los momentos gráficos del año. Como en el Madrid se magnifica cualquier detalle, si es feo más todavía, ese instante del argentino se comió incluso la comparecencia de Cristiano Ronaldo, apático durante el partido hasta que se puso la toga de semidiós. Un dato elocuente: 400 goles en 653 partidos de su carrera profesional. Le ha costado casi 300 partidos menos que a Raúl González llegar a esa cifra.

Pendientes del rastreo de las declaraciones furtivas de Di María, el ‘Bicho’ confirmó de una vez por todas que sí asistirá a la Gala del Balón de Oro del próximo lunes. Él nunca dejó de acudir a ningún evento FIFA y todo pinta que esta vez las cámaras no tendrán que enfocarle con cara desencajada cuando Joseph Blatter, o quien sea, lea el fallo del ganador. ¿Lo merece? Ése es asunto para la semana que viene. Hoy, tristemente, Di María es protagonista por delante del portugués, del revulsivo Jesé y de los dos mano a mano con los que el celtista Charles pudo dejar en la cuneta al Madrid. Estaba cantado que tanta bondad se tornaría en infierno para un Celta muy atrevido; la lectura fatalista para los blancos es que menos mal que la cruzada de la ‘Décima’ no empieza con el Bayern de Munich. Las consecuencias podrían haber sido desastrosas.