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Archivo de la categoría ‘Fernando Redondo’

El miedo de Ferguson

Martes, 12 Febrero 2013

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Fernando Redondo nunca olvidará el primer Real Madrid-Manchester United de la era moderna. Sucedió en el Bernabeu en la primavera del 2000, cuando un Madrid acribillado por el Bayern en la fase de grupos se medía al claro favorito de esos cuartos de final. Y tal como esta temporada, los merengues lo habían apostado todo a una carta y, para más inri, los malos resultados cosechados en Liga habían desalentado al madridismo. “Para este partido nos colgaron el papel de víctimas, casi nos desahuciaron y hemos demostrado que se equivocaron”, dijo Redondo después de aquel empate a cero. No en vano, el United era el vigente campeón de Europa y, por qué no reconocerlo, la opinión pública no daba ni un duro por el Madrid, quizá porque la última gran noche europea estaba guardada como una vieja reliquia en las videotecas. El contraste era tremebundo: se enfrentaba el equipo de moda en el continente, con un centro del campo majestuoso acompasado por Scholes y unas bandas perfectamente pertrechadas con las internadas diabólicas de Ryan Giggs por la izquierda y los centros calibrados al milímetros de Beckham, sin olvidar la pillería de la pareja goleadora Cole-Yorke. Por contra, los blancos contemplaban el ocaso de la generación de ‘la Séptima’ con un entrenador, Del Bosque, más interino que consolidado y la enorme frustración de haberse gastado 5.000 millones de pesetas en Anelka, indisciplinado hasta la médula que se había mofado del club entero. Los pronósticos eran palmarios.

“No es normal que nos piten porque el Manchester nos haya dominado cinco minutos. Por favor, que tomen nota de otra afición cuyo equipo está al borde del abismo y no para de animar un instante”. Las declaraciones de Iván Helguera gustaron poco a la directiva de Lorenzo Sanz por su clara alusión al Atlético de Madrid; pero el central santanderino lejos de echar más gasolina al fuego que se había propagado desde principio de temporada, tan sólo había pedido un mínimo margen de confianza. Precisamente, la que se había ganado el Madrid con su exhibición colosal ente Alex Ferguson y a la que sólo le faltó el gol. La prensa española intuía una eliminatoria fatídica y Redondo se encargó de aplacar la fatalidad: “Si lo hacemos en Old Trafford como aquí, es obvio que tenemos que pasar a semifinales”. Para el vestuario la suerte estaba echada: se creían mejores que los ingleses y sólo el milagro de Bosnich (el portero australiano que jugó aquella noche en el Bernabeu) evitó que el resultado no acabase en “4-1, 4-2 o 5-2”, como reconoció Del Bosque.

Tanto ha cambiado la historia que, entonces, Raúl, Redondo y compañía se lamentaron de haber dejado escapar vivo al Manchester. Incluso, Ferguson acabó con un cabreo monumental porque sus ‘diablos rojos’ habían fallado la misión de perforar la portería del novato Iker Casillas; sin duda, el entrenador escocés no se fiaba del Madrid visitante porque, jugara bien o mal, la premisa de que el Madrid siempre marca nunca fallaba. Y así fue, a tenor de los acontecimientos posteriores. Las sensaciones fueron parecidas a las de mañana, salvo que eclipsados por el efecto Mourinho de la actualidad, periodistas y aficionados no verían con malos ojos un empate a cero. Primero y fundamental, no encajar ni un solo gol, ése es el objetivo indiscutible del portugués; después, si el Madrid marca, bienvenido sea. Lo que es obvio es que el Madrid siempre va a marcar un gol en campo ajeno…lo supo Ferguson en aquella noche del 2000 y le aterra seguir pensándolo.

Redondo o Milla; Xabi Alonso y….

Domingo, 25 Septiembre 2011

“Redondo ha reaparecido muy entonado. No buscamos ni sugerimos debate alguno”. Ésa fue la explicación pública del entrenador del Real Madrid, Jorge Valdano, el día del debut oficial del centrocampista argentino en el Bernabeu. Aquel domingo (23/10/94) Redondo cogió el testigo de Luis Milla en un desafortunado empate a uno contra un recién ascendido, el Compostela. La pobre imagen del equipo sacó a la palestra el debate del anterior verano: Luis Milla o Redondo. El primero estaba avocado a la eterna suplencia, pues el volante argentino había sido el capricho frustrado de Ramón Mendoza durante dos años y una exigencia personal de Valdano. Éste les había probado en pretemporada y resultó que con Milla el equipo jugaba más ordenado y uniforme, a sabiendas de que el estilo de Redondo aún debía calar en la propuesta táctica del entrenador. Pero el flamante fichaje fue lesionado gravemente por Mendiguren en un amistoso Athletic-Madrid y, sin margen de maniobra, Milla recibió el encargo de estructurar el fútbol de sus compañeros. Y, ciertamente, los resultados le favorecieron y, más importante, las críticas de la grada le reconocieron su talento para ‘elegir siempre el pase correcto’. Tal fue su denominación de origen.

Sin embargo y, a pesar de que el Madrid se había acostumbrado a Milla, Valdano decidió cambiar de administrador de balón aquella tarde contra el ‘Compos’ . Redondo apenas intervino, quizás por miedo a que le tocasen de nuevo la rodilla, y el equipo adoleció de criterio. La prensa sí sacó un debate que se intuía capital para el devenir liguero; sobre todo, cuando el siguiente sábado el Madrid perdió en La Romareda en el debut de Raúl y con Redondo también de titular. Valdano lo había dejado claro: su apuesta no contemplaba doble-pivote, puesto que Laudrup jugaba más adelantado y sólo precisaba un centrocampista puro por detrás de él. Resultó que antes de acabar la primera vuelta, Redondo volvió a lesionarse por una dura entrada del oviedista Jokanovic y Milla fue devuelto al césped para culminar los mejores partidos de la temporada, incluida la manita al Barcelona en el Bernabeu.

Anoche, José Mourinho eclipsó el 6-2 al Rayo Vallecano, no por provocaciones ni las habituales invectivas contra árbitros, prensa o rivales, sino por su oficio, ni más ni menos. La desacertada elección del acompañante de Xabi Alonso está alimentado otro debate del que no se atisba solución: “Kaká y Özil son dos ‘diez’ puros y a veces juntos es una situación de riesgo. Tienen que tener una disponibilidad mental y física para saber que Xabi Alonso no puede jugar solo en el centro del campo noventa minutos”, respondió el entrenador a la pregunta de por qué no alinear a los tres de una tacada. La calamitosa primera media hora evidenció que Lass sólo vale para batallas de brega en las que el equipo juegue más replegado y al contraataque. Pero, a tenor de las declaraciones de Mourinho, la preferencia por el músculo antes que el talento es descarada. Y es una pena porque tipos como Granero darían un toque más técnico a la medular o, incluso, los mismos Kaká y Özil perfilarían un Madrid más ofensivo, siempre y cuando Xabi se las arreglase de mitad para abajo….Makelele ya lo hacía en su tiempo, sólo que su cometido cuando alzaba la vista era entregar el balón a Zidane.

El experimento de Mou no ha hecho más que empezar. La esperanza se llama Sahin, pues sólo él está llamado a acabar con cualquier titubeo táctico. Altintop y Khedira no intuyen alternativas extraordinarias: al turco aún no lo hemos catado y Khedira actúa como un perro de presa menos rabioso que Lass. En consecuencia, el casting de escuderos de Xabi no se ha cerrado, pero el reclamo es cristalino: un candidato que ofrezca potencia y contención. Extraña que el míster aún no se haya percatado que en el Bernabeu pocos valientes se atreverán a tutearlo: sí, ayer lo hizo el Rayo y se llevo media docena. Seria advertencia para próximos visitantes. La alineación de Lass o cualquier émulo que satisfaga a Mou es entendible para duelos de renombre (vamos, el Barça), no en esta Liga de dos. Al menos, la rectificación llegó justo a tiempo, instantes antes de que el cabreo de la grada hubiese reventado los silbidos del entrenador y cuando incomprensiblemente era el Rayo quien manejaba el balón al pie y con sentido. Poco importan las efímeras sequías goleadoras del equipo…cada partido es una prueba más patente que la anterior de que al Madrid no se le deben buscar las cosquillas, se basta él mismo para encender (o no)  situaciones adversas. Pero sí que hay debate…y no sólo de nombres, ¿tan forzoso es que Xabi Alonso juegue pegado a alguien?

El eterno acompañante

Martes, 13 Septiembre 2011

Martí Perarnau, bloguero reputado en el mundillo digital del balón, resume a la perfección el fútbol del Madrid…”el vértigo como norma de juego es peligrosa si cada individuo hace la guerra por su cuenta y todos en tropel pasan por encima de Xabi Alonso, el único jugador capaz de poner pausa en el desorden”. La apreciación no es ocurrente porque Mourinho arrastra tal rémora desde la temporada pasada, pero sigue siendo clarividente para escanear la debilidad más flagrante del equipo. La precariedad de la medular blanca alimentó las tertulias periodísticas: Roberto Palomar se preguntó en su contraportada del lunes en MARCA por qué no funciona la sala de máquinas; “¿es qué nadie ve lo del centro del campo?”, tituló el columnista para analizar la incógnita que acompaña al escudero de Xabi. Y el problema es tan patente que el descaro del Getafe delató a Coentrao, el comodín que Mourinho quiere meter con calzador allá donde se le antoje.  Ni entendió su rol ni se sintió cómodo: la consecuencia fue un Madrid invertebrado que sigue reventando a los rivales por electrocución.Pero el trasfondo del nudo gordiano permanece por los siglos de los siglos. Desde que Schuster y Martín Vázquez abandonaron el club en el verano de 1990, el peregrinaje por la línea divisoria ha sido demasiado ajetreado hasta la venida de Zidane.  Fernando Hierro cogió el testigo y le pillo tanto gustillo que, incluso, se convirtió en el máximo goleador del equipo en el primer descalabro de Tenerife. Sin embargo, Valdano le vio más aptitudes defensivas y le retrasó a la posición de central junto a Sanchís; de este modo, quedaba una vacante para Fernando Redondo, quien, por cierto, tardó en explotarla. Porque en la hemeroteca de ‘señalados’ del Bernabeu también quedó el volante argentino con la grada silbándole al unísono después de una calamitosa derrota ante el Oviedo por 2-3 en la temporada 95/96. Justo un año antes, en plena adaptación de Redondo, surgió el debate de si debía jugar él o Luis Milla. Fue el español quien se ganó el favor de Valdano. No obstante, Capello recuperó al argentino para la causa y después de una temporada sublime en Liga (96/97) y una Champions, la séptima, prodigiosa, parecía que el Madrid volvía a tener en sus filas un general al mando. La sucesión de Redondo quedó al descubierto cuando Florentino Pérez prescindió de él: el transfuguismo de Figo eclipsó la salida de Redondo, que Del Bosque en el banquillo y Valdano en los despachos se dieron cuenta que urgía un crack para armonizar ataque y defensa. El elegido fue Zidane, nada más confesar sus deseos al presidente con un garabato en una servilleta.

La eterna suplencia del incomprendido Guti convirtió la búsqueda del escudero de Zizou en un dolor de muelas: Makelele y Flavio Conceiçao se turnaban en un puesto ingrato por los gustos del Bernabeu. Al final, el francés supo ajustarse a un cometido poco agradecido pero indispensable para que el ataque ‘galáctico’ supiese que levitaba sobre un colchón mullido. Makelele funcionaba como un coche-escoba, asegurando la primera línea por delante de la defensa. Pero desacuerdos contractuales (el francés pedía más pasta, acorde a su intachable rendimiento) le sacaron del club; entonces, es cuando se agravaron los problemas. Porque Zidane ya había ganado todo lo que se había fijado y el extravagante casting de los Pablo García, Gravesen, Gago, Emerson, Diarra (Mammadou)… descuajeringó por completo la columna vertebral del Madrid. Ni siquiera Sneijder gozó de una oportunidad prolongada, bien por su talento intermitente o por un físico dudoso motivado por costumbres nocturnas.

La pléyade de candidatos al suicidio asomó su final con el fichaje de Xabi Alonso. Desde sus primeros partidos, no necesitó adaptación, pues su instinto natural era amoldable a cualquier estilo. El donostiarra ha sabido dotar al centro de paciencia y orden, precisamente lo que adolecía un Madrid al que durante lustros le ha gustado ganar a la heroica y a base de golpes. Pero resulta que a Xabi todavía le falta pareja de baile, alguien que entienda el recado de coger el balón y ponerlo a los pies de Özil y Cristiano, al tiempo que sepa ayudar cuando toca esforzarse en el marrón defensivo. Lass es del tipo de Mourinho, pero el jugador no está muy dispuesto a besar el escudo; Sahin permanece en quirófano y cualquier cábala que nos imaginemos queda en eso, ficción….y Coentrao será un buen competidor de Marcelo, pero colocarle a los mandos es una ocurrencia más propia de Jerry Lewis que una apuesta seria de un entrenador al que no se le escapa ni la menor minucia táctica. Y queda Granero, aunque darle un puñado de partidos para que se desmelene parece sacrilegio. O sea que la sombra del acompañante sigue siendo demasiado alargada.