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Madrid y Atleti olvidaron la letra pequeña

Viernes, 15 Enero 2016

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Sucedió el 30 de marzo de 2006. El diario AS desveló que la Federación Madrileña tramitó una ficha del Real Madrid a un brasileño enclenque de 14 años llamado Neymar Junior. La versión oficial es que su representante, Wagner Ribeiro (el Jorge Mendes de Brasil) pidió al club sesenta mil euros en concepto de fichaje. La versión desconocida es que el entonces director general, Carlos Martínez de Albornoz, decidió no ficharle porque el padre de Neymar no quería vivir en Madrid con un contrato de trabajo tramitado por el Madrid. Si la estrella del Barça hubiese emigrado entonces a la capital española, el radar de la FIFA habría detectado su caso porque la investigación comenzó en 2005. Hace dos años las cámaras de televisión captaron a un niño argentino de apenas un metro de altura que sorteaba un puñado de piernas en un palmo de césped. Argentina, tan obsesionada con vender al mercado europeo chavales con ínfulas ‘maradonianas’, le apodó el “Messi de las nieves” por su origen andino. Estuvo a prueba en Valdebebas dos días y otro en El Cerro del Espino del Atlético. Vino con su abuelo y su madre, pero ninguno aceptó el sacrificio que exigía mudarse desde un pueblo montañoso cercano a la Patagonia al jaleo de una gran ciudad. Claudio Ñancufil, el pequeño en cuestión, era tan exageradamente bueno, que el Madrid ya había sugerido a la mamá un trabajo fijo.

El Partido de las 12 de COPE adelantó el pasado 28 de abril que el máximo organismo del fútbol sancionaría a Real y Atlético por unos irregularidades en la contratación de menores de edad que el club blanco desmiente categóricamente, y el Atleti responde con un recurso. Un informe de cien folios enviado por burofax a ambos clubes con nombres y apellidos de niños bajo sospecha. De los rojiblancos no se han filtrado nombres, pero Paco González contó anoche que hay 150 expedientes mirados con lupa. El eje de la trama es que cualquier chaval extranjero que juegue en un club hermanado con los dos grandes (por ejemplo, el famoso Canillas del hijo de Mourinho, con el Real Madrid), puede ser sospechoso. La investigación al Madrid abarca 39 jugadores, entre ellos Luca Zidane, hijo de Zizou. Su ejemplo no encuentra ninguna ilegalidad: nació en Marsella en 1998 y con 6 años ya vivía en Madrid y jugaba en los prebenjamines   con la nacionalidad hispano-francesa. Extraña, como ha dicho el director general del Madrid, que José Ángel Sánchez, la sorpresa en la planta noble del Bernabéu haya sido mayúscula, cuando la Federación Española conocía esta investigación desde la pasada primavera (cuando COPE anunció la primicia). FIFA no publicó la sanción antes por los permanentes incendios y corruptelas a escala mundial en su directiva. Esto es información, no opinión.

El Barcelona fue sancionado con un veto de dos mercados porque la Federación Catalana de Fútbol tramitó fichas a ciegas, sin consultar a la RFEF, que precisamente había advertido de las posibles consecuencias. El Barça no escuchó y reaccionó demasiado tarde. Al menos, consiguió aplazar un mercado la sanción, aprovechándolo para fichar a Luis Suárez. En los casos de Madrid y Atlético, la Federación Madrileña garantiza que sus fichas están perfectamente tramitadas con la Federación de Ángel Villar. Entonces, ¿cuál es el problema? Quizás que la Federación Española no se ha puesto las pilas y ni siquiera ha mirado la letra pequeña de la normativa FIFA en sus estatutos de menores. No es mala pista. Tampoco lo es que los clubes debían saber que los niños tenían que vivir un año natural en España; sus padres debían tener reglados contratos de trabajo, alquileres de domicilio, etc. Pura burocracia que les ha jugado una mala pasada.

Luis Suárez, sospechoso habitual

Jueves, 26 Junio 2014

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Delia Fischer es oficialmente portavoz de la FIFA y oficiosamente quien se come los marrones de su empresa. A las 11.00 hora local de Rio de Janeiro, Fischer anunció la decisión del Comité de Disciplina de FIFA. Los cenáculos periodísticos esperaban una sanción ejemplar; los chascarrillos apuntaban que a Luis Suárez le caerían como mínimo dos partidos para no cruzarse en el expedito camino de Brasil. Pero entonces llegó la ansiada declaración en la que FIFA volvió a demostrar su puño de hierro detrás de la fachada de responsabilidad cívica. “Actuamos con rigurosidad porque cientos de miles de niños sueñan con el fútbol”, dijo Fischer en un simposio de Zurich hace meses, donde Joseph Blatter tiene su cuartel general. “A Suárez le pesa su continúa reincidencia”, confiesa un comisario sudamericano de FIFA, que quiere mantenerse en el anonimato. Los nueve partidos no parecen exagerados si no se contempla el pack completo, porque los cuatro meses de inhabilitación huelen a la triple reincidencia de Suárez. Sus tendencias vampirescas comenzaron en Holanda en 2010: su mordisco al jugador del PSV, Otman Bakkal, estremeció tanto al Ajax, su club de entonces, que hasta Johan Cruyff, gurú en Barcelona y Amsterdam, salió a la palestra para decir que lo del uruguayo era “inadmisible porque a ver con qué cara le mirarían a Suárez los niños de la escuela del Ajax”.

La imagen del primer mordisco pasó inadvertida hasta que las televisiones lo captaron en sus resúmenes televisivos. La Federación Holandesa tuvo que recurrir al vídeo para meterle un paquete de siete partidos, más los dos impuestos por el Ajax como transgresión de su sagrado código interno. No obstante, Suárez tampoco sufrió un vía crucis porque ya había firmado con el Liverpool. Allí en Anfield, sospecharon desde un principio de la conducta temeraria del goleador charrúa.  “Me recuerda a mí en lo bueno y en lo malo”, dijo Robbie Fowler, uno de los delanteros red con más solera y cuya imagen más recordada no es ninguno de los cien goles que marcó en Liverpool sino su escandalosa celebración fingiendo que esnifaba la cal de la línea de fondo en un derbi contra el Everton. Fowler no exageró en absoluto porque sus palabras están archivadas entre la sanción a Suárez por insultos racistas a Patrice Evra y el segundo mordisco, a Ivanovic del Chelsea. Fue entonces cuando el uruguayo comprobó en sus carnes el poder fáctico de la prensa con los tabloides sensacionalistas publicando a granel montaje suyos con bozal y colmillos de vampiro. Humillado y vejado, Suárez intentó imbuirse de los furibundos ataques de la prensa británico como mejor supo: goleando en Anfield y demostrando a The Kopp que, enajenaciones mentales aparte, era el killer perfecto.

La FIFA cogió la matrícula a Suárez y no le iba a perdonar ni una. Su condición de sospechoso habitual le persiguió, incluso, en los últimos minutos del Uruguay-Inglaterra, cuando se tumbó en el centro del campo extenuado por el sacrificio físico. “Suárez es medio Uruguay, ¡qué demonios! Es Uruguay entero”, dijo la voz más autorizada para hablar del combinado charrúa, el ‘Príncipe’ Enzo Francescoli después de la demostración caníbal (no en sentido literal esta vez) contra los ingleses. “Como uruguayo tengo mucha bronca por la decisión de la FIFA”, ha clamado Franscescoli tras conocerse la sanción. La FIFA le ha dado pocas horas al culpable para abandonar la concentración de su selección y casi salir del país. Y la película de terror no acaba ahí: cualquier compañero de vestuario que sea visto en público hablando con Suárez puede ser denunciado. No es un castigo a perpetuidad pero la humillación alcanza proporciones bíblicas. “Le falta ser deportado como un delincuente común”, dice un periodista uruguayo.

Pero no todo es lobby a favor de Suárez: Uruguay tiene dos mitos, Francescolli y el gran protagonista del ‘Maracanazo’ del 50, Alcides Ghiggia. “Está mal de la cabeza. Habría que hablar con él y hacer un estudio para saber qué pasa por su cabeza”, dijo en COPE Ghiggia a sus 87 años desde su casa de Montevideo. No lo ha dicho en vano porque en apenas 24 horas ya ha salido a la luz un puñado de psiquiatras, alguno especializado en canibalismo. Y no es broma. Hay quienes se preguntan o, mejor dicho, nos preguntamos por qué no salió Delia Fischer el día después de que Nigel De Jong soltara su patada karateka a Xabi Alonso en la final de Sudáfrica. Entonces, FIFA lo interpretó como una “acción de juego”, con el balón en otro lado. Los patadones sí comulgan con el fútbol, los mordiscos parece que no. 

Romario, el martillo pilón de la FIFA

Martes, 10 Junio 2014

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“Romario ataca, Ronaldo responde y Bebeto calla”. No es la crónica de un partido de la canarinha, sino el grotesco panorama político que ha causado el inminente Mundial. Así lo describe Alexandre Martins, amigo de Romario y ex agente de Ronaldo. Las manifestaciones populares que claman estos días por los recortes sociales las advirtió ‘O Baixinho’ hace meses, antes de que el gobierno brasileño superase su límite de 11.000 millones de dólares para organizar el Mundial, y la FIFA anunciase a todo el mundo que Brasil estaba “muy bien” acicalado para celebrar el campeonato. Joseph Blatter, quizá intuyendo el martillo pilón de Romario, puso en el escaparate a Ronaldo y Bebeto como los personajes mediáticos del torneo. “O Ronaldo y Bebeto no saben lo que está pasando, o lo saben y están fingiendo que no lo saben. De cualquier forma, los dos son unos ignorantes”. Fue el primer directo que el político Romario (ahora de profesión) lanzó a la mandíbula de sus ex compañeros de selección. Tantas concentraciones compartidas, tantas sambas bailadas en vestuarios de medio mundo y lo que se presuponía una fiesta común de fútbol ha destrozado el buen rollo de estos magos del fútbol. Al menos, ellos lo fueron con las botas puestas.

Romario es el hombre del momento en su país. Se ha subido a la ola populista desde su escaño de diputado del Partido Socialista Brasileño, una división pequeña pero que se sensibiliza con toda la ciudadanía por un propósito plausible: apoyar los derechos de los 45 millones de brasileños que sufren alguna minusvalía. Romario tiene una hija con síndrome de down, de nueve años, que suele recibir a todos aquellos paisanos que se acercan a su despacho de congresista en Brasilia. Entiende que la causa de su hija Ivy merece un respaldo político y unas leyes que coloquen a su nación a la vanguardia de las ayudas a los discapacitados. Pero los tentáculos de la FIFA con obras faraónicas interminables en los estadios y la desesperación social por gente a la que no le llegan los reales para comprar leche y pan han terminado por irritar al ex delantero diminuto del Barça. Dice que Ronaldo ha incumplido una promesa de 32.000 entradas del Mundial para los más desfavorecidos y, claro, el ‘Fenómeno’ no tardó en responder hace pocos meses: “Es lamentable que Romario me responsabilice por cosas que no me competen”.

Dos ídolos del pueblo peleándose delante de las televisiones, mientras Bebeto, también metido en política, se queda al margen. El ex deportivista no quiere líos que le puedan perjudicar en su carrera como asambleísta del Partido Democrático Laborista. Ha acudido a todos los actos previos del Mundial, se ha recorrido las obras de las doce sedes y nunca ha dejado de esbozar su eterna sonrisa. “¿Romario? Lo que importa es que los brasileños disfruten del Mundial”. Palabras vacías de un Bebeto que va cogiendo el tranquillo de la oratoria política. Es obvio que a tenor de las sacudidas diarias entre manifestantes y la policía, el país se ha visto forzado a elegir entre sus mitos futbolísticos: se queda con Romario sin pensarlo. Porque Ronaldo y Bebeto, aún si tener designado un sueldo oficial, huelen a FIFA de pies a cabeza; ponen la cara del Mundial ante el mundo y tratan de esconderse de fronteras para adentro. Allí reina ‘O Baixinho’ con sus lanzamisiles preparados por tierra, mar y aire, esté quien esté delante. “Ya consiguieron lo que vinieron a buscar: dinero”. Palabra de Romario da Souza Faria, quién sabe si próximo alcalde de Río de Janeiro y, en un futuro no muy lejano, O presidente.

¿’Villarato’? La culpa es de Mtiliga

Lunes, 8 Febrero 2010

Pues nada, a seguir hablando del dichoso ‘villarato’. Creo que es mejor opinar ahora, de una vez por todas, porque lo vamos a tener hasta en la sopa de aquí a final de Liga. Pobre Mtiliga, si supiera hasta dónde va a llegar este asunto por haberle buscado las cosquillas a Cristiano Ronaldo. De haber estado quietecito en aquella jugada que recordaremos ad nauseam, el brazo de ‘CR9’ no habría ido a parar a la nariz del malacitano y, por ende, no se habría montado todo este guirigay entre la prensa de Madrid y Barcelona. Y dado que en este país aborrecemos la calma chicha porque nos gusta la bronca, aunque Mtiliga marque mañana el golazo del siglo, dentro de unos años se le recordará como el hombre que hizo reflorecer el ‘villarato’ a su máximo apogeo.

La cantinela de la connivencia entre árbitros, Madrid y Barça ya está muy manida, pero sigue siendo verdad. El poder fáctico del fútbol español viaja en puente aéreo cada cierto tiempo porque es lo que interesa para el negocio. Hasta finales de los ochenta, era el club merengue quien hacía ojitos al estamento arbitral, hecho que cambió radicalmente con el ‘nuñismo’ de los noventa, ¿quién no recuerda aquel calamitoso y descarado arbitraje de Gracia Redondo en la segunda liga que perdió el Madrid en Tenerife con tres penaltis clarísimos no pitados?

Años después llegó Florentino Pérez y su discurso empezó siendo muy afín a la Federación, ¿qué me decís del gol anulado a Rivaldo en el último minuto de un Madrid 2-Barça 2 del 2001, con Figo vestido de blanco? Al día siguiente todos los telediarios abrieron con la imagen de desesperación del brasileño y de Guardiola intentando convencer al árbitro Losantos Omar que reflexionase sobre su gran cagada.

El problema institucional del Madrid de los ‘galácticos’ fue la presunción en las elecciones a la presidencia de la RFEF del 2004: Florentino apoyó al candidato Gerardo González (al igual que la mayoría de presidentes de Primera) y no a Villar, a la postre ganador. Ahí Laporta anduvo listo y se alineó con el gran favorito. Desde entonces, al Barça no le ha ido nada mal. Si recordáis algún fallo garrafal en contra de los azulgranas en los últimos años, hacédmelo saber en el blog.

Con todo, Barça y Madrid no se pueden quejar de nada, porque entonces vendría la rebelión de los veintitantos clubes restantes que han aguantado sinvergonzonerías arbitrales de todos los calibres. Cierto es que a los árbitros que han seguido al dedillo las siempre supuestas directrices del comité arbitral no les ha ido nada mal: Rodríguez Santiago se hizo el sueco en el manotazo que le sirvió a Messi para marcar en el decisivo Barça 2- Espanyol 2 de la Liga 2006/07 y a los pocos días le premiaron con la final de Copa de esa temporada. Y no os quiero contar si lo extrapolamos al mundo FIFA: la cara de idiotas que se les habrá quedado a los irlandeses al enterarse de que su ‘hombre del año’, el sueco Martin Hansson, irá al Mundial…¡en calidad de árbitro principal! Al parecer, sólo a un puñado de irlandeses les molestó que Henry  echara una mano (literal) a su nación para que no se perdiera la cita de Sudáfrica. 

Nadie se acordará de Irlanda

Viernes, 20 Noviembre 2009

La nación de Irlanda proclama su irá contra la FIFA, no es para menos. Se dice que el fútbol mueve pasiones y en el mundo anglosajón siempre un poquito más. El infame error del árbitro sueco Martin Hansson ha aparcado durante unos días los problemas triviales de la nación gaélica para convertir la mano de Henry en una cuestión política. En el ojo del huracán está Michel Platini, quien no podía permitir en su primer mandato como ‘premier’ UEFA que su queridísima Francia no estuviese invitada al baile mundialista. No sabemos si el dirigente francés bajó al vestuario del árbitro antes de la prórroga, pero sí es una certeza que Platini sabe qué hilos mover en la burocracia FIFA y el modo de aspirar al cetro de Joseph Blatter.

El caso es que un ‘arbitrucho’ de  poca monta lapidó en un instante la ilusión de seis millones de irlandeses (a los del Norte no los cuento porque allí Henry ya ha debido ser nombrado hijo predilecto). En Dublín mereció ganar Irlanda y en París también. Pero resulta que a Domenech y sus pupilos se les iba la repesca de las manos, y para que Hansson no tuviese que tragar quina el resto de su vida entre la comité arbitral europeo, tiró por lo fácil inventándose una ocasión de gol más propia de un central y un pivote de balonmano.

Los argentinos inscribieron para la posteridad la ‘mano de dios’. Aquella fue concebida con apego por el mundo del balón (exceptuando a los ingleses, claro). Más que nada, porque el histórico lance de Maradona antecedió a su llamado gol del siglo. En cambio y con un contraste abismal, los franceses quieren canonizar ‘la main de dieu’ del tramposo ‘Titi’. A Maradona se le perdonó su farsa, nunca un tío tan grande había intentado engañar al ‘fair play’. Dos décadas después  y con poco por descubrir en el fútbol, Henry ha quedado retratado como un tramposo desquiciado que golpeó el balón con la mano dos veces por absoluta desesperación. El fútbol no perdona a Henry, ni a Hansson ni a Platini. Imaginad que esto sucediese en un Mundial: la francofobia podría ser brutal.

El ministro irlandés de justicia, Dermot Ahern, ha exigido que se repita el partido, pero la FIFA le ha respondido ipso facto que es imposible porque el fallo de Hansson fue un ‘error de apreciación’. Pues estamos aviados: si un árbitro no aprecia que un jugador toca el balón con la mano dos veces descaradamente, que piten los mismos jugadores, que entre ellos seguro que habrían detenido la jugada. Árbitros como este Hansson los hay a patadas en un Mundial. Y lo último que querría la FIFA es que apareciese de la nada otro Al Ghandour, el recuerdo más amargo del España-Corea del 2002. La cuestión es que en 2002 nadie nos consoló a nosotros y mañana nadie se acordará de Irlanda.