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Archivo de la categoría ‘Florentino Pérez’

Sin galácticos

Domingo, 14 Agosto 2016

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La web del Real Madrid no anuncia ninguna presentación faraónica. No quedan galácticos en el mercado y la noticia es que Florentino Pérez no ha leído ningún ‘sí’ en forma de garabato pintarrajeado en una servilleta. Eso lo estrenó Zidane para darle brillo al casting de Hollywood que empezó Luis Figo. Sonó Paul Pogba como si fuese a cambiar el fútbol para siempre; su P.V.P. ponía muy cachondo al madridismo, su talento apenas excita a los propios franceses. El Manchester United necesitaba un golpe de efecto para encender al ‘mourinhismo’ y su fichaje de tronío era necesario para olvidar la época ominosa de Van Gaal. El Madrid vio el movimiento desde la barrera, sin volverse loco ni atender las mastodónticas condiciones del agente Mino Raiola. Su representado habría sido una bomba en los despachos y un petardo sobre el césped. Generoso en el esfuerzo, no demostró ninguna condición sobrehumana durante la Eurocopa; no en vano, fue cuestionado en la primera fase por su sospechosa apatía hasta que dejó de estar en el limbo. La nueva cresta de oro (sucesora de la de Neymar) jugará en la Premier con grilletes pesados, y esos 120 millones (o 110 según versiones) no los levanta ni Lidia Valentín. A Gareth Bale le sigue costando; James es una causa perdida.

Tic, tac, tic, tac. Al mercado le quedan dos semanas y en la planta noble del Bernabéu no suenan llamadas interesantes. Ni siquiera la de Moussa Sissoko, un trotón de marca blanca que ha suplicado su fichaje a la BBC (“Estoy esperando la llamada del Real Madrid”).  Humo, es otro de los cien mil jugadores que creyeron nacer para jugar en el Real Madrid. Bernd Schuster dijo una vez que “las portadas del MARCA en verano tenían más morbo que Falcon Crest”. Y no le falta razón porque hubo una época en la que una exclusiva podía alterar el sistema nervioso de la gente. Por ejemplo, una en la que aparecía Figo bajo el titular ‘Es feliz’ después de una supuesta discusión con Florentino, u otra en la que Ronaldo Nazario se descubría ante el público español vestido con traje de astronauta al son de ‘Fichaje galáctico’. Venía al Barcelona, no al Madrid. Recuerdos de la infancia, Ramón Mendoza revolucionó el verano de 1994 con Valdano en el banquillo, y Laudrup y Fernando Redondo como figuras mediáticas (sólo faltó Eric Cantona, petición de Ángel Cappa); y al año siguiente un verano desértico en las oficinas del club. Como que ese Madrid ya no ilusionaba sin caras nuevas. Incluso, el Barça más perfecto de Guardiola compró cromos para seguir alimentando la orgía culé: Ibrahimovic, David Villa, Alexis Sánchez…Pero el mérito se lo llevó el difunto Jesús Gil con innumerables proyectos y sus ansias de fumigar el vestuario cada mes.

Por una vez el Madrid no ha sido Billy El Niño desenfundando. Ningún representante, ni siquiera Jorge Mendes, ha salido de Concha Espina con un billete dorado (éste es el verano de Riola). El presidente susurró públicamente a Zidane que estaban “enredando”: ¿Pogba, el tal Gabriel Jesús? Basta que se descubra la talegada que se ha llevado al agente de Pogba para responder. No hay plan renove (Lorenzo Sanz dixit) porque la plantilla sólo necesita chapa y pintura en el banquillo. Casemiro es una proeza de la genética, pero a nadie le dura el diesel cincuenta partidos; la solución se miraba abajo, en Valdebebas, y se llamaba Marcos Llorente. Se fue al Alavés. Sin recambio de ‘5’ y con overbooking de media puntas: Marco Asensio suena como una taladradora, Isco aún no ha sacado el último conejo de la chistera, pero James aburre y se aburre a sí mismo. Depende de su volátil cabeza y eso en el Madrid no tiene futuro. En las charlas de sobremesa ponían David Alaba, hasta que Marcelo se espabiló este verano, y Julian Draxler porque es otro artista aseado que no le importa inventar caños y bicicletas con la osadía de Denilson. Pero no es lo que busca el entrenador. Ni el presidente. Los equipos están rastrillados y las cláusulas blindadas, no queda tiempo para que nadie se rebele. Alguien que merezca la pena, claro.

El Lobo de Wall Street

Sbado, 23 Julio 2016

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31 de agosto de 2015. Quedan doce horas para el cierre de los fichajes. Jorge Mendes cuelga una llamada en uno de sus tres o cuatro teléfonos móviles desde una terraza de Montecarlo y dice a la gente que le rodea en ese instante: “Acabo de hacer el negocio del verano”. Instantes después, el Manchester United anuncia el fichaje del delantero del Mónaco, Anthony Martial, por 50 millones de euros…¡más otros 30 en variables!  Mendes no es el representante del jugador francés pero su intermediación fue vital para gestionar el capricho de Van Gaal. Quizás sea el único representante, junto a Mino Raiola (Pogba e Ibrahimovic), que puede desfilar por la alfombra roja de Hollywood con las ínfulas de Cristiano Ronaldo o Leo Messi. Se siente una estrella del celuloide porque su ego sí extiende cheques que su bolsillo puede pagar. Pero durante este verano apenas teníamos noticias de su universo, donde la gente trajeada nada en billetes verdes, hasta que el Barcelona soltó la bomba el pasado jueves. André Gomes jugará de azulgrana y no de merengue porque, primero, James Rodríguez, también de la factoría Mendes, se ha declarado intransferible y, segundo, Luis Enrique pidió a su directiva un sustituto para Iniesta que también simule a Rakitic.

Las mentes más retorcidas, las que están en primero de Jorge Mendes y repitiendo, están convencidas de que el Madrid nunca quiso a Gomes; fue una estrategia pergeñada por el agente para inflar el P.V.P. del media punta. La ecuación era demasiada simple: el Valencia necesitaba liquidez y, consciente de que ningún club pagaría a toca teja los 65 millones de la cláusula de Gomes, accedió a cobrar 35 millones + 20 en cláusulas de colegio + 15 en objetivos más importantes. Maquillaje perfecto para un Barcelona que evita el efecto de otro tsunami Neymar. Mendes sabe de boca de Florentino Pérez que el Madrid nunca ofertaría 40 o 50 millones. Y esto es información, no opinión. El nuevo fichaje culé nunca ha estado ni frío ni caliente en la planta noble del Bernabéu porque ese “estamos enredando” que ayer confesó FP a Zidane en Canadá alude al pez gordo de Raiola. Es un secreto a voces que irrita al amigo y casi hermano de Cristiano.

Mendes es un vendedor nato, así de simple. Su pose ejecutiva recuerda a la de Jordan Belfort, el insaciable broker interpretado por Leonardo Di Caprio en El Lobo de Wall Street. Es de esos comerciales que te ofrece un bolígrafo, te habla de sus ventajas, y acaba vendiéndote el estuche entero. Esa virtud la lleva explotando desde que empezó con vallas publicitarias de un equipo de la segunda ‘B’ portuguesa al mismo tiempo que gestionaba un videoclub. Y en una discoteca de su propiedad conoció a Nuno, un portero que pasó sin pena ni gloria por Depor y Osasuna, pero que como entrenador clasificó al Valencia en la Champions antes de que dimitiese por clamor popular. Sus gestiones se han estudiado en la Universidad de Boston, tarde o temprano llegarán a Harvard y miles de yuppies de Wall Street pagarían barbaridades por un máster suyo de negocios deportivos. Es un vanguardista del mercado capaz de montar una oficina itinerante en Valdebebas con toda una corte de representados, poner patas arriba al Monaco con un puñado de llamadas telefónicas desde una terminal de aeropuerto o convencer por pesadez a Joan Laporta dentro de un coche para fichar a la entonces promesa del fútbol portugués, Ricardo Quaresma. Tal es su influencia que Florentino Pérez se negó a fichar a Falcao en el verano de 2014  porque de lo contrario, “tendría que dejar la presidencia a Mendes”. Literal.

Zidane, gestor de egos

Lunes, 30 Mayo 2016

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“Asegúrate que el Real Madrid esté bien metido en el ataúd con los clavos bien clavados. Y, después, húndelo en el fondo del mar rodeado de una cadena con varios candados, porque si no….”. No es poesía de Manuel Jabois o David Gistau, dos de las plumas más brillantes del cáustico panorama periodístico, sino de Emilio Butragueño, cuyo arte de soltar párrafos cuadriculados y de manual a veces es rompedor. Por supuesto, no lo dijo delante de ninguna cámara, era el sentimiento unánime en el aeropuerto de Milán de los madridistas de pura cepa, los que vivieron un tiempo en el que el Atleti tenía instinto depredador. Recuerdo que durante mi primer año de universidad, en pleno éxtasis merengue en Europa (‘Octava’ y ‘Novena’), el maestro Santi Segurola sugirió una frase inmortal: “Gane o pierda, el Madrid maneja como nadie los tempos de la Champions”. Y salvo la época ominosa de la crucifixión en octavos, Segurola no mintió. Es el torneo que redime cualquier pecado, y el Madrid suele cometer un buen puñado cada temporada; es las sala previa a la morgue o la salida del hospital. El Elíseo o el Apocalipsis, sin término medio.

El Madrid disfruta jugándosela sin red, asomado a un precipicio del que siempre sabe recomponerse. Y la abismal diferencia entre dos años en blanco y dos Champions en tres temporadas sólo sucede en el club más ajusticiado de la historia. La lectura más merengona de este lunes es que llevan las mismas Champions que el Barça en su ciclo más triunfal, el que empezó con el Dream Team de Cruyff. Las odiosas comparaciones son el único barómetro que tiene el fútbol para aplaudir o atizar a alguien. Por ejemplo, a Zinedine Zidane, al que su presidente rescató de un insípido empate en La Roda con el Castilla para sofocar el conato de rebeldía contra Rafa Benítez. Decían en Valdebebas que el francés no era buen estratega, que no tenía suficientes cicatrices de guerra para dirigir el Acorazado Potemkin de Mister Rafa; los buenos en La Fábrica se llamaban Luis Miguel Ramis y Santi Solari. Quizá sí delante de una pizarra, pero Fabio Capello, un sabio, descubrió la esencia del banquillo más parecido a la silla eléctrica: “Entrenar al Madrid es gestionar a sus estrellas. Es lo primero y casi único”. Y eso que el italiano domaba los egos aplicando tácticas siderúrgicas en las que un destello improvisado causaba una bronca de proporciones bíblicas. El caso más laxo siempre ha sido el de Vicente Del Bosque, quien olvidaba la mano dura y las peroratas al son de ‘A jugar como vosotros sabéis’. Zidane se ha movido por instinto, pero no olvida sus influencias de Turín. Es el único argumento que explica su acertadísima predilección por Casemiro y la arriesgada decisión de retrasar líneas el pasado sábado, cuando pudo reventar la final antes del descanso.

Zidane merece su continuidad porque la plantilla todavía le ve en un póster voleando la ‘Novena’ de Glasgow. Y porque a Cristiano le trata como un divo, a Bale le permite sentirse velocista de 100 metros, y Benzema es el alumno aventajado que Aristóteles vio siempre en Alejandro Magno. Ni una rajada en la sala de prensa, ni un incendio gratuito; Zizou no suelta carnaza a la prensa porque no le interesa ni tampoco sabe ejercer como el personaje más teatral de Mourinho. No obstante, le recomendaron esbozar media sonrisa y enterrar el gesto arisco con el que hacía roulettes en el césped y hablaba fuera del campo. Ahora es un tipo simpático que no se altera, ni siquiera cuando Piqué cabecea a la basura otra Liga para el Madrid. En enero reseteó el vestuario y preparó una pretemporada de invierno para desentumecer músculos, como las que acostumbran los equipos nórdicos y rusos en La Manga. Fue el físico lo que mantuvo con vida al Madrid en San Siro, ese último reprís que acobardó a Simeone en la prórroga. Bale se había exprimido como nunca; Modric acabó jadeando como un maratoniano en meta y Casemiro todavía buscaba más tralla, ¡qué proeza de la genética! Queda Zidane para rato porque no molesta en la planta noble, ni sufre ataques de entrenador. Pero, sobre todo, el entrenador sigue siendo el galáctico del presidente que escribió ‘Sí, quiero’ en una servilleta.

Plan Renove

Lunes, 29 Febrero 2016

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Plan renove. Fue la expresión que utilizó Lorenzo Sanz cuando le preguntaron por la caótica temporada que borró de un plumazo a la pareja Valdano&Cappa. Aquel Real Madrid necesitaba fumigar el vestuario y nombrar a un general con puño de hierro. El elegido fue Fabio Capello, que entonces exigió sus fichajes uno por uno y, de paso, cobrar una peseta más que el futbolista mejor pagado de la plantilla. A Florentino Pérez no le gusta ser tan contundente delante de las cámaras porque, como presidente de una multinacional del Ibex 35, conoce el terremoto que origina cualquier decisión drástica. Mejor actuar entre bambalinas, preparando la lista negra mientras el Kalashnikov de Zidane guarda la última bala en la recamara: un disparo sólo apto para el mejor de los francotiradores. Y no parece que Zizou esté bien adiestrado para la misión. Varios ex jugadores merengues suelen comentar las lagunas tácticas del entrenador y deslizan en los cenáculos periodísticos vía Mesón Txistu y Asador Donostiarra que ahora mismo el técnico con más vocación es Luis Miguel Ramis, sucesor de Zidane en el Castilla.  Pero tampoco tiene experiencia, ni siquiera un nombre marketiniano que ayude a vender portadas. Su única oportunidad de entrenar al primer equipo empieza y acaba por ser un mero apagafuegos, como un desconocido llamado Vicente Del Bosque, coordinador de la cantera de la Ciudad Deportiva de La Castellana, durante la década de los noventa.

El club más rico de la lista Forbes ejecuta un plan económico anual digno de estudio en universidades como Harvard o Stanford, y toma decisiones deportivas como si las charlara en una barra de bar. Zidane no estaba preparado antes de Navidades, pero el hartazgo del vestuario con Rafa Benítez precipitó su ascenso. Él, por supuesto, anunció que estaba preparado; el gremio de entrenadores todavía le veía en un póster voleando el gol de la Novena. Y ha sido Simeone el que ha acabado por incendiar las discusiones de salita y redes sociales. De repente, el equipo siderúrgico de estilo plomizo maniató al fino estilista hasta ponerle una camisa de fuerza. Acorralado en un callejón sin salida, sin intercambio de posiciones o cambio de pizarra, el Zidane más impulsivo confió en Borja Mayoral para conjurar la primera gran noche de Raúl González o, a escala inferior, de aquel José Luis Morales que levantó al Bernabéu en un derbi. Cualquier acto de fe que comulgara con la grada. La conclusión es que este Madrid presume de una  alfombra roja de Hollywood en la que los actores se quieren lucir en su photocall más personal. Manolo Sanchís resumió el debate futbolístico en una declaración: “El equipo que más media puntas tiene no juega con ningún media punta”. Isco y, sobre todo, James quedaron señalados porque, hablando en plata, es complicado jugar andando. No hay más preguntas, señoría.

El Bernabéu se cansó de buscar muñecos de pim, pam y pum, y se giró al palco. Ya no había un Ancelotti o Benítez de turno en los que descargar la bilis, y Zidane tampoco merece la guillotina en tan poco tiempo. El presidente ha repetido innumerables veces que sólo convocará elecciones si los socios se lo reclaman; la advertencia en el derbi fue el primer aviso. Con o sin elecciones,  y con o sin otros candidatos. la reestructuración se intuye absoluta. Por ejemplo, una dirección deportiva que detecte por qué no hay un lateral izquierdo que sustituya a Marcelo; o un delantero centro a la vieja usanza que resuelva un plan ‘B’ o ‘C’. Sin profesionales que se dediquen a rastrear el mercado y olfatear futuras promesas, no suena tan descabellado que Cristiano Ronaldo pegue esos fogonazos de proporciones bíblicas. No le falta razón en lo políticamente incorrecto: “Faltan los mejores y la pretemporada está mal planificada”. Radiografía perfecta de un enfermo. El Madrid, no Cristiano.

El show de Truman

Jueves, 28 Enero 2016

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El Real Madrid quiso fichar a Leo Messi hasta en tres ocasiones. Lo desveló anoche El Partido de las 12 en plena efervescencia del ¿caso? Neymar. Noticias del pasado cuyo morbo nunca caduca. En los cenáculos madridistas siempre se ha comentado que el Florentino Pérez le dijo a Cristiano Ronaldo en su despacho que si estaba “triste” (¿recuerdan?) y quería irse, pusiera el dinero en tesorería para traer a D10S. Leyendas quizá no tan ficticias. El mejor jugador del mundo nunca deslizó una mirada cómplice al Madrid; una negativa tan tajante que reafirma su compromiso con el Barça. El de Neymar espera su fumata blanca, pero no merengue. La estrategia de Wagner Ribeiro, agente del futbolista, huele a guión de Alfred Hitchcock: enciende el ventilador, esparce el estiércol, no niega la mayor y espera que el Barça acepte un buen estacazo por la renovación. El entorno del brasileño negocia el futuro del próximo Balón de Oro y con ese caché comenzaron las gestiones. En la planta noble del Bernabéu disfrutan con palomitas los cuentos asombrosos de Spielberg y el miedo que pueda provocar la sombra alargada de Luis Figo. Y entre la guardia pretoriana de Pérez nunca dirán de Neymar otro never, never, never. Y menos cuando creía tenerlo atado en Brasil con reconocimiento médico incluido meses antes de dar el sí quiero a Sandro Rosell.

Y mientras Neymar calla, esperando firmar un cheque en blanco en Can Barça, la página web del Madrid no publicará comunicados oficiales hasta que Cristiano Ronaldo reaccione. Un golpe de billar a tres bandas donde Ribeiro simpatiza con Florentino desde el fichaje de Robinho y pretende hurgar en la tesorería culé. Si fuese por el representante, Neymar sería blanco; si fuera por el padre de Neymar, su hijo sería blanco; pero los jugadores casi siempre acaban donde quieran, excepto Falcao. Tratándose de intermediarios brasileños, las partidos de póker suelen alargarse demasiado por faroles que no van a ninguna parte. El mejor ejemplo sigue siendo Roberto de Assis, hermano y agente de Ronaldinho, quien en el verano 2012 convenció a tres clubes diferentes para fichar a Dinho. Y al igual que el ex azulgrana en el Camp Nou, Roberto sacó la magia y tuvo engañados a dos clubes que creían haber fichado al crack. El tercero en discordia fue el Atlético Mineiro, que realmente le contrató.

Entre el Real Madrid y Neymar no hay contacto, ni por vía oficial ni de barra de bar. Porque antes de acometer la macro operación de la historia, 190 millones + I.V.A (no se olviden), Cristiano tiene que ser declarado transferible y ceder todos los honores al brasileño. Primer problema. El segundo tiene origen galés, también está en el club de los tres dígitos y oposita para ser la Isabel Preysler de la jet set.  Sólo hay una, como sólo un líder en el Madrid. Un despilfarro de tales proporciones obligaría al club blanco a montar un Show de Truman en torno a Neymar. Él sería el protagonista permanente de la taquicárdica actualidad blanca, desde que se cepilla los dientes por la mañana hasta que se pone las pantunflas y el pijama. Pagar por O’ Rei Neymar a toca teja el presupuesto entero del Atlético de Madrid no suena a bendita locura; servidor sí lo habría hecho, si los tuviese, por aquel Ronaldo Nazario que se salió del firmamento en el Barça de Bobby Robson. Pero es sólo una opinión. Neymar ha madurado en el Barça y no cometerá alta traición. Eligió jugar allí y allí ganará su Balón de Oro. O no.

La guillotina

Jueves, 24 Diciembre 2015

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El casting ha empezado y en la trastienda de la planta noble del Bernabéu el presidente ha desenrollado la alfombra roja. En su permanente crisis, el Real Madrid es como un niño que toquetea todas las teclas en su primera clase de piano: quizá dé con alguna melodía medianamente audible dentro del estridente batiburrillo. O quizá el estropicio alcance proporciones bíblicas. Florentino Pérez no ha echado a Rafa Benítez porque se desprendería de su muñeco de pim, pam, pum. Los silbidos todavía revientan los tímpanos del entrenador cada vez que el speaker se come el marrón de anunciar su nombre. Sin embargo, un cabreo más acelerará la muerte anunciada. La directiva se prepara para otro entierro multitudinario en el que la tradición norteamericana exige un convite en casa del difunto. Todos contentos y a la espera de otro jacobino guillotinado. Benítez entiende su juego como el PC Fútbol que condensaba un millón de estadísticas para construir equipos. Por eso, el juego del perro y el gato con James obedece a su silueta ensanchada y, por eso, ha purgado la inspiración de Isco por su escaso bagaje en asistencias. Un mundo lleno de números,  a veces lógicos y otras inconexos, que sólo entendía la mente maravillosa de John Nash. Así acabará en unas semanas Mister Rafa, sumido en un papeleo de informes sin que a nadie le interesa el esfuerzo prestado.

En el Madrid o ganas o fracasas. Lo dijeron muchos entrenadores, entre ellos Fabio Capello, cuya candidatura a puesto interino ha cogido cuerpo. La urgencia de rascar en la costra del Barcelona es tan agobiante, que el presidente es capaz de marginar su manoseada excelencia por un fútbol ladrillo y pestilente que saque resultados. Cualquier solución para no alargar demasiado el fantasma de Ancelotti. La antípoda de Capello golpearía con puño de hierro un vestuario que se había acostumbrado al colegueo de Carletto. De repente, Clint Eastwood entraría como el sargento de hierro en el barracón. Y sin tonterías, obvio. El italiano siempre ha exigido cobrar un euro más que la estrella del equipo: se lo hizo saber a Lorenzo Sanz (1996) y, por supuesto,  a Ramón Calderón (2006). Sin duda, tiempos muy remotos en los que las marcas de calzoncillos y el twitter no contemplaban al futbolista como hombre anuncio.

El presidente no quiere quemar tan rápido a Zidane, de quien augura ínfulas ‘guardiolistas’. Es la razón por la que se le ha dado el Castilla, un fogueo ¿necesario? antes de vestir su traje de Mango (del que es imagen) en el Bernabéu. Entonces, ¿quién aceptará intentar solucionar un apaño y cobrar un finiquito exprés? Desde luego que Mourinho no. Su sola presencia causaría una guerra civil interna contra sus proscritos (Ramos, Cristiano y Pepe). Por descarte, Víctor Fernández se podría colar por la rendija. Sin ruido, si líos, intentando cumplir expediente y vuelta a Valdebebas (o no). Una ex leyenda del club esgrimió esta posibilidad en los días previos del fatídico Madrid 0-Barça 4. Víctor sonó dos veces para el banquillo blanco en plena efervescencia celeste. cuando de la nada inventó un Celta muy juguetón, como el de esta Liga. En la calle suena a apuesta suicida, pero a la directiva le contentaría un currículum tan pulcro hasta junio.  Será entonces cuando entre en liza el enésimo proyecto con Zizou.  Un tiro al aire para saber si suena la flauta, salvo que le permitan margen de error. O dicho con chabacanería, cagarla sin miedo a perder la cabeza.

‘Qué malo es el Getafe’, trending topic

Sbado, 5 Diciembre 2015

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En una de las últimas escenas de la película Philadelphia, el moribundo Tom Hanks le cuenta un chiste a su abogado Denzel Washington: “¿Cómo llamarías a mil abogados encadenados en el fondo del mar? Un buen comienzo”. Ningún directivo del Real Madrid se atreve a recordar a su presidente el chiste del la película, ni siquiera a modo de chascarrillo. El club está tan empecinado en defender su etérea coartada hasta las últimas consecuencias, que ese buen comienzo no ha lugar en el gabinete jurídico del Madrid. Después de la rueda de prensa del viernes, uno se imagina a Florentino Pérez como el todopoderoso señor Burns de Los Simpsons rodeado de una legión de abogados trajeados y engominados. Ellos creen en su ley, a pesar de que el Juez Único escriba con saña una resolución durísima para la imagen mundial de la institución. El TAD tomará la última decisión y hasta entonces (próximo viernes) el Barça aún no podrá cachondearse al estilo Piqué, con descaro y sin reservas.

El tsunami institucional todavía no ha alcanzado a un vestuario conjurado para enganchar otro récord de victorias como el de la temporada pasada. O el del Madrid de Juande Ramos,, que en la temporada 2008/09 cuadró una vuelta entera sin perder: desde el clásico del Camp Nou (2-0) hasta aquel fatídico 2-6 con gol vacilón de Piqué, incluido. El Getafe pagó una factura que no era suya; son los efectos secundarios indicados en el prospecto del medicamento anticrisis. Un Madrid enrabietado quiso despistar a su público con una primera parte orgiástica. Goles, carreras y buen gusto. De repente, la BBC recela de la MSN y quiere demostrar que no es un simple nombre artístico para vender camisetas (tampoco está tan claro). Un Atleti o una visita de gracia a San Mamés en esta jornada habrían sido el barómetro perfecto para concluir si el equipo salió de la UVI o sigue jugando como un gigante anestesiado. Pero el calendario ligó un Madrid-Getafe que los blancos se ventilaron en un puñado de minutos. Como dice Paul Tenorio, periodista madridista y activista tuitero, de un momento a otro de este sábado ‘Qué malo es el Getafe’ será trending topic’.  Sin embargo, si la MSN aplasta a la Real Sociedad en 90 minutos, meterle cuatro al Getafe en la mitad de tiempo debería rellenar crónicas generosas. ¿Agravio comparativo?

La segunda parte fueron minutos para la basura. Craso error que la grada no tolera, y menos en estos tiempos de pañoladas y silbidos de proporciones bíblicas. En eso Raúl era el más espabilado: cuando los partidos languidecían, el capitán se pegaba un par de carreras imposibles para arrancar el aplauso del público. Casi nunca robaba el balón en esos prontos rebeldes, pero el Bernabéu agradecía su trabajo en la mina. Era otra clase de vedetismo que, por supuesto, calaba mejor que finiquitar un resultado en lo que dura un chasquido de dedos. El Madrid se ganó la oportunidad de abultar un marcador para la historia, pero se desconectó en el descanso. Quién sabe si para descansar para no sé qué (próxima parada: Malmoe) o por miedo a alimentar la plaga de lesiones con esfuerzos inútiles. La única lectura irrefutable es que el contraataque sigue siendo el Kalashnikov de este equipo. Nunca falla, nunca se encasquilla. Aviso para navegantes, uno en concreto.

¿Otra vez el “monstruo”?

Mircoles, 22 Julio 2015

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“Me ha devorado el monstruo que he creado”. Florentino Pérez anunció su hartazgo en febrero de 2006, cansado del vedetismo de esos galácticos que él había creado para su proyecto faraónico. La sorprendente dimisión esparció un reguero de leyendas populares (unas ciertas y otras no tanto) que sobredimensionó la pelea de egos que acabó calcinando el vestuario. Entre ellas, el recelo de Luis Figo, ojito derecho del presidente hasta la llegada de Zidane, primero, y Ronaldo un año después. Cuenta la leyenda que el portugués llegó a llamar personalmente por teléfono a Florentino expresándole su malestar por una supuesta falta de cariño o, mejor dicho, su predilección por el astro francés y el brasileño. Figo siempre creyó que la efervescencia de su fichaje bomba nunca se agotaría; ni siquiera intuyó que la intención de la planta noble era llenar la plantilla de estrellas de rock verano a verano.

En sus círculos privados, Florentino juró no volver a cantar nanas a sus nuevos galácticos. A Cristiano se lo demostró esquivándole las primeras veces que le sugirió la renovación de contrato (aquel antológico “estoy triste”). El derrotismo de Kaká le ayudó a no congeniar demasiado salvo por intereses marketinianos: una suculenta venta de camisetas. Por eso, y aunque la opinión pública no supiera o quisiera explicarlo, el fichaje de Kaká sí fue rentable, como espetó Florentino. En términos de multinacional, por supuesto. En cambio, la relación con Benzema sí tiene las dosis de paternalismo que recuerda  a la de Figo. Con éste consiguió el eslogan perfecto: “Si no viene Figo, pago todas las cuotas de socio de la temporada 2000-2001”; a Benzema no le movieron intereses electorales ni comerciales, simplemente una ilusión por moldear un futuro Balón de Oro desde la base. Por eso, se fue expresamente a buscarle a su casa en un arrabal de Lyon.

El nuevo Real Madrid todavía no genera noticias porque aún no ha salido de la fábrica y no se atisban fichajes de alfombra roja. Quizá, por el mero hecho de distraer al aficionado, ha surgido por inventiva periodística o algún indicio oculto en un jeroglífico el repentino mosqueo de Cristiano Ronaldo con Gareth Bale. Y más cuando el galés gozó de patente de corso en el primer amistoso contra la Roma. En la sección amarillista del club (no es una crítica, en Europa vende diarios a toneladas), Rafa Benítez debe mimar al galés para evitar otro juguete roto como Kaká. Y si ello implica ser negligente con Cristiano, al míster no se le reprochará desde los despachos. La ‘Quinta del Ferrari’ de Lorenzo Sanz sazonó el papel cuché de la época; la era ‘galáctica’ definió a los futbolistas como celebrities; y que CR7 mantenga un cabreo de proporciones bíblicas desde el despido de Ancelotti afila cualquier pluma con ganas de rajar.

Una lucha de egos Cristiano-Bale tiene su morbo en Telecinco, pero que Benítez sepa entender al galés y recuperar en el campo su P.V.P de 100 millones (si es que alguna vez los valió) supera ese morbo al cuadrado o al cubo. El presidente apenas presta atención a la columna de chismorreo porque insiste entre su gente que Cristiano es el líder único e intransferible (esto es información y no opinión). Sin embargo y por si acaso, no baja la guardia, añadiéndose su enésima preocupación de su mandato; no vaya a ser que le suene el teléfono móvil y una voz responda: ‘Presi, soy Cristiano’

“El primero en romper el muro siempre sangra…”

Mircoles, 8 Julio 2015

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Veinticinco años de servicio al club. Las credenciales de Iker Casillas sobran con este dato. Su destino a Oporto es inminente, le separan 7 millones que el Real Madrid no quiere pagarle. Y aunque la directiva esté filtrando una adiós homenajeado, el capitán sabe que se irá a Portugal por la puerta del trastero. Allí, donde se acumulan reliquias como Manolo Sanchís, Fernando Hierro, Raúl (a quien costó años en ofrecerle el Bernabéu como despedida) y en cuestión de horas su último mito. El dinero está retrasando la salida; por supuesto, el club no tiene por qué cubrir su ficha entera si el Oporto sólo le ofrece un tercio de contrato, pero el madridismo también debe saber que, después de Cristiano Ronaldo, es Iker Casillas quien más genera ingresos por publicidad (50% para el futbolista, 50% para el Madrid). La imagen del portero está resquebrajada y ni siquiera juntando al equipo de las 6 Copas de Europa, al ‘yé-yé’, a la ‘Quinta del Buitre’ y a los ‘Galácticos en un emotiva despedida, se podrá restañar el daño. El yerno de España (así le consideraron las encuestas después del Mundial de Sudáfrica) es hoy un padre escéptico, harto de las charlas de barras de bar que airean su nombre con el primer y segundo café de la mañana. Ha aguantado desde ese runrún molesto de la grada hasta pitos e insultos descarados. Ha salido del estado varias veces con la cabeza gacha, sin encontrar razón a tanto rencor. La misma chavalería que se compraba su camiseta del ‘1’, escupía insultos como un papagayo. Por suerte, es una minoría.

“Sé que allí te están dando duro pero el primero en romper el muro siempre sangra… ¡Siempre!”. Sabia cita del dueño de los Red Sox de Boston al vanguardista Billy Bean (Brad Pitt) en Moneyball.  Él, Iker, fue el primero en desafiar el maniqueísmo de Mourinho: conmigo o contra mí, sin término medio. Ésa fue la génesis del ciclón que temporada a temporada ha ido ennegreciendo la leyenda de ‘El Santo’. Y no queriendo pecar de egoísmo, sin ganas de montar en cólera y crear una guerra de trincheras, nunca celebró una rueda de prensa para poner las cartas encima de la mesa. Quizá fue un error no salir delante de las cámaras para frenar los arrebatos de Mourinho; pero así lo creyó y a lo hecho, pecho. Sin duda, ahora tendrá su despedida impostada, con el estadio coreando su nombre y la troika en el palco (Florentino Pérez, José Ángel Sánchez y la sombra fantasmagórica de Mou)  aplaudiendo a radiar. Sin embargo, Casillas se ha construido un carácter en el que la argamasa es su cabezonería, y cuando el presidente, o Butragueño, le sugieran una última visita a su casa de siempre, no esgrimirá un ‘sí’ rotundo; al menos lo meditará un instante. Aunque sabe que la afición le merece por tantos años de servicio, por tantas paradas imposibles, por tantos ¡uys! taquicárdicos.

Iker siempre podrá aceptar una despedida sin fastos faraónicos, como la de Sanchís en 2001. El futbolista que más partidos de Liga había disputado hasta entonces, con casi veinte años de militancia merengue, no quiso las llaves del Bernabéu. Florentino cumplía su primer año de mandato y pidió a Butragueño que convenciese a su amigo para un adiós de gran capitán. Sanchís, poco amigo del jaleo público, se negó varias veces y acabó aceptando un homenaje de andar por casa. Sucedió después del último partido contra el Valladolid en junio de 2001: el estadio, todavía abarrotado, se oscureció y brindó al central una fiesta exprés en el centro del campo delante de toda la plantilla. Casillas también ha oteado su adiós desde hace meses (su interés por jugar en otro club no es repentino), pero su entorno se había obsesionado en un gesto, sólo uno: una rueda de prensa convocada por el presidente en la que se fundiera en un fuerte abrazo con Iker Casillas. Que fuera o no fingido sería interpretado por la opinión pública. Nada más.

Real Madrid: Economía de guerra

Sbado, 4 Julio 2015

Economía de guerra en el Real Madrid. La escasez galáctica del mercado y el convencimiento en la planta noble del Bernabéu de que la plantilla diseñada para Ancelotti todavía está preparada para emular al último Barcelona han borrado la obsesión ‘marketiniana’ del presidente. Apenas queda un puñado de futbolistas que pueda abarrotar las gradas en una puesta de largo veraniega. Ni siquiera Rafa Benítez se ha visto con galones para exigir un capricho, simplemente porque el vestuario no lo necesita; y aunque el caso Sergio Ramos acabase explotando como una bomba de neutrones (bastante improbable), el sustituto no tendría ese caché que sólo Florentino Pérez otorga eligiendo a dedo. “No hace falta maquillar la plantilla temporada tras temporada”, dice un actual directivo blanco. A fecha de hoy y sin garantizar la despedida de Iker Casillas, sólo el fichaje de De Gea preocupa en los despachos. Y si Van Gaal le sigue tasando con un P.V.P. descerebrado para cualquier portero, Danilo será el único posible titular que se haga la tradicional foto de caras nuevas con el presidente.

Florentino Pérez es amante de las encuestas entre sus socios y, a propósito de sus respuestas habituales, suele tener claro que la masa social necesita comprar ilusión. Desde que asumió la presidencia en 2000, la política de galáctico por verano se agotó cuando no quedaba ninguna bestia parda por comprar. Fue entonces cuando triunfó en el mercado la clase media con los Diogo, Pablo García, Gravesen, etc. Durante su segundo mandato, tan sólo aplicó la economía de guerra en la última temporada de Mourinho, en la que el portugués solicitó a Luka Modric como si se tratase del quinto elemento. Ángel Cappa recuerda que en su segundo año con Jorge Valdano al  frente del banquillo, pidieron a Ramón Mendoza una intentona “suicida·” por Eric Cantona. Entonces contaban con el pichichi Bam Bam Zamorano y un imberbe Raúl González Blanco, pero la respuesta del difunto presidente fue: “Vamos a por Juan Eduardo Esnáider porque ésta es su casa”. Aquel Madrid campeón de la Liga del 95 acabó en el desguace meses después por “oxidación”, como define Cappa.

El nuevo Madrid suena poco ‘florentinista’, al menos de fachada. El presidente ha aplacado sus ansias empresariales por las nuevas inversiones en una decisión fría y calculadora. El diagnóstico no es el de paciente muerto sino paciente enfermo. Las lesiones musculares han tumbado el castillo de naipes con el que Modric sostenía a un equipo mil millonario (¿se acuerdan de Makelele?). Y al margen del affaire de la portería, en la que un Casillas concentrado y ajeno al runrún de la grada podría competir perfectamente con De Gea, la necesidad primaria es sellar el centro del campo, no tanto con locos creativos (ya están James e Isco) como con picapedreros. A vuela pluma, los nombres que copan los primeros puestos del Ibex del fútbol son Paul Pogba y Arturo Vidal. Pero el francés de cresta histriónica ya ha acordado con la Juve que saldrá en un año hacia Can Barça, con una cláusula de bloqueo por si a Florentino le tienta reventar el mercado a finales de agosto. Vidal también fue sondeado el año pasado, pero su vida disoluta mancharía aquel ‘libro blanco’ de buena conducta que una vez existió. ¿Y quién cubrirá las espaldas a Benzema? El Madrid lo tiene claro: “Si Jesé se pone las pilas…”.