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Archivo de la categoría ‘Illarramendi’

Un fondo de cartón piedra

Lunes, 2 Marzo 2015

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El Bernabéu esperaba el arreón final. Ese puñado de minutos que el Madrid convierte en vendaval, sobreexcitando a la grada y a puñetazo limpio con el rival de turno. Faltaba ese Raúl González que provocase una ocasión imposible, un córner forzado, cualquier resorte que enardeciera a las masas. Cristiano intentó imitar al eterno ‘siete’ en estímulo y la copia le salió barata. El talento del portugués es extraterrestre, pero no pega con los mitos de las remontadas. Y, precisamente, el equipo necesitaba morir matando, golpeando hasta la extenuación como el boxeador que busca desesperado el ko. No lo encontró porque el Villarreal ama el buen fútbol y no se avergüenza de tutear al Madrid (o al Barça) en sus casas: si necesita el balón, lo mueve de banda a banda; si encuentra un contraataque, sale con el cuchillo entre los dientes. El equipo de ese señor entrenador llamado Marcelino es un Real Madrid diminuto, con varios cientos de millones menos pero una propuesta grandiosa. Otros como el Manchester City o el Paris Saint Germain se construyen a golpe de talonario y se quedan en marca blanca de Mercadona. Marcelino dijo hace unos meses que estaba “harto de jugar como nunca y perder como siempre”. Ningún cronista podrá reprocharle que intentase asaltar la banca, como hizo en el Vicente Calderón.

“Si el Bernabéu no entendió el cambio de Isco, lo siento”. La pedrada de Ancelotti le retrató ante la prensa. Isco deambuló por el césped desaparecido en combate pero su chistera invita a soñar con una jugada repentina en el descuento. Illarramendi es buen centrocampista del montón con ínfulas de Xabi Alonso, y se ha quedado por el camino. El 1-1 obliga a pensar que Illarra no debió sustituir al malagueño sino a Kroos, fundido como un maratoniano en el kilómetro 42. Su gasolina diesel se ha agotado y Ancelotti no se fía de nadie cuando mira de reojo al banquillo. El italiano no para de mirar el reloj, esperando el regreso de Modric ‘el deseado’. Desde que se proclamó campeón en Marruecos, el Madrid ha ido sacando adelante sus partidos contra rivales poco puñeteros, demasiado escaparate para un fondo de cartón piedra: el Atleti le pinto la cara en Copa, el Sevilla le dio un susto de mal gusto y ante el Villarreal Casillas evitó el 1-2 en un cabezazo prodigioso de Vietto. Y la coartada de que Asenjo sacó mil y un tentáculos no es apta para los blancos. La cena de la ‘conjura’ (así lo hemos vendido desde los medios) ha quedado en anécdota de programa de Telecinco no por desgana merengue sino porque pocos osados se atreven a lucirse en el coliseo madridista.

La carrera por el clásico se ha estrechado y el Barça ya depende de sí mismo para ganar la Liga. El desplome ante el Málaga lo subsanó rápido en el Etihad; en cambio, el Madrid tiene toda la semana para hacer terapia antes de visitar San Mamés, leones heridos, pero al fin y al cabo, leones. Quizá el empate de anoche sea pasajero (también lo fue el 0-1 del Málaga en el Camp Nou), pero la única lectura indiscutible es que la Liga sufrirá más sobresaltos. De uno u otro lado. Y eso es apasionante. Como el próximo Barça-Madrid, del que muchos madridistas se contentarán con un empate y otros lo verían milagroso. Adivinar un ganador del clásico no es precisamente lanzar una moneda al aire ahora mismo.

 

 

 

Una bendita decisión

Jueves, 11 Septiembre 2014

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Diciembre de 1994. Míchel se rompe los ligamentos en Anoeta y al entonces técnico merengue, Jorge Valdano, se le desmonta el puzle táctico. El equipo se queda el resto de la temporada sin los centros del mítico ‘8’ y al presidente, Ramón Mendoza, le entra el enésimo tembleque: sabe que otra Liga más sin premio pondría demasiado nervioso al madridismo. La solución de cajón es cubrir el puesto de Míchel con Rafa Vázquez y el de éste en la izquierda con Amavisca; moviendo estas piezas, la ecuación acabaría con un novato llamado Raúl González Blanco en la delantera junto a Zamorano. Sin embargo, Mendoza fichó a Valdano para aplacar al Dream Team de Cruyff con dosis de buen juego (al menos, más divertido que el estilo lento y telegrafiado de Benito Floro) y, sobre todo, tomar decisiones arriesgadas. Cuatro días después, el entrenador activa el primer plan pos Míchel en el Bernabéu contra el desconocido Odense danés.

El Bernabéu se impacienta porque el Madrid no es capaz de matar la eliminatoria contra un equipo plagado de futbolistas semiprofesionales con oficios de mecánicos y panaderos. Martín Vázquez apenas desdobla por la banda derecha y la grada sospecha que la lesión de Míchel ha maldecido la banda derecha. De repente, un error de Alkorta; a continuación, otro de Nando y el Odense revienta todas las quinielas imaginables. Las reacciones pasionales de Mendoza eran bien conocidas en el mundillo: la prensa empieza a barruntar una posible destitución de Valdano. El Madrid es líder en la Liga empatado a puntos con Deportivo y Zaragoza, pero en el vestuario cala la honda sensación de que la sombra de Míchel es demasiado alargada. Esa misma semana el Madrid vence a un insípido Oviedo pero Martín Vázquez tampoco cuaja. Días después, Valdano habla con Luis Enrique a solas durante un entrenamiento sin aclarar en público el contenido de la conversación. Y el argentino, consciente de que la siguiente alineación contra el Valladolid es la comidilla de los reporteros en la vieja Ciudad Deportiva, prefiere no ensayar con el once titular.

El Madrid viaja a Zorrilla y los periódicos colocan en sus previas a Martín Vázquez en la banda maldita. Es entonces cuando el equipo salta al césped y Luis Enrique se aproxima a la línea de cal…¡de la derecha! Sorpresa a la vista: de lateral izquierdo a extremo derecho. Luis Enrique coge un balón, sortea a un defensa y 0-1. El asturiano desangra a la zaga vallisoletana todo el partido y la herida acaba con un contundente 0-5. Exactamente el mismo resultado que en el clásico del Bernabéu posterior a Navidades. Preguntado en rueda de prensa en pleno fervor por la manita conseguida, Valdano justifica la elección de Luis Enrique como una “bendita decisión. Casi lo mejor que hemos hecho desde que llegamos al club”.

Sami Khedira ha trastocado los planes de Ancelotti hasta un límite insospechado. El que marca la fatalidad de haber perdido a Xabi Alonso en un pispás; de volver a ver a Khedira postrado en una camilla y, sobre todo, de sospechar de Illarramendi, todavía hecho un flan para partidos de alta alcurnia como el derbi del sábado. Durante estos días han salido alternativas estrambóticas: Varane en una especie de ‘trivote’, Bale en el centro del campo con Modric y Kroos…todo un mar de dudas que convierten a la que hace dos semanas era la plantilla más compensada de la historia en un once dibujado con mil garabatos. En estos momentos el técnico blanco todavía estará meditando su decisión bendita. La lógica apunta a Illarramendi, el miedo a Varane y el riesgo a Bale. Valdano también se devanó los sesos y acabó acertando con la suya. 

Illarra viene a hacer la ‘mili’

Lunes, 15 Julio 2013

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Un sabio, Juanma Lillo, dice que en el fútbol de ahora es “muy típico buscar ídolos emergentes”. Y por el precio que el Madrid ha pagado por Asier Illarramendi, el traspaso español más caro del club, éste tiene que serlo a la fuerza. Sin embargo, y a pesar de que se ha consagrado casi como un tótem en la Real Sociedad, viene al Madrid a hacer la ‘mili’, por más que su PVP le obligue a ganarse el favor del Bernabeu. Recalca Lillo que la gente no debe precipitarse porque “todavía es distinto de Xabi Alonso”: el hecho es que Illarra sueña con poner pases milimétricos de banda a banda como los hace su paisano, pero aún tiene que practicarlos. No obstante, ¡qué mejor escuela que el lugar donde no ganar ya es fracasar! Ancelotti descubrió en Milán a un tal Pirlo en su mejor versión centrocampista, así que será difícil que no haga un trabajo artesanal tan impecable con el chaval del pueblecillo de Mutriku. La obra consiste en lograr un émulo completo de Xabi Alonso: un híbrido entre la inercia atípica de Busquets para cazar balones en cualquier palmo del campo y una vara prodigiosa para dirigir conciertos sinfónicos, tal como los hace el donostiarra de 31 años. 

La prensa necesita vender caras nuevas (al fin y al cabo es lo que excita a las masas) y, mientras sigue el runrún de la no renovación de Xabi, el presidente Florentino tenía que dar un golpe, no sé si de efecto o no. Illarra cuesta casi cuarenta millones, ése es el sambenito que va a arrastrar cuando tire mal un pase o no se haga notar en la galleta del centro del campo. ¿Es injusto? Sí, pero así es como respira el Real Madrid. El lado bueno de las cosas es que un puñado de títulos y un puesto fijo en el once titular abaratan mucho su maldito precio; sucedió con Pepe y sus famosos 30 ‘kilos’ del Oporto, con el mismo Xabi al que el Liverpool tasó en otros treinta, y por supuesto con Sergio Ramos (27 millones) en su día. También ha habido patinazos, como el de Coentrao (33 mill.), pero Florentino y cualquier directivo del mundo sabe que el universo de Jorge Mendes es como entrar en una tienda Gucci, donde la perla más insignificante cuesta un ojo de la cara.

Illarramendi culmina la sorprendente españolización emprendida por un Florentino Pérez que no otea galácticos en el horizonte, excepto una monstruosa operación de 90 millones llamada Gareth Bale. Y su actual dueño, el presidente del Tottenham, Daniel Levy, no va a limar ni un sólo billete en sus pretensiones de venta, que, por otra parte, tampoco las tiene. El despilfarro por Bale, que no sería tal por cuestiones mercadotécnicas (ya saben, camisetas por doquier en el mercado chino), retomaría aquel eslogan de ‘Zidanes y Pavones’ que patentó el presidente merengue y, dicho sea de paso, se esfumó en apenas una temporada; la que tardó el Madrid en gastar dinero sin sentido por incongruencias como Pablo García. Diogo, Gravessen, etc. Este verano los fichajes tienen más sentido, sobre todo, porque Ancelotti y Zidane harán ver al madridismo si este equipo funciona con tanta chavalería veinteañera en la que, salvo Isco en la última Champions, el resto aún no ha lidiado los miuras que exige el Bernabeu. No obstante, la comparación odiosa es inevitable: si al Barça le funciono, por qué no al Madrid con un poco de cariño. Ancelotti sabrá.