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El portero de los noventa

Mircoles, 4 Mayo 2016

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“En la primera Champions el balón de Iniesta entró por la escuadra. Hoy hemos disparado treinta veces y nada”. Con ese “nada” Guardiola quería decir Oblak, el gigante esloveno que costó 16 millones de euros hace dos temporadas. Un P.V.P. para llevarse las manos a la cabeza de no ser porque sólo se le puede batir de un trallazo a bocajarro o con un balón rebotado como la falta de Xabi Alonso. Las estrategias espartanas de Simeone empiezan por un muro de contención delante de la portería, y resulta que el Atleti ha construido el más sólido del mercado. Lo saben el entrenador y Gil Marín, quien ha blindado al esloveno con una cláusula de cien millones. por si algún día le tientan los petrodólares del City o el PSG. Pablo Vercellone es el preparador de porteros del ‘Cholo’ y en privado alucina con Oblak, no sólo porque “controla el espacio aéreo” sino porque también saca agilidad felina en balones rasos, de esos que, como dice Vercellone, “lamen la cepa del palo”. Todo se reduce al entrenamiento del Cerro del Espino, no existe más universo que ése para el guardameta de 23 años que repele cualquier pelota por tierra, mar y aire. En el fútbol moderno apenas quedan porteros que bloquen balones sin recurrir al despeje fácil; por eso el estilo de Oblak casi es contracultural, de vieja escuela. Precisamente, Jan tiene dos ídolos de antiguas promociones a los que se ha hartado de ver en vídeos: Bodo Illgner y Francesco Toldo.

Oblak habría sido el paradigma de portero alemán de los noventa. Su gran envergadura empequeñece la portería a los delanteros (que se lo digan a Lewandowski); los córners son su jardín, sobre todo en el área pequeña desde donde otea cualquier amago de peligro. Como dice el propio Illlgner, es un híbrido entre los explosivos reflejos de Oliver Kahn debajo de los palos y los mano a mano de Neuer. Quizá no brille en salidas con los pies ni en jugar de líbero como el gran José Antonio Molina, pero un portero tiene que parar al fin y al cabo, y salvo raras excepciones ‘guardiolistas’, suele ser el más tarugo del once titular. A diferencia de Luis Enrique con Ter Stegen, Simeone no le ha pedido a Oblak que sea portero jugador. No reza como mandamiento de ese flamante estilo de vida llamado cholismo. El Atleti ganó la Liga hace dos temporadas con un Courtois fabricado por la guardia pretoriana del entrenador. Sólo le exigían detener lo parable y lo imposible. Casi nada para un chaval imberbe que sueña con salir del Chelsea, tal vez al Real Madrid.

Colchoneros con solera como Kiko o Abel Resino coinciden en que la presencia de Oblak intimida tanto como la del mítico David Barrufet delante de una portería de balonmano. Sus brazos son tentáculos que apenas dejan ángulos libres para colocar el balón con escuadra y cartabón. Porque marcarle un gol al esloveno exige la precisión de un golfistas de alto nivel, no vale chutar adonde salga. Anoche, después del partido, Oblak ni siquiera se sentía héroe de la eliminatoria; su exagerada humildad no le permiten levitar sobre el suelo ni un instante. Tanto es así que Gabi le vaciló porque no había conseguido atajar el penalti de Müller. Si romper el hormigón de Godín es misión imposible; talar a Oblak es un acto suicida. Por eso el Atleti no pierde nunca y por eso disfruta sufriendo con esa sensación de estar recibiendo puñetazos con anestesia permanente.

 

 

Ancelotti se traiciona a sí mismo

Sbado, 14 Septiembre 2013

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Manolo Lama adelantó en COPE hace unas semanas la extravagante intención de Ancelotti: un portero para la Liga y otro para la Champions. Decisión muy controvertida de quien cierta prensa había apodado ‘El Pacificador’. “Jugará Casillas el martes, así que el tema estará más tranquilo”, confirmó ayer el entrenador; ¿es que alguien se había puesto nervioso dentro del club o Carletto ha descubierto la influencia del cuarto poder? Pocos o, quizá, ningún técnico de élite estaría de acuerdo con la rotación en la portería porque nadie se atreve a hacerlo. Como dice el viejo John Benjamin Toshack, cualquier equipo debe tener “un porterazo y otro buen portero”. Ni Madrid ni Barça escapan del axioma del galés: Víctor Valdés ha marcado una época, pero Guardiola decidió gestionar el vestuario dando los minutos de Copa a Pinto, el fiel suplente, incluso hasta las máximas consecuencias, como las tres finales que ha disputado. Respecto a los blancos, Casillas siempre ha acaparado cualquier competición desde que se marchó César, exceptuando las primeras rondas coperas. El mismo Diego López cuando ascendió al primer equipo, Dudek y Adán sólo han sido comparsas durante una década. Los eternos clichés de que este puesto es el más especial del equipo y que se alimenta de regularidad chocan de frente contra la decisión de Ancelotti. Además, aflora un problema estadístico: si el Madrid llegase a las finales de Champions y Copa, Iker jugaría un máximo de 22 partidos, en contraste con las 38 jornadas ligueras que presumiblemente le tocan a Diego López. O sea, escaso bagaje para el portero que aspira a mantener la titularidad en el próximo Mundial.

Bodo Illgner, que de esto sabe un rato, tampoco entiende la decisión de Ancelotti. “El año de la Séptima empezó jugando Cañizares y, luego, el técnico Heynckes decidió cambiarnos”. Aquella decisión no fue rotatoria, sino técnica: Cañizares se marcó un gran comienzo de temporada, completó la primera vuelta de Liga y la primera fase de la Champions, pero sufrió un bajón a causa de malas actuaciones, y Heynckes le relevó por Illgner. “El portero de Liga siempre debe ser el mismo que el de Champions”, por eso el ex guardameta alemán del Madrid no entiende que Casillas juegue ahora por arte de magia y no desde la primera jornada, o que Diego López no vaya a compaginar los dos torneos. Ni siquiera Ancelotti ha osado nunca a alternar porteros: en el Parma contaba con el entonces prometedor Buffon; en la Juventus, con el consolidado Van der Sar; en el Milan, el brasileño Dida fue su guardameta, a pesar de algunas cantadas antológicas; en el Chelsea, Peter Cech era inamovible y el año pasado, en el Paris Saint Germain, Sirigu jugó toda la liga francesa y, por supuesto, la Champions. Es decir, que la decisión del entrenador blanco no obedece a un patrón suyo ni tampoco de su entrenador de porteros, Villiam Vecchi, de quien se ha dicho que en sus informes de evaluación destaca a Diego López por delante del capitán.

Volviendo a la cuestión del principio, la nueva decisión sobre Casillas y esa alusión a la tranquilidad huele a que Ancelotti se ha percatado rápido que los asuntos del portero son casi de estado en España. Y eso que desde la planta noble del Bernabeu la influencia sobre la portería ha sido nula. Casillas no es uno más, como confesó un Vicente Del Bosque leal a sus principios hasta la tumba. Prueba de ello es que el mejor Valdés del momento no jugase el partido serio de España del pasado viernes. El italiano eligió a Diego y ayer traicionó su propia decisión porque, lejos de rodar a los dos, mina la confianza de ambos. A Diego López le esperan pocos platos fuertes en nuestra liga escocesa, mientras que Iker podría sufrir su primer año profesional sin un Madrid-Barça o un derbi. “Tenemos dos grandes porteros”, presume Carletto; sí, pero en los equipos grandes al menos uno tiene que ser un poquito mejor que el otro.