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Recibe Iniesta y et voilà!

Martes, 14 Junio 2016

 Iniesta República Checa

Yo odio el tiquitaca, no sirve para nada”. La confesión de Pep Guardiola a Martí Perarnau en su biografía Herr Pep nunca pasó inadvertida para Del Bosque. “Hacemos lo que podemos con lo que tenemos, y eso es jugar con balón. Llámenlo como quieran”, dijo el seleccionador en un foro universitario la pasada temporada. A punto de firmar su epílogo con La Roja, a Del Bosque no le molesta que le acusen de plagio, bien de Luis Aragonés bien de Guardiola. Podrán desfilar por delante varias generaciones, que el estilo del salmantino jamás cambiaría: marear el balón hasta colarlo en la cocina. Desesperante para el rival y a ratos para el espectador, que agradece un francotirador por equipo. Y España no los tiene. El gol sólo podía llegar de una manera: fusilar a Cech a quemarropa o después de una esas carambolas de billar que con tanta maestría dominan Iniesta y Silva, de largo los más espabilados en la victoria. El barcelonista volvió a inmortalizarse en otra foto de Oliver y Benji rodeado de un ejército de piernas; su Circo del Sol no actúa tan rápido como en otros tiempos, pero recibe el balón y et voilà!, saca un conejo de la chistera. O el centro perfecto a su amigo ‘Geri’. El Balón de Oro perdió una oportunidad inolvidable para rendir pleitesía a uno de los más grandes, quizá al nivel del mejor Zinedine Zidane. Y no es una exageración.

Cada vez que España juega una Eurocopa, rememoramos la charla de Luis Aragonés en el hotel de Viena horas antes de la final contra Alemania de 2008. El agradecimiento nunca será suficiente por haber cambiado para siempre y de una tacada las décadas del peor ‘pupas’, como el Atleti. Cada vez que juega España, el patapum p’arriba del guiñol de Javier Clemente queda más enterrado. Afortunadamente, aquel fenómeno todavía inexplicable pertenece a la época paleolítica. El prodigio que Aragonés creo en torno a la figura de Xavi Hernández es patrimonio de la humanidad y sólo necesita de otros filántropos que lo cuiden: el primero, Iniesta, que ya no tiene a Xavi y Xabi a su espalda, pero sí a Busquets, la viga maestra del proyecto de Del Bosque. Esta selección aún no ha provocado la efervescencia de sus anteriores, ni siquiera el sano debate en las barras de los bares de quién gusta más. Hasta ayer todo era De Gea o Casillas, y el repentino estiércol del caso Torbe. Hoy la gente ha cambiado el discurso, recordando que por algo David Silva es, de lejos, el mejor media punta de la Premier League, y que a nadie le extrañe. Su zurda es la más talentosa del vestuario y de su cabeza dependerá que ponga asistencias sin mirar (versión Michael Laudrup). Y si Morata, generoso en el esfuerzo, puede cazar una de esas pelotas inteligentes, al de enfrente no le valdrá blindar un Fort Knox como Chequia. Hará falta una flota de autobuses para desesperar a estos pequeños diablillos.

Y ya no regateaba ni a una farola

Jueves, 21 Enero 2016

Con o sin Messi. Con o sin Suárez. El Barça ni se inmutó en plena metamorfosis. Si Luis Enrique deja huella en la posteridad, habrá que agradecerle su poca obsesión con La Masía. Respeta el universo Cruyff, pero sugiere el noble arte del contraataque. Sus detractores le restregarán que es estilo Mourinho, será entonces cuando Luis Enrique escupa esa carcajada entre la ironía y el descojone. Por tierra, mar y aire el Barça parece imbatible. Es el Roger Federer que clava aces, mete reveses a una mano imposibles y volea como los ángeles. En San Mamés no necesitó velocistas para cuadrar el contragolpe perfecto: cinco pases desde la portería de Ter Stegen que acabó resolviendo Munir con un ‘tac’. Y entre medias, una ración de ardaturanismo (genio y figura del balón), y el pase final con escuadra y cartabón de Rakitic. En otra época todavía reciente había un madridismo que acusaba a su equipo de prehistórico; era cuando la perfección se apellidaba Guardiola. Entonces, Madrid y Barça eran el yin y el yang, y Mourinho y Guardiola héroe y villano para una camiseta u otra. Pero Luis Enrique pasa de todo: su enemigo es la prensa que le incomoda cada vez que pisa su sala de prensa, y el Real Madrid sólo un club de su pasado. El asturiano fichó por el Barça convenciendo a Zubizarreta de que no perseguiría la escuela holandesa. El producto final, consensuado con Leo Messi, es un Barça que no se agobia por defender atrincherado y sigue bailando claqué con el balón en un palmo de césped. Véase el 0-4 del Bernabéu.

Con Messi o sin él. El Barça salió aplaudido de Madrid, y el Athletic rugió como un gatito. La hipnosis de San Mamés desapareció con el contraataque perfecto. A partir de ahí, alfombra roja a Don Andrés Iniesta, cuyas virguerías tendría que probarlas dentro de una cabina de teléfono. Su eterna tranquilidad sólo se altera en Bilbao, donde parece que juega cabreado desde que el viejo San Mamés le acusó de tramposo por provocar una expulsión de Amorebieta en 2011. Llama la atención que el manchego rompa con esa facha discreta y a veces sosaina, sobre todo por decisiones absurdas como la amarilla del árbitro González González. Amonestar a Iniesta suena hiriente, casi como cuando penalizaban a Raúl González. Quizá porque apenas queda un reducto de futbolistas que no pierde los nervios. Si el barcelonista hubiese nacido en un club pequeño, nadie se molestaría en recordarle: le habría faltado el lado vividor del Mágico González. Pero, por suerte para España y el Barça, le cuesta menos de un segundo pensar la mejor decisión.  Por eso, Arda alucina por estar jugando con los mejores.

Y en este país tan cainita y amante de destrozar mitos por el mero ocio de ponerlos a parir como cotorras, Iniesta también sirvió de carnaza. Y no hace demasiado tiempo. Sucedió al principio de la temporada y coincidió con la versión más centrada de Isco (odiosas comparaciones). Mientras el madridista convencía a Ancelotti con noches de teatro y días en la mina, esforzándose en correr, a Iniesta no le funcionaban sus gafas de rayos X: la mente nublada y el ánimo bajo tierra. Llegamos a decir que ya no regateaba ni a una farola. Otra reliquia al trastero para cubrirse de polvo. Sin embargo, el manchego supo desde que Xavi Hernández se retiró que él debía volver a pintar lienzos. Tarde o temprano la inspiración le llegaría. Sólo rezamos para que no vuelva a esfumarse.

Iniesta de mi vida

Mircoles, 22 Abril 2015

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Iniesta no ha regresado. Nunca se fue, aunque sí llevara tiempo en modo pausa. Y en ese intervalo de murmullo, de sospechas por una insidiosa jubilación anticipada (como Xavi), el manchego reeditó aquella foto con tropecientos rivales a su alrededor, imitando la jugada más imposible de Oliver Atom. El Barça necesitaba su versión mundialista, molesto por esa comparación mediática con Isco que dejaba al manchego a la altura del betún, porque la Champions exige a cada estrella afilar su talento cuando desenrolla la alfombra roja. Y en ese rol de casi dios (no es una hipérbole), el Camp Nou había tenido esa paciencia que las grandes aficiones nunca pierden con sus mitos: Anfield con Gerrard, Stamford Bridge con Frank Lampard, etc. Xavi, su antiguo compañero de diabluras, había demostrado a Luis Enrique que tomó la decisión correcta el verano pasado; Iniesta pidió tiempo a su entrenador hasta que encontrara la eclosión definitiva. Y de repente llegó en una noche sin urgencias, pillando a la grada a pie cambiado.

A la artillería pesada del Barça le hacía falta su armero más efectivo. No en cifras (cero goles y cero asistencias en Liga) pero sí en sensaciones. Que Messi mire de reojo al centro del campo y se reencuentre con el Iniesta de su vida, asegura el bienestar del balón. Al fin y al cabo, en este Barcelona traidor del cruyffismo la grada agradece que su manchego favorito entrecorte el aliento: junto a Messi, es la última reminiscencia de aquel fútbol de salón que inmortalizó Guardiola. Por eso, la primera parte de anoche es una obra artesanal casi a la altura de las que el equipo repitió partido tras partido no hace demasiado tiempo. Si es idea de Luis Enrique, su vestuario ha entendido tarde su galimatías táctico de principio de temporada; y si descubriéramos una autogestión, entonces el Barça es el más peligroso de los semifinalistas porque juega cuando quiere. Desde luego, es el más competitivo por una estadística única y demoledora: su octava semifinal en diez años. Y en esta Champions, se ha cargado a dos moles millonarias como el Manchester City y Paris Saint Germain. Sin el Barça por medio, uno de los pelearía por el título, por eso y con permiso del Bayern (o sin él), los azulgranas son el verdadero ogro de Europa.

Guardiola no quiere ver a su gente ni en pintura. No lo dijo él textualmente pero sí Pepe Reina en El partido de las 12. La herida del Real Madrid del año pasado seguirá supurando hasta que pase por Munich otro peso pesado. Y el Barça no es precisamente el más recomendable. Y eso que el Bayern dejó constancia de ese rodillo alemán que tanto gusta a Beckenbauer, pero al que Herr Pep prefiere dar su toque melifluo. El técnico catalán consiguió aplazar su apaleamiento público con una exhibición táctica y teórica que los estudiosos del balón grabarán en sus videotecas. Y el 5-0 de los primeros 40 minutos motivó una nueva corriente de opinión: un equipo que juegue sin laterales carrileros está muerto. La ausencia de Danilo pesó mucho a Lopetegui porque, con todo el descaro del mundo, los portugueses suelen volcar sus ataques en las galopadas del flamante fichaje del Real Madrid. Eso es lo que hizo Bernat para abrir la lata y construir la remontada bávara. Por cierto, Del Bosque suspira aliviado desde anoche: ha vuelto Thiago y su fútbol fulgurante. Y aunque sigue siendo un crack en potencia (maldita lesión), Guardiola le dio un abrazo cómplice después de la orgía goleadora. El hijo mayor de Mazinho no fue un capricho de Pep, es el futuro del Bayern sin exageraciones. Y de la selección española, a la que acaba de sacar de un marrón.

Olor a napalm

Viernes, 10 Octubre 2014

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Derrota con olor a napalm. Lejos de una simple lamentación, las redes sociales rescataron aquel 2-0 en Suecia posterior al Mundial de Alemania. Incluso, los más apocalípticos compararon la herida de anoche con el hundimiento de Chipre que le costó la cabeza a Javier Clemente. Brasil ha dejado una herida sangrienta y complicada de cicatrizar; las grandes victorias de los últimos años han legado una herencia demasiado pesada para cualquier España, porque el agravio comparativo es demoledor. La selección todavía sube al ring con miedo a recibir otro directo a la lona; está en plena cocción intentando descubrir el regusto exacto. Y en esa transición, se tiene que acostumbrar a recibir bofetones y el qué dirán: de los palos se aprende. Cuatro derrotas en seis partidos invitan o, mejor dicho, obligan a Del Bosque a ignorar por un instante sus actos de fe en el tiqui-taca y probar nuevas recetas. Gente de futuro como Koke, Thiago e Isco saben tocar y sobarla, por ahí el balón está asegurado; quizá falte ese músculo del que Alemania sabe presumir en los momentos pertinentes. Una estilo híbrido con el que ataquemos en un pim, pam, pum sin necesidad de escanear el césped palmo a palmo.

España perdió como podía haber goleado si el portero eslovaco Kozacik no hubiese sacado tentáculos por todos lados. Él fue el héroe del partido y en la portería contraria Casillas el villano. Su cantada entierra el paradón de reflejos a lo David Barrufet: es el tormento eterno de cualquier portero. Y en el caso de Iker, la lupa sobre él tiene más ópticas que con el resto. Es injusto, pero son los grilletes que debe arrastrar. Precisamente, cuando había encontrado tranquilidad con un puñado de partidos sobrios, el primer gol propone indirectamente otro debate latoso en la portería de España. Aunque no más molesto que el de la falta de líderes. Con permiso del guardameta blanco y tras las retiradas de Xavi y Xabi, urge un jugador que reclame protagonismo para el clímax de la película. España echó de menos anoche la discreción de Iniesta, porque sigue siendo el más talentoso y sin su antiguo compañero de diabluras (Xavi), tiene que pedir turno de liderazgo.

La noticia agradable vuelve a darla Paco Alcácer, cuya voracidad no acabará hasta que la remache con títulos. De repente, ha adelantado por la derecha a Fernando Llorente, que no pertenece a la guardia pretoriana de Del Bosque; Negredo, lesionado sin fecha límite y Soldado, hundido en el ostracismo en el Tottenham. Alcácer está de moda en Valencia y con España, y si Diego Costa no estuviese arrasando la Premier, ya sería el delantero referencia de ‘La Roja’. Pero el crédito del hispano-brasileño tiene más fondo que las tarjetas opacas de Bankia por sus sensaciones goles en el Chelsea y el lío diplomático que casi acaba a tiros entre la Federación y Scolari. Éste es otro debate, el enésimo, porque a medida que se agrava la sequía de Costa, los murmullos suben decibelios. La sensación general es que el público no será paciente con esta España. Pero intentar recuperar la estética del pasado inmediato es, sencillamente, una quimera, la misma que es incapaz de imaginar que este Barça evoque a Guardiola.

Dos abuelas con la Playstation

Lunes, 24 Marzo 2014

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El Madrid-Barça se resume con la metáfora de Paco González: “Es como si a dos abuelas les das una Playstation y se ponen a jugar al FIFA”. Disparate tras disparate, el clásico resquebrajó las pizarras de los entrenadores. Si hay un tipo cuyo cabreo alcanza proporciones bíblicas no debería ser Ramos, ni Cristiano (los rajadores de anoche), sino Ancelotti. Su rostro se descomponía con cada cagada defensiva y el consecuente gol azulgrana. El primero, despiste de Carvajal a su espalda; el segundo, error de niños en un patio de colegio; el tercero, gracias a la versión más oscura de Ramos y el decisivo por una zancadilla sin sentido de Xabi Alonso. El técnico italiano se desgañitaba desde la banda sin llegar a comprender cómo se puede alocar tanto ese fútbol que él tanto ama. Para un obseso del rigor táctico, tener que morderse la lengua ante una defensa verbenera es un marrón de muy mal gusto. Ayer, Carlo fue Carlo y no el Carletto que le dan ataques de entrenador: alineó a los mejores, que hicieron lo que el Barça les permitió y, desgraciadamente, no supo reaccionar a tiempo. Cuando el Madrid se quedaba sin aliento y pedía a gritos el empaque de Illarra, el míster dejó que Di María se desfondase hasta quedarse sin reprís.

Tampoco el ‘Tata’ habría quedado satisfecho si la película hubiese acabado con empate a tres: Mascherano y Dani Alves parecían Pepe Gotera y Otilio haciendo una chapuza detrás de otra. Cualquiera que viese la primera parte se daría cuenta que era un partido para que el mítico Santillana se hubiera puesto las botas con balones templados al área. El Barça era un alma cándida en defensa pero Benzema, aún con sus dos goles, no taladró hasta el fondo. De haberlo hecho, la sangría habría sido considerable. Ancelotti cazó con su gato y Martino fió su reputación al ingenio de Iniesta. Recuerdo una tarde en la redacción de Cope Deportes en la que discutimos quién era mejor: Zidane o Iniesta. La votación fue muy justa y ganó el astro francés. Pero quitando el efecto marketiniano y el impacto del que entonces fue el fichaje más caro de Florentino Pérez, el manchego no tiene nada que envidiar a ‘Zizou’. El azulgrana advirtió a su entrenador de que nunca se le puede sacrificar en el banquillo por mucho que a veces no mueva el balón como si fuera un malabarista Se doctoró cum laude en el Bernabeu sin necesitarlo y casi eclipsó a Leo Messi, cuyo hat trick dará la vuelta al mundo en contraste con la impotencia de su némesis portuguesa.

Pero para impotentes, los cromos de los cien millones. Gareth Bale se salió de campo varias veces emulando a Forrest Gump en sus partidos de fútbol americano. El galés comprime tanta potencia que le resulta dificilísimo controlarla. Y eso al Madrid le debilita porque, con Cristiano desaparecido en combate, Bale tiene que hacer honor a su PVP. También Neymar, a quien la prensa debería dejarle este año de excedencia; al menos, siempre podrá excusarse en la coartada del penalti de Ramos. No obstante, lejos de dar la matraca en las portadas deportivas, Neymar y Bale ni siquiera merecen ser actores de reparto. Hay varios compañeros en sus equipos que cuajan mejor. Pero en el caso del brasileño y toda la operación maquiavélica de su fichaje, es entendible que Messi, o su famoso entorno, se enojen con el club: merece ser el mejor pagado por delante de Iniesta y a una distancia sideral del resto que tampoco encabezaría Neymar. Aunque ya se sabe: los brasileños aprendieron bien de los argentinos en el arte de vender jugadores con ínfulas ‘maradonianas’. O en el caso de Neymar, su incomprensible comparación con O Rei Pele. ¡Qué daño han hecho al fútbol las comisiones!

Barça atrofiado

Lunes, 2 Diciembre 2013

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“Ya no es un equipazo, es un equipo al alcance de muchos”. Breve y conciso, el periodista Miguel Rico resumió la atrofia del Barçelona. Si la prensa catalana había descrito la derrota en Amsterdam como catastrófica, el patinazo de San Mamés promete un buen puñado de mamporros contra el ‘Tata’ Martino. Los resultados le mantienen, aun con Atlético y Madrid al acecho, pero las sospechas iniciales del ‘tiqui taca’ han degenerado en una nebulosa demasiado espesa, tanto como la que sufrió Ancelotti hace apenas un mes. El propio Martino anunció en la víspera que el Athletic suponía la prueba del algodón y el resultado ha acabado muy negruzco. Por supuesto, este pesimismo no existiría de haber sentenciado el Barça en una primera parte de buen juego pero sin chicha (sólo un disparo). Así lo entendió el técnico argentino y así actuó en consecuencia; el problema es que tuvo el arrojo de profanar a los mitos: primero, Xavi Hernández, y después, Iniesta. Cambios dudosos y tardíos.

Martino cometió su primera incongruencia este fin de semana. De “firmar una sola derrota en otros veinte partidos” a sugerir en San Mamés a los enviados especiales que “sólo miraban el resultado”. Huele a sacudida más vehemente que inteligente. El ‘Tata’ intenta desviar todos los proyectiles que lanza la prensa y, a su favor, es entendible que no le dé para preparar a la vez un plan táctico en el césped y otro de contención ante la opinión pública. Él no tiene la culpa que le ficharan a contrarreloj; sin embargo, le pagan para mejorar lo mejorable, valga la redundancia, y ahí está fallando. No es casualidad que los futbolistas que jugaron con España  en la última Confederaciones estén con la reserva puesta: Xavi fue el mejor de este país durante un porrón de años pero su ordenador central necesita constante refrigeración; Iniesta intenta pintar ‘Picassos’ pasados sin suerte; Busquets genera el gran problema de ser tan único que no tiene sustituto y la defensa se ha averiado con Piqué en el limbo y Mascherano olvidando las nociones básicas de un defensa.

La baja de Messi ha descuajeringado al equipo, incluso para un Neymar que aún no puede asumir galones de general. Y eso que el brasileño es la única alegría que asoma por Can Barça, porque cuando coge el balón algo pasa. Por eso, se lo rifaron Barça, Madrid y algún club más. La buena noticia es que las derrotas tienen un colchón todavía muy mullido, la mala es que este juego de sensaciones (Valdano dixit) deja a los azulgranas como los villanos y a los dos equipos madrileños como nuevos héroes de la Liga. Un pequeño matiz que escribió Diego Torres en twitter: “Con Martino las dificultades se convirtieron en conflictos. Con Ancelotti los conflictos se convirtieron en oportunidades”. Y si el argentino no imita a su colega merengue, seguirá atrapado en la misma película bélica: Tora, Tora, Tora. O sea, el ‘Tata’ acribillado unánimemente por la prensa. 

El genuino Cesc Fábregas

Lunes, 17 Junio 2013

Arsene Wenger es un entrenador feliz este lunes. Su mejor producto de los últimos tiempos por fin ha encontrado el mercado donde mejor se va a vender si Tito Vilanova se deja aconsejar por Del Bosque. Es Cesc Fábregas en versión anglosajona, la que aprendió y perfeccionó a la vera de su mentor en el Arsenal; el mismo que una vez sugirió a los reporteros del Arsenal que estuviesen atentos a “uno de los mejores llegadores del futuro”. No se confundió Wenger con su aprendiz; sí lo hizo Guardiola cuando lo reclamó para el Barça con unos planes totalmente diferentes. Porque Cesc lleva año y medio intentado apreciar el falso nueve que tantos quebraderos de cabeza le está dando. Quizá si en el Barça le hubieran dado un puñado de partidos de mediapunta, la grada del Camp Nou jamás habría sospechado de él. Por eso, el fútbol español agradece a Del Bosque su sorprendente y arriesgada decisión: si Cesc no hubiera sido el mejor de anoche, una buena legión de twitteros  habría martilleado al seleccionador con esa pedrada que tiene Tomás Guasch en su cabeza para el Real Madrid, ‘Silva, Mata y Cazorla’. Por suerte, el técnico español no tiene twitter y, también por suerte, sus cambios tácticos suelen salir bien.

“El doble pivote es innegociable”. Fue el único imperativo que anunció Del Bosque desde que relevó a Luis Aragonés. Y, seguramente, no se lo habría ventilado de haber convocado al lesionado Xabi Alonso; para qué cambiar al campeón mundial y de Europa por dos veces. Cuestión de experimentar, debió pensar el técnico salmantino; por algo, tiene la plantilla más talentosa de largo en el fútbol mundial, con jugadores aptos para plantear cualquier táctica imaginable, sea la clásica 4-4-2, la típicamente culé 4-3-3 o ese 4-1-4-1 con el que sorprendió España luciendo un delantero centro como dios manda. Soldado aprovechó su oportunidad  y deja una pista clara para el futuro: la Confederaciones no verá falsos nueves. Aunque con Del Bosque nunca se sabe; para la prensa que sigue a la Roja acertar el once se ha convertido en un auténtico reto. De hecho, ningún enviado especial se la habría jugado por Iker Casillas. ¿Justo? Deportivamente no por su baja temporal. pero el carisma de quien ha sido el mejor jugador del Madrid temporada a temporada hasta que llegó Cristiano Ronaldo pesa demasiado. Y lo saben Del Bosque y Toni Grande, quienes no esgrimieron ninguna razón convincente para explicar su titularidad y la consiguiente suplencia de Víctor Valdés.

Uruguay nunca ha ganado a España ni en partido oficial ni amistoso. Y con la actitud de anoche será complicado que llegue la primera en un tiempo. Óscar Tabárez se confundió dejando a Forlán en el banquillo, no porque jugase bien los minutos que le dio sino porque siempre hará algo más interesante que cualquier otro compañero, exceptuando a Luis Suárez y Cavani. Sobre todo, la estrella del Liverpool, claramente desesperado por la falta de calidad del resto. Al menos, ha vendido su caché y quién sabe si Florentino Pérez le habrá subido puestos en su particular ranking de aspirantes. Suárez busca desmarques, regates, fija la mirada a los de su alrededor, y pone y lanza faltas. Lo tiene todo si se le compara con el casi saliente Higuaín. Mientras, Cavani reservó sus dotes de killer para partidos más sencillos porque, como al resto de su selección, España le desactivó desde el primer minuto con un ‘tiqui-taca’ de libro.

Las comparaciones están hechas para que nosotros, los periodistas, subamos a alguien a un pedestal tan rápido como lo hundimos,  pero no es ninguna idiotez afirmar que la primera parte fue la más perfecta de la era Del Bosque. Con más del ochenta por ciento de posesión, la visión en HD de Fábregas y la majestuosa lección de patinaje artístico de Iniesta dejaron a Uruguay al nivel de un regional preferente (y eso que en nuestro país esa categoría tiene nivel). El país más idóneo ha reeditado al Brasil del setenta en versión muy mejorada, y no es precisamente la selección de Neymar.

El Bernabeu reconoce a los valientes

Viernes, 1 Febrero 2013

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Mourinho sí es un auténtico manager general, aunque diga que sólo del primer equipo. Tan obsesionado está con buscar filtradores y enyesar esas ‘grietas del vestuario’ que mencionó Míchel Salgado a un diario ruso, que parece que es él quien se ríe de la prensa. No sale a la palestra para evitar líos, pero sabe cómo respira la opinión pública en cada momento. Cuando todas las interpretaciones periodísticas coincidían en que este Madrid, acribillado por las lesiones, saldría atrincherado a esperar el galope de Cristiano Ronaldo, el Bernabeu comulgó con un equipo con el que no se identificaba desde hacía tiempo: ése que se sobrepone a la adversidad echándole huevos. Quizá no fuese ‘el mejor fútbol del mundo’, como tituló AS ayer, pero el entrenador portugués por fin renunció a sus prejuicios tácticos e hincó la rodilla a la lógica: el talento de Özil y la figura omnipotente de CR7 no podían plegarse a las labores de albañilería de Khedira. El madridismo se lo agradece a Mourinho con profusión; los más quisquillosos se preguntan por qué el Madrid no ha enseñado siempre la misma versión toda vez que el Barça no ha cambiado, ni aspirar a hacerlo.

Al Barça no se le puede describir nada nuevo, salvo que Iniesta siempre debe jugar estos partidos. Messi podrá estar más o menos estratosférico, pero el manchego marca la tendencia de moda. Precisamente, es lo que se le pide a Xabi Alonso, aunque durante esta temporada los de arriba echen de menos sus pases calibrados. A favor del centrocampista donostiarra está que el Barça exige esfuerzos hercúleos en defensa; en contra, que no puede caer en gestos que afeen su elegancia. Y como será imposible presenciar a un Madrid dominante en un clásico, el madridismo se sobreexcita con once tíos que salgan a comerse el mundo, sea cual sea el resultado. Al fin y al cabo, la actitud es el leit motiv de los aplausos de la grada.

El empate a uno no es el marcador soñado por Mourinho, que hubiera matado por un 0-0. Sin embargo, la Copa permitió ver a un equipo que tiene jugadores para incordiar a quién sea y dónde sea. Si la lectura más peligrosa que podía dejar una derrota merengue era que este Barça es ochocientas veces mejor que cualquiera, los blancos demostraron que el imperio no está teñido de azulgrana del todo. Los culés no dormirán demasiado tranquilos, porque son conscientes que el enemigo juega fuera, libre de las ataduras morales que implica el coliseo blanco y con la única obsesión de chuparle la sangre al Barcelona.  Queda averiguar si Mourinho premiará al gran héroe Varane con la titularidad en la vuelta. Regresa la pareja blindada Pepe-Sergio Ramos (aunque este año tenga varios agujeros de bala) y Marcelo debería estar lo suficientemente rodado como para dinamitar la banda izquierda. O sea que el aprendizaje de quien ya es apodado el ‘nuevo Hierro’ puede interrumpirse, quizá por su bien; flaco favor le hacemos los periodistas si ya le subimos a un pedestal y, sobre todo, le comparamos con el ‘tío más grande que ha tenido el Real Madrid,’ como así lo cree su socio eterno Manolo Sanchís. 

De todos modos, la afición agradecería que Mourinho fuese tan decidido con Varane como con el talante táctico del partido. Arsenio Iglesias, sustituto de Valdano en el banquillo merengue en el año 96,  confió en el canterano García Calvo para unos cuartos de final de Champions ante la temible Juventus de Turín: lo bordó en la ida secando a Del Piero y se curtió en Delle Alpi. Y aunque los italianos se clasificaron por oficio, el chaval jugó como un veterano y el madridismo no rechistó. Los valientes se consagran antes en el Bernabeu.

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El secreto es divertirse

Lunes, 14 Enero 2013

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George Foreman, uno de los grandes campeones mundiales de todos los tiempos, fue invitado por el ex presidente del Barcelona José Luis Núñez al palco del Camp Nou en un derbi catalán de noviembre de 1992. El espectáculo estaba garantizado dado que el ‘Gran George’ iba a ser testigo del Dream Team de Cruyff en su máximo apogeo. El Barça goleó al Espanyol por 5-0 en una versión sublime de jugadas al primer toque trenzadas desde Koeman hasta Stoitchkov pasando por el sutil tacto de Guardiola y la infinita creatividad de Laudrup. Instantes después de la exhibición,y antes de abandonar el estadio, a Foreman le preguntaron si el fútbol que acababa de presenciar se asemejaba más al del ‘Bombardero de Tejas’, es decir, el suyo, o a la técnica acuñada por Cassius Clay de flota como una mariposa y pica como una abeja.  La respuesta de Foreman no fue tan contundente como sus directos: “cualquiera vale porque sólo jugaba un equipo”.

Dos décadas después, el balón sigue siendo patrimonio incalculable de un Barcelona que ha tocado todas las versiones del juego con balón. Si en aquel partido, los azulgranas rizaron la elegancia con escrúpulo para acabar cualquier jugada al primer toque; anoche el formato de pases continuos y precisos hasta marear al rival alcanzó su máxima expresión. Ahora todos saben por qué Cesc apretó lo inhumano hasta fichar por el Barça: con ningún grupo se iba a divertir tanto. Ya no es que Xavi e Iniesta formen una simbiosis exagerada, sino que junto a Messi, el propio Cesc e incluso Busquets, forman otro equipo dentro del once titular. Cada uno en lo suyo: Busquets intermedia entre la zaga y estos genios, al tiempo que les garantiza el equilibrio defensivo; Xavi sigue funcionando como una cpu registrando pases que ayuden al resto; a Iniesta cada vez se le piden jugadas más imposibles y su virtuosismo todavía no ha tocado techo, y Messi simplemente es Messi. No obstante, aún hoy hay cierta prensa que se atreve a sugerir que este fútbol aburre por su lentitud, que los tres zancadas con las que el Madrid machaba a los rivales tenían más gracia. Quizá sí, es opinable, pero desde luego no durante esta temporada.

Sin embargo, la mejor noticia no es la inspiración de ese puñado de alquimistas (odas como la de Málaga aún quedan unas cuantas) , sino que la vulnerabilidad defensiva de este Barça se ha acabado cuando Piqué recobró la forma que había perdido el año pasado con Guardiola. En su ausencia y con las intermitencias de Puyol, Tito había probado demasiados experimentos (quién no recuerda a Song y Adriano de centrales). Hoy, con el consentimiento del gran capitán,  Mascherano ya es un fijo como central y tal será su posición por los siglos de los siglos…o hasta que una ausencia de Busquets por causa mayor demande su presencia delante de la retaguardia. Y es obvio que el subidón moral que inyecta a un vestuario ganarlo todo ha contagiado incluso a Dani Alves, igual de incisivo que siempre pero mirando por el retrovisor para no dejar un desierto por su lateral derecho. Todo funciona en este Barça 55 de 57  que sólo juega para ser recordado con poemas y epopeyas. Atrás quedaron el ruido ensordecedor de Mourinho, los invectivas del receloso Joan Laporta y las supuestas tramas arbitrales; hoy sólo importa el entretenimiento, o sea, pasar un rato divertido y punto. Lo que debería pretender cualquier equipo de fútbol.

Los pájaros disparan a las escopetas

Jueves, 11 Octubre 2012

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“Este tío no engaña a nadie. No debería jugar más al fútbol”. Hristo Stoichkov salió del vestuario en dirección a los periodistas para sacar toda la bilis que había acumulado en el partido. Su cabreo era tan monumental que buscó cualquier micrófono para poner de vuelta y media a Juanma López. Poco le importaba la goleada del Barça en el Vicente Calderón (1-4) en aquella Liga 92-93; la obra maestra del Dream Team, lejos de machacar a un Atlético que daba sus últimos coletazos con Futre y Schuster, se había sometido una lección híbrida de judo, karate y lucha libre, las disciplinas que manejaba López en sus primeros partidos como rojiblanco. Curiosamente, fue Stocihkov quien se fue a la ducha antes de tiempo por reiteradas quejas contra López, mientras que éste no sólo acabó el partido sino que salió limpio de tarjetas. “Todos conocemos a Stoichkov, es un broncas y los árbitros lo saben”, fue la réplica del defensa colchonero, enterado de la rajada del búlgaro.

Durante los días posteriores, hasta Jesús Gil entró de oficio para defender a su jugador. “Lo que diga Stoichkov tiene poca credibilidad, ni mucho menos va a dar lecciones a alguien”. Pero en esa ocasión y a tenor de las múltiples moviolas que descubrieron la versión más mamporrera de un jugador en los últimos años, el delantero azulgrana llevaba razón, aunque su insoportable temperamento invitase, como mínimo, a la sospecha. El maestro Santi Segurola escribió la crónica para El País. recogida en su antología Héroes de nuestro tiempo, y su descripción de Lopez con el cuchillo jamonero es, simplemente, sublime: “En su carrera con la trilladora tiene la complacencia de los árbitros. López cometió siete faltas gravísimas: a la tibia de Beguiristain, brazo al cuello de Stoichkov, patada con repetición a Bakero, codazo a Stoichkov, caza al cuello del búlgaro con codazo al estómago, derrote al peroné de Laudrup y coz incluida al muslo del danés”. Por una vez, y sin que sirviese de precedente, el búlgaro tenía razón y, de ahí, su inusitada amabilidad con la prensa en aquella noche. Obviamente, el fuego cruzado entre ambos dejaba un mentiroso compulsivo. Y esa vez fue López, que tampoco se molestó en disimular su concepción futbolística de pressing catch durante toda la temporada.

El piqué Stoichkov-López recuerda al de Pepe e Iniesta, con la diferencia de que al manchego nunca le ha perdido su vehemencia, como sí al búlgaro. El central portugués reconoce que “las verdades duelen”, claro que son las verdades de su mundillo, es decir, las que acepta Mourinho. Pepe no tiene derecho a pedir la venia para hablar de teatreros porque, siendo uno de los mejores defensas del mundo (el número uno en los cortes de balón), cualquier acercamiento suyo al balón provoca murmullo. Su ‘enajenación mental transitoria’ sobre la espalda de Casquero le ha marcado de por vida; es una de esas jugadas que nunca se olvidan, como la cazada de Míchel Salgado al talón de Juninho. A Iniesta le tenemos por chico modélico, siempre evitando las broncas, aunque con un precedente en el serial de exageraciones: en la Liga 2010-11 forzó la expulsión de Amorebieta en San Mamés tras una dura entrada de éste que tampoco merecía la roja. Aquella ‘interpretacion’ le acarreó demasiadas críticas porque hasta entonces su carácter había sido inmaculado. Fue un error que Iniesta no ha repetido, ni siquiera en la jugada a la que se refiere Pepe.

El Madrid no se ha pronunciado porque apoyar públicamente a su jugador sería ir contra el mundo. Mourinho tampoco le ha llamado al orden, indicio claro de que le considera uno de sus soldados más disciplinados. Y mientras el entrenador tenga a Pepe como ejemplo en el vestuario, éste tiene vía libre para jugar y hablar sin miedo al veto. Además, el episodio con Dani Alves en las semifinales de Champions de hace dos temporadas le dieron mucha credibilidad entre todo el madridismo que pensaba que el barcelonista había fingido descaradamente. Entonces, Mou descargó su ira contra el establishment arbitral de la UEFA, y a Pepe se le tomó como un mártir. Pero el lance del último clásico sólo deja una caída más o menos polémica de Iniesta, como fue la de Özil en área azulgrana minutos antes. Pepe, como Juanma López,  soltó ante la prensa lo primero que se le ocurrió; quizá no intuyó que la opinión pública etiquetaría el incidente como el mejor ejemplo de que los pájaros disparan a las escopetas.