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Archivo de la categoría ‘Isco’

Libreto de renglones torcidos

Lunes, 19 Agosto 2013

Carlos Queiroz pidió paciencia para imponer su “librillo” después del debut liguero del Madrid galáctico. Entonces, el Bernabeu se puso hasta los topes para jalear a una constelación de estrellas conjuntada para pegarse una orgía tras otra. Ésa era la intención de Florentino Pérez desde el día que cambió el modelo “anticuado” de Del Bosque y con esa ilusión acudió la gente en masa al estadio. La presa se antojaba sencilla, pues al Betis le había tocado el marrón de ser el primero que “visitaba al dentista”, descripción patentada por Caparrós desde ayer para explicar el suplicio de su Levante en el Camp Nou. Pero lejos de pegarse un festín goleador, los Zidane, Ronaldo, Figo y Beckham ganaron sin colmar las monstruosas expectativas que había creado el proyecto faraónico del presidente; demasiado toque personal y un caos táctico provocado por el ansia de cada uno de agradar por su cuenta. Y en el fondo o, mejor dicho, desde el lateral, un entrenador portugués aflojándose la corbata cada vez que a la grada se le escapaba un silbido.

Carlo Ancelotti también ha escuchado por primera vez el plebiscito de su nueva afición; su libreto necesita tiempo, pero el estreno ha quedado escrito con renglones torcidos. El italiano tenía una gran duda táctica: ¿muro de contención o rombo de creación? Quizá la primera opción habría sido demasiado mezquina en la noche de la ilusión, sobre todo, después de la goleada del Barça y de los magníficos indicios de la gira americana. Pero Carletto fue atrevido y apostó por Khedira como el Sansón que debía aguantar las columnas del equipo. Sin embargo, todo salió al revés desde el principio, razón: Pepe Mel. Para explicar su descaro, basta un tweet de mi colega José Luis Poblador: “Pepe Mel ha salido a ganar al Bernabeu, no a aplaudir al rival. Entrenador que sabe hasta el color de gayumbos de Ancelotti”. Tal cual actuó el entrenador verdiblanco, rompiendo el esqueleto del Madrid vértebra a vértebra, pero es una pena que en esta liga feudal el esfuerzo sobrehumano del vasallo no sea suficiente para eclipsar al señor. El caso es que el Betis partió en dos al Madrid e hizo trizas el centro de la zaga; el ejemplo más flagrante fue el 0-1, fruto de una carrera del escurridizo Cedric que parecía Usain Bolt delante de un Justin Gatlin interpretado por Sergio Ramos. Las conclusiones salen a bote pronto porque el nuevo proyecto necesita ajustar las piezas, en concreto la del centro del campo donde Xabi Alonso se intuye como primer jefe de máquinas. No obstante, Ancelotti arriesgó demasiado: el equipo ganó pero bien pudo perder, a lo mejor un cambio de pizarra con dos distribuidores por delante de la defensa habría amortiguado al Betis.

De lo que no debe preocuparse el italiano es de esa inercia que nunca traiciona a ningún entrenador blanco: la terrible pegada. Da igual que lo haga bien o rematadamente mal como ayer: el Madrid siempre marca, es una máxima tan evidente como que al fútbol juegan once contra once. Porque si a las primeras de cambio Isco marca su único gol de cabeza de toda su carrera, significa que en este equipo hasta es posible que marque Diego Lopez desde su portería. Diego o Iker, quién sabe. Ancelotti ha tomado su primera decisión táctica y chirriaría descaradamente que pusiera al capitán en el próximo partido; a los porteros hay que darles minutos hasta que canten. Diego llevaba más tiempo entrenando durante el verano, es la razón más lógica. Pero el asunto de la portería no deja ser un debate etéreo a estas alturas; importa la misión con la que Ancelotti se presentó en sociedad: “ganar con espectacularidad”. Hasta que lo alcance, siempre habrá alguien que se lo repita hasta la saciedad, porque ganar en esta Liga es algo mecánico, sacar la magia es de obligado cumplimiento.

Isco y su sentimiento traicionero

Domingo, 23 Junio 2013

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El diario valenciano Superdeporte publica hoy un extracto interesante de una entrevista con Isco de noviembre de 2009 en la que el inminente fichaje del Madrid confesó ser “un poco antimadridista”. “No era del Madrid de pequeño, de hecho diría que soy un poco antimadridista aunque uno no sabe dónde va a estar su futuro. Pero es un equipo que a mí nunca me gustó”. La declaración de intenciones no habría llamado la atención hace pocas semanas, cuando el mercado apuntaba a Isco como primer capricho de Pellegrini para el nuevo Manchester City. Más aún, fue el propio Pellegrini quien llamó por teléfono al malagueño intentando convencerle con la excusa que todo futbolista quiere escuchar: la titularidad sí o sí. Pero en los despachos del Madrid se han movido rápido; de hecho, le llevan siguiendo durante todo el año sin saber de la metedura de pata de Isco en Superdeporte. Quizá suena amarillista que lo publique este diario deportivo (quién no recuerda aquella portada con una fotografía de una ristra de chorizo y el titular ‘La misma chorizada de siempre’ después del Ushiro Nage de Marchena a Raúl), pero la confesión de Isco tiene su miga porque no acaba ahí: “Me da la impresión que el Real Madrid es un club prepotente por cómo son los jugadores, sin humildad no puedes llegar a ningún lado”. Superdeporte ha sacado una noticia bastante jugosa que será utilizada en las tertulias deportivas como martillo pilón contra Florentino Pérez.   

Muy distinta, por ejemplo, fue la declaración de un Andrés Iniesta cadete que, en un documental sobre La Masía, no tuvo reparos en soltar que “era del Madrid a todo poder”. La entrevista a Isco no le pilla pequeño porque, aunque todavía no tenía contrato profesional (pertenecía a la cantera del Valencia), ya apuntaba maneras para ser cazado por ojeadores de Madrid o Barça; al menos, en ese momento se había cerrado una puerta. Pero hablando de sentimientos traicioneros, quien se lleva el primer premio es Alfonso Pérez Muñoz. Canterano merengue de corazón, sorprendió a los periodistas culés el día de su presentación como nuevo jugador azulgrana (verano del 2000) espetando que de pequeño le gustaba el Barcelona. Al día siguiente, el diario AS publicó un reportaje de la desaparecida revista Hala Madrid en la que fotografiaba a Alfonso de pequeño en la habitación de su casa madrileña. El cuarto estaba empapelado de pósters de Butragueño, Hugo Sánchez, Míchel, etc.

Quien no engañó a la opinión pública fue el tránsfuga Luis Figo, que de gritar ‘Blancos Llorones, felicita a los campeones’ desde el palco de la Generalitat un año después era presentado con gesto dramático como el primer galáctico de Florentino Pérez. Pero la jugarreta más rocambolesca le sucedió a Mesut Özil en su propia web. Durante su presentación en el Bernabeu aseguró que sólo había pensado fichar por el Real Madrid; curiosamente, ese mismo día su web no decía lo mismo: publicaba unas declaraciones anteriores del futbolista en las que afirmaba que si salía alguna vez de Alemania, “querría jugar en el Fenerbahce turco o el Fútbol Club Barcelona”. Pero el colmo del cinismo corresponde a Gica Hagi. Fichado por Ramón Mendoza del Steaua de Bucarest en el 90, el ‘Maradona de los Carpatos’ anunció en su primera rueda de prensa que el “Rumanía entera sabía que el Madrid era lo más grandioso del fútbol”. Cuatro años después, al ser preguntado por esas declaraciones en la sala de prensa del Camp Nou, Hagi anduvo tan hábil como usaba la pierna izquierda y dijo que desde entonces, “Rumanía había cambiado de camiseta”. Gica Hagi, genial dentro y fuera del campo. Casi como Isco. 

Thiago, Isco y Von Karajan

Mircoles, 19 Junio 2013

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“Hemos vuelto a hacer historia desde el gol de Marcelino. Espero que otros sub’21 sigan nuestro camino”. Fue lo primero que respondió Eusebio Sacristán, todavía vestido de corto sobre el césped del estadio José Zorrilla, a un periodista de ABC el día que el fútbol español, al menos su base, ocupó por primera vez un pequeño hueco en las portadas nacionales. La hermana pequeña de la selección absoluta se había proclamado campeona de Europa contra la pétrea Italia de Walter Zenga, Donadoni y Mancini ante cuarenta mil espectadores, la cifra que la Federación Española había manejado para colmar el escaso interés mediático que había originado la final. Consciente de ello, el seleccionador de aquel combinado, Luis Suárez, empezó su conferencia de prensa diciendo que en 120 minutos se habían jugado el trabajo de dos años; entonces, el gran público apenas conocía el sistema de las competiciones inferiores. Pero el objetivo se había cumplido: el fútbol español podía fardar de un futuro más o menos creíble que pudiese acabar con la angustiosa maldición de los cuartos.

Los Eusebio, Sanchís, Quique Sánchez Flores, etc, abrieron el camino para unas generaciones venideras inolvidables, sobre todo la del gol de Kiko en los Juegos Olímpicos de Barcelona. Quizá esa gesta olímpica todavía guarde más épica que cualquier Europeo, incluido el último y soberano repaso de ‘La Rojita’. Porque, precisamente, ellos van a heredar el nuevo estilo de nuestro fútbol, tan lejos y antagónico del grito histórico de Belauste, ‘A mí el pelotón, Sabino, que los arrollo’, símbolo centenario de la furia española. Si la primera parte de los mayores contra Uruguay fue propia del Circo del Sol, ayer Lopetegui se erigió en Herbert Von Karajan, dirigiendo una orquesta sinfónica en la que Thiago e Isco dejaron boquiabiertos a los telespectadores. Arsene Wenger se atrevió a decir durante la pasada Eurocopa que él sería capaz de ganar la Premier League con los suplentes de España; la sub’21 tampoco le andaría a la zaga. La promoción de Del Bosque necesitará retoques después del Mundial de Brasil y las garantías son absolutas.

De Gea se ha consagrado ni más ni menos que a la vera de un tal Sir Alex Ferguson y el Manchester se frota la manos porque tiene portero para rato; a Iñigo Martínez se le intuye un central con el carisma de Hierro, pero aún tiene que corregir ciertas manías defensivas para dar el salto a un grande; Tello vive en un desborde permanente, le gusta fintar, quebrar y ridiculizar en la banda a quienes se ponen por delante; Morata, revulsivo durante todo el Europeo, va a hacer la mili en su Real Madrid, la mejor escuela para aprender el oficio de artillero. Y, por encima de todos, Thiago e Isco. He oído decir estos días que el hijo de Mazinho es un “Guti en malo”; desde luego, la final le ha borrado de un plumazo tal denominación de origen. Es cierto que sus diabluras con el balón no llegan a ser tan talentosas como las del ex madridista, pero ha demostrado alma de capitán y el Barça debería tenerlo en cuenta para no usarle de refresco la próxima temporada. A quien se le ha quedado pequeño su club (con todos los respetos) es a Isco. Málaga le ha visto nacer pero no culminar una carrera que se antoja deslumbrante. La Premier, el City, le irá como anillo al dedo para inventar pases increíbles y regates en un metro cuadrado, aunque en España tampoco le harán ascos.

En definitiva, la gracia es que todos ellos jueguen en sus clubes para que sus poderes no se oxiden; están en la edad perfecta de asumir responsabilidades importantes en sus clubes y dejar de ser niños. Porque, por detrás, se les acercan a pasos agigantados los sub’20, a quienes veremos en el inminente Mundial de Turquía con Jesé y Deulofeu en plan estrella. El fútbol español ha pasado de oler a naftalina en Eurocopas y Mundiales a excitar a las masas en cualquier categoría imaginable. De hecho, la FIFA lo tiene más fácil que nunca para ordenar su ranking mundial: primera, España (la de Del Bosque); segunda, la sub’21; tercera, quizá la sub’20…

Manuel Pellegrini, relaciones públicas por excelencia

Jueves, 14 Marzo 2013

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Resulta paradójico que anoche en La Rosaleda, al margen de los seguidores del Oporto, hubiese alguien arrepentido por los acontecimientos. Se sentó durante todo el partido debajo de la grada central donde se ubica la prensa y quiso pasar inadvertido porque el cachondeo podría haber sido de órdago. Era Unai Emery, ahora míster del Sevilla y que en el verano del 2011, cuando dirigía al Valencia, poco le importó dejar escapar a un crío de las categorías inferiores que, según él, no iba a dar la talla en el primer equipo. El chaval, consciente de que su talento sí cuajaría en Valencia, quiso renovar con unas condiciones que Manuel Llorente nunca aceptó. Y mal que le pesara, decidió dejar la que había sido su casa desde los catorce años para embarcarse en el proyecto faraónico del jeque Al Thani. El talento de aquel canterano tenía un precio: seis millones de euros; esta mañana, Isco Alarcón ha subido su cotización a casi cuarenta millonesy, aunque haya renovado, el mercado le va a exponer en su particular Ibex.

Sí, Unai Emery tuvo que tragar saliva con cada regate de Isco, cada pase al espacio, cada control made in Zidane. De repente, ha nacido una estrella que soba con el mismo mimo un balón descosido en las calles de Benalmádena que el oficial de la Liga de Campeones; su propósito es divertirse y es de esos genios que se martirizan sin la pelota en los pies. Isco lidera una apuesta sin garantías de viabilidad económica, pero hoy en Málaga nadie se ha parado a pensar en la pesadilla de los pagos: el equipo ganó anoche el partido más importante de su historia, por tanto, habrá otro aún más histórico, el de cuartos de final; razón: pregunten a Manuel Pellegrini.

“Hemos convertido a un grupo de estrellas en un equipo de obreros”. La consiga del técnico chileno ha imperado en medio de las tempestades originados por la negligencia de un jeque con ínfulas de divinidad. Los dueños habían vendido una obra monumental a una ciudad que estuvo a punto de ver cómo se quedaban sin fútbol de alto copete; pero, mientras las promesas cobraran proporciones bíblicas, las transferencias bancarias escaseaban y el flujo de dinero se cortó de cuajo. En esta tesitura, Pellegrini se inventó una gestión extraordinaria de relaciones públicas para fichar jugadores residuales de otros clubes pero, al fin y al cabo, rentables  y, sobre todo, de su confianza. Así vino Martin Demichelis, el jefe de la zaga. Su largo periplo en el Bayern tocaba a su fin y una sola llamada del chileno lo cambió todo. Habían coincido en River Plate, donde el central argentino había quedado prendado de la mano de seda de Pellegrini.

El fichaje de Martín Demichelis fue especial porque Pellegrini sabía del poder de seducción del argentino. Si venía él, podía atraer como un imán a parte de la colonia de sudamericanos repartidos por Europa. De este modo, el ex central del Bayern convenció al ‘Conejo’ Saviola con una sola llamada y sus años en el Munich labraron una amistad con Roque Santa Cruz que se recompensaron con el fichaje del paraguayo el pasado verano, cuando éste estaba sumido en el ostracismo del Manchester City. Hubo una pieza del puzzle que  costó demasiado esfuerzo: Jérémy Toulalan. El francés impresionó a su actual entrenador en la fatídica eliminatoria Real Madrid-Olympique del 2010 e intentó ficharle durante su primer año en el Málaga, pero fue imposible. Vino en el verano de Isco.

Sería injusto no mencionar a Antonio Fernández, ex director deportivo, como contribuyente crucial de la apoteosis malacitano. El jeque le encomendó a él, y sólo a él, construir un equipo de la nada, y Baptista, Cazorla, Ignacio Camacho vinieron a coste ínfimo gracias a su habilidad en los despachos. Pero, sin duda, el disparo mas certero fue traer a mitad de temporada a un entrenador con un “librillo de estilo moderno” y aroma de gentleman: no podía ser otro que Pellegrini, gracias a la denodada labor del difunto directivo José Carlos Pérez y el vicepresidente Abdullah Ghubn. La pena es que el éxtasis de la ciudad penda de un hilo, la de una fecha de abril en la que el Tribunal de Arbitraje Deportivo fallará si el Málaga va al paredón por sus triquiñuelas financieras o le concede una supuesta segunda oportunidad en el torneo de los mayores.