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J-Mac…una experiencia de cuatro minutos

Martes, 3 Enero 2012

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El cineasta Spike Lee fue elegido por Gatorade para idear el relanzamiento de su marca de bebidas energéticas en 2009. What is G? fue el nombre del anuncio que fascinó a los publicistas norteamericanos: ¿el secreto? Lee consiguió que estrellas universales del deporte tuviesen el mismo bombo mediático que otras figuras quizá no tan conocidas, al menos, para el director de cine. De ese modo, historias vivas como Usain Bolt, Michael Jordan, Tiger Woods o el quarterback Peyton Manning compartían spot junto a ciudadanos anónimos. Pero en un rango de notoriedad intermedia, aparecía un chico que simulaba lanzar a canasta. El protagonista, desconocido para Lee hasta la grabación del anuncio, resultó ser una celebridad en su país. No obstante, éste era un famoso especial, pues consiguió hacerse un hueco en los corazones de sus compatriotas…¡en tan sólo cuatro minutos!

“Nuestro país fue cautivado por una historia increíble en una cancha de baloncesto. Es la historia de un joven que encontró su genio con un balón, que, a su vez, tocó los corazones de todos los ciudadanos de todo el país”. El discurso panegírico del presidente George W. Bush emocionó al joven que estaba de pie a su lado en una de las pistas del aeropuerto JFK y delante de decenas de cámaras de televisión. Bush decidió hacer escala en Nueva York en un día invernal del 2006 sólo para saludar a Jason McElwain, un nuevo hijo predilecto de América y otro ejemplo que tanto gusta a la cultura yankee de que si uno lucha por su sueño, probablemente se haga realidad. Porque McElwain sólo tenía un pasión, el baloncesto. Y tan desmesurada era que, incluso, la demostraba haciendo de utillero o aguador para el equipo de su instituto, la Greece Athena High School de Nueva York. Nunca jugaba ni un minuto, puesto que no había pasado las pruebas de acceso al equipo; sin embargo, su entrega fue tan absoluta que el entrenador Jim Johnson le permitió formar parte de la plantilla, llevando el agua, anotando las estadísticas y, sobre todo, animando a sus compañeros. Y a tenor de la infinidad de reportajes nacionales con los que la opinión pública irrumpiría en la vida del chaval, la conclusión unánime fue que todo el mundo, desde los profesores hasta los jugadores, pasando por animadores, estudiantes y padres de estos últimos, sentía especial devoción por él. No en vano, McElwain era un chico muy sociable, con buenos amigos en su clase y una adolescencia muy esperanzadora: él mismo dijo que lo mejor que le había pasado era “sentirse como uno más”…a pesar de su autismo.

La asombrosa historia sucedió el 15 de febrero de 2006. Y al igual que en películas de baloncesto tan populares como Hoosiers o Teen Wolf, en las que el protagonista del partido acaba siendo manteado por una multitud sobreexcitada, en aquel instituto la realidad volvió a superar a la ficción. El equipo del ‘chico para todo’ McElwain ganaba con holgura el último encuentro de la temporada en su cancha contra la escuela de Spencerport, así que, para que la fiesta fuese completa, el entrenador Johnson quiso premiar a su chico más entrañable dándole los últimos minutos de juego, concretamente cuatro. Tan pronto como McElwain pisó el parqué, el graderío coreó al unísono su apodo, J-Mac; todos los del colegio, sin excepción, le conocían, respetaban, incluso admiraban. Lo que no llegarían a imaginar es que el chico autista de tan sólo 1,70 les dejaría boquiabiertos…y eso que se atrevió a lanzar dos veces seguidas sin acierto. Pero, lejos de amedrentarse, Jason decidió seguir intentándolo y a la tercera, clavó un triple. El éxtasis del pabellón quedó retratado en el entrenador, que no cejaba en arengar a su pupilo; el propio técnico le sugirió que intentara otro triple. Dicho y hecho: McElwain no sólo metió un segundo tiro de tres, sino que anotó seis seguidos. Ya nadie daba crédito a lo que estaba presenciando: una historia singular, única en la vida. Después de veinte puntos, récord de un debutante en ese instituto, la reacción del público fue evidente: saltaron a la cancha y mantearon a Jason durante un rato. “He sentido muchas emociones a lo largo de mi vida como entrenador; he dirigido a chicos maravillosos, pero jamás he experimentado algo semejante a esto”, confesó Johnson tiempo después. Poco importó el resultado (79-43), aquella tarde fue recordada por una moraleja muy especial…la del chico que sobrepuso su amor por el baloncesto al autismo que sufría.

La hazaña de McElwain tuvo su eco en los medios de comunicación. ESPN, CNN, NBC, ABC y multitud de televisiones locales centraron su atención en el colegio Greece Athena. Allí había un héroe con una historia que contar, axioma esencial del periodismo norteamericano. Por ello, líderes de opinión como Oprah Winfrey o Larry King no quisieron perder la oportunidad de entrevistar a la sensación americana del 2006. Y fiel a los propósitos de la industria del cine en este tipo de argumentos, McElwain guardaba un relato muy jugoso para ser interpretado en la gran pantalla: gigantes como Walt Disney, Warner Bros y Columbia Pictures se interesaron por la vida de Jason, llegando a esbozar sendos guiones (Columbia adquirió los derechos para una supuesta película llegando a ofrecer el proyecto a la productora de la saga de Spiderman). Estas tres y otras productoras no tan conocidas acribillaron a llamadas a los padres del chico autista pocos días después de que su gesta fuese pregonada, pero su madre, Debbie, todavía estaba alucinada por esos cuatro minutos que le brindó su hijo…”Es la primera vez que Jason se siente orgulloso de sí mismo…Ahora miro el autismo como si fuese el muro de Berlín y él lo ha hecho pedazos”.

Otro Johnson se cruzó en la vida de Jason, éste aún más conocido que el anterior.  El célebre ‘Magic’ también se interesó por la bestialidad que un chico autista había hecho en una cancha cualquiera del país. La ex estrella de los Lakers confesó que vio por televisión la repetición de los cuatro minutos y exclamó: “¡A este chaval le tengo que conocer!”. Pocos meses después, en plena ebullición mediática de McElwain, Magic y él fueron invitados a un acto y el adolescente, puede que acostumbrado rápidamente a los flashes, no tuvo reparos en vacilarle. Nunca se ha sabido que le dijo exactamente Jason, pero Magic desveló que J-Mac le aseguró que le podía ganar en uno contra uno…”yo le respondí que si era cierto, que fuésemos al gimnasio de la esquina y lo demostrase”. Seis años después, J-Mac viaja estado por estado para hablar de su discapacidad, aunque lo hace motivado por aquella experiencia de cuatro minutos. Además, publicó un libro, El Juego de mi vida, pero siempre culmina sus discursos con el título del que leyó cuando la ESPN le entregó un premio y que fue escrito por su hermano mayor…un sueño hecho realidad.

”Tenéis que dar lo que lleváis dentro. El ganador se va a casa contento y el perdedor llega a casa y llora a su madre por la derrota”. J-Mac, manager oficioso del equipo de la Greece Athena, minutos antes del partido ante Spencerport del 15 de febrero de 2006.