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Kaká y el síndrome del regate

Lunes, 2 Septiembre 2013

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“El Madrid ya tiene a su cerebro para los próximos cinco años”. No fue el sueño de una noche de verano, sino el convencimiento de un directivo del club, cuya reflexión en el día que Kaká disfrutó de una presentación interplanetaria era unánime en la planta noble del Bernabeu. Florentino había trazado su hoja de ruta: Cristiano acapararía el star system y Kaká sería el chip prodigiosos de un equipo construido para empezar una dinastía, aparte de vender camisetas y enriquecer al club con patrocinios a diestro y siniestro. El brasileño también había nacido para jugar en el Real Madrid, sólo que su mente nunca entendió qué demonios significaba el dichoso latiguillo de ‘postureo’ del presidente. Y como les sucede a todos esos monstruos que llegan a un club y les cuesta coger el tranquillo, el caso de Kaká requería paciencia….para marcar goles, darlos, inventar cabalgadas como la que asombró a Old Trafford y, en definitiva, poner patas arriba al Bernabeu. Las primeras alarmas se encendieron a los pocos partidos, cuando los resúmenes de televisión todavía no habían captado las mejores jugadas del Balón de Oro, exceptuando un golazo fuera del área al Atlético en un derbi del Calderón.

Salvando las distancias, que a la postre nunca existieron, Kaká sufrió el mismo ‘síndrome del regate’ que padeció Steve Mcmanaman. El extremo del Liverpool llegó gratis al Madrid con un buen saco de vídeos en el zurrón sobre sus espectaculares correcalles por la banda; uno, dos, tres y hasta cuatro peones era capaz de esquivar Macca en Anfield. Eso gustó tanto a Lorenzo Sanz, que no dudó en ponerle un sueldo estratosférico de 800 millones de pesetas limpios para hacer olvidar a Míchel, el último gran extremo natural de Chamartín. Pero Mcmanaman empezó a ver fantasmas en su debut en casa: el rival, el recién ascendido Numancia, regates y subidas totales por la banda: cero. Empezó a sonar el runrún de que el inglés no era el mismo, de que se la había olvidado regatear. Quizá ese miedo escénico que describió Valdano tenga carácter retroactivo para ciertos jugadores del Madrid y Kaká, por asombro que parezca, también se ha contagiado. Su caso es para estudiarlo desde el diván de un psicólogo: las piernas del brasileño no recibían la orden de la cabeza. El diagnóstico cada vez era más evidente: falta de autoestima y pocas ganas de creer en sí mismo. En cuatro años resulta incomprensible que, dicho simplonamente, a un Balón de Oro se le haya olvidado jugar el fútbol.

Los 67 millones de su fichaje respetaron su caché entre la prensa y la afición durante los primeros años. Pellegrini le puso de titular porque, sencillamente, habría sido una blasfemia tirar por el váter todo ese montón de dinero. Los técnicos se escudaron en una paciencia estoica para esperar el renacimiento de ese Kaká cuya salida provocó el desconsuelo de miles de plañideras milanistas desconsoladas. Pero fue Mourinho quien se postuló como el mesías salvador del jugador; anunció que le recuperaría hasta que se dio cuenta que era una causa pérdida. Kaká había perdido su magia por ciencia infusa y la mofa de mayor pufo casi de la historia tenía ya un eco imparable. El club se resignó a malvenderlo, pero el pequeño gran inconveniente es que ningún equipo del mundo podía pagarle la morterada anual de diez kilos. Además, la maldición de Kaká provocó una reacción en cadena que ha implicado a su otro gran fichaje contemporáneo, Cristiano. El portugués pidió hace un año un aumento salarial; su excusa era justa porque cómo era posible que ambos cobraran aproximadamente lo mismo y sus méritos estuvieran a una distancia de miles de galaxias. Sin embargo, faltaba la explicación más buscada, la de el máximo responsable. “Kaká nos ha hecho ganar mucho dinero, es un activo amortizado”, dijo Florentino Pérez a principios de la pasada temporada. Era lógico que el único subterfugio del presidente fuese el empresarial, por algo el Madrid es una multinacional. Camisetas, todas las mundo; actos publicitarios, una lista interminable. Sólo falló el fútbol, un detalle que a veces no importa demasiado en este Madrid. Ayer el Milan no pagó ni un céntimo por él, así que la lectura lógica es que el Milan, ansioso por seguir ese modelo de glorias olvidadas, le debe un favor al Madrid…o un marrón.

Ancelotti, nuevo gentleman en el Bernabeu

Lunes, 29 Abril 2013

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“No estoy preocupado por mi puesto, pero no sé hasta cuando Roman Abramovich mantendrá la paciencia. Obviamente ahora no estará feliz: yo tampoco lo estaría”. Muy pocas veces un entrenador de alto nivel y salario estratosférico se resigna a describir su cruda realidad sin poner objeciones ni excusas baratas. Y en el caso de Carlo Ancelotti, sus declaraciones suelen francas y creíbles dada su apariencia bonachona y afable. No es un tipo que caiga mal al público; al revés, en París aprendió rápido el francés y lo suele hablarlo para bromear con los periodistas que siguen al Paris Saint Germain. Si Fabio Capello siempre ha demostrado su apariencia de Clint Eastwood en El Sargento de Hierro dentro y fuera del campo, Carletto busca momentos de hilaridad para cortar la tensión. Así lo demostró en su última rueda de prensa de Champions, cuando en medio de la tormenta de rumores que colocaban a Mourinho en el banquillo parisino la próxima temporada, ironizó sobre una información de L’Equipe que aseguraba que Mou había enviado al PSG vídeos sobre el Barça, su rival en cuartos de final. “Todavía estoy esperando los informes del portugués”. Las risas en la sala de prensa contagiaron hasta al avinagrado delegado de la UEFA.

Anoche Joseba Larrañaga anunció en El partido de las 12 que Ancelotti será el entrenador del Real Madrid la próxima temporada. Ya hay acuerdo pero todavía no está firmado. Es vox populi que Florentino Pérez exige unos requisitos imprescindibles en su permanente casting de entrenadores: saber dominar los egos de un vestuario, lucir palmarés, mantener un prestigio acorde a la imagen del club y, sobre todo y a tenor de los últimos acontecimientos, ser buen relaciones públicas (facultad importantísimo dada la guerra de obuses entre Mourinho y la prensa). Desde luego, Ancelotti no va a perder el tiempo en enfrascarse en un fuego cruzado contra los periodistas, porque, como suele decir, “mi primer hobby es el fútbol y el segundo, disfrutar de los placeres de la vida”. No obstante, hay aficionados que no entienden su filosofía, como por ejemplo, una socia del Chelsea que no consintió que el propio Ancelotti se sentara en su asiento de Stamford Bridge durante un partido del equipo sub-18. “Entiendo el enfado de la señora, va con el cargo”, explicó el técnico italiano cuando le preguntaron por la anécdota. Ocurrió durante su segunda temporada en Londres, en la que no ganó ningún título.

Ancelotti no es ninguna novedad en los despachos del Bernabeu. Su nombre sonó con fuerza en los últimos tiempos de su primer mandato, cuando el galacticidio devoró a Queiroz, Camacho, García Remón, Vanderlei Luxemburgo y López Caro. Pero las exquisitas relaciones entre Adriano Galliani y Florentino impidieron el fichaje del entonces entrenador milanista. Allí todavía es venerado por una hinchada que vivió días de vino y rosas con dos Champions, y una catástrofe de proporciones bíblicas; la increíble derrota de Estambul contra el Liverpool de Rafa Benítez. Su obsesión siempre ha apuntado a la Champions, tal como le gusta a Florentino; de ahí que su bagaje en el Calcio haya sido un solo campeonato en casi una década. Pero los tiffosis van más allá y le agradecerán eternamente tres gestos: haber pulido al mejor jugador italiano del siglo XXI, crear a un Balón de Oro y regalar al público un futbolista que ha antepuesto el Milan a su propia vida. Primero, nada más fichar por el Milan en 2001 pidió a Galliani el fichaje de un mediapunta desorientado del Brescia. Ancelotti intuía que en ese chaval melenudo de 22 años había talento para moldear un centrocampista único en visión de juego y pases calibrados. No se confundió y Pirlo, hoy en la Juventus, relevó a Del Piero como el mejor de los últimos tiempos. Pero Pirlo necesitaba un escudero, un perro de presa que le permitiese lucir su talento libre de los molestos marcajes al hombre que tanto se estilan en el Calcio. Ahí entraba en juego Gattuso, un bulldog que ha llorado con cada derrota rossonera y se ha extasiado con los éxitos. El Milan o la vida, ésa ha sido siempre la disyuntiva de Gattuso y, evidentemente, San Siro le tiene en un pedestal por sus cojones, ni más ni menos.

El último milagro de Ancelotti lo resume a la perfección el propio técnico en una biografía suya, Preferisco la Coppa, Vite, partite e miracoli di un normale fuoriclasse (Prefiero la copa, vida, partidos y milagros de un crack normal): “Me habían dicho de un chavalín en Brasil, muy bueno, pero al cual no conocía. Por su nombre parecía un predicador. Se trataba de un fichaje a ciegas, lleno de buenas palabras. Pero necesitaba hechos…Kaká llegó a Malpensa y me llevé las manos a la cabeza: gafas, repeinado, cara de buen tío, sólo le faltaba una cartera con la merienda y un libro. Habíamos fichado a un estudiante universitario. Bienvenido al Erasmus de Milan”.  Así describe Carletto su primera imagen del futbolista nodriza del Milan durante un buen puñado de años, hasta que Florentino extendió un cheque de 66 millones de euros. Unos párrafos más adelante, el entrenador se rinde al sentido común: “Con el balón en los pies era monstruoso. Dejé de hablar porque, simplemente, no me salían las palabras. El testigo de Jehová era en realidad un tío que hablaba con el Señor”. Cuentan que Ancelotti quedó prendado de él con un lance inolvidable: en uno de sus primeros entrenamientos, Kaká pugnó un balón con Gattuso y éste, al ver que lo perdía, le dio un empujón terrorífico. El brasileño continuó la jugada y el potro italiano soltó un “¡A tomar por culo!”. Kaká había pasado su bautismo de fuego.

En su primera temporada en el Chelsea, Ancelotti tuvo el mismo ojo clínico con Sergio Ramos como con Pirlo. Pidió a Abramovich su fichaje porque le consideraba el futuro central de Europa. Se había encaprichado del lateral madridista y lo quería a toda costa para juntarlo con John Terry en el centro de la zaga. También demostró paciencia y mano abierta con Clarence Seedorf a quien rescató del Inter para obsequiarle con la última gran oportunidad de su vida. El holandés se lo agradeció con una forma física de ciencia ficción hasta haber cumplido la treintena. Y otros a los que considera ‘amigos’ son Drogba y el Pippo Inzhagi; su devoción por ambos quedó revelada el año pasado, cuando se metió en camisa de once varas opinando del fracaso de Fernando Torres en el Chelsea: “Drogba es un excelente futbolista…Pero es como Inzhagi en el Milan: devora a cualquier competidor. Simplemente es así y ahora Drogba devora a Fernando Torres”. A veces la franqueza le pierde pero, a estas alturas, Ancelotti no va a cambiar su carácter ni sus gustos melómanos ni gastronómicos (suele acudir a restaurantes con estrella Michelín o que la aparenten). ¡Que se vayan preparando Zalacaín, De María y el Txistu! Llega Ancelotti. 

Uno de los nuestros

Domingo, 24 Febrero 2013

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Vicente Del Bosque confesó durante el Mundial de Sudáfrica que si fuera jugador le gustaría  parecerse a Sergio Busquets; habría que preguntarle a Mourinho quién es su predilecto, pero quizá por su entendimiento del fútbol, José Callejón sea el elegido. Si Cruyff ordenó al Barça el fichaje de Miguel Ángel Nadal del Mallorca para erigirlo en su comodín particular, Callejón vale para dar guerra en cualquier palmo del campo. Su estilo escurridizo hizo malo a Modric en Riazor: sus continuos desmarques cayeron en saco roto ante la ceguera del croata de los cuarenta millones (se dice pronto) y, aunque el granadino fue el más peligroso antes de la revolución sugerida por su entrenador, entendió que las necesidades tácticas le obligaban a comerse el marrón del lateral izquierdo, y no es la primera vez. Sin embargo, Callejón lo acata con su habitual disciplina militar que tanto embelesa a Mourinho. Precisamente, éste le describió ante la prensa como uno de los nuestros. No se equivocó el portugués.: Callejón puede fallar delante del portero, errar un pase o no controlar el balón, pero nunca se le achacará ese ímpetu que le excluye de las esporádicas apatías que sufre el equipo. Porque si hay algo que detesta el técnico portugués en su interminable catálogo de manías, la dejadez ocupa un lugar top.

El pasotismo es lo que mató al Madrid de la primera parte. Dijo Butragueño en el palco que la segunda parte de los suyos había sido mejor que la primera del Depor; cuesta creerlo porque, salvo Callejón, ninguno amagó con poner una pizca de ganas. Ni siquiera funcionaron los contraataques, argumento por antonomasia de la era Mourinho. Al menos, un detalle sorprendió en el entrenador: en cualquier otro partido habría cambiado a Higuaín por fallón; en Riazor confió en él hasta el final y el desenlace le dio la razón. No obstante, todavía prevalece el quebradero de cabeza del nueve: del argentino se espera mucho más y a Benzema simplemente se les espera. La buena y peligrosa noticia es que el problema toca a su fin en apenas diez días, porque si ambos no dan la talla en el Camp Nou u Old Trafford, después nada tendrá importancia: uno de los dos será vendido al mejor postor. El fichaje de un delantero galáctico es el gran tráiler de la próxima temporada.

La otra gran noticia o, mejor dicho, presentimiento es el regreso de Kaká a sus orígenes. Quizá haya entendido que siempre quedará eclipsado por Cristiano Ronaldo y por eso ya no juega agarrotado; tampoco se le pueden exigir méritos propios de un Balón de Oro, pero su mente no está nublada y podría convertirse en el socio letal del portugués. Curiosamente, Kaká se confirmó ante el mundo en Old Trafford en un Manchester-Milan inolvidable y dos goles de zancada y regates más antológicos, si cabe. Mourinho ha sacada a Kaká del diván del psicólogo y su titularidad en los duelos cruciales no es descabellada. Sin duda, sería la prueba definitiva del algodón para que Florentino confirme, de una vez por todas, si valió la pena traer a Kaká como si se tratase de un acontecimiento planetario.

 

Sueño de una noche de verano

Domingo, 10 Febrero 2013

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Florentino evocó por un momento aquel sueño (sí, sueño) de una noche de verano. Volvió como Luke Skywalker para devolverle a la galaxia el equilibrio fusilado por el ominoso Ramón Calderón, e imaginó al Madrid del futuro con Cristiano Ronaldo, Kaká y Benzema levantando Copas de Europa y, sobre todo, excitando a un Bernabeu que, con el permiso de Casillas, reclamaba ídolos. Ya desde la rentrée del presidente, a Cristiano se le atribuyó el estigma de líder, no en el vestuario pero sí por la gracia de sus goles; las victorias del equipo dependían del talento del portugués por la friolera de casi cien millones de euros. Arriesgado, pero una “bendita locura”, tal como dijo Lorenzo Sanz cuando se le preguntó en su día por el fichaje de Nicolas Anelka. En definitiva, un puñado de partidos evidenció que los nuevos éxitos de Florentino se convertirían en los de CR7: así sucedió en la final de Copa contra el Barça y la Liga pasada. Por contra, a Kaká y Benzema se les concedió el beneficio de la duda: habiendo sido los mejores en Milan y Olympique, el Madrid representaba el estrellato definitivo, sobre todo para el brasileño, cuyo merecido Balón de Oro no admitía dudas en sus credenciales. Desgraciadamente, aquellas presentaciones cósmicas de verano crearon una quimera demasiado frustrante para el presidente.

Hacía mucho tiempo que el Madrid no brillaba con la segunda versión galáctica en toda su plenitud. Sí, toda porque Kaká ha olvidado para siempre por qué Florentino incordió a los bancos para pedir el crédito de su fichaje, y ahora se ha reseteado en un jugador bueno, que no sublime, y sobre todo generoso en el esfuerzo. Su salida está cantada, y quizá sea en estos meses cuando desentumezca las piernas y evite ser nombrado gran pufo del siglo XXI. El caso de Benzema sí tiene un diagnóstico claro: aterrizó en Madrid como el paracaidista que lo hace en la selva ,sin saber dónde está el norte, y sólo la tutela de Zidane, más una urgente puesta a punto de su físico en una clínica, le enchufó a la inercia goleadora de sus compañeros. La pena es que esta temporada ha vuelto el personaje de monsieur empané y Mourinho no lo ha pasado por alto: está en proceso de recuperarse a sí mismo y con la chamba del vía crucis que sufre Higuaín desde su lesión. Benzema debe ser consciente que batallas como la del United no pueden ser libradas sólo por Cristiano…o a lo mejor sí.

El Sevilla fue el sparring perfecto que necesitaban los blancos para afilarse. Y no sólo eso: Mourinho usó el partido como banco de pruebas para testar al equipo y comprobar cuáles son sus límites. Por de pronto, sorprendió que sacara toda la artillería imaginable (es noticia porque nunca ocurre) a sabiendas de que la Liga se ha convertido en su pretemporada particular para afrontar Champions y la vuelta copera del Camp Nou. Quiso probar a Benzema e Higuaín para que se batieran el cobre y, a tenor del resultado, es el francés quien parte con más posibilidades de ser titular el miércoles. Y, definitivamente, mosqueó el regreso de Pepe…¡al centro del campo! El portugués justificó su extraña presencia en la medular por la expulsión de Higuaín; sin embargo, al entrenador le encanta la incertidumbre táctica para desorientar tanto al rival como a la prensa. ¿Quién no recuerda a Pepe conteniendo el centro del campo en el rally de los clásicos del primer año de Mou? Por si acaso, la duda queda ahí, aunque lo lógico es que se vuelva a unir a Sergio Ramos como central. Mourinho le necesita y el equipo más.

Rooney y Cristiano, unidos en el plan

Viernes, 14 Septiembre 2012

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Wayne Rooney esperó a que Cristiano Ronaldo abandonase el United para pergeñar su plan. Sir Alex Ferguson, entrenador y mentor a la vez, fío el liderazgo del equipo al delantero inglés. De repente, se había convertido en el ídolo de masas único y exclusivo, por delante del carismático Rio Ferdinand, quien en 2002 protagonizó el fichaje más caro de un defensa en el fútbol mundial (45 millones de euros). Asumir tales galones no sólo incluían la pleitesía de la prensa y la atracción del merchandising, sino también asumir críticas, habitualmente furibundas en el caso de la opinión pública británica. Y así lo fueron durante la primera temporada sin Cristiano, salvo que los mísiles de The Sun, Daily Mirror o The Guardian no apuntaron a Rooney, quien marcó 34 goles en todas las competiciones, sino a una plantilla en general que se había quedado coja tras la compra ‘cienmillonaria’ de Florentino Pérez.

La fiabilidad que había mantenido Rooney a base de goles le sirvió como coartada para pedir su consiguiente aumento salarial. Obviamente, el líder del club que siempre ocupa el primer puesto de las listas Forbes no podía figurar con ‘apenas’ 5,3 millones de euros al año; y más, cuando Cristiano ingresaba unos 10 kilos en el Real Madrid. En consecuencia, Rooney activó la maquinaria: la excusa oficial ante el director general del club, David Gill, fue que sus compañeros no tenían la competitividad que exigía la Liga de Campeones. Tal como desveló el propio Rooney cuando anunció la bomba de su marcha, la única razón para quedarse era “rodearse de primeras figuras mundiales”. Haber revelado que todo respondía a más dinero le habría enemistado con una afición muy pasional, cuyos ídolos se mueven por el color de la camiseta y no del dinero. En ese momento, Ferguson no podía permitirse otra fuga, no para un club que, cuesta decirlo, si no gana Premier o Champions, se le considera un fracaso. Por eso, la intención de Rooney pegó un giro de 180 grados en una semana: no sólo no quería irse, sino que el United “colmaba todas sus aspiraciones”…y sin haber fichado a ninguna estrella mundial. El nuevo contrato de 13,8 millones bien valía un buen puñado de críticas y decepciones. Su jugada maestra fue pasto de los tabloides ingleses: The Sun publicó que “la pataleta de Rooney indignaba a Inglaterra”, mientras que Daily Mirror  se preguntaba si había hecho tantos méritos para un súper contrato. Suerte que el United conquistó la Premier de esa temporada y jugó la final de Wembley contra el Barcelona para que la prensa olvidara la trama de Rooney.  

Cristiano Ronaldo también ha pergeñado un plan, el de la ‘tristeza’. Pero él ha arriesgado más: la semana pasada anunció en el facebook que su bajón no respondía a la codicia y que así quedaría demostrado con el tiempo. Que aún no haya desvelado el motivo responde a cierto tacto con sus seguidores, pues si hubiera utilizado las cámaras para pedir un aumento su popularidad se habría estrellado contra el parqué de la Bolsa. Sin embargo y aunque chirríe en la susceptibilidad de la gente, Cristiano tiene argumentos de peso para pedir una mejora tal como está construido el mundo del fútbol. No es lógico que su nómina y la de Kaká sean equivalentes, el primero lidera al Madrid y el segundo se esfuerza para que Mourinho no le eche; la estrella del club más mediático debe figurar en los primeros puestos de los mejores pagados del mundo, y apenas se cuela en el top ten; sus méritos en el campo, habiendo marcado ¡149 goles en 150 partidos!, deberían responder al segundo mejor sueldo, por detrás de Messi.

Paco González adelantó hace días que el Madrid no va a tocar el contrato de Cristiano durante esta temporada. Y mientras siga Kaká con su nómina de parado galáctica, CR7 deberá esperar, quizá sin tener que hacer esfuerzos tan titánicos sobre el césped. Porque el asunto de los mimos del presidente y el reconocimiento internacional está demasiado oxidado; de lo contrario, que mire en su vestuario, allí hay un portero que lo merece todo y no suelta declaraciones enigmáticas. Simplemente para balones.

Cuestión de velocidad

Sbado, 15 Octubre 2011

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El maestro Santi Segurola siempre ha defendido que el Madrid en el Bernabeu casi nunca pierde a los puntos, y menos con rivales de ‘otra’ liga. Pepe Mel, en un intento valiente pero suicida, lo sabía de antemano, aunque prefirió no traicionar su estilo…las consecuencias fueron lógicamente devastadoras. Porque el partido pintaba a goleada desde el momento en que los blancos marcaran el primero, que no llegó pronto porque Cristiano no calibró el fúsil. La crónica del 4-1 es la que más le gusta a Mourinho: un duelo a golpes cruzados hasta que mata el de siempre y deja al oponente aturdido hasta el final. Así fue el Betis, al que la lesión del sagaz Vadillo trastocó los planes ofensivos; de todos modos, con o sin el chaval, era obvio que le caería una ristra de goles una vez que le clavaran el primero. Y como sucede siempre, basta que al Madrid le adelanten las líneas en búsqueda de la igualada para que monte una bacanal romana. Precisamente, Mel había comentado en la previa que el arma de destrucción masiva preferida por su colega portugués era la velocidad del contraataque. Atinó como buen entrenador que es.

Cada partido es una prueba más irrefutable que el anterior de que el Madrid ha sido diseñado para volatilizar partidos en apenas dos o tres toques. Así como el guepardo prefiere cazar en la sabana africana antes que en cualquier otro hábitat, Mourinho va teniendo un once fetiche en el que el contragolpe y un puñado de metros neutros es su razón de ser. Y para este tipo de pruebas, da igual que el centro del campo no carbure; y eso que Xabi Alonso ha bajado el pistón en los últimos días. Lo de su escudero ya es un tema cansino: Mou se obceca con Lass y así será por los tiempos de los tiempos. El francés será útil para una guerra de trincheras, pero pierde de vista el balón cuando sus compañeros lo ruedan a toda pastilla. Gran culpa de ello lo tiene Kaká, que se ha olvidado de galimatías psicológicos y por fin ha captado el mensaje de su entrenador…coger el balón con espacios y llevarlo a base de zancadas al área contraria. Extraña que Pellegrini no exprimiese al brasileño en ese detalle durante su primer año, aunque las inclinaciones tácticas del chileno distan mucho de las de su sucesor.

Pero, obviamente, la foto de Higuaín es la que aparecerá en las portadas de toda la prensa. Tuvo su primera oportunidad en Cornellá y descubrió que el fútbol de su equipo es de su mismo rollo. Hoy, más de lo mismo, con el consentimiento de Di María, cuyo pase en el primer gol entra en el catálogo de mejores asistencias de la Liga. Sin duda, Mourinho agradecerá que el ‘Pipita’ conciba su existencia como un examen continuo. Esta semana, su padre, Jorge, confesó que Higuaín “siempre está en discusión”….razón no le falta. Si el mister lo escenifica así para motivar a su delantero, el efecto está siendo bestial. El segundo ‘hat trick’ consecutivo ya está alimentando el siguiente debate: Benzema o él. Es una discusión sana que a buen seguro sobreexcitará a ambos y, por qué no decirlo, es jodido para quien debe elegir. Quizá el francés se mueva mejor en ataques más estáticos, por eso, el perfil de Higuaín garantiza más disparos a puerta y, sobre todo, mayor facilidad de pase para Di María, Kaká y Özil. Por cierto, el alemán está abúlico, hoy se le ha visto lento de piernas…y Di María viene avisando por detrás a toda velocidad. Puede que ahí surja otro debate.  

Pistoleros y estrategas

Domingo, 7 Agosto 2011

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Al gran Tomás Guasch no le ha sorprendido la meteórica progresión de José Callejón. Su fichaje por el Madrid sonaba a moneda de cambio o pack de jugador más un puñado de millones por otra estrella; incluso, se le intuía como banquillero de lujo para minutos coperos. Pero Guasch me advirtió antes de pretemporada que el ex canterano blanco incordiaría en los planes de Mourinho, pues es “un tío de brega que va al choque y se mancha la camiseta”. Y, ciertamente, al portugués le gusta mandar a futbolistas de este perfil. Ha venido para agrietar defensas desde la banda, cometido al que podría haber aspirado Pedro León, perdido para la causa, y podría hacerse un hueco titular en el once de la Supercopa; ha marcado goles y los ha dado mejores. Por eso, en el Espanyol se preguntan de dónde le viene el tino (allí marcó diez tantos…en casi cien partidos). Quizá sea precipitado meterlo en el once fetiche de este Madrid, aunque su estilo driblador y las aspiraciones de Mou con él recuerdan a Santiago Solari, el jugador número doce de la ‘época galáctica’. Bien le vendría al equipo revalorizar cantera con detalles como la adquisición de Callejón: demuestra que sí es posible alcanzar el primer equipo, aunque sea con paciencia y rodeos. Además, él sí ha debido nacer para jugar en el Madrid; al menos, era su pretensión desde alevín. Tal es su desaforado madridismo, que la temporada pasada, siendo jugador del Espanyol, llegó con cara de pocos amigos al entrenamiento matinal posterior al 5-0 del Barça en el clásico.

Quien también debería entender el vademécum del club es Özil. Aúna las mejores cualidades de Guti y su entrenador le ha concedido la oportunidad de salirse del mapa; el año pasado amagó con una ristra de buenas actuaciones y para este curso su función es el de aligerar la responsabilidad de Cristiano Ronaldo. Si el Barça cuenta con Xavi e Iniesta como apuntadores estrellas del equipo, Ózil también debe hacerse un hueco en los créditos principales. Porque a la espera de su regularidad definitiva, el Madrid seguirá pendiendo de la inspiración del portugués, siempre el mejor en pretemporada, temporada y postemporada. Pero la dimensión exagerada de CR7 juega a favor del alemán: un par de malos resultados no se le tendrán en cuenta, pero si se concentra en su talento partido a partido, llegará a ser un mito silencioso, como Xabi Alonso, y evitará concursos tan paupérrimos como el que protagonizó durante el mes frenético de los Madrid-Barça, en el que en unos duelos fue suplente y otros sustituido por falta de soluciones. No obstante, se le ve fresco este verano, con soltura para repartir pases entre líneas y desatascar barullos en el área….ha encontrado en Benzema a su compañero de aventuras y mientras el delantero se emborrache de goles, el mérito de Özil no decrecerá.

Por cierto, Benzema está tan espabilado como las pasadas navidades, cuando Mou le dio un toque para que meditara si realmente valía los 35 millones que Florentino pagó por él. Entonces, se hinchó a golear y parece que ha vuelto a pillar el tranquillo. A lo mejor esa clínica extraña que le recomendó Zidane le ha reseteado….o puede que tanto rumor sobre la cresta más mediática del momento le haya puesto en guardia. Porque, a tenor de la facilidad goleadora del Madrid, Neymar quizá no sea el delantero tan imprescindible que está sobredimensionando el Santos; Benzema se ha ganado los primeros minutos oficiales e Higuaín espera al acecho una racha aciaga de su competidor. De todos modos, me fío de mi compañero de COPE, Fernando Evangelio, quien insiste que Neymar no es otro Robinho mejor vendido…pero sucede que a este Madrid no le urgen pistoleros, sino estrategas. Y, de momento, en ese rol Xabi es el más preciado, Özil está opositando y ya veremos qué sale de Sahin, cuando se recupere……porque Kaká no es quien esperaba el presidente. 

Ruedas de prensa

Domingo, 10 Abril 2011

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Era la décima vez que comparecía ante las cámaras. Y para un tío de fútbol, salir a la palestra no es ningún marrón. Porque el morbo en la sala de prensa de San Mamés consistía en averiguar las razones del nuevo plante de Mourinho; Karanka lo explicó con concisión: es la logística del portugués. Y he de confesar que, aunque estemos poco acostumbrados, me parece una idea genial. El segundo entrenador no camufla con rodeos las explicaciones…”¿tirar la Liga? El 0-3 demuestra que todos están capacitados para jugar en este equipo”. El problema es que Mou es proclive a chulerías verbales o verdades políticamente incorrectas, y eso es precisamente lo que buscamos en la prensa. Rellenar titulares con insinuaciones veladas gusta más que analizar los partidos. Gran error por nuestra parte. Ciertamente, al público no le importa tanto los circos mediáticos como que su equipo gane o pierda. Al fin y al cabo, se trata de que el balón entre.

Y con la que se avecina en las próximas tres semanas, es normal que el mister se oculte: ¿cuántas preguntas le habrían hecho sobre el partido del Athletic ? La de rigor por Kaká y poquitas más. Ya habrá tiempo de analizar el puñado de clásicos que van a sobreexcitar al país. Y eso que el de Liga es el menos apasionante, pero el que más incertidumbre aguarda: ¿arriesgará Mou con el equipo de gala o sacará el once de ayer? La segunda opción levantaría sospechas, el Madrid no puede sestear aunque la distancia con el Barça sea casi sideral. El caso es que haga lo que haga, le caerán palos: al madridismo le pone la final de Mestalla y las semis de Champions, la Liga es malgastar esfuerzos porque, aún ganando  al Barcelona, a éste le queda lidiar con equipos de media tabla para abajo y al Madrid tres visitas a miuras: Valencia, Villarreal y Sevilla. Pero al primer clásico le queda una semana y al del Tottenham cuatro días. Y en este trámite sí saldrán los mejores, porque la Champions es a veces traicionera y el Madrid necesita a sus mejores jugadores para aguantar los primeros minutos que a buen seguro consistirán en embestidas inglesas aderezadas con cánticos de guerra en White Hart Lane.

Respecto a Bilbao, Mourinho por fin puede alardear de fondo de armario, como cualquier plantilla que maneje presupuestos tan mareantes. Lo que era intolerable es que Cristiano jugase todos los partidos sin excepción; aunque parezca un terminator, tarde o temprano tenía que romperse por algún lado. Su golazo (con la frivolidad en el regate de tacón previo) evidencia que está listo para acometer el desenlace de la temporada. También debería estarlo Kaká, pero su gran partido de ayer no pasa de ser un buen indicio…le faltan pruebas más duras para contentar a Florentino. Además, le favoreció mucho la inercia del juego: si el Madrid opta por el contraataque (opción nada descabellada para la fisonomía del equipo), el brasileño se aprovecha de su regate por zancada y los pases al espacio para que Higuaín o Di María se desmelenen. Ése es el estilo que le pirra y del que el entrenador tampoco reniega. De lo que sí tendría que abjurar Mou es de vacilar a todos poniendo a Pepe de centrocampista: suena a chiste, pero intuyo que es un amago de acorazar a la defensa en partidos de mucho pressing y, claro está, siempre a domicilio. No creo que tal ocurrencia sea del agrado del Bernabeu.

¿Y el Barça qué? Pues que la supuesta falsa modestia de Guardiola no va a resultar tan engañosa. El Shakhtar se llevó cinco goles pero tuvo otras tantas ocasiones para haber nivelado la eliminatoria y el Almería, que venía descompuesto y asomado al abismo de Segunda, se ordenó en defensa y le metió éxtasis el clásico del sábado por unos minutos. El Barça ganó porque el 0-1 le espabiló y  el colista no iba a aguantar lo que se le venía encima. Una pena la lesión de Bojan, que había pillado la onda de sus compañeros en los últimos partidos. Fue paradójico pero ayer no decidió la inspiración de Iniesta o Xavi, sólo un salida a destiempo del portero Alves en su penalti a Villa y un remate de córner aclararon el panorama azulgrana. Así también gana el Barcelona. Sólo falta saber qué versión sacará en el Bernabeu: la del paseo militar de los últimos años o una más especuladora. Guardiola confesó que irán a ganar y punto…Karanka no se atrevió a ser tan contundente, ¿orden de su jefe?

Cuestión de estilos…y sofismas

Martes, 8 Febrero 2011

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Paco González espetó el pasado domingo en Tiempo de Juego que prefería los partidos de toma y daca del Madrid a las goleadas abusivas del Barcelona. Pensé ipso facto que ironizaba, pero se mantuvo firme cuando Lama, durante el Madrid-Real Sociedad, le replicó que él no. La cuestión planteada estaba matizada en aras del espectáculo y, aunque soy de los que flipa con el mejor fútbol jamás visto del Barça, la reflexión de Paco no era descabellada. El Madrid se gusta en envites arriesgados, con el partido en cocción rápida y sin mucha meditación; funciona a arreones y con ese punto de ‘masoquismo’ que le enchufa al partido. Porque vivir constantemente en el alambre (cada domingo es una final puesto que el líder nunca falla) le sobreexcita y más en el Bernabeu, donde se faja cómodo a los puntos.; da la sensación de que este Madrid, igual que los de la última década, necesita recibir para espabilar. La Real Sociedad fue una merienda fácil, pero aún así probó a Casillas, por si acaso. A diferencia del Barcelona, al Madrid sí se le puede hacer daño. Y eso que con Mou la defensa ha mejorado bastante respecto a años anteriores.

En el artículo de la semana pasada Le queda hablar de fútbol escribí que Mou todavía no había estampado un estilo táctico al equipo. No obstante, hasta el 5-0 del Camp Nou el portugués exigía presión asfixiante desde arriba; después del fatídico clásico, el Madrid perdió esa virtud porque a los jugadores se les acartonaron las piernas o, una más trascendental, cuestión de ‘coco’. El caso es que ante la Real, y pongo de ejemplo este partido porque es el mejor que ha jugado en 2011, a Cristiano se le vio más suelto e incluso Adebayor incordiaba sin balón de tal manera que la defensa donostiarra no encontraba más solución que deshacerse de la pelota. Además, como la Real no puso un cerrojazo descarado, Özil encontró carriles sin obstáculos para montar contraataques. Precisamente, ése es el método en el que mejor se desenvuelve el Madrid; pero no es ninguna novedad: a Ronaldo, el brasileño, se le fichó para golear así, cogiendo a la defensa a pie cambiado. Y haciendo un seguimiento exhaustivo a Cristiano y Kaká, ambos  se gustan más cuando tienen espacio para aprovechar su reprís. Suena raro, pero al Madrid que debería marear la pelota le va al contraataque.

En consecuencia, los partidos que el Madrid no mata pronto molan por aquello de la incertidumbre (aunque casi siempre se los lleva) y en los del Barça el reclamo es ver goles de todos los colores. Ya sólo falta que Messi clave uno de ‘escorpión’ y Abidal otro de chilena. Porque la resistencia del rival de turno dura lo que se le antojo a los azulgranas y por ello, queda la gracia de comprobar si este equipo supersónico puede meter diez en un partido, puesto que hacer cinco le cuesta bien poquito.

Y como no sabemos a ciencia cierta si el Madrid está definitivamente a gusto consigo mismo, me han desconcertado las sorprendentes declaraciones de Mourinho a Sky Italia: quizá sea otro sofisma para animar al vestuario y quedar bien ante la opinión pública, pero desde luego pocas veces se atreverá a abandonar su pose chulesca para ahondar en una derrota suya. “El 5-0 no se olvida, hay que recordarlo”, muy inteligente por su parte: si el Madrid gana la final, la entrevista será rescatada y si pierde, la coartada será el mismo Barcelona (contra el mejor siempre se puede claudicar). Tal vez su carácter no le deje reconocerlo, pero las victorias han supuesto que el Madrid haya pasado su particular rubicón, el copero, con todos los riesgos que arrastra. Y ese paso adelante obliga a ganar la Copa o, por lo menos, ser competitivo, porque de lo contrario no mucha gente opinará “que no pasa nada si acaban segundos”. Copa o Champions, ésas fueron las apostillas que se le olvidaron a Mou para terminar la frase ¿las omitiría a posta?

Puro cachondeo

Mircoles, 26 Mayo 2010

¡Milagro!, Kaká se ha recuperado. Ha sido llegar a la concentración de Brasil y ponerse a brincar en el entrenamiento como un alegre juvenil. Ni lesiones musculares, ni pubalgias, Kaká está a tope, o eso nos dicen desde allí. Su sospechosa recuperación contrarreloj desprende el tufillo que el madridismo temía. Quizá esté a tope, pero la sensación de que no se ha exprimido lo necesario en el Madrid para llegar intacto al Mundial no se va ni con aguarrás. Al brasileño no le queda otra que hacer un buen campeonato (de lo contrario, más de uno en el Madrid se habrá arrepentido de su fichaje) y, sobre todo, aprobar la reválida de la próxima temporada. Ésa sí que será definitiva.

El fútbol a veces no deja de ser puro cachondeo: Mourinho soltó que se largaba al Madrid casi antes de que Zanetti levantase la Copa de Europa, ni siquiera se pasó por los fastos preparados en Milan y resulta que Moratti le invita a cenar a su casa.  Encima, dicen que Mourinho intentó convencer al presidente del Inter de que se olvide de esa cláusula de ‘sólo’ dieciséis millones. Y vale que Mou tendrá un poder de convicción absoluto para lograr que Eto’o defienda sin rechistar y que el mundo entero le rinda pleitesía, pero persuadir a Moratti de que le deje irse gratis…

También ha aparecido en escena Del Nido, ¿cómo no? Se ha hartado pronto de las insinuaciones por Jesús Navas. Ayer dijo que quien lo quiera, le costará ‘sangre, sudor y lágrimas’. Bueno, quizá no haga falta tanto porque vino a decir lo mismo cuando el Arsenal se llevó a Reyes o el Madrid a Ramos y Baptista. Si Florentino le planta en la mesa un cheque de veinticinco o treinta millones por Jesusito, quienes llorarán serán los ‘Biris’.

A todo esto, el lenguaraz Maradona volvió a hablar, pero esta vez no la lió. Por fin pensó con coherencia, aunque si fuera madridista estaría un poco mosqueado: jamás le escuché decir que “la gloria es hoy el Real Madrid”. El comentario se agradece, pese a que Maradona no haya atinado mucho. El Madrid es glorioso, sí, pero, precisamente, la gloria de los últimos años se la han llevado el ocaso de Florentino, el circo de Ramón Calderón y esta temporada de despilfarro.

Y por último, nos sigue quedando Guti. Lleva meses vociferando que se marcha del Madrid para emprender una aventura ascética en Tailandia con una vespa; le abren la puerta desde Turquía para que vaya acercándose a culturas más espirituales. Y ayer espetó que tiene un año más de contrato y aún no ha decidido nada. Como diría Sherlock, “elemental querido Watson”: con el pastizal que tiene firmado en Madrid y sabiendo que ni Mou le exigiría mucho en su última temporada, como para irse a vivir fuera.