Blogs

Archivo de la categoría ‘Keylor Navas’

Un Madrid sospechoso

Martes, 27 Septiembre 2016

despeje-k4lf-620x349abc.jpg

“Se ha perdido la costumbre de blocar el balón”. Palabra de una leyenda silenciosa. La de Bodo Illgner, campeón de todo con el Madrid y que añora a los colegas de su época. En los noventa, cualquier guardameta alemán atajaba por tierra, mar y aire sin ínfulas de ‘palomitero’, tales derechos de autor pertenecían a Paco Buyo. Suelen decir los porteros que la primera parada alimenta la autoestima y la segunda alivia a la defensa. Keylor Navas, héroe y villano en noventa minutos, escaló del infierno al cielo con dos estiradas de ‘gato’ Ablanedo. Despejó melones en la primera parte y se estiró de palo a palo cuando el Borussia engullía a los blancos, con la grada vertical incluida. Reapareció en un campo maldito contra los velocistas más rápidos del fútbol europeo: Aubameyang para los 100 metros lisos y Ousmane Dembélé (atentos a este nombre) los 110 vallas. No se cansa de regatear bosques de piernas y sólo le falta mala leche; de haberla tenido le habría hecho un traje a Danilo. No ganó el Madrid porque últimamente huele la sangre pero no desgarra la yugular. El 1-2 había dejado un último round perfecto para que Cristiano y Bale sacasen la cuchilla con toda la autovía por delante. A estas alturas todavía hay cierta prensa pejiguera que se ruboriza cuando el Madrid juega sin balón: estalló en tiempos de Mourinho y se calmó con Ancelotti, verdadero amante de la posesión. No obstante, si el entrenador del Barcelona, en un arrebato de sinceridad, dice en Leganés que “la posesión a veces no vale para nada” (1-5), entonces al Madrid no tiene sentirse ofendido. Si lo dicen hasta en el Barça…

Segundo debate nacional. La sombra de Casemiro es demasiado alargada. Él es la antítesis de por qué Zidane no debe insistir demasiado con el 4-3-3, que deshace al equipo como la mantequilla en este tipo de montañas rusas que plantea el Dortmund. Zidane ha entendido de entrenador que para pintar un Renoir también necesita una brocha gruesa. Ése es Casemiro, el chico de los recados que se come marrones y cubre palmo a palmo todo el césped. Adonde no llega nadie, aparece el brasileño. Su ausencia es una pesadilla para Toni Kroos, que ya no puede practicar ese preciso putt a ras de suelo porque tiene que dedicarse a la fontanería. Por eso es tan valiosa gente como Busquets o Case, un producto de edición limitada que sólo se encuentra en el mercado por un pastizal. Incluso, Florentino Pérez lo tiene claro: su ‘5’ no es galáctico pero evita posibles ‘galacticidios’. Cuesta creer que una plantilla tan calibrada y fabricada entre miles de muestras no tenga un simple repuesto para Casemiro. O no existe o no es suficientemente bueno. El caso es que Zidane quería quedarse con el canterano Marcos Llorente, albañil llamado para grandes construcciones, pero el club prefirió que se fogueara en el Alavés el primer año.

Y tercer debate nacional. Benzema vuele a amagar con la versión soporífera de Monsieur Empané.  Sólo él podrá explicar si su cabeza está puesta en el Madrid o se distrae con las posibles consecuencias judiciales del engorroso caso Valbuena. Ahora es un superclase en horas bajas, defendido por Cristiano como su “mejor socio”. Ha surgido una corriente de opinión que sospecha de su titularidad: si juega por decreto, la culpa es para el técnico. Si es por meritocracia, la respuesta sólo la entiende Zidane, también. A este Madrid de gatillo fácil no le urge un delantero que salga del área y haga de cada jugada un mecano; Morata es la solución más simplona y contundente. Siempre merodeando el punto de penalti, su ametralladora dispara desde cualquier distancia. Es el clásico delantero centro  que va acabando con la moda de los falsos nueves que puso en órbita Guardiola. Lo advirtió el canterano en una entrevista para Alemania: “El Chelsea ofrecía por mí 70 millones”. Conociendo a Morata, no le traicionó el subconsciente. A veces la prensa es la hoja de reclamaciones perfecta. 

Ni siquiera el Madrid sabe a quién quiere

Lunes, 28 Marzo 2016

david-de-gea-manchester-united-thibaut-courtois-chelsea.jpg

Thibaut Courtois fue protagonista sorpresa en las oficinas del Santiago Bernabéu durante unas semanas. Su padre y representante, Thierry, llamó varias veces a José Ángel Sánchez, director general, para sugerir su contratación. Consciente de que el Real Madrid todavía no había garantizado a Keylor Navas un dorsal fijo para la próxima temporada, y que el fax de De Gea quizá vuelva a llegar tarde, o directamente ni lo envíen, el portero del Chelsea necesita un equipo ganador y el Madrid asegurar unos guantes para un puñado de años. Courtois fue la primera opción del presidente Florentino por unos instantes, hasta que la COPE informó que el club mejorará el sueldo a Keylor en junio por méritos indiscutibles. El Madrid de hoy sobrevive por las paradas del costarricense y los goles de Cristiano, recordando aquella apoteosis galáctica de Iker y Ronaldo (el brasileño). El guardameta merengue trabaja hasta la extenuación en Valdebebas, partido a partido como el Cholo, sin alzar todavía su mirada a la planta noble. Y aunque no lo sepa, su profesionalidad alivia a la directiva de otros casos embarazosos, como los de Özil y Di María. El padre del alemán forzó su venta al final de la era Mourinho, después de que su hijo mezclara en un cóctel molotov vaguería y falta de compromiso. Sus mejillas rollizas con la camiseta poca empapada delataban sus vicios nocturnos. Di María retó a Florentino y le pidió un contrato desorbitado; pensó que había sido el héroe de la Décima (desde luego, se echó el equipo a la espalda) y que merecía cobrar como la élite.

Keylor y su agente, Ricardo Cabañas, saben que el Madrid no negocia renovaciones a mitad de temporada, pero Zidane ya ha comunicado a sus superiores que le gusta su portero para el próximo proyecto. Courtois se quiere ir del Chelsea sin esperar a que Antonio Conte, próximo entrenador blue, le intente convencer en cinco minutos o con más ceros en la cuenta bancaria. A De Gea aún le retumban las palabras de Jorge Mendes la medianoche del 31 de agosto, justificándole con resignación que un problema burocrático había frustrado su fichaje. Él lo ha tenido que aceptar reivindicándose en Old Trafford con paradas imposibles ante una afición que le adora y ansía que José Mourinho le retenga en Manchester. Su destino no se jugará al Monopoly, porque no se trata de quien ponga más pasta, sino que es un misterio de Cluedo. De Gea no quiere seguir con Van Gaal; Mourinho no le soltará al Madrid con ligereza, y Zizou no se va a desvivir por él.  Ni siquiera el Madrid sabe a quién quiere la próxima temporada. La sombra del mejor Casillas sigue siendo demasiado alargada. Empecemos por ahí.

Estado de Defcon 2

Lunes, 14 Marzo 2016

Casemiro y Keylor Navas salvan al Real Madrid de un nuevo rid</p>  <div class=

Zidane anunció el estado de Defcon 2. “Jugando así no vamos a ninguna parte. Perdimos una cantidad de balones alucinante”. La plantilla que más millones amasa sobrevive por las salidas de su portero, de efecto expansivo como las paradas del mítico David Barrufet.  Dijo una vez Fernando Hierro que el Real Madrid necesitaba un guardameta que parase los “dos o tres balones” que le llegasen; el problema es que antes eran las paradas de Casillas y los goles de Ronaldo, y hoy es Keylor Navas por tierra, mar y aire. Una torpe o pérfida artimaña del Manchester United (más creíble lo segundo) retuvo al costarricense en el Bernabéu y, caprichos del destino, sus actuaciones han amortiguado el griterío de ¡Florentino, dimisión! Al fin y al cabo, uno de cada dos partidos depende de que Keylor saque el desfibrilador. En Las Palmas fue el único que se preparó para el bombardeo inicial y la agonía final; el resto del equipo activó el modo avión para ganar por la inercia de la pegada. El plan sigue siendo que no hay plan, y aunque Carvajal diga a ras de césped que jugaron con las “líneas más juntas y defendiendo bien”, la opinión de la calle despotrica de su fútbol. Quizá el madridismo no haya asimilado que sólo el Barça puede ganar sin plan y con Messi, y que la diferencia entre Zidane y Rafa Benítez es que anoche el francés se vio obligado a la autocrítica sin la coartada de los números.

El Madrid deambula por la Liga esperando que suene la campana y desesperado por acabar con estos marrones en tierra de nadie: en el horizonte desapareció el liderato y el colchón de seguridad con el Villarreal cada vez es más mullido. No habrá una  previa molesta en agosto y sí una pretemporada poco cargada de compromisos publicitarios y visitas a embajadores. El club más valioso del mundo necesita reducirse a un equipo de fútbol en el que el entrenador ensaye tácticas y prepare partidos sin preocuparse del estiércol mediático que rodea el día a día del Real Madrid. El técnico debe limitarse al césped, para el resto de discursos busquen otros despachos. Hasta entonces, el Real Madrid seguirá siendo una fábrica de noticias que apañen programas deportivos y anécdotas que apilen el papel couché.  Es el periodismo de hoy, que en su mayoría aplaude la crisis permanente que satura las charlas de barra de bar. Sin embargo, por pura probabilidad o porque las decisiones deportivas se copien del Barça (la verdad duele), el Madrid volverá a regalar portadas a sus aficionados: la de la quinta Liga de la Quinta del Buitre: la de la volea de Zidane; la de Mijatovic que sucedió el día después de que Marca publicara al abuelo bonachón del anuncio de Mitsubishi preguntando aquel famoso “¿Y el Madrid qué, otra vez campeón de Europa?”

Intervenciones divinas

Martes, 22 Septiembre 2015

“Tendríais que ver un entrenamiento suyo, es un auténtico espectáculo. Tan pronto está volando de un palo a otro como salta desde el suelo, hace una voltereta y ataja un balón sin saber su dirección. Necesita dos camisetas por sesión porque la primera siempre queda empapada”. De una tacada Joaquín Caparrós describe cómo es el día a día de Keylor Navas. De la ciudad deportiva de Buñol a Valdebebas en silencio, sin armar bulla. La Biblia es su referencia y Dios su guía espiritual. Detrás de cada parada está su imagen divina; detrás de cada estirada, una oración. Reza al levantarse y al acostarse, y como los caminos del Señor son inescrutables, Keylor se entrena a tumba abierta, como si no hubiera mañana.  “Uno nunca será un gran portero o ‘porterazo’, como dicen ustedes, si no acaba el día empapado de sudor y manchado del verde de la hierba”.  El esfuerzo no se negocia (patente de Simeone), es el ritmo de su Pura Vida, el código con el que los costarricenses se identifican por el mundo.

La portería del Real Madrid todavía busca sucesor. La sombra de Casillas es demasiado alargada porque contra los mitos no se puede luchar. Pero Keylor sabe evadirse de ese grosero runrún y concentrarse en las medidas de la portería; “ni escucho, ni leo todo lo que me rodea”, dijo anoche en El Partido de las 12 de COPE. Y para un tío con una fachada relajada, que nunca ha roto un plato (su madre Sandra da fe), la efigie del ex capitán se mira con respeto y admiración, punto. Ni comparaciones odiosas ni recuerdos nostálgicos: el Bernabéu aplaude a rabiar la agilidad de su nuevo portero, al que la prensa aún no ha puesto apodo. La pantera de Manolo Lama le queda niquelada, a partir del miércoles comenzarán a escucharlo en sus narraciones. El proyecto Keylor Navas ha empezado impoluto, sin goles, y con un punto de inflexión crucial: el pasado 31 de agosto, cierre de mercado. Olía a noche fatídica para el costarricense, las sobras del plato que acapararía De Gea. Pero un ¿despiste burocrático? o la intervención divina retuvieron a Keylor en Madrid casi a punto de subirse a un avión con destino Old Trafford. “Lloré después de aquel día”, confesó a la COPE sin ruborizarse. Al fin y al cabo, que el Bernabéu le haya jaleado en dos partidos consecutivos, Betis y Granada, sólo tiene una razón: miren al cielo.

Keylor es un tipo agradecido y, siempre que puede, se deshace en elogios hacia su mentor, compatriota y entrenador de porteros de la selección nacional. En el 2010, un mito del Albacete Balompié, Luis Gabelo Conejo, convenció al presidente del club manchego, Rafael Candel, para que fichara a prueba a Navas. “Del aeropuerto de Barajas a mi despacho de Campollano, tal como hicimos con Conejo”, anunció Candel en la presentación del portero del ‘Alba’. Keylor puede detallar todos y cada uno de los partidos que jugó Conejo con el ‘Queso mecánico’ de Benito Floro de principios de los noventa: “He visto muchos vídeos de Conejo pero no en vivo porque tenía cuatro o cinco años”, contó en una charla desenfadada con periodistas costarricenses durante la primera semana del Mundial. Lo que sí guarda como una reliquia es una cinta resumen de su selección en el Mundial de Italia 90, donde Costa Rica sobrevivió en el grupo de Brasil, Escocia y Suecia con palomitas gloriosas del que fue guardameta de aquel coqueto ‘Alba’. “Lástima que Conejo no jugase los octavos contra Checoslovaquia”, suele contar el portero del Real Madrid, quien,  a pesar de su nueva y sobredimensionada exposición pública, no tiene reparos en coger el teléfono para responder a la prensa; ni siquiera en dar el número de su habitación del hotel de concentración para atender con más calma a cualquier entrevista durante el Mundial. Por algo, es profesional desde que se pone los guantes por la mañana hasta que se duerme leyendo pasajes bíblicos.

Con ‘K’ de Keylor

Martes, 5 Agosto 2014

keylor.jpg

Joaquín Caparrós nunca ha ocultado su admiración por Keylor Navas. “Tendríais que ver un entrenamiento suyo, es un auténtico espectáculo”, suele comentar a cualquier periodista que le pregunta por la flamante sensación del Mundial. “Tan pronto está volando de un palo a otro como salta desde el suelo, hace una voltereta y ataja un balón sin saber su dirección. Necesita dos camisetas por sesión porque la primera siempre queda empapada”. Para Keylor todos los entrenamientos de la semana son tan trascendentales como jugar en el Bernabéu o Camp Nou. “Ir a la ciudad deportiva del Levante es un rito diario, el de aprender a ser mejor profesional”, confesó el portero en una entrevista la pasada temporada; “uno nunca será un gran portero o ‘porterazo’, como dicen ustedes, si no acaba el día empapado de sudor y manchado del verde de la hierba”.  El sacrificio del trabajo es el ritmo de su Pura Vida, el lema que todos los costarricenses han coreado con cada gol de su selección, con cada parada de Keylor. Lo demás apenas importa para uno de los mejores profesionales que conoce el fútbol de élite. Costa Rica entera siente orgullo patrio por su portero hasta el punto que el presidente de la nación, Guillermo Solís Rivera, pidió una audiencia personal con él cuando los ‘ticos’ regresaron de su triunfal periplo mundialista.

Pero Keylor es un tipo agradecido y, siempre que puede, se deshace en elogios hacia su mentor, compatriota suyo y entrenador de porteros de la selección nacional. En el 2010, un mito del Albacete Balompié, el portero Luis Gabelo Conejo, convenció al presidente del club manchego, Rafael Candel, para que fichara a prueba a Navas. “Del aeropuerto de Barajas a mi despacho de Campollano, tal como hicimos con Conejo”, anunció Candel en la presentación del portero del ‘Alba’. Keylor puede detallar todos y cada uno de los partidos que jugó Conejo con el ‘Queso mecánico’ de Benito Floro de principios de los noventa: “He visto muchos vídeos de Conejo pero no en vivo porque tenía cuatro o cinco años”, contó Keylor en un charla desenfadada con periodistas costarricenses durante la primera semana del Mundial. Lo que sí guarda como una reliquia el todavía portero del Levante es una cinta resumen de su selección en el Mundial de Italia 90, donde superaron el grupo de Brasil, Escocia y Suecia con palomitas gloriosas del que fue guardameta de aquel despampanante ‘Alba’. “Lástima que Conejo no jugase los octavos contra Checoslovaquia”, suele contar el nuevo portero del Real Madrid.

Las televisiones del Mundial acabaron percatándose de su habitual rito: antes de cada partido se arrodilla sobre la línea de gol de la portería y reza una oración. No en vano, la Biblia es su libro de referencia y Cristo su guía espiritual Sus conversaciones divinas surten efecto porque batir de penalti a Keylor Navas es casi una hazaña homérica (en la última Liga le marcaron la mitad de los que le chutaron). En la pasada tanda de penaltis contra Grecia de los octavos de final, Fernando Santos, el seleccionador de los griegos, dio una serie de instrucciones a sus lanzadores para que calibraran bien sus fusiles; conocía la fama de ‘parapenaltis’ de Navas, sobre todo con esos dos penaltis que detuvo en un minuto a Jorge Molina en un Levante-Betis liguero. Pocas veces un país dependió tanto de un portero, por eso, hoy más que nunca es héroe nacional en Costa Rica; la presentación en el Bernabéu ha pillado de madrugada allí pero retumbará en todos los telediarios casi tanto como la proeza mundialista. Y no tiene reparos en coger el teléfono para responder a la prensa; ni siquiera en dar el número de su habitación del hotel de concentración para atender con más calma a cualquier entrevista. Por algo, es profesional desde que se pone los guantes por la mañana hasta que se duerme leyendo pasajes bíblicos.