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Alemania vintage

Martes, 21 Junio 2016

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Thomas Müller no es el mejor futbolista del mundo, pero sí es el mejor del mundo en lo suyo”. Jupp Heynckes habla en muy contadas ocasiones y cada discurso suyo llena auditorios. Van Gaal brindó a Muller su primera oportunidad y fue Heynckes quien disparó su meteórica carrera. Salvando las distancias, el media punta de la Mannschaft tiene cierto aire a Raúl González: su carrera es antiestética, su disparo no intimida y el regate es poco escurridizo. Pero siempre está ahí: rematando centros imposibles, abriendo en canal defensas de hormigón e inventando pases en medio metro cuadrado. Müller es el perfecto ‘falso nueve’, lo supo Guardiola y le imitó hábilmente Joachim Löw desde el pasado Mundial de Brasil. Las míticas selecciones del ‘Torpedo’ Müller, Klinsmann, Bierhoff o Klose han evolucionado hacia una coctelera en la que el propio Thomas Müller, Özil y Kroos han desengrasado un estilo tan mecanizado.

Alemania no juega al ritmo de Iniesta, pero de vez en cuando saca a pasear aquella apisonadora que destripó a Brasil en la mayor humillación del fútbol contemporáneo. Su fútbol suena muy vintage, con delantero centro, y no necesita galimatías tácticos para despistar al rival. El juego alemán del pim, pam, pum perdura por los siglos de los siglos. Dice Bernd Schuster, cuya renuncia a la selección todavía es considerada un sacrilegio en el país, que “Alemania es el Real Madrid de Eurocopas y Mundiales”. Quizá tenga razón, porque manejan el tempo de las competiciones como nadie y callan a su prensa crítica cuando se acaba el fogueo. Se sobreexcitan con pesos pesados y, como Muhammad Ali, eligen al boxeador del momento para decir ‘aquí estoy yo’. A pegada es imposible ganarle porque Löw confía ciegamente en la estructura metálica que empieza por Neuer y sostiene Khedira, el pivote innegociable del seleccionador. El ex madridista mantiene el don de la apariencia, paquete para España y un ídolo en su país. Es la diferencia entre ensayar con alevines una genialidad de David Silva, y la querencia germana por los trotones en las escuelas.

El efecto dominó de la infantería alemana provoca que Toni Kroos juegue sin corsé. En la Mannschaft Khedira desatasca cañerías y Krooos copia a Xabi Alonso. Sin mirar de reojo a su defensa, el madridista coloca pases de cuarenta metros y luce ese putt tan tan característico en su pierna derecha. Löw no traicionó la costumbre patria por tercera vez: del falso nueve contra Ucrania y Polonia, hoy hizo caso a la opinión pública colocando un boya en el área, Mario Gómez. Cualquier club de la Bundesliga construye su plantilla a partir de un delantero centro y un francotirador. Por eso, Guardiola fue un genio incomprendido. Alemania volvió a ser Alemania. 

La hora del estratega

Domingo, 19 Abril 2015

“Es la hora de Lucas Silva. Para eso le hemos traído”. Es la reflexión de madrugada de un vocal del Real Madrid instantes después de conocerse el fatídico diagnóstico. Modric se pierde el resto de la temporada y, con ello, el Titanic se aproxima inexorablemente al iceberg. Candidatos para el casting los hay a patadas: Lucas Silva, Illarramendi (de quien nadie en su sano juicio se atreve a susurrar ya que era el padawan más aventajado de Xabi Alonso) y Sami Khedira, a quien su entrenador pediré un alarde de profesionalidad para un último servicio a la causa. Joachim Low le pondría con los ojos cerrados, pero comparando sus méritos con la selección alemana, en el Madrid sólo hemos visto un Khedira de Mercadona. La pasarela es descorazonadora en una plantilla que ronda los 500 millones, kilo arriba kilo abajo, Por eso, el hueco oceánico que deja Modric tiene una solución más cara aún: adelantar a Toni Kroos varios pasos su posición y suplir a éste por un mamporrero. En el fútbol contemporáneo desaparecieron esos ‘Makeleles’ limpios e higiénicos en el trabajo sucio que tanto valoran los entrenadores y los puristas de la prensa.

Son los mismos cronistas que antes aplaudían el fútbol seductor del Barça, copiándolo para la marca España, y ahora han tenido que tragar por succión el juego práctico del pim, pam, pum. No pega con el seny azulgrana, aunque tarde o temprano tenía que venir un entrenador vendiendo las tesis de Maquiavelo. El resultado no sólo importa, sino que vale de coartada para ocultar el extinto tiqui-taca. El calendario es tan vertiginoso que los consejos de sabios en Barcelona no tienen tiempo de fusilar a Luis Enrique y su osada traición al ‘cruyffismo’. El Barça es líder y, con las piernas arrastrando grilletes por el cansacio de la Champions, noqueó a un Valencia sin el arte de Muhammad Ali. Este Barça ya no flota como una mariposa y pica como una abeja; prefiere tumbar al rival a puñetazo limpio, como George Foreman. Un estilo inédito en Can Barça, pero que el Bernabéu lleva presenciando por los siglos de los siglos. Y a la grada blanca le gusta.

El Valencia descerrajó la defensa azulgrana y sólo le faltó abrir en canal al casi muerto. Fue entonces cuando Claudio Bravo imitó al Casillas de sus mejores tiempos y sostuvo al equipo entero. Y Luis Enrique, que todavía es novato para dar giros inesperados a las películas, puso tras el descanso a Busquets en su sitio y el Barça cortocircuitó el énfasis del Valencia. Ahí acabó todo. El murmullo del público a la salida del estadio no despotricaba contra el entrenador: ya no hay tiempo. El ‘triplete’ inimaginable desde la crisis de Anoeta asoma detrás de la esquina y ganar por lo civil o lo crimimal es el único cometido del entrenador asturiano. Tampoco Florentino Pérez le exige a Ancelotti que traiga el Circo del Sol a Chamartín, pero sí un poco de amor propio para salir al derbi como un ciclón y gritar a Europa que esto es el Real Madrid, donde no valen las excusas. Que no juega Modric, pregunten a Carletto; y si tampoco está Bale, de nuevo al entrenador. Se le fichó para tomar este tipo de decisiones, no para arengar al vestuario con un simple ‘Salgan y jueguen como saben’. Las malas lenguas dicen que eso fue lo que repetía Del Bosque e irritaba tanto al presidente. Es la hora de los estratega. Una partida de ajedrez a vida o muerte para Ancelotti.

 

 


Una bendita decisión

Jueves, 11 Septiembre 2014

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Diciembre de 1994. Míchel se rompe los ligamentos en Anoeta y al entonces técnico merengue, Jorge Valdano, se le desmonta el puzle táctico. El equipo se queda el resto de la temporada sin los centros del mítico ‘8’ y al presidente, Ramón Mendoza, le entra el enésimo tembleque: sabe que otra Liga más sin premio pondría demasiado nervioso al madridismo. La solución de cajón es cubrir el puesto de Míchel con Rafa Vázquez y el de éste en la izquierda con Amavisca; moviendo estas piezas, la ecuación acabaría con un novato llamado Raúl González Blanco en la delantera junto a Zamorano. Sin embargo, Mendoza fichó a Valdano para aplacar al Dream Team de Cruyff con dosis de buen juego (al menos, más divertido que el estilo lento y telegrafiado de Benito Floro) y, sobre todo, tomar decisiones arriesgadas. Cuatro días después, el entrenador activa el primer plan pos Míchel en el Bernabéu contra el desconocido Odense danés.

El Bernabéu se impacienta porque el Madrid no es capaz de matar la eliminatoria contra un equipo plagado de futbolistas semiprofesionales con oficios de mecánicos y panaderos. Martín Vázquez apenas desdobla por la banda derecha y la grada sospecha que la lesión de Míchel ha maldecido la banda derecha. De repente, un error de Alkorta; a continuación, otro de Nando y el Odense revienta todas las quinielas imaginables. Las reacciones pasionales de Mendoza eran bien conocidas en el mundillo: la prensa empieza a barruntar una posible destitución de Valdano. El Madrid es líder en la Liga empatado a puntos con Deportivo y Zaragoza, pero en el vestuario cala la honda sensación de que la sombra de Míchel es demasiado alargada. Esa misma semana el Madrid vence a un insípido Oviedo pero Martín Vázquez tampoco cuaja. Días después, Valdano habla con Luis Enrique a solas durante un entrenamiento sin aclarar en público el contenido de la conversación. Y el argentino, consciente de que la siguiente alineación contra el Valladolid es la comidilla de los reporteros en la vieja Ciudad Deportiva, prefiere no ensayar con el once titular.

El Madrid viaja a Zorrilla y los periódicos colocan en sus previas a Martín Vázquez en la banda maldita. Es entonces cuando el equipo salta al césped y Luis Enrique se aproxima a la línea de cal…¡de la derecha! Sorpresa a la vista: de lateral izquierdo a extremo derecho. Luis Enrique coge un balón, sortea a un defensa y 0-1. El asturiano desangra a la zaga vallisoletana todo el partido y la herida acaba con un contundente 0-5. Exactamente el mismo resultado que en el clásico del Bernabéu posterior a Navidades. Preguntado en rueda de prensa en pleno fervor por la manita conseguida, Valdano justifica la elección de Luis Enrique como una “bendita decisión. Casi lo mejor que hemos hecho desde que llegamos al club”.

Sami Khedira ha trastocado los planes de Ancelotti hasta un límite insospechado. El que marca la fatalidad de haber perdido a Xabi Alonso en un pispás; de volver a ver a Khedira postrado en una camilla y, sobre todo, de sospechar de Illarramendi, todavía hecho un flan para partidos de alta alcurnia como el derbi del sábado. Durante estos días han salido alternativas estrambóticas: Varane en una especie de ‘trivote’, Bale en el centro del campo con Modric y Kroos…todo un mar de dudas que convierten a la que hace dos semanas era la plantilla más compensada de la historia en un once dibujado con mil garabatos. En estos momentos el técnico blanco todavía estará meditando su decisión bendita. La lógica apunta a Illarramendi, el miedo a Varane y el riesgo a Bale. Valdano también se devanó los sesos y acabó acertando con la suya. 

Y no fueron diez goles de milagro

Mircoles, 9 Julio 2014

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“En esta Alemania jamás habría renunciado a jugar”. Fue la reflexión socarrona de Bernd Schuster pocos minutos después de la masacre del Mineirao. El legendario centrocampista teutón no quiso jugar con su país un amistoso contra Albania en 1983 porque coincidió con el nacimiento de su hijo y la rebeldía le costó la expulsión eterna. “En este equipo, hasta yo con mi edad me divertiría”, lo dice un sabio que, a estas alturas de su vida, ya lo ha visto todo en el mundillo del fútbol. O casi todo. Paco González acertó con el titular de la noche: “Esta goleada es la madre de todos los partidos de la historia”. Pasarán los siglos y el repaso más soberano que se haya visto en un Mundial todavía escocerá. Devolver una bofetada de tales proporciones bíblicas requeriría una Copa del Mundo en Berlín y otra goleada a la inversa, pero a tenor de la cabezonería del seleccionador Luis Felipe Scolari (ni un amago de dimisión), queda Brasil de hormigón para rato. De repente, el fútbol repartió papales distintos y el mítico Brasil del setenta fue imitado palmo a palmo por una Alemania jugona de tiqui-taca. Vamos, un Bayern de Guardiola en toda regla.

El espíritu Neymar, con David Luiz enseñando a todo el Mineirao su camiseta, se esfumó en un chasquillo de dedos. Lo que tardó Joachim Löw en descuartizar a la canarinha de pies a cabeza. El entrenador alemán siempre ha confiado en Khedira y aún se sorprende de la condición de paquete con la que la prensa española trata a su panzer preferido. Con la camiseta nacional, Khedira hace de Makelele y Özil al mismo tiempo (siendo más decisivo incluso que el ‘besugo’); o sea, un cóctel más gustoso que Fernandinho y Paulinho juntos, cuyo tacto por el balón sabe a suela de zapato. Pero Scolari quería morir con sus principios y, aunque se atornille al banquillo por muchos años, jamás habrá visos de jogo bonito. Sus ideales son músculo, mamporros y Neymar. Quizá tenga que atenerse a esta promoción en la que sólo el barcelonista divierte como un malabarista; no obstante, todavía quedan dispersos por ahí Ronaldinho, Robinho, Kaká y Lucas Moura, éste el gran ausente.

Con ellos tampoco habrían ganado nunca a Alemania pero sí habrían aportado algo de show. Como el que hizo, por ejemplo, Toni Kroos, fichaje inminente del Real Madrid. Guardiola no ha contado con él por su predilección hacia Thiago y eso que gana el Madrid. Es un pelotero de los que habría engatusado hasta al propio Alfredo Di Stefano: pisa el balón, medita la mejor jugada, y siempre encuentra un pase decisivo o un disparo a media distancia que busque las cosquillas del portero. Anoche encontró las de Julio César. Kroos vale para construir fútbol y volatilizarlo al contraataque, estilo preferido de Cristiano y Gareth Bale. Opinión diferente merece Schweinsteiger: su edad le ha reconvertido en un Paul Gascoigne con mentalidad germana.  Vertebra la columna de la selección y gambetea en un metro cuadrado, no le hace falta más. Como tampoco a Miroslav Klose, que ha dejado atrás a Ronaldo Nazario en goles mundialistas cazándolos por tierra, mar y aire. En cualquier generación alemana no puede faltar el delantero tanque por antonomasia; Klose aglutina varias camadas juntas y siempre ha sido necesario. Merece una despedida triunfal de Brasil.

El lloro desconsolado de David Luiz no fue inesperado. Sin Thiago Silva y Neymar, o con ellos, se barruntaba un epílogo cruel. Desde luego, Scolari jamás habría desactivado el martillo neumático de Löw. Y si éste no hubiera ordenado bajar el pistón, la goleada podría haber merodeado los diez goles. Habría bastado que Özil hubiese recuperado aquella versión que llegó a dejar boquiabierto al Bernabéu. Quien sí lo haría y un porrón de veces es el Raúl González Blanco de la Mannschaft. Él es Thomas Müller, antiestético corriendo, regateando y chutando, pero siempre delante del gol. Sin tener nada, lo tiene todo: oportunista como Raúl, infatigable en el esfuerzo, presiona por todo el césped olisqueando el balón. Su carácter arrollador lo ha transmitido a un equipo que pisotea y pisotea al rival hasta dejarle aplastado. Le da igual que sea en el nido de Brasil o en un partido de sábado por la tarde contra el Werder Bremen: su obsesión por el gol es de diván de psicólogo. Por eso, Alemania es el país más competitivo que ha existido siempre y, por eso, tenían que ser ellos los que firmaran la mayor vergüenza de la historia centenaria del fútbol. En el futuro ya no bastará que gane Brasil: o fabrican nuevos Zicos, Romarios y Ronaldos, o la torcida brasileña dejará de excitarse con el fútbol. De cualquier modo, siendo Scolari el comandante, la masacre no habrá terminado.

La hormigonera Khedira

Jueves, 3 Julio 2014

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Sami Khedira todavía no ha concedido ninguna entrevista en español. Chapurrea, sabe mantener un diálogo de besugos y lleva cuatro años enterándose de lo que opina la prensa española. Su seleccionador, Joachim Löw, puso el grito en el cielo durante la última Eurocopa porque consideraba un sacrilegio que en España se considerara a Sami un paquete. “José Mourinho entiende que existen futbolistas imprescindibles para el juego oculto”, comentó Löw en la concentración polaca de 2012. El entonces técnico madridista consideraba a Khedira tan intocable que el Madrid rechazó una oferta del Manchester United por 40 millones de euros el pasado verano. “Es imprescindible”, dijeron en la planta noble del Bernabéu. Ya no estaba Mourinho, sino Ancelotti, otro entrenador que no entiende el fútbol sin ese “juego oculto”. El italiano tampoco entendió por qué la grada murmuraba cada vez que Khedira tocaba un balón; “es un centrocampista que sería titular en cualquier equipo del Calcio”, confesó Carletto en una entrevista al Corriere Della Sera. Pero Khedira se rompió la rodilla en un amistoso contra Italia el pasado noviembre y dentro del club le pusieron rápidamente la etiqueta de vendible.

Ancelotti pidió al club hace unos meses que mantuviera a Khedira porque necesitaba un “tapón para cubrir agujeros”. Pero quizás la decisión de Ancelotti no ha sido demasiado persuasiva porque el alemán pretende escuchar ofertas y se hace el remolón ante una posible oferta de renovación del Madrid. Louis Van Gaal, actual seleccionador holandés y ya entrenador del United, le sigue y le persigue; necesita un Nigel De Jong para vertebrar el nuevo centro del campo de Old Trafford, y en los próximos días el club británico intentará negociar en Madrid.  Y no son los únicos: dicen que la Fiorentina también intentará pescarle porque sus cualidades cuadran a la perfección en el férreo estilo del Calcio. Según fichajes.net, Mario Gómez, compatriota y amigo de Khedira, le ha llamado varias veces para intentar convencerle.

Pero hasta que Alemania no acabe su aventura mundialista, el futuro de Khedira no se aclarará, hecho que sorprende a los enviados especiales de la Mannschaft y al propio Löw. “Estuvo perfecto en la goleada contra Portugal y eso es lo que necesita el equipo contra Francia”, dice el gran portero Bodo Illgner, ahora comentarista de Bein Sport. En su país, Khedira ha sido casi tan esencial como Busquets en España; era, en pasado, la extensión del seleccionador alemán en el campo. Pero Khedira se lesionó, y aunque su selección le ha esperado, Löw ha copiado la innovadora idea de Guardiola: apostar por Lahm en el centro del campo. No obstante, el partido de Francia apunta a Lahm en el lateral derecho, su posición natural, así que Löw sacará su mejor hormigonera. “Sami al cien por cien es un  bloque de ladrillos; de lo contrario, se puede hacer pedazos”, no lo dice cualquiera, sino un tal Lothar Matthaüs, que de esto algo sabe. 

Khedira, Makelele…currantes imprescindibles

Lunes, 18 Noviembre 2013

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No es habitual que un entrenador medite cambiar su táctica por un lesionado, salvo que el damnificado fuese Messi o Cristiano Ronaldo (y ni con Messi en el dique seco el Barça va a retocar su dibujo).  Pero si Carlo Ancelotti confiesa a los medios que a lo mejor cambia de sistema por Khedira, ‘tuercebotas’ en España y pánzer venerado en Alemania, quizá los periodistas nos equivocamos en algo. Extraña que haya futbolistas amados por todos sus técnicos y odiados por la opinión pública. Mourinho, Ancelotti y Joachim Löw algo sabrán de fútbol si no conciben alineaciones sin Khedira; sin embargo, nuestras mentes aviesas, las de quienes escribimos, no contemplan jugadores que vistan de blanco y les cueste mil horrores hacer un quiebro o controlar un balón: estéticamente chirría, claro que si el barómetro lo pone un tal Zidane…

No hace mucho tiempo que el Madrid se dio cuenta de la importancia de Claude Makelele. Ninguneado por su club durante el apogeo galáctico, la prensa que valoraba su ‘trabajo sucio’ se contaba con los dedos de una mano. Recuerdo durante un Bayern-Madrid de Champions League retransmitido por TVE que Míchel, comentarista entonces, se dedicó todo el partido a ensalzar la labor del escudero de Zizou. “Cubre cualquier palmo del césped y se dejaba los pulmones para aliviar a Hierro y Helguera”, dijo en reiteradas ocasiones la leyenda merengue. No le faltaba razón porque en aquel Madrid de Del Bosque hacían falta currantes para que Zidane, Ronaldo y Figo brillaran; su fútbol de alto copete tenía un trabajo duro entre bambalinas, un making of del que Makelele era el protagonista absoluto. Entonces se hablaba de una clase media que aguantaba a la galáctica, y el francés estaba por encima de todos. Su gran inconveniente es que jugaba con compañeros que copaban las portadas según fuera más exagerado el ‘Picasso’ que se inventaba cada uno en el campo. Al final de la temporada 2002/03 Makelele se sintió imprescindible, de verás que lo era, y en consecuencia, pidió un aumento salarial merecidísimo en los despachos. Sin embargo, no era una estrella, sino un obrero más, por mucho que Del Bosque insistiera en su trascendencia.

Khedira es de esos figurantes que arranca aplausos con cualquier sibaritismo, pero enerva a la grada si mantiene el balón más de un segundo en sus pies. Se le fichó del Stuttgart para cortocircuitar jugadas rivales, requisito imprescindible en la filosofía mourinhista de jugar y ganar sin tocar demasiado la pelota. Así empezó hasta que se destapó como un curioso ‘llegador’. En España nos sorprendió una faceta que le era muy natural en la Mannschaft. De hecho, Franz Beckenbauer dijo  una vez que “si Khedira tuviese las aptitudes de Schweinsteiger con balón, Alemania tendría al mejor centrocampista de toda su historia”. Suena exagerado, y más cuando Khedira alimenta el runrún de la prensa cada vez que el Madrid anuncia una alineación, pero si a Carletto se le ha desarbolado su ‘árbol de navidad’ (título de su último libro), quizá Khedira no sea tan paquete. No tanto como para que Florentino rechace una oferta del United por cuarenta millones redondos alegando que es “imprescindible” (ésa fue la palabra exacta). Un detalle sí ha captado el alemán: el Bernabeu agradece gente que ponga huevos, pelee y se tiré al suelo como obsesos por el balón. Khedira es uno de ellos. El Madrid le echará de menos, lo dice su entrenador. 

El ‘trabajo sucio’ de Khedira

Jueves, 5 Septiembre 2013

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“No conozco a nadie mejor que Khedira en su posición”. La declaración de intenciones de José Mourinho chirrió demasiado en España pero no en Alemania, donde criticar a Sami es casi blasfemia. Durante la última Eurocopa, el seleccionador alemán, Joachim Löw, se extrañó por la consideración tosca que nuestro país tenía (y sigue teniendo) de un internacional imprescindible en su selección y de los más valorados por la opinión pública alemana. Löw no entendía las críticas del Bernabeu contra un jugador que “evita que el contrario te parta la columna vertebral”. Sin duda, en Polonia y Ucrania el centrocampista madridista sorprendió a la afición española desinhibiéndose de sus funciones primarias; era obvio que si Mou quería la mejor versión de él, debió aflojarle el corsé que le ha mantenido a espaldas de Xabi Alonso. Con su país, se anima mucho en el área contraria y hasta se atreve con remates de puro ‘nueve’, como su golazo contra Grecia en los cuartos de la Eurocopa. El problema para Khedira es que la afición merengue sólo ha amado a un trotón, Makelele (y porque actuaba de fiel escudero de un genio llamado Zinedine Zidane), y se hartó de copias tan baratas como Pablo García o el histriónico Gravesen.

“No imagino a este equipo sin Khedira porque representa al fútbol alemán: potencia y actitud”, ha dicho en repetidas ocasiones el legendario Oliver Bierhoff, manager deportivo de la Mannschaft. Parece que Florentino Pérez ha tomado nota de todas estas cartas de recomendación para decir ‘no’ a una oferta más que mareante, unos 50 millones de euros, del Manchester United. Primero fue Mourinho quien se partió la cara por el alemán, “Khedira es jugador top”, y en este principio de temporada Ancelotti se ha dado cuenta que es imprescindible para mantener erguida la columna vertebral del equipo.  Cualquier equipo se precia de tener ‘desatascadores’, jugadores que se pringuen las manos con el trabajo sucio, y en eso Sami es de los mejores. Extraña que el propio Mourinho no le haya pedido para el Chelsea; más si cabe, porque siempre ha sido uno de sus favoritos. No en vano, en la pasada Eurocopa el técnico portugués juró amor eterno a Khedira después del debut alemán contra Portugal. Mesut Özil fue nombrado jugador del partido con una actuación discutible y, cuando Khedira atendía a los medios de su país, Mourinho, que presenció en el palco el partido, pasó por detrás de su jugador, le dio una palmada en la espalda y le preguntó: “¿A quién le han dado el man of the match?”; “A Mesut”, respondió Khedira. Entonces, el portugués, en uno de sus arrebatos geniales e inesperados, le espetó: “Mal hecho, tú has sido el hombre del partido”.

La respuesta que recibió esta semana el United fue muy contundente: “Khedira es imprescindible”, dijeron en la planta noble del Bernabeu. Parece que el club aprendió de aquel craso error de Makelele. Entonces, el francés era un engranaje sin recambio de la plantilla galáctica y, consciente de ello, llamó al despacho de Florentino para pedir su merecido aumento. Lástima que el presidente le considerase uno más de la clase media, porque de haber intuido las nefastas consecuencias del galacticidio, le habría sugerido un cheque en blanco. Khedira quizá no se codee con el estatus que tuvo Makelele, pero ha pasado la prueba del algodón para continuar en el Madrid unos cuantos años más. Aunque a la prensa alemana sí le ha sorprendido que Florentino no le haya canjeado por cincuenta millones. Pasará bastante tiempo hasta que en el mundo del fútbol surja otra oferta tan redonda por un futbolista entre bambalinas. No obstante, es importante que en este mundillo de estrellas y cada vez más vedettes el trabajo sucio se pague bien.

Intensidad, Mou, intensidad

Domingo, 25 Noviembre 2012

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A Radek Stepanek le han llegado tarde los reconocimientos. Su descomunal sacrificio en la Copa Davis con casi 34 años no sólo inspirará a las próximas generaciones tenísticas checas,  sino que también será incluido como una nueva técnica de superación en psicología deportiva. Al menos, así lo dedujo Mourinho cuando le achacaron en rueda de prensa un presunto bajonazo físico de sus jugadores tras haberse desfondado el pasado miércoles contra el City. Precisamente, lejos del gol legal de Benzema y la mano clarísima de Nosa, al Madrid hay que acusarle de falta de intensidad, el argumento capital con el que ha vivido el Madrid desde la llegada de su entrenador. Comenzó ‘bien’, aunque Mourinho creyese que es un halago “demasiado simpático”, y quizá por la tenacidad del Betis se fue diluyendo hasta esperar el chispazo definitivo que matase el partido. Y la mala noticia para este equipo al borde del apocalipsis en Liga es que cada jornada se la debe tomar muy en serio si es que aún pretende alcanzar al cohete sputnik de Tito Vilanova.

Pero para lograr semejante gesta, que sin duda sería más recordada que la de Stepanek, el Madrid tiene que hacerse una catarsis definitiva para buscar las causas del pobre rendimiento a domicilio durante este campeonato. Por el momento, acumula una derrota más que en toda la pasada Liga de los récords, pero el cambio táctico de anoche evidencia que Mourinho ya no está tan convencido de acorazar a Xabi Alonso con un guardaespaldas de hierro. Y eso que Khedira atacó más veces el área del Betis que Cristiano Ronaldo, pero, a tenor de lo visto en Manchester, el nuevo cometido del trotón alemán se asemeja mucho al que tiene en la Mannschaft, con internadas permanentes desde la segunda línea. Por eso, resulta curioso que Khedira fuese sustituido al descanso, porque el Madrid mejoró en la segunda parte por actitud y no por las sustituciones: Kaká sigue jugando en el limbo y Modric todavía tiene la excusa de la adaptación, aunque le queda poco crédito.

Y hablando de créditos, Mourinho advirtió a Özil por segunda vez: le cambió al descanso en el Pizjuán por un abúlico primer tiempo, y anoche volvió a darle la patada en el intermedio. Ya son varios capones los que se ha llevado el mediapunta alemán, a quien ni su inmenso talento le va a salvar si no espabila y se marca un buen puñado de partidos. Porque, precisamente, su entrenador se está hartando de que Özil desconecte de sus compañeros por arte de magia. El problema es que si Modric no garantiza nada mejor que su competidor, Mou tiene que resignarse a poner al titular. Tampoco debe estar muy satisfecho con Di María, el año pasado imparable y éste apático en la banda derecha; si para el portugués la intensidad es el leit motiv para figurar en sus onces, Di María ha perdido ese alto voltaje que ponía en jaque a las defensas.

Hasta que el Madrid no se encuentre a sí mismo, no parece que nadie en el club secunde las quejas de Mourinho. La excusa del calendario está demasiado oxidada, más cuando el Málaga se exprimió en San Petesburgo el pasado miércoles y ayer, un rato antes que el Madrid, también se dejó la vida contra el Valencia. Y con los árbitros no están teniendo suerte esta temporada, pero la temporada pasada en el Villamarín el atraco arbitral fue a la inversa y no hubo represalias. Esta semana Fernando Hierro y Beckham han saltado a la palestra porque el club busca un embajador y Mourinho un muñeco de pim, pam, pum que amortigüe los ataques de la opinión pública. Anoche, volvió a reclamar ese cargo, porque piensa que el Madrid debe vivir en la comodidad de ciertas bulas institucionales (calendarios y arbitrajes). Sin embargo, Mou seguirá siendo “el malo de la película” hasta que llegue el día en el que se le ocurra la autocrítica: jugadores, directivos madridistas, calendario y árbitros…nunca involucra su ‘yo’ en situaciones críticas. Quizá entonces, le den una placa.

Echando de menos a Khedira

Mircoles, 7 Noviembre 2012

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Sami Khedira habrá sido un “paquete” para la prensa las dos últimas temporadas, pero al rato de partido Mourinho y sus propios compañeros le echaban demasiado de menos. La prueba de los ‘jugones’ no salió bien, porque una historia es probar a Özil y Modric juntos contra sparrings de artificio como Celta o Zaragoza y otra bien distinta es experimentar contra un equipo alemán que, lejos de anclarse en los clichés típicos de fútbol rocoso y simplón, le gusta jugar al fútbol. Desde tal razonamiento, es lógico que el entrenador del Madrid se sienta un incomprendido ante la opinión pública cuando considera imprescindible a Khedira. Anoche, incluso los periodistas entendieron que Xabi Alonso funciona con guardaespaldas, y el alemán siempre se postula como el más adecuado. Leo Messi comentó en una entrevista con el diario Sport la semana pasada que “los buenos futbolistas pueden jugar todos juntos”; es obvio que no en el Madrid a menos que, por fin, consideremos a Khedira un muy buen futbolista, que lo es.

Porque lo que más aterra a Mourinho en plena batalla táctica es el desierto que asoma detrás de Xabi Alonso. Pocos rivales saben leer este desorden y menos aún lo exprimen. El Borussia hizo todo: descoyuntó la columna vertebral del Madrid con la misma medicina que utilizan los merengues: fútbol calibrado y vertiginoso. Mario Goetze había sido anunciado por la Bundesliga como la mayor promesa de aquella liga y ha esperado tiempo para sorprender al mundo, ni más ni menos que en el Bernabeu. El otro prodigio alemán, Marco Reus. también estuvo a la altura; maldita casualidad que ambos disiparan cualquier sospecha en la noche del reencuentro europeo del Madrid. Guti comentó en COPE que el 1-2 obligaba al Madrid a tirar de corazón, de remontada de Champions; no sería por falta de ganas, porque la inclusión de Essien alivió a los de arriba, Cristiano, Callejón, Özil y Di María, para probar al portero del Dortmund por tierra, mar y aire. Y como tantos otras veces, el Madrid (y quizás el Barça) es el único equipo capaz de suplir sus continuos galimatías tácticos con dosis de letalidad. Suerte que sonó la flauta y el meta alemán acusó lumbalgia severa en el gol de Özil.

La Champions es la competición por antonomasia no sólo por prestigio sino porque aclara las incertidumbres domésticas. Por ejemplo, Varane es un central con expectativas muy ambiciosas, pero todavía debe codearse con un buen puñado de delanteros puñeteros para garantizar máxima seguridad; y sólo la Champions permite cruzarse con jugadores tipo Lewandowski, que siendo buenos también aspiran a la categoría premium. Además, la bipolaridad de la Liga desnuda el contraste tan bestial que hay entre un buen Dortmund venido a menos en su campeonato y cualquier equipo español con la dudosa excepción del Atlético de Madrid. Es decir, Sergio Ramos y Arbeloa cubren el expediente en la Liga como laterales derecho e izquierdo respectivamente, pero en Europa cualquier rival del segundo bombo exige a cada futbolista en su mejor rol. Y anoche el Madrid echó de menos la pareja Pepe-Ramos, y debería preocuparse por una pronta recuperación de Marcelo, el único lateral de la plantilla capaz de comportarse como tal en el fútbol moderno, o sea de interior.

¿Y Cristiano? Pues estos partidos son los que deciden votos para el Balón de Oro. Y como no ha reclamado el papel de líder en el doble enfrentamiento con el Borussia, le espera Inglaterra para alzar la voz en el campo del campeón inglés. Porque allí el Madrid se las verá a cara de perro con un City al borde de un nuevo abismo, y aunque no ganar tampoco es decisivo para los blancos, la incertidumbre seguiría agrandándose: el Madrid nada tiene que ver con el de la temporada pasada.

Una media hora diferente

Jueves, 30 Agosto 2012

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Samuel Eto’o nunca pensó en hacer el pasillo al Madrid campeón del 2008. El resquemor que el camerunés tenía metido en vena contra Florentino Pérez y aquellos que nunca le consideraron apto para el equipo merengue no podía acabar en reconocimiento al ganador de aquella Liga. Rendir pleitesía al enemigo al que había reivindicado su talento de estrella era una vergüenza demasiado exagerada como para aguantarla en el Bernabeu. Aquel Madrid-Barça, del que también se borró Deco forzando una quinta amarilla, se recuerda como la última vez que los blancos maniataron a su eterno rival en fútbol, ocasiones y posesión de balón.

Curiosamente, la secuencia del clásico de anoche fue calcada a la del 2008…hasta el minuto 30. El Madrid no se acogió a ese puñado de minutos en los que volatiliza cualquier duelo, sino que su propósito inicial fue sacarle las entrañas al Barça; no sólo hizo de vampiro, viviendo de chuparle la sangre a Mascherano y Piqué, sino que decidió a dar a los azulgranas su propia medicina: circular el balón por todo el césped hasta atontarles. Funcionó hasta que el Madrid se quedó sin fuelle; Mourinho preparó la vuelta de la Supercopa igual que Apollo Creed preparó a Rocky Balboa e  su combate de revancha contra Clubber Lang. En aquella película, Rocky había sido entrenado para noquear al entonces campeón en siete u ocho asaltos, de lo contrario, la pelea se habría convertido en un calvario.

Y eso que el guión de la Supercopa no podía resultar más victorioso para los blancos: iban 2-0 y Adriano en la ducha. Pero el Barça desangrado todavía se reserva una última escena en la que intenta apuñalar al ‘bueno’ por la espalda. No fue el gol de Messi lo que espabiló a su equipo sino el orgullo propio de reclamar que ellos, el Barça, tienen la patente de jugar al toque y dominar la posesión. No obstante, también ayudó la orden lanzada desde la trinchera para que los madridistas, incluidos Cristiano e Higuaín defendiesen desde su propio campo. Y, claro, cuando el Barça alarga su dominio del balón durante un rato, el Bernabeu se impacienta y el murmullo corre por los anfiteatros como la pólvora.

A Mourinho le salió la jugada hasta que se le aparecieron viejos fantasmas. Parecía ficticio que su equipo se hubiese dedicado a vacilar al Barça con el balón, claro que la broma no podía llegar más lejos. La pizarra táctica del portugués en la segunda parte fue la que siempre lleva a los clásicos: once tíos replegados a la espera de robar un balón para contraatacar con tres o cuatro pases, no más. Y en ese procedimiento, Khedira estuvo cuasi perfecto (si le llega a entrar la que se inventó) e Higuaín negado casi hasta la desesperación, sólo le salvó el gol. El argentino recuerda al Kluivert del Barcelona, generoso en el esfuerzo, gran fajador entre defensas contrarias, pero que fallaba casi tanto como una escopeta de feria.  En cambio, el panzer alemán volvió a convencer a Mourinho , si es que no lo estaba del todo, en la necesidad de colocar siempre músculo junto a Xabi Alonso. Quiere decir que o Modric u Özil, ésa va a ser la clara disyuntiva.

¿Y Fábregas? Cabreado, por supuesto. Pero debería ser natural porque Tito Vilanova le prefiere de sustituto de Xavi o, si acaso, Iniesta, y de momento la titularidad está muy cotizada. No cabe duda que tendrá sus oportunidades, pero habrá de ganárselas y en Pamplona no lo hizo. Que se fije en Pedro, quien ha reseteado la mala temporada pasada y ha vuelto de pretemporada con un físico exultante…si no, que se lo pregunten a un Marcelo algo pasado de kilos, que paradójicamente apenas ha disfrutado de vacaciones.

Lo que sigue siendo evidente es que la versión ganadora del Madrid se encomienda a una parada milagrosa de Casillas. En este caso dos: la del posible 4-1 del Camp Nou y la de Pedro de anoche. Quizás si Messi no hubiese jugado andando y tan alejado de la portería, el ‘santo’ habría sido menos santo.