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Bartomeu por delante de todos

Mircoles, 15 Julio 2015

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Debate sano y sin zancadillas en Ca Barça. Lejos quedan ya aquellos duelos electorales en los que una frase cortaba de raíz horas de verborrea anestésica (por ejemplo, aquel misil antológico de Ramón Mendoza en las elecciones del Real Madrid en 1995, cuando lanzó “ambos contendientes son igual de malos”, en referencia a un novato Florentino Pérez  y al testimonial Santiago Gómez Pintado). Anoche el Camp Nou celebró la última oportunidad para aclarar el voto del soci indeciso, y el resultado sigue siendo una incertidumbre absoluta de esa cuarta parte del electorado que elegirá presidente por arrebato más que convencimiento. Josep María Bartomeu, el peso pesado, saltó al ring con la guardia alzada y no tardó ni quince segundos en soltar su directo favorito: el triplete, concepto demasiado manoseado como propaganda electoral pero que vende tanto como la corrupción de PSOE y PP para Podemos. El último presidente habló por boca de Luis Enrique, su entrenador blindado a los ataques por tierra, mar y aire. Nunca ha sido personaje en el universo Barcelona ni pretende serlo, por eso su falta de carisma la rellena con datos demoledores para el resto de contrincantes: títulos, figuras hollywoodienses, patrocinios millonarios y ese Espai Barça que pretende convertirse en un parque de atracciones más temático que Port Aventura.

Minimizar daños fue el objetivo de los asesores de Bartomeu. Salir a pegar a sabiendas que recibiría un puñado de jabs esperados: el fraude del caso Neymar, sanción FIFA y las sospechas éticas de Catar. Esos debían ser los asaltos de Joan Laporta, pero su vaguería o dejadez por preparar un debate muy decisivo para su candidatura le relevaron a páginas interiores. Tenía que ser Laporta en portada con tomahawks inteligentes contra Bartomeu y acabó liado en un discurso aburrido, farragoso y que el favorito se encargó de engorronar más con demagogia barata pero útil (“usted que es abogado, señor Laporta, no confunda los términos ‘imputado’ y ‘procesado”). Da la sensación que el ex presidente vive y se emborracha de su propio ego, de un carisma inflado con el prodigio de Guardiola y viviendo de ese pasado. Cuando el resto de candidatos se ha esforzado en redactar un programa electoral sesudo, él sale con un tríptico simplón con menos texto que las pegatinas que regalan dentro del envoltorio de un Bollycao. Se jacta de que el electorado conoce de sobra sus intenciones, pero como dice un ex barcelonista del Dream Team de Cruyff: “Laporta es como un loco con una camisa de fuerza que no para de repetir en un manicomio: ‘Cruyff, Guardiola y Masía’ “. Precisamente, la cantera suele ser un arma de varios kilotones imprescindible en una guerra de trincheras, aunque poco le preocupa a Bartomeu haber fallado en la fabricación en serie de una nueva remesa de jóvenes perfectos cuando su pegada de carteles se abrevia en Messi- Suárez- Neymar.

Y entre bambalinas, los dos sparrings que debían montar bulla. Uno lo hizo con creces y el otro se evaporó entre tanta cordialidad y diplomacia empapada de suavizante. Agustí Benedito sabe zafarse en el uno contra uno, pero necesita prensa mamadora: al menos, un diario deportivo y alguna televisión local que le dé carrete. Comparado con los demás, su discurso inicial de minuto y medio fue copiado del mismísimo Marco Tulio Cicerón: FIFA, Catar, el dinero negro de Neymar y un Barça entre juzgados nacionales y provinciales. Pim, pam, pum; una combinación de puñetazos perfectos para alguien que necesita personajes con cara y ojos en sus presentaciones. A Toni Freixa sí le conocen, como un rebelde sin causa, pero le conocen. Preside la corriente subversiva de Sandro Rosell: cabreado porque su propio ex presidente atrofió un proyecto de amigos yuppies en un modelo faraónico, donde él decidía. Freixa como Benedito son opciones de futuro. Sus puestas de largo necesitan envejecer en una barrica de malos tiempos y con un nuevo Elefant Blau. Así fue como nacieron Laporta, Bartomeu…es decir, todos.    

Bartomeu saca los panzer

Jueves, 11 Junio 2015

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“Si Juan Villalonga se ha adjudicado un salario de 1000 millones de pesetas, no entiendo por qué Raúl no puede cobrarlos”. Fue la justificación del ex presidente del Real Madrid, Lorenzo Sanz, al programa Supergarcía el día que el club anunció la ampliación de contrato de su estrella madrileña. Sanz maniobró antes de convocar elecciones anticipadas para ganarse el favor de la gran masa social: recién ganada la ‘Octava’ en el año 2000 y para neutralizar el aluvión de ofertas por Raúl (el presidente José Luis Núñez dijo meses antes que un abogado había ofrecido a Raúl al Barça), la directiva merengue brindó al ‘7’ el contrato de su vida con el primer sueldo galáctico del Madrid. Y sin prometer grandes fichajes, tan sólo Diego Tristán, entonces delantero de moda en el Depor, el presidente de las dos Champions anticipó el periodo electoral. El desenlace de aquellas elecciones pertenece a la memoria histórica: Florentino Pérez y 10.000 millones de pesetas trajeron a Luis Figo.

Josep María Bartomeu ha sacado la artillería pesada desde su privilegiada poltrona. Anunció elecciones por presión popular y remordimiento de conciencia, pero antes sacó el Gran Berta para intimidar a los rivales. El primer cañonazo fue la renovación de Dani Alves. Cuando todo estaba perdido, el brasileño olvidó que había rociado con napalm a la directiva días antes. La Champions de Berlín y el clamor del Camp Nou durante la noche de los festejos han convencido al lateral. Quizás haya pesado más la sugerencia de Leo Messi, amigo íntimo de Alves en el vestuario. El caso es que la incertidumbre del jugador provocó el fichaje relámpago de Aleix Vidal, velocista explosivo del Sevilla al que no le importa entrenarse sin jugar durante media temporada. Oficialmente, Alves se queda porque mudar a sus hijos de ciudad le supone un marrón de proporciones bíblicas; extraoficialmente, el Barça le ha soltado un contrato “más que interesante”, como dice Miguel Rico. Hablando en plata, Bartomeu ha evitado el runrún de la grada: querían a Alves y le seguirán teniendo.

El discurso del presidente arrancó más fuerte que el mítico de Steve Jobs en la Universidad de Stanford. Su primer bombazo fue ampliar el contrato al esquivo Luis Enrique, que durante seis meses ignoró las preguntas capciosas de los periodistas. El entrenador del triplete no podía sufrir un final dramático. Arreglado (o congelado) el lío con Messi, el vestuario había salido en defensa de su técnico. Y habría sido demasiado feo si Luis Enrique hubiese anunciado el adiós: otra convulsión inesperada en Can Barça. Instantes después de la buena nueva y habiendo tocado la fibra del soci, anunció lo que a todo seguidor le gusta escuchar de refilón, sin mucha parrafada, para poder presumir en charletas de barra de bar: el Barça firmó un contratazo con Qatar Airways y mantiene saneada la tesorería. Clin, clin, caja. Que para fichar a Luis Suárez por 81 ‘kilos’ y a Neymar por 52 o casi cien redondos (nunca lo sabremos), se necesita dinero líquido o, al menos, aparentarlo.

Bartomeu ya ha diseccionado su programa electoral, poco puede mejorarlo salvo en la relación tormentosa del club y los juzgados. Justo el dardo que ha lanzado el directivo díscolo, Toni Freixa, candidato entre bambalinas que dará guerra en este periodo electoral. ¿Y Laporta? “Es el gran mesías para acabar con el nido de yuppies  que llegó a la directiva con Sandro Rosell”, dice un ejecutivo que pertenecía a la guardia pretoriana de Laporta al principio de su mandato. Su fantasma es el despilfarro a talegada limpia, pequeña gran anécdota que los contrincantes no tardarán en escupir. Se intuyen elecciones a tumba abierta, entre la trinchera y el campo de batalla. Pero Bartomeu dirige los panzer y, excepto Laporta, el resto se huele un aplastamiento total. 

Neymar vale 57 y si no, ¡desmiéntemelo!

Mircoles, 4 Febrero 2015

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“Aquí hay un señor que ha venido a provocar”. Joan Gaspart se vio obligado a responder con disimulada furia a las preguntas de los periodistas en el antepalco del Camp Nou. Barcelona y Real Madrid habían empatado a cero, y el césped parecía haber soportado un concierto de AC/DC: mecheros, botellas de plástico, una de whisky JB, pelotas de golf y hasta la cabeza de un cochinillo. La grada había orquestado un infierno contra su Judas universal cada vez que se acercaba a lanzar un córner. Luis Figo advirtió en los días previos que, al contrario que en sus dos primeras visitas, esta vez sí se encargaría de los saques de esquina para resquemor culé. El ídolo odiado a un palmo de miles de aficionados intentando hacerle vudú. Y Gaspart sabía que si el Camp Nou se calentaba como una olla a presión, el Comité de Competición tendría suficiente trabajo para una semana. La solución era dar la cara delante de las cámaras para escupir un fingido perdón…o ganar todas las encuestas de popularidad en el barcelonismo. Eligió la segunda opción porque así se lo aconsejó su guardia pretoriana de la directiva.

Joan Laporta había salvado el match ball de la censura en el convulso verano de 2008 y, con media directiva dimitida, apostó por el novato Pep Guardiola. Fue la temporada en la que Leo Messi se reivindicó al mundo como crack único e intransferible del Barça. Y como suele derivar en este negocio, el nombre del argentino comenzó a utilizarse en campañas mediáticas interesadas o, más bien, inventadas. En una entrevista a TV3 de enero de 2009, Laporta acusó al Real Madrid de “intentos desestabilizadores” y los definió como una “lucha desigual porque el Madrid cuenta con el apoyo de las instituciones”. La respuesta del club blanco no se hizo esperar y Vicente Boluda, presidente interino por la dimisión de Ramón Calderón, amortiguó las críticas de Laporta con un ocurrente “lo que le faltaba al Estado era estar pendiente de Messi”.

Las teorías ‘gasparistas’, maceradas durante la presidencia de José Luis Núñez, y actualizadas por Laporta, han sido escritas con esmero en un incunable. Pasan los años y cada presidente recurre a esa biblia con guantes de látex para mantenerla impoluta. Es el manual de las tesis victimistas que nunca falla. Espanya ens roba o ‘los poderes del Estado’, coartadas conspiranoicas difíciles de derribar, como que Walt Disney sigue criogenizado. Hablando en plata para cualquier ciudadano del mundo, Bartomeu culpa al Gobierno de hinchar el precio de Neymar y movilizar su maquinaria para sajarle millones en impuestos no pagados. La Fiscalía Anticorrupción los cifra en 12 millones, casi 3 pertenecientes al mandato de Bartomeu. Y el montante final del fichaje, según la Fiscalía, asciende a casi cien millones. El presidente azulgrana tiene razón: “Si Neymar no hubiera venido al Barça, no estaríamos imputados ni nosotros ni el Barça”. El tsunami nunca habría arrasado la orilla si el fichaje del brasileño acaba descubriendo tantos ceros como el de Cristiano Ronaldo o Gareth Bale. ¿Tan difícil habría sido reconocerlo si el club acaba procesado?

Bartomeu no dudó en ninguna respuesta a 8TV. Ni siquiera vaciló. Soltó cada perla bien memorizada insistiendo en las más populistas, las que quiere escuchar el electorado que vaya a confiar en él: “Hemos hecho las cosas bien (…) el Madrid también presentó una oferta por Neymar (…) jugamos un partido con una senyera”. Discurso demagogo en España y populista en Cataluña. El quinto presidente imputado (Núñez, Gaspart, Laporta y Rosell también declararon por diferentes motivos) no podía autoflagelarse a cuatro meses del nuevo volantazo que va a pegar el club. Y Bartomeu no ganará porque hay demasiada basura guardada en el contenedor pero tampoco iba a declararse pardillo en la televisión catalana.  Igual que Joan Gaspart la noche del cochinillo, el actual presidente dijo lo que quería el pueblo: Neymar vale 57 y si no, ¡desmiéntemelo! 

¡Beckham, feo, feo!

Domingo, 7 Diciembre 2014

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Luis Enrique no pudo ocultar su sonrisa irónica cuando le preguntaron por los diecisiete aficionados expulsados del Bernabéu. “¿Sólo diecisiete? Si se echa por insultar nos quedamos solos”, espetó el técnico asturiano. Lo dice el enemigo público numero uno del madridismo, que ha aguantado insultos, mofas y broncas en todos los idiomas cada vez que pisaba la capital. Él no se tapó los oídos como Luis Figo la noche que el Camp Nou le reventó los tímpanos al grito de ‘Judas’. Entonces, la sensibilidad con la homofobia y el racismo no era la misma: los ultras también se zurraban entre ellos y las aficiones más animosas nunca se cansaban de hacer vudú verbal a determinados jugadores. Por ejemplo, Mijatovic, ídolo de Mestalla que encendió a toda Valencia cuando pasó a ser proscrito. En cambio, Eto’o casi se larga antes de tiempo de un Zaragoza-Barça porque se cansó que parte de La Romareda le cantara “yo soy aquel negrito del África tropical…”. A Míchel no le gritaron ‘negro’ pero su tocamiento de genitales a Valderrama se hizo demasiado famoso en Primera División. Y, como ahora, también Liga y Federación se reunían a todas horas para fingir intolerancia. Presumían con los brazos cruzados mientras la UEFA se hinchaba a multar a diestro y siniestro por emular gritos simiescos o, simplemente, llamar stupid a alguien.

La Liga, o sea Javier Tebas, ha decidido denunciar al Madrid porque varios seguidores cantaron desde la grada “Messi subnormal”. No hace demasiado tiempo el viejo Atocha recibía al Real Madrid con todo el ‘cariño’ del mundo, cuando los equipos visitantes saltaban al campo en fila de a uno. Así se empezaban a calentar los partidos. Y el encargo no sólo partía de las aficiones más radicales. El Bayern de Munich, en concreto Effenberg y Oliver Kahn, provocó la ira de varios anfiteatros del coliseo blanco durante aquellas guerras europeas entre madridistas y bávaros. Y en los derbis sevillanos, el cruce de ‘piropos’ juraba odios y muertes. “La salsa del fútbol”, solían decir muchos directivos como coartada para suavizar cualquier investigación que propusiera el Comité Antiviolencia. Quién no recuerda aquella pancarta gigante en Anoeta que rezaba ‘Atlético, Gil y Bastión, asesinos’ en respuesta al asesinato del aficionado donostiarra, Aitor Zabaleta. En aquel partido Jesús Gil no estuvo presente pero sí su vicepresidente Lázaro Albarracín, que fue advertido de la pancarta una vez empezado el juego. Antiviolencia propuso una multa a la Real y la sanción económica fue irrisoria. Quizá esta semana, con los nervios a flor de piel, las denuncias por insultos habrían empapelado toda la fachada de un estadio. El efecto acción-reacción ya se ha producido: la LFP denunciará al Madrid por los gritos contra Messi y  el propio club ha localizado y expulsado a los que motivaron los cánticos.

Tebas necesitaba extirpar el cáncer y ha abierto al enfermo en canal. El baremo es muy sencillo: cualquier agresión verbal será punible. Y a la espera de que los jefes del tinglado organicen el enésimo cónclave, supongo que la próxima reunión servirá para crear el código de conducta. Habrá demasiada letra pequeña, porque hay tribuneros sobreexcitados desde el pitido inicial y otros más tranquilos que, de vez en cuando, pierden la compostura soltando ‘burros’; ¿también las caerá un paquete? Habría que preguntar a la afición del Cádiz hasta dónde puede llegar su guasa porque, con su habitual gracejo, cantaron a David Beckham en 2003 un desternillante ‘feo, feo’. Estos días, en pleno clima marcial, el Madrid ha actuado rápido en aras del compromiso contra los aguafiestas del fútbol. Pero no olvidemos que fue Joan Laporta quien conquistó la presidencia del Barça prometiendo cargarse a los Boixos Nois. Dicho y hecho. Ni siquiera las amenazas de muerte amedrentaron al ex presidente. Les invito a ver en youtube las imágenes de los incidentes de las bengalas de los Boixos en el derbi catalán de Montjuic de 2008; la cara de Laporta era todo un poema y sus palabras a Dani Sánchez Llibre (en catalán) no tuvieron desperdicio mientras las bengalas caían como proyectiles desde la grada superior: “Por esto me he cargado a esta gentuza”.

La penúltima de Ronaldinho

Jueves, 1 Agosto 2013

“Eres un hijo de puta por haberte dejado ir y robarnos el placer de verte seguir jugando en el Barça”. En tono cariñoso pero con todo el sentido demoledor del mundo, Guardiola dio a Ronaldinho la extremaunción. Porque, advertido por Laporta, el nuevo entrenador sabía que debía extirpar ciertos cánceres del vestuario para recuperar los anhelados valors y, desde luego, la fumigación debía empezar con el brasileño. Pocos meses antes de la defunción de Rijkaard, el ex presidente Joan Gaspart emprendió una defensa a ultranza del crack azulgrana: “Ronaldinho no está acabado ni mucho menos. Sólo hay que enderezarle”. Sabias palabras aunque nada prácticas, porque el gurú presidencial, Johan Cruyff, ya había inclinado el pulgar hacia abajo: Dinho ya había dado lo mejor de sí en Barcelona y sería mejor recordarle por haber levantado al Bernabeu con aplausos que por su última fotografía sin camiseta, la de la silueta ensanchada. Cruyff sugirió a su amigo Laporta que a un mes vista para acabar el calvario liguero que culminó con el paseíllo azulgrana al Madrid, la directiva debía moverse rápido para hacer un buen negocio con el otrora ídolo de masas en Can Barça.

“Espero triunfar en otro sitio donde me quieran”, espetó Ronaldinho en una entrevista con O’Globo y en medio de la riada de ofertas que llegaban a los despachos de Barcelona. El entonces director deportivo, Txiki Beguiristain, se entusiasmó con la oferta del Manchester City por 31 millones, pero el jugador prefirió el Milan, un equipo que había jugado tres finales de Champions consecutivas casi por inercia y donde no le faltaría amor, ni de Adriano Galliani, enloquecido el día que comunicó por teléfono móvil a Berlusconi que “¡ya estaba cerrado, estaba cerrado!”, ni del propio primer ministro italiano. Ambos pecaron de pardillos, creyendo que el talento de Ronaldinho afloraría simplemente frotando la lámpara; tardaron en comprender que el problema de su flamante estrella era más de diván de psicólogo que de piernas. Y, precisamente, Milan no era una ciudad acostumbrada a la vida monacal; al contrario, albergaba las fiestas más selectas para gente demasiado adinerada y, por supuesto, él lo era con sus amistades peligrosas. Después de una primera temporada mediocre en Italia, Dinho no tuvo al lado ningún tutor que le obligase a enclaustrarse en casa para dejarse la vida en los extenuantes entrenamientos del Calcio; todo lo contrario, se rindió a los encantos de la noche lombarda y de otras ciudades próximas en avión. En octubre de 2009, después de un nefasto comienzo liguero, el diario L’Equipe publicó que Ronaldinho se había corrido una juerga en París con amigos, chicas y litros de champán. Hasta ahí todo correcto, dada la vida disoluta del jugador. Pero la noticia no fue la fiesta parisina en sí, sino que al día siguiente debía jugar contra el Atalanta a las tres de la tarde, horario típico de fútbol italiano. Fue entonces cuando Berlusconi ejerció de líder y le sugirió jurar delante de todo el vestuario de Ancelotti que se tomaría en serio la temporada.

Los niños y a veces los genios irreverentes espabilan mediante guantazos; Ronaldinho no fue una excepción. Sin el físico adecuado para las filigranas de otros tiempos, se dedicó a jugar y con la receta de las asistencias, colocó al Milan en la pelea por el título contra el Inter de Mourinho. Ronnie terminó máximo pasador del Calcio, por lo que había un mínimo resquicio para seguir creyendo en su causa. Sin embargo, sufrió un mazazo duro: el seleccionador nacional Dunga fue demasiado escéptico y decidió no convocarle para el Mundial de Sudáfrica. Rápidamente, la torcida brasileña, que había entendido los esfuerzos hercúleos de su ídolo por recuperar su versión fantástica, se movilizó contra el entrenador. Pero Dunga no cambió de opinión a pesar de la presión social, a lo que Ronaldinho respondió con un desafiante: “Un día te callaré la boca a ti y a otros muchos”.

Pues tres años ha tenido que esperar para vengarse de todos sus críticos, que no sólo se habían frotado las manos para atizar a Dinho en su declive milanista sino también durante su controvertida etapa en el Flamengo, en la que el club llegó al límite dantesco de anunciar un teléfono de emergencias para todos los aficionados que viesen o tuviesen pruebas de que Ronaldinho había estado de fiesta. Desde luego, Brasil no era el país idóneo si el mediapunta pensaba resetear su vida. Pero, al final, no han hecho falta ni consejeros aduladores ni psicólogos con ínfulas de sabios filósofos, sino un club humilde, el Atlético Mineiro, con un entrenador más sencillo aún, Cuca. A él se abrazó Dinho la noche que conquistaron la Copa Libertadores y a él agradeció “reencontrarse como futbolista”. Sin duda, y con el permiso de Neymar, el Mineiro ha sacado a la palestra al mejor jugador de los últimos tiempos que compite allí. Ahora tiene 33 años, nunca recuperará su figura estilizada, pero sí ha encontrado lo más importante: aquella sonrisa con la que nos deleitaba mientras hacía las veces de ilusionista con un balón. Quizá esté viejo, pero el seleccionador Scolari deberá pensárselo dos veces antes de anunciar la lista del Mundial. “Decían que estaba acabado”, soltó después de abrazarse a Cuca. Es obvio que todos cometimos la torpeza de darle por muerto, aún le queda otra jugada.

Guardiola baja al barro

Jueves, 11 Julio 2013

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“Se veía venir. Hasta Charly (Rexach) se va porque dentro del Barça ha pasado algo. Con Ronaldo también pasó y se fue. Como todos, por el engaño, por el comportamiento de Núñez y Gaspart. Es la conducta del club: siempre desprestigiando”. No es Guardiola, sino su gurú Johan Cruyff, quien esperó año y medio para rajar de arriba abajo a la directiva con la que se hizo un nombre en el banquillo y a la que acabó detestando. Como un reloj suizo, el ex entrenador aguantó hasta el momento preciso para soltar toda su bilis reprimida; el foro, mejor imposible: la plataforma ‘antinúñez’ del Elefante Azul de su buen amigo Laporta. Pero, a diferencia de Guardiola, el holandés ni abandonó la Ciudad Condal ni pidió expresamente que le ignoraran. Al contrario, Cruyff no se anduvo con tanto secretismo: un 18 de mayo de 1996, camino del entrenamiento matinal del Barça, se enteró por la prensa de que Núñez había contactado con Bobby Robson para sucederle. Su consecuente cabreo de proporciones bíblicas alcanzó a Gaspart, que esa mañana acudió al centro de entrenamiento para apagar el incendio que se avecinaba.

Guardiola no ha tardado tanto en reventar el establishment de Rosell. Desde su atalaya de la Gran Manzana, a “seis mil kilómetros de distancia”, ha olido rumores que percibe nauseabundos, emanados desde los despachos de Can Barça y transmitidos por sus periodistas pretorianos de La Vanguardia y Mundo Deportivo), lo que le ha enrabietado hasta límites insospechados. Tanto, que su estereotipo ‘mea colonia’ se ha ido al traste con una respuesta demasiado larga y fuera de lugar ante la pregunta sugerida en catalán por un reportero argentino. La rueda de prensa de Pep en la pretemporada italiana del Bayern obligaba a saber la verdad de las declaraciones del vicepresidente del Santos; “Tito no sabrá utilizar juntos a Neymar y Messi”, habría dicho Guardiola al padre de Neymar en la más estricta confidencialidad. “Ha habido demasiadas cosas este año en que se han pasado (la Directiva) de la raya. Utilizando la enfermedad de Tito para hacerme daño. Esto no lo olvidaré nunca porque yo a Tito le he visto en Nueva York y, cuando no le he podido ver, es porque no ha sido posible, pero no por mi parte”. Ni en boca de Rosell ni en la de su portavoz, Toni Freixa, se ha escuchado ni la más mínima insinuación sobre la relación Guardiola-Tito. Es la prensa afín al presidente la que ha alimentado ese morbazo del supuesto amor-odio de quienes fueron colegas de éxitos.

Si hace años las entrañas políticas del Barça describían un imperio, el ‘nuñismo’, contra la Resistance del Elefant Blau; hoy las altas esferas azulgranas están intoxicadas por una lucha de poderes entre la anterior presidencia y el engendro que nació de los excesos de Laporta, o sea, la vuelta de un Rosell descarriado durante la última edad dorada del club. Los conciliábulos que cuchichean por la ciudad contra los yupies de Sandro ven a Laporta como instigador y, a la vez, mártir número uno contra el nuevo régimen; él orquesta los ataques a sabiendas de que Cruyff, en ocasiones esporádicas, y Guardiola, por una vez, le llevan las balas. No obstante, el misil tomahawk que ha lanzado el técnico del Bayern por tierra, mar y aire estaba preparado desde el primer día en el que su último presidente atizó judicial y públicamente a su ex presidente y buen amigo. La reacción perpetrada, que no vehemente, de Guardiola agita al barcelonismo como una coctelera, en la que Guardiola y Cruyff son dos divinidades ya eternas para el soci y Rosell un presidente sin pena ni gloria. Y a nosotros, los periodistas, ansiosos de ver sangre, Pep nos va a ofrecee una película más excitante que un Chelsea (Mourinho)-Bayern. Lo ha conseguido: Guardiola y este Barça se han jurado odio eterno, sólo que el club no se atreverá a ir a la guerra. Popularmente perderían.

Laporta: ¿Elefant Blau o vendetta?

Jueves, 13 Junio 2013

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Salió Joan Laporta a la palestra. Sin ventajismos, porque las elecciones todavía quedan muy lejos, pero con un aire de vendetta contra Rosell y su Due Diligence, ese misil inteligente que la actual directiva le lanzó por un supuesto uso fraudulento del club. Fiestas, juergas y otros gastos orgiásticos fueron las acusaciones de la actual directiva contra Laporta en los tiempos de vino y rosas de Guardiola. Y justo en estos momentos, en los que el futuro del Barça no está garantizado con una continuidad larga de Tito, el ex presidente se ha posicionado ante la opinión pública. Si su Elefant Blau fue el martillo pilón de la época ominosa de Gaspart, una nueva oposición pretender incordiar a Rosell hasta el 2016 electoral. Porque a Laporta no sólo le mueve la sed de revanchismo, también su impresión folclórica, quizá chapada a la antigua, de que un grupo de directivos con ínfulas de yuppies de Manhattan han convertido al Barcelona en una multinacional en la que la facturación ha hundido hasta el fondo el seny de aquel Barça que arrambló con todos los títulos.

De UNICEF a Qatar Foundation, y de esto a Qatar Airways. Laporta no quiere entender que sin patrocinadores (los verdaderos dueños del club) el fichaje de  Neymar habría sido imposible de equilibrar en la balanza de pagos; tampoco el sueldo estratosférico de Messi, bien pagado como debe corresponde al mejor futbolista del mundo y al que ahora Hacienda le está examinando hasta el último billete de 5 euros invertido. La idea quimérica de quien fue uña y carne con Rosell es obsequiar al gran público con otra generación de leyenda: diferentes ‘Messis’ e ‘Iniestas’ con los mismos valors. Y en este aspecto, Laporta ha apuntado bien su dedo acusatorio: La Masía va a dejar de ser patrimonio azulgrana para ser patrimonio de la humanidad. Deulofeu es el alumno más aventajado de esta promoción y el club, lejos de blindarle, pretende escuchar ofertas, alguna muy jugosa desde la Bundesliga; Muniesa está a punto de fichar por la Real Sociedad; Sergi Roberto y ese central Bartra que imita los movimientos de su maestro Piqué, están en el mercado. Extraña que detrás de todo este incesante runrún de mercadeo no haya levantado la voz Johan Cruyff. gurú azulgrana de profesión hasta que entraron los yuppies.

En el área de fichajes deluxe, Laporta piensa que Neymar es la consecuencia del resquemor de su antiguo amigo. Ronaldinho y Etoo siempre quedarán como reliquias; Rosell necesita dejar su huella personal e intransferible para que la línea continuista no sea demasiado descarada. De momento, ha convertido a la cresta más popular de Sudamérica en un reclamo inigualable porque, al menos, ya hay una excusa diferente para comprar una entrada en el Camp Nou. El público quiere ver algo nuevo y, desde luego, Neymar, aparte de la legión de patrocinadores que trae a Barcelona,  aparenta tener en sus botas. un talento diferente a lo que hemos visto en la Liga los últimos años. De lo contrario, el fútbol brasileño sería un engañabobos.

Pero hay un punto en el que Laporta ataca con vehemencia y sin inteligencia: el caso de Abidal. Cree que el Barça ha ensuciado su salida cuando la ética pedía renovarle. Pero Rosell resumió este jueves el talante de la entidad con una frase sensata: “Cuando Abidal tuvo una enfermedad el club no tuvo ninguna duda en renovarle; cuando ya ha estado bien, y me consta que está perfecto, le tratamos como un jugador de fútbol”. Después de que Abidal fuese operado con éxito en abril de 2012, el equipo médico dirigido por el Doctor Juan García Valdecasas pidió consejo a una de los cirujanos más autorizados y reputadas en el mundo sobre trasplantes de hígados, el cual reside y trabaja en Madrid. La respuesta fue negativa, dada las posibles graves consecuencias que podía sufrir Abidal si volvía al fútbol de élite. Siguiendo o no la sugerencia de este médico, es lógico que el Barça no quiera jugar con la salud del futbolista. Laporta debería entenderlo.

El equipo, siempre el equipo

Martes, 19 Marzo 2013

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“La mentalidad de los catalanes es devorar lo que estaba antes”. Fue la coartada que utilizó Johan Cruyff en El Partido de las 12 de COPE para explicar su negativa a un hipotético regreso. Su personaje futbolístico apenas tiene parangón en el mundo: dejó el banquillo azulgrana en 1996 pero sigue siendo el tótem del barcelonismo, un gurú sin relevo que el soci anhela en momentos tempestuosos. Consejero presidencial de Joan Laporta, ha vuelto a dejar claro cristalino que Rosell y sus yuppies no cuajan en sus ideas…ninguno ha sido futbolista y en la recámara Cruyff, amante del método, sólo otea uno: el Bayern de Munich. Dos décadas después de que su Dream Team se reivindicará como equipo inmortal, el respeto reverencial a la hazaña de Wembley no le permite compararlo con el prodigio engendrado por Guardiola; ni siquiera se deja viciar por el efecto ‘mamatorio’ que propicia Messi: “En este momento tiene mucha calidad, pero no se puede desprestigiar a Pelé, Di Stefano…”. No citó a Maradona pero conviene con él que Messi será juzgado con más perspectivas, con la última edición de sus antologías.

Pero su reflexión inicial no es un pensamiento generalizado. Habla del Barça desde una distancia sideral, la que él ha interpuesto contra la actual directiva. Quién sabe si ésa es la mentalidad de los catalanes, el hecho incuestionable es que el club no ha traicionado el principio que Cruyff importó a finales de los ochenta, patentado por Rinus Michels: el concepto de equipo. Es en este punto donde el holandés se siente a gusto diseccionándolo con periodistas o con aficionados: el Barça ha creado un único estilo con diferentes peones, y no se trata del misticismo histórico del 4-3-3, no, “tener el balón más tiempo y tenerlo lejos de la portería. Así es como puedes jugar como te gusta”, ésa es la gracia de la doctrina cruyffista. Y nunca se consigue cuando los egos de los futbolistas imperan sobre el grupo, al revés, lo destrozan. Cruyff entendió que su Barça ahíto de títulos y palmaditas por la espalda necesitaba nuevas motivaciones: el bofetón del Milan en la final de Atenas fue el resorte definitivo. ¿Por qué? Aparte de la trampa táctica de Fabio Capello, Cruyff tuvo que ignorar a ratos su magisterio socrático para convertirse en gestor de los malditos egos: de este modo, llegó un momento que se hartó de Laudrup, después Romario, Stoichkov, etc. Reseteó el equipo con talentos de La Masía pero no todos los relevos salen bien. Es ley de fútbol.

Hablando de egos, y en medio de la burbuja que la prensa está hinchando alrededor de Neymar, Cruyff saca una aguja para pinchar tanta expectación desmesurada sin razón: “El Barça no necesita a Neymar en estos momentos, para qué gastar dinero”. De primeras, suena rencoroso contra el sueño faraónico de Rosell de fichar él, y sólo él, a un Balón de Oro en potencia. Sin embargo, los acólitos del cruyffismo entenderán que Neymar se vende en Brasil como un producto deluxe todavía no comparable a las primeras marcas europeas. Ejemplos como el de Robinho, cuando Florentino Pérez se encapricho dé él y los periodistas brasileños le nombraron sucesor de Pelé, demuestran que este tipo de jugadores eclipsan con ruidosas campañas de marketing, pero que en el fondo, y para entender el método, necesitan paciencia y fogueo. Así empezaron Romario y Ronaldo en el PSV Eindhoven, Rivaldo en el Deportivo y Ronaldinho en el Paris Saint Germain, Y Cruyff piensa, sin decirlo, que así debería hacerlo Neymar.

El cañón Bertha de Cruyff

Lunes, 5 Septiembre 2011

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27 de noviembre de 2008. Marc Ingla, entonces vicepresidente deportivo del Barcelona, desveló en Catalunya Radio que Txiki Beguiristain y él negociaron con Mourinho como posible recambio de Frank Rijkaard.  Ingla confesó que la derrota liguera ante el Madrid en el Camp Nou de diciembre de 2007 fue el detonante que les hizo plantear un cambio de entrenador. La liga milagrosa de Capello perturbó la espléndida propuesta de Rijkaard y el napalm con el que Eto’o y Ronaldinho se rociaron mutuamente  terminó por quemar al grupo. Había que fumigar en la plantilla y Guardiola, que ya plasmaba su decálogo en el filial, también se postulaba como candidato. Por aquel entonces, Mourinho estaba en paro después de haber dejado el Chelsea a principios de la 2007/08 por ‘mutuo consentimiento’ con Roman Abramovich.

15 de septiembre de 2009. El periodista Toni Frieros publicó en Sport que la reunión secreta de Ingla y Beguiristain con Mourinho se celebró el 10 de enero de 2008 en la sala de juntas de una conocida entidad bancaria de Lisboa. El lugar fue idea de Jorge Mendes y en aquel encuentro, dice Frieros, los emisarios barcelonistas escanearon el perfil de entrenador de Mourinho con un cuestionario que concluiría si el portugués era o no apto para entrenar al Barça: al parecer, el ahora míster del Madrid sólo falló en el punto referente al trato con la prensa e imagen del club. Según el confidencial de Sport, Mourinho les dijo que le traía al pairo la prensa y que él asumiría la imagen del equipo. Ése fue el desliz que no convenció al Barcelona.

Hoy, 05 de septiembre de 2011, Johan Cruyff espeta en una entrevista en El Periódico que Mourinho era el preferido de Sandro Rosell. “Una decisión así habría cambiado muchas cosas, ya lo dije cuando creía que lo mejor para el Barça era Guardiola”. Sin embargo, poco habría importado la opinión de Rosell en aquel verano de 2008, cuando Rijkaard fue despedido y Laporta sobrevivió a una humillante moción de censura para ascender a Guardiola y culminar el mejor equipo de todos los tiempos. Rosell dimitió de su cargo en 2005, por tanto, puede que Mou fuese su preferido, pero evidentemente nunca habría trascendido tres años después. Y aunque es archiconocido el plan que intentó pergeñar Rosell para cambiar a Rijkaard por Luis Felipe Scolari y que, al parecer, le perseguirá de por vida en los mentideros de Laporta, no es la primera vez que Cruyff saca su cañón Bertha para disparar contra el presidente:

- “Crear es difícil, derribar es bastante fácil” (26/10/10)…Buenafuente es testigo en su late-night  de una nueva rejonazo de Cruyff. El ataque venía motivado por la votación que Rosell promovió contra la gestión de Laporta en su primera Asamblea General Ordinaria.

- “Con las decisiones que ha tomado Rosell en medio año, me ha faltado al respeto “ (20/12/10)…Cruyff se quejó en Canal 33 de que Rosell hubiese decidido someter a votación de los socios su presidencia de honor.

- “Rosell no ha defendido públicamente a Guardiola” (02/05/11)… Cruyff escribió en su columna de El Periódico que le molestó que el presidente azulgrana no diese la cara por Guardiola después del ‘rally’ de los clásicos. No hicieron falta palabras: el Barça denunció a Mourinho ante la UEFA.

- “Este vestuario tiene elementos de sobra para seguir peleando por todo, pero si aparece gente ajena a él con ganas de intervenir donde no debe surgirán los problemas” (30/05/11)…otro dardo del holandés en El Periódico a la actual directiva después de ganar la última Champions. Hasta el momento, Guardiola no ha expuesto queja alguna por supuestas injerencias.

Desafortunadamente para Cruyff, su ‘elefant blau’ intenta resonar en uno de los periodos más prolíficos del club. Y polémicas de Qatar Foundation al margen, la fábrica de títulos en cadena no da pábulo para tachas negras en el mandato de Rosell. Es más, Mourinho da suficiente carnaza a la prensa de Barcelona para que los disparos de, incluso, gurús como Cruyff no den nunca en el blanco…todavía.  

El ‘cañón bertha’ de Cruyff

Martes, 14 Diciembre 2010

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Rosell ha firmado el patrocinio más lucrativo que jamás haya existido en el fútbol, y encima se lo critican. El presidente dice que aliviará la deuda demoledora de Laporta y los ‘acusados’ atizan a Rosell por cargarse el folclore azulgrana: la camiseta nunca ha llevado publicidad remunerada – Unicef es un gesto altruista- y los opositores intuyen que Qatar Foundation es una amenaza para esa idiosincrasia. Lo que menos me ha gustado es que el entorno del ex presidente haya utilizado por enésima vez el ‘cañón bertha’ de Cruyff para atacar la actual gestión. El artículo del gurú holandés en El Periódico sacude la última ‘ocurrencia’ de Rosell.

Naturalmente, a Cruyff le trae al pairo la generosa inyección económica del gobierno qatarí para los próximos cinco años. Quizá le moleste el ansia de Rosell por modernizar el club y darle, como llama la gente de marketing, mayor notoriedad de marca. Porque este presidente sí entiende que esta entidad, que levita en un estado de éxtasis permanente y merecida, debe calar en todos los rincones del mundo. Y qué mejor excusa que jugar el mejor fútbol de la historia para vender ilusión y, obviamente, negocio.

Rosell ha entendido que el Barça, como ha hecho Florentino con el Madrid o Malcolm Glazer con el United – con la aquiescencia de sir Ferguson-, debe rodar como una multinacional con su pertinente balanza de pagos y su superávit. Por el momento, y si es cierto que heredó un déficit descomunal de Laporta, Qatar Foundation es el primer calmante para la sangrante deuda: treinta millones por temporada mas objetivos. O sea que podría rozar cinco ‘kilos’ más, porque es inimaginable que este Barcelona se quede en blanco un solo año.

Por eso, la arremetida de Cruyff desconcierta al barcelonismo. La prensa de Barcelona había vendido paz entre presidente y ex presidente de honor después de la reunión que ambos mantuvieron en verano. Es obvio que el artículo de ayer evidencia que siguen a la gresca. Cruyff sabe que cualquier opinión suya sienta cátedra en el barcelonismo y sea un chascarrillo o una reflexión meditada, siempre replantea los asuntos capitales en los mentideros culés. Sinceramente, el holandés es un deleite cuando analiza el fútbol del equipo, intuye cómo discurrirá el equipo, advierte de posibles amenazas y explica qué se cuece en esa Masía que con tanto acierto perfiló en su momento. Vamos, cuando se centra en el fútbol. Pero no cuadra mucho que también se inmiscuya en temas de patrocinios, gestiones económicas y demás….porque Cruyff también es consciente de que su opinión trasciende más que la del resto.

Y, por cierto, no creo que sea un ejercicio de alarde, pero Rosell asevera con razón que cualquier equipo se cambiaría ahora mismo por el suyo. Cierto, aunque con un pequeño matiz: hasta la aparición repentina de Qatar Foundation el Barça no podía permitirse ‘Cristianos’ y ‘Kakás’ porque no le llegaba la chequera, quién sabe si este espaldarazo le animará a hacerlo algún día…supongo que, de momento, es tontería, ¿pensará lo mismo Rosell?