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Isco rebate a Iniesta

Lunes, 23 Febrero 2015

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Michael Laudrup salió ovacionado de San Mamés en la noche que Raúl agradeció a Valdano la oportunidad de su vida. El danés resolvió dos mano a mano y puso otro par de esas asistencias sin mirar a Zamorano y al entonces joven canterano. El 0-5 provocó en la grada un cabreo monumental que mutó en aplausos justo en el minuto que Laudrup fue sustituido por Juan Eduardo Esnáider. Las hostilidades históricas del Athletic fueron ignoradas por un público que reconoció la delicatessen danesa con un estruendoso aplauso. Menos imponente pero sí más impactante (de hecho dio la vuelta al mundo) fue ver cómo el Santiago Bernabéu hincaba la rodilla ante la genialidad de Ronaldinho. Él solo empequeñeció al Real Madrid como un gigante entre liliputienses, y aquel socio con bigote canoso y su hijo no tuvieron ningún reparo en aplaudir de pie al astro brasileño. Andrés Iniesta también recibió interminables tributos por su gol eterno en Sudáfrica y, por qué no reconocerlo,  por su plasticidad exclusiva. Si algún aficionado piensa en un jugador español parecido a Oliver y Benji, desde que luego que siempre sale Iniesta. O salía, porque le ha surgido un competidor demasiado precoz para ganarse el favor de aficiones ajenas.

La grada del Martínez Valero estaba esperando su cambio. La compilación de fintas, regates, amagos y pases versión Laudrup que dejó a modo de greatest hits se habría vendido en Elche tanto como el partido del ascenso a Primera del equipo ilicitano. Isco calentó demasiado banquillo la temporada pasada porque “su cabeza no estaba bien amueblada”, o eso dicen desde la planta noble del Bernabéu. Necesitaba macerar su talento, dejarlo campar a sus anchas sin soltarle la correa. Y parece que la tutela de Ancelotti ha funcionado. El malagueño dejó de ser banquillero de lujo la semana que Modric se rompió durante un Italia-Croacia. Pero lejos de recrear un panorama tremendista, Carletto charló con Isco y le sugirió que perdiese el miedo escénico, que se imaginara flirteando con el balón delante de varios anfiteatros como lo hacía en los arrabales de Benalmádena, su municipio natal. Isco entendió que el Bernabéu no aplaudía a los tímidos; al revés, les incordiaba con su murmullo característico. Fue entonces cuando tomó la decisión de separar el grano de la paja, de ser simple y llanamente útil, pero con arte, claro.

Fernando Hierro, asistente de Ancelotti, le ha servido de improvisado consigliere: “A veces dos regates salen mejor que tres y una bicicleta resuelve la jugada mejor que dos”. El madridista sigue siendo una esponja en plena absorción, aprobando doctorados cada domingo y cursando un máster acelerado detrás de otro. El equipo se ha tomado tan en serio su papel de niño prodigio, que apenas le importa lo que se dice en las barras de los bares: el Madrid divierte (y se divierte) con Isco sobre el tapete. Cualquier otra lectura sería mentir al aficionado. “Será el jugador más importante de España”. Palabra de su capitán, Iker Casillas, al que no le cuesta reconocer una realidad cada vez más indiscutible. Con Iniesta en horas bajas, el casting de ilusionistas lo domina el Isco que buscaba Florentino Pérez. En su ansia por comprar Balones de Oro, el presidente, aconsejado por la dirección deportiva, decidió darse un antojo: un talento español que, con la presión adecuada, podría rebatir a sus admirados Iniesta y Xavi Hernández en algunas discusiones. Y lo está consiguiendo. 

¡Dónde va Ancelotti sin plantilla!

Jueves, 24 Julio 2014

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El maestro César Menotti solía comentar que “la preocupación del Barça es divertir mientras la del Real Madrid es ganar a toda costa”. La primera vez que se lo escuché fue cuando Joan Laporta rumiaba el despido de Frank Rijkaard por un pésimo comienzo liguero en 2003; la segunda, en pleno apogeo guardiolista que coincidió con el declive de Pellegrini en el año I de Florentino; la tercera, la noche que el Chelsea de Di Matteo oxidó en el Camp Nou el fútbol de salón del mismo Pep, y la última, instantes después de que el Madrid se liberase del peso de la historia con la ‘Décima’. Durante esta pretemporada y sin la imperiosa urgencia de reeditar el cetro europeo, el presidente blanco ha entendido que el Bernabéu necesita algo más que ganar por delante del Barcelona y, por eso, está construyendo una de las mejores plantillas que recuerda la historia blanca. Jorge Valdano dijo una vez que el “mérito” de Fabio Capello en su primer año en el Madrid fue ganarle la Liga al equipo “más compensado y competitivo que vio nunca”, aquel Barcelona de Bobby Robson que tuvo el privilegio exclusivo y mundial de contar con la versión más bestial del brasileño Ronaldo (antes de que ensanchara su silueta hasta recibir el apodo del ‘Gordito’). Ese Ronaldo se comió el mundo en una sola temporada y tan sólo su ausencia por convocatoria internacional en el último tramo de la Liga, privó al Barça de levantar todas las copas. Sin embargo, aquel Barça que mencionó Valdano no pasó el filtro de un Camp Nou que se atrevió a silbar el juego del equipo durante un 6-1 al Valladolid.

El Dream Team creó un estilo al primer toque que todavía se imparte en La Masía. Si Guardiola ha conseguido convertirse en el Platón de la escuela socrática de Cruyff, incluso superándole, el listón para el resto es, simplemente, casi un imposible. Lo fue para Tito y, por supuesto, para un ‘Tata’ Martino que aterrizó en Can Barça como un extraterrestre y sin ningún optimismo para aplicar unas ideas que, a día de hoy, el aficionado español aún desconoce; Martino llegó para no molestar, asumiendo el pacto tácito de una transición, y se ha ido también sin follones.  Michael Laudrup patentó la finura en el Barça de Cruyff y hace unas semanas soltó una reflexión en una entrevista que daría para muchas horas en una tertulia futbolera, pero de fútbol, no salsa rosa: “Luis Enrique tendrá un proyecto largo porque el Barça necesita reencontrar su estilo más que los títulos”. El danés dejó de ser una voz autorizada en Barcelona en el preciso momento en que se convirtió en tránsfuga yéndose al Madrid de Mendoza, pero sus ideas sobre el tapete verde siguen siendo cien por cien culés.

José Mourinho vino con dos obligaciones: la Copa de Europa y volver a meter al Madrid en la élite de Europa. Las bulas papales que le concedió el presidente no fueron suficientes para lo primero, pero sí para incordiar y agotar a Guardiola con una némesis de juego práctico pero aburrido. Entonces, al Madrid del nuevo Florentino parecía que le preocupaba más que el Barça entrara en barrena que inventarse a sí mismo. Mourinho se quemó y Ancelotti vino con ínfulas de “espectacularidad”. Los títulos le han salvado porque eran lo único trascendente en su primer año, pero los fichajes de este verano han cambiado el vademécum del club o, al menos, deberían. James Rodríguez ha causado un éxtasis inimaginable; ídolo de masas en Colombia, su mercadotecnia superará con creces las previsiones del departamento de marketing. Pero lejos de su capacidad de sonreír y posar con una camiseta blanca, chocolatina o bebida gaseosa, James sabe tocar la pelota, bajarla al piso como narran los argentinos y, en definitiva, jugar vistoso. Toni Kroos también, pero su fichaje no está etiquetado como ‘galáctico’.

“¡Dónde va Ancelotti sin plantilla!”, tuiteó con su habitual ironía mi compañero Juanma Rodríguez, una de las plumas más lúcidas del periodismo deportivo. Y no le falta razón: Ancelotti se encuentra con benditas problemas en todas las líneas del campo, pero la que debe emular al Circo del Sol se ha desbordado. James no era necesario en la pizarra táctica de Carletto pero su fichaje es un llamamiento el fútbol control. Cuando la grada se había acostumbrado al juego volátil, el reto del flamante Madrid es, quizá, más complicado que otra Champions: divertir en televisión. Con su estilo imperialista, el club ha decidió que no sólo quiere abusar en los mercados, también en el césped. Claro que eso es más complicado. El vestuario ya no tiene excusas cuando la prensa ataque con dudas en el juego, porque la manoseada adaptación de los nuevos (coartada número uno en este deporte) tendrá una caducidad muy corta. “Ganar machacando y respetando”, dice un directivo del club en petit comité. Por una vez, las preocupaciones del Bernabéu serán las mismas que en el Camp Nou.

El triunfo de los valores

Sbado, 28 Mayo 2011

“Ha triunfado el fútbol y los valores”… Sandro Rosell se lo había aguantado durante todos sos días de bronca, insidias y fuego cruzado en los periódicos. Wembley habría tenido dos acepciones según quién hubiese llegado: si era el Madrid, habría supuesto el acierto rotundo de un proyecto faraónico con Mourinho de dios Ra. Pero fue el Barça y, por tanto, el continuismo de una idea, la de Cruyff. Bien lo sabe Guardiola, que hoy se reencuentra con la dulce nostalgia del 92, la que también han paladeado estos días Koeman, Laudrup y Stoitchkov.

De Guardiola, hoy el diario elEpaís describe sus posibles sensaciones…”Pep tendrá hoy un profundo diálogo con su mito. Vuelve al origen de todo”. Y es cierto, porque la primera Copa de Europa marcó una idea que sólo dejó de progresar cuando Van Gaal se empeñó en fundar una colonia holandesa dentro del vestuario. Hoy es La Masía la que ha demostrado que, fiel a un código deontológico, el éxito no tiene límites. Porque aún siendo la tercera final en seis años, ganarla o perderla no debería ser crucial, pues la apuesta del club todavía no otea el final. Así lo piensa Laudrup, quien anoche aclaró en COPE que el Barça de hoy es un émulo avanzado del suyo…”si con el Dream Team marcamos una época, Xavi, Iniesta y compañía han demostrado que todo es mejorable”. Sin duda, la evidencia es palmaria: el equipo ha arramblado casi todos los títulos que ha jugado desde que Guardiola cogió la batuta en la 08/09 y, además, la fábrica no para de engendrar chavales que ya entrenan a diario con maestros insuperables. Ahí están los Fontás, Thiago, Bartra y, sobre todo, Gerard Deulofeu, un extremo diestro que mira de reojo a Messi en pachangas y por televisión.

La cantera es la clave o, como dice Stoitchkov, “la culpa de que el Barça sea hoy mucho mes que un club”. Hristo quizá fuese el gran protagonista del primer Barça triunfante y casi dos décadas después todavía le gusta lucir aquel temperamento que tanto excitaba al Camp Nou al tiempo que incendiaba al resto. El búlgaro lo tiene claro: “el Barça es para disfrutarlo y lo demás son tonterías”. En el fondo, es lo que realmente le importa al socio. Porque, como dice Ronald Koeman, “pasar veinte minutos divertidos se agradecen”. El matiz es que el Barça no suele dedicar veinte sino partidos completos. Pero la percepción del holandés es casi unánime entre el barcelonismo y los que no lo son. Precisamente, ayer en Londres fue el ex más solicitado porque su golazo de falta fue el prólogo de la historia moderna del Barcelona. Llegó a la ciudad a mediodía e inmediatamente se fue a Wembley para cumplir sus compromisos de comentarista de tele, primero, y ya de paso revivir recuerdos imborrables. Andoni Goikoetxea, otro mítico, comentó en MARCA esta semana que todos y cada uno de sus compañeros sabían que Koeman marcaría la falta en cuanto el árbitro pitó falta contra la Sampdoria. Entonces, el holandés ya había adquirido los galones de lanzador por méritos propios, pero, sin duda, esa jugada siempre será la más especial.

No obstante, me apunto la sugerencia de Emilio Pérez de Rozas…”quédate con que es otra final, un capítulo más del libro de gestas”. Seguro que muchos aficionados tendrán esa mentalidad, porque el futuro se intuye muy suculento. No obstante, ganar a este United no se puede encuadrar en anécdota. No ha llegado a la final un equipo revelación, sino el equipo menos dudoso de los últimos tiempos. Ferguson ha entendido eso de renovarse o morir, y elige a chavales emergentes, tipo Rafael, Valencia o el gran Chicharito, a los que moldea a su gusto. Wembley 2011 elige entre dos gurús del fútbol: el del método Cruyff o el camaleónico, porque a este Manchester no se le caen los anillos cuando tiene que jugar a la italiana, como un español o, precisamente, como un equipo inglés (referencia de  Ramón Besa). Dará igual, ambos son buenísimos.

13, rue del percebe

Viernes, 30 Octubre 2009

El 13, rue del percebe que rodea a Florentino ha borrado de un plumazo la coartada de ‘ilusión’ con la que el presidente quería cimentar su segundo proyecto faraónico. Está por ver si el sartenazo de Alcorcón espabila a un Madrid estrellado en el subsuelo y que tardará en curar el estreñimiento que sufre desde la primera jornada. Hoy el tema ya no es el sacrilegio que han cometido catorce jugadores contra el solemne sentimiento de madridismo, sino las rencillas y despechos de determinados individuos. Una humillación de gigantes dimensiones no podía obviar una intrahistoria deplorable pero entretenida.

El morbo de la supuesta redención contra el Getafe será ver si Pellegrini continúa apostando por Guti, el mismo que le levantó la voz, abandonó el vestuario al descanso (cuando ya se había desatado la vergüenza) y harto, una vez más, de aficionados ‘graciosetes’ que recordaban su cántico más irritante, mandó a todos a freír espárragos de una forma paleta y muy gráfica, pero al fin y al cabo,  paleta. A Guti se le pasó lo de contar hasta tres antes de sacar esa vehemencia barriobajera que siempre lleva enjaulada. Será sancionado con un puñado de euros hasta que vuelve a liarla, ¡menudo castigo!

Y a saber qué estará cavilando Pellegrini en estos momentos. Valdano ya ha dejado entrever que entre Getafe y San Siro se puede gestar la venida del sustituto. Digo yo que si al Madrid se le ocurre cagarla también mañana, el despacho de Valdano abrirá este domingo para cerrar la búsqueda de nuevo entrenador. Con Wenger descartado, quedan dos opciones, una de ellas de alta alcurnia. La primera es Laudrup, quien hace una semana desechó la oferta del Atlético de Madrid. Dicen que las diferencias insalvables fueron económicas, quizá el danés intuyó que ponerse en el banquillo colchonero supondría dejar escapar una posible oferta del vecino. El plan alternativo es rescatar a Rafa Benítez antes de que sea despedido fulminantemente por los dueños norteamericanos del Liverpool. Esta última posibilidad no me cuadra del todo porque, aunque Benítez se ha granjeado una popularidad mundial a base de sudor y lágrimas, su excelsa condición de estratega no cuaja con un Madrid acostumbrado a ganar por el principio de acción y reacción. Y pese a que a Florentino no se atreverá siquiera a imaginarlo, siempre nos quedará el solucionador de problemas, Fabio Capello. Que quieren  títulos  y la Champions del Bernabeu, sólo hay un hombre…eso sí, olvídense de fútbol delicatessen y demás remilgos: ganar y arreando.