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¿Qué tienen en común el Sevilla e IKEA?

Jueves, 19 Mayo 2016

Gameiro goal“Hay que estar preparado para ir ganando, para ir perdiendo (…) Pero el mensaje que siempre repito es aguantar de pie hasta encontrar tu oportunidad”. Unai Emery radiografió la final de Basilea en Bein Sports sin haberla jugado. Sólo él se había preparado contra el heavy metal incial de Klopp, y sólo él intuyó la cabalgada imposible de Mariano, esquivando piernas como si fueran conos de entrenamiento. Dicen que nunca se rinden porque el Sevilla quizá sea el primer club en el que su himno cambió la historia; Javier Lavandón ‘El arrebato’ cantó y el sevillismo cambió su adn. De campar por tierra de nadie a saltar de final en final; de sufrir un año en el infierno a ensanchar la vitrina de títulos. Joaquín Caparrós maceró la cantera; Juande Ramos cuadró aquel primer proyecto inolvidable y Emery ha especializado al Sevilla en torneos de pim, pam, pum. Catedrático de moda, su obsesión por el fútbol vende menos que la del ‘Loco’ Bielsa’ pero genera estrellas, trofeos y dinero. Carlos Bacca llegó como un delantero del montón de la liga belga (7 millones) y se marchó al Milan con P.V.P de estrella (30 millones): Kevin Gameiro, repudiado por el Paris Saint Germain, costó 7,5 ‘kilos’ y a Monchi ya la están taladrando el teléfono con ofertas de media Europa. Es el método Moneyball del Sevilla: jugadores a coste cero cuya rentabilidad es apoteósica. Porque el día que en Nervión firmen un cheque de un puñado de ceros y salga cualquier Lopera de turno presumiendo de un Denilson (5000 millones de las antiguas pesetas), Monchi cambiará de oficina.

Los cursos de entrenadores tienen su lírica en la charla de Rafa Benítez al Liverpool de Estambul y, desde anoche, la de Emery a un vestuario que estaba siendo aplastado. Una parte tardó el Sevilla en enterarse de que había que poner corazón y cabeza. De lo primero no hubo ningún amago, de lo segundo abusó Ever Banega, la extensión del entrenador en el campo; su híbrido de Makelele y Xavi Fernández. Toda la locura que demuestra el argentino en su vida personal la compensa con creces sobre el césped. Cortocircuita jugadas y detiene el tiempo cuando su equipo se asfixia. Con razón el Inter de Milan le ha atrapado para el Calcio: es un Gattuso con estilo. Sucede lo mismo con Coke, media punta espabilado donde los haya. Su astucia la aprendió en Vallecas y al Sevilla le viene de vicio tener una hormiga puñetera correteando por todo el campo. De repente apareció en la jugada de Vitolo y de repente él estaba colocado en el metro cuadrado adonde llegó el rebote del Liverpool en el último gol.

Suena a chiste que el Sevilla no haya ganado ni un solo partido a domicilio en toda la Liga. En el diván de un psicólogo se llama falta de competitividad. Pero el presidente Pepe Castro no engaña a nadie: “Ganamos la Europa League porque somos quienes más apostamos por ella”. En ganas desde luego, porque la historia reciente ha demostrado que los equipos repudiados en la primera fase de la Champions, sufren la mítica Copa de la UEFA como un castigo. No en vano, esta competición es un maratón de liguillas y eliminatorias que deja castrado a cualquier club con aspiraciones serias en su liga. En cambio, los hispalenses saben que el jueves es su día grande. En pocas semanas la secretaría de Monchi abrirá también en domingo: hay demasiados jugadores apetecibles para el mercado. Y el Sevilla, a pesar de esa permanente inyección financiera vía títulos o ventas, seguirá actuando como Ingvar Kamprad, el desconocido dueño de IKEA, al que su infinita fortuna no le impide comprar ropa de segunda mano y yogures caducados. En el Pizjuán han demostrado que el fútbol no sólo se compra con billeteras: políticas de ahorra al poder.

Primero dispara y luego pregunta

Jueves, 21 Abril 2016

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No hubo pájaras en la subida al Tourmalet. Los tres escapados ni siquiera se miran de reojo; casi que pedalean con plato grande. El líder ha vuelto a pegar un arreón cuando ha sentido en el cogote el aliento de los otros; su descalabro sonaba a los de Jan Ullrich en aquellas peleas gloriosas contra Armstrong y el ‘Pirata’ Pantani. Pero el Barça se ha descubierto como la locomotora americana que, lejos de desfallecer, ha vuelto a imponer un ritmo brutal. El que ha querido y le ha dejado un Depor demasiado relajado. El 0-8 es la coartada perfecta para reclamar como accidente la derrota contra el Valencia. El campeón entró en barrena y salió de la crisis de la manera más contundente: asustando como Mike Tyson. Resulta que Luis Enrique, enemigo público número uno de la prensa y casi de la calle, quizá tuviese razón: no fallaba el físico sino la puntería, porque en Anoeta Gero Rulli salvó a la Real Sociedad y el pasado domingo Diego Alves se convirtió en Duckadam, no parando penaltis pero sí disparos por tierra, mar y aire. El Barça espanta fantasmas y Luis Suárez se declara ganador en el debate de quién ha sido el mejor de la MSN. Desde luego, el killer uruguayo no sólo destroza sus propios récords (ya lleva 50 goles esta temporada) sino que garantiza a su equipo el mejor delantero centro del momento. Golea y da asistencias, rechazando las teorías de los ‘falsos’ nueves. Calibró su Kalashnikov cuando más lo necesitaba, y en cualquier palmo del área ataca al balón como un velociraptor a su presa. Tendría su enjundia verle en un equipo de Guardiola, con tantos delanteros móviles que, de repente, cambian a media puntas o interiores. Suárez es el delantero que pivota en el punto de penalti para rematar hasta un microondas (bonita expresión de Jorge Valdano); fuera del agua se muere porque, al contrario que Benzema, él no entiende el fútbol como un mecano donde la jugada empieza a construirse desde la banda.

A Romario le preguntaron en O Globo quién era su favorito de este Barça. Y cuando todo el mundo intuía que tiraría de inercia patriótica con Neymar, el senador más transgresor del parlamento brasileño sorprendió con Luis Suárez. “Me recuerda a mí, con mi instinto pero sin mis regates”. O Baixinho sigue pendiente del negocio del balón y sabe que el club azulgrana compró la mejor semiautomática del mercado. El Camp Nou la disfruta, como lo hizo Anfield en el año que casi les devuelve la Premier League. Por eso, el mito del Liverpool, Kevin Keegan, avisó hace tiempo al barcelonismo:No saben de qué es capaz el monstruo”. Entre sus diabluras de extremo derecho y delantero centro, se sacó dos Balones de Oro. Al igual que Suárez, ‘Super ratón’ Keegan triunfó en la Premier alejado del estereotipo de tanqueta goleadora (tal honor le correspondió a J.B.Toshack). Los regates del uruguayo son una vintage de aquellas fintas del gran ariete de los setenta. Keegan cambió la idea simplona y folclórica de los inventores del fútbol, mientras que el uruguayo no ambiciona tanto, si acaso, un recuerdo como el de Hristo Stoichkov, de quien le han dicho que puede aspirar a lo mismo: un Balón de Oro. Casi nada. Luis plantea cada partido como un duelo en el Lejano Oeste. Dispara nada más recibir, sin pensar, sin imaginar el ángulo. Le da igual a bote pronto o en pirueta, remata el balón como Hugo Sánchez. Y cualquier aroma añejo siempre es bienvenido. Suárez es el goleador del momento, que dio pistas en Amsterdam y se consagró en Inglaterra. Si Football Leaks desvelase que el Real Madrid le tuvo tan a tiro…

Thank you, Mister Rafa

Mircoles, 3 Junio 2015

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“¡Gracias Mister Rafa, gracias de corazón!”. Palabras sentidas de Michael Robinson segundos después de que Jerzy Dudek detuviese el penalti decisivo a Shevchenko. La Champions del milagro, en la que el gigante Milan aplastaría al liliputiense Liverpool voló por los aires cuando once futbolistas apesadumbrados entraron en el vestuario con miedo de regresar a casa. “La afición no se lo merece, dad la cara por ellos”, arengó Benítez a sus jugadores. Sólo es un fragmento del secreto mejor guardado de la historia red: la charla textual que estimuló a un equipo hundido para remontar lo imposible. Aquella fue la final de la gratitud porque un grito al unísono recorrería la mítica grada The Kopp para siempre: cualquier aficionado que visite el templo de Anfield no tardará en descubrir una pancarta que rece Thank you, Mister Rafa. Por eso, Liverpool es el hogar familiar y profesional del entrenador madrileño. Y allí acabará cuando se agote en el Real Madrid o el Madrid se canse de él.

Benítez llega a Madrid rebotado por la grandeza del Madrid. La que dicta que ganas o fracasas. Y Ancelotti ha sido la última víctima. El flamante entrenador merengue presenta un nuevo “librillo de estilo” (ocurrencia de Jorge Valdano) que debería mejorar el de Carletto. “Entrenamiento duro, éxito seguro” en el epígrafe 1 (tal como reveló en una entrevista al analista Marcos López); “Quedar segundos es lo mismo que quedar último” en el 2 (entrevista en La Reppublica) y rotaciones en el 3. Sus equipos son expertos en el cuerpo a cuerpo de las eliminatorias directas, aunque esta temporada Dnipro en Europa League y Lazio en Copa italiana hayan amargado su ciclo napolitano. Precisamente, el epígrafe 3 es en el que le ha insistido el club: el pavor a un tercer ‘galacticidio’ por falta de piernas preocupa tanto en la planta noble del Bernabéu, que el ‘entrenador del método’ (así le ha definido Florentino Pérez en su presentación) sabe cómo inyectar el óxido nitroso que una plantilla de tres competiciones necesita al final de temporada. La fama de Sargento de Hierro de Benítez versión Clint Eastwood es la gran incógnita en un vestuario escocido permanente por la lucha de egos. En los cenáculos de la capital ya se murmulla si será capaz de sentar a Gareth Bale cuando el rival sea más esparrin que peso pesado, o si mismamente le cambiará esa posición amorfa en la banda derecha que atasca su misil izquierdo. Quien no admite sospechas es Cristiano Ronaldo, porque la cúpula directiva ya ha advertido al nuevo mister que las rotaciones deben dejar al margen al astro portugués.

Acatadas las sugerencias, Mister Rafa se dedicará estas semanas a ver a sus jugadores, sobre todo los no aptos. Él decidirá si Lucas Silva tiene que foguearse en un equipo de serie B o si Illarramendi tiene talento para suceder a Xabi Alonso. Su predilección por el doble pivote delante de la defensa aumenta exponencialmente las posibilidades de Casemiro, que se fue a Oporto con cara de niño y regresa con cicatrices de guerra. Si algún tornillo no encaja en su maquinaria, no dudará en pedir fichajes sensatos, eso sí, porque en Valencia le trajeron a Canobbio y su respuesta sublime fue “he pedido un sofá y me han traído una lámpara”. Su primera rueda de prensa ha sido demasiado obvia, con respuestas manoseadas como “jugar bien y ganar”. Ancelotti fue más atrevido en el día de su estreno y prometió una “espectacularidad” que logró en momentos inoportunos, los menos útiles de esta temporada. Pero de repente se encuentra de sopetón con el quebradero de cabeza del ‘1’: viene De Gea e Iker tiene contrato. O sale del Madrid o Benítez tendrá que buscar una solución. Aunque sea cual sea, no le temblará la mano. Ni la conciencia. 

¡Fernando Torres, Atletico’s number nine!

Jueves, 25 Diciembre 2014

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El ‘profe’ Ortega acabó confesando su nombre tras hacerse el remolón durante unos instantes. “Vale, les puedo decir que el futbolista mejor dotado físicamente que he entrenado ha sido Fernando Torres”, dijo en El partido de las 12. No se trataba de una entrevista mamporrera para sacarle morbo a la actualidad sino una plática (como le gusta decir al preparador físico del Atlético) sobre sus métodos de trabajo con Simeone. “Torres no corre, se desliza sobre el césped casi como si levitase”; no es la primera vez (ni la última) que al ‘Niño’ le caen metáforas sobre su elegante carrera de guepardo que recuerda a la de Nicolas Anelka en sus años prometedores del Arsenal. El ‘profe’ lo explicaba con una sonrisa picarona, como si intuyese ya en octubre que volvería a pulir esa figura del Discóbolo de Mirón que tanto admira. Si era un mensaje encriptado, ninguno de los periodistas presentes en el estudio se percató; pero si era un vaticinio, habrá que dar más la vara a Ortega. El caso es que Fernando Torres regresa con su hinchada, la que nunca le desmitificó, ni siquiera cuando decidió apearse de una experiencia ruinosa la noche que el Barcelona desangró al Atleti en el Calderón (0-6). Entonces, el delantero fuenlabreño decidió poner su talento al servicio de un proyecto seductor, no en España sino en el Spanish Liverpool que Rafa Benítez había puesto tan de moda.

El cambio no admitió sitio para el arrepentimiento. El fútbol vertiginoso y directo de la Premier le dio a Torres borbotones de tinta para dibujar filigranas y goles inimaginables. Al compás de Steve Gerrard y con la batuta reposada de Xabi Alonso, el ‘niño’ se volvió ‘beatlemaniaco’. El contraataque red parecía fabricado a su medida y su galope, al contrario que en el Calderón, sí encontraba delante balones calibrados con escuadra y cartabón. Su dimensión se agigantó tanto que pasó de ser un ídolo de barro en Madrid (aunque en el Atlético nunca lo reconozcan) a uno de carne y hueso; la prueba de que el algodón no engaña se la dio Anfield con ese tributo musical del Fernando Torres Liverpool’s Number Nine. Sí, su club podía presumir de misticismo y rituales únicos, pero no de la fuerza del dinero. La prensa inglesa murmuraba que Torres necesitaba retos y no ritos en clubes más competitivos. Y el Chelsea de Abramovich abría las arcas del tío Gilito cada año para intentar asaltar la Champions. Fue en el mercado invernal de la temporada 2010/2011 cuando, tras un tira y afloja de regateos, el Chelsea puso sobre la mesa una oferta definitiva de cincuenta millones de libras. “Demasiada pasta como para dejarla escapar”, aseguró el legendario Ian Rush, tercer máximo goleador en la historia red. De Merseyside a la opulenta ciudad de entrenamiento de Cobham en el helicóptero privado de Abramovich. Así pisó Torres por primera vez su nuevo club para pasar el pertinente reconocimiento médico.

El desorbitante traspaso le pasó factura o, al menos, pesó en su responsabilidad. De repente, el goleador sufrió una de esas crisis pasajeras de los ‘nueves’ que se alargó en el tiempo. La confianza de los aficionados blues  iba desapareciendo a la misma velocidad que se incrementaban las sospechas de la prensa que cubría el Chelsea. Un solo gol en tres meses sirvió de carnaza para los mordaces tabloides británicos. Y unas declaraciones a la web de la Liga Española en las que dio a entender que su equipo jugaba con tíos muy lentos corrieron como la pólvora en Stamford Bridge. Estuvieses o no malinterpretadas sus palabras, Fernando Torres necesitaba cada gol para reivindicar cada uno de los cincuenta millones invertidos en él. Pero el ‘niño’ siempre ha tenido esa flor que tanto se alaba en Iker Casillas: su segunda temporada con el Chelsea se saldó con la Champions y un gol suyo en el Camp Nou para finiquitar las semifinales. Sus actuaciones eran de banquillero porque Roberto Di Matteo contaba con la presencia intimidante del gigantón Drogba. Un año después y otra vez con Benítez, aunque de forma transitoria, el Chelsea repitió éxito en la Europa League con gol incluido de Torres en la final. Ya no era aquel delantero estilizado y grácil que corría treinta o cuarenta metros como un velocista jamaicano; había ganado corpulencia y se había adaptado forzosamente al fútbol romo y pesado de su equipo. Mourinho no fue la excepción; al revés, sus minutos en el campo escasearon en beneficio de un Samuel Eto’o trabajador y sacrificado.

Torres había vuelto a tomar otra decisión el pasado verano como en 2007: su futuro en el barracón de Mourinho pintaba demasiado grisáceo y un Milan de Mercadona llamó a su puerta. El Calcio exige tiempo para amoldarse a su estruendo físico y el delantero madrileño apenas había entrado en la fase de cortejo. Ni a él le gustaba ni el Milan tampoco ha encontrado el revulsivo exprés que buscaba. Pero la suerte no le ha dado la espalda totalmente: Simeone pidió precio por él en verano y, como adelantó Antonio Ruiz en COPE el pasado 12 de diciembre, el Atlético ha acelerado las gestiones para contratarle este verano. El italiano Cerci ni siquiera ha sido una anécdota, por lo que el todavía mito rojiblanco se batirá el cobre con la tanqueta croata Mandzukic. Dos estilos antagónicos que darán soluciones diferentes al ‘Cholo’. Porque a Koke le da lo mismo poner pases en carrera que centros inteligentes al área. En ambos casos siempre habrá respuesta. El Calderón prepara la alfombra roja para recibir a su ‘niño’ que no llegó a forjarse en un hombre con la misma camiseta. Hace siete años y medio el Atleti le suplicó a él recuperar su dañada historia. Fue una responsabilidad demasiado violenta. Hoy es diferente: Torres vuelve para encontrarse a sí mismo, mirar a los ojos al club de su vida y explicarle por qué se fue y por qué iba a regresar algún día.

Luis Suárez, el monstruo de Kevin Keegan

Mircoles, 29 Octubre 2014

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Diego Torres publicó en El País el sábado pasado que varios directivos de la planta noble del Bernabéu disuadieron a Florentino Pérez de fichar a Luis Suárez en verano. “Un delantero de ochenta millones no sólo tiene que marcar goles”, comentaron los ejecutivos, según el periodista. Daban a entender que el club necesitaba a Benzema o una versión aproximada del francés, lejos del típico delantero como Falcao, que remata hasta un microondas desde el punto de penalti. Y de repente y por caprichos del calendario (o no), Luis Suárez reapareció en Madrid sin presumir de su instinto depredador, pero con maneras de ‘diez’. Comenzó en la banda derecha y desde allí soltó un pase preciso a Neymar para el 0-1. Se movió de afuera hacia adentro intentando desubicar a Pepe y Sergio Ramos; dialogó con Messi para anticiparle sus cambios permanentes sobre el tapete y demostró que retiene la delicatessen en quiebros con y sin balón. Pero evidenció que el físico todavía le traiciona, aunque se remangara para responsabilizarse de ese ‘trabajo sucio’ que tan poco gusta a los delanteros estrella.

La lectura amable del clásico para el Barça es que ya dispone de un ‘nueve’, que puede ejercer de falso, centro o al estilo Benzema. Le vale cualquier especialidad. Y, desde luego, a la vera del samaritano Messi, el uruguayo se va a mover como pez en el agua con la misma soltura que lo hacía en la pecera de Anfield. En apenas media hora telegrafió fútbol de alta velocidad, tanta que a veces ni siquiera Iniesta y Messi tenían tiempo para captar la jugada. La gente esperaba su pegada, la voracidad de Liverpool; no en vano, es el número principal de sus funciones.  Pero Suárez obsequió al mundo con un repertorio que va más allá del pim, pam, pum. A Luis Enrique no le pilló de sorpresa porque fue él, personalmente, quien detalló al presidente Bartomeu y Zubizarreta todo el manual de instrucciones que conlleva tener al delantero, y que no sólo consiste en perforar porterías.

“El público de Barcelona se va a divertir. No saben de qué es capaz el monstruo”. Sí, el mítico Kevin Keegan no engaña a nadie delante de las cámaras de la BBC: escupe la palabra monster para aludir a Luis Suárez. Sobre futbolistas multiusos, ‘Super Ratón’ Keegan es una voz autorizada: entre sus diabluras de extremo derecho y delantero centro se sacó dos Balones de Oro. Tal cual. Keegan, como Suárez, triunfó en la Premier alejado del estereotipo de imparable tanqueta goleadora. En su época, ese rol correspondió a John Benjamin Toshack. Por eso, los regates del uruguayo son una vintage de aquellas fintas del gran ariete de los setenta. Keegan cambió la idea simplona y folclórica de los inventores del fútbol, mientras que Luis Suárez no ambiciona tanto: si acaso, un recuerdo como el de Hristo Stoichkov, de quien le han dicho en Barcelona que puede aspirar a lo mismo: un Balón de Oro. Aunque no esté en la próxima edición porque la FIFA haya castigado el mordisco hasta límites insospechados. Peor para el espectáculo, se pierden al monster.

Luis Suárez se fija en Ronaldo Nazario

Jueves, 16 Octubre 2014

Luis Suárez ha lanzado el órdago: “Sería lindo jugar en el Bernabéu. Estoy al cien por cien”. Indirecta para Luis Enrique en la fecha adecuada, a diez días del clásico, y delante de todos los focos en el mejor escenario posible: la entrega de la bota de oro. El mito Kenny Dalglish acudió a a la cita por petición expresa del uruguayo, qué mejor embajador vivo del Liverpool para escuchar en directo el desafío del galardonado. Suárez se había preparado el discurso que el soci quería escuchar, una especie de patata caliente ahora en manos de su entrenador. Su silueta ensanchada de los últimos meses se va puliendo a contrarreloj, los goles a la benévola Omán han sido la inyección oportuna para demostrar que él, en un futuro no muy lejano, también puede entrar en la factoría de Balones de Oro del Barça. Atrás quedó el mordisco y sus devastadoras consecuencias; Luis se ha alejado del runrún mediático para entrenar y dormir en casa de los suegros, un bucle pesado pero necesario. Con una vida casi monacal sin actos publicitarios ni entrevistas, Suárez lo fía todo a una carta: la repercusión mundial del Madrid-Barça.

Preocupa en Can Barça su falta de ritmo, las sensaciones oxidadas después de tanto tiempo, pero Luis Suárez tiene coartada para devolver toda es a ilusión de un plumazo. El ejemplo más sonado, y que le consta personalmente al delantero (su gente –hoy llamada entorno- se lo recordó con vídeos) es el de Ronaldo Nazario. El ‘gordito’ fue un capricho de Florentino Pérez en plena efervescencia mundialista de 2002 con el pequeño gran inconveniente de arrastrar una rodilla averiada de arriba a abajo. Aquella lesión con lloro desconsolado incluido en el Lazio-Inter estuvo a punto de noquearle para siempre, tanto que los médicos más pesimistas intuyeron que Ronaldo sólo volvería a jugar al fútbol con una rodilla biónica. Su brutal ejercicio de superación culminó con la victoria en Japón y Corea, pero su físico había dejado de ser aquella manada de búfalos que años antes había acuñado Jorge Valdano. Ronaldo tardó en debutar con el Madrid porque su carrocería soportaba seis o siete kilos más de lo indicado. Sesiones eternas de carrera continua y piscina cubierta aligeraron el peso suficiente para que la rodilla no sufriese. Fue entonces cuando los servicios médicos le autorizaron para debutar aquella tarde apoteósica contra el Alavés.

A Luis Suárez no le han cazado en bañador, pero sí con la sudadera empapada de sudor. La desproporcionada sanción de FIFA le ha enjaulado demasiado tiempo, permitiéndole sólo celebrar discretamente los goles en las pachangas de Sant Joan D’Espí. Admira cómo Ronaldo aguantó la presión de ser el tercer fichaje galáctico (Figo y Zidane fueron los primeros) y, lejos de competir con Messi y Neymar por el protagonismo en la próxima superproducción hollywoodiense (o sea, el Madrid-Barça), quiere reencontrarse a sí mismo. Al fin y al cabo, todo depende de la valentía de Luis Enrique. Él, como jugador del Real Madrid, vivió aquel clásico del 92 en el que el árbitro Díaz Vega replicó las críticas de Johan Cruyff diciendo que el holandés “se cagaba en los pantalones cada vez que iba al Bernabéu”. Pero al asturiano le gusta atacar por tierra, mar y aire sin esperar a entrar con el balón en la cocina: con Luis Suárez la artillería pesada ya está armada.

Luis Suárez, un gamberro en el Ibex 35

Jueves, 5 Diciembre 2013

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El entrenador del Liverpool, Brendan Rodgers, no exageró cuando dijo en verano que el mejor fichaje que haría su equipo sería un “Luis Suárez con la cabeza bien amueblada” (having his head screwed on). La prensa británica se mofó del técnico y algunos tabloides como el Sun sugirieron a Rodgers montar un equipo competitivo antes que “llevar al uruguayo a un correccional”. El técnico se erigió casi en el único defensor de la causa del uruguayo: creía que podía reeducarle y borrar en poco tiempo su imagen de enemigo público número uno. El mordisco de Suárez al brazo de Ivanovic, del Chelsea, hizo saltar por los aires el solemne código de buena conducta de la Premier League.

La presión social de la carismática grada de The Kop fue tan exagerada que no pasó un día en el que los hinchas no reclamaran su cabeza. Había mancilla la camiseta red y, para un público tan distinguido, es más grave que un futbolista manche el nombre de un club tan venerado que falle goles a diestro y siniestro. Esto último no es el caso de Luis Suárez, quien detectó rápido la animadversión hacia él. El delantero se obsesionó desde Brasil, donde compitió en la Confederaciones, con una posible llamada de Florentino Pérez. Dependiendo donde se publicara el rumor, su nombre estaba por delante del de Cavani o detrás del ‘Kun’ Agüero. Sólo le importaba escapar de Las Islas.

Pero Rodgers entendió que para centrar a su chico, lejos de atosigarle con gritos de barracón militar, necesitaba cuidarle con guante de seda. Sólo así se reencontraría con el gol y sólo así firmaría las paces con Anfield. Luis Suárez ha captado el mensaje a la primera: golea como quiere, revienta las defensas y, sin duda, se ha vuelto a colocar en el Ibex 35 del mercado. El Madrid le contemplaba cuando Benzema estaba en el ojo del huracán y todavía tiene escrito su nombre en la libreta, por si a monsieur empané se le ocurre regresar al limbo. Esta semana se ha ganado la redención definitiva. Puso patas arriba a Anfield, “recordando al mejor Kevin Keegan”, se atrevió a decir el comentarista estrella Gary Lineker. Quizá sean palabras mayores comparar a un mito como Keegan con el impacto mediático y ¿efímero? que está teniendo Suárez. Sin embargo, es uno de los hombres del momento, inventando goles de cualquier ángulo, pero todavía con la sospecha de chico gamberro. “Si se atrevió a poner el diente en un contrario, quién dice que no liará otra igual dentro de un tiempo”, afirmó Peter Kenyon, ex director ejecutivo del Chelsea y principal benefactor de Mourinho en Inglaterra. De momento, no ha sucedido. Y mientras le jalee Anfield, Luis Suárez seguirá en la agenda de fichajes…del Madrid y de medio mundo. 

 

 

 

“Algo ha cambiado ya” en la Premier

Jueves, 18 Julio 2013

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Roberto Martínez está entusiasmado con la marabunta española que está arrasando en la Premier League. El flamante entrenador del Everton no se imaginaba ni de coña que, casi dos décadas después de su osadía, la mayoría de futbolistas españoles quedarían prendados de la cultura anglosajona, hasta hace poco incómoda para un latino, y sobre todo, de un producto de marketing tan bien vendido como la Champions League. Porque la liga inglesa no sólo es un reclamo publicitario vendido a gran escala (número uno en ventas en China, Japón y el Sudeste asiático), sino que los mejores jugadores quieren sentir en su carnes el estruendo de The Kopp en Anfield, pisar el ‘Teatro de los sueños’ o codearse con la jet set del barrio de Chelsea. Bobby Martínez todavía se acuerda de la aventura de los ‘Three amigos’ en el Wigan: Juan Seba, del Zaragoza, e Isidro Díaz y él, ambos del Balaguer, decidieron fichar por el Wigan en 1995. Entonces, este equipo jugaba en cuarta división, pero la prensa nacional llamó la atención de los tres españoles que habían desembarcado sin apenas chapurrear el idioma. “No fuimos los primeros”, recuerda Martínez; “me acuerdo que cuando jugaba en el filial del Zaragoza, el primer equipo fichó a Nayim, el ceutí que había estado en el Tottenham cinco temporadas”. Y es verdad, Nayim, el del golazo de la Recopa del 95, flipa en colores cuando recuerda los años en White Hart Lane: “Me salieron varios partidos buenos contra el Arsenal, por eso gusté a la afición”, recalca el ceutí siempre que alguien le pregunta por su carrera en Inglaterra. Él rompió la baraja y, por eso, es justo que se le recuerde como el pionero.

“Llegué a sentirme más solo que la una”, suelta con sinceridad el ‘Chapi’ Ferrer. Fichado por un Chelsea todavía sin la ostentosa influencia de Abramovich, para el ex defensa del Dream Team de Cruyff el idioma fue su particular martillo pilón durante los primeros meses en Londres. Con entrenamientos en inglés y, por supuesto, las charlas, tuvo que espabilar demasiado rápido. Y así lo hizo durante cinco años completos, los que señalaba su contrato. La ventaja que tuvo Ferrer es que él era uno de los mejores laterales derechos en Europa, por lo que no le fue difícil ocupar la titularidad las primeras temporadas. Además, ninguno de sus entrenadores fue británico porque compartió vestuario con Ruud Gullit y los italianos Gianluca Vialli (que hizo de entrenador-jugador) y Claudio Ranieri. Al menos, con estos últimos no tuvo que esconder la precariedad del idioma. Y justo un año después de la salida de Ferrer, el Liverpool cambió para siempre su historia con Mister Rafa (Benítez). Tal ha sido el arraigo del entrenador español con la ciudad y la afición, que aún hoy tiene fijada su residencia oficial en Liverpool, donde vive su familia, Nápoles se intuye como una estancia temporal. La conversión de Benítez de ciudadano español a británico ha sido tan perfecta que, hoy día, en cualquier entrevista se le escapa la muletilla de ‘¿Cómo lo decís vosotros?’ cuando quiere traducir una expresión del inglés al español. Si bien los casos de Nayim, los ’Three Amigos’ y Ferrer fueron peregrinos, Rafa Benítez abrió la puerta a toda esa riada incesante de jugadores que quieren probar la experiencia de Las Islas. Su primer Spanish Liverpool con Xabi Alonso, Luis García, Josemi, Antonio Núñez y Morientes dio para escribir infinitas historias sobre la comuna española que había levantado el técnico en territorio extranjero.

Y si parecía que la fábula española de Liverpool (aderezada también con Pepe Reina y Fernando Torres) jamás se iba a repetir, este verano Michael Laudrup ha repetido tendencia montando un Swansea casi genuinamente español. Gales, país del club, ha sido tomada por siete españoles: los veteranos de un año Michu, Pablo Hernández, Chico Flores y Rangel se encargarán de hacer novatadas a Jordi Amat (Espanyol) y los béticos Pozuelo y Cañas. Durante estos días, Granero podría convertirse en el octavo pasajero, pero eso ya no extrañaría a nadie. Porque los primeros que ven la influencia española allí como algo normal y no una moda son Roberto Martínez, que ha echado broncas a vestuarios casi cien por cien nativos y, por supuesto, Benítez que repitió su toque español en la pasada final de la Europa League con Torres, Mata y Azpilicueta en el once titular del Chelsea campeón. “Algo está cambiando o, mejor dicho, algo ha cambiado de una vez por todas”, sentencia el mister del Everton. Ayer Negredo firmó el contrato de su vida con el Manchester City, hoy un buen puñado de colegas de profesión sueña con hacer lo mismo en la Premier. ¿La Liga española se oxida? Claro que no, pero que no nos quiten a Cristiano o Messi…por si acaso.

El comienzo tenebroso de Ferguson

Sbado, 11 Mayo 2013

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El fútbol regala momentos de inflexión que cambian para siempre la vida de ciertos personajes: le sucedió a Iker Casillas salvando la Novena en Glasgow con varias paradas milagrosas; el brasileño Ronaldo regresó al estrellato gracias a una cantada de Kahn en la final del Mundial del 2002; Vicente Del Bosque fue elegido entrenador interino en el año 2000 y consiguió contra todo pronóstico la Champions de París contra el Valencia y Louis Van Gaal salvó su cabeza por un cabezazo de Xavi Hernández en Valladolid, valga la redundancia. El ya mítico Sir Alex Ferguson también estuvo a punto de ir directo al cadalso si su jugador Mark Robins no hubiese marcado el gol más decisivo de la historia contemporánea del Manchester United. Sucedió en el estadio City Ground de Nottingham, donde los diablos rojos afrontaban con piel de cordero la tercera ronda de la Copa inglesa del 90. El técnico escocés intuía el duelo como un ultimátum a su gestión fallida; directiva y afición se habían hartado de tres temporadas sin botín alguno y no iban a tolerar la solera de otro año más a ciegas. El ambiente no podía estar más inflamado; sobre todo, a raíz de una derrota contra el City en liga por 5-1 que motivó en Old Trafford la exhibición de una pancarta de proporciones considerables que rezaba: ‘Tres años de excusas y esto todavía es basura”.

El propio Ferguson describe sus principios al frente del United como su “etapa más oscura”. Aquella agónica victoria con el cabezazo de Robins eliminó al Nottingham y puso en órbita a un Manchester que rompería el maleficio de los títulos en Wembley, en la reedición de la final de desempate contra el Crystal Palace. Años más tarde, el legendario Gary Pallister, íntimo amigo del entrenador, desveló en público una conversación que mantuvo con su mister en la víspera de Nottingham y en la que le insinuó que una derrota más y “el periodo de Alex Ferguson habría sido uno de los más lamentables en los anales de la historia”. La sombra del idolatrado Matt Busby era demasiado alargada para Ferguson, a quien la prensa sensacionalista no paraba de recordarle las gestas del mejor entrenador de la historia del Manchester. El escocés fue tragando quina hasta que un día rompió su diplomacia con los periodistas: “Muchos en los medios creen mis errores han contribuido a este descalabro”, afirmó después de un empate contra el modestísimo Luton Town que relegó al Manchester a la segunda plaza del campeonato en favor del Leeds. A pesar de la Recopa de la campaña anterior contra el Barça de Cruyff y la Copa de la Liga del 92, los directivos del United exigieron a Ferguson una liga inglesa que no conseguían desde hacía ¡veinticinco años!

Paul Ince, uno de los jugadores franquicia del Manchester a principios de los noventa, comentó una vez a un corrillo de periodistas que la hegemonía liguera del Liverpool era “un hecho del que podían presumir en Anfield” y que, por qué no confesarlo, “daba envidia sana”. Sus palabras venían propiciadas por una pancarta que, precisamente, la grada The Kopp de Anfield desplegó en un Liverpool-United de enero de 1994 y que decía: ‘Au revoir Cantona y Manchester United, Volved cuando ganéis 18’. A partir de ese instante, el pensamiento de Ferguson sólo contemplaba una obsesión: “Mi gran reto no tiene nada que ver con lo que está pasando, mi reto más grande es bajar al Liverpool de su puta posición, Y puedes imprimir eso”, espetó en una entrevista. Su colega y paisano del Liverpool, Graeme Souness, soltó una carcajada cuando le contaron el reto de Ferguson; no hizo falta ni una sola réplica. En 2011, cuando Alex se coronó rey de las Islas con la Premier número 19 del club (13 particular), preguntó con socarronería si Souness no tenía nada que decir ahora.

Superar al Liverpool ha sido la gran liberación de Ferguson, pero no la única. Cuando un entrenador va adquiriendo demasiada relevancia pública, las comparaciones con los antecesores se hacen odiosas. Tal cual le sucedió con su admirado Matt Busby que falleció en 1994. Alex soñó que, al igual que Busby, él también podría ser reconocido Sir por la monarquía británica. Su aportación al mundo del fútbol era más evidente a medida que el Manchester extendía su dominio en Reino Unido. Pero faltaba la culminación definitiva, que sólo podía comprenderse ganando en el viejo continente. “No puedo creerlo, no me lo creo. Fútbol. Maldita sea”. Fueron las únicas palabras que pudo articular Ferguson sobre el césped, después de que el mundo hubiese observado en el Camp Nou los tres minutos más locos de la historia de la Champions. El entrenador del United escupió su enésimo chicle (dicen que ha mascado más de catorce mil) cuando Solskjaer batió a Kahn y conseguía la remontada más milagrosa jamás imaginada. Entonces supo que había llegado su hora, el momento de ser recibido en Buckingham Palace para alcanzar el carisma de Sir Matt Busby. La reina Isabel II le nombró caballero de la orden del Imperio Británico: ya era Sir Alex. Precisamente, fue en ese acto donde reveló la arenga que había soltado en el vestuario durante el descanso de la final, cuando el Bayern de Munich ganaba por 1-0: “Al final de este partido, la Copa de Europa estará solo a unos metros de vosotros pero no podréis ni tocarla si perdemos. Para muchos de vosotros ésta será la mejor oportunidad de vuestra carrera. No os atreváis a volver aquí sin haberlo dado todo”.

Haber sido nombrado Sir reportó a Ferguson un estatus diferente; se había convertido en uno de los grandes personajes públicos de la sociedad inglesa. Tanto fue así que cuando el primer ministro Tony Blair dudaba qué hacer con Gordon Brown, pidió consejo al entrenador del United, laborista acérrimo. “¿Qué harías tu si tu mejor futbolista, por muy brillante que sea, hiciera lo que le diese la gana sin escucharte?”, le preguntó Blair: “Apartarle del equipo”, respondió con contundencia el escocés. Poco le importaba trasladar su ingenio a asuntos políticos e, incluso, musicales. El archifamoso Liam Gallagher, del mítico grupo Oasis y fiel seguidor del Manchester City, resumió una victoria de su equipo en un derbi diciendo que a Ferguson “las luces le debieron cegar porque se debió pasar por el whisky”. Informado de estas declaraciones, Sir Alex contraatacó: “¿Y éste qué demonios pinta aquí?”. Otra vez, cuando Nicolas Anelka jugaba en el Arsenal,  fue preguntado si le gustaba la forma elegante de correr que tenía el delantero francés, parecida a la de un puma. La salida de Ferguson fue genial: “Yo recuerdo la primera vez que vi a Ryan Giggs, tenía trece años y flotaba por el campo como un cocker spaniel detrás de un papel de aluminio que lleva el viento”. Una vida de genialidades dentro y fuera del campo, que siempre agradecerá a la cabecita de Mark Robins.

Aquellas cláusulas de Fernando Torres

Mircoles, 14 Diciembre 2011

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Gil Marín estuvo espabilado cuando redactó al Liverpool un contrato puñetero por la salida de Fernando Torres en el verano de 2007. El traspaso no era una millonada (32 kilos) pero el Atlético incluyó dos cláusulas intuyendo que su delantero se hincharía a marcar goles ante las defensas de barro de la Premier: la primera consistía en una generosa contribución de 250.000 euros por cada 15 goles que marcase el madrileño y la segunda estipulaba la misma cantidad por cada 25 partidos que jugase de titular o suplente. La ocurrencia del consejero delegado recordó al talante duro de Lendoiro (en sus días) o Del Nido; como un Tío Gilito cualquiera, Gil Marín no iba a desprenderse del futuro más prometedor de club por un saco de dinero…había que sacar rendimiento a su invención.  Y, desde luego, que el plan no tardó en funcionar: en diciembre de esa temporada llegaba el primer cheque por un gol de Torres al Derby County. Mister Rafa o, más bien, los dueñós Gillet y Hicks debieron penque la maldita cláusula era un incordio a la deficitaria tesorería de Anfield.

Quizá los magnates más ingenuos del fútbol británico no se percataron que si Torres fallaba en la Premier, le quedaría la Copa como consuelo y, en caso más extremo, la Carling, sin contar competiciones europeas. Pero todavía quedaba la segunda cláusula, que tampoco se demoró: justo después de sus primeras navidades fuera de España, el partido copero contra el Luton certificó otro cuarto de millón para el Atlético. Aquel año le salió redondo a Gil Marín…’El niño’ se quedó a cuatro partidos para que el club de sus amores cobrase un milloncejo redondo que, para la balanza de pagos que maneja, no era calderilla. De este modo, Torres maduraba su talento en un club puntero, al tiempo que evitaba inflamar los ánimos de una afición que desde su ‘huida’ tomó a Agüero como nueva efigie. A partir de entonces, la historia es archiconocida: Torres se superó como jugador pero no con sus expectativas y sin Benítez en el banquillo y hastiado de tanta mediocridad, no dudó en aceptar la mareante oferta de Abramovich.

Sin embargo y a tenor de la versión taciturna del futbolista, Gil Marín debe seguir dando gracias a la divina providencia: sí, Torres es más mediático, está más pulido, pero la suerte también le es más esquiva. Aquellas cláusulas poco habrían valido en su nuevo supercontrato de Londres. Puede que Lebron James comparta opinión con el directivo colchonero pues la estrella de la NBA se ha dado el capricho de invertir en los reds a través de su grupo empresarial. Pero poco que le preocuparán a Lebron las historietas de jugadores, sus intenciones (si es que sus asesores le han puesto al día) se limitan a los números y estos indican que, sin duda, el Liverpool rubricó la mejor venta jamás conseguida por una estrella apagada. El Daily Mail publica que el Chelsea ha decidido desprenderse de Torres por 24 millones, menos de la mitad de lo que costó hace menos de un año. En otro momento, el titular quizá no sería otra astracanada más del sensacionalismo británico, pues Abramovich tan pronto le pone un helicóptero al jugador para que firme el contrato como le considera su enésimo juguete roto. Pero Torres sigue buscando su ‘yo’ y Villas-Boas no le va a defenestrar con Drogba y Kalou en la próxima Copa de África. ‘El niño’ está considerado como un auténtico valor bursátil en Inglaterra, pero urge que llame a la suerte, porque su cotización sigue bajando y ni un broker pesimista atisba el fondo.