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‘Simplemente gracias, Mister Rafa’ (Liverpool parte II)

Viernes, 4 Febrero 2011

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Cualquier final de Champions justifica una temporada y así lo entendió Rafa Benítez para escudarse en un buen año 2007. El Liverpool había copiado el guión del 2005 dejando al Chelsea en la cuneta otra vez para regodeo de su afición. Aquella semifinal mitificó a un español, Pepe Reina, que se creció en los penaltis y metió a su equipo en la final de Atenas. El saldo era inimaginable: dos finales, una de ellas ya ganada, en tres temporadas: la divinización de Mister Rafa era casi obvia.

Sin embargo, la revancha fácil del Milan evidenció definitivamente que había que sacar la chequera. La delantera de aquel 2006-07 no daba para más : el holandés Kuyt arreglaba un buen puñado de partidos, pero no era decisivo ; al gigantón Peter Crouch le venían grande las exigencias del entrenador. Un año antes se habían ido Morientes y el francés Cissé. Sopesándolo bien, Rafa reconoció que le faltaba talento para golear. La disyuntiva era clara : Eto’o o Fernando Torres.

A Benítez le tiraba mucho el camerunés, pero las credenciales del Liverpool no podían compararse con las del Barça. En España, Eto’o era venerado por el Camp Nou, a pesar de sus ‘lindezas’ verbales contra  Ronaldinho. La primavera del 2007, cuando Benítez ya había activada la búsqueda del ‘9’, fue dura en el vestuario azulgrana ; el polvorín que habían originado Eto’o y Ronaldinho debía reventar por algún lado, y ahí estaba el Liverpool a la caza. Pero Mister Rafa había creado un ‘Spanish Liverpool’ en el que la convivencia de los jugadores era, sencillamente, envidiable, y el temperamento volátil de Eto’o la podía inflamar. Ya no había dudas : Fernando Torres alcanzaría su madurez en Las Islas.

El periodista Miguel Ángel Méndez, entonces en Onda Madrid, desveló el interés del Liverpool por el ariete madrileño. El resto de la película es archiconocido : el Barcelona sonrojó la historia del Atlético de Madrid con un 0-6 en la penúltima jornada de Liga y la operación se agilizó. Torres quería jugar finales de Champions y el Liverpool le permitiría abanderar nuevos retos más suculentos. Su aclimatación no iba a costar mucho, obvio ; su salida sí: 32 millones de euros. Con Torres también vino Arbeloa, fogueado en el Depor y a la espera de una oportunidad en el Madrid. En consecuencia, Benítez había quedado satisfecho por el esfuerzo de los nuevos dueños, los norteamericanos Tom Hicks y Goerge Gillet.

La temporada del remozado ‘Spanish Liverpool’ no fue tan mala como indicaron los cero títulos. Torres encontró la horma de su zapato en Steve Gerrard y sus goles batieron récords personales : superó al queridísimo Michael Owen con más de treinta goles (en todos los torneos), optó al trofeo de mejor jugador del año (se lo llevó Cristiano) y lo más importante, estuvo a la altura en estadios como San Siro o Stamford Bridge. Aunque, memorable fue su actuación en cuartos de Champions ante el Arsenal con unas cuantas jugadas sublimes, golazo por la escuadra incluido.

Sin haberla ganado en 2008, The Kop se dio cuenta de que la Champions se había convertido en su torneo fetiche : las noches de los martes y miércoles desataron la locura de una afición que por fin reconoció las intenciones de su club : volvían a estar en primera línea, donde nunca debieron marcharse. Mister Rafa y sus ‘Beatles’ españoles habían entrado en una historia centenaria. Hasta Torres se ruboriza aún de su cántico al unísono, ‘Fernando Torres, Liverpool’s number nine’. Lástima que se haya borrado de un plumazo esta semana.

Pero el éxtasis popular escondía inquietudes : los dueños habían amagado con vender sus acciones a los pocos meses de comprarlas. Las habladurías habían trascendido tanto que el cabreo de Benítez fue monumental. Hicks y Gillet ansiaban resultados inminentes, tanto deportivos como en la balanza de pagos. Y la carencia de títulos disparó otro rumor : el del supuesto sustituto de Benítez, Jürgen Klinsmann. El alemán, que residía en Estados Unidos, tenía un perfil más mediático y marketiniano. En definitiva, un gancho muy apetecible para los dueños. Todo quedó en humo, a pesar de que la desavenencia fundamental entre los propietarios y el entrenador era la renovación de este último. Ciertamente, a Benítez lo único que le preocupaba era hacer competitivo al equipo y que los de arriba no se inmiscuyeran en su cometido.

La renovación llegó, al fin, en marzo del 2009. Benítez pasaría a cobrar salario de ‘top’ (como dice Mourinho) y el club se garantizaba un plan deportivo para un lustro más. Además, el segundo puesto en la Premier del 2009 intuía que también había fuelle para acometer un campeonato de regularidad, justo lo que se le había achacado al ‘Spanish Liverpool’. Pero el estatus quo cambió ese verano: a Xabi Alonso le sedujeron los cantos de sirena de Florentino Pérez y su salida descuajeringó la columna vertebral del Liverpool. Hubo otras fuga colateral: Arbeloa también acabó en el Madrid, como él siempre había querido. Y aunque a Benítez le estaban desmontando la plantilla, el problema es que los números rojos de la caja obligaban a un ahorro máximo. Por ello, Hicks y Gillet intentaron contentar al entrenador con Aquilani, un romano que dejaba muchas dudas. Había llegado el principio del fin.

La esencia del ‘Spanish Liverpool’ se desvanecía en los albores de la temporada 2009-10, a pesar de que Torres y Reina intentaron tirar de un carro en el que el líder fáctico, Steve Gerrard, estaba más pendiente de apañar su futuro que de sus propias responsabilidades ‘reds’. La liga fue un calvario y en la Champions el equipo no tuvo la chispa que le había devuelto al pedestal de los mejores. Las insinuaciones de compras accionariales eran tan descaradas, que Benítez se percató de que su renovación había sido un espejismo. Su ruptura con los directivos era irreversible, y la huida de Mourinho del Inter le valió de coartada para no enfurecer a la afición. Ahí acabó la grandiosa aventura de Benítez y de su inolvidable ‘Spanish Liverpool’. Meses después, la salida de Fernando Torres al Chelsea estaba cantada (el equipo no da para más) y en breve Reina también se despedirá de The Kop. Allí quedarán recuerdos sempiternos, allí nació y murió una leyenda. Y como los británicos son agradecidos, siempre repetirán lo que Michael Robinson dijo pasmado tras la proeza de Estambul 2005 : ‘’Simplemente gracias, Mister Rafa’’.

Aquel gol de Luis García… (Liverpool parte I)

Mircoles, 2 Febrero 2011

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Él sí creyó en el reto, a pesar del estruendoso grito popular de Mestalla. Ni siquiera la Liga del 2002 le había servido de póliza de seguro para ganarse al público. Sus métodos tácticos garantizaron victorias casi por inercia, pero el estilo de ellas no colmaba el insaciable apetito de una afición ávida de títulos y, por ende, entretenimiento. Y al igual que Parreira, Valdano o Cúper, tuvo que escuchar aquel ‘¡Vete ya!’ con paciencia estoica. Rafa Benítez dedujo con acierto que la opinión pública nunca reconocería el sobreesfuerzo de su Valencia, un equipo que ignoró el maremoto mediático del ‘galacticidio’ para alzarse con el campeonato del 2004. Tampoco tuvo mucho eco la UEFA de esa misma temporada, o así lo percibió Benítez. Por entonces, el fútbol inglés ya comenzaba a intimidar al Calcio y a la propia España con actores nuevos y sorprendentes: el Chelsea lo había comprado un oligarca ruso y a través de una buena inyección de petrodólares lo había puesto en órbita con Manchester y Arsenal. Era obvio que el Liverpool, por historia y folclore, no podía quedar en antigualla y debía buscar el camino a la regeneración.

Los festejos en el Ayuntamiento de Valencia de mayo de 2004 se silenciaron de golpe cuando Benítez rechazó su renovación. El club le daba más pasta para otros cuatro años, pero el míster lo había sopesado: Inglaterra era un campo huérfano de futbolistas españoles y más de entrenadores. Aparte, él comulgaba más con la idea de ser el mánager absoluto que con estar continuamente a la gresca por un fichaje cualquiera. Y Liverpool fue el destino meditado, el club en el que Benítez intuía que podía emular al inolvidable e irrepetible Bill Shankly. Pero no era fácil porque la tesorería no permitía dispendios exagerados; así que el ojo clínico del español trajo hasta Las Islas a Xabi Alonso, un centrocampista en ciernes de la Real Sociedad; a Luis García, brioso y con ganas de más en el Barça de Rijkaard y Ronaldinho; Antonio Núñez, un canterano del Madrid que apenas olió el primer equipo de Queiroz y Josemi, un lateral correcto del Málaga. Aunque lo más sonado fue todo el plantel de preparadores que llegaron con Benítez (adjuntos, preparadores físicos, de portero, para categorías inferiores, ojeadores, etc).

En un verano, la vida de Benítez había dado un giro inesperado. El Liverpool le había confiado el cometido de devolverle la excelencia y para ello, le dejo hacer y deshacer a su antojo. El equipo adaptó pronto la mecánica del entrenador: un fútbol sencillo y simplón, muy británico. Xabi Alonso fue el español que mejor entendió la idea y junto a Steve Gerrard formaron una medular muy apetecible. Y a pesar de que en la Premier no lograron consistencia, en la Champions sortearon obstáculos hasta plantarse en semifinales contra el Chelsea. Fue en la vuelta y con un gol medio fantasma de Luis García lo que les metió en la gran final veintiún años después. Aquel gol entusiasmó tanto a The Kop, que Benítez, primero, y Xabi y Luis García, después, fueron consideraros héroes. España había encontrado un rinconcito emotivo en la gradería de Anfield. Desde ese momento, los susurros de Spanish Liverpool resonaban por toda la ciudad. Luego vino la gran remontada de Estambul, de la que se han escrito odas, pero de la aún esperamos el texto íntegro de la perorata que Benítez soltó a sus chicos en el intermedio.

A partir de entonces Benítez era Mister Rafa (algo así como un ‘sir’ para Anfield) y su Spanish Liverpool estaba de moda. Sin ser Goliat (los fichajes mareantes se los llevaban ManU y Chelsea), los reds habían pillado el tranquillo a ganar títulos y, claro, Benítez estaba en disposición de pedir. Morientes vino en las navidades del primer año, pero su concurso en Champions con el Madrid no le permitió entrar en la leyenda de Estambul. También ficharon a Pepe Reina, un porterazo al que el Villarreal le venía pequeño. El consuelo fueron la Copa Inglesa, la Community Shield y la Supercopa de Europa; la Champions fue inalcanzable por segunda vez consecutiva, tal como se intuía, y la Premier volvió a ser decepcionante. Lejos de ser una advertencia el fracaso en Liga, al manager le garantizaron confianza absoluta. En Inglaterra, a diferencia de lo que sucede España, sí entendían que un proyecto de tal magnitud requería una etapa experimental. Dos temporadas, y con una Copa de Europa más en las vitrinas, eran un plazo muy corto para que el Spanish Liverpool madurara…se necesitaba más tiempo, más trabajo y, ¿por qué no reconocerlo?, un fichaje a golpe de talonario(CONTINUARÁ MAÑANA)   

The Kop le echará de menos

Domingo, 6 Junio 2010

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The Kop dejará de corear al unísono aquello de Mister Rafa. Y si fuera por la mítica grada, Benítez seguiría siendo otro de los suyos. Pero una pésima temporada, agravada por un trasfondo institucional más que preocupante, ha dilapidado el poco crédito que los dueños del Liverpool habían concedido a su técnico. La afición reconoce el esfuerzo de Rafa; no en vano, él devolvió la gloria europea al Liverpool con aquel discurso mágico que motivó a sus chicos para remontar tres goles al Milan en la final de Champions del 2005.

Pero desde la apoteosis de Estambul, todo han sido problemas para Benítez. Como cualquier otro entrenador que se labra un currículum tan meteórico, Rafa advirtió a su club que milagros como el de aquella noche no se repetirían sin jugadores competitivos. Sin ir más lejos, Dudek fue quien paró el penalti decisivo a Shevchenko y la siguiente temporada fue vendido porque nunca convenció a Benítez. El checo Milan Baros, otra apuesta fuerte de la entidad, tampoco congenió con Benítez. En definitiva, Mister Rafa quiso hacer un plantel a su medida y para ello pidió desembolsos importantes. El reto de la Champions lo había cumplido sin obligación; faltaba una Premier dos décadas después.

Pues bien, en seis años el único fichaje de pedigrí ha sido Fernando Torres. No obstante, ‘el niño’ vino por su hartazgo en el Atlético y sin culminar su madurez futbolística. Pero quitando al delantero madrileño, nunca llegaron más estrellas a Anfield. Bien por falta de liquidez económica o por un proyecto a priori poco ambicioso, las sugerencias (que no exigencias) de Benítez siempre quedaron en papel mojado. Los ingenuos gerifaltes Tom Hicks y George Gillet creyeron que con Steve Gerrard y la mística de Anfield sí podían ganar títulos. Obviamente se equivocaron y, lo que es peor, no quisieron rectificar.

Quizá otra aventura sea lo mejor para el ya ex entrenador del Liverpool. El Inter está muy cerquita de ficharle y su presidente Moratti no es un rico tacaño. O sea que los caprichos del entrenador dejarían de ser utópicos. Además, el Calcio casa muy bien con las tácticas robotizadas y poco atrevidas de Benítez. Y digo lo de robotizadas porque Gerrard dijo en su día que Rafa concebía a los jugadores como piezas de una máquina. El problema es que la sombra de Mourinho es demasiado alargada y todo lo que sea no ganar supondrá un fracaso. Pero Benítez puede con ese lastre y más. Por eso, dejó al Valencia con dos ligas  para fabricar otro campeón; lo consiguió nada más llegar a Liverpool y el resto ya lo conocéis.  

El ‘Atleti de las Islas’

Viernes, 23 Abril 2010

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Si en semifinales de Europa League se enfrentan dos equipos que no juegan a nada, el coñazo puede ser mayúsculo. Así sucedió en el Atlético-Liverpool, que se intuía soporífero y que no ‘defraudó’ a las expectativas. Con partidos tan lamentables como el del Calderón es incomprensible que Rafa Benítez tenga una cotización desorbitada y que cada verano el club fije objetivos grandiosos. Porque al Atleti lo conocemos de sobra, pero es que los ingleses viven de la inspiración de Gerrard, su complicidad con Fernando Torres y ya está. Para colmo, anoche el delantero no jugó y tampoco es muy seguro que se vuelva a poner la camiseta roja. Rectifico, la de ‘La Roja’ desde luego, la del Liverpool ya es otra historia. Es irrebatible que Torres ha madurado allí a pasos agigantados, pero su propósito de besar trofeos tendrá que hacerlo en otro club. Este Liverpool ni quiere ni puede ganar nada, a tenor de talantes como el de ayer.

Y eso que al Atlético le faltaba Tiago, el único que sabe poner cordura a la caterva de mediocampistas que tiene Quique. Su equipo fue valiente y se afanó en buscar el golito. Lo encontró en un desenlace indecente, con una jugada trompicada de Forlán que expresó a la perfección lo que el público habría de aguantar todo el partido. Pero, insisto, conocemos los límites del Atlético, y los propios futbolistas saben hasta dónde se les puede exigir; la sorpresa, lamentable en este caso, fue constatar que el Liverpool es el auténtico ‘Atleti de las Islas’.

A la venerable The Kop le habría resultado más honesto que sus ídolos hubiesen ido a por el partido, aunque hubiesen salido escaldados. De verdad, el partido no mereció la actitud del Liverpool. Sí la del Atlético, que con un puñado de recursos muy mundanos (Assunçao, Raúl García, Jurado….)  y alguno llamativo (Reyes) ha puesto en jaque a los red, obligados a tirar otra vez del misticismo de Anfield. También lo tuvo en su día el Calderón, pero se desvaneció debido a la permanente incertidumbre en la que deambula el club. Futre, Schuster y compañía fueron los últimos custodios de la leyenda indomable de aquel Atlético  que se daba codazos con Madrid y Barça. Hoy, a pesar de media final de UEFA y una de Copa, aquel misticismo no es más que polvo y cenizas.

Ni fu ni fa

Domingo, 28 Febrero 2010

Pues eso, ni fu ni fa. Otra jornada de transición y una semana menos para el Madrid-Barça que deberá decidir la Liga (por lo menos, es lo que esperan los mandamases de este tinglado). La Liga es bipolar porque, sencillamente, el resto no existen y jamás lo hicieron. El año pasado también lo fue, pero gracias a Juande Ramos, quien consiguió que el Madrid enganchase una vuelta entera invicto. Esperemos que este campeonato sea un amago falso del dudoso porvenir que le espera al fútbol español. Si el Barça se mantiene en las alturas y el Madrid recurre a inyecciones económicas multimillonarias cada verano, los demás están aviados.

El Sevilla no puede depender toda la vida del ingenio de Monchi; el Valencia tardará en reclutar un trío tan formidable como el de Villa-Silva y Mata; el Villarreal no se ha repuesto del abandono de Pellegrini y el Atlético seguirá peleado consigo mismo, intentando redefinirse de una vez por todas. Ante este panorama,  ni la crisis más furibunda apeará a los dos grandes del título. No estaría de más que la LFP se replantease qué modelo de torneo quiere para el futuro. De lo contrario, seguirá arrumbando a dieciocho clubes preocupados por dos puestos de Champions, otros tantos de Europa League y los tres del fatídico descenso.

El caso es que nuestra liga dicotómica evidencia un importante contraste con los mejores campeonatos de Europa: en la Premier, los últimos traspiés de Chelsea y Manchester han aproximado al Arsenal a tan solo tres puntitos de los  de Ancelotti. Lástima que el Liverpool nunca tenga el fuelle suficiente para aguantar la batalla por el título.

En el Calcio menos roñoso de los últimos años, el Milan  ha puesto un poco de picante  después de que el Inter no haya ganado tres partidos consecutivos. Aún así, los ‘rossoneri’ están a cuatro puntos de Eto’o, Milito y compañía. A la Roma, que está a siete puntos del líder, le va a ser muy difícil reengancharse.

Pero los campeonatos más abiertos nos los ofrecen Alemania y Francia. La Bundesliga se está revalorizando a pasos agigantados. Los estadios están repletos y si el año pasado el Wolfsburgo dio la sorpresa, en el presente el recuperado Bayer de Munich, el sorprendente Leverkusen y el tapado Schalke optan a la victoria final. Por último, a la liga francesa le ha venido de lujo el final de la hegemonía del Lyon; el Girondins se postula como favorito, pero una buena ristra de perseguidores le hace sombra. Montpellier, Lyon, Lille y Marsella esperan un fallo del Burdeos.  

El dudoso once de la década (parte II)

Sbado, 9 Enero 2010

Toca una de centrocampistas. The Sun, en su once ideal de la década, ha encontrado en Zidane, Ronaldinho, Figo y Cristiano Ronaldo su médula ideal. Con el francés y el brasileño la aquiescencia es indiscutible, pero a los lusos se les pueden poner ciertas objeciones.

El astro francés ha sido considerado el mejor jugador de los últimos veinte años, por tanto, su elección es más que obvia. Nadie en su sano juicio discutiría que ‘Zizou’ es el heredero de Maradona por derecho casi divino. Aquella volea estratosférica en la final de Glasgow del 2002 le ha encumbrado para siempre. Después, se contagió del ‘galacticidio’ blanco, aunque lo supo subsanar con una actuación sublime en el Mundial de Alemania. Lástima que en la final Materazzi no fuese expulsado antes de martillear el oído de Zidane a propósito de la hermana del francés. Ese cabezazo lleno de ira y furia también quedará para la posteridad.

Ronaldinho ha sido paradigma del éxito y la decadencia de una estrella. Florentino Pérez lo tuvo a tiro en el verano del 2003 pero le tentó más contratar la voraz mercadotecnia de Beckham. En consecuencia, el Barça, que anduvo listo, concluyó que al brasileño le quedaba pequeño el Paris Saint Germain. Ronaldinho se vistió azulgrana, se inventó un trallazo contra el Sevilla en su segundo partido, y contagió de ilusión a un Barça totalmente abatido tras la ominosa época de Gaspart. ‘Ronie’ recordaba a los alevines que sólo piensan en divertirse con la pelotita. Cuando inventaba algo, lo hacía con su eterna sonrisa, puesto que su inabarcable felicidad era su máxima credencial. Sus actuaciones con Brasil eran majestuosas y la cabalgada en el Bernabeu, que levantó del asiento hasta al más antibarcelonista, dio la vuelta al mundo, con el resultado de un Balón de Oro y un FIFA World Player. Lo siguiente ya es archiconocido, y como tan pronto te suben a un pedestal como te bajan, Ronaldinho no fue una excepción. A día de hoy, y a pesar de la anchura y pesadez de su cuerpo, el fútbol le sigue debiendo mucho a Ronaldo de Assis Moreira.

Ahora vienen las dos elecciones más controvertibles. De Figo siempre he dicho que culminó su mejor temporada en el Barça del 99/00, justo antes de su transfuguismo al Madrid. Si como azulgrana destacó por su explosividad en el regate corto, en el Madrid dosificó más su físico a base de centros medidos. Hay que decir que su Balón de Oro lo ganó en el 2000 por sus méritos en Barcelona. También se le puede achacar su falta de liderazgo con Portugal, ya que no es un secreto que su selección siempre le haya reclamado mayor protagonismo. Además, su fútbol se diluyó por completo antes del ecuador de la década. En contraste, Steven Gerrard sí que ha dado la talla en toda la década. Junto a John Terry, del Chelsea, es el icono futbolístico de Las Islas. Su visión de juego kilométrica, disparo arrollador y esa capacidad de reacción, muy del gusto de Anfield, le han convertido en cabeza visible del Liverpool. El capitán de los ‘reds’ fue el inspirador de la remontada más épica que se recuerda en una final de Champions, la del 3-3 contra el Milan en 2005. El único problema es que en los últimos tiempos Gerrard se ha dedicado más a sacarle las castañas del fuego a Rafa Benítez, que a orientar su talento en pos de títulos. No obstante, Gerrard debería estar en el once ideal.

Por último, puede parecer una osadía quitar a Cristiano Ronaldo, pero es que el astro portugués va a disponer de mucho tiempo para entrar en el once mágico de la siguiente década. Y más, jugando en el Real Madrid. Empezó a despuntar en el Manchester United la temporada anterior a la Eurocopa de Portugal en el 2004. Con su selección, se le llegó a tildar de individualista. Sin embargo, la omnímoda sabiduría de sir Alex Ferguson le ayudó a templar su carácter y focalizar toda su calidad en el juego de equipo. No fue hasta el 2005 cuando llenó con frecuencia las portadas de los tabloides británicos, y así continuará siendo hasta finales de la próxima década. Por eso, y porque su aureola estuvo madurando en el primer lustro de estos diez años cumplidos, a Cristiano le reservaría para el siguiente equipo ideal. En su lugar, otro compatriota, Deco.

Habrá quienes se llevan las manos a la cabeza con esta apuesta, pero es que Deco es, sencillamente, buenísimo. Repudiado en Portugal por haber nacido en Brasil, el seleccionador luso, Scolari, finalmente le convocó para la Eurocopa de Portugal, en la que el ritmo y compás de Deco valió a su equipo para disputar la final. Por otra parte, su trayectoria en clubes ha sido espectacular. Fichó en 1999 por el Oporto para arrasar en la liga los tres años siguientes. Su cénit con los ‘dragoes’ llegó de la mano de Mourinho y la Champions del 2004. La recompensa fue fichar por el Barcelona de Rijkaard y montar, junto a Ronaldinho y Eto’o, un equipo de videojuego. Con los ‘culés’ se llevó otra Champions y, cuando cayó en la autocomplacencia, fue seducido por la opulencia de Abramovich. En el Chelsea está poniendo fin a su carrera, aunque le sobra cuerda para llevarse una Premier u otra Champions.  

Ese engendro de Europa League

Viernes, 4 Diciembre 2009

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No le acabo de pillar el gustillo a la Europa League, ese engendro nacido de la ya atrofiada Copa de la UEFA. Por más que la miro y remiro no veo la gracia de empezar un torneo con eliminatorias previas para quitar a los más malos, después montar grupos a granel para seguir echando a equipos paquetes y luego volver al formato de play-off para embutir a los repudiados de la Champions. La extinta Copa de la UEFA sí que molaba, pero no la de las última década, sino aquella histórica en la participaban los subcampeones de liga, y que más tarde pasó a jugarse con terceros, cuartos y campeones de copa.

Ya me diréis cuál es el secreto de un torneo en el que van cuartos, quintos y sextos clasificados de liga, con algunos equipos invitados de gorra por ‘fair play’ y no sé cuántas milongas más. Todavía recuerdo aquellas ‘UEFAS’ con Juventus, Inter, Bayer, Manchester y Liverpool como ogros de la competición. Aquí, en España, vivimos martes espectaculares con Madrid o Barça en liza. El Atlético de Schuster y Futre o el Valencia de Penev también eran unos clásicos. En la mismísima Copa de la UEFA se inició la saga de aquel preciosista Paris Saint-Germain con Weah y Ginola; se forjó la leyenda popular de que los equipos italianos siempre llegaban a las finales y, sobre todo, descubrimos a un mito, Zinedine Zidane, por entonces, alma mater del modestísimo Girondins de Burdeos. Incluso, la ‘Quinta del Buitre’ dejó su impronta con dos Copas y sus archiconocidas remontadas en el Bernabeu.

Todo aquello se grabó en vídeos para el baúl de los recuerdos . En estos años la UEFA, sus mandamases, se ha despreocupado por revitalizar una copa con pedigrí y ha volcado denodadamente sus esfuerzos en potenciar la Champions y sus jugosos ingresos por derechos de tele. Encima, para que el fútbol no pare, se sacaron de una reunión la Intertoto, una aberración que interesa menos que el trofeo Carranza o el Teresa Herrera.

Los futboleros ochenteros echamos de menos la UEFA de toda la vida. Ésa que decían que era más difícil de ganar que la propia Copa de Europa. Por lo menos, la casualidad ha salvado a Platini esta temporada y le ha servido un engendro que en febrero contará con Liverpool, Bayer, Atlético, Roma, Lazio, Ajax, PSV, Valencia, Villarreal y un invitado de excepción, el Athletic. Algo es algo.

 

Xabi Alonso, tan cerca y tan lejos

Lunes, 3 Agosto 2009

No le hizo ninguna gracia viajar a Barcelona. Sabía que, aparte del gran estreno del estadio de Cornellá-El Prat, la atención mediático le atosigaría durante toda su estancia. Y bastante tiene que soportar con todo lo que se rumorea en España. Es Xabi Alonso, tan cerca y a la vez tan lejos del Madrid. Creeríamos que Ribery protagonizaría el culebrón veraniego pero las elevadas pretensiones del Bayer le escondieron en un segundo plano. El genio francés habría servido de acicate para la nueva galaxia del Madrid, Alonso es una necesidad. Porque Pellegrini lleva dando la lata con el centrocampista vasco desde que fue nombrado técnico. No en vano, era el gran deseado después de Cristiano y Kaká. Con Xabi Alonso, el Madrid dilapidaría la urgencia por apuntalar la medular. Kaká es un crack, sí, pero necesita un socio a su espalda que le adiestre en tareas defensivas. Además, el español abriría aún más el abanico de jugadas a balón parado, recurso casi desechado por el equipo durante estas últimas temporadas.

Xabi Alonso es una pieza muy codiciada y por ello, el Liverpool está intentando exprimir las negociaciones todo lo que puede. Está en su derecho, claro. Además, la fatídica coyuntura financiera que atraviesan los ‘reds’  implica que el club se afane en regatear a Florentino cuatro o cinco millones más. Porque a día de hoy a Rafa Benítez sólo le han traído al carrilero Glen Johnson, procedente de un Portsmouth también asfixiado por las deudas. En consecuencia, sólo la venta de Alonso podría oxigenar las paupérrimas arcas del club.

Pero claro, estamos en las mismas de siempre si el Madrid es el potencial comprador. El dispendio descomunal de Cristiano Ronaldo ha sentado un incomodísimo precedente para el club merengue. De ahora en adelante, los clubes encarecerán a sus futbolistas por todo lo alto. No hay más que analizar el caso de Xabi Alonso: el verano pasado estaba tasado en veinte millones de euros y ayer el director ejecutivo de la entidad británica, Christian Purslow, exigió cuarenta, ¿es posible que el medio tolosarra haya doblado su valor en una sola temporada, año en el que su equipo no ha ganado ningún título? Debe ser que sí porque lo hacen todos. Xabi Alonso sería el colofón magnífico para el proyecto estelar de Florentino pero éste tampoco debe desvivirse por fichar al internacional.

Villa no puede quedarse en Valencia

Domingo, 21 Junio 2009

“Dicen que eres intransferible y a los diez días te venden”. Con más razón que un santo Pepe Reina se refirió a David Villa y el largo compás de espera que está martirizando su futuro. Sin que nadie le haya garantizado nada, el asturiano no ha querido abstraerse del culebrón, lógico por otra parte, y está pendiente un día sí y otro también de las novedades que le comunica su representante vía móvil. Encima, ahora Manuel Llorente ha echado más leña al fuego. Con la venia, el presidente del Valencia ha afirmado, ni corto ni perezoso, que Villa es intransferible. Claro, a continuación ha matizado su atrevimiento espetando que sólo atenderían a una oferta “escandalosamente escandalosa”. Vamos, que si Florentino pone encima de la mesa cincuenta millones, asunto zanjado.

Al Valencia le urge dinero en metálico como el comer. Sus acreedores le han asfixiado tanto que la venta de una o dos estrellas se antoja vital. Y más, cuando no ha vuelto a aparecer otro posible comprador de las parcelas de Mestalla. Si Llorente actúa con la lógica que implica su cargo y no con la vehemencia con la que actuaría un forofo, debería vender a Villa aunque no a precio de ganga, claro. Si el estado económico del club ché fuera boyante, entonces si podría esforzarse por retener a su delantero. Pero para nada se da el caso y como dijo  ‘FP’ en Canal 9, la contratación de Villa es cuestión de horas, palabra de alguien que cumple lo que promete. De todas maneras, sólo hay una evidencia: el ‘guaje’ quiere jugar en el Madrid sí o sí y manda mensajes subliminales. El último fue ayer, después del partido contra Sudáfrica: “nadie sabe lo que he sufrido la semana pasada”. Su club le está haciendo un flaquísimo favor.

Ahora bien, una vez que venga Villa, el Madrid tendrá que lidiar en las Islas con el Liverpool. Xabi Alonso no es una estrella que reúna a su alrededor millares de focos pero su rol es imprescindible en el nuevo proyecto. El donostiarra sabe que sus habilidades serían únicas en el equipo y también se ha dejado querer. Seguro que Rafa Benítez no se pone tan gallito como Llorente. Claro, siempre y cuando el Liverpool retenga a Mascherano, por quien el Barça suspira para retocar su plantilla cuasi perfecta.

Ni ‘chorreo’ ni gaitas

Jueves, 26 Febrero 2009

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Pues va a haber que recurrir a la épica por enésima vez. El Madrid no supo tumbar la estrategia de mister Rafa y Anfield ya está preparado para atestiguar la proeza o el sexto batacazo consecutivo. Lo cierto es que el Bernabeu no impresionó al Liverpool como se presuponía. Es más, el equipo inglés se desenvolvió a su estilo con comodidad y nunca tuvo que trabajar hasta la extenuación. Los ‘red’ son expeditivos hasta el límite, complicarse no es lo suyo. Vinieron a ahogar las ofensivas blancas y a aprovecharse de jugadas aisladas. En consecuencia, hicieron su partido soñado. Ni siquiera buscaron ese milagroso gol que les da una inmensa ventaja para la vuelta. Se encontraron con una falta torpe de Heinze y a casa con alhajas.

Lo preocupante es que el Liverpool de anoche ni contó con Gerrard ni se agrandó con Fernando Torres. Al ‘niño’ le cayó del cielo una ocasión envidiable y Casillas la desbarató. Poco después se lesionó y estuvo deambulando dolorido por el césped hasta que Benítez, ceñido a su estrategia, le cambió en un instante que seguro que estaba analizado de antemano. Así es Rafa, un estudioso insaciable del fútbol.

En cuanto al Madrid, otra vez resurgió su cara más roma y agria. Nunca supo dominar los tempos del partido ni abrir la cerradura inglesa. Robben usó mal su mejor virtud, el regate. Su finta hacia el interior fue un movimiento muy bien aprendido por los defensas rivales; Sergio Ramos estuvo demasiado ansioso. Su aportación en ataque siempre fue precipitada. De lo contrario, no se entiende que no centrase decentemente ni una vez; Higuaín quiso hacerlo todo solo y el resultado fue nulo; Raúl ofreció su generosidad de siempre pero ayer fue  insuficiente y Guti no se convirtió en el jugador resolutivo que ansiaba Juande. Aunque el centrocampista tiene excusa porque se le notó falto de ritmo. Por el bien del Madrid que se entone pronto.

Mención especial sí que hay que hacer para Pepe y Lass. El portugués estuvo imperial en el eje de la zaga, tanto por tierra como por aire, y Diarra II recordó al gran Makelele. Sus oposiciones para ese puesto la próxima temporada son de momento más que notables. Si ayer tuvo resolver todo tipo de problemas en la media, el encargo dentro de dos semanas será morrocotudo.

El Madrid está tocado pero no hundido. El fantasma de los octavos vuelve a  acechar la reciente leyenda negra pero no queda otra que espabilar en Anfield. El Liverpool ha ganado aquí, ¿por qué no puede hacer lo mismo el Madrid allí? Seguro que morirá en el intento, es lo menos que les exige el madridismo. Por cierto, alguien debería recordar al bravucón Boluda la gracia del famoso ‘chorreo’ al Liverpool. La mofa en Inglaterra tendrá su enjundia.