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Archivo de la categoría ‘Lucas Vázquez’

El Madrid de la calle

Jueves, 27 Octubre 2016

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Del Madrid galáctico apenas se escribieron crónicas sobre aquella clase media que se remangaba para la fontanería, reparando las averías en las que Zidane, Figo o Ronaldo no querían pringarse. El rebufo formado por Makelele, Michel Salgado, Helguera o Mcmanaman hicieron entender al vestuario que no siempre podían tirar de Los Vengadores de Marvel. De vez en cuando, un Morientes de la vida aliviaba cualquier amago de ‘galacticidio’; no en vano, la salida de Makelele provocó el choque del Titanic contra el iceberg. Este Madrid, también de Florentino Pérez, ha tardado en cuidar su nueva hornada de albañilería. Son peones que calientan banquillo sin fruncir el ceño, sin pataletas ante la prensa y con la única obsesión de aprovechar los minutos de la basura. El mismo Zidane que se iba a desvivir por la alfombra roja de Hollywood, se ha percatado de que ciertos partidos se resuelven en el barro. Y ahí Nacho Fernández, Morata y Lucas no suelen fallar. Ya no hay un Di María que asquee la Copa o miedo a que Jesé saque toda su bilis delante de un micrófono. El segundo batallón de infantería se desvivió en el Reino de León como lo hará en un clásico o cuando Zidane decida negociar con la BBC.

Honraron al fútbol porque golearon sin piedad a la Cultural. Sin espaldinhas, vaciles ni chulerías, el Madrid atacó sin árnica hasta que el árbitro finiquitó el castigo. Demasiado que perder y sólo unas cuantas palmaditas en la espalda que ganar. Quizás (o sin él), este equipo se identifica con el madridista de la calle más que el vedetismo mastodóntico con el que la gente asocia al Madrid de hoy. Jugadores españoles (lo que siempre ha reclamado Iker Casillas) que celebran la volea de Nacho como si reventaran la Champions; tipos cercanos que hacen olvidar rápido a marcianos como Özil, Khedira o Di María, poco amigos de las entrevistas y de la normalidad que deben darle a este negocio de estrellas de rock. Puede que no ganen en el Camp Nou, pero es un plan B muy competitivo para dar la vara en Europa. Aunque jugando Marco Asensio todo es discoteca: la pisa, divisa, dribla, calibra y suelta uno de esos latigazos a los que nos estamos acostumbrando. Futuro del Madrid…y de la selección. La falta sonreír en sus celebraciones, cuestión de que el siguiente gol puede mejorar al presente.

Lucas Vázquez va camino de ser “otro de los nuestros”, de la escuela de Callejón. Se desvive en los entrenamientos y acaba los partidos jadeando de esfuerzo. Es un banquillero de lujo como Savio o Santi Solari, porque oxigena el ataque cuando Bale detiene la cuadriga de caballos. Lucas disfrutaría demasiado en el fútbol ochentero del 4-4-2 con extremos clásicos: rueda el balón por la banda derecha buscando el centro perfecto o un regate que desnude defensas. Y si el lateral se pone farruco, caracolea para otro lado. El Bernabéu acusaba a Mcmanaman de no encarar al rival; de repente, sus zigzagueos de Anfield desaparecieron por una cuestión psicológicaMacca no regateaba ni a una farola y siempre la pasaba en horizontal para desesperación de la grada. Vázquez no tiene ese problema: busca el balón pensado en el próximo quiebro con ese cuerpo tan escurridizo. Sabe cómo jalear a las masas

La clase media del Bernabéu

Jueves, 15 Septiembre 2016

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Hacía demasiado tiempo que un entrenador del Real Madrid no ojeaba el banquillo para arreglar averías. Desde los “mismos once cabrones de siempre” de J.B. Toshack a los galácticos agotados de Carlos Queiroz, en los que Santi Solari fue el único banquillero de lujo. Tampoco Del Bosque pudo escapar de algunas plantillas famélicas para lo que demanda el club; de hecho, hubo un año en el que las perchas no le llegaron en la delantera y apostó por Guti como punta de lanza. Zidane ni siquiera debe entrar en el laboratorio: dos peones por puesto siempre es el primer reclamo en la lista de la compra, y el Madrid le ha obsequiado con un vestuario generoso, hasta el punto de que en la planta noble del Bernabéu están tranquilos con la sanción FIFA porque la plantilla tiene cuerda para rato (información, no opinión). El Sporting de Portugal puso a prueba esa tranquilidad y, de no ser por las típicas noches de taquicardia en el Bernabéu, Florentino Pérez dejará de ser por un tiempo el azote de los próximos mercados. Sí, el Madrid tiene plan A y B, y con más cantera que cartera. Aquella clase media de la que hablaba Míchel Salgado reaparece en clave hispánica con Morata y Lucas Vazquez en modo destroyer y sin miedo a las estrellas de rock.

Casemiro pone la argamasa a una medular que, de no ser por él, anoche se habría hecho trizas en sesenta minutos. El Sporting sigue cumpliendo la bendita manía de jugar con extremos, rara avis en estos tiempos, y a Marcelo le tocó el marrón de taponar a Gelson Martins, rápido, escurridizo y que dejó el talento defensivo del brasileño a la altura del betún. Le rendimos pleitesía durante la pretemporada porque ataca más, incluso que Benzema, pero Marcelo está cogiendo los vicios del último Roberto Carlos, que se sentía más media punta que lateral. Pero volvamos a Casemiro y su oficio de fontanería: nunca desfilará por la alfombra roja de Hollywood, pero cualquier entrenador le necesita casi antes que a un buen portero. No sólo tiene que cumplir su trabajo, también hace horas extras para cubrir el de los demás; por de pronto, cuando Toni Kroos se olvida de su precisión alemana y Modric coge la batuta  de Herbert Von Karajan en campo contrario. Case no necesita una palmadita en la espalda, mientras su nombre aparezca en la pizarra del vestuario.

Tampoco Lucas Vázquez pide aduladores que le taladren el oído. Su juego voltaico despierta hasta un Cristiano Ronaldo todavía miedoso de la lesión. No sólo Bale mete electricidad al Madrid, también esta el gallego sigiloso que nunca monta follón fuera del campo. Ya lo hace dentro cada vez que Zizou le pide voltear resultados. Justo lo que se le pide a Morata, híbrido de clase media y estrella, que no quiere asomarse desde la sombra de Benzema, sino golear como Hugo Sánchez, rematando al primer toque. El centro de James con escuadra y cartabón merecía el gol de Morata. El Bernabéu se incendió, le ovacionó y puso en órbita a Valdebebas. No todo es tanta Masía.

La calle ‘melancolía’

Jueves, 3 Marzo 2016

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El espíritu de Raúl González reencarnado en Borja Mayoral. Ningún ciclo del Real Madrid se sostiene sin su cantera. Sucedió con el eterno ‘siete’ cuando Valdano entendió que la figura de Butragueño se extinguía; Iker Casillas mantuvo vivo al Madrid galáctico con aquel runrún popular de los goles de Ronaldo y sus paradas milagrosas; Guti fue un genio incomprendido entre taconazos antológicos y una vaguería inexplicable, y desde entonces a Valdebebas se le acusaba de nutrir a medio fútbol español menos a su primer equipo. Mayoral ha reventado todos los récords goleadores en categorías inferiores y su ascenso ha sucedido por accidente. Como Raúl, Guti o Iker. Su gol de carambola alienta a las masas, como diría Brotons, y amortigua el saco de palos que merecen ciertas estrellas. Porque es incomprensible que James todavía esté buscando a Rodríguez entre discotecas madrileñas y el diván de un psicólogo que descubra por qué se ha relajado tanto; ¿qué títulos ha ganado el colombiano para no levantarse de la tumbona? Incluso en Colombia se alarman por ese icono publicitario que cada vez empapa menos de sudor la camiseta. Y Florentino Pérez ha tomado nota con la ristra de telefonazos que van a llegar de media Europa.

James recibirá el famoso warning del argot tenístico,  Isco sufrió el castigo de la suplencia y espabiló goleando. Al fin y al cabo, la solución que pide el Bernabéu es muy simplona: echarle huevos (con perdón). Raúl sí sabía cómo excitar a la grada: arrancaba una carrera imposible sin balón de cuarenta metros, persiguiéndolo como un rottweiler por todo el campo. Y nadie dudaba de su compromiso con el escudo. Zidane ha jugado con él y, quizás tirando de la ‘calle melancolía’, sacó en Valencia a la clase media que juega como si no hubiera mañana. Todos recuerdan aquel núcleo con Míchel Salgado, Helguera, Mcmanaman o Morientes, que aliviaba las noches aciagas de Zizou o Figo. A este Madrid, el de Benítez o Zidane (descubran ustedes las diferencias) se le achaca no tener un grupo entre bambalinas que resuelva los marrones cuando Cristiano se cansa del mundo con gestos y aspavientos. Y la noche de Levante exigía desempolvar a futbolistas que se estaban oxidando con tanto vedetismo. Como dijo el volcánico Juanito, “no importan los millones, sino los cojones”, al referirse a las grandes remontadas europeas.

Lucas Vázquez y Casemiro se salieron del mapa en El Parque de los Príncipes, y desde la llegada de Zidane apenas han calentado por la banda. Lucas recuerda a Santi Solari, banquillero de lujo en el primer Madrid de Florentino y que inventaba regates campo a través. Este equipo necesita chavales sin vergüenza, que revolucionen partidos de pocos voltios. Casemiro va a ser la llave maestra del proyecto: José Ángel Sánchez, director general, le reclamó del Oporto la pasada primavera, consciente de que su vuelta a Madrid sería capital tras un máster acelerado con Lopetegui. Fue el cemento armado de Benítez y Zidane se ha dado cuenta de que no sólo le basta con once bailarines. Necesita un bloque de hormigón para no quebrar al equipo como un palillo. Desde luego, Kroos agradecerá no ser siempre el cortado de césped.