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Archivo de la categoría ‘Luis Suárez’

“Lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas”

Viernes, 23 Septiembre 2016

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Imagínense a Neymar fotografiando sus heridas de guerra en el vestuario: moratones, rasguños y cicatrices para el recuerdo. O Leo Messi escaneando cada centímetro de sus molidos tobillos para publicarlos en su Facebook. ¿Y si años atrás Ronaldo Nazario hubiese anunciado tuit a tuit las marcas de  cada rodillazo, puñetazo o pisotón con los que le obsequiaron en el Calcio? En su duelo de Lejano Oeste, Filipe Luis devolvió el balazo a Luis Suárez anunciándolo con luces y taquígrafos. La foto del pie agujerado del brasileño con el posdata ‘Menos mal que no me toca!’ desveló la furia de titanes. Hasta anoche sólo sabíamos de una trifulca más; hoy la televisión no engaña: Suárez provocó a Filipe. Principio de acción y reacción. Simeone clavó sus tacos en el muslo de Julen Guerrero y la sangre salió a borbotones; Canal Plus inmortalizó la estremecedora imagen pero, sin redes sociales en los noventa, el taconeo se difundió por las barras de los bares, el facebook y twitter de entonces. La confesión pública del rojiblanco molestó a Luis Suárez y a cualquiera que haya jurado los códigos de un vestuario. “Lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas”, suele decir Manolo Sanchís. Y aunque el uruguayo soltase con vehemencia en zona mixta un susceptible “el fútbol es para hombres”, sin lecturas machistas tiene toda la razón: Filipe ha violado el sanctasanctórum de los futbolistas.

Sólo hay una frase célebre más manoseada que la de “fútbol es fútbol” de Vujadin Boskov. ¿Quién no se ha cansado de escuchar a jugadores sacudirse marrones al son de “lo que pasa en el campo, se queda ahí”? Es la norma sagrada que aprenden los benjamines cuando chutan por primera vez una pelota. Y en un juego tan pícaro en el que el fútbol de alcantarilla hace ganar o perder partidos, Filipe ha puesto en jaque el sistema. Habría que sondear al gremio con encuestas demoscópicas en las que no falten Pablo Alfaro, Javi Navarro o el mismo Pepe. Así se forjan los grandes centrales, entre codazos sibilinos y patadas a hurtadillas. Si la foto del pie ha levantado un debate nacional, no recuerdo qué sucedió cuando aquel calvo larguirucho llamado Predrag Spasic dijo en su presentación como defensa del Real Madrid que con él “pasaba el balón o el jugador, pero nunca ambos”. Revisando la hemeroteca de ABC y Mundo Deportivo, por contrastar, no hubo jaleo con el olvidado Spasic. España todavía no era tan susceptible. Quizás adoremos el fútbol por la mística de lo que sucede en la hierba y el misterio de averiguarlo una vez en la vida. Real Madrid Televisión en versiones reducidas nos muestra cómo es el vestuario del Madrid en un partido, claro que con autorización y filtro expreso. Filipe ha roto el hermetismo más irritante del deporte, el del fútbol, pero no para alimentar el show business. Se calentó antes de la ducha fría. Peligroso precedente.

Héroes de Marvel

Mircoles, 14 Septiembre 2016

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Messi, Luis Suárez y Neymar. Elijan a su héroe de Marvel preferido. Quizá el favorito de los niños sea el D10S (la ‘pulga’ se queda obsceno). Rebobinando cada jugada de anoche, resulta cierta la sugerencia de Mascherano a Neymar de la pasada temporada: “Debe seguir en el Barça si quiere ser el mejor del mundo”. Sobre todo, porque cuando su compañero de diabluras y Cristiano dejen de rifarse balones de oro, Neymar y sus lambrettas esperan turno.  Su álbum de regates por tierra, mar y aire no tiene epílogo; él es un jugador de playa, mientras que Messi es de barrio. Y aunque la comparación suene muy ‘menottista’, imagíneselo así. Al fin y al cabo, el fútbol es un deporte caro de ver en la grada, en el que pagar sesenta euros (en España, claro) por un soporífero cero a cero es un pecado demasiado repetitivo. Por eso, sea madridista o anticulé, no se deje llevar por la pasión y entiéndanlo como una diversión de patio de colegio. Las bicicletas de Neymar imitando al gran Djalminha hay que ensayarlas mil veces; la combinación entre los dos astros dentro del laberinto escocés es casi inspiración divina. Filigranas improvisadas que se discuten en la oficina y durante el recreo.

En este negocio cada vez más hermético, en el que la distancia entre futbolistas y aficionados la separa un muro de hormigón, y en el que el fútbol no es una cuestión de vida o muerta, sino mucho más (palabra de Bill Shankly), de repente se agradece un Circo del Sol. Es una pena que la eterna guerra de trincheras entre Real Madrid y Barcelona vaya a ensuciar una bestialidad (en el sentido cariñoso) que todos deberíamos aplaudir, por lo civil o lo criminal. ‘Pasen y vean’ es el eslogan del Barça de Luis Enrique, que le costó macerar un buen vino al principio de sus tiempos, pero que nos ha regalado (a periodistas y forofos, sin distinción de camiseta) una de las mejores añadas de la historia. Y la gracia de ese club es que cada Barcelona ofrece una función distinta: el Circo del Sol del Dream Team, el de Ronaldinho y Eto’o, el de Guardiola, la MSN. Juegos de mesa para entretener a toda la familia.

La foto del tridente abrazado ya se subasta en Christie’s. Quien page varios ceros por ella, se guardará una reliquia irrepetible. Todo es tan estético, que ganar o perder más títulos se queda en la letra pequeña, pregúntenselo al inolvidable Mágico González.  Y si en el trío, Messi y Neymar traman quiebros de dibujos animados, Luis Suárez plantea cada partido como un duelo en el Lejano Oeste. Dispara nada más recibir, sin pensar, sin imaginar el ángulo. Le da igual a bote pronto o en pirueta, el balón espera el remate de un nuevo Hugo Sánchez. Y cualquier aroma añejo siempre es bienvenido. Suárez es el delantero del momento, que dio pistas en Amsterdam y se consagró en Anfield. Si Football Leaks desvelase que el Real Madrid le tuvo tan a tiro…

La consulta del dentista

Sbado, 20 Agosto 2016

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El Betis salió de la consulta del dentista con una ortodoncia. Es una de las mejores descripciones que Joaquín Caparrós se inventó para justificar un 7-0 en el Camp Nou con el Levante hace tres temporadas. La culpa tiene un apellido, Messi, de nombre Arda o Luis, (Suárez); da igual, la apariencia es la misma. El Barcelona intimida porque es voluntad de D10S, lo demás son lecturas de papel mojado. Cuando Leo quiere, el fútbol se detiene en sus botines; el barcelonismo lo disfruta, pero una nación entera sospecha. ¿Por qué no es el mismo con Argentina? Básicamente, la albiceleste no tiene un Iniesta que desengrase el centro del campo, ni un sambódromo para Neymar. Pero quizá la diferencia que hierve las venas de su gente sea que ellos dependen de un puntapié de Higuaín, y el Barça se gusta con el mejor delantero centro del mundo. Y, claro, no es el ‘Pipita’. Acostumbrado a disparar primero y preguntar después, Luis Suárez agradece que las defensas españolas no sean tan puñeteras como las inglesas; aquí tiene espacios, allí un zaguero de casi dos metros metiéndole el codo en la barbilla. El Real Madrid no quiso fichar al uruguayo porque sus mordiscos corrompían el libro de estilo blanco; el Barça no se lo pensó dos veces y eligió al goleador para acabar de una vez con ese venerado y envenenado casting: Eto’o, Ibrahimovic, David Villa, Alexis Sánchez…

La directiva azulgrana sugirió a Luis Enrique una buena venta con Arda Turan, y la respuesta fue tajante. “Merece otra oportunidad”, espetó a sus jefes, que no confiaban en la resurrección del ex atlético, y menos después de escuchar estupefactos por televisión cómo la afición turca silbó y se hartó de su estrella. Pero Arda recordó las tesis del cholismo: el esfuerzo no se negocia, y el trabajo antes que éxito. Vino a la pretemporada obediente, sin conatos de rebeldía, y con Messi al lado sale sobreexcitado. La sonrisa blanca entre la poblada barba cada vez que se la enchufaba a Leo&Luis le delata: no se arrepiente de desertar como soldado espartano porque en tardes como la del Betis, la vida es una orgía de universitarios americanos. Pasen y disfruten, que en Can Barça cualquier geniecillo puede hacer de Globetrotter. El drama vendrá con el regreso del olímpico Neymar, que no admite discusiones con su trono; será entonces el momento de Luis Enrique y su habilidad para reconvertir a Turan sin quitarle chispa. Quién sabe, a Sergi Roberto le colocó de lateral derecho y no desmereció para nada a Dani Alves.

Sin distracciones ni alteraciones en el universo Messi, el Barça acaba de prender fuego a la Liga con un bazuca. En estático versión Guardiola es mortífero, al contraataque sigue siendo letal porque su astro no olfatea el área sino que la sorprende en eslalon desde diez metros atrás. Decía un técnico de La Masía que Leo acabará jugando en el palmo de césped donde se desenvolvía Xavi Hernández; puede que más tarde que temprano, porque de momento nadie le quita la licencia para hacer lo que quiera. Sí, a veces anda por el campo con un tedio incomprensible, pero mejor no verle por el balconcito del área. La automática puede estar cargada en cualquier momento. Se olvidó de las lágrimas que estremecieron a su país para volver a jugar en el barrio. Y mientras sea feliz, no habrá discusión. Es él o él. Nadie más.

Pico, pala y goles

Domingo, 15 Mayo 2016

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Armó el Kalashnikov y en el día señalado no se le encasquilló. Luis Suárez regaló la Liga al Barça y pidió permiso a Messi para posar delante en la alfombra roja de Hollywood. Disparó antes de preguntar en Los Cármenes porque sabía que un gol suyo abriría la lata y evitaría cualquier calvario que perturbarse al vestuario. Entendió mejor que nadie la inspiración de Neymar (¡por fin!) y se hinchó a desmarques mortales. Era su momento y ni siquiera los goles de Cristiano que aparecían en el videomarcador le descuadrarían el día perfecto. Jordi Alba dio con la tecla en zona mixta: “Luis es el mejor no porque meta goles, sino porque también trabaja para el equipo”; es la opinión generalizada en el club. El uruguayo sale al campo a tumba abierta, como si quisiera reivindicar que la FIFA metió la pata hasta el corvejón con su mordisco a Chiellini. De enemigo público a ídolo de masas con el revolver más rápido del Oeste. Desenfunda tan rápido que los más puristas se ponen de pie cuando le mencionan, y eso sólo ocurrió con Stoichkov, Romario y Ronaldo Nazario. Todos ellos Balones de Oro. Cuando la temporada intuía el enésimo Barça de Messi más diez, apareció el ‘caimán’ justo cuando la MSN se oxidaba. Precisamente, D10S agradece que su delantero centro remate, centre, abra huecos, baje al barro para pelearse con las defensas y persiga el balón como un rottweiler con los ojos inyectados. El mundo le considera una estrella, él se siento minero: pico, pala y los goles llegarán a borbotones.

Suárez llegó al Barça olvidándose de su ego personal y ensayando la mejor de las sonrisas delante del espejo. Ha superado a Neymar en decibelios de aplausos porque sigue jugando de crack silencioso, goleando y ejerciendo de samaritano (22 asistencias en toda la temporada). A Pep Guardiola le habría encantado contar en el Bayern con este ejecutor, híbrido entre un ‘falso nueve’ y un boya de waterpolo. Sus movimientos son demasiado escurridizos como para pegarle a la chepa un Gattuso de turno; su colocación recuerda a la de Karim Benzema, tan productiva fuera del área como letal en la cocina, quizá más. Luis ha asimilado que sólo hay un gallo en el corral y, además, él se ha convertido en su mano derecha. Con Messi suele armar el taco porque se ven de reojo y telegrafían la jugada. Sus habituales cenas familiares son festejadas en la planta noble del Camp Nou (esto es información y no opinión): admiran la simbiosis de ambos porque al mismo tiempo espantan viejos fantasmas. Por de pronto, los del discotequero Ronaldinho y el ególatra Ibrahimovic. Uruguayo y argentino son tipos normales que huyen de las cámaras, hasta el punto de torcer el gesto si el que les graba con Periscope es el mismísimo Piqué.

Diego Torres publicó en El País  hace dos temporadas que varios directivos del Real Madrid disuadieron a Florentino Pérez de fichar a Luis Suárez. “Un delantero de ochenta millones no sólo tiene que marcar goles”, comentaron los ejecutivos, según el periodista. Daban a entender que el club necesitaba a Benzema o una versión aproximada del francés, lejos del típico delantero como Falcao, que remata (o remataba) hasta un microondas desde el punto de penalti. Pensaron que el carácter inflamable de Suárez colisionaría con el libro blanco de conducta del club; por encima de todo, la imagen. Y sí, el uruguayo está forjando su leyenda buscando goles por tierra, mar y aire; desde el fútbol de alcantarilla para listos hasta el Circo del Sol llamado Fútbol Club Barcelona. A él le deben la Liga número 24. Y las que quedan.

Así de injusto, así de real

Lunes, 9 Mayo 2016

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De repente cayó el Atleti. Con grilletes en las botas tras la batalla de Munich, el Levante emuló a aquel descendido Hércules que en la Liga del 97 mandó al Barça de Ronaldo (sin Ronaldo) a la lona. Un aspirante menos para un título que los azulgranas han alargado demasiado. En el vestuario rojiblanco la consigna no era proclamar la Liga; al fin y al cabo, su misión era subir al podio y permanecer en el torneo de los mayores, en la Champions. Nadie se sorprenderá, entonces, de que hayan tirado sus opciones al retrete. Perdieron, como dijo Koke, porque no tuvieron la misma intensidad de los diez primeros minutos; la intensidad es el primer sacramento de un equipo que violó el segundo: el esfuerzo no se negocia. En las charlas de barra de bar se comparte el concepto de ‘cholismo’ que definió Roberto Palomar en MARCA: “Perder significa ganar”. Cierto.  No hay fracaso en la temporada del Atleti porque no se le exigen copas. Y Simeone usa ese disfraz delante de las cámaras porque se siento cómodo sin asomarse al abismo.

Roger Federer silenció las críticas que le incordiaron hace 2 temporadas cuando batió a Andy Murray en la final de Wimbledon 2014“Parece que todo lo que no sea ganar, es un fracaso; y eso es bastante duro”, sentenció el suizo después de levantar su decimoséptimo Grand Slam. Es la diferencia del Barça y el Madrid con el Atlético. Johan Cruyff motivó el debate y Guardiola lo confirmó: los azulgranas están en esa tesitura en la que perder es fracasar. Y si el equipo más perfecto de los últimos tiempos no ha llegado a la final de la Champions, el doblete (casi nada) se reduce a una escasa guarnición. Así de injusto, así de real. La memoria del fútbol quema capítulos a tal velocidad que la heroicidad del triplete quedó para las videotecas. La gente recordará que Luis Suárez se reivindicó como mejor goleador del año; una liga más para este Barça que las engulle a puñados sólo es una mera estadística. Así de injusto, así de real. Por cierto, los ansiosos de la segunda edición del ‘Tamudazo’ no se han detenido a pensar ni un segundo que este Espanyol no tiene ni a Tamudo ni a De La Peña. Son unos pericos de Hacendado.

Si al Barça le esperan con la recortada en la esquina, el Madrid vive en un Apocalipsis permanente. En diciembre era el ejército de Pancho Villa (comparado con los culés, claro) y  hoy le quedan menos de veinte días para triunfar con el enésimo proyecto faraónico. O todo o nada. Ganar en Milan o morir. Es la “exigencia absoluta que distingue al Madrid”, tal como dijo Arbeloa ayer a pie de campo. Los blancos usaron al Valencia como pista de pruebas y no derraparon del todo porque Kiko Casilla detuvo cuatro balones imposibles. Bueno, el árbitro y él. El portero catalán ha esperado a la penúltima jornada para convencer a Zidane de que no urgen porteros nuevos este verano. Keylor puede eclipsar a De Gea, y Kiko asume con paciencia estoica que lo suyo son la Copa y las migajas ligueras. Pero si en un par de partidos falla o, dicho simplonamente, no para, se le cambia y punto. Así de injusto, así de real.

Primero dispara y luego pregunta

Jueves, 21 Abril 2016

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No hubo pájaras en la subida al Tourmalet. Los tres escapados ni siquiera se miran de reojo; casi que pedalean con plato grande. El líder ha vuelto a pegar un arreón cuando ha sentido en el cogote el aliento de los otros; su descalabro sonaba a los de Jan Ullrich en aquellas peleas gloriosas contra Armstrong y el ‘Pirata’ Pantani. Pero el Barça se ha descubierto como la locomotora americana que, lejos de desfallecer, ha vuelto a imponer un ritmo brutal. El que ha querido y le ha dejado un Depor demasiado relajado. El 0-8 es la coartada perfecta para reclamar como accidente la derrota contra el Valencia. El campeón entró en barrena y salió de la crisis de la manera más contundente: asustando como Mike Tyson. Resulta que Luis Enrique, enemigo público número uno de la prensa y casi de la calle, quizá tuviese razón: no fallaba el físico sino la puntería, porque en Anoeta Gero Rulli salvó a la Real Sociedad y el pasado domingo Diego Alves se convirtió en Duckadam, no parando penaltis pero sí disparos por tierra, mar y aire. El Barça espanta fantasmas y Luis Suárez se declara ganador en el debate de quién ha sido el mejor de la MSN. Desde luego, el killer uruguayo no sólo destroza sus propios récords (ya lleva 50 goles esta temporada) sino que garantiza a su equipo el mejor delantero centro del momento. Golea y da asistencias, rechazando las teorías de los ‘falsos’ nueves. Calibró su Kalashnikov cuando más lo necesitaba, y en cualquier palmo del área ataca al balón como un velociraptor a su presa. Tendría su enjundia verle en un equipo de Guardiola, con tantos delanteros móviles que, de repente, cambian a media puntas o interiores. Suárez es el delantero que pivota en el punto de penalti para rematar hasta un microondas (bonita expresión de Jorge Valdano); fuera del agua se muere porque, al contrario que Benzema, él no entiende el fútbol como un mecano donde la jugada empieza a construirse desde la banda.

A Romario le preguntaron en O Globo quién era su favorito de este Barça. Y cuando todo el mundo intuía que tiraría de inercia patriótica con Neymar, el senador más transgresor del parlamento brasileño sorprendió con Luis Suárez. “Me recuerda a mí, con mi instinto pero sin mis regates”. O Baixinho sigue pendiente del negocio del balón y sabe que el club azulgrana compró la mejor semiautomática del mercado. El Camp Nou la disfruta, como lo hizo Anfield en el año que casi les devuelve la Premier League. Por eso, el mito del Liverpool, Kevin Keegan, avisó hace tiempo al barcelonismo:No saben de qué es capaz el monstruo”. Entre sus diabluras de extremo derecho y delantero centro, se sacó dos Balones de Oro. Al igual que Suárez, ‘Super ratón’ Keegan triunfó en la Premier alejado del estereotipo de tanqueta goleadora (tal honor le correspondió a J.B.Toshack). Los regates del uruguayo son una vintage de aquellas fintas del gran ariete de los setenta. Keegan cambió la idea simplona y folclórica de los inventores del fútbol, mientras que el uruguayo no ambiciona tanto, si acaso, un recuerdo como el de Hristo Stoichkov, de quien le han dicho que puede aspirar a lo mismo: un Balón de Oro. Casi nada. Luis plantea cada partido como un duelo en el Lejano Oeste. Dispara nada más recibir, sin pensar, sin imaginar el ángulo. Le da igual a bote pronto o en pirueta, remata el balón como Hugo Sánchez. Y cualquier aroma añejo siempre es bienvenido. Suárez es el goleador del momento, que dio pistas en Amsterdam y se consagró en Inglaterra. Si Football Leaks desvelase que el Real Madrid le tuvo tan a tiro…

Gin tonic de moda

Jueves, 4 Febrero 2016

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Cruyff, Rijkaard y Guardiola agitados en una coctelera. El gin tonic de moda es este Barça que comparte los míticos rondos del Dream Team, los malabarismos de Ronaldinho y los bailes de Billy Elliot nacidos de la era Pep. El debate se traslada a la barra de los bares: ¿Laudrup-Stoichkov-Romario?. ¿Ronaldinho-Eto’o-Deco?, ¿Xavi-el mejor Iniesta-Messi? ¿O la MSN? El bienestar del vestuario, traducido en un grupo de colegas que hacen piña para cenar o visitar Port Aventura en familia, motiva estas sanas discusiones. En este país todos opinan de política, critican al Real Madrid y eligen a su Barça favorito. El de anoche masacró a un Valencia de cartón piedra, con piernas de plástico y corazón de madera. Al Blitzkrieg o ataque relámpago de los primeros minutos ni siquiera se le opuso una patada de respeto, cualquier gesto que delatara que ellos estaban allí. En un puñado de minutos Luis Suárez engatilló su Kalashnikov y twitter bulló de bromas y memes: la más original de las primeras fue Salvar al soldado Ryan; el meme fue el de Pepe Gotera y Otilio en plena reforma de los baños del Bernabéu. Por si al Barça se le ocurre insinuarlo como sede de la final.

La tormenta perfecta llegó en el primer gol de Messi: internada de Iniesta con pared a Neymar, taconazo en pleno giro del brasileño, amago de Luis Suárez y ejecución de Leo. Una jugada maestra de billar a cuatro bandas. De repente, los nostálgicos recordaron aquellos goles patrimonio de la humanidad: cítese la vaselina de Romario en El Sadar a pase aéreo de Michael Laudrup o cítense los 38 toques que pasaron por diez barcelonistas antes del primer gol de Luis Suárez en el último 0-4 del Bernabéu. Cualquier Barça, menos los de la época ominosa de Joan Gaspart sirve para pintar un cuadro con pinceladas de Van Gogh, Rembrandt y Monet, por elegir tres al azar. Hubo un tiempo en el que el madridista Roberto Carlos reconocía cada fin de semana que se divertían como niños en un parque (antes del galacticidio, claro); desde entonces, ni rastro de columpios por Chamartín. En Barcelona, las fiestas cambian de deejay según las tendencias: de las colas de vaca de Romario a la efímera manada de búfalos de Ronaldo; de los trallazos inteligentes de Rivaldo al sambódromo de Ronaldinho; de LEO MESSI en letras capitales a los juegos de magia Borrás de Neymar. Un Circo del Sol que siempre se prorroga en el Camp Nou.

Dice Michael Laudrup que “sólo el Barça puede tumbar al Barça”. Porque en la voluntad de Messi está hacer trizas el último hito de Arrigo Sacchi (dos Champions consecutivas): de él depende que el Barcelona levite o caiga en otro proceso autodestructivo como el que originó la crisis de Anoeta. Por eso, suena imponente para el mundo e impotente para los rivales que los azulgranas arrollen con D10S en plan ahorro. Y como siempre insistía Xavi Hernández, “el peor enemigo del Barça es la autocomplacencia”. Quizá entonces no todo pinte tan negro para el resto: si Ronaldinho se cansó del balón, ¿por qué no Messi, o Neymar, o Luis Suárez…o los tres juntos? En fin, consuelo de tontos. 

La ilusión del Circo del Sol

Mircoles, 25 Noviembre 2015

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Disneyland en el Camp Nou. Del miedo de “sobrevivir hasta enero sin Messi”, este Barça se ha metido por méritos propios en la tertulia que más apetece al soci culé: ¿Rijkaard, Guardiola o Luis Enrique? A bote pronto, Pep pintó el perfeccionismo y el holandés una juerga continua que empezó y acabó Ronaldinho. El fútbol con Luis Enrique no escanea el campo palmo a palmo, ni marea el balón en versión delicatessen; el suyo también es de salón, pero con un toque más vertical. El que le pone Neymar y sus regates o ‘elásticas’ de Rivelino; el de las ráfagas eléctricas de Messi o el del martillo pilón de Luis Suarez, de oficio ejecutor. Tres fenómenos que salen al campo con la misma ilusión con la que llevarían a sus hijos al Circo del Sol; tres amigos que a menudo cenan en familia; y dos guardias pretorianos que saben cómo rendir pleitesía a su César. Es la gracia de un Barça programado en modo rodillo, “para divertirse atacando y defendiendo”, como dijo Rakitic anoche. Vino la Roma a morder el segundo puesto del grupo y en quince minutos quedó reducida a un guiñapo, un muñeco de pim, pam, pum. Y no porque bajara los brazos como el Real Madrid en el clásico, simplemente porque delante tenían al Djokovic del momento, que te barre por tierra, mar y aire. Ése es el Barça de Luis Enrique.

Si el fútbol son estados de ánimo (Valdano dixit), el Barça es campeón; si el fútbol es un deporte de once contra once en el que siempre gana Alemania, entonces el Barça es muy germano. Y como citó Renato Cesarini tan brillantemente (a él se le debe el concepto de ‘zona Cesarini), “el futbolista es como un caballo. Si uno lo monta bien, lo respeta y obedece. Pero si usted no sabe apretarle bien los tacos, lo bellaquea y por ahí lo tira”. El Barça ha aprendido a mimar su juego, primero acorazándose en retaguardia sin distracciones estrepitosas. Piqué ha sabido separar sus provocaciones del fútbol, Vermaelen acabará siendo el central por el que mató el incomprendido Zubizarreta, y Dani Alves, sin llegar a la explosividad de la era Guardiola, se irá motivando entre tanta euforia. Sin un coladero en la defensa, emerge el gran Busquets de siempre, al que le ha costado coger ritmo a la temporada. Albañil de vocación, a los puristas les da rabia que la FIFA no le haya elegido en el mejor once del año. Tipos como él, Makelele y próximamente Casemiro son imprescindibles para comerse marrones. Porque detrás del fútbol hay mucho trabajo sucio y pocos jugadores son los elegidos para pringarse en el barro. Que se lo pregunten al seleccionador alemán Joachim Löw, que reservó la titularidad al lesionado Khedira para el Mundial de Brasil. El resultado fue incuestionable.

El contraste entre institución y primer equipo es alucinante. El club afronta juicios, debe cuidar a estrellas imputadas y lidiar con los castigos de la FIFA. Sin embargo, el vestuario vive una realidad paralela reducida a una pelota y dos porterías. Son exageradamente buenos, pero sólo presumen en el campo; juegan a velocidad de crucero pero tienen un manual de emergencias, por si se repite otro drama de Anoeta de género apocalíptico. Y así es metafísicamente imposible que este Barça se empotre como el Madrid de Carlos Queiroz. Aquellos merengues también jugaban como los ángeles y en febrero se les regaló el triplete. Pero Luis Enrique no desgasta al mismo once partido a partido, y en enero recibirá a Arda y Aleix Vidal. Oro y mirra para el banquillo. Las expectativas son tan planetarias que da miedo. Y no es una hipérbole. 

Nadie más tiene a Neymar y Luis Suárez

Mircoles, 13 Mayo 2015

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Gary Lineker hincó la rodilla anoche en la BBC: “Siempre he pensado que el Manchester United era el equipo más competitivo de la historia reciente de la Champions. Ahora me he dado cuenta que es el Barça”. La proeza del triplete está a tres partidos; “la nada”, como dice Mascherano, también espera a la misma distancia. Lineker ha entendido que el Barça maneja como nadie los tempos de la Champions porque anoche no necesitó exprimirse, simplemente sacó el aguijón dos veces y a esperar que el veneno hiciese su efecto. Guardiola, muy celoso de su creación, había espetado en la previa que los azulgranas eran los mejores al contraataque: la posesión de balón ya no era patrimonio culé. Cayera o no el Bayern, el principio más ‘guardiolista’ nunca se traiciona, ni aunque lo pidan a gritos grandes leyendas bávaras como Beckenbauer o Lothar Matthäus. En cambio, Luis Enrique no sufre el agobio de la historia, sólo ha tenido que llegar a una Entente Cordiale con el jefe del vestuario. Desde que Pep se hartó de Rosell y sus yuppies, el Barça dejó de ser el de los entrenadores: en la memoria histórica Cruyff, Rijkaard, Guardiola y desde hace tiempo el Barça de Messi. Y discrepando con el ‘Kaiser’, sin Leo el Barça no es un equipo normal, asusta a medio mundo porque, simplemente, nadie más tiene a Neymar y Luis Suárez, ambos en la órbita del Real Madrid en un pasado muy reciente.

No fue un partido de hemeroteca, sino un trámite plomizo con el que el Barça jugueteó desde que Luis Suárez dijo ‘basta’. Hasta entonces, un cabezazo de Benatia sobreexcitó al Allianz Arena, conjurándole en una remontada made in  Bernabeu. Poco le importa a Luis Enrique que sus genios del balón corran detrás de él: con Messi en versión Michael Laudrup contraatacar también es una pasada, lejos de la blasfemia que suponía este noble arte en la época de Mourinho.  Que se lo digan a Neymar, incansable en los quiebros, esquivando bosques de piernas en un metro cuadrado. Su exhibición en Munich le propone como el primer Balón de Oro posterior a la guerra Messi-Cristiano. Y a Suárez como el delantero centro perfecto, de los que echa de menos el fútbol de este siglo. El Bayern tiene a Lewandowski, otro rematador que mata la figura del ‘falso nueve’ a la que Guardiola ha rendido tanta pleitesía. Si hubiera jugado sin máscara, quizás no sólo Mascherano necesitaría una prótesis de cadera. Como el sombrero de tacón del uruguayo, una delicatessen que sale una vez en la vida. Pero merece la pena.

El Barça acumula tanta artillería pesada como el Madrid, con la ventaja de que si no le funciona un destructor, aún tiene otros dos para ametrallar a cualquiera. El tridente impresiona ahora más que la BBC, averiada desde las lesiones de Bale y Benzema. “Messi es el Barça y el Barça es Messi”, espetó Cesc en COPE el lunes pasado. Pero si D10S desaparece en combate, los otros dos socios de diabluras reclaman su estrella en el paseo de Hollywood. De momento nadie tose al líder porque, hablando en plata, no ha nacido un futbolista que le haga sombra. Guardiola lo temía y por eso no quería ni en pintura al prodigio al que dio vida hace unos años: prefería la vendetta contra Ancelotti. Y a estas alturas y sin conocer al otro finalista, el Barça tampoco quiere cruzarse con el Madrid: es el Federer que arrollaba hasta que le entraba el apagón psicológico contra Rafa Nadal. Eso piensa en el club azulgrana. Otra historia es el Leo Messi que quiere seguir rompiendo la barrera del sonido.

 

 

 

El milagro del Hércules

Jueves, 30 Abril 2015

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“¿Y por qué no se repite lo del Hércules?”. Es el comentario entre el vacile y el milagro de un directivo del Real Madrid con memoria muy selectiva. Es el clavo ardiendo de Alfredo Relaño al que se agarran los blancos. La ecuación de EGB es para ingenuos: el Córdoba se juega su orgullo propio contra el Barça y de ello dependerá la motivación del Madrid en el Pizjuán. Tarea suicida para el club que preside Carlos González, socio abonado del Bernabéu que acompañó a Lorenzo Sanz en dos elecciones presidenciales. No es la sensación del vestuario merengue, sólo una reflexión a vuelapluma de un miembro de la planta noble de Chamartín que invita a recordar cómo un muerto tumbó al Barça en la llamada I Liga de las estrellas. Sucedió en junio de 1997. El campeonato se lo disputaban los dos grandes, unos con Fabio Capello en plan Sargento de Hierro de Clint Eastwood y los culés con el Ronaldo Nazario más estelar que haya recordado el fútbol. En la antepenúltima jornada, el Madrid goleó al Extremadura creyendo que el Barça sacaría el rodillo en el Martínez Valero ante un Hércules sentenciado. Las quinielas no se equivocaron al principio porque Luis Enrique preparaba la goleada con un disparo seco en los primeros minutos. Pero aquel partido no contó con Ronaldo y el Barça se dedicó a sestear con el marcador. Fue entonces cuando explotó el bombazo liguero: el Hércules volteó el resultado, dejando groguis a los azulgranas. De repente, habían dejado escapar la Liga contra un Segunda División que reivindicó su profesionalidad y quién sabe si una motivación extra.

Aquel Barça salvó un buen puñado de resultados con las galopadas titánicas de esa “manada de búfalos” (descripción inolvidable con la que Valdano deleitó a Ronaldo). Este Barça no tiene mastodontes pero ha logrado formar la tormenta perfecta. Por la derecha Leo Messi vuelve a ser el goleador imparable que preocupa a Guardiola; por el centro Luis Suárez se ha puesto el ‘9’ de Anfield y saca las pistolas en escorzo, cayéndose o lanzado misiles inteligentes. Y por la izquierda, Neymar dribla bosques de piernas hasta plantarse delante de la portería. Es el Barça más estético de los últimos años, desde que el entrenador rival de Champions dejara el club por hartazgo. La Liga tiene favorito y la Champions, también. El milagro de Hércules se cumplió una vez casi sin ánimo de reeditarse. No parece que este Barça sufra despistes repentinos. El infierno de Anoeta acabó esfumándose cuando Messi dijo basta, y hoy el barcelonismo vive en un edén donde hasta Xavi Hernández disfruta de su segunda juventud. Incluso, Dani Alves, tan lejos de Can Barça hace escasas semanas, ahora ha decidido quedarse porque no quiere perderse la fiesta. El Paris Saint Germain intenta persuadirle con petrodólares pero sólo el Barça le garantiza proyecto ganador. El milagro de Hércules es un cuento de hadas que ni Toñín ‘el torero’ se cree. Quizás porque el favor del Atleti suena más a Spielberg que la hombrada del Córdoba.