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Archivo de la categoría ‘Luis Suárez’

Piquenbauer

Lunes, 23 Marzo 2015

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Él es ‘Piquenbauer’. El mismo que juega al póker disfrazado; que se distrae con su vida de papel cuché y que se atreve a juguetear con su teléfono móvil en un banquillo. Le cayeron palos por tierra, mar y aire sin entrar al trapo; entrenaba y, gracias a esa inspiración divina llamada Carles Puyol, se reencontró con su mejor versión, aquella que durante la era Guardiola le metió de golpe en el club de los más grandes: Beckenbauer, Hierro, Baresi, etc. Piqué estuvo descomunal y evitó que el Madrid destripara su defensa de arriba abajo; colocado como un mariscal de campo, su cuerpo fue un muro de contención que rebotó cualquier balón. Si su cabeza está centrada, Luis Enrique sólo tendrá que preocuparse por rotar a Mascherano y Mathieu. Del resto ya se ocupa Messi, quien sin explosividad se pone el casco de capataz para dirigir al equipo como un arquitecto. Así desquició al Madrid, repartiendo cloroformo a los madridistas desde que Luis Suárez reivindicó que su Bota de Oro no cayó del cielo. Cuando el Madrid cocía el clásico a fuego lento, el uruguayo se desmarcó de la espalda de Sergio Ramos, pinchó un centro largo de Dani Alves, ¡sorpresa!, y cruzó el balón a un Casillas que cayó a plomo. “Por eso pagamos lo que pagamos por Luis Suárez”, justificó Luis Enrique cuando le preguntaron por la actuación sublime de su goleador.

El Barça se asegura media Liga porque puede pinchar dos veces en diez partidos. Y quizá suceda, pero en estos momentos los azulgranas siempre serán más fiable que un Madrid valiente y generoso en el esfuerzo. Los blancos tardaron en soltar el primer directo, pero desde que Cristiano reventó el larguero de Bravo, atacó como una víbora que observa a su presa hasta que lanza el mordisco. Le faltó veneno, el recurso habitual que soluciona la mayoría de sus partidos, Y es muy raro que el Madrid no sepulte a un rival cuando le tiene grogui entre las cuerdas, pero los puñetazos no fueron certeros y la moraleja del fútbol nunca falla en estos casos. Suárez mandó al Madrid al diván del psicólogo y parece que Ancelotti no sabe gestionar las semanas largas. Cristiano comentó una vez en una entrevista que necesita jugar cincuenta partidos por temporada para mantener los músculos tensos; el técnico italiano no sólo desperdicia el fondo de armario sino que tiene a los jugadores fatigados, arrastrándose en las segundas partes con grilletes en los pies. Es el caso de Isco, una liebre de lujo para desfondar contrarios en los primeros minutos, pero que transcurrido un rato se convierte en historia dramática.

Paradojas de este deporte, el casi adiós a la Liga descubre a Ancelotti una lectura demasiado evidente. Su Madrid se gustó cuando jugó en efecto acordeón, atacando y defendiendo en bloque, con Gareth Bale remangándose la impoluta camisa en marrones defensivos. El Bale centrocampista da empaque al equipo, el Bale delantero descuajeringa toda la pizarra táctica. A Carletto le susurran al oído la idea del 4-4-2, extravagante en el club porque el galés no puede ir al banquillo y Benzema no lo merece, menos anoche. Pero el italiano porfía en mantener ese 4-3-3 que se inmoló con estrépito en Mestalla, Vicente Calderón, San Mamés…casi nada. Y un dato espeluznante para Ancelotti: en dos campeonatos sólo ha conseguido una victoria y un empate en todos sus derbis contra Barça y Atlético de Madrid. La ‘Decima’ le salvó de un verano convulso y sólo la ‘Undécima’ le puede mantener en el cargo. La imagen del Camp Nou fue atrevida pero las derrotas pesan demasiado en Chamartín. No le queda otra que apelar a la historia reciente y fiarlo todo a una carta, la Champions. Su preferida. Y cuando se trata de situaciones al borde del abismo, el Madrid camina por el cable como el más experto funambulista. Ocurrió con la ‘Séptima’, la ‘Octava’, la ‘Novena’ y nunca falló. ¿Por qué debe ser diferente este año? La primera parte invita a pensar que no. 

La semiautomática de Luis Suárez

Mircoles, 25 Febrero 2015

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Necesitaba goles en un partido con solera. Generoso en el esfuerzo, el Camp Nou había aprendido a convivir con sus robos de balón, los choques contra defensas de hormigón y esa obsesión permanente por agradar a Messi. Sí, Luis Suárez llevaba meses sacrificando su ego personal y había aprendido a “esconder la ira y ensayar una sonrisa delante del espejo”, como Batman en El caballero oscuro.  La prensa inglesa desplegó durante toda la semana su colección habitual de provocaciones y, aprovechando la versión negada del uruguayo, empapelaron los tabloides con titulares tan dolientes como ‘mordiscos’ o ‘dentelladas’. Suárez ha comprendido que el Barça tiene jerarquías que respetar; por de pronto, al dios Ra argentino y, en un escalafón inferior, a Neymar. Conoce su ubicación en el campo y en el vestuario; la primera ya no es la de fabricar goles en cadena como en Anfield, y la segunda es la de un crack silencioso que agigantará su figura el día que Messi se canse definitivamente. Será entonces cuando el club conciba a Neymar como futuro Balón de Oro. Pero Inglaterra le debía una revancha, porque haber sacado a los pross del Mundial de Brasil a golpazos no lo consideró un logro personal. El sensacionalismo británico había preparado la guadaña para descuartizar al barcelonista y, de repente, su muñeco de pim,pam, pum defraudó a todas esas plumas afiladas.

Luis Suárez dejó en Barcelona la escopeta de balines y se llevó a Manchester una semiautomática. Batió a Hart dos veces por abajo, y la inspiración del portero evitó el puñado de goles. En el primero, esperó su turno en el segundo palo como buen delantero y se la cruzó al meta del City; el segundo lo engatilló en el área pequeña tras un pase de la muerte del correcaminos Jordi Alba. A Pep Guardiola le habría encantado contar con este Luis Suárez, híbrido entre un ‘falso nueve’ y un boya de waterpolo. Sus movimientos son demasiado escurridizos como para pegarle a la chepa un rottweiler: su colocación recuerda a la de Karim Benzema, tan productiva fuera del área como letal en la cocina. Bueno, todavía le falta una ristra de goles para presumir, pero no es más que una simple cuestión de rachas. El ‘caimán’ devoró al Manchester, y sólo la mala suerte de Messi desde el punto de penalti lo dejó con vida.

El inesperado trompazo ante el Málaga y las fotos de Messi y Piqué en la puerta del Casino de Barcelona habían dado carnaza suficiente a la prensa incendiaria. Otra derrota en el Etihad y el cumpleaños de Cristiano Ronaldo habría quedado como anécdota. El equipo lo sabía y, por eso, salió a tumbar al miedoso City de Pellegrini, al que la fatalidad de los octavos le va a perseguir por los siglos de los siglos. Con una plantilla de quinientos millones de euros, la grada citizen esperaba un City envalentonado, rabioso por la eliminación de la pasada Champions. Todo lo contrario: el gigante inglés recibió puñetazos en la cara y devolvió caricias, hasta que el Kun Agüero detuvo el ridículo. Ya era tarde, porque ni Pellegrini había conjurado ninguna remontada ni el propio Kun se vio con fuerzas para poner patas arriba su estadio. El Barça demostró en la primera parte que, cuando quiere, revienta a cualquiera. Y Messi falló un penalti que no oculta su enésimo partidazo. Lejos de golear, se convirtió en la amenaza fantasma. Luis Suárez no se cansa de darle las gracias porque “con Leo todo es más sencillo”. Claro, así cualquiera. 

Benditas rotaciones

Jueves, 12 Febrero 2015

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Charly Rexach aventuraba en verano que Messi, Neymar y Luis Suárez “divertirían al soci tanto como Ronaldinho”. Y la opinión pública, que rescata de la hemeroteca cualquier exageración para añadir carnaza, agotó la frase en tertulias y columnas de opinión. La derrota de Anoeta dejó a Rexach casi como un blasfemo y con la credibilidad por los suelos. Se rieron de él hasta que Messi convenció a Neymar y Luis Suárez de que sí era posible otro Circo del Sol; no al estilo samba, ni al tiqui-taca, pero igual de letal y con jugadas de baile de salón. La goleada en San Mamés dejó un poso extraño en Can Barça: el equipo ‘traicionó’ su forma de ser amamantada en La Masía, disfrutando del cuchillo al contraataque, inventando goles de pim, pam, pum. ¿Le suena? Pregunten a Mourinho: su fútbol no gustaba nada, quizá ahora no tanto. Luis Enrique siempre ha tenido en consideración a su colega portugués; por eso, una palabra retumba en su cabeza entrenamiento tras entrenamiento, partido tras partido: pragmatismo. Y apenas le preocupa que su Barça se ponga la capa vampírica para alimentarse de la sangre del rival del turno o amague con imitar al gran prodigio que creó Guardiola, caso que todavía no se ha dado.

El Barça metió pie y medio en la final de Copa lamiendo el reguero de sangre que fue dejando el Villarreal, impecable en actitud y desastroso en errores de escuela de alevines. Musacchio seguirá siendo un central extraordinario a pesar de fallar por tierra, mar y aire. A él le debe el Barça dos de sus tres goles. Y porque Neymar se olvidó de meter la baraja en el sombrero de copa, sino estaríamos contando una orgía goleadora. Los azulgranas no acribillaron a balazos a Asenjo pero el peligro que provocan sus tres genios de arriba asusta tanto como tres velociraptores que atacan a la misma presa desde posiciones diferentes. Messi tiene patente de corso para correr y bajar andando, con arcadas por medio (otra vez). Pero da igual: el gol siempre llega. Y Luis Suárez recuerda mucho en el Camp Nou a Raúl González Blanco en el Bernabéu: cuando falla, lo hace con estilo y la grada le aplaude. Su vaselina del centro del campo terminó por excitar a una afición ansiosa porque reviente el saco de goles. Claro que en el Liverpool era la estrella exclusiva, el Mijatovic del Valencia por decir algo, y en Barcelona debe respetar las jerarquías. Si Messi y Neymar actúan de malabaristas, Suárez es fiel a sus orígenes: luchador charrúa que siempre va al choque y se deja la vida en el intento. El robo de balón en el primer gol le convierte en ese delantero peleón que Simeone reclama a la secretaría técnica para afilar sus plantillas.

Los palos que ha recibido Luis Enrique desde el cataclismo de Anoeta sólo han sido comparables a los del amigo de la prensa Louis Van Gaal en sus años pletóricos. Al asturiano le han incordiado por abusar de las rotaciones y no tener un once fijo en mente. Paradojas de este dichoso deporte, hoy le aplauden su atrevimiento a cambiar todo el esqueleto de un día para otro. Busquets dio paso a un Mascherano que revivió el coche escoba que le dio fama en Liverpool. Y quién le iba a decir a Rafinha que a estas alturas tendría más suerte en el Barça que su hermano Thiago, el bueno de la familia. A expensas de que algún jugador revele en un futuro (me temo que muy a largo plazo) quién mató a Laura Palmer en ese vestuario, Luis Enrique se siente demasiado fuerte, aunque él lo niegue y con el beneplácito de Messi, por supuesto. Este Barcelona vuelve a pulsar las sensaciones que el resto de rivales temían: puede pegarse las bacanales romanas que se le antojen. Anoche, sin necesidad de grabar el partido para el recuerdo, sentenció al Villarreal sin remangarse las mangas. Y son esas malditas rotaciones que se han vuelto benditas las que mantienen al equipo con piernas de Usain Bolt, mientras Ancelotti intenta motivar a un Madrid extenuado y sin saber en qué estado cruzará la meta. ¡Qué cosas!

Luis Suárez, el monstruo de Kevin Keegan

Mircoles, 29 Octubre 2014

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Diego Torres publicó en El País el sábado pasado que varios directivos de la planta noble del Bernabéu disuadieron a Florentino Pérez de fichar a Luis Suárez en verano. “Un delantero de ochenta millones no sólo tiene que marcar goles”, comentaron los ejecutivos, según el periodista. Daban a entender que el club necesitaba a Benzema o una versión aproximada del francés, lejos del típico delantero como Falcao, que remata hasta un microondas desde el punto de penalti. Y de repente y por caprichos del calendario (o no), Luis Suárez reapareció en Madrid sin presumir de su instinto depredador, pero con maneras de ‘diez’. Comenzó en la banda derecha y desde allí soltó un pase preciso a Neymar para el 0-1. Se movió de afuera hacia adentro intentando desubicar a Pepe y Sergio Ramos; dialogó con Messi para anticiparle sus cambios permanentes sobre el tapete y demostró que retiene la delicatessen en quiebros con y sin balón. Pero evidenció que el físico todavía le traiciona, aunque se remangara para responsabilizarse de ese ‘trabajo sucio’ que tan poco gusta a los delanteros estrella.

La lectura amable del clásico para el Barça es que ya dispone de un ‘nueve’, que puede ejercer de falso, centro o al estilo Benzema. Le vale cualquier especialidad. Y, desde luego, a la vera del samaritano Messi, el uruguayo se va a mover como pez en el agua con la misma soltura que lo hacía en la pecera de Anfield. En apenas media hora telegrafió fútbol de alta velocidad, tanta que a veces ni siquiera Iniesta y Messi tenían tiempo para captar la jugada. La gente esperaba su pegada, la voracidad de Liverpool; no en vano, es el número principal de sus funciones.  Pero Suárez obsequió al mundo con un repertorio que va más allá del pim, pam, pum. A Luis Enrique no le pilló de sorpresa porque fue él, personalmente, quien detalló al presidente Bartomeu y Zubizarreta todo el manual de instrucciones que conlleva tener al delantero, y que no sólo consiste en perforar porterías.

“El público de Barcelona se va a divertir. No saben de qué es capaz el monstruo”. Sí, el mítico Kevin Keegan no engaña a nadie delante de las cámaras de la BBC: escupe la palabra monster para aludir a Luis Suárez. Sobre futbolistas multiusos, ‘Super Ratón’ Keegan es una voz autorizada: entre sus diabluras de extremo derecho y delantero centro se sacó dos Balones de Oro. Tal cual. Keegan, como Suárez, triunfó en la Premier alejado del estereotipo de imparable tanqueta goleadora. En su época, ese rol correspondió a John Benjamin Toshack. Por eso, los regates del uruguayo son una vintage de aquellas fintas del gran ariete de los setenta. Keegan cambió la idea simplona y folclórica de los inventores del fútbol, mientras que Luis Suárez no ambiciona tanto: si acaso, un recuerdo como el de Hristo Stoichkov, de quien le han dicho en Barcelona que puede aspirar a lo mismo: un Balón de Oro. Aunque no esté en la próxima edición porque la FIFA haya castigado el mordisco hasta límites insospechados. Peor para el espectáculo, se pierden al monster.

Luis Suárez se fija en Ronaldo Nazario

Jueves, 16 Octubre 2014

Luis Suárez ha lanzado el órdago: “Sería lindo jugar en el Bernabéu. Estoy al cien por cien”. Indirecta para Luis Enrique en la fecha adecuada, a diez días del clásico, y delante de todos los focos en el mejor escenario posible: la entrega de la bota de oro. El mito Kenny Dalglish acudió a a la cita por petición expresa del uruguayo, qué mejor embajador vivo del Liverpool para escuchar en directo el desafío del galardonado. Suárez se había preparado el discurso que el soci quería escuchar, una especie de patata caliente ahora en manos de su entrenador. Su silueta ensanchada de los últimos meses se va puliendo a contrarreloj, los goles a la benévola Omán han sido la inyección oportuna para demostrar que él, en un futuro no muy lejano, también puede entrar en la factoría de Balones de Oro del Barça. Atrás quedó el mordisco y sus devastadoras consecuencias; Luis se ha alejado del runrún mediático para entrenar y dormir en casa de los suegros, un bucle pesado pero necesario. Con una vida casi monacal sin actos publicitarios ni entrevistas, Suárez lo fía todo a una carta: la repercusión mundial del Madrid-Barça.

Preocupa en Can Barça su falta de ritmo, las sensaciones oxidadas después de tanto tiempo, pero Luis Suárez tiene coartada para devolver toda es a ilusión de un plumazo. El ejemplo más sonado, y que le consta personalmente al delantero (su gente –hoy llamada entorno- se lo recordó con vídeos) es el de Ronaldo Nazario. El ‘gordito’ fue un capricho de Florentino Pérez en plena efervescencia mundialista de 2002 con el pequeño gran inconveniente de arrastrar una rodilla averiada de arriba a abajo. Aquella lesión con lloro desconsolado incluido en el Lazio-Inter estuvo a punto de noquearle para siempre, tanto que los médicos más pesimistas intuyeron que Ronaldo sólo volvería a jugar al fútbol con una rodilla biónica. Su brutal ejercicio de superación culminó con la victoria en Japón y Corea, pero su físico había dejado de ser aquella manada de búfalos que años antes había acuñado Jorge Valdano. Ronaldo tardó en debutar con el Madrid porque su carrocería soportaba seis o siete kilos más de lo indicado. Sesiones eternas de carrera continua y piscina cubierta aligeraron el peso suficiente para que la rodilla no sufriese. Fue entonces cuando los servicios médicos le autorizaron para debutar aquella tarde apoteósica contra el Alavés.

A Luis Suárez no le han cazado en bañador, pero sí con la sudadera empapada de sudor. La desproporcionada sanción de FIFA le ha enjaulado demasiado tiempo, permitiéndole sólo celebrar discretamente los goles en las pachangas de Sant Joan D’Espí. Admira cómo Ronaldo aguantó la presión de ser el tercer fichaje galáctico (Figo y Zidane fueron los primeros) y, lejos de competir con Messi y Neymar por el protagonismo en la próxima superproducción hollywoodiense (o sea, el Madrid-Barça), quiere reencontrarse a sí mismo. Al fin y al cabo, todo depende de la valentía de Luis Enrique. Él, como jugador del Real Madrid, vivió aquel clásico del 92 en el que el árbitro Díaz Vega replicó las críticas de Johan Cruyff diciendo que el holandés “se cagaba en los pantalones cada vez que iba al Bernabéu”. Pero al asturiano le gusta atacar por tierra, mar y aire sin esperar a entrar con el balón en la cocina: con Luis Suárez la artillería pesada ya está armada.

Luis Suárez, sospechoso habitual

Jueves, 26 Junio 2014

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Delia Fischer es oficialmente portavoz de la FIFA y oficiosamente quien se come los marrones de su empresa. A las 11.00 hora local de Rio de Janeiro, Fischer anunció la decisión del Comité de Disciplina de FIFA. Los cenáculos periodísticos esperaban una sanción ejemplar; los chascarrillos apuntaban que a Luis Suárez le caerían como mínimo dos partidos para no cruzarse en el expedito camino de Brasil. Pero entonces llegó la ansiada declaración en la que FIFA volvió a demostrar su puño de hierro detrás de la fachada de responsabilidad cívica. “Actuamos con rigurosidad porque cientos de miles de niños sueñan con el fútbol”, dijo Fischer en un simposio de Zurich hace meses, donde Joseph Blatter tiene su cuartel general. “A Suárez le pesa su continúa reincidencia”, confiesa un comisario sudamericano de FIFA, que quiere mantenerse en el anonimato. Los nueve partidos no parecen exagerados si no se contempla el pack completo, porque los cuatro meses de inhabilitación huelen a la triple reincidencia de Suárez. Sus tendencias vampirescas comenzaron en Holanda en 2010: su mordisco al jugador del PSV, Otman Bakkal, estremeció tanto al Ajax, su club de entonces, que hasta Johan Cruyff, gurú en Barcelona y Amsterdam, salió a la palestra para decir que lo del uruguayo era “inadmisible porque a ver con qué cara le mirarían a Suárez los niños de la escuela del Ajax”.

La imagen del primer mordisco pasó inadvertida hasta que las televisiones lo captaron en sus resúmenes televisivos. La Federación Holandesa tuvo que recurrir al vídeo para meterle un paquete de siete partidos, más los dos impuestos por el Ajax como transgresión de su sagrado código interno. No obstante, Suárez tampoco sufrió un vía crucis porque ya había firmado con el Liverpool. Allí en Anfield, sospecharon desde un principio de la conducta temeraria del goleador charrúa.  “Me recuerda a mí en lo bueno y en lo malo”, dijo Robbie Fowler, uno de los delanteros red con más solera y cuya imagen más recordada no es ninguno de los cien goles que marcó en Liverpool sino su escandalosa celebración fingiendo que esnifaba la cal de la línea de fondo en un derbi contra el Everton. Fowler no exageró en absoluto porque sus palabras están archivadas entre la sanción a Suárez por insultos racistas a Patrice Evra y el segundo mordisco, a Ivanovic del Chelsea. Fue entonces cuando el uruguayo comprobó en sus carnes el poder fáctico de la prensa con los tabloides sensacionalistas publicando a granel montaje suyos con bozal y colmillos de vampiro. Humillado y vejado, Suárez intentó imbuirse de los furibundos ataques de la prensa británico como mejor supo: goleando en Anfield y demostrando a The Kopp que, enajenaciones mentales aparte, era el killer perfecto.

La FIFA cogió la matrícula a Suárez y no le iba a perdonar ni una. Su condición de sospechoso habitual le persiguió, incluso, en los últimos minutos del Uruguay-Inglaterra, cuando se tumbó en el centro del campo extenuado por el sacrificio físico. “Suárez es medio Uruguay, ¡qué demonios! Es Uruguay entero”, dijo la voz más autorizada para hablar del combinado charrúa, el ‘Príncipe’ Enzo Francescoli después de la demostración caníbal (no en sentido literal esta vez) contra los ingleses. “Como uruguayo tengo mucha bronca por la decisión de la FIFA”, ha clamado Franscescoli tras conocerse la sanción. La FIFA le ha dado pocas horas al culpable para abandonar la concentración de su selección y casi salir del país. Y la película de terror no acaba ahí: cualquier compañero de vestuario que sea visto en público hablando con Suárez puede ser denunciado. No es un castigo a perpetuidad pero la humillación alcanza proporciones bíblicas. “Le falta ser deportado como un delincuente común”, dice un periodista uruguayo.

Pero no todo es lobby a favor de Suárez: Uruguay tiene dos mitos, Francescolli y el gran protagonista del ‘Maracanazo’ del 50, Alcides Ghiggia. “Está mal de la cabeza. Habría que hablar con él y hacer un estudio para saber qué pasa por su cabeza”, dijo en COPE Ghiggia a sus 87 años desde su casa de Montevideo. No lo ha dicho en vano porque en apenas 24 horas ya ha salido a la luz un puñado de psiquiatras, alguno especializado en canibalismo. Y no es broma. Hay quienes se preguntan o, mejor dicho, nos preguntamos por qué no salió Delia Fischer el día después de que Nigel De Jong soltara su patada karateka a Xabi Alonso en la final de Sudáfrica. Entonces, FIFA lo interpretó como una “acción de juego”, con el balón en otro lado. Los patadones sí comulgan con el fútbol, los mordiscos parece que no. 

Luis Suárez, un gamberro en el Ibex 35

Jueves, 5 Diciembre 2013

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El entrenador del Liverpool, Brendan Rodgers, no exageró cuando dijo en verano que el mejor fichaje que haría su equipo sería un “Luis Suárez con la cabeza bien amueblada” (having his head screwed on). La prensa británica se mofó del técnico y algunos tabloides como el Sun sugirieron a Rodgers montar un equipo competitivo antes que “llevar al uruguayo a un correccional”. El técnico se erigió casi en el único defensor de la causa del uruguayo: creía que podía reeducarle y borrar en poco tiempo su imagen de enemigo público número uno. El mordisco de Suárez al brazo de Ivanovic, del Chelsea, hizo saltar por los aires el solemne código de buena conducta de la Premier League.

La presión social de la carismática grada de The Kop fue tan exagerada que no pasó un día en el que los hinchas no reclamaran su cabeza. Había mancilla la camiseta red y, para un público tan distinguido, es más grave que un futbolista manche el nombre de un club tan venerado que falle goles a diestro y siniestro. Esto último no es el caso de Luis Suárez, quien detectó rápido la animadversión hacia él. El delantero se obsesionó desde Brasil, donde compitió en la Confederaciones, con una posible llamada de Florentino Pérez. Dependiendo donde se publicara el rumor, su nombre estaba por delante del de Cavani o detrás del ‘Kun’ Agüero. Sólo le importaba escapar de Las Islas.

Pero Rodgers entendió que para centrar a su chico, lejos de atosigarle con gritos de barracón militar, necesitaba cuidarle con guante de seda. Sólo así se reencontraría con el gol y sólo así firmaría las paces con Anfield. Luis Suárez ha captado el mensaje a la primera: golea como quiere, revienta las defensas y, sin duda, se ha vuelto a colocar en el Ibex 35 del mercado. El Madrid le contemplaba cuando Benzema estaba en el ojo del huracán y todavía tiene escrito su nombre en la libreta, por si a monsieur empané se le ocurre regresar al limbo. Esta semana se ha ganado la redención definitiva. Puso patas arriba a Anfield, “recordando al mejor Kevin Keegan”, se atrevió a decir el comentarista estrella Gary Lineker. Quizá sean palabras mayores comparar a un mito como Keegan con el impacto mediático y ¿efímero? que está teniendo Suárez. Sin embargo, es uno de los hombres del momento, inventando goles de cualquier ángulo, pero todavía con la sospecha de chico gamberro. “Si se atrevió a poner el diente en un contrario, quién dice que no liará otra igual dentro de un tiempo”, afirmó Peter Kenyon, ex director ejecutivo del Chelsea y principal benefactor de Mourinho en Inglaterra. De momento, no ha sucedido. Y mientras le jalee Anfield, Luis Suárez seguirá en la agenda de fichajes…del Madrid y de medio mundo. 

 

 

 

El genuino Cesc Fábregas

Lunes, 17 Junio 2013

Arsene Wenger es un entrenador feliz este lunes. Su mejor producto de los últimos tiempos por fin ha encontrado el mercado donde mejor se va a vender si Tito Vilanova se deja aconsejar por Del Bosque. Es Cesc Fábregas en versión anglosajona, la que aprendió y perfeccionó a la vera de su mentor en el Arsenal; el mismo que una vez sugirió a los reporteros del Arsenal que estuviesen atentos a “uno de los mejores llegadores del futuro”. No se confundió Wenger con su aprendiz; sí lo hizo Guardiola cuando lo reclamó para el Barça con unos planes totalmente diferentes. Porque Cesc lleva año y medio intentado apreciar el falso nueve que tantos quebraderos de cabeza le está dando. Quizá si en el Barça le hubieran dado un puñado de partidos de mediapunta, la grada del Camp Nou jamás habría sospechado de él. Por eso, el fútbol español agradece a Del Bosque su sorprendente y arriesgada decisión: si Cesc no hubiera sido el mejor de anoche, una buena legión de twitteros  habría martilleado al seleccionador con esa pedrada que tiene Tomás Guasch en su cabeza para el Real Madrid, ‘Silva, Mata y Cazorla’. Por suerte, el técnico español no tiene twitter y, también por suerte, sus cambios tácticos suelen salir bien.

“El doble pivote es innegociable”. Fue el único imperativo que anunció Del Bosque desde que relevó a Luis Aragonés. Y, seguramente, no se lo habría ventilado de haber convocado al lesionado Xabi Alonso; para qué cambiar al campeón mundial y de Europa por dos veces. Cuestión de experimentar, debió pensar el técnico salmantino; por algo, tiene la plantilla más talentosa de largo en el fútbol mundial, con jugadores aptos para plantear cualquier táctica imaginable, sea la clásica 4-4-2, la típicamente culé 4-3-3 o ese 4-1-4-1 con el que sorprendió España luciendo un delantero centro como dios manda. Soldado aprovechó su oportunidad  y deja una pista clara para el futuro: la Confederaciones no verá falsos nueves. Aunque con Del Bosque nunca se sabe; para la prensa que sigue a la Roja acertar el once se ha convertido en un auténtico reto. De hecho, ningún enviado especial se la habría jugado por Iker Casillas. ¿Justo? Deportivamente no por su baja temporal. pero el carisma de quien ha sido el mejor jugador del Madrid temporada a temporada hasta que llegó Cristiano Ronaldo pesa demasiado. Y lo saben Del Bosque y Toni Grande, quienes no esgrimieron ninguna razón convincente para explicar su titularidad y la consiguiente suplencia de Víctor Valdés.

Uruguay nunca ha ganado a España ni en partido oficial ni amistoso. Y con la actitud de anoche será complicado que llegue la primera en un tiempo. Óscar Tabárez se confundió dejando a Forlán en el banquillo, no porque jugase bien los minutos que le dio sino porque siempre hará algo más interesante que cualquier otro compañero, exceptuando a Luis Suárez y Cavani. Sobre todo, la estrella del Liverpool, claramente desesperado por la falta de calidad del resto. Al menos, ha vendido su caché y quién sabe si Florentino Pérez le habrá subido puestos en su particular ranking de aspirantes. Suárez busca desmarques, regates, fija la mirada a los de su alrededor, y pone y lanza faltas. Lo tiene todo si se le compara con el casi saliente Higuaín. Mientras, Cavani reservó sus dotes de killer para partidos más sencillos porque, como al resto de su selección, España le desactivó desde el primer minuto con un ‘tiqui-taca’ de libro.

Las comparaciones están hechas para que nosotros, los periodistas, subamos a alguien a un pedestal tan rápido como lo hundimos,  pero no es ninguna idiotez afirmar que la primera parte fue la más perfecta de la era Del Bosque. Con más del ochenta por ciento de posesión, la visión en HD de Fábregas y la majestuosa lección de patinaje artístico de Iniesta dejaron a Uruguay al nivel de un regional preferente (y eso que en nuestro país esa categoría tiene nivel). El país más idóneo ha reeditado al Brasil del setenta en versión muy mejorada, y no es precisamente la selección de Neymar.