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Un bonito viernes de 1915

Viernes, 1 Abril 2011

Alberto Contador comentó durante la Volta a Cataluña que el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) demostraría definitivamente su inocencia después de que la Unión Ciclista Internacional apelara contra la decisión de la Federación Española. En los próximos cuatro meses el TAS hará pública la absolución o culpabilidad del campeón español. Entonces, ya no habrá margen para más recursos. Pero al igual que Contador, ha habido otros deportistas que se han dejado la vida intentado demostrar su inocencia: la historia del inglés Enoch West escenifica la sanción más larga de la historia del fútbol, la de un jugador que siempre creyó en sí mismo, aunque tuviera que luchar él solo.

Enoch West fue un  goleador de Hucknall (condado de Nottingham) que jugó en el Nottingham Forest y Manchester United, equipo con el que consiguió la liga de 1911. Era un delantero centro expeditivo, con unas habilidades nada sobresalientes y cuya rutina dio un vuelco al estallar la I Guerra Mundial, aunque curiosamente no por la guerra. La coincidencia en fechas con los comienzos de la liga 1914/15 supuso que la opinión pública atizara a los futbolistas ingleses que se esforzaban con denuedo en el césped, en vez de combatir y morir por su patria en Francia o Flandes. Además, la guerra que presagiaba un final prematuro en navidades tampoco vislumbraba el final para la Pascua del siguiente año, por lo que la Federación decidió suspender el campeonato 1915/16. No había sido una buena temporada para Enoch West, quien lejos de pelear por el título, intentó salvar al United del descenso. Precisamente, para garantizar la permanencia del equipo, tenían que ganar al Liverpool…pero en aquel duelo se jugó algo más que la permanencia.

A pesar de que West era uno de los grandes goleadores del fútbol inglés, su salario era una minucia en comparación con los sueldos del fútbol moderno. Al final de cada temporada muchos jugadores buscaban un sobresueldo en otras facetas. El delantero de Hucknall tenía talento como jugador de cricket y, cuando paraba la Liga  se dedicaba a ello cada verano.. Sin embargo, no era suficiente para alguien de su edad que ya enfilaba el ocaso de su carrera, y más cuando su profesión estaba devaluada por la situación bélica del momento. Era obvio que Enoch West y sus compañeros debían plantearse qué hacer para sacar sus vidas adelante.

En aquella época apostar en partidos de fútbol estaba a la orden del día y el juego siempre atraía a tahúres honestos y los que no lo eran tanto. Respecto a estos últimos, en diciembre de 1913 el diario Nottingham Daily Express publicó un intento de soborno a un jugador del West Bromwich Albion para amañar un partido. En la misma página donde se había publicado la noticia aparecía otra de una multa a un apostador oficial que había merodeado por los alrededores de un campo de fútbol. Evidentemente, el riesgo era tan alto como la posibilidad de ganar muchísimo dinero apañando el resultado de un partido. Cuando Enoch West, algunos más del United y otros del Liverpool sopesaron si les merecía la pena involucrarse en semejantes asuntos, no lo pensaron dos veces.

Las crónicas de aquel Manchester- Liverpool (02 de abril de 1915) contaron que la primera parte transcurrió por sus cauces habituales, sin el menor indicio de sospechas. Pero el árbitro, Johan G. Sharp, describió la segunda parte como una “sucesión de incidentes extraños” y ahí es cuando las cosas dejaron de encajar. William Meredith, extremo derecho del United y que no formó parte del amaño, se quejó de que no le habían pasado el balón, aunque el hecho más controvertido ocurrió cuando el árbitro señaló un penalti para el Manchester: todo indica que fue claro porque ningún jugador del Liverpool protestó a Sharp, pero hubo una ardua discusión entre los compañeros de West para ver quién lo lanzaba. Extrañamente, el encargado de disparar no fue el habitual, Anderson, sino un defensa llamado O’Conell. Así que éste colocó la pelota en el punto de la pena máxima y la mandó tan lejos de la portería que nadie de los allí presentes creyó  que su intención era marcarlo.

Mientras pasaban los minutos, y con 2-0  a favor del United, el duelo se fue apagando, aunque West intentaba perder el mayor tiempo posible parando el partido con faltas y echando balones fuera del campo. Ya no había ni un ápice de emoción, en gran parte porque el Liverpool tampoco se esmeraba mucho, y la frustración empezó a contagiar al público; uno de los linieres, F. Hargreaves, recordó que la grada, harta del penoso espectáculo,  mandó recaditos al estilo de “¡vamos, canallas!”, “¡esto es un amaño!” o “¡devolvernos nuestro dinero!”. Naturalmente, la polémica no acabó con el pitido final de Sharp. El 23 de abril de aquel 1915, la organización de la competición se reunió en Manchester para analizar si hubo realmente tongo. Al día siguiente, el Nottingham Guardian publicó que la Liga había llevado a cabo una investigación a fondo sobre el posible amaño de un importante partido jugado recientemente. Las sospechas cobraron mucha credibilidad cuando salieron a la luz apuestas de gran calibre en  el partido investigado, pero no sólo sobre quién sería el ganador sino también del resultado exacto. Concretamente, una cantidad considerable de libras fue apostada en Hucknall, donde Enoch West todavía tenía un tío y más familiares.

La Liga concluyó la investigación culpando a jugadores de ambos equipos, incluido West…la sanción sería a perpetuidad por haberse involucrado en una estafa tan turbia. Por otra parte, no hubo indicios de que los clubes también estuviesen pringados, así que estaba claro quiénes eran los cabezas de turco. Pero West no estaba preparado para digerir tal veredicto y emprendió medidas legales alegando difamación contra sus acusadores, la Federación Inglesa y el periódico Daily Sketch, que había sacado parte de las primeras acusaciones.

La vista oral del juicio tuvo lugar en julio de 1917 y fue cubierta por otro diario, el Dispatch. La  noticia no admitía margen de error: había pruebas evidentes de que West había mentido sobre sus vínculos con el pueblo de Hucknall. Además, las apuestas hechas allí fueron prueba suficiente para condenarle. Claramente, el partido fue amañado, por tanto, él fue considerado culpable. Desde aquel momento,  Enoch West  se dedicó a apelar el fallo judicial una y otra vez sin éxito alguno, así durante las tres décadas que duró el castigo. Hasta su muerte, en 1965, nunca admitió su culpa y la Federación, a pesar de haberle levantado la sanción en 1945, jamás cambió su postura. Un final triste para la vida de un jugador cuyos méritos deportivos fueron borrados de un plumazo por culpa de lo que sucedió un bonito viernes de 1915.

Y Cesc se lo está creyendo

Mircoles, 29 Diciembre 2010

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“Tengo muchas dudas que vayamos a ganar algo, Chelsea y Manchester siguen muy fuertes”. Así de taxativo se confesaba Cesc Fábregas a la COPE fuera de antena en una noche otoñal londinense. Entonces, hace más de dos meses, él daba una impresión poco alentadora: no hablaba con pasión de la nueva temporada; es más, su frustración por no haber acabado en el Barça era más que descarada. Intuía que le tocaría otro año de transición, otro más resignado a los experimentos fútiles de su mentor, así nos lo contó en aquella cena de octubre.

Desde luego, nadie de los que estuvimos presentes en esa cita le desmintió o discutió sus conjeturas: sí, era obvio que la Premier pintaba para un nuevo pulso Chelsea-United con los figurantes de siempre. Pero Cesc nos habló con mucha franqueza, pues no nos recibió para soltar la perorata de cualquier futbolista; en eso ya le vi especial. Fábregas  siempre ha crecido más rápido que los de su quinta, y no hablo de su prematuro traslado a Londres con sus consecuentes dificultades idiomáticas, culturales, etc. Si bien maduró a la vera de Patrick Vieira y quedó prendado del halo majestuoso de Henry, pronto le tocó a él también tutelar esa ingente cantidad de niños imberbes a los que Wenger mete por ley en el equipo de los mayores. Quizá sea eso lo que ha frenado la ambición del catalán por alcanzar éxitos más jugosos en clubes con más solera; Wenger supo en su día inocularle ese sentimiento paternalista que se le debe presuponer al ‘profe’ de la escuela gunner. Y Cesc lleva dos años siendo el modelo de la cantera o, por lo menos, intenta interpretar su rol.

Quizá una liga en los últimos tiempos hubiese cambiado el estigma del Arsenal, al que todos los folclóricos admiran pero del que nadie se fía. Cesc está harto de escuchar a aduladores que homenajean su estilo, pero que luego van diciendo que nunca gana nada. Y para mayor escarnio, las estadísticas de los últimos años manifiestan que su equipo está hecho nada más que para primeras vueltas, sin fuelle cuando entra la primavera. Eso es evidente, son los números. Pero esta Premier sabe distinta.

Alexander Song, uno de los discípulos más adelantados de Cesc y peón indiscutible en el once titular, se molesta cuando oye susurros sobre una posible salida de su capitán. Su fe en el español roza la creencia religiosa. Este joven camerunés de 23 añitos es un entusiasta más de la doctrina de Wenger y la puesta en escena encomendada a Fábregas. Prueba de ello fueron sus declaraciones el pasado verano en las que espetó sin titubeos que sólo con su capitán lucharían por el título a finales de temporada. Parecía otro infantilismo más de otro ingenuo más absorto por las quimeras de su entrenador.

Pues bien, la primera vuelta ya ha concluido y el Arsenal ha cumplido con lo estimado: se ha marcado una primera vuelta sobresaliente y está a rebufo del líder, el Manchester. Hasta ahí lo previsto. Pero, insisto, esta edición es diferente, porque el Arsenal ha aprendido a codearse con los aspirantes; sabe a lo que juega y sus ‘peques’ tienen instructores experimentados. El primero es Cesc, pero luego están Van Persie, que jugó precisamente ante su compañero la final de Sudáfrica, y Theo Walcott, quien deslumbró siendo un muchachito por su extraordinaria rapidez, y eso que sólo tiene 21. Después, aparecen secundarios de lujo como Clichy (Barça y Madrid se le han insinuado), Wilshere (una fotocopia cuasi perfecta de Cesc) y Nasri, la ultimísima esperanza de la selección francesa. Todos estos actores se han unido en una causa común: acabar con los tópicos y no sólo aparentando fútbol circense, sino también con esa flema británica que respiran United y Chelsea.  

Y vaya si se lo ha tomado en serio el ‘equipito’ de Cesc. Al Chelsea le dieron antes de ayer un meneo tan antológico, que Abramovich ya ha advertido a Ancelotti a modo de ultimátum. En el campo del City rindieron tributo al fútbol y reivindicaron que los petrodólares aún no se canjean por victorias, y al United no le ganaron de milagro. En resumen, Cesc ha sabido zafarse de quienes le consideraban el  tuerto en el país de los ciegos. Cierto es que la ha tocado la china con el Barça en octavos de Champions, pero el duelo valdrá para calibrar si este Arsenal no va de farol. De momento, en Inglaterra se han dado cuenta de que vaciles, los justos. Y Cesc se lo está creyendo…a pesar de sus palabras en aquella noche londinense.

Europa sólo es una quimera

Jueves, 11 Marzo 2010

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Pues no, Florentino, el Madrid ya no lleva la palabra ‘Europa’ en su ADN. Éste era el año elegido, en el que el Madrid debía ser infalible y saciar de una vez por todas sus ansias de Champions. Al segundo proyecto faraónico, en su versión mejorada respecto al anterior, sólo le apremiaba una conquista: la final del Bernabeu del 22 de mayo. Y sí, allí acudirán el presidente blanco, Valdano y Butragueño, pero como cálidos anfitriones. La ‘orejuda’ vuelve a convertirse en un escollo insalvable para un equipo que en Liga atiza a todos menos al Barça, pero que en el sitio donde se mide la grandeza, está exento de espíritu competitivo.

No hace mucho (siete años), el Madrid manejaba como nadie los ‘tempos’ de la Champions: se gustaba cuando la ocasión lo exigía; remontaba lo que le hiciese falta y se templaba en partidos poco apetecibles para engrandecerse en citas más atractivas. Así ganó tres Champions y así le dio más pedigrí a este torneo. Aquel dominio se apagó después del voléon de Zidane y el par de paradas milagrosas de Casillas en Glasgow. Desde entonces, todo ha sido una debacle permanente; una engañifa que ha sacado los colores al Madrid a las primeras de cambio y con rivales de mucha o poca enjundia. Porque Monaco, Roma o mismamente este Olympique deberían ser esparrings de un asalto para un Madrid al que se tilda de fracasado si no levanta la copa de las copas.

La Champions desnuda las vergüenzas de los clubes más celebres de Europa, y al Madrid ya le han dejado integral porque ha demostrado unas carencias bárbaras temporada a temporada. Le han abatido con remontadas (Monaco), por goleada (Liverpool), por impotencia (Arsenal, Bayer y Juventus) y lo peor, por prepotencia (Roma y anoche). Antes del ‘galacticidio’ (el primero), el Madrid ganaba porque infundía temor y jugaba con amor propio. Las gestas ya muy lejanas en Old Trafford, Munich y Amsterdam fueron las hazañas de un equipo que no tenía a los mejores  jugadores del mundo, pero que sabía de qué iba la Champions. A esa actitud debe agarrarse el Madrid que construyan sus jefes para la próxima edición.

Hoy no es plan de sacar culpables al impotente juego del equipo. Pellegrini, muy en su papel de asumir todas las responsabilidades, aceptó la furibunda descarga de críticas, pero esgrimió que el apogeo de este proyecto estaba calculado para dos o tres años vista. Éste es uno de los grandes contratiempos de alguien que no entiende qué es el Real Madrid. Aquí hay que ganar sí o sí, es lo único válido. Te puedes permitir ganar un año sin jugar un pimiento (Capello o Heynckes), pero al segundo la exigencia es completa. El Madrid de Pellegrini ni gana ni convence, falla todo. Por tanto, lo más cómodo y probable es que termine la temporada, con o sin Liga, y abandone la empresa.

El drama estalló anoche, pero se ha ido alimentado con sólidos argumentos durante toda la temporada. Está demostrado que el campeonato español no es suficiente baremo para medir la capacidad del equipo. En España hay dieciséis o diecisiete equipos que jamás toserán a Madrid y Barça, mientras que en Europa, ya lo habéis visto, hasta el Lyon más sim plón de la última década humilla a quien más obligación tenía de ganar este año.

Claro, luego ves como el Manchester golea al Milan sin hacer nada del otro mundo, cuando el Madrid fue incapaz de vencer a los italianos en dos partidos. Puede que los chicos de Sir Ferguson caigan en cuartos, pero nadie dudará de su competitividad. Ellos sí que están hechos para la  Champions. Tienen a Rooney, que en la Premier puede pasarse cinco partidos sin marcar y a la hora de la verdad casi nunca falla. Lo mismo sucede en el Chelsea e incluso en el Arsenal, en el que chavales primerizos debutan todos los años en Champions y suelen meter al equipo en cuartos como mínimo.

Al Madrid sólo lo puede curtir Cristiano, porque Raúl ya ha ofrecido lo mejor de sí mismo en las noches mágicas; Guti nunca ha entendido esto de la Champions; Higuaín (pobre Higuaín) no se quita ni con aguarrás esa pátina de delantero fallón; Kaká viene a ser el timo del siglo y el resto hacen lo poquito que pueden en Champions, que se ha visto que no suficiente.

En consecuencia, los de arriba tienen que adelantar los deberes para montar un Madrid más Real Madrid el año que viene y los de abajo sacar fuerzas (si es que las hay) para no perder el pulso con el Barcelona en la Liga. Si al final resulta que el Madrid gana en España, ¡enhorabuena, otra más! Ramón Calderón se llevó dos consecutivas y nadie ha sacado pecho por ellas. La Champions es de otro planeta y el Madrid dejó de estar en órbita hace siglos.

Ni fu ni fa

Domingo, 28 Febrero 2010

Pues eso, ni fu ni fa. Otra jornada de transición y una semana menos para el Madrid-Barça que deberá decidir la Liga (por lo menos, es lo que esperan los mandamases de este tinglado). La Liga es bipolar porque, sencillamente, el resto no existen y jamás lo hicieron. El año pasado también lo fue, pero gracias a Juande Ramos, quien consiguió que el Madrid enganchase una vuelta entera invicto. Esperemos que este campeonato sea un amago falso del dudoso porvenir que le espera al fútbol español. Si el Barça se mantiene en las alturas y el Madrid recurre a inyecciones económicas multimillonarias cada verano, los demás están aviados.

El Sevilla no puede depender toda la vida del ingenio de Monchi; el Valencia tardará en reclutar un trío tan formidable como el de Villa-Silva y Mata; el Villarreal no se ha repuesto del abandono de Pellegrini y el Atlético seguirá peleado consigo mismo, intentando redefinirse de una vez por todas. Ante este panorama,  ni la crisis más furibunda apeará a los dos grandes del título. No estaría de más que la LFP se replantease qué modelo de torneo quiere para el futuro. De lo contrario, seguirá arrumbando a dieciocho clubes preocupados por dos puestos de Champions, otros tantos de Europa League y los tres del fatídico descenso.

El caso es que nuestra liga dicotómica evidencia un importante contraste con los mejores campeonatos de Europa: en la Premier, los últimos traspiés de Chelsea y Manchester han aproximado al Arsenal a tan solo tres puntitos de los  de Ancelotti. Lástima que el Liverpool nunca tenga el fuelle suficiente para aguantar la batalla por el título.

En el Calcio menos roñoso de los últimos años, el Milan  ha puesto un poco de picante  después de que el Inter no haya ganado tres partidos consecutivos. Aún así, los ‘rossoneri’ están a cuatro puntos de Eto’o, Milito y compañía. A la Roma, que está a siete puntos del líder, le va a ser muy difícil reengancharse.

Pero los campeonatos más abiertos nos los ofrecen Alemania y Francia. La Bundesliga se está revalorizando a pasos agigantados. Los estadios están repletos y si el año pasado el Wolfsburgo dio la sorpresa, en el presente el recuperado Bayer de Munich, el sorprendente Leverkusen y el tapado Schalke optan a la victoria final. Por último, a la liga francesa le ha venido de lujo el final de la hegemonía del Lyon; el Girondins se postula como favorito, pero una buena ristra de perseguidores le hace sombra. Montpellier, Lyon, Lille y Marsella esperan un fallo del Burdeos.  

¿Fútbol a las tres? Yo digo que sí

Jueves, 24 Septiembre 2009

Menos mal. Ya era hora de que alguien dijera sin remilgos que el fútbol español se puede jugar a mediodía. Parecía que los gerifaltes de la Liga habían obviado ciertas nociones de marketing: nuestro campeonato es, junto a la Premier, el mejor del mundo y como tal, hay que venderlo. Esta mañana el director general de nuestro preciado torneo, Francisco Roca, ha desvelado que la LFP contempla fijar partidos a las tres de la tarde para abrirse al mercado asiático. Valiente sugerencia que todavía no llega tarde, porque hoy más que nunca tenemos los iconos publicitarios más solicitados  en los equipos más atractivos. Bueno, quizá el tema de los horarios sí pudo enmendarse antes: Florentino Pérez propuso hace tiempo a la Liga jugar a mediodía para exhibir a sus galácticos desde Pekín a Tokio vía Shanghai.

El fútbol del siglo XXI se ha quitado el corsé chovinista para expandirse por todo el globo. Desde que el Manchester United abriese el melón de las giras asiáticas, un puñado de clubes españoles programa en sus pretemporadas alguna estancia en Asia. Allí son multitud y el fútbol les encandila. No hay más que ver el furor que causan los Cristiano, Kaká, Messi, Torres, Eto’o y compañía por el Extremo Oriente. Y la fatiga que supone para nuestros equipos tragarse miles de kilómetros por un par de bolos veraniegos se ve recompensada por jugosos estipendios. No en vano, las giras se han convertido en un lucrativo negocio que permite amortizar inversiones –Beckham, CR9- y afrontar gastos ordinarios – salarios de jugadores-.

Los folclóricos argumentarán que el fútbol en España camina de la mano de los toros: a las cinco o bien entrada la tarde. Cierto es que nuestras costumbres no comulgan con las anglosajonas, ni siquiera las italianas, pero el fútbol de hoy no está hecho para el graderío sino para los telespectadores. Si no, preguntaos de dónde vienen la mayoría de ingresos de los clubes. Es difícil creer que un Madrid-Barça a las tres no arrasaría en audiencias o abarrotaría el estadio. Claro que sí. Sólo hay que adaptarse a los cambios y son futbolísticos no cuesta nada. Haber traído  a los mejores y más caros jugadores responde a estrategias mercadotécnicas: no basta con meter goles, hay que ser telegénico y entregarse a cualquier público, sea español, chino o americano. Y es en este punto donde la Premier League camina a pasos agigantados.  ¿Fútbol a las tres? Yo digo que sí.  

Quédese el cambio, Sir Ferguson

Viernes, 12 Junio 2009

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Quédese el cambio, Sir Ferguson. Ya puestos, Florentino Pérez habrá extendido al Manchester un cheque de cien millones de euros (las cifras cuanto más redondas, más atractivas) por la joya de la corona. Los seis kilitos restantes podrían haber ido al manager del United en concepto de compensación moral. Cristiano abandona las Islas no en loor de multitud, como muchos británicos hubieran pensado, sino de manera fría, insípida y acorde a ese carácter tan hosco, propio de los ingleses. Desde que Ronaldo comenzó a flirtear con el Real, Old Trafford dejó de ser el ‘teatro de los sueños’ del portugués. Madrid le espera con los brazos abiertos pero no a cualquier precio.

Mucho no habrá tenido que negociar Florentino. Soltar esa barbaridad de dinero ha marcado un nuevo enfoque en la ley de la oferta y la demanda: el presidente merengue ha hecho un flaco favor a sus homólogos más influyentes porque ha acabado de un plumazo con las intensas y pesadas reuniones por contratar futbolistas. A partir de ahora, los precios se desorbitan y las adquisiciones se efectuarán con pagos de cláusulas en España y de cifras mareantes en Europa. Si Cristiano vale 94 millones, nadie atreverá a insinuarse a Messi o Iniesta, por ejemplo.

Pero Florentino, celebérrimo gestos donde los haya, no ha dejado nada a la improvisación. Si no le ha molestado pagar los casi dieciséis mil millones de pesetas (es que se dice pronto) en vez de setenta u ochenta millones en euros es porque habrá evaluado la rentabilidad del futbolista al milímetro. La mitad del porcentaje de los derechos de imagen de Cristiano ya son un filón apoteósico. Ahora que el Madrid volverá a las giras asiáticas, las camisetas del jugador colapsarán el mercado de ropa deportiva. Si, incluso, la marca ‘CR7’ vende por sí sola. Total, que mientras la nueva estrella no se averíe con una lesión inoportuna o se desmadre fuera del campo, la inversión está garantizada y Florentino nos habrá convencido de que no era tan caro.

No es de extrañar que en el futuro alguien ose a traspasar la barrera de los cien millones. Casi todas las papeletas las tiene Florentino aunque en el panorama europeo no se vislumbra otro ‘megacrack’ que reviente el mercado. Quizá cuando surja algún brasileño al estilo de Ronaldo aunque, con Kaka y CR, tampoco es que hagan falta muchos más en el Bernabeu.  Eso sí, las exigencias con este Madrid cósmico han subido un doscientos por cien. Si el Barça del ‘tritranquilo’ Laporta ha culminado la temporada en todo su esplendor, al Madrid le pediremos que pulverice los récords del eterno rival, si es que eso se puede hacer.

Por cierto, Ramón Calderón no ha tardado ni un minuto en salir a la palestra para atribuirse el mérito del fichaje. Otra gansada más de un personaje al que vamos a tener hasta en la sopa.

 

El camino empezó en Cracovia

Jueves, 28 Mayo 2009

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Sí, la Champions del Barça empezó en Cracovia. Era la previa del torneo y a Guardiola se le había encomendado salir al paso con una plantilla que desconocía y que, por los antecedentes sufridos, estaba llamada a convertirse en otra bomba de relojería. Pero ‘Pep’ pilló el truquillo y aprendió a manejar a unos chicos no mucho más pequeños que él. Recurrió a la faceta que dominaba, el fútbol base,  dio forma al grupo con chavales de La Masía y adelante.

Diez meses después, ese Barcelona timorato y con muchas posibilidades de volver a despeñarse ha alcanzado el cénit de cualquier gloria habida y por haber. La final de Roma ha rubricado el nuevo modelo de ‘fútbol total’, el juego del control y pase, del orden táctico y sobre todo, de la diversión. Porque ver al Barça es una auténtica delicia. Este equipo engancha al telespectador con su propuesta hedonista. Nunca renuncia a su estilo, el de hacer afición. Y eso en el fútbol contemporáneo es de agradecer.

La memoria histórica es caprichosa: recordará al Barça del ‘triplete’, el de la Champions, Liga y Copa. Sin embargo, el barcelonismo debería priorizar el espectáculo que se le ha ofrecido a los títulos. Éstos se pueden ganar de cualquier manera, siendo atrevido o sin jugar un pimiento. Pero el estilo del Barça de Guardiola es el poso que debe quedar para la posteridad. Ellos se han ganado la fama póstuma.

El epílogo de la temporada no se salió del guión principal. El Barça bailó de nuevo a su rival, esta vez un Manchester United que claudicó ante la mayor de las evidencias. Tan sólo Cristiano Ronaldo guerreó un ratillo, lo que le dejaron. El portugués concentró los flashes del estadio los primeros diez minutos, quizá para dar la bienvenida a la versión futbolística del ‘Circo del Sol’. Su cara reflejaba rabia y despecho. A lo mejor estaba maquinando cómo devolver la jugarreta al Barça vestido de blanco merengue el próximo año.

Será complicadísimo avergonzar al Barcelona en el nuevo curso. Sus exhibiciones le han creado muchos candidatos para devolverle la bofetada. El Manchester es el último de ellos, que se ponga a la cola. Y es que la providencia ha querido juntar en diez meses la pléyade más épica de la historia del Barça. Una generación que, como reconoció anoche Laporta, ha estudiado la filosofía de Johan Cruyff. Es verdad que este equipo maneja los axiomas que en su día inculcó el holandés, pero ni siquiera al ‘Dream Team’ le fue concedido el privilegio de contar con futbolistas únicos e irrepetibles. Enhorabuena para Messi, Iniesta, Xavi, Eto’o, Puyol y el resto. Habéis rendido el mejor de los tributos al fútbol y el mundo os lo agradece. Va por vosotros.

Roma espera a su emperador

Martes, 26 Mayo 2009

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Dos imperios concitarán la atención del mundo en la ciudad eterna por una noche. Ambos dominan el panorama futbolístico y la final de mañana servirá para coronar al rey de reyes. El Barcelona se quiere comer las estadísticas y convertirse en el primer equipo español en lograr el ‘triplete’. Ni el Madrid presume de tal gloria aun con sus nueve Copas de Europa. Guardiola ha inculcado a sus pupilos elegancia y explosión. Con la premisa del balón siempre al suelo, el Barça ha hecho y deshecho a su antojo en todas las competiciones. Sólo la asfixiante presión del Chelsea en semifinales hizo que los azulgranas tuviesen que remangarse la camiseta y sacar adelante la eliminatoria por fe.

Por su parte, el Manchester empezó la Premier con titubeos pero en el momento que supo enderezar la defensa, el grupo comenzó a funcionar como un motor diesel. Sus victorias son una mezcla de tenacidad y lucidez. A veces le ha valido noquear al rival con un golpe certero y otras ha apabullado de principio a fin. Sir Alex Ferguson tiene los condimentos suficientes para darle el sabor que quiera al partido. Aquí va un vis a vis de los protagonistas del mejor partido del momento:

Van der Sar /  Víctor Valdés

Ambos han saboreado las mieles de la Champions, por lo que la experiencia no será decisiva. Valdés ha mejorado sus mano a mano notablemente. El espigado Van der Sar intercepta todo lo que se mueve por el aire y es una garantía parando penaltis. Con todo, el holandés da más seguridad a sus defensas.

Evra /  Sylvinho

El senegalés es más incisivo por el lateral izquierdo. Ha suplido con creces la marcha de Heinze. Sylvinho jugará por la baja de Abidal. El único cometido del brasileño será tapar al escurridizo Park.

Vidic – Ferdinand  /  Piqué – Touré

La pareja de centrales del United es la más fiable del continente. Individualmente no son los mejores zagueros pero sí los que mejor se entienden. El dúo Piqué-Touré ha sido una improvisación de Guardiola ante la baja de Rafa Márquez y el consecuente desplazamiento de Puyol al lateral derecho.

Puyol / O’ Shea o Gary Neville

Esta demarcación es, de lejos, la más débil de los ingleses. No hay un titular indiscutible: el capitán Neville y el irlandés O’Shea se limitan a subir hasta el centro del campo. Puyol gana por goleada en este puesto. La polivalencia es la mejor virtud del barcelonista.

Scholes / Iniesta

El manchego es el futbolista de moda. Sin él, a su equipo se le atora la computadora que programa los ataques. Scholes es, junto a Giggs, el alma mater del United. A sus treinta y cuatro años no le queda gasolina para aguantar noventa minutos pero seguro que sus compañeros agradecerán el ritmo infernal que imponga al juego.

Anderson / Busquets

Dos promesas que maduran a pasos agigantados. El brasileño es un portento físico y su cometido es bregar al contrario. Sergio ha sido el gran descubrimiento de Guardiola. Jugar la final sería el mayor de los reconocimientos que le pueden hacer.

Carrick / Xavi

Inasequible al desaliento, Carrick se ha afianzado en la columna vertebral del Manchester. Su arma secreta es el disparo lejano, letal. A Xavi no le vamos a descubrir a estas alturas. Es uno de los pocos que pueden decidir la final con un pase inverosímil o una jugada de ensueño.

Park / Henry

El surcoreano se ha asentado en la banda derecha gracias a su incontestable trabajo y a la sencillez con la que se desenvuelve por su zona. En ocasiones emula a los extremos puros de antaño que desbordaban y centraban desde la línea de fondo. Henry suele jugar escorado en la izquierda y tira más diagonales que Park por la derecha. Más resolutivo que el asiático de cara a puerta.

Rooney / Eto’o

Dos ‘cazagoles’ con el gatillo siempre preparado. Rooney da miedo de lejos y a Eto’o hay que atarle en corto. Quizá el camerunés asegure más definición. De hecho, esta temporada ha sido más efectivo que el británico.

Cristiano Ronaldo / Messi

El duelo por antonomasia. Los dos mejores jugadores del mundo frente a frente. Ronaldo es diabólico a balón parado, asiste bien y da la talla como rematador. Pero sin duda el talento del portugués es su liderazgo. Si su equipo necesita su magia, la sacará.Messi se la lía a cualquiera. No es tan completo como Ronaldo pero sólo él puede enmudecer un estadio con una jugada antológica. Quien gane, será coronado dueño y señor del fútbol mundial. Será el nuevo emperador.   

El mastodonte inglés

Jueves, 16 Abril 2009

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Solo ante el peligro. El Barcelona es el único que puede conquistar el Imperio Británico, ese mastodonte que año tras año arrasa en Europa. De nuevo veremos a un equipo inglés en la final de la Champions. Inglaterra vive su momento más placentero, sabe que es su década al igual que la de los noventa fue italiana.  Manchester, Chelsea y Arsenal, por ese orden, ya han presentado credenciales suficientes para asaltar Roma. Sin embargo, el Barça  es el favorito, se lo ha ganado por méritos propios.

Los azulgranas van sobrados allá donde juegan. Pisaron Munich con el propósito de hacer correr el reloj y al final acabaron jugando a su antojo. Da la sensación de que este equipo se divierte por naturaleza. El fútbol le sale sin querer. La única incógnita es averiguar si Guardiola no se amilana por la presión, por aquello de que sigue siendo un neófito del banquillo. Porque ya se sabe que a un partido, y más si es de Champions, puede pasar de todo.  Y si no, que se lo recuerden al Milan en la final del 2005 contra el Liverpool.

El Arsenal anda a rebufo del Barça por espectacularidad. Wenger ha vuelto a reunir una remesa de jóvenes prodigiosos que aplica lo aprendido en la escuela. Es maravilloso ver a un equipo que apenas sobrepasa la veintena de edad y que sonríe cada vez que maneja la pelota. Su referencia es Cesc, quien pone en el atril la pauta de cada partido. Pero es que Van Persie atesora la calidad propia de un talento holandés; Adebayor es un émulo de aquel majestuoso Kanu; Walcott es un correcaminos que irrumpe a cuarenta metros de la portería contraria y luego aparecen Nasri, Diaby y Carlos Vela, que asombraron cuando eran alevines y que están respondiendo prematuramente. El Arsenal es el ejemplo modélico de que con poco dinero y mucha paciencia se puede engendrar algo virtuoso.

Por su parte, el Manchester se ha despistado en los últimos meses. Su fútbol eficaz e incontestable ha desaparecido sin razón alguna y tiene que recurrir a la experiencia para solventar sus partidos. Anoche en Oporto hizo lo justito y sólo por un zurriagazo de Cristiano Ronaldo se metió en semifinales. Parece que los reproches de Ferguson a su niño mimado han causado efecto.

Por último, el Chelsea. Hiddink ha desabrochado la camisa de fuerza que puso Mourinho a un equipo con vasto potencial. Abramovich se ha cansado de despilfarrar millones de euros y si vuelve a sufrir una temporada aciaga, a nadie le extrañaría que vendiese el club. En el césped, el auténtico peligro del Chelsea es Drogba, que ha recuperado su mejor versión. No obstante, si el Barça contiene al gigantón marfileño, la eliminatoria será suya. Pero ojo con este equipo, que, tal como ocurrió con el Bayer, vendrá de víctima. Aunque si el resultado es el mismo, bienvenido sea.  

 

Manchester, favorito para todo

Viernes, 20 Febrero 2009

La Champions está a la vuelta de la esquina y en Inglaterra el Manchester casi ha sentenciado la Liga. Su impecable trayectoria ha distanciado al Liverpool a cinco puntos, que sinceramente parecen más díficiles de remontar que los diez que saca el Barça al Madrid. Da la impresión que el United es un equipo inexpugnable. No ofrece un fútbol brillante pero sí muy práctico, lo que le ha valido para solventar sus partidos con una comodidad pasmosa. La pétrea defensa no concede ni un solo fallo, fruto de tal mérito es el récord de imbatibilidad del meta Van der Sar, quien lleva sin encajar un gol 1302 minutos. Además, Rio Ferdinand y Vidic se han hecho dueños del espacio aéreo, mientras que O’Shea y Evra no sólo tapan los laterales sino que también tienen fuelle para sumar en ataque. En resumen, la zaga perfecta.

El centro del campo es una amalgama de talento y fuerza. La espectacularidad la pone Cristiano Ronaldo con regates de todos los colores, exquisita precisión y chuts diabólicos. En este último aspecto, Scholes no le anda a la zaga. De lo contrario, que le pregunten a Víctor Valdés por el trallazo del veterano pelirrojo que valió la final de la pasada Champions. Pero es que, además, Scholes continúa siendo un jugador diesel, capaz de correr y rendir hasta la extenuación noventa minutos.

Como cualquier proyecto que se precie de ser extraordinario, Ferguson ha tenido la paciencia suficiente de aunar diferentes generaciones. Al lado de los Giggs, Scholes y Neville, se entrenan Fletcher ,  Nani y sobre todo, el jovencísimo Rafael, a quien ‘Sir’ Alex mima como oro en paño. Fletcher es un hombre de la casa y se antoja como el sucesor natural de Scholes; Nani es un banquillero de lujo quien, a la mínima orden de su entrenador, salta al campo a mil revoluciones para recorrer la banda de arriba abajo. Vamos, un auténtico correcaminos.

La delantera es sencillamente letal. Sin llegar a atiborrarse de goles como Eto’o, Messi y Henry, los ‘diablos rojos’ han exhibido una efectividad bestial hasta el momento. Berbatov ha sido, de lejos, el mejor fichaje de la temporada. Sus doce goles afianzan la reputación que se labró en el Tottenham. Sin duda, el socio ideal de Rooney. Y aunque éste ha atravesado un calvario de lesiones, Tévez le ha sustituido con garantías. Total, que Ferguson no tiene ni la más mínima preocupación en caso de algún contratiempo.

Pues éste es el Manchester. Un equipo que reproduce la misma versión que el año pasado y que, con oficio y perseverancia, sigue siendo el favorito para reconquistar Europa. Si en España el Barça ha acusado signos de flaqueza con el trajín de Liga y Copa, en las Islas nadie tose al United. Será que el execrable  y envidioso Ferguson tiene algo bueno.