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“Messi siempre es jaque mate”

Mircoles, 19 Octubre 2016

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Un 30 de octubre cualquiera, cumpleaños de Diego Armando Maradona, Leo Messi todavía no era titular en el Barça de Frank Rijkaard. En la entrevista de Barça TV posterior a un partido le preguntaron si había felicitado al ‘Pelusa’, y su titubeante respuesta fue: “No, ¡qué va!, me da vergüenza”. Los periodistas del canal azulgrana se rieron por la timidez de un juvenil al que los focos de las cámaras le apabullaban. Su cara tradujo lo que nunca se atrevió a decir: “Quién soy yo para felicitar a Maradona por su cumpleaños”. Ni su padre, Jorge, ni Josep María Minguella, responsable de traerle desde Rosario a La Masía, habrían imaginado una ficción más espectacular que la de Spielberg, en la que Messi llegara a ser el epicentro del fanatismo argentino, y quinto elemento del Barcelona Y con el mismo ruido mediático y popular que Maradona, uno es el mítico 10 que detuvo el mundo durante los 10 segundos más bestiales que recuerdan los mundiales, él es D10S en el cielo y en la tierra. Si acaso, habría que pedirle a Valdano otra patente verbal como Romario, el “futbolista de dibujos animados” o “la manada de búfalos” que provocaba Ronaldo.

Messi salió del Camp Nou tan aclamado como Jordan Belfort en la escena en la que entra triunfante en la oficina, con los brazos abiertos y esperando recibir pleitesía de rey. Messi es otro Lobo de Wall Street que devora presas como un tiburón y amasa tantos goles como monedas de oro guarda el tío Gilito en su cámara acorazada. Ni siquiera se le puede discutir la aparente apatía con la que pululó sobre el tapete, esperando un lío descomunal. Le bastó una pausa fuera del área en el segundo gol para sentenciar el partido de Europa, desmontando los galimatías tácticos de Guardiola, que darán para otro artículo. El tiempo y la gloria dan la razón a Messi en ese casting maldito que acabó con Eto’o, Henry, Ibrahimovic, Villa, Alexis y el siempre agradecido Pedrito. Egos de todos los colores que se reducen al tamaño de un liliputiense si se comparan con D10S.. Y eso que Leo no estuvo en versión apoteósica para las crónicas periodísticas, pero un ‘notable’ raspado le sobra para guionizar el partido a su antojo. De ahí que Mauricio Macri, presidente de Argentina, se atreva a decir que “para una final, Maradona; y para todos los domingos, Messi”. Con el ligero matiz de que la ‘Pulga’ resuelve lo que le eches, sea un Gamper o la final de la Champions.

“Messi es increíble, pero en la mesa de los grandes Pelé es el mejor. Cuando hablo de fútbol yo lo saco a él de la lista, porque era un extraterrestre. Saltaba a cabecear y Rattin, que era altísimo, le llegaba a los huevos. Imposible”. Es el maestro César Menotti en una entrevista para la revista El Gráfico en enero de 2014. Dos años después, a Menotti todavía le cuesta claudicar al reinado de Messi. Su predilección por Iniesta se limita a lo terrenal; Leo decide el fútbol por sí mismo. Y no es hipérbole. Que Ter Stegen se haya unido a la fiesta, tal como Ronaldo&Casillas decidían en el Madrid galáctico, es otra historia. Y que Guardiola no haya sacado a Agüero por dolor de cabeza…del entrenador, no del delantero, quizás no importe. “En el ajedrez, Leo Messi siempre es jaque mate”. Bravo, Miguel Rico, periodista con sentido común. Algo extraño en la profesión.

 

 

 

Messi: “Quién soy yo para felicitar a Maradona”

Domingo, 13 Septiembre 2015

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Fue un 30 de octubre, cumpleaños de Diego Armando Maradona. El Barça había jugado ese fin de semana y Leo Messi todavía no era titular en el once de Frank Rijkaard. En la entrevista posterior en Barça TV le preguntaron si había felicitado al ‘Pelusa’ y su respuesta titubeante, al cuello de su camiseta, fue: “No, me da vergüenza”. Los periodistas del canal azulgrana se rieron por la timidez de un juvenil al que los focos de las cámaras le intimidaban. Su cara tradujo lo que nunca se atrevió a decir: “Quién soy yo para felicitar a Maradona por su cumpleaños”. Ni su padre, Jorge, ni Josep María Minguella, responsable de traerle desde Rosario a La Masía, habrían inventado una película de Spielberg en la que Messi llegara a ser el epicentro del fanatismo argentino. Y con el mismo ruido mediático y popular que Maradona. Uno es el mítico 10 que detuvo el mundo durante los 10 segundos más bestiales que recuerda la historia de los mundiales, y él es D10S en el cielo y en la tierra. Cada día más arriba que abajo.

“Lo sabemos tú, yo y el vecino: Messi es el mejor del mundo”. Ivan Rakitic tardó media temporada en hincar la rodilla ante la evidencia. Quizá demasiado tiempo si aún tenía sospechas. Saltó al césped del Vicente Calderón andando, relajado tras la emoción de su segunda paternidad. Su socio Neymar había hecho justicia a las intenciones del Barça; sólo faltaba un último chispazo eléctrico. Poco importa que Messi esté cansado o que no haya entrenado, las aguas se abren a su paso y, en su caso, no suena a hipérbole. Con Messi las crónicas apenas cambian, si acaso habría que pedirle a Valdano otra patente verbal como con ese “futbolista de dibujos animados” llamado Romario o “la manada de búfalos” que provocaba Ronaldo, que no Cristiano. Precisamente, el portugués del Real Madrid también subió a la estratosfera con cinco goles que trituran las estadísticas históricas del club. Es una guerra de dos mundos, el suyo y el de Messi. El primero arrasó en Cornellá y el argentino nos recordó que al fútbol juegan diez y luego (o antes) está él. Sigue sin admitir comparación.

Messi pactó con Luis Enrique no jugar de inicio. Hábil maniobra del entrenador, que evitó otra crisis apocalíptica como la de Anoeta. Pero la clave de que no haya estallado ninguna pelea de egos en el vestuario la desveló Neymar en la entrevista a Canal Plus a pie de campo: “¿Cómo no voy a dejar a Messi que tire la falta?”. El brasileño, probable futuro Balón de Oro cuando Messi y CR7 dejen de rifárselos, asume el reinado de su compañero, igual que Luis Suárez. Y sea tirano o comprensivo, en Madrid dirán lo primero y en Barcelona lo segundo (nuestro queridísimo periodismo de dos caras), el Barça necesita a su D1OS. Es la razón por la que demasiada gente se preocupa por qué un depredador que supera a Raúl González en la mitad de partidos sólo ha ganado una liga y una Champions en seis años. 

Messi, sin Maradona

Lunes, 1 Junio 2015

Maradona o Messi, la gran pregunta.

Charles Barkley, comentarista estrella de la televisión TNT en los partidos de la NBA, propuso la pasada semana el debate más popular entre los mitómanos: ‘¿Se puede comparar a Lebron James con Michael Jordan?’. Hasta la fecha ni siquiera Kobe Bryant había opositado para romper el tabú que Air Jordan se inventó en el preciso instante que anotó la canasta decisiva en la cara de John Stockton. El pasado sábado en el Camp Nou, en medio de la efervescencia copera, Javier Mascherano comentó a los periodistas que en un futuro podrá contar que él jugó con Leo Messi. Y aún siendo amigo personal, la reflexión no parecía impostada ni oportunista. Cualquier jugador del Athletic, preguntado por el prodigio ‘maradoniano’ del primer gol, respondía que es el mejor del mundo para evitar cualquier remordimiento de conciencia. Una perogrullada que  ya no admite ni la sombra de Cristiano Ronaldo. Dijo Menotti en el documental de Álex de la Iglesia, Messi, que “el fútbol se detiene y acelera a sus pies”. Su gol de época es la prueba de que el algodón no engaña. Incluso, otro mito como José Ángel Iríbar se quedó pasmado cuando el argentino “taló el bosque de piernas de los defensas del Athletic”. En otro tiempo habría pasado Messi o el balón, pero no los dos (Óscar Ruggeri dixit). Claro que en otro tiempo hubo un barrilete cósmico que bailó a media selección inglesa sin una trilladora por medio.

Es el debate del momento: Maradona o Messi. Y como el periodismo se nutre de comparaciones odiosas porque publicar que Leo es simplemente buenísimo no llama la atención, intentamos ensuciar la grandeza de los clásicos. Maradona es uno de ellos, el único que ha puesto patas arriba un Mundial con un gol estratosférico y otro con la picardía de Dios; el único que ha convertido a un Nápoles mediocre en campeón indiscutible. y en un Calcio que durante los ochenta era el Hollywood del fútbol. Genialidades a borbotones que gustarán más o menos que las de Messi, pero al fin y al cabo irrepetibles. Cada una de fabricación artesanal, como el gol del sábado. Carlos Bilardo, seleccionador argentino en Italia 90, recordó que con un “Maradona enfermo, Argentina llegaba por lo menos a semifinales”. Lo mismo le sucedió a Messi en Brasil, la última vez que el mundo se decepcionó con la versión apática y tristona del barcelonista. Ni una sonrisa ni un amago de chispa, el último campeonato del mundo sufrió la cara de Buster Keaton con la que Messi se arrastraba por los campos (Keaton fue uno de los grandes humoristas de siempre que jamás sonrió en una de sus películas porque así lo estipulaban sus contratos.). Pero un dietista italiano y el orgullo herido por toda la batería de tomahawks lanzados desde la prensa, han provocado su metamorfosis.

Messi vuelve a acelerar como antes, sólo que ahora escoge los momentos de la foto, los decisivos. Su radio de acción no abarca treinta metros; le basta con un palmo de césped porque sabe que se regatea a cualquiera en una cabina de teléfono. Aquel Messi que arrasaba con un egocentrismo típico de Cristiano Ronaldo, hoy ha comprendido que su talento le da para parecerse también a Michael Laudrup. LLanero solitario y mejor compañero de equipo, ésa es la patente que Maradona nunca consiguió. Y, por supuesto, el tiempo. La estrella azulgrana apenas ha pegado un par de petardazos; en dos años se cumplirá una década desde que sacudió la bola del mundo con un hat trick al Real Madrid. Allí jugaban Ronaldinho y Samuel Eo’o, pero ninguno tan dotado como ‘la pulga’. Precisamente, el brasileño de la eterna sonrisa nunca siente vergüenza cuando alardea de que él fue el primero en descubrir al Messi de hoy. Y tiene razón porque los agradecimientos del argentino son interminables. ¿Messi o Maradona? Elegir uno es mentir a la gente.

 

 

El quinto rey del fútbol

Jueves, 7 Mayo 2015

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“Messi es increíble, pero en la mesa de los grandes Pelé es el mejor. Cuando hablo de fútbol yo lo saco a él de la lista, porque era un extraterrestre. Saltaba a cabecear y Rattin, que era altísimo, le llegaba a los huevos. Imposible”. Es el maestro César Menotti en una entrevista para la revista El Gráfico en enero de 2014. Entonces, medio mundo chismorreaba del Leo Messi abatido, cansado, que deambulaba por los campos con grilletes en los pies y arcadas desde el esófago. No era el momento de meterle con calzador en el olimpo de los dioses; no sin haber devuelto a Argentina el carisma que un día le dio a la nación el más grande entre los grandes. Y eso sólo lo conseguiría con una Copa del Mundo. Precisamente, esa instantánea en Maracaná recogiendo con repugnancia e injusticia el trofeo al mejor jugador del Mundial fue la colleja que le hizo espabilar el pasado verano. Leo había vivido dos años incómodos, señalado por su apatía y sin recibir, ni siquiera, una palmadita en la espalda por romper la barrera del sonido durante la gran depresión post Guardiola. La Liga de ‘Tito’ Vilanova la clausuró con 46 goles, pero como si hubiera clavado cien: el Bayern de Heynckes roció al Barça con napalm (7-0, ¿se acuerdan?) y así permanece en la retina. Y el año pasado, con ‘Tata’ Martino, el Titanic chocó frontalmente contra el iceberg: lo que no sabía el Barça es que ese iceberg era Messi. “Si él no corre, el vestuario tampoco lo va a hacer”, dice Menotti.

El pacto de no agresión entre Luis Enrique y Messi es la prueba del algodón de que a los astros no se les puede atar en corto. Una sola genialidad compensa cualquier capricho o pataleta de estrella de rock, y el asturiano se ha esforzado en entenderlo para no ser el entrenador más fugaz que recuerde el club. “El Barça es Messi, es un riesgo pero bendito riesgo”. Lo acepta Bartomeu, no lo quiso entender Sandro Rosell y quiere volver a reivindicarlo como un trofeo propio Joan Laporta. Sí, Neymar pinta a futuro Balón de Oro y Ronaldinho amenazó con levantar una buena pila de ellos, pero ambos rinden pleitesía a la ‘pulga’. El primero porque es su nuevo socio de diabluras, de las que nunca habría imaginado en Brasil; y Ronaldinho desde su retiro dorado en México sigue profesándole admiración vía twitter. La reflexión lapidaria la soltó hace tiempo Roberto de Assis, hermano y representante de la ex estrella azulgrana: “Éste (Messi) la va a liar bien liada”. Tampoco hacía falta ojo clínico para intuirlo. Quizá lo dijo por la resignación de aceptar la caída del juguete roto de su hermano o, más bien, por el trato paternalista (de mago a discípulo) con el que Ronaldinho abrió camino a Messi.

El segundo gol de Messi da lustre a la atrevida comparación de Menotti que todavía mosquea a la iglesia maradoniana (existe de verdad): “Messi está al nivel del mejor Maradona”. Poco a poco esas palabras mayores se empequeñecen, porque sólo D10S es capaz de excitar a un estadio entero y sobreexcitarlo instantes después. Jerome Boateng, que no tiene ninguna culpa de la furia de Messi, está en boca de cualquier tertulia de barra de bar. Le sucedió como a Alkorta en su día con Romario o a Miguel Ángel Nadal con Caminero, defensas que un día contarán a sus nietos sin ningún rubor cómo les rompieron la cadera con arte. Pero en el gol del argentino, el Circo del Sol no llegó en el quiebro sino en la vaselina al gigantón Neuer. La Champions League necesitaba recuperar al mejor Messi desde su exhibición en Wembley contra el Manchester United; y hubo un momento mediado el segundo tiempo que el Bayern logró tejer su telaraña con un tropel de centrocampistas. Entonces apareció el “único e irrepetible” (Iniesta dixit) para repartir dosis de estramonio entre el coro de Guardiola; narcotizada por el primer latigazo de Messi, la mole bávara rezaba para que Messi no pusiera patas arriba el Camp Nou por enésima vez. Las súplicas duraron un chasquido de dedos y Menotti volvía a tener razón, aunque a medias: “Messi puede ser el quinto rey del fútbol”. No puede, lo es.

 

El fútbol estorba en los Juegos

Mircoles, 1 Agosto 2012

“Los Juegos Olímpicos es lo máximo, siempre que hayas ganado un Mundial”. Fue la carta de presentación de Ronaldinho en Pekín 2008. Fulminado por Guardiola, necesitaba sacar su talento de los escombros de dos años malditos con el Barça; el Milan confió en él, pero Dinho pidió ir a los Juegos consciente de que una medalla de oro haría olvidar esa silueta ensanchada por los vicios de la farra barcelonesa. Sin duda, los Juegos le devolverían el prestigio que un día se ganó con un Balón de Oro. La pena fue que su prematuro desfonde físico pesara más que sus filigranas, al menos las pocas que le consentía el sargento de hierro Dunga.

Leo Messi también acudió a Pekín con la idea de resarcirse, salvo que éste consideró el oro como un eslabón más de su meteórica carrera. Argentina se tomó en serio aquel torneo porque las penurias mundialistas escocían demasiado: el míster Checho Batista armó un equipo en torno a Juan Román Riquelme, otro que pidió ir, temeroso de que sus días de gloria tocaran a su fin. Allí jugaron Ángel Di María, que no fue titular hasta que su seleccionador se dio cuenta que tenía un prodigio en la línea de cal, y Kun Agüero, a quien el estado de neurosis permanente en el Atlético de Madrid le tenía agarrotado. Pero tal como consiguió Marcelo Bielsa cuatro años antes en Atenas, Argentina revalidó título contra la correosa Nigeria, cuyos futbolistas hicieron de los Juegos la coartada perfecta para enchufarse en clubes europeos.

Iker Casillas siempre ha lamentado no competir en los Juegos. No viajó a Sidney en el 2000 porque Camacho le prefirió llevar a la Eurocopa para cubrirle las espaldas a Cañizares. Sacrificó un sueño por otro más deseado, pero aún le remuerde no haber mordido una presea de oro; de lo contrario, su currículum habría sido más bestial de lo que cabe imaginar.

La historia del fútbol olímpica recuerda grandes epopeyas, como la fantástica Hungría de Ferenc Puskas, que ganó el oro de Helsinki 52 y dejó escapar el Mundial de Suecia 54 contra Alemania, o la de la ‘Araña negra’ Lev Yashin en Melbourne 56. Ellos pudieron presumir del oro porque entonces no había mayor gloria que los Juegos…hasta que la FIFA consideró que el Campeonato del Mundo debía ser el único torneo que eclipsara al mundo. Tal capricho ha convertido al fútbol olímpico en un torneo residual para promesas con ínfulas mundialistas y estrellas apagadas en busca de un último chispazo. Las flagrantes críticas al fútbol olímpico responden al recelo español a una categoría, la sub-21, que se ha salido de la inercia gloriosa de los mayores.

Así como Maradona no sería el más grande sin la actuación más estelar jamás vista en un Mundial, cada deporte tiene sus propios retos y es evidente que Michael Phelps nació para que Mark Spitz tenga un ídolo en el agua, al igual que a Usain Bolt sólo le entusiasma que su zancada quede inmortalizada en un estadio olímpico. El fútbol se ha querido desmarcar del espíritu olímpico por saturación máxima, ¡lástima!

Interpretando a Maradona

Sbado, 3 Marzo 2012

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Javier Aguirre defendió al Kun a capa y espada durante su pubertad rojiblanca…”Para vestir la camiseta del Atlético se necesita algo más que 18 años. He hablado con mucha gente que le entrenó en Argentina y da la sensación de que tiene posibilidades ilimitadas”. Ésa fue la respuesta del entonces entrenador rojiblanco al escepticismo de la prensa española, que no entendía por qué un fichaje de 23 millones de euros apenas jugaba un puñado de minutos cada domingo. El técnico mejicano ejerció de psicólogo con Agüero; no en vano, todavía era un adolescente al que su PVP le podía jugar una mala pasada. Aguirre no quería encontrarse con otro caso Robinho; es decir, un talento sin pulir con ínfulas de crack. Por eso, desde su llegada en el verano de 2006 el mejicano fue de cara con él y con su padre: “Kun puede aprender mucho de Fernando Torres. Le irá observando en los entrenos”. La causa común estaba clara: hacer del chaval un gran futbolista y quizá, sin distracciones, volver a hacer grande al Atlético. Precisamente, Aguirre fue testigo de la paciencia que supuso macerar a un adolescente que bebía litros de Coca-Cola, y engullía pizzas y hamburguesas como si fuera una hormigonera. Al final, el sacrificio tuvo su éxito: el entrenador había colocado a Agüero en el disparadero al estrellato. Faltaba un último empujón y era obvio que su club no se lo iba dar…o sí, pero para fichar por un club que no viviera en permanente convulsión.

Anoche Diego Maradona volvió a insistir en que el Kun debería acabar en el Real Madrid, en declaraciones a la radio argentina La Red. Lo dijo en verano, antes de que el City pusiera los petrodólares para fichar a su yerno, y aún anda con esa fijación. No obstante, el ‘Pelusa’ confiesa que será complicado que el Manchester le deje escapar. ¿Pero quién se necesita más: el Kun al Madrid o viceversa? Quizás, si Aguirre fuese otra vez el tutor del delantero, le aconsejaría no pegar otro timonazo: en Inglaterra ha encontrado la horma de su zapato con un fútbol tan rápido como sus prestaciones técnicas. Evidentemente, la camiseta celeste no tiene el glamour de la merengue, ni la repercusión mediática del vecino pequeño del United reclama tantas televisiones como el Santiago Bernabeu. Pero el grupo árabe, dueño del club, ha demostrado que no va de farol: no puede fardar de sala de trofeos, pero a los jugadores de hoy se les convence con un buen cheque con fondos. Si, además, a la estrella del equipo se le rodea de una guardia pretoriana que sepa hacer la guerra por su cuenta, el convencimiento es total. Agüero tiene detrás de sí al inconmensurable David Silva, al irreverente Balotelli, al imponente Yaya Touré o al contundente De Jong, permitiéndose ignorar a Tévez, todavía uno de los delanteros centros más demandados del planeta.

El problema de este Madrid, si es que tiene alguno, no contempla la delantera. Al revés, Mourinho ha demostrado que a él vale con un punta porque los goles asoman por todos los lados del campo. Así que si Florentino se permite el capricho de fichar al Kun (el precio de salida se antoja más que desorbitado), Benzema tendría que resetearse, pues ni él ni el argentino son delanteros para alternar su puesto. El verano se acerca y el mercado, sin contar a Neymar, ofrece dos seriales: el del Kun y Wayne Rooney. El primero flirteó con el Madrid y al segundo costará sacarlo de su país. Y el fútbol europeo aún no simula a la NBA, en la que es habitual que los mejores jugadores rulen de una franquicia a otra sin titubeos. O sea que será muy complicado que Agüero regrese a España tan pronto, con la familia en plena adaptación al té con pastas, y en un vestuario con voracidad de títulos, a pesar de la novatada de Champions. No obstante, puede que Agüero utilice a Maradona como portavoz…o el suegro opine como en una charla de barra de bar: el Maradona locuaz es más propio de esto último.

Cartas de recomendación

Mircoles, 21 Septiembre 2011

Samuel Eto’o cuenta en una autobiografía, editada por el diario Sport, que un buen día de abril de 2004, su entrenador del Mallorca, Luis Aragonés, le sacó de un corrillo de entrenamiento y le espetó: “Negro (así le interpelaba cariñosamente el míster), creo que hay un club perfecto para tu carrera. Tal como está ahora mismo, te necesita y creo que ganará mucho con tu fichaje. Te estoy hablando del Barcelona”. Eto’o no pudo contener la sorpresa y le replicó: “¿qué estás diciendo?”. “Sí, pero primero tienes que marcar quince goles aquí, en el Mallorca, y yo me encargaré del resto”, concluyó Luis. Una semana después, Miguel Ángel Nadal, entonces compañero del camerunés, le desveló que Txiki Beguiristain le había llamado interesando por él, pero que el Barça también barajaba otros candidatos y el delantero de la Juventus, Trezeguet, era el prioritario. ¡Qué mejor asesor que el Sabio de Hortaleza!, debió preguntarse Eto’o; su fichaje venía con una de las mejores cartas de recomendación posibles.

Esta semana Neymar ha vuelto a primera plana; supuestamente (porque el Madrid no debe confirmarlo) pasó un reconocimiento médico secreto con un médico blanco, a pesar de que el presidente del Santos se obceque en publicar que continuará en Brasil después de los Juegos Olímpicos de Londres. Pero su elección ha sido concertada en fase embrionaria, pues el empeño de Florentino Pérez es pulir un estrella futura. El brasileño lo es en Sudamérica, pero le falta el rodaje que exige Europa. Los blancos se han dado prisa en garantizar un fichaje que ellos, precisamente, pusieron en órbita; quizás, para no reeditar otro Robinho con ínfulas de Balón de Oro, deberían probarlo en un campeonato de fogueo tipo Francia u Holanda. Allí se soltaron Ronaldinho y Ronaldo (Nazario): el primero necesitó dos temporadas en el Paris Saint Germain para demostrar que su talento aborrecía retos de baja alcurnia; Ronaldo, por su parte, aterrizó en Eindhoven como un ciclón, arrasó con treinta goles el primer año y, aunque una lesión le truncó el segundo, no necesitó reválida. En ambos casos y a pesar de sus credenciales ‘menores’, el Barcelona estaba dispuesto a darles camiseta; con Ronaldinho, hubo que esperar a que Florentino se obsesionara con Beckham y se desentendiera del brasileño.

El propio Neymar ha salido al paso de tanto deshoje de margarita (Madrid-Barça-Madrid-Barça….) con una sinceridad inopinada….”No sería titular en ninguno de los dos. En el Madrid todos son cracks, igual que en el Barcelona”. Un alarde de franqueza que habrá gustado a Mourinho, quien ha desviado todas las preguntas directas de Neymar y sólo ha esgrimido que ficharían en diciembre en caso de lesión importante. Pero los ‘elegidos’ del Madrid traen intrahistorias trufadas en comisiones (la que se va a llevar Ronaldo y su agencia de representación Ine ‘9 con su cliente Neymar’) y un casting de asesores que aprovechan la buena ola para intentar promocionarse con el Madrid o consigo mismo. Por ejemplo, Maradona, quien desde Qatar está divulgando todo el making-of del frustrado fichaje de Agüero. “Hace tiempo aconsejé a Mourinho el fichaje del Kun, pero el Madrid no siguió mi consejo y ahora el Barça tiene mucha ventaja”, soltó ayer ‘El Pelusa’. Días antes había comentado que recomendó a su yerno jugar en un equipo que le ayudase, donde pudiera jugar Champions. Le faltó sugerirle que escribiese el ‘sí, quiero’ en una servilleta como Zidane; hubiese pataleado como hizo Ronaldo con el presidente Moratti en el Inter o fichado sibilinamente, sin verborrea de por medio, al estilo de Figo. Lejos de esas intrahistorias, Neymar cumple las directrices de Madrid: pero si ha sido sincero una vez, podría serlo dos recomendando, por una parte, al comprador que le dejen coger fuelle en otra parte de Europa y, por otra, a su ‘tutor’ Ronaldo que el negocio puede ser más próspero si cuidan la mercancía. Tal vez, entonces, el Madrid sí estaría macerando un jugadorazo. Eto’o sabía que lo era pero confiesa que aquella reflexión de Luis Aragonés fue decisiva para su estrellato en Barcelona.

Recordando al gran Diego

Viernes, 8 Julio 2011

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El micrófono de Luis Mora, de Cuatro, bullía en la grada del estadio Brigadier Estanislao López de Santa Fe inmediatamente después del pitido final…”Están faltando al respeto a la camiseta, vinieron a caminar. Pagamos la vida para estar acá y caminaron en la cancha, ¡no puede ser! Necesitamos un ‘10’ en la selección y no es Messi. Él está  jugando de ‘9’, falta Pastore (Javier, el centrocampista del Palermo)”, el desconsuelo de un aficionado albiceleste evidencia el estado crítico del país. Porque el segundo batacazo consecutivo de Argentina en su Copa América terminó por desesperar a una hinchada que se hartó de tragar quina con el 4-0 de Alemania en el pasado Mundial. “No tiene alma. Lo que pasa con Messi es que no corre una y es una falta de respeto que lo comparen con Maradona. Ya está, Messi es un invento, una mentira”, el llanto de este otro argentino no perdonaba (ni recordaba) las gestas estratosféricas de Leo en el Barça. Obviamente, cuando entra en liza la selección nacional nadie goza de bulas ni puede fardar de currículum…”es un pecho frío que camina por el campo, nunca le podrán comparar con Maradona”, remata uno más sobre el debate del mejor jugador argentino de todos los tiempos.

El hartazgo de la afición que más se desvive por su equipo ha sobrepasado el límite, incluso en estos tiempos tan ominosos (Argentina no conquista Sudamérica desde 1993). Ni siquiera el incentivo de tener en sus filas al mejor jugador del mundo ha ayudado al seleccionador ‘Checho’ Batista, incapaz de ensamblar y dar cordura a tanto talento. Porque este combinado cuenta con cracks mundiales (Messi, Kun y Tévez) y un segundo casting de actores no menos importantes (Mascherano, Pastore, Cambiasso, Di María e Higuaín) que deberían dejar, al menos, una sonrisa a sus feligreses. Importa ganar, sí, pero como me dice el corresponsal de COPE en Buenos Aires, Ernesto Coco, “acá los forofos se guían por las sensaciones”. Desde luego, las impresiones están siendo muy decepcionantes a tenor de los dos paupérrimos empates. No obstante, Batista podría tomar nota de la solución simplona pero real que propone su compatriota Marcelo Bielsa: “jugar bien te acerca siempre al resultado. Nunca he creído que jugar bien sea una alternativa que te aleja de la victoria”. El flamante técnico del Athletic aludía a su nuevo equipo, pero indirectamente lo aplicaría a una Argentina exenta no sólo de buen juego, sino de un propósito claro.

A Messi le favorece su precocidad, pues todavía goza de suficiente margen para sepultar, de una vez por todas, el sambenito de su versión negruzca en partidos de selección. Nadie duda que levantará algo, pero ni él ha meditado remangarse las mangas de la camiseta albiceleste ni sus entrenadores Pekerman (con el que debutó), ‘Coco’ Basile, Maradona  y ahora Batista han dado con la tecla que le haga levitar como sí lo consigue Guardiola. La eterna comidilla es que no juega en su posición y la verdad es que Messi casi siempre tiene que reclamar el balón en el centro del campo. El problema es que el equipo se ha enquistado en una tendencia en la que nunca pasa nada, ni siquiera cuando el barcelonista intenta asumir responsabilidades….y eso pinta una panorama desolador para la hinchada. Recreaciones como la vaselina a Méjico en las semifinales de la Copa América de Venezuela quedan ya muy atrás; entonces, Basile sentenció que “sólo los genios son capaces de hacer un gol como el que hizo Messi. Había que cerrar el estadio“. ¿Para cuándo otro prosa tan sublime y tan típicamente argentina? Sobran magos, pero faltan chisteras. El caso es que “Messi no existe, no aparece y no se sabe qué le pasa a este pibe”….es el sentimiento unánime de un país frustrado.  [

Una aventura inimaginable

Mircoles, 6 Julio 2011

¿Conocéis a algún futbolista capaz de fallar tres penaltis en un partido (mandando uno al portero, otro fuera y el último al larguero), cabecear a gol casi desde el centro de campo, pegarle un patadón al balón desde sesenta metros y clavarla sin querer en la portería contraria, sufrir una triada y marcar en el mismo partido y, el colmo de todo, fracturarse la tibia y el peroné celebrando un gol? Y si, además, recibe como premio a su carrera la portería de uno de los estadios con más solera del mundo, el personaje no puede ser más entrañable. Hace unas semanas Martín Palermo tumbó su facha de perdonavidas para romper a llorar en el partido de su despedida. La Bombonera coreó al unísono el nombre del goleador más célebre de la historia de Boca Juniors. Incluso, Diego Maradona cogió un avión desde Qatar para verle in situ desde su palco privado en el día de su retirada. No era para menos: ‘El Loco’ dice adiós después de tantos años de servicio para el club’ xeneize’, de tantos goles y, sobre todo, de innumerables anécdotas. Y lo peor es que no se marcha por falta de motivación (si por él fuera jugaría hasta los 50)…”no podía seguir jugando infiltrado por las lesiones”. Así lo reconoce Palermo.

Su fama se la granjeó en el gran Boca del técnico Bianchi a finales de los noventa, pero el pedigrí mundial se lo ganó con aquellos dos goles a Iker Casillas en la Copa Intercontinental del 2000. No obstante, su alarde de ‘huevos’ nunca le ha catapultado a un grande. Es más, su paso por España torció su gloria merecida en Boca; los cuatros años entre Villarreal, Betis y Alavés nos dejaron una instantánea única…la valla que destrozó su pierna mientras festejaba un gol en un Villarreal-Levante. Pero Palermo se queda con los mejores recuerdos…”nunca olvidaré el fútbol español, le debo mucha gratitud”, dijo en El Partido de las Doce de la COPE. Tanto es así que anoche le entrevistamos justo antes de que tomase un avión rumbo a Castellón para asistir a una boda. Le espera una época ajena a la obligación del entrenamiento diario, convocatorias y pretemporadas tediosas. Y ahora que puede echar un vistazo a todas sus aventuras, sorprendentemente se queda con un recuerdo único: su debut en Estudiantes de La Plata hace diecinueve años.

La vida de Palermo se debe contar en anécdotas, las que han motivado épicas, chanzas y hasta canciones.. ¡hasta Joaquín Sabina le dedicó un verso en su canción Dieguitos y Mafaldas! Sus datos generales son demoledores: 297 goles en 608 partidos y más de un millar de lances inimaginables en cualquier otro futbolista. Sólo Palermo ha sido capaz de marcar un penalti con los dos pies (el que marcó a Platense en 1999 y que la FIFA le validó); sólo él exigió disparar un tercer penalti a Colombia habiendo fallado los dos anteriores y sólo él marcó un gol in extremis con la rodilla casi volatilizada. Y no sólo Boca Juniors le profesa devoción, Argentina entera todavía recuerda el ‘milagro de San Palermo’ (Maradona dixit) con aquel gol decisivo a Perú que mantuvo a la albiceleste viva en la fase clasificatoria para Sudáfrica 2010. Precisamente y para seguir fardando de rarezas, Palermo aprovechó el pasado Mundial para convertirse en el debutante más veterano en marcar un gol en la historia mundialista. Quizá, la convocatoria de ‘El loco’ fue de los pocos aciertos del entonces seleccionador Maradona.

Todavía no sabe dónde colocará la portería que dos máquinas arrancaron del césped durante los fastos de su despedida…”no me cabe en el salón”, soltó entre risas Palermo. Su hermano tiene un complejo deportivo en La Plata, la ciudad natal de Martín: allí irá a parar el obsequio. Y hasta da noticias: preguntado por la telenovela del Kun Agüero, Palermo espetó que estuvo charlando con él hace días y el rojiblanco le contó que baraja Juventus y Real Madrid. Una declaración que deja a la altura del betún las insinuaciones del propio Kun, las de sus representantes, el Atlético y los pretendientes. Y no sólo demuestra talento como periodista, también le apasionan los coches deportivos…así que no os extrañe verle correr en Daytona, el espectáculo podría ser simplemente bestial.

Puro cachondeo

Mircoles, 26 Mayo 2010

¡Milagro!, Kaká se ha recuperado. Ha sido llegar a la concentración de Brasil y ponerse a brincar en el entrenamiento como un alegre juvenil. Ni lesiones musculares, ni pubalgias, Kaká está a tope, o eso nos dicen desde allí. Su sospechosa recuperación contrarreloj desprende el tufillo que el madridismo temía. Quizá esté a tope, pero la sensación de que no se ha exprimido lo necesario en el Madrid para llegar intacto al Mundial no se va ni con aguarrás. Al brasileño no le queda otra que hacer un buen campeonato (de lo contrario, más de uno en el Madrid se habrá arrepentido de su fichaje) y, sobre todo, aprobar la reválida de la próxima temporada. Ésa sí que será definitiva.

El fútbol a veces no deja de ser puro cachondeo: Mourinho soltó que se largaba al Madrid casi antes de que Zanetti levantase la Copa de Europa, ni siquiera se pasó por los fastos preparados en Milan y resulta que Moratti le invita a cenar a su casa.  Encima, dicen que Mourinho intentó convencer al presidente del Inter de que se olvide de esa cláusula de ‘sólo’ dieciséis millones. Y vale que Mou tendrá un poder de convicción absoluto para lograr que Eto’o defienda sin rechistar y que el mundo entero le rinda pleitesía, pero persuadir a Moratti de que le deje irse gratis…

También ha aparecido en escena Del Nido, ¿cómo no? Se ha hartado pronto de las insinuaciones por Jesús Navas. Ayer dijo que quien lo quiera, le costará ‘sangre, sudor y lágrimas’. Bueno, quizá no haga falta tanto porque vino a decir lo mismo cuando el Arsenal se llevó a Reyes o el Madrid a Ramos y Baptista. Si Florentino le planta en la mesa un cheque de veinticinco o treinta millones por Jesusito, quienes llorarán serán los ‘Biris’.

A todo esto, el lenguaraz Maradona volvió a hablar, pero esta vez no la lió. Por fin pensó con coherencia, aunque si fuera madridista estaría un poco mosqueado: jamás le escuché decir que “la gloria es hoy el Real Madrid”. El comentario se agradece, pese a que Maradona no haya atinado mucho. El Madrid es glorioso, sí, pero, precisamente, la gloria de los últimos años se la han llevado el ocaso de Florentino, el circo de Ramón Calderón y esta temporada de despilfarro.

Y por último, nos sigue quedando Guti. Lleva meses vociferando que se marcha del Madrid para emprender una aventura ascética en Tailandia con una vespa; le abren la puerta desde Turquía para que vaya acercándose a culturas más espirituales. Y ayer espetó que tiene un año más de contrato y aún no ha decidido nada. Como diría Sherlock, “elemental querido Watson”: con el pastizal que tiene firmado en Madrid y sabiendo que ni Mou le exigiría mucho en su última temporada, como para irse a vivir fuera.