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“Messi siempre es jaque mate”

Mircoles, 19 Octubre 2016

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Un 30 de octubre cualquiera, cumpleaños de Diego Armando Maradona, Leo Messi todavía no era titular en el Barça de Frank Rijkaard. En la entrevista de Barça TV posterior a un partido le preguntaron si había felicitado al ‘Pelusa’, y su titubeante respuesta fue: “No, ¡qué va!, me da vergüenza”. Los periodistas del canal azulgrana se rieron por la timidez de un juvenil al que los focos de las cámaras le apabullaban. Su cara tradujo lo que nunca se atrevió a decir: “Quién soy yo para felicitar a Maradona por su cumpleaños”. Ni su padre, Jorge, ni Josep María Minguella, responsable de traerle desde Rosario a La Masía, habrían imaginado una ficción más espectacular que la de Spielberg, en la que Messi llegara a ser el epicentro del fanatismo argentino, y quinto elemento del Barcelona Y con el mismo ruido mediático y popular que Maradona, uno es el mítico 10 que detuvo el mundo durante los 10 segundos más bestiales que recuerdan los mundiales, él es D10S en el cielo y en la tierra. Si acaso, habría que pedirle a Valdano otra patente verbal como Romario, el “futbolista de dibujos animados” o “la manada de búfalos” que provocaba Ronaldo.

Messi salió del Camp Nou tan aclamado como Jordan Belfort en la escena en la que entra triunfante en la oficina, con los brazos abiertos y esperando recibir pleitesía de rey. Messi es otro Lobo de Wall Street que devora presas como un tiburón y amasa tantos goles como monedas de oro guarda el tío Gilito en su cámara acorazada. Ni siquiera se le puede discutir la aparente apatía con la que pululó sobre el tapete, esperando un lío descomunal. Le bastó una pausa fuera del área en el segundo gol para sentenciar el partido de Europa, desmontando los galimatías tácticos de Guardiola, que darán para otro artículo. El tiempo y la gloria dan la razón a Messi en ese casting maldito que acabó con Eto’o, Henry, Ibrahimovic, Villa, Alexis y el siempre agradecido Pedrito. Egos de todos los colores que se reducen al tamaño de un liliputiense si se comparan con D10S.. Y eso que Leo no estuvo en versión apoteósica para las crónicas periodísticas, pero un ‘notable’ raspado le sobra para guionizar el partido a su antojo. De ahí que Mauricio Macri, presidente de Argentina, se atreva a decir que “para una final, Maradona; y para todos los domingos, Messi”. Con el ligero matiz de que la ‘Pulga’ resuelve lo que le eches, sea un Gamper o la final de la Champions.

“Messi es increíble, pero en la mesa de los grandes Pelé es el mejor. Cuando hablo de fútbol yo lo saco a él de la lista, porque era un extraterrestre. Saltaba a cabecear y Rattin, que era altísimo, le llegaba a los huevos. Imposible”. Es el maestro César Menotti en una entrevista para la revista El Gráfico en enero de 2014. Dos años después, a Menotti todavía le cuesta claudicar al reinado de Messi. Su predilección por Iniesta se limita a lo terrenal; Leo decide el fútbol por sí mismo. Y no es hipérbole. Que Ter Stegen se haya unido a la fiesta, tal como Ronaldo&Casillas decidían en el Madrid galáctico, es otra historia. Y que Guardiola no haya sacado a Agüero por dolor de cabeza…del entrenador, no del delantero, quizás no importe. “En el ajedrez, Leo Messi siempre es jaque mate”. Bravo, Miguel Rico, periodista con sentido común. Algo extraño en la profesión.

 

 

 

Pintando Giocondas

Domingo, 20 Diciembre 2015

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“La última Gioconda la pintó Guardiola”. César Menotti atajó de golpe el creciente debate de barra de bar insinuado desde Barcelona. ¿Pep o Luis Enrique? Los títulos casi les dan empate técnico (el Athletic lo desigualó con la última Supercopa), pero el fútbol atrinchera a los puristas (menottistas, y bielsistas son los maestros filósofos) contra el ataque directo, sin delicatessen (en el Bernabeu mourinhistas, en el Calderón cholistas…). Luis Enrique es una versión híbrida apta para ambas tendencias: sin ensayar el baile de salón con el que el Barça maniató al Santos de Neymar en 2011, su secuela no está obsesionada con empujar el balón en el área pequeña. Al contrario, se esfuerza tanto en el contraataque como en combinaciones escurridizas al primer toque. ”Cualquier atajo es perfecto para chutar a portería”, insisten desde el cuerpo técnico del asturiano. Julio Maldonado ‘Maldini’, que de dinastías futboleras sabe un rato (tiene toda la historia del fútbol digitalizada, TODA) cree que sólo una dupla ficticia formada por Messi y Ronaldo Nazario superaría a la MSN. Y siendo tan escrupuloso en sus análisis, la osadía de ‘Maldini’ quizá no sea tan exagerada.

Michael Schummacher acabó peleando contra su leyenda en Ferrari; a Roger Federer le pesó tanto la hegemonía, que llegó un momento en el que no ganar títulos suponía fracasar. Este Barça intenta superar su propia barrera del sonido y el primer reto, como dice José Mari Bakero, es romper la maldición de la Champions: desde el Milan total de Arrigo Sacchi, ningún club ha podido repetir dos Copas de Europa consecutivas (1989 y 1990). El villano más peligroso de los azulgranas es el Real Madrid más inconsistente de los últimos tiempos: de la Champions de Lisboa a subirse a la barca de Caronte en tiempo récord. Todo sucede a la velocidad de la luz en el Madrid, ése es el problema que nunca sufre un Barcelona que da tiempo a sus proyectos, moldeándolos según la ideología de Cruyff. Unos como alumnos aventajados (Guardiola) y otros un poco más díscolos (Luis Enrique). Sin embargo, la génesis prevalece y salvo excepciones forzadas y precipitadas como el ‘Tata’ Martino, la idea es ejecutar rivales con elegancia, como un fino esgrimista con florete. No a cañonazos en pleno ambiente discotequero, como suele ocurrir en el Bernabéu.

Messi, Neymar y Luis Suárez. Tres estrellas, tres amigos que suelen cenar en familia. Alves es el alma de las fiestas, tan querido por todos que su felicidad pesó demasiado para no largarse rajando; Piqué, el liante del grupo y tan amado entre sus huestes como odiado entre tantos otros con sentido común; Mascherano, ‘jefecito’ sobre el césped y en la calle. Son la pandilla de amigos que cualquier directivo querría. Sin guerras civiles, sin malos rollos. La última vez que hubo una colisión de egos en Can Barça, Eto’o y Ronaldinho se declararon el fuego cruzado y el proyecto de Rijkaard se resquebrajó para siempre. A Luis Enrique le salvó el puesto su vestuario porque entendió que con Messi no cabían broncas. Sus buenos y nuevos amigos, ‘Ney’ y Luis, se sienten su guardia pretoriana, saben quién es el D10S. Y como las armonías son perecederas, el Barça juega en una época para la posteridad. Como el Brasil del 70, como el Dream Team, como Pep.

 

 

Kun Agüero, galáctico sin galaxia

Mircoles, 17 Junio 2015

“Es el mejor jugador en un metro cuadrado y punto. A Agüero no hay quien le gane cuando tiene que zafarse de dos o tres jugadores en un palmo de terreno, ni siquiera Messi, que necesita más recorrido para accionar sus prodigiosas quiebros”. La osadía del maestro Menotti fue repicada este miércoles por Olé, el diario deportivo con más solera de Argentina. Kun anestesió a Uruguay con un cabezazo versión Hugo Sánchez y, de paso, agitó el mercado europeo, tan huérfano de nombres galácticos este verano. Es el único nombre por el que pelearía media élite, entre ellos un Real Madrid sin una superestrella en la recámara. Sin embargo, ni Ferrán Soriano, CEO del Manchester City, ni Txiki Beguirstain, director deportivo, tendrán que obsesionarse este verano mirando sus teléfonos móviles cada cinco minutos: el blindaje que firmó el Kun hasta 2019 con su actual club le permite unas vacaciones relajadas, sin portadas de tabloides británicos apuntando al Bernabéu ni su nombre en boca de intermediarios tiburones que llaman a los clubes ofreciendo aire.

Agüero dejó de ser rebelde cuando acabó su pataleo en el Calderón. Fichó por el City seducido por un buen fajo de petrodólares y sin perder de vista la sección de chismorreos. Pero han pasado los años y Agüero no se ha movido; al contrario, es ídolo de masas en el Etihad (honor compartido con Yaya Touré) y brazo ejecutor de la ‘albiceleste’. Porque si Messi es medio Barça o casi entero, en Argentina no es tan estrella de Hollywood. El hincha argentino más pasional todavía no puede presumir de D10S; los culés sí le reverencian en los altares. Por eso y de repente, reaparece en la palestra Kun Agüero. “Cuando acabe la hegemonía de Messy y Cristiano, entraremos en los tiempos de Neymar y Agüero”, espetó Jorge Valdano en una entrevista a ESPN. Quizás los del ‘Kuncito’ llegan tarde porque sólo él y esa bola en los grilletes llena de pinchazos musculares saben cuánto tiempo podrá seguir regateando piernas en una cabina de teléfono. Como dice mi compañero Paul Tenorio, “fichar al Kun es como haber rechazado a Pamela Anderson en los 90 y decirle ahora que sí, que palante. O sea, mola…pero te perdiste lo mejor”.

Javier Aguirre defendió al Kun a capa y espada durante su pubertad rojiblanca…”Para vestir la camiseta del Atlético se necesita algo más que 18 años. He hablado con mucha gente que le entrenó en Argentina y da la sensación de que tiene posibilidades ilimitadas”. Ésa fue la respuesta del entonces entrenador rojiblanco al escepticismo de la prensa española, que no entendía por qué un fichaje de 23 millones de euros apenas jugaba un puñado de minutos cada domingo. El técnico mexicano ejerció de psicólogo con Agüero; no en vano, todavía era un adolescente al que su PVP le pesaba como una mancuerna de gimnasio. Aguirre no quería encontrarse con otro caso Robinho; es decir, un talento sin pulir con ínfulas ‘maradonianas’. Por eso, desde su llegada en el verano de 2006 el mejicano fue de cara con él y con su padre: “Kun puede aprender mucho de Fernando Torres. Le irá observando en los entrenos”. La causa común se intuía quimérica: hacer del chaval un gran futbolista y quizá, sin distracciones, engrandecer al Atlético. Precisamente, Aguirre fue testigo de la paciencia que exigía macerar a un adolescente que bebía litros de Coca-Cola, y engullía pizzas y hamburguesas como si fuera una hormigonera. Al final, el sacrificio tuvo su éxito: el entrenador colocó a Agüero en el paseo de las estrellas hollywoodiense. Ya se ha encargado él de darle brillo.

Messi, sin Maradona

Lunes, 1 Junio 2015

Maradona o Messi, la gran pregunta.

Charles Barkley, comentarista estrella de la televisión TNT en los partidos de la NBA, propuso la pasada semana el debate más popular entre los mitómanos: ‘¿Se puede comparar a Lebron James con Michael Jordan?’. Hasta la fecha ni siquiera Kobe Bryant había opositado para romper el tabú que Air Jordan se inventó en el preciso instante que anotó la canasta decisiva en la cara de John Stockton. El pasado sábado en el Camp Nou, en medio de la efervescencia copera, Javier Mascherano comentó a los periodistas que en un futuro podrá contar que él jugó con Leo Messi. Y aún siendo amigo personal, la reflexión no parecía impostada ni oportunista. Cualquier jugador del Athletic, preguntado por el prodigio ‘maradoniano’ del primer gol, respondía que es el mejor del mundo para evitar cualquier remordimiento de conciencia. Una perogrullada que  ya no admite ni la sombra de Cristiano Ronaldo. Dijo Menotti en el documental de Álex de la Iglesia, Messi, que “el fútbol se detiene y acelera a sus pies”. Su gol de época es la prueba de que el algodón no engaña. Incluso, otro mito como José Ángel Iríbar se quedó pasmado cuando el argentino “taló el bosque de piernas de los defensas del Athletic”. En otro tiempo habría pasado Messi o el balón, pero no los dos (Óscar Ruggeri dixit). Claro que en otro tiempo hubo un barrilete cósmico que bailó a media selección inglesa sin una trilladora por medio.

Es el debate del momento: Maradona o Messi. Y como el periodismo se nutre de comparaciones odiosas porque publicar que Leo es simplemente buenísimo no llama la atención, intentamos ensuciar la grandeza de los clásicos. Maradona es uno de ellos, el único que ha puesto patas arriba un Mundial con un gol estratosférico y otro con la picardía de Dios; el único que ha convertido a un Nápoles mediocre en campeón indiscutible. y en un Calcio que durante los ochenta era el Hollywood del fútbol. Genialidades a borbotones que gustarán más o menos que las de Messi, pero al fin y al cabo irrepetibles. Cada una de fabricación artesanal, como el gol del sábado. Carlos Bilardo, seleccionador argentino en Italia 90, recordó que con un “Maradona enfermo, Argentina llegaba por lo menos a semifinales”. Lo mismo le sucedió a Messi en Brasil, la última vez que el mundo se decepcionó con la versión apática y tristona del barcelonista. Ni una sonrisa ni un amago de chispa, el último campeonato del mundo sufrió la cara de Buster Keaton con la que Messi se arrastraba por los campos (Keaton fue uno de los grandes humoristas de siempre que jamás sonrió en una de sus películas porque así lo estipulaban sus contratos.). Pero un dietista italiano y el orgullo herido por toda la batería de tomahawks lanzados desde la prensa, han provocado su metamorfosis.

Messi vuelve a acelerar como antes, sólo que ahora escoge los momentos de la foto, los decisivos. Su radio de acción no abarca treinta metros; le basta con un palmo de césped porque sabe que se regatea a cualquiera en una cabina de teléfono. Aquel Messi que arrasaba con un egocentrismo típico de Cristiano Ronaldo, hoy ha comprendido que su talento le da para parecerse también a Michael Laudrup. LLanero solitario y mejor compañero de equipo, ésa es la patente que Maradona nunca consiguió. Y, por supuesto, el tiempo. La estrella azulgrana apenas ha pegado un par de petardazos; en dos años se cumplirá una década desde que sacudió la bola del mundo con un hat trick al Real Madrid. Allí jugaban Ronaldinho y Samuel Eo’o, pero ninguno tan dotado como ‘la pulga’. Precisamente, el brasileño de la eterna sonrisa nunca siente vergüenza cuando alardea de que él fue el primero en descubrir al Messi de hoy. Y tiene razón porque los agradecimientos del argentino son interminables. ¿Messi o Maradona? Elegir uno es mentir a la gente.

 

 

El quinto rey del fútbol

Jueves, 7 Mayo 2015

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“Messi es increíble, pero en la mesa de los grandes Pelé es el mejor. Cuando hablo de fútbol yo lo saco a él de la lista, porque era un extraterrestre. Saltaba a cabecear y Rattin, que era altísimo, le llegaba a los huevos. Imposible”. Es el maestro César Menotti en una entrevista para la revista El Gráfico en enero de 2014. Entonces, medio mundo chismorreaba del Leo Messi abatido, cansado, que deambulaba por los campos con grilletes en los pies y arcadas desde el esófago. No era el momento de meterle con calzador en el olimpo de los dioses; no sin haber devuelto a Argentina el carisma que un día le dio a la nación el más grande entre los grandes. Y eso sólo lo conseguiría con una Copa del Mundo. Precisamente, esa instantánea en Maracaná recogiendo con repugnancia e injusticia el trofeo al mejor jugador del Mundial fue la colleja que le hizo espabilar el pasado verano. Leo había vivido dos años incómodos, señalado por su apatía y sin recibir, ni siquiera, una palmadita en la espalda por romper la barrera del sonido durante la gran depresión post Guardiola. La Liga de ‘Tito’ Vilanova la clausuró con 46 goles, pero como si hubiera clavado cien: el Bayern de Heynckes roció al Barça con napalm (7-0, ¿se acuerdan?) y así permanece en la retina. Y el año pasado, con ‘Tata’ Martino, el Titanic chocó frontalmente contra el iceberg: lo que no sabía el Barça es que ese iceberg era Messi. “Si él no corre, el vestuario tampoco lo va a hacer”, dice Menotti.

El pacto de no agresión entre Luis Enrique y Messi es la prueba del algodón de que a los astros no se les puede atar en corto. Una sola genialidad compensa cualquier capricho o pataleta de estrella de rock, y el asturiano se ha esforzado en entenderlo para no ser el entrenador más fugaz que recuerde el club. “El Barça es Messi, es un riesgo pero bendito riesgo”. Lo acepta Bartomeu, no lo quiso entender Sandro Rosell y quiere volver a reivindicarlo como un trofeo propio Joan Laporta. Sí, Neymar pinta a futuro Balón de Oro y Ronaldinho amenazó con levantar una buena pila de ellos, pero ambos rinden pleitesía a la ‘pulga’. El primero porque es su nuevo socio de diabluras, de las que nunca habría imaginado en Brasil; y Ronaldinho desde su retiro dorado en México sigue profesándole admiración vía twitter. La reflexión lapidaria la soltó hace tiempo Roberto de Assis, hermano y representante de la ex estrella azulgrana: “Éste (Messi) la va a liar bien liada”. Tampoco hacía falta ojo clínico para intuirlo. Quizá lo dijo por la resignación de aceptar la caída del juguete roto de su hermano o, más bien, por el trato paternalista (de mago a discípulo) con el que Ronaldinho abrió camino a Messi.

El segundo gol de Messi da lustre a la atrevida comparación de Menotti que todavía mosquea a la iglesia maradoniana (existe de verdad): “Messi está al nivel del mejor Maradona”. Poco a poco esas palabras mayores se empequeñecen, porque sólo D10S es capaz de excitar a un estadio entero y sobreexcitarlo instantes después. Jerome Boateng, que no tiene ninguna culpa de la furia de Messi, está en boca de cualquier tertulia de barra de bar. Le sucedió como a Alkorta en su día con Romario o a Miguel Ángel Nadal con Caminero, defensas que un día contarán a sus nietos sin ningún rubor cómo les rompieron la cadera con arte. Pero en el gol del argentino, el Circo del Sol no llegó en el quiebro sino en la vaselina al gigantón Neuer. La Champions League necesitaba recuperar al mejor Messi desde su exhibición en Wembley contra el Manchester United; y hubo un momento mediado el segundo tiempo que el Bayern logró tejer su telaraña con un tropel de centrocampistas. Entonces apareció el “único e irrepetible” (Iniesta dixit) para repartir dosis de estramonio entre el coro de Guardiola; narcotizada por el primer latigazo de Messi, la mole bávara rezaba para que Messi no pusiera patas arriba el Camp Nou por enésima vez. Las súplicas duraron un chasquido de dedos y Menotti volvía a tener razón, aunque a medias: “Messi puede ser el quinto rey del fútbol”. No puede, lo es.

 

¡Dónde va Ancelotti sin plantilla!

Jueves, 24 Julio 2014

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El maestro César Menotti solía comentar que “la preocupación del Barça es divertir mientras la del Real Madrid es ganar a toda costa”. La primera vez que se lo escuché fue cuando Joan Laporta rumiaba el despido de Frank Rijkaard por un pésimo comienzo liguero en 2003; la segunda, en pleno apogeo guardiolista que coincidió con el declive de Pellegrini en el año I de Florentino; la tercera, la noche que el Chelsea de Di Matteo oxidó en el Camp Nou el fútbol de salón del mismo Pep, y la última, instantes después de que el Madrid se liberase del peso de la historia con la ‘Décima’. Durante esta pretemporada y sin la imperiosa urgencia de reeditar el cetro europeo, el presidente blanco ha entendido que el Bernabéu necesita algo más que ganar por delante del Barcelona y, por eso, está construyendo una de las mejores plantillas que recuerda la historia blanca. Jorge Valdano dijo una vez que el “mérito” de Fabio Capello en su primer año en el Madrid fue ganarle la Liga al equipo “más compensado y competitivo que vio nunca”, aquel Barcelona de Bobby Robson que tuvo el privilegio exclusivo y mundial de contar con la versión más bestial del brasileño Ronaldo (antes de que ensanchara su silueta hasta recibir el apodo del ‘Gordito’). Ese Ronaldo se comió el mundo en una sola temporada y tan sólo su ausencia por convocatoria internacional en el último tramo de la Liga, privó al Barça de levantar todas las copas. Sin embargo, aquel Barça que mencionó Valdano no pasó el filtro de un Camp Nou que se atrevió a silbar el juego del equipo durante un 6-1 al Valladolid.

El Dream Team creó un estilo al primer toque que todavía se imparte en La Masía. Si Guardiola ha conseguido convertirse en el Platón de la escuela socrática de Cruyff, incluso superándole, el listón para el resto es, simplemente, casi un imposible. Lo fue para Tito y, por supuesto, para un ‘Tata’ Martino que aterrizó en Can Barça como un extraterrestre y sin ningún optimismo para aplicar unas ideas que, a día de hoy, el aficionado español aún desconoce; Martino llegó para no molestar, asumiendo el pacto tácito de una transición, y se ha ido también sin follones.  Michael Laudrup patentó la finura en el Barça de Cruyff y hace unas semanas soltó una reflexión en una entrevista que daría para muchas horas en una tertulia futbolera, pero de fútbol, no salsa rosa: “Luis Enrique tendrá un proyecto largo porque el Barça necesita reencontrar su estilo más que los títulos”. El danés dejó de ser una voz autorizada en Barcelona en el preciso momento en que se convirtió en tránsfuga yéndose al Madrid de Mendoza, pero sus ideas sobre el tapete verde siguen siendo cien por cien culés.

José Mourinho vino con dos obligaciones: la Copa de Europa y volver a meter al Madrid en la élite de Europa. Las bulas papales que le concedió el presidente no fueron suficientes para lo primero, pero sí para incordiar y agotar a Guardiola con una némesis de juego práctico pero aburrido. Entonces, al Madrid del nuevo Florentino parecía que le preocupaba más que el Barça entrara en barrena que inventarse a sí mismo. Mourinho se quemó y Ancelotti vino con ínfulas de “espectacularidad”. Los títulos le han salvado porque eran lo único trascendente en su primer año, pero los fichajes de este verano han cambiado el vademécum del club o, al menos, deberían. James Rodríguez ha causado un éxtasis inimaginable; ídolo de masas en Colombia, su mercadotecnia superará con creces las previsiones del departamento de marketing. Pero lejos de su capacidad de sonreír y posar con una camiseta blanca, chocolatina o bebida gaseosa, James sabe tocar la pelota, bajarla al piso como narran los argentinos y, en definitiva, jugar vistoso. Toni Kroos también, pero su fichaje no está etiquetado como ‘galáctico’.

“¡Dónde va Ancelotti sin plantilla!”, tuiteó con su habitual ironía mi compañero Juanma Rodríguez, una de las plumas más lúcidas del periodismo deportivo. Y no le falta razón: Ancelotti se encuentra con benditas problemas en todas las líneas del campo, pero la que debe emular al Circo del Sol se ha desbordado. James no era necesario en la pizarra táctica de Carletto pero su fichaje es un llamamiento el fútbol control. Cuando la grada se había acostumbrado al juego volátil, el reto del flamante Madrid es, quizá, más complicado que otra Champions: divertir en televisión. Con su estilo imperialista, el club ha decidió que no sólo quiere abusar en los mercados, también en el césped. Claro que eso es más complicado. El vestuario ya no tiene excusas cuando la prensa ataque con dudas en el juego, porque la manoseada adaptación de los nuevos (coartada número uno en este deporte) tendrá una caducidad muy corta. “Ganar machacando y respetando”, dice un directivo del club en petit comité. Por una vez, las preocupaciones del Bernabéu serán las mismas que en el Camp Nou.

La vena guerrillera de ‘Tata’ Martino

Martes, 23 Julio 2013

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“Para ustedes, los europeos, yo era como Paul Gascoigne: tenía mucha técnica, pero era muy vago porque no corría”. Los periodistas de la RAI italiana no podían creer la autodefinición de Gerardo Martino en la entrevista que le hicieron días antes del debut de Paraguay contra Italia en el Mundial de Sudáfrica. Ídolo de masas en Rosario, más incluso que el maniático entrenador cuyo nombre bautiza al estadio Marcelo Bielsa del Newell’s, el personaje del ‘Tata’ todavía es desconocido para el fútbol europeo; sobre todo, porque su primer y único contacto con el viejo continente fue cuando el Tenerife le fichó en 1991. Aterrizó diciendo que no conocía nada de la isla, apenas jugó quince partidos en el centro del campo junto a Fernando Redondo y, aunque pasó con más pena que gloria, “el quilombo que se montó entre la afición leprosa (la de Newell’s) fue descomunal”, tal como temió el malogrado ex presidente, Mario García Eyrea. No en vano, hace pocos años Martino fue galardonado como el mejor futbolista de la historia del club rosarino; por eso, es muy comprensible el apego emocional del flamante entrenador del Barça por los colores del que ya es su ex equipo, siempre presumiendo de que dentro de él “corre sangre roja y negra”.

Discípulo aventajado de Marcelo Bielsa (consiguió como futbolista que, aparte de regatear en un metro cuadrado, se pegara un esprint de treinta metros para robar un balón), su fútbol enamora porque, sencillamente, es lo único atractivo del fútbol argentino. Prueba de ello es que Maradona ve todos y cada uno de los partidos del equipo de Martino: “no me pierdo ninguno”, llegó a decir el Pelusa hace unos meses desde su residencia de Abu Dabi. El ‘Tata’ es una especie en extinción en Argentina porque quizá sea el único míster capaz de comulgar con todas las filosofías futboleras: la de Bielsa, por supuesto, en cuanto a presión y agresividad; la de César Menotti en el matiz del entretenimiento y la de Bianchi en el gen ganador. A Vicente Del Bosque le duró el susto de los cuartos de final de Sudáfrica un puñado de días: “la presión de Paraguay ha sido lo más asfixiante que he vivido como entrenador, más incluso que la que nos hizo la Chile de Bielsa”, espetó el seleccionador en la víspera de las semifinales contra Alemania. Sin duda, aquel partido contra el combinado de Martino fue uno de los más taquicárdicos de todo el Mundial; los paraguayos acabaron extasiados de perseguir el balón en cualquier palmo del campo y la camisa de Del Bosque transpiró igual que las de Camacho en Japón y Corea. Sin embargo, el hecho de no considerarse un bielsista radical, le confiere la atención incluso del rey de los preciosistas, el maestro Menotti. Ambos coinciden palabra a palabra en la profunda reflexión sobre el fútbol argentino: “Pensando como entrenador, el fútbol argentino de acá es de los más competitivos del mundo; desde la perspectiva del aficionado, no vería un partido en Argentina más de diez minutos”. Por eso, los leprosos son los más divertidos de ver allí y casi en toda Sudamérica; salvando las distancias, es un Barcelona en esencia, en el que el estilo lo mandan los jugadores.

¿Y qué tiene que ver el ‘Tata’ con el Virrey Bianchi? El primero dijo una vez que “dirigir a la albiceleste sería un trabajo extraordinario, pero nunca un sueño”; Bianchi piensa igual porque él mismo ha rechazado la oferta del presidente Julio Grondona hasta tres veces en diferentes años. Y los dos juegan a ganar con el balón pues, al fin y al cabo, es la piedra angular de sus tácticas. Así lo disfrutó Bianchi en Boca con la mejor versión de Riquelme y así lo hará el ‘Tata’ con su preciadísimo Leo Messi, además de Neymar, Iniesta, Xavi, etc. De todos modos, el fútbol español está expectante por saber qué ideas aportará Martino en un equipo que juega por inercia y cuyo estilo es el menos poliédrico de todos (sólo admite toque y retoque). El ‘Tata’ es un obseso de la táctica, pero obseso tolerante; o sea que si debe asumir la estrategia del ‘falso nueve’, la comprenderá sin objeciones. No obstante, observándole de lejos, no es difícil intuir que la vena guerrillera del argentino será el primer influjo en el vestuario. Su consigan es breve y concisa: compromiso. Eso lo fundamenta todo. La prueba más irrefutable ha sido su amor eterno por Newell’s; ahora emprende su primera aventura europea en un club que gusta de la estética y, por supuesto, el resultadismo. No hay problema, Martino es profesor de ambos conceptos porque lo que más detesta son los “bodrios de novela”. ¡Ah!, y los halagos de la prensa…dice que “empalagan demasiado”.