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“Messi siempre es jaque mate”

Mircoles, 19 Octubre 2016

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Un 30 de octubre cualquiera, cumpleaños de Diego Armando Maradona, Leo Messi todavía no era titular en el Barça de Frank Rijkaard. En la entrevista de Barça TV posterior a un partido le preguntaron si había felicitado al ‘Pelusa’, y su titubeante respuesta fue: “No, ¡qué va!, me da vergüenza”. Los periodistas del canal azulgrana se rieron por la timidez de un juvenil al que los focos de las cámaras le apabullaban. Su cara tradujo lo que nunca se atrevió a decir: “Quién soy yo para felicitar a Maradona por su cumpleaños”. Ni su padre, Jorge, ni Josep María Minguella, responsable de traerle desde Rosario a La Masía, habrían imaginado una ficción más espectacular que la de Spielberg, en la que Messi llegara a ser el epicentro del fanatismo argentino, y quinto elemento del Barcelona Y con el mismo ruido mediático y popular que Maradona, uno es el mítico 10 que detuvo el mundo durante los 10 segundos más bestiales que recuerdan los mundiales, él es D10S en el cielo y en la tierra. Si acaso, habría que pedirle a Valdano otra patente verbal como Romario, el “futbolista de dibujos animados” o “la manada de búfalos” que provocaba Ronaldo.

Messi salió del Camp Nou tan aclamado como Jordan Belfort en la escena en la que entra triunfante en la oficina, con los brazos abiertos y esperando recibir pleitesía de rey. Messi es otro Lobo de Wall Street que devora presas como un tiburón y amasa tantos goles como monedas de oro guarda el tío Gilito en su cámara acorazada. Ni siquiera se le puede discutir la aparente apatía con la que pululó sobre el tapete, esperando un lío descomunal. Le bastó una pausa fuera del área en el segundo gol para sentenciar el partido de Europa, desmontando los galimatías tácticos de Guardiola, que darán para otro artículo. El tiempo y la gloria dan la razón a Messi en ese casting maldito que acabó con Eto’o, Henry, Ibrahimovic, Villa, Alexis y el siempre agradecido Pedrito. Egos de todos los colores que se reducen al tamaño de un liliputiense si se comparan con D10S.. Y eso que Leo no estuvo en versión apoteósica para las crónicas periodísticas, pero un ‘notable’ raspado le sobra para guionizar el partido a su antojo. De ahí que Mauricio Macri, presidente de Argentina, se atreva a decir que “para una final, Maradona; y para todos los domingos, Messi”. Con el ligero matiz de que la ‘Pulga’ resuelve lo que le eches, sea un Gamper o la final de la Champions.

“Messi es increíble, pero en la mesa de los grandes Pelé es el mejor. Cuando hablo de fútbol yo lo saco a él de la lista, porque era un extraterrestre. Saltaba a cabecear y Rattin, que era altísimo, le llegaba a los huevos. Imposible”. Es el maestro César Menotti en una entrevista para la revista El Gráfico en enero de 2014. Dos años después, a Menotti todavía le cuesta claudicar al reinado de Messi. Su predilección por Iniesta se limita a lo terrenal; Leo decide el fútbol por sí mismo. Y no es hipérbole. Que Ter Stegen se haya unido a la fiesta, tal como Ronaldo&Casillas decidían en el Madrid galáctico, es otra historia. Y que Guardiola no haya sacado a Agüero por dolor de cabeza…del entrenador, no del delantero, quizás no importe. “En el ajedrez, Leo Messi siempre es jaque mate”. Bravo, Miguel Rico, periodista con sentido común. Algo extraño en la profesión.

 

 

 

Héroes de Marvel

Mircoles, 14 Septiembre 2016

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Messi, Luis Suárez y Neymar. Elijan a su héroe de Marvel preferido. Quizá el favorito de los niños sea el D10S (la ‘pulga’ se queda obsceno). Rebobinando cada jugada de anoche, resulta cierta la sugerencia de Mascherano a Neymar de la pasada temporada: “Debe seguir en el Barça si quiere ser el mejor del mundo”. Sobre todo, porque cuando su compañero de diabluras y Cristiano dejen de rifarse balones de oro, Neymar y sus lambrettas esperan turno.  Su álbum de regates por tierra, mar y aire no tiene epílogo; él es un jugador de playa, mientras que Messi es de barrio. Y aunque la comparación suene muy ‘menottista’, imagíneselo así. Al fin y al cabo, el fútbol es un deporte caro de ver en la grada, en el que pagar sesenta euros (en España, claro) por un soporífero cero a cero es un pecado demasiado repetitivo. Por eso, sea madridista o anticulé, no se deje llevar por la pasión y entiéndanlo como una diversión de patio de colegio. Las bicicletas de Neymar imitando al gran Djalminha hay que ensayarlas mil veces; la combinación entre los dos astros dentro del laberinto escocés es casi inspiración divina. Filigranas improvisadas que se discuten en la oficina y durante el recreo.

En este negocio cada vez más hermético, en el que la distancia entre futbolistas y aficionados la separa un muro de hormigón, y en el que el fútbol no es una cuestión de vida o muerta, sino mucho más (palabra de Bill Shankly), de repente se agradece un Circo del Sol. Es una pena que la eterna guerra de trincheras entre Real Madrid y Barcelona vaya a ensuciar una bestialidad (en el sentido cariñoso) que todos deberíamos aplaudir, por lo civil o lo criminal. ‘Pasen y vean’ es el eslogan del Barça de Luis Enrique, que le costó macerar un buen vino al principio de sus tiempos, pero que nos ha regalado (a periodistas y forofos, sin distinción de camiseta) una de las mejores añadas de la historia. Y la gracia de ese club es que cada Barcelona ofrece una función distinta: el Circo del Sol del Dream Team, el de Ronaldinho y Eto’o, el de Guardiola, la MSN. Juegos de mesa para entretener a toda la familia.

La foto del tridente abrazado ya se subasta en Christie’s. Quien page varios ceros por ella, se guardará una reliquia irrepetible. Todo es tan estético, que ganar o perder más títulos se queda en la letra pequeña, pregúntenselo al inolvidable Mágico González.  Y si en el trío, Messi y Neymar traman quiebros de dibujos animados, Luis Suárez plantea cada partido como un duelo en el Lejano Oeste. Dispara nada más recibir, sin pensar, sin imaginar el ángulo. Le da igual a bote pronto o en pirueta, el balón espera el remate de un nuevo Hugo Sánchez. Y cualquier aroma añejo siempre es bienvenido. Suárez es el delantero del momento, que dio pistas en Amsterdam y se consagró en Anfield. Si Football Leaks desvelase que el Real Madrid le tuvo tan a tiro…

La consulta del dentista

Sbado, 20 Agosto 2016

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El Betis salió de la consulta del dentista con una ortodoncia. Es una de las mejores descripciones que Joaquín Caparrós se inventó para justificar un 7-0 en el Camp Nou con el Levante hace tres temporadas. La culpa tiene un apellido, Messi, de nombre Arda o Luis, (Suárez); da igual, la apariencia es la misma. El Barcelona intimida porque es voluntad de D10S, lo demás son lecturas de papel mojado. Cuando Leo quiere, el fútbol se detiene en sus botines; el barcelonismo lo disfruta, pero una nación entera sospecha. ¿Por qué no es el mismo con Argentina? Básicamente, la albiceleste no tiene un Iniesta que desengrase el centro del campo, ni un sambódromo para Neymar. Pero quizá la diferencia que hierve las venas de su gente sea que ellos dependen de un puntapié de Higuaín, y el Barça se gusta con el mejor delantero centro del mundo. Y, claro, no es el ‘Pipita’. Acostumbrado a disparar primero y preguntar después, Luis Suárez agradece que las defensas españolas no sean tan puñeteras como las inglesas; aquí tiene espacios, allí un zaguero de casi dos metros metiéndole el codo en la barbilla. El Real Madrid no quiso fichar al uruguayo porque sus mordiscos corrompían el libro de estilo blanco; el Barça no se lo pensó dos veces y eligió al goleador para acabar de una vez con ese venerado y envenenado casting: Eto’o, Ibrahimovic, David Villa, Alexis Sánchez…

La directiva azulgrana sugirió a Luis Enrique una buena venta con Arda Turan, y la respuesta fue tajante. “Merece otra oportunidad”, espetó a sus jefes, que no confiaban en la resurrección del ex atlético, y menos después de escuchar estupefactos por televisión cómo la afición turca silbó y se hartó de su estrella. Pero Arda recordó las tesis del cholismo: el esfuerzo no se negocia, y el trabajo antes que éxito. Vino a la pretemporada obediente, sin conatos de rebeldía, y con Messi al lado sale sobreexcitado. La sonrisa blanca entre la poblada barba cada vez que se la enchufaba a Leo&Luis le delata: no se arrepiente de desertar como soldado espartano porque en tardes como la del Betis, la vida es una orgía de universitarios americanos. Pasen y disfruten, que en Can Barça cualquier geniecillo puede hacer de Globetrotter. El drama vendrá con el regreso del olímpico Neymar, que no admite discusiones con su trono; será entonces el momento de Luis Enrique y su habilidad para reconvertir a Turan sin quitarle chispa. Quién sabe, a Sergi Roberto le colocó de lateral derecho y no desmereció para nada a Dani Alves.

Sin distracciones ni alteraciones en el universo Messi, el Barça acaba de prender fuego a la Liga con un bazuca. En estático versión Guardiola es mortífero, al contraataque sigue siendo letal porque su astro no olfatea el área sino que la sorprende en eslalon desde diez metros atrás. Decía un técnico de La Masía que Leo acabará jugando en el palmo de césped donde se desenvolvía Xavi Hernández; puede que más tarde que temprano, porque de momento nadie le quita la licencia para hacer lo que quiera. Sí, a veces anda por el campo con un tedio incomprensible, pero mejor no verle por el balconcito del área. La automática puede estar cargada en cualquier momento. Se olvidó de las lágrimas que estremecieron a su país para volver a jugar en el barrio. Y mientras sea feliz, no habrá discusión. Es él o él. Nadie más.

El show de Truman

Lunes, 27 Junio 2016

 

“Leo Messi con Argentina es como jugar a la Playstation y dársela siempre al mismo muñeco para que haga la jugada”. Es la mayor lindeza con la que el mito Mario Alberto Kempes puede obsequiar a sus compatriotas en estas horas tan convulsas. El ‘Matador’ dice lo que piensa toda su nación: un equipo con demasiada pasión y poca templanza. Si, acaso, la de Messi y, apurando, Mascherano, Argentina sigue teniendo un D10S y no es el barcelonista. Su explosivo anuncio cayó como una bomba de mil kilotones en plena resignación a convertirse en ese ‘pupas’ que una vez fue el Atleti. Y sí, Messi es el mejor del mundo sin discusión pero ni siquiera un semidiós alivia las penurias del cajón desastre que dirige ‘Tata’ Martino y del que se ríe Diego Maradona, astro en su país también sin discusión. Su adiós forzado o pensado es consecuencia de la frustración imposible de consolar; si él cree ciegamente que nunca llegará la gloria, no le den más vueltas porque todo empieza y acaba en Messi. No hay más lectura en una Argentina desgraciada.

Otra final con la misma rutina fatídica: abulia de Messi y fallo clamoroso de Higuaín, el delantero del ‘casi’. De repente, se encontró con el único regalo de Gary Medel en el partido y, de repente, reaparecieron los fantasmas del Lyon en Champions (al palo), Neuer en el Mundial (fuera) y la pasada final de Copa América a puerta vacía. Como si le hubieran hecho vudú, el ‘Pipa’ acabará en unos años con un chaleco de fuerza en un manicomio repitiendo sin parar ‘¿por qué?’; la otra opción es aguantar hasta Rusia 2018 y sacudirse la mala suerte con un gol que levante al país. No quiero imaginarme qué habrán dicho de él en las barras de los bares bonaerenses. Ni de Messi, claro. Al menos, el barcelonista siempre podrá cobijarse en su trinchera de defensores, los que piensan que no urge un Mundial o Copa América para reivindicarse por delante de Pelé o Maradona, Ni Cruyff ni Di Stefano lo lograron. Su declaración de intenciones en zona mixta suena a calentón, quizá a una separación temporal hasta que termine la tediosa clasificación sudamericana y Leo vuelva a dar un paso al frente para disparar la última bala del cargador. Será su última gran decisión, sin red, al todo o nada. Pero es que los genios siempre caminan por el alambre: lograr el éxtasis o caer al abismo,

Desde Maradona no había surgido ninguna selección tan monoteísta como la de Messi; ni siquiera Brasil en cualquiera de sus versiones campeonas, la maquinaria pesada alemana o la Francia de Zidane, Por eso, una simple molestia lumbar de Messi activa el estado de alarma en su país. Es el Truman Burbank del Show de Truman. Una población entera pendiente del nacimiento de su estrella, sus primero pasos, los sacrificios en su crecimiento, la meteórica explosión en Barcelona, etc. Sin Messi, sólo queda tierra chamuscada o como suele insistir el maestro César Menotti, “el colmo de la vulgaridad”. En esta selección hay un colapso de actores secundarios que se atropellan unos a otros. Empezando por Higuaín y sin olvidar a Di María o Agüero, ambos en el limbo de Nueva Jersey, adonde fue a parar el penalti de Messi. Y como la grada albiceleste entrega su vida a la selección como si no hubiese mañana, las guadañas están despedazando a todo aquel que aparece en cualquier conversación, Lo advirtió Martino: “Sólo vale ganar”. Y ni las lágrimas disimuladas de D10S son consuelo. Rusia se merece a Messi y el fútbol más.

Pico, pala y goles

Domingo, 15 Mayo 2016

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Armó el Kalashnikov y en el día señalado no se le encasquilló. Luis Suárez regaló la Liga al Barça y pidió permiso a Messi para posar delante en la alfombra roja de Hollywood. Disparó antes de preguntar en Los Cármenes porque sabía que un gol suyo abriría la lata y evitaría cualquier calvario que perturbarse al vestuario. Entendió mejor que nadie la inspiración de Neymar (¡por fin!) y se hinchó a desmarques mortales. Era su momento y ni siquiera los goles de Cristiano que aparecían en el videomarcador le descuadrarían el día perfecto. Jordi Alba dio con la tecla en zona mixta: “Luis es el mejor no porque meta goles, sino porque también trabaja para el equipo”; es la opinión generalizada en el club. El uruguayo sale al campo a tumba abierta, como si quisiera reivindicar que la FIFA metió la pata hasta el corvejón con su mordisco a Chiellini. De enemigo público a ídolo de masas con el revolver más rápido del Oeste. Desenfunda tan rápido que los más puristas se ponen de pie cuando le mencionan, y eso sólo ocurrió con Stoichkov, Romario y Ronaldo Nazario. Todos ellos Balones de Oro. Cuando la temporada intuía el enésimo Barça de Messi más diez, apareció el ‘caimán’ justo cuando la MSN se oxidaba. Precisamente, D10S agradece que su delantero centro remate, centre, abra huecos, baje al barro para pelearse con las defensas y persiga el balón como un rottweiler con los ojos inyectados. El mundo le considera una estrella, él se siento minero: pico, pala y los goles llegarán a borbotones.

Suárez llegó al Barça olvidándose de su ego personal y ensayando la mejor de las sonrisas delante del espejo. Ha superado a Neymar en decibelios de aplausos porque sigue jugando de crack silencioso, goleando y ejerciendo de samaritano (22 asistencias en toda la temporada). A Pep Guardiola le habría encantado contar en el Bayern con este ejecutor, híbrido entre un ‘falso nueve’ y un boya de waterpolo. Sus movimientos son demasiado escurridizos como para pegarle a la chepa un Gattuso de turno; su colocación recuerda a la de Karim Benzema, tan productiva fuera del área como letal en la cocina, quizá más. Luis ha asimilado que sólo hay un gallo en el corral y, además, él se ha convertido en su mano derecha. Con Messi suele armar el taco porque se ven de reojo y telegrafían la jugada. Sus habituales cenas familiares son festejadas en la planta noble del Camp Nou (esto es información y no opinión): admiran la simbiosis de ambos porque al mismo tiempo espantan viejos fantasmas. Por de pronto, los del discotequero Ronaldinho y el ególatra Ibrahimovic. Uruguayo y argentino son tipos normales que huyen de las cámaras, hasta el punto de torcer el gesto si el que les graba con Periscope es el mismísimo Piqué.

Diego Torres publicó en El País  hace dos temporadas que varios directivos del Real Madrid disuadieron a Florentino Pérez de fichar a Luis Suárez. “Un delantero de ochenta millones no sólo tiene que marcar goles”, comentaron los ejecutivos, según el periodista. Daban a entender que el club necesitaba a Benzema o una versión aproximada del francés, lejos del típico delantero como Falcao, que remata (o remataba) hasta un microondas desde el punto de penalti. Pensaron que el carácter inflamable de Suárez colisionaría con el libro blanco de conducta del club; por encima de todo, la imagen. Y sí, el uruguayo está forjando su leyenda buscando goles por tierra, mar y aire; desde el fútbol de alcantarilla para listos hasta el Circo del Sol llamado Fútbol Club Barcelona. A él le deben la Liga número 24. Y las que quedan.

Messi hace de Xavi

Lunes, 2 Mayo 2016

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“Messi acabará jugando de Xavi Hernández”. La reflexión en petit comité de un ex alto directivo del Barcelona va cobrando cuerpo. En su versión taciturna, sin voltios para arrancadas explosivas, D10S camina hacia atrás para ponerse la chaqueta de crupier. Manosea la baraja y reparte las cartas con precisión geométrica; tan pronto cambia el sentido del juego con un pase de cuarenta metros como recuerda al mejor Michael Laudrup, con su escuadra y cartabón. Le falta, si acaso, mirar al lado contrario como el danés, pero no tendría tanta personalidad. Dice el maestro César Menotti que cuando Messi se canse del gol, le quedará regalarlos con un lazo. Luis Suárez lo sabe de sobra porque sus pases son casi de la muerte. Es otro Leo que procesa más con la cabeza que con las piernas, una CPU actualizada de Xavi, quien hace unos días se enojó en La Vanguardia: “Messi no hace de Xavi, hace de Messi, ¡qué cojones!”. Si Messi anda, el Barça no corre; y jugando en el hábitat del antiguo capitán, da la falsa impresión de que los azulgranas se han cansado de su temporada, sin ganas de emular al Circo del Sol y sacando resultados como cualquier otro día en la oficina. Se jugó la Liga sin ningún apuro ante un Betis con toalla y chanclas; la inercia de las últimas orgías (0-8 y 6-0) acabará con el título en Granada porque, de lo contrario, el ‘galacticidio’ de Carlos Queiroz quedará a la altura del betún.

El Barça afronta el penúltimo round con su gente y sin fantasmas de ‘Tamudazo’. Más que nada, porque Tamudo ya no juega, ni siquiera un De La Peña de turno que meta miedo. La última vacuna del Valencia en el Camp Nou hirió el orgullo del campeón. De repente, de la noche a la mañana, los azulgranas habían perdido la mirada del tigre por razones fantasmagóricas. Sin rotaciones parecía que la MSN había entrado en fase de oxidación, pero las estadísticas contra el propio Valencia, con un Diego Alves omnipresente, desmintieron el desplome físico. El Barcelona juega según la ley Messi, y aunque Suárez remate balones por tierra, mar y aire, sólo hay un Oscar para el mejor actor. Sucede lo mismo con Griezmann, con un caché inigualable en la alfombra roja de Hollywood. Simeone decidió reservarle hasta que se hartó de la apatía de Oliver Torres y Vietto (quién le ha visto y quién le ve). El Rayo aclaró al ‘Cholo’ que sólo once titulares se desviven por ese grafiti que ocupa todas las paredes del Cerro del Espino: el esfuerzo no se negocia…para casi todos.

En el Madrid la segunda unidad funciona a medias por deficiencias de James.  Es una pena que Zidane no saque más provecho de este jugadorazo y más aún que él no saque provecho de sí mismo. En pocas semanas, después de la Copa América, el técnico tendrá su primera misión: recuperarle en el césped y sobre un diván de un psicólogo. A James le pasa como a Neymar, ambos han perdido el ‘mojo’ de Austin Powers sin un diagnóstico claro. Pero esas cabezas ahora mismo no están bien amuebladas. La de Gareth Bale sí que brilla con testarazos decisivos que le descubren como el mejor cabeceador del Madrid. La recuperación milagrosa de Cristiano es una cuestión nacional, pero Bale está aporreando la puerta para que el madridismo no se olvide de él. El club pagó por él 91 millones con un propósito claro: ser el telonero del portugués hasta que llegara el momento. Así lo quería el presidente. Pero con esa losa de P.V.P, el galés juega para sacudirse las sospechas, una detrás de otra. Lesiones, abulia…demasiados cuchicheos para un gentleman tranquilo, cuyo ritmo de vida corre más lento que dentro del campo. Quizá vaya siendo hora de imaginar un Madrid con Bale sí o sí. 

El ‘galacticidio’ de Queiroz

Lunes, 18 Abril 2016

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“¿El hecho de haber ganado te quita un poco de ansiedad? El que te diga que no, te miente. La victoria te da tranquilidad y confianza, y la derrota te la quita”. Rafa Nadal, la cabeza mejor amueblada del deporte, respondió a pecho descubierto a Joseba Larrañaga en el Tiempo de Juego de anoche. Gerard Piqué dio la cara ante los periodistas y afirmó estar “cero preocupado”; un discurso demasiado protocolario, de manual y para no alarmar al barcelonismo. Sin embargo, el ‘cagómetro’ de Tomás Guasch ya se ha disparado por las nubes porque el Barça no ha sabido hacer un torniquete a su hemorragia de puntos. Acaba de entrar en la U.V.I con síntomas del ‘galacticidio’ que acabó con el Madrid de Carlos Queiroz; éste acabó muerto, el todavía líder de la Liga aún tiene tiempo de evitar la hecatombe. De repente, el equipo que hace menos de un mes era el Circo del Sol sobre la faz de la Tierra ha entrado en descomposición. Antes del empate de Villarreal nadie, ni siquiera el vestuario, intuía que la carga de partidos y las cero rotaciones podrían ponerles bolas con grilletes en los pies. No obstante, el físico no le jugó una mala pasada contra el Valencia. Fue un accidente porque Diego Alves volvió a sacar tentáculos en un estadio con solera y porque Luis Suárez descalibró su Kalashnikov.  En lo que dura un chasquido de dedos, las tertulias periodísticas han pasado de debatir si la MSN es la mejor delantera de la historia a por qué el club permitió a Neymar viajar a Brasil en plena competición para no perderse la fiesta de cumpleaños de su hermana.

Paco González comentó que “la buena suerte se trabaja y la mala suerte se acaba encontrando”. Es el resumen perfecto del estado catatónico en el que ha entrado el Barça. Piqué la provocó con sus tuits y Periscopes, mientras que Dani Alves levita en un mundo paralelo. Hasta Neymar ha entrado en barrena por un sospechoso estado de forma que le priva de sus lambrettas. Por eso, Messi sigue dando la cara con goles y pases versión Michael Laudrup, y jugando con molestias musculares por si dudan de su compromiso. De la noche a la mañana la ironía de Luis Enrique ha desaparecido en la sala de prensa; ahora sólo contestaciones groseras, secas y rancias, esperando a la última pregunta para levantarse de la silla. Su cabreo permanente con los periodistas también alcanza a la planta noble: ¿dónde está ese Nolito porque el que tanto insistió? La tesorería no se podía permitir 18 millones. Tarde o temprano llegará el dardo a la directiva. Seguro.

Salió el comodín Sergi Roberto en la banda derecha cuando en el banquillo miraban cuatro laterales, tres diestros (Alves, Aleix Vidal y Douglas) y el zurdo Adriano. Hasta Munir, convocado por Del Bosque contra Macedonia para evitar conflictos diplomáticos, esperó su turno para salir a morir en los minutos de la basura. Ingenuo de él, todavía no conoce esa ley no escrita que prohíbe tocar a la MSN, aun cuando el brasileño se desvive por las broncas y no por los regates. Suena ventajista soltarlo ahora, pero exiliados como Halilovic, Deulofeu o Adama le habrían dado cierto caché a los secundarios. A Luis Enrique le está sucediendo como al avinagrado Queiroz: miraba al banquillo para recomponer a sus galácticos y sólo encontraba a Santi Solari y a Guti cuando no estaba revenido. El mensaje del vestuario a la calle no tiene aristas: un tropiezo sin más. Pero perder contra el mismo Valencia deconstruido que sufrió la humillación de un 7-0 en el Camp Nou hace dos meses no lo imaginaría ni la ciencia ficción de Spielberg.  Luis Enrique sí, pero nunca lo diría. 

Felix Baumgartner

Domingo, 10 Abril 2016

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Estadio Luis II de Mónaco; abril de 2004. Zinedine Zidane se acerca a su compatriota Ludovic Giuly en el túnel de vestuario durante el descanso y le suelta un susurro cómplice: “Estamos muertos, agotados”. El Madrid plantea la segunda parte de aquella fatídica Champions con grilletes en los pies, sin físico para la reacción. De repente, el Mónaco del exiliado Morientes voltea los cuartos de final y el proyecto faraónico de Florentino Pérez entra en barrena en el famoso ‘galacticidio’. El equipo construido para barrer en Europa comienza a arrastrarse sobre el césped monegasco sin amago de ruletas de Zidane ni manadas de búfalos (Ronaldo). Es entonces cuando la prensa aduladora dispara toda su metralla contra Carlos Queiroz y su nulo ojo clínico, porque el Madrid galáctico fueron once titulares, con Solari y Guti como banquilleros de lujo; rotar a las estrellas no estaba autorizado en el reglamento del club. Primero fue el sopapo del Zaragoza en la final de Copa; días más tardes la catástrofe de Mónaco y, a continuación, cinco derrotas ligueras que desmontaron la plantilla como si fuese un lego.

El madridismo recuerda en estas horas su fatal recuerdo. Anhela que al Barça le suceda la misma Apocalipsis, ese paso del cielo al infierno a la misma velocidad que bajó Felix Baumgartner desde la estratosfera. Desde la Ciudad Condal surge cierta corriente pesimista que rememora el victimismo ochentero culé: son varios ex jugadores como Jose Mari Bakero los que se acuerdan del descalabro de Queiroz. Sus declaraciones off the record no cambian nada de las públicas: son cautos porque el ocaso del Dream Team les forjó su cautela. Sin embargo, en el vestuario azulgrana se aferran a la palabra de su capitán Iniesta: necesitaban un colchón demasiado mullido para amortiguar la caída. Visto desde fuera, el Barça se agrieta porque Luis Enrique no ha embadurnado con antioxidante a su MSN. El ritmo de partidos es brutal desde la Supercopa de agosto, sin apenas descanso y con un puñado de viajes transatlánticos que atenaza los músculos. Existe cierto temor en la planta noble del Camp Nou (esto es información, no opinión) a que el equipo se desmorone como el del ‘Tata’ Martino, que se quedó sin gasolina para el esprint final de temporada y con Leo Messi en las portadas por sus arcadas y no su Circo del Sol.

Por pura estadística, el Barça tenía que sufrir la pájara en su Tourmalet. Por pura estadística, los jugadores no podían aguantar el fútbol ciclónico de estos meses. Por pura estadística, Messi, Neymar o Luis Suárez tenía que quebrar. No ha sido el uruguayo, cuyo letalidad sostuvo a todos ante el Atlético. Y del mejor jugador del mundo tampoco se duda porque, al fin y al cabo, él decide el destino del Barça y no al revés. Curioso, entonces, que el mejor año de Neymar se ennegrezca ahora con escapadas disolutas (aceptadas por Luis Enrique); y como este deporte olvida su memoria en pocas horas, el brasileño necesita devolverse a sí mismo a las favelas donde le descubrieron. Allí encontrará el catálogo de regates que asombró al mundo hace…..¡tres semanas! De locos. Por pura estadística y sin fanatismos, el Barça sigue siendo favorito para todo. Tampoco lo olviden.

Gin tonic de moda

Jueves, 4 Febrero 2016

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Cruyff, Rijkaard y Guardiola agitados en una coctelera. El gin tonic de moda es este Barça que comparte los míticos rondos del Dream Team, los malabarismos de Ronaldinho y los bailes de Billy Elliot nacidos de la era Pep. El debate se traslada a la barra de los bares: ¿Laudrup-Stoichkov-Romario?. ¿Ronaldinho-Eto’o-Deco?, ¿Xavi-el mejor Iniesta-Messi? ¿O la MSN? El bienestar del vestuario, traducido en un grupo de colegas que hacen piña para cenar o visitar Port Aventura en familia, motiva estas sanas discusiones. En este país todos opinan de política, critican al Real Madrid y eligen a su Barça favorito. El de anoche masacró a un Valencia de cartón piedra, con piernas de plástico y corazón de madera. Al Blitzkrieg o ataque relámpago de los primeros minutos ni siquiera se le opuso una patada de respeto, cualquier gesto que delatara que ellos estaban allí. En un puñado de minutos Luis Suárez engatilló su Kalashnikov y twitter bulló de bromas y memes: la más original de las primeras fue Salvar al soldado Ryan; el meme fue el de Pepe Gotera y Otilio en plena reforma de los baños del Bernabéu. Por si al Barça se le ocurre insinuarlo como sede de la final.

La tormenta perfecta llegó en el primer gol de Messi: internada de Iniesta con pared a Neymar, taconazo en pleno giro del brasileño, amago de Luis Suárez y ejecución de Leo. Una jugada maestra de billar a cuatro bandas. De repente, los nostálgicos recordaron aquellos goles patrimonio de la humanidad: cítese la vaselina de Romario en El Sadar a pase aéreo de Michael Laudrup o cítense los 38 toques que pasaron por diez barcelonistas antes del primer gol de Luis Suárez en el último 0-4 del Bernabéu. Cualquier Barça, menos los de la época ominosa de Joan Gaspart sirve para pintar un cuadro con pinceladas de Van Gogh, Rembrandt y Monet, por elegir tres al azar. Hubo un tiempo en el que el madridista Roberto Carlos reconocía cada fin de semana que se divertían como niños en un parque (antes del galacticidio, claro); desde entonces, ni rastro de columpios por Chamartín. En Barcelona, las fiestas cambian de deejay según las tendencias: de las colas de vaca de Romario a la efímera manada de búfalos de Ronaldo; de los trallazos inteligentes de Rivaldo al sambódromo de Ronaldinho; de LEO MESSI en letras capitales a los juegos de magia Borrás de Neymar. Un Circo del Sol que siempre se prorroga en el Camp Nou.

Dice Michael Laudrup que “sólo el Barça puede tumbar al Barça”. Porque en la voluntad de Messi está hacer trizas el último hito de Arrigo Sacchi (dos Champions consecutivas): de él depende que el Barcelona levite o caiga en otro proceso autodestructivo como el que originó la crisis de Anoeta. Por eso, suena imponente para el mundo e impotente para los rivales que los azulgranas arrollen con D10S en plan ahorro. Y como siempre insistía Xavi Hernández, “el peor enemigo del Barça es la autocomplacencia”. Quizá entonces no todo pinte tan negro para el resto: si Ronaldinho se cansó del balón, ¿por qué no Messi, o Neymar, o Luis Suárez…o los tres juntos? En fin, consuelo de tontos. 

El show de Truman

Jueves, 28 Enero 2016

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El Real Madrid quiso fichar a Leo Messi hasta en tres ocasiones. Lo desveló anoche El Partido de las 12 en plena efervescencia del ¿caso? Neymar. Noticias del pasado cuyo morbo nunca caduca. En los cenáculos madridistas siempre se ha comentado que el Florentino Pérez le dijo a Cristiano Ronaldo en su despacho que si estaba “triste” (¿recuerdan?) y quería irse, pusiera el dinero en tesorería para traer a D10S. Leyendas quizá no tan ficticias. El mejor jugador del mundo nunca deslizó una mirada cómplice al Madrid; una negativa tan tajante que reafirma su compromiso con el Barça. El de Neymar espera su fumata blanca, pero no merengue. La estrategia de Wagner Ribeiro, agente del futbolista, huele a guión de Alfred Hitchcock: enciende el ventilador, esparce el estiércol, no niega la mayor y espera que el Barça acepte un buen estacazo por la renovación. El entorno del brasileño negocia el futuro del próximo Balón de Oro y con ese caché comenzaron las gestiones. En la planta noble del Bernabéu disfrutan con palomitas los cuentos asombrosos de Spielberg y el miedo que pueda provocar la sombra alargada de Luis Figo. Y entre la guardia pretoriana de Pérez nunca dirán de Neymar otro never, never, never. Y menos cuando creía tenerlo atado en Brasil con reconocimiento médico incluido meses antes de dar el sí quiero a Sandro Rosell.

Y mientras Neymar calla, esperando firmar un cheque en blanco en Can Barça, la página web del Madrid no publicará comunicados oficiales hasta que Cristiano Ronaldo reaccione. Un golpe de billar a tres bandas donde Ribeiro simpatiza con Florentino desde el fichaje de Robinho y pretende hurgar en la tesorería culé. Si fuese por el representante, Neymar sería blanco; si fuera por el padre de Neymar, su hijo sería blanco; pero los jugadores casi siempre acaban donde quieran, excepto Falcao. Tratándose de intermediarios brasileños, las partidos de póker suelen alargarse demasiado por faroles que no van a ninguna parte. El mejor ejemplo sigue siendo Roberto de Assis, hermano y agente de Ronaldinho, quien en el verano 2012 convenció a tres clubes diferentes para fichar a Dinho. Y al igual que el ex azulgrana en el Camp Nou, Roberto sacó la magia y tuvo engañados a dos clubes que creían haber fichado al crack. El tercero en discordia fue el Atlético Mineiro, que realmente le contrató.

Entre el Real Madrid y Neymar no hay contacto, ni por vía oficial ni de barra de bar. Porque antes de acometer la macro operación de la historia, 190 millones + I.V.A (no se olviden), Cristiano tiene que ser declarado transferible y ceder todos los honores al brasileño. Primer problema. El segundo tiene origen galés, también está en el club de los tres dígitos y oposita para ser la Isabel Preysler de la jet set.  Sólo hay una, como sólo un líder en el Madrid. Un despilfarro de tales proporciones obligaría al club blanco a montar un Show de Truman en torno a Neymar. Él sería el protagonista permanente de la taquicárdica actualidad blanca, desde que se cepilla los dientes por la mañana hasta que se pone las pantunflas y el pijama. Pagar por O’ Rei Neymar a toca teja el presupuesto entero del Atlético de Madrid no suena a bendita locura; servidor sí lo habría hecho, si los tuviese, por aquel Ronaldo Nazario que se salió del firmamento en el Barça de Bobby Robson. Pero es sólo una opinión. Neymar ha madurado en el Barça y no cometerá alta traición. Eligió jugar allí y allí ganará su Balón de Oro. O no.