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¿A qué juega el Madrid?

Domingo, 6 Noviembre 2016

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Ramón Mendoza despidió a su entrenador Radomir Antic porque “el Bernabéu se aburría cada domingo, incluso en las goleadas”.  La prensa no entendió por qué el equipo que lideraba la Liga agitaba el banquillo sin crisis por medio ni rebeldías de vestuario, pero el entonces presidente creyó que si el Dream Team de Cruyff se parecía al Circo del Sol, su Madrid merecía por lo menos la misma distinción. Mendoza fulminó a Antic y puso a Leo Beenhakker, cuyo funesto epílogo acabó en la primera Liga de Tenerife. Perdieron el campeonato en 45 minutos, pero una encuesta elaborada por la revista Don Balón entre los entrenadores de Primera concluyó que el Barça fue el justo campeón. ¿A qué juega el Madrid? Suele ser debate de barra de bar. Cualquier aficionado merengue espera que el club más mastodóntico de España divierta delante del televisor; quizá, no que juegue como el último Barcelona de Guardiola, pero sí que dé la impresión de rodillo, de sensación de acordeón que se pliega y despliega con estilo. En nuestro periodismo deportivo, cada vez más degradado, opinar del Madrid significa atacarle: porque uno puede decir que el aburrimiento es el patrón de juego y por inercia moral se moviliza una marabunta de tuiteros y/o haters restregándote que Zidane está invicto. Si osas escribir que Cristiano Ronaldo se tiene que desoxidar, de repente te avasallan con infinitas estadísticas de sus infinitos goles. Es la guerra mediática Madrid-Barça que ha cavado dos trincheras en las que no hay sitio en tierra de nadie; bueno, sí, quedarse callado. Opinar de ambos para bien o para mal es vivir una batalla entre jedis y siths, o estás conmigo o contra mí. Si hablas del mal de los blancos, aunque sólo de lo que suceda en el campo, prepárate para el pelotón de fusilamiento.

Una crónica poco marciana sería que un resumen televisivo de 1 minuto explica de sobra por qué el Madrid salió a contemplar cómo el Leganés se dejaba engullir por el “miedo escénico”. Hay jugadores cuyo P.V.P rondan los cien millones porque con apenas dos amagos sentencian un partido. Es el caso de Gareth Bale, en un estado de gracia que está salvando la marca BBC. Ajeno a cualquier odiosa comparación con Ronaldo, Florentino le fichó de número dos y su representante, Jonathan Barnett, le aconseja calma: el protagonismo absoluto estará a tiro en unos años. Su carácter hermético, demasiado anglosajón fuera de las Islas, impide que la prensa le dediquemos más tinta con esas chorradas que tanto nos gustan. Por ejemplo, los movimientos de CR7 sobre el césped no importan, sí su cabreo volcánico en la jugada que termina fallando Bale. Así es el negocio: o lo tomas o lo dejas. Por eso, se agradece que algún protagonista se harte y escupa un titular. Morata salió delante de las cámaras y ante la pregunta de su desafío con Benzema, no especuló: “Estoy cansado de lo de revulsivo”. Gran respuesta. Morata es el delantero centro que Cristiano no quiere ser y él  se aprovecha de esas ‘migajas’. Y mientras Benzema continúe en el limbo,  el canterano seguirá agradeciendo ese máster acelerado que le regaló la Juventus.

Sí, el Madrid ni pierde ni enamora. Quizá sea la poca motivación que supone reventar el cuento de hadas del Leganés, pero la grada merece cierta gratitud. Y la mejor forma de respetar al fútbol es intentar golear sin piedad a cualquiera, como en la noche de la Cultural. Viendo la primera media hora de partido, un ‘entrenador’ aficionado, o sea todos nosotros, pensaríamos que este Madrid se aburre atacando como si fuera un equipo de balonmano. Iniesta y Xavi Hernández podían sobar el balón hasta desgastar el cuero; en este equipo hasta Toni Kroos, pelotero por excelencia, recibe y suelta el balón en décimas de segundo. La leyenda de la posesión se va reduciendo a una mentira popular porque no es superior quien más pelota toca. Recuerdo una goleada del Barça al Rayo de Paco Jémez en la que los vallecanos sólo ganaron esa estadística, y parecía una gesta homérica. Zidane ha entendido que tiene una plantilla ergonómica para salir en estampida desde su propio campo; ¿qué el Madrid no puede jugar así? Pues con Mourinho marcaron 120 goles durante una temporada. La anarquía de los blancos está inspirada en los Harlem GlobeTrotters: el talento de cada crack cubrirá las lagunas tácticas del equipo hasta que Zizou inspire al vestuario con el emocionante discurso de Al Pacino en Un domingo cualquiera: “O nos curamos ahora como equipo o moriremos como individuos”. Sólo así es posible.

Uno de los nuestros

Lunes, 24 Octubre 2016

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“No me enfado por no ser titular. A mí me gusta jugar, pero firmaría jugar menos y ganar siempre”. El madridismo se acordaría de Álvaro Arbeloa  de no ser porque otro Álvaro tampoco ha escondido nunca su religión. Hombre de club, uno de los nuestros (como diría Mourinho), a Morata le toca resolver marrones a contrarreloj. Con el agua al cuello y ese runrún permanente de que apenas golea, volvió a solucionar el galimatías táctico de Zidane. Es el único delantero clásico del equipo, el que remata hasta un microondas si hiciese falta.  A diferencia de Benzema, Morata dispara, primero, y luego pregunta. La presión del Bernabéu es un juego de niños que aprendió en la Juventus: “yo ya superé la ansiedad”, dijo después del partido. Ahora le toca pelear a tumba abierta y demostrar a Zizou no que tiene el mejor fondo de armario, sino que lo mejor del armario es el fondo. O sea, él; o sea, Lucas Vázquez. La clase media que ve en un puñado de minutos la oportunidad de su vida. La BBC innegociable está bajo sospecha porque la grada no ve en ellos un Circo del Sol con el que quedarse alelado. Y la corriente más corrosiva del antimadridismo seguirá anunciando a un equipo en permanente Apocalipsis. Un amago de galaticidio en el que los P.V.P pesan demasiado.

Los pura sangres reniegan de cualquier crisis de juego. Su explicación es lógica porque el Madrid quizá sea el único equipo conocido que jugando mal, rematadamente mal y soberanamente mal, gana. El Athletic fue la prueba de que el algodón no engaña: en medio de la espesura y acostumbrados a caminar sobre el alambre por encima del abismo, los blancos regalaron al público el habitual minuto de éxtasis. Y si es de fabricación casera, mil veces mejor. El héroe local fue Morata unos pasos por delante de Iñaki Williams, que a lo Salinas, falló para varias noches de pesadilla. El Athletic no salió goleado porque la cabeza de Cristiano está en un desierto sin oasis. El estado físico no falla, sí su mentalidad ciclónica que arrasa cualquier récord que se propone. Cuatro partidos ciegos en casa le ponen en el disparadero de quien sólo contempla al CR7 Terminator, que si baja de la barrera de cuarenta o cincuenta goles, todo huele a basura. Ni siquiera piensan por un segundo que es el jugador más importante de la historia merengue con permiso de Di Stefano. Mala racha de un Cristiano que aceleró su pretemporada para no descabalgar al equipo y que ha ganado puntos fundamentales para no plantear esta Champions a vida o muerte.

En esa disección de la BBC, Benzema bajó del limbo por un rato pero sigue siendo monsieur empané; de repente, aparece en la línea de cal sin sentido, con ese ansia de construir jugadas como si fueran mecanos, y el ataque se diluye. En cambio, con Gareth Bale es fácil ser más paciente: no existe durante un rato y en un abrir y cerrar de ojos se marca un Usain Bolt para dinamitar defensas. El galés es el “atleta” de Guardiola necesario en cualquier equipo, incluido en el de Pep. Su potenciómetro va aumentando a medida que se acercan los fastos gordos. Así que no es prescindible en este momento; de lo contrario, hagan una encuesta en la calle sobre la BBC. Y llévense las manos a la cabeza. 

La clase media del Bernabéu

Jueves, 15 Septiembre 2016

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Hacía demasiado tiempo que un entrenador del Real Madrid no ojeaba el banquillo para arreglar averías. Desde los “mismos once cabrones de siempre” de J.B. Toshack a los galácticos agotados de Carlos Queiroz, en los que Santi Solari fue el único banquillero de lujo. Tampoco Del Bosque pudo escapar de algunas plantillas famélicas para lo que demanda el club; de hecho, hubo un año en el que las perchas no le llegaron en la delantera y apostó por Guti como punta de lanza. Zidane ni siquiera debe entrar en el laboratorio: dos peones por puesto siempre es el primer reclamo en la lista de la compra, y el Madrid le ha obsequiado con un vestuario generoso, hasta el punto de que en la planta noble del Bernabéu están tranquilos con la sanción FIFA porque la plantilla tiene cuerda para rato (información, no opinión). El Sporting de Portugal puso a prueba esa tranquilidad y, de no ser por las típicas noches de taquicardia en el Bernabéu, Florentino Pérez dejará de ser por un tiempo el azote de los próximos mercados. Sí, el Madrid tiene plan A y B, y con más cantera que cartera. Aquella clase media de la que hablaba Míchel Salgado reaparece en clave hispánica con Morata y Lucas Vazquez en modo destroyer y sin miedo a las estrellas de rock.

Casemiro pone la argamasa a una medular que, de no ser por él, anoche se habría hecho trizas en sesenta minutos. El Sporting sigue cumpliendo la bendita manía de jugar con extremos, rara avis en estos tiempos, y a Marcelo le tocó el marrón de taponar a Gelson Martins, rápido, escurridizo y que dejó el talento defensivo del brasileño a la altura del betún. Le rendimos pleitesía durante la pretemporada porque ataca más, incluso que Benzema, pero Marcelo está cogiendo los vicios del último Roberto Carlos, que se sentía más media punta que lateral. Pero volvamos a Casemiro y su oficio de fontanería: nunca desfilará por la alfombra roja de Hollywood, pero cualquier entrenador le necesita casi antes que a un buen portero. No sólo tiene que cumplir su trabajo, también hace horas extras para cubrir el de los demás; por de pronto, cuando Toni Kroos se olvida de su precisión alemana y Modric coge la batuta  de Herbert Von Karajan en campo contrario. Case no necesita una palmadita en la espalda, mientras su nombre aparezca en la pizarra del vestuario.

Tampoco Lucas Vázquez pide aduladores que le taladren el oído. Su juego voltaico despierta hasta un Cristiano Ronaldo todavía miedoso de la lesión. No sólo Bale mete electricidad al Madrid, también esta el gallego sigiloso que nunca monta follón fuera del campo. Ya lo hace dentro cada vez que Zizou le pide voltear resultados. Justo lo que se le pide a Morata, híbrido de clase media y estrella, que no quiere asomarse desde la sombra de Benzema, sino golear como Hugo Sánchez, rematando al primer toque. El centro de James con escuadra y cartabón merecía el gol de Morata. El Bernabéu se incendió, le ovacionó y puso en órbita a Valdebebas. No todo es tanta Masía.

Italia le ha hecho un hombre

Sbado, 18 Junio 2016

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Le ponen nervioso las entrevistas de televisión y, por eso, sus asesores de comunicación le aconsejan cómo hablar delante de la cámara. Quizá Álvaro Morata nunca habría imaginado una avalancha de peticiones para que hable por toda Europa. Tímido de nacimiento, sigiloso en su vida personal, el delantero de la Juventus e inminente fichaje del Real Madrid, entendió hace dos años que el único atajo para ser correspondido por el club de sus amores era olvidarlo durante un tiempo. En su última temporada en España, Jürgen Klopp habló con él después del Madrid-Dortmund del Bernabéu y le dijo sin contemplaciones que intentaría ficharle ese verano. El Borussia no era mala opción, pero cuando la Juve telefoneó a su padre, Alfonso, se decantó por el Calcio para cursar un máster acelerado. El niño que tuvo que buscarse la vida ha madurado a base de collejas, las de Allegri, y los consejos eternos de Andrea Pirlo y Buffon, sus tutores en el vestuario. El fútbol siderúrgico de los italianos ha potenciado el talento atlético de Morata hasta tal punto que el propio jugador se sorprendió de los entrenamientos militarizados del Calcio. “Aquí practico el salto, el remate de cabeza, los movimientos de espaldas a portería y el ‘trabajo sucio”, confesó Álvaro a su familia a los pocos días de su estancia transalpina. Nada que ver con la intensidad diaria de Valdebebas, donde se sentía un marciano a las órdenes de Ancelotti.

La razón de la titularidad de Morata en esta Eurocopa resulta casi imposible de rebatir. Su espectacular contragolpe en el Allianz Arena de la pasada Champions terminó por convencer a Del Bosque: no sólo dispondría de un ariete clásico, rematador de microondas en el área, sino también a un Ronaldo Nazario de marca blanca. Dribló a tres jugadores del Bayern con una zancada que recordó a esa manada de búfalos con la que Jorge Valdano describió al ‘Fenómeno’. Sí, suena muy exagerado, pero la explosividad de Morata la tienen muy pocos delanteros en el mercado. Y, por supuesto, su empeño en el ‘trabajo sucio’ o, dicho en cristiano, darse de codazos con las defensas y despistar con desmarques para que otro se lleve la gloria. Ese trabajo de alcantarilla lo ha resuelto con matrícula de honor, porque así se forjan los capocannoniere en el campeonato mas puñetero del continente. Y el ex madridista sabe que, a pesar de no fardar de una estadística made in Cristiano, ya presume de cicatrices de guerra para afrontar la Eurocopa. Le acusaron de novato y en sus credenciales figura un gol en una final de Champions; le acusaron de que esta selección no tiene gol y en dos jornadas ha subido su P.V.P. Lo saben sus representantes y también en la planta noble del Bernabéu, donde están preparando una reventa de proporciones bíblicas. Arsenal, Manchester United y otra oferta desconocida también de la Premier aguardan al final de París, y Morata tiene claro ahora mismo que necesita minutos para continuar su meteórica carrera. Todavía no ha hablado con Zidane, pero ni el consejo más sabio de una leyenda, la leyenda, le perturbará su idea. No quiere ser fiel escudero de Benzema e intentar motivarse para jugar los minutos de la basura. Álvaro ha subido el escalón y es delantero titular. Volver al banquillo del Madrid es un lujo que él no se puede permitir. “Y eso que decían que no teníamos gol”, dijo Morata en la zona mixta de Niza, Parece que también le ha dado caña a eso de perder la timidez.

El cráneo

Jueves, 17 Marzo 2016

Bayern Múnich remontó por 4-2 a Juventus y se metió en ´cuartos´

De repente el nombre de José Mourinho volvió a la palestra. La trinchera tuitera que exhibe su efigie en cada ‘twitterbronca’ estaba a punto de sacar la artillería. Apenas quedaba un puñado de minutos para que se consumara el fracaso global de Guardiola en Munich. El Bayern moría en el pase corto, obsesionado con meterse hasta la cocina entre el bosque turinés. Fue entonces cuando el técnico catalán entendió la súplica de la grada: balones a la olla para que Lewandowski rematara cualquier microondas que se cruzara por ahí, o Müller hiciese de Raúl González y se escondiera en el único palmo de césped fuera del control de la Juve. Este Müller tiene alma de ‘7’ porque pelea contra gigantes y casi siempre merece recompensa. Es el tribunero por excelencia del Bayern, que agita al Allianz con un par de aspavientos. No obstante, su teatro nunca habría sido suficiente si ese Douglas Costa no hubiera reanimado al zombi bávaro. Suena a disparate que el mejor zurdo brasileño del momento no cuente para la selección siderúrgica de Dunga; aunque quizá Costa hubiese preferido compartir rondos con Rivaldo, Ronaldinho y el mejor Kaká. A la vecchia signora, que más sabe por vieja que por diablo, sólo se le podía tumbar con jugones, y ahí es donde el Bayern echó de menos al eterno Robben, y sus amagos por fuera y quiebros interiores. Resulta paradójico que este Robben con mil cicatrices de guerra encajaría sin discusión en el once titular del Real Madrid.. Al fin y al cabo, su rodilla no aparentaba ser tan de cristal como temía el club blanco.

Despotricar de Allegri el día después chirría demasiado por ventajista. Cambió a Morata con 0-2 porque consideró que el delantero se había vaciado con sus galopadas a lo Ronaldo Nazario. Él solo desmontó a la defensa bávara y a sus dos guardaespaldas, Xabi Alonso y Arturo Vidal; la carrera con balón en el gol de Cuadrado quedará para la posteridad, casi como el estratosférico gol de Ronaldo en Compostela. Morata fulminó su debate de la selección porque cualquiera que ose a dudar de su presencia recibirá una colleja con argumentos. Se fue el ex madridista con un cabreo de proporciones bíblicas, y Guardiola ordenó el ataque relámpago, mientras Thiago calentaba para su momento de gloria. Entró para inventarse algún pase imposible entre líneas y acabó chutando el gol que mandaba a la Juve a la morgue. Corrió para celebrarlo gritando de rabia, recordando los duros y solitarios momentos de su lesión; un año fuera de combate que le exigió un esfuerzo brutal. Les recomiendo que vean en youtube el documental 371 en el Alcantara narra los 371 días de calvario físico y psicológico que sufrió para recuperarse de una rotura de ligamentos. La mejor versión de Thiago garantiza el futuro de la selección española y, salvo sorpresa del mercado, Ancelotti le exprimirá como al Isco más espabilado que ha visto el Madrid.

Guardiola se irá de Munich con la desazón de no haber contentado a toda la hinchada. Haya o no Champions, las advertencias pasadas del gurú Franz Beckenbauer todavía flotan en el ambiente. Y como el carácter germano es tan cuadriculado, mejor golear con un delantero centro que dibujar galimatías tácticos con cinco delanteros medio falsos medio puros. De todos modos, la eliminatoria completa compila el vademécum de Guardiola con la aclamación popular: los 50 primeros minutos del Bayern en Turín fueran escandalosamente apoteósicos, tanto que dejaron al Dream Team de Cruyff a la altura del betún. Y la última media hora de anoche reivindicó la vieja escuela alemana que defiende la teoría de que el cráneo es la parte más dura del cuerpo humano.

 

 

El niño probeta

Lunes, 15 Junio 2015

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La travesía por el desierto está siendo dura. Las heridas del Mundial todavía no han suturado porque, sencillamente, no ha empezado la Eurocopa. Entre el lifting  poco convincente de España y la ternura del grupo de clasificación, la gente ha dado la espalda a ‘La Roja’; así lo certifican las audiencias de televisión. Ha tenido que hablar Piqué y responder la afición de León para encender (e incendiar) con napalm la convocatoria nacional. Quizá fuera la única forma de prestarle atención: Costa Rica y Bielorrusia apenas han ocupado un breve en los periódicos, salvo el morbo de Keylor Navas en la portería. Desaparecido el tiqui-taca, la selección es un niño probeta con un futuro sospechoso: nadie se atreve a asegurar que crecerá fuerte y sano.  A la generación de Luis Aragonés le ha sucedido otra promoción de locos bajitos que antes de triunfar tiene que meter la pata. Así sucedió en el Mundial de Alemania., pero entonces el ‘Sabio de Hortaleza’ había encontrado en Xavi la solución al eterno sudoku de España y peleó con esa idea. Del Bosque tampoco se olvida del balón, la verdadera génesis de tanta borrachera de éxito: Iniesta, ausente por lesión, todavía amaga con instantáneas de Oliver Atom que superan la ficción; Isco es el quinto elemento que está por llegar. De su imán en la bota de derecha depende la circulación sanguínea del ‘enfermo’.

Bielorrusia eligió el estadio del Bate Borisov para pergeñar una encerrona. Su particular Ipurúa amenazaba con cortocircuitar el juego de España y convulsionar aún más el incierto establishment de la selección. Pero, de repente, los nuestros salieron de la trinchera y buscaron la yugular del metalizado bloque bielorruso. Morata es un delantero centro que descompone defensas con red de arrastre; su pureza en el área facilita el fútbol en tres dimensiones del resto, entre ellos, un Jordi Alba que desgasta la banda como el correcaminos y ahora sólo tiene que alzar la cabeza para poner el balón en la olla. De la fábrica de laterales en serie que ha generado el Valencia, Alba es el que mejor imita la explosividad del ex madridista Roberto Carlos.; de su estado físico en Francia dependerá la viveza de la selección.  Y cómo no David Silva, considerado un duende en Manchester y que con la camiseta roja tan pronto saca el diablillo como se queda alelado en el limbo. El canario es creatividad pura, un Michael Laudrup en chico que nunca sabes cómo te va a sorprender; su espontaneidad atrajo al Real Madrid, que preguntó por él hace seis años. Y para romper muros de hormigón como el de anoche, mejor sortearlos que pegarlos de frente.

Y cómo no el efecto Casillas. Concentrado en la importancia de no complicar la clasificación, sacó un  mano a mano decisivo e inspiró confianza. Detuvo las tres ocasiones de los bielorrusos recordando aquella frase de Fernando Hierro cuando espetó que el Madrid necesitaba un portero que parase los dos balones que le llegaban al área. Casillas siempre superó esa expectativa, falseando además la reflexión de Hierro. Porque la estadística no miente y al Madrid del gran Iker le solían acribillar a disparos. Quizá sea tarde, pero un Casillas mentalizado, ajeno al ruido ensordecedor del entorno, puede competir contra De Gea sin ninguna sospecha. 

El Madrid no juega ni a las tabas (episodio VIII)

Domingo, 6 Octubre 2013

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Paco González escupió la comparación que temía el madridismo y que habrá rondado en la cabeza de Florentino: “Este Madrid perdería con el del año pasado”. Nadie quería mentar a Mourinho el día que se autoproclamó desde Londres rey de reyes por haber conseguido la Liga de los récords, pero tampoco nadie imaginaba una calamidad semejante en un equipo confeccionado con billetera para cortarle las alas al Barça. El sospechoso Ancelotti descubrió el secreto mejor guardado de su nuevo club: el orgullo incontenible del Madrid que provocan esos “cinco minutos que le valen para ganar, cuando juega”, como justificó el italiano ante la prensa. Sin embargo, un pequeño matiz: el equipo recuperó ese momento espasmódico que barre a cualquiera del campo, pero no el fútbol. El Madrid no juega ni a las tabas, y los chispazos milagrosos no sucederán en cada partido; a la afición se le está acabando la paciencia y a Carletto se le exige aclarar una táctica contrarreloj. Menos mal que toca parón de selecciones y el mismo de siempre, o sea, Cristiano, evitó una crisis demasiado duradera.

Susana Guasch le comentó una noche al ‘Kun’ Agüero que él era medio Atleti, bueno, mejor dicho, el Atlético entero. A Cristiano nadie, insisto, nadie, tiene que recordarle que el Madrid de los cientos de millones depende exclusivamente de su ánimo. Si está triste, peligro, y si celebra goles con la rabia del Increíble Hulk, entonces todo el equipo puede permitirse el estado de euforia. CR7 hace y deshace a su antojo, por eso su renovación era asunto capital para el porvenir del club y su presidente. Precisamente, sería aconsejable que Florentino corrigiera sus discursos plomizos añadiendo ‘cantera’ en la misma frase que ‘cartera’. La historia contemporánea de los merengues se refiere a la cantera como recurso agónico para salvar situaciones límite: por orden cronológico, ocurrió con José Luis Morales y sus goles salvadores en el año 94; con la promoción exprés de Raúl, cuando no figuraba en la primera plantilla de Valdano y Ángel Cappa; con Casillas por una lesión de hombro de Bodo Illgner en el 99; con la eclosión de Javier Portillo ‘Portigol’ en aquel drama de Dortmund del 2003, y desde el derbi del pasado sábado Morata se ha convertido en el resorte físico y emocional del vestuario. Dicho soezmente, Morata es la colleja que el Madrid va necesitando en cada partido. Porque si la salud del grupo dependiese de Benzema, el equipo jugaría con un gotero.

El francés no se inmuta ni por el drama de cada partido ni, mucho menos, por el debate continuo y altisonante de la opinión pública. Él sale al campo y hace lo que puede, sólo que “los ganadores se llevan a la chica del baile y follan”, tal como le explica Sean Connery a Nicolas Cage en un diálogo de La Roca. Benzema juega y punto; si mete gol, pues vale, y si no, pitada con desgana. Su indiferencia es máxima en un equipo que anoche sacó el carácter para no tirar la Liga por el sumidero. A Morata le falta rodaje, pero su motivación cuadruplica, como mínimo, a la de su competidor. Y de momento, Ancelotti no ha sacado el látigo, pero su impasibilidad no cuadra en esta fase de mayday, en la que el Madrid pierde el control contra todos los equipos. Y no es que urja una catarsis en las próximas dos semanas, sino que entrenador y futbolistas deben construir algo desde la tabula rasa que ciega al Madrid. 

Thiago, Isco y Von Karajan

Mircoles, 19 Junio 2013

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“Hemos vuelto a hacer historia desde el gol de Marcelino. Espero que otros sub’21 sigan nuestro camino”. Fue lo primero que respondió Eusebio Sacristán, todavía vestido de corto sobre el césped del estadio José Zorrilla, a un periodista de ABC el día que el fútbol español, al menos su base, ocupó por primera vez un pequeño hueco en las portadas nacionales. La hermana pequeña de la selección absoluta se había proclamado campeona de Europa contra la pétrea Italia de Walter Zenga, Donadoni y Mancini ante cuarenta mil espectadores, la cifra que la Federación Española había manejado para colmar el escaso interés mediático que había originado la final. Consciente de ello, el seleccionador de aquel combinado, Luis Suárez, empezó su conferencia de prensa diciendo que en 120 minutos se habían jugado el trabajo de dos años; entonces, el gran público apenas conocía el sistema de las competiciones inferiores. Pero el objetivo se había cumplido: el fútbol español podía fardar de un futuro más o menos creíble que pudiese acabar con la angustiosa maldición de los cuartos.

Los Eusebio, Sanchís, Quique Sánchez Flores, etc, abrieron el camino para unas generaciones venideras inolvidables, sobre todo la del gol de Kiko en los Juegos Olímpicos de Barcelona. Quizá esa gesta olímpica todavía guarde más épica que cualquier Europeo, incluido el último y soberano repaso de ‘La Rojita’. Porque, precisamente, ellos van a heredar el nuevo estilo de nuestro fútbol, tan lejos y antagónico del grito histórico de Belauste, ‘A mí el pelotón, Sabino, que los arrollo’, símbolo centenario de la furia española. Si la primera parte de los mayores contra Uruguay fue propia del Circo del Sol, ayer Lopetegui se erigió en Herbert Von Karajan, dirigiendo una orquesta sinfónica en la que Thiago e Isco dejaron boquiabiertos a los telespectadores. Arsene Wenger se atrevió a decir durante la pasada Eurocopa que él sería capaz de ganar la Premier League con los suplentes de España; la sub’21 tampoco le andaría a la zaga. La promoción de Del Bosque necesitará retoques después del Mundial de Brasil y las garantías son absolutas.

De Gea se ha consagrado ni más ni menos que a la vera de un tal Sir Alex Ferguson y el Manchester se frota la manos porque tiene portero para rato; a Iñigo Martínez se le intuye un central con el carisma de Hierro, pero aún tiene que corregir ciertas manías defensivas para dar el salto a un grande; Tello vive en un desborde permanente, le gusta fintar, quebrar y ridiculizar en la banda a quienes se ponen por delante; Morata, revulsivo durante todo el Europeo, va a hacer la mili en su Real Madrid, la mejor escuela para aprender el oficio de artillero. Y, por encima de todos, Thiago e Isco. He oído decir estos días que el hijo de Mazinho es un “Guti en malo”; desde luego, la final le ha borrado de un plumazo tal denominación de origen. Es cierto que sus diabluras con el balón no llegan a ser tan talentosas como las del ex madridista, pero ha demostrado alma de capitán y el Barça debería tenerlo en cuenta para no usarle de refresco la próxima temporada. A quien se le ha quedado pequeño su club (con todos los respetos) es a Isco. Málaga le ha visto nacer pero no culminar una carrera que se antoja deslumbrante. La Premier, el City, le irá como anillo al dedo para inventar pases increíbles y regates en un metro cuadrado, aunque en España tampoco le harán ascos.

En definitiva, la gracia es que todos ellos jueguen en sus clubes para que sus poderes no se oxiden; están en la edad perfecta de asumir responsabilidades importantes en sus clubes y dejar de ser niños. Porque, por detrás, se les acercan a pasos agigantados los sub’20, a quienes veremos en el inminente Mundial de Turquía con Jesé y Deulofeu en plan estrella. El fútbol español ha pasado de oler a naftalina en Eurocopas y Mundiales a excitar a las masas en cualquier categoría imaginable. De hecho, la FIFA lo tiene más fácil que nunca para ordenar su ranking mundial: primera, España (la de Del Bosque); segunda, la sub’21; tercera, quizá la sub’20…