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Guardiola a la caza del topo

Lunes, 25 Noviembre 2013

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“Cuando conocimos la alineación del Real Madrid y ya se hablaba de la posibilidad de que Pepe o Ramos jugaran por dentro, intuíamos que podía haber mucha gente en ese sector y queríamos jugar uno contra uno: Messi en la derecha y Neymar en la izquierda”. El ‘Tata’ Martino agradeció el chivatazo de la prensa en el último clásico del Camp Nou. Casi tres horas antes de comenzar el partido, el rumor de que Sergio Ramos jugaría de centrocampista corrió como la pólvora por twitter. Algunos lo tacharon de disparate, otros fueron prudentes, ¿no era lo más lógico? Al final, COPE y SER acertaron: Ramos salió de medio centro y Bale arriba para intentar pegar cualquier balón que se menease por ahí. Después de la derrota, Ancelotti no quiso saber nada de supuestas filtraciones: el fútbol de su Madrid estaba rodeado de una espesa nebulosa y, por eso, el italiano no tenía tiempo para minucias.

Desde el clásico no ha trascendido ninguna bronca de Ancelotti a su vestuario por la supuesta filtración. Si no ha habido correctivo es porque, lógicamente, nunca existió (esas intrahistorias guardan tanto morbo que es difícil no largarlas). No obstante, la previa del clásico con el runrún del once titular merengue recordó a los tiempos de acojone de Mourinho. El primer Madrid-Barça que vivió Mourinho en el Bernabeu no tenía demasiada repercusión: se disputó en la jornada 32 del primer año del portugués y el Barça casi había sentenciado la Liga. Sin embargo, era el primero del llamado ‘rally de los clásicos’ que empezaría por ese partido, seguiría por la semifinal de Champions y acabaría con la final de Copa en Valencia. Pues bien, dos horas antes del inicio, la web del MARCA publicó a todo trapo que Mourinho plantearía el primero de sus famosos ‘trivotes’. Consistía en un simulacro para el duelo crucial de la ida de Champions: Xabi Alonso, Khedira…¡y Pepe! formarían contra todo pronóstico un muro de contención contra el ‘tiki taka’ de Guardiola. Las intenciones defensivas de Mourinho eran previsibles, el ‘trivote’ nadie lo habría siquiera imaginado.

Días después de ese Madrid-Barça, el periodista Diego Torres publicó en El País el cabreo volcánico de Mourinho con su vestuario. De puertas adentro recriminó a la plantilla que le hubiesen “traicionado”. Además, instó al club a perseguir al topo hasta conseguir pruebas irrefutables para echarle. A partir de ese momento, todos los futbolistas blancos tuvieron excesivo cuidado en sus contactos con los reporteros, tanto en encuentros físicos como en llamadas de teléfono móvil.

El último lío de topos saltó a la palestra ayer en Munich. La cadena de televisión Sky anunció que Guardiola había detectado filtraciones en un grupo que pretendía convertir en una piña hermética ajena a la opinión pública y unida por la filosofía de su nuevo gurú. El diario Bild Zeitung, de línea sensacionalista y el más vendido (por unidad) no sólo en Alemania sino en Europa, ha clavado todas y cada una de las alineaciones del Bayern de esta temporada. Guardiola ha acabado hartándose a raíz de la publicación del pasado viernes (víspera del Borussia-Bayern), cuando el periódico alemán anunció la alineación en la previa con las posiciones exactas de cada futbolista. Incluso, el Bild acertó en la táctica de ‘balones largos y cambios de orientación’. Según Bild, Guardiola espetó a sus jugadores en la charla previa del hotel de concentración de Düsseldorf que “rodarían cabezas” y le daría igual quien fuese el topo, “no iba a jugar más”. Los tentáculos de Bild en la Bundesliga son inimaginables, con reportajes minuciosos de cada equipo y entrevistas con difusión máxima. A partir de ahí, cualquier información no pasa de ser pura elucubración. ¿Quién es el topo:  algún futbolista, alemán, claro; utilleros, fisioterapeutas, médicos? Quizá  entre en el redil gente del cuerpo técnico que estuvo con Heynckes. Muchos sospechosos que el club bávaro tendrá que investigar de arriba abajo, es lo mínimo que va a pedir Guardiola.

El técnico catalán no concede entrevistas como primer mandamiento; de hecho, fue una de las primeras directrices que comunicó al presidente Uli Hoeness y Rummenigge en aquella reunión de Nueva York. Y, claro, al Bild no le ha hecho ni pizca de gracia que Guardiola no conceda entrevistas exclusivas, por respeto a sus lectores y al prestigio del diario. Es información, no opinión. Pero desde el propio Bild niegan que se trate de vendettas, no con “el entrenador de un equipo que está cuadrando la perfección”. Dicho lo cual, el Bild ha partido la pana: la aburrida inercia de victorias ha saltado por los aires, porque ahora el morbo está servido. Todos los medios alemanes se vigilarán unas a otros en las alineaciones que publiquen, y eso a pesar que Pep haya terminado con la tradición de los entrenamientos a puerta abierta. Se busca un topo y su descripción, según Bild,  se acerca a un tío con botas de fútbol. La neurosis de Guardiola ha comenzado.

Ancelotti, de oficio entrenador

Martes, 29 Octubre 2013

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“El fútbol, siendo lo importante que es, es de las cosas menos importantes de la vida”. No lo dice un filósofo, sino un entrenador que disfruta de su oficio y del abanico de placeres que un hombre como él se puede permitir. Carlo Ancelotti todavía está probando los voltios de su nuevo cargo: cree que en el fútbol está todo inventado, aunque se le ocurran tácticas imposibles e ininteligibles, y ha decidido sondear a la prensa, la génesis de todos los palos que le están cayendo desde el clásico. Y como las comparaciones son odiosas pero necesarias, la sombra de su antecesor le perseguirá gane o pierda títulos; es ley de vida. Anoche el técnico del Real Madrid visitó El partido de las 12. En la redacción intuíamos una entrevista tensa, de trincheras entre los críticos del nuevo Madrid y las justificaciones del invitado. Sin embargo, todo se vino abajo cuando espetó que él fue el “máximo responsable de la derrota”. Nada que objetar y adiós a esa supuesta entrevista de saque y resto. Que no suene ventajista porque es la realidad: en diez jornadas Ancelotti se ha autoinculpado una vez, una más que Mourinho durante tres temporadas. La diferencia capital es que al portugués le encantaba sacar su carácter poliédrico ante la prensa (agradable y agresivo; desafiante y víctima; jocoso y cortante), mientras que Carletto toma distancia con la prensa, sabiendo que atenderla es uno de sus cometidos, pero que su tiempo es oro y no lo va a perder pergeñando estrategias de comunicación.

Le apasiona hablar de fútbol y evita los rodeos en las respuestas. ¿Sergio Ramos? “No creo que me equivocará con él de mediocentro”; ¿la polémica de la portería? “Diego López jugará la Liga hasta el final y Casillas, Champions y Copa. Punto”; ¿el Madrid aburre? “Vamos a mejorar”; ¿Khedira? “Fue titular con Mourinho, en Alemania con Löw y conmigo. Puede que todos los entrenadores estemos locos”. Su discurso no da la sensación de estar prefabricado, simplemente suelta lo que piensa. Y lejos de encasillarse como un gran entrenador con principios sagrados como Cruyff y el primer toque; Mourinho y el juego sin balón; Guardiola y su ‘falso nueve’, para Ancelotti las pizarras no son hieráticas: si una táctica no funciona, se cambia. Así lo reconoció en la búsqueda del buen juego. Acepta las críticas a su estilo porque él mismo anuncia que aún no ha dado con la tecla. Al menos, se le nota motivado con el reto, pues ha entendido que la grandeza de su nuevo club dista mucho del puro ‘resultadismo’, aunque la soga de la ‘Décima’ apriete cada vez más. Tampoco le molesta demasiado: le ha tocado el marrón de ganarla y  en ese filo de la navaja se siente cómodo. Los desfiles de entrenadores no son novedosos para él: la Juventus no creyó en él por falta de títulos, el Chelsea le vio oxidado después de un doblete Premier-Copa y sólo el Milan tuvo paciencia, tanta que Ancelotti lo obsequió con dos Copas de Europa. Era más o menos obvio que París lo contemplaba como una estación de paso.

Cuando habla, su discurso lineal hay que atenderlo sin despistes porque de repente alcanza picos de audiencia máxima. “Me daría miedo ser el entrenador por que Casillas pudiera dejar el Madrid”. ¿Hola? Puede que nunca más un entrenador del Real Madrid use la prensa como confesionario. Poco le importan a Ancelotti reflexiones tan contundentes;  lo dice con cara de medio arrepentido y no te puede caer mal. Y menos con sus chascarrillos y promesas. ¿Zidane? “Habla con el vestuario pero piano, piano”; ¿La ‘Décima’? “Si la ganamos, al día siguiente les conceda otra entrevista”. Genio y figura. Se acabaron las tensiones pasadas, aunque fueran más divertidas. Hay gente que prefiere entrenadores cabrones, pero también los hay competitivos sin sacar el látigo, ni el físico ni el metafórico. Llega un entrenador de oficio, nunca mejor dicho, ¿por qué no va a disfrutar de un cigarro y la buena comida? Y mejor aún, ¿por qué ocultarlo?  

Protegiendo a los cracks

Domingo, 20 Octubre 2013

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Ronaldo Nazario de Lima nunca olvidará su cariñosa bienvenida a la Liga española. Vestido de azulgrana, se estrenó en el extinto Carlos Tartiere con una expectación todavía mayor que la causada por su compatriota Romario años antes. Ronaldo era el fichaje estrella del campeonato y el Oviedo se intuía presa fácil para el voraz delantero. Sin embargo, lejos de sacar a paseo la manada de búfalos, las televisiones captaron la misma imagen una y otra vez, como si fuera un bucle. Ronaldo conoció a fondo al central César y a Gamboa; ambos sacaron sus respectivas trilladoras y advirtieron al ‘Fenómeno’ que España se parecía poco a la liga holandesa o brasileña. Entre los dos oviedistas pararon a un Ronaldo que no discutió las tres primeras faltas recibidas, pero que, a la cuarta, miró fijamente al árbitro Barrenechea Montero. La quinta infracción fue tan descarada que César vio amarilla. El equipo carbayón enseñó al mundo que la única forma de frenar la potencia sin control del nuevo era mediante patadas.

Noureddine Naybet, el central marroquí del Depor, aprendió al dedillo la lección de César y Gamboa: a Ronaldo se le paraba por lo civil o lo criminal, y así se lo hizo pagar la noche del Depor-Barça. La jugada que desnudó el vía crucis sufrido por el brasileño durante meses se produjo casi al final: cogió el balón en una de sus míticas arrancadas y penetró en el área, mientras Naybet, Djukic y Helder le pegaban a diestro y siniestro. La honradez de Ronaldo y su cuerpo fibroso impidieron su caída, por lo que continuó la jugada mandando el balón al poste. Dos días después, el portavoz y traductor del entonces técnico azulgrana, Bobby Robson, mandó un recado a la Liga y a los árbitros. Sí, un joven e inexperto José Mourinho salió a la palestra pidiendo justicia…”Hay que proteger a los cracks, y Ronaldo lo es”. Las estadísticas no engañaban: Ronaldo era el futbolista de Primera que más faltas recibía, una cada quince minutos. Una media simplemente escandalosa. Mourinho fue el primero que levantó la voz porque su jugador no se atrevía a quejarse en público. Eso, y el ansia de rematar cualquier jugada con palos por medio y, a veces, hasta dos o tres tráilers de frente, como en aquel golazo estratosférico de Compostela.

Neymar no dispone del físico granítico del primer Ronaldo y quizás, por ello, entre la gente queda la sospecha de sus supuestas ‘piscinas’. Y aunque es cierto que su cuerpo menudo es proclive al derribo, los números pueden ser un arma demasiado persuasiva para el Barcelona. Su rutilante crack ha recibido 35 faltas en las primeras diez jornadas; es decir, carnaza fresca para las defensas contrarias. No obstante, el brasileño asume su rol de neófito en esta nueva experiencia: juega y calla…hasta que reviente harto de tanta cuchilla. De momento, es su entrenador quien hace de escudo humano: Tata Martino no se calla y ya ha lanzado una indirecta bien clara: “A Neymar le pegan patadas”. Sucedió en Pamplona y, por supuesto, contra cualquiera que quiere birlarle la pelota por el atajo más fácil. A Neymar le falta muscular su figura para evitar esa caída fácil que algún árbitro ignorará. Y aunque duela de verdad, nada cambiará mientras siga mordiendo césped. Es injusto, sí; los números defienden su teoría, también; pero mientras el club pataleé, el poso de Neymar en la calle es la del formidable jugador que se cae con el roce. Una jugada como la de Ronaldo en Compostela podría ser la solución, sólo hace falta que se invente una igual.

Consuelos para Ancelotti

Jueves, 17 Octubre 2013

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Ancelotti no se ha metido en una casa cualquiera. A su antecesor le llovieron las críticas en un abrir y cerrar de ojos, el tiempo que tardó el equipo en aburrir a la grada. Sin embargo, Mourinho pidió un margen de confianza: “Mis segundas temporadas mejoran a las primeras, y la tercera, sin duda, es la mejor”. La profecía se cumplió a medias. Quizá por ello, Carletto reclama un balón de oxígeno en el Corriere della Sera. “No se puede jugar peor”, el titular es demoledor. Revisando hemerotecas, hacía muchos años que un entrenador del Madrid no hacía un examen de conciencia tan crudo y sensato. Precisamente, el último fue un compatriota, Fabio Capello, quien en las páginas de la Gazzetta dello Sport soltó la misma declaración una semana después de que el Recreativo de Huelva golease 0-3 en el Bernabeu en la temporada del milagro. Entonces, afición y periodistas no entendían qué atractivo tenían Emerson, Diarra, Gago o el postrero Cassano; con Ancelotti es diferente porque el club le ha construido una plantilla para jugar en dos pizarras: la del contraataque que tanto encandila a l vestuario, y ese fútbol control que susurra el entrenador por miedo a decirlo muy alto.

El consuelo más simplista apunta a que Pep Guardiola también fue silbado antes de erigirse en el semidios que es ahora en Can Barça. Su era vivió un par de convulsiones, exactamente los dos primeros partidos de la primera Liga: derrota en Soria y empata contra el Racing en el Camp Nou. Y entre medias, una derrota contra el Sant Andreu en la Copa Catalunya con un once de segunda fila. Todo influía y Laporta empezó a sospechar hasta que el Barça encadenó nueve victorias consecutivas metiendo media docena a Atlético, Sporting y Valladolid, y una manita al Almería. A partir de la duodécima jornada, aquellos dos pinchazos sólo eran sombra y cenizas: Guardiola había recuperado la esencia del extinguido Dream Team. La comparación suena escandalosa, un disparate en sí, pero a Florentino Pérez apenas le queda la baza de su nuevo técnico; no en vano, otro revés en la Champions pinta terrorífico. El tópico de que no ganar en el Madrid es fracasar vuelve a airearse, porque sólo los blancos y el Barça contemporáneo, no el victimista que acabó con Cruyff, caminan con esa maldición que a la vez les ha regalado su grandeza.

También hay otra tendencia escapista para comentarla en la barra del bar: la ‘Séptima’, ‘Octava’ y ‘Novena’ también comenzaron con demasiadas dudas. En la primera, el Madrid de Jupp Heynckes se conjuró para conquistar Europa descuidando la Liga desde el principio. Las estadísticas fueron palmarias: el equipo sólo logró seis victorias en las primeras diez jornadas. El año de la Champions de París fue un auténtico thriller: el equipo pasó la primera liguilla de grupos con velocidad de crucero, pero Toshack fue fulminado con dos victorias en trece partidos ligueros y el ilusionismo de ver un cerdo volando sobre el Bernabéu. Y, paradojas del fútbol, la ‘Novena’ de Zidane se fraguó bajo el plebiscito público de su gran estrella: tres victorias en diez jornadas auspiciaron el debate de si el Madrid jugaba mejor sin Zidane que con él. La volea del astro francés enterró para siempre aquella estúpida discusión.

El Madrid de Ancelotti marca las mismas trazas que los antecesores campeones. El clásico de la próxima semana decidirá si los blancos retoman la candidatura liguera o si es mejor involucrarse de lleno en la Champions. El entrenador es experto en manejar los tempos del torneo por antonomasia; los campeonatos domésticos tampoco le han importado demasiado (un Calcio en ocho años), a pesar de haber ganado casi en tantos país como Mourinho. ¿El año de la Décima? Mejor no insistir en ello, como aconsejó el madridista confeso Rafa Nadal. Sin embargo, a la autocrítica se le llama un buen principio.

Valdano, pegar con guante de seda

Mircoles, 9 Octubre 2013

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Siempre es un placer escucharle porque pega con guante de seda, y, aunque ha tragado quina en los últimos tiempos de poder omnímodo en la Casa Blanca, nunca lanza misiles tomahawks. Prefiere una retórica bien adornada para defenderse. Jorge Valdano habló anoche en El partido de las 12 de su nuevo libro ‘Los once poderes del líder’ y, claro, sin buscarlo el morbo estaba servido: ¿reunía Mourinho esas virtudes? “Él no es ejemplo de este libro porque su liderato consiste en acumular poder”. Pero al público le gustan los hechos y, quizá porque se ha diluido con el tiempo, Valdano confesó que el clímax de su desencuentro fue la bronca que el ex director general echó a Pepe en el vestuario del Bernabeu después de que el portugués hubiese menospreciado a Soldado durante un Madrid-Valencia. Entonces, Pepe se lo chivó a su entrenador y Mourinho estalló de ira vetando a Valdano incluso del centro de entrenamiento de Valdebebas. Su calidad maestra de portavoz, tan aliviante para el presidente desde que entró en este mundillo allá por el año 2000, chocó de frente con las estrategias de comunicación que Mourinho pergeñaba y con las que trataba de persuadir a su plantilla. Aquella frase demoledora diciendo en Almería que “Mourinho tenía un delantero en el banquillo llamado Benzema” le sentenció para siempre.

Paradojas de la vida, el mismo que justificó el despido de Del Bosque animando a un “cambio de estilo de libro”, es hoy un defensor más en la trinchera del seleccionador nacional. Iker Casillas ha motivado una guerra entre yihadistas y ‘antiyihadistas’ en la que Valdano expone sus colores sin tapujos: “Si Casillas cometió un error, sería fuera de la cancha. Dentro no lo hubo”. Y el Madrid siempre ha sido una bomba de relojería en la que guardar secretos es un reto imposible; al fin y al cabo, para la audiencia española el morbo no es que el Madrid gane o esté en crisis, sino los trapos sucios del vestuario. “No me pareció digna la acusación a Iker”, dijo Valdano. Nadie del club, ni siquiera Mourinho, señaló al portero en público, pero, por supuesto, el argentino se sabe todos los secretos de alcoba desde el despacho presidencial hasta los trasteros de Valdebebas. Obligado por protocolo periodístico a contestar del pasado, Valdano tenía más ganas de hablar del incierto Madrid de ahora. Lejos de sus intensos circunloquios, explicó en un puñado de palabras el problema de Ancelotti: “Está buscando y se le nota mucho, En cada partido hace un cambio táctico sustancial”. La solución, blanca y en botella: su “oráculo” Xabi Alonso. Es el centro neurálgico del equipo y la afición le estima demasiado, sobre todo en un momento en el que Khedira ni defiende ni ataca e Illarramendi busca su sitio metafísico en el campo.

Mirando con perspectiva los achaques del Madrid, Valdano sabe vender sus palabras como nadie, sobre todo, cuando recurre a sus nociones de marketing: “La frase de ‘Zidanes y Pavones’ todavía no ha sido sustituida”. Y es verdad. De traer a los cuatro galácticos, se maquilló la llamada ‘clase media’ con gente incompetente como Pablo García, Gravesen o Diogo. Urge un nuevo eslogan, algo así como ‘Cartera y Cantera’ o ‘Cristiano y diez más’, uno que defina con precisión el leit motiv del club. Valdano es de esos entrenadores que aprecia el tiempo para macerar ideas, algo imposible de introducir en el club más impaciente del mundo. Por eso, fuera de antena, revela que le gusta mucho un técnico muy de moda, Jürgen Klopp. Pero no por haber inventado un equipo con pocos millones, sino por su concepto existencialista del fútbol. Diego Torres cuenta en su último libro que Klopp, durante el último parón invernal de la Bundesliga, se llevó al Dortmund a España y allí, en una conversación relajada, dijo que le encantaba el Borussia porque su trabajo duraría unos cuantos años, los suficientes para contar en la primera plantilla con chavales que ahora tienen trece o catorce años. Sin embargo, en Dortmund, al contrario que en el Madrid, no ganar no es fracasar. Uno de los grandes motivos de la grandeza blanca: esa exigencia asfixiante.

Por último, Özil. Valdano entendió su salida: “Ancelotti debió aceptar, o elegir entre Bale y Özil”. Lo compara con el fichaje de Cristiano en 2009, “nos pasó lo mismo con él y Robben”. La leve diferencia es que CR7 va camino de ser el jugador más importante de la historia merengue, con permiso de Di Stefano, y Robben estremecía a la grada con su rodilla de cristal. Quizá Valdano no atinara con la comparación. No obstante, se agradece su plática de vez en cuando.

¡Peligro! Benzema en estilo lounge

Martes, 1 Octubre 2013

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Cuenta Diego Torres en su diatriba contra Mourinho Prepárense para perder que durante un Zaragoza-Real Madrid del primer año del portugués, éste no se cansaba de corregir desde el banquillo los movimientos de Benzema sobre el césped ante la mirada de todos su cuerpo técnico y suplentes. “¡Esto es una vergüenza!, ¡esto no es ni gato, esto es un conejo!”, gritó el entrenador aludiendo a la metáfora sobre cazar que días antes había hecho con su ‘perro’ Higuaín y el ‘gato’ Karim. A Mourinho le importó poco que el delantero francés fuese elegido a dedo por el presidente, tan implicado en el fichaje que viajó hasta su casa en el barrio del Bron de Lyon para convencerle: “Si fuera por ti tendría que poner los entrenamientos a las doce, porque llegas dormido a las diez y a las once todavía sigues dormido”, le dijo su entrenador a la cara en un entrenamiento. La duda era averiguar si sólo Mourinho le tenía ojeriza personal o, de verdad, la grada no iba a tolerar futbolistas acomodados en el limbo. El tiempo le está dando la razón a quien una vez fue The Special One.

La culpa de que Benzema deambule por el Bernabeu como si llevase grilletes está en la cabeza del propio futbolista. Quién sabe si todavía guarda rencor a los malos momentos que vivió con Mou o el poco afecto que encontró entre los directivos durante sus primeros meses, cuando el entonces director deportivo, Jorge Valdano, desveló que la primera opción “clarísima” fue David Villa por delante del ‘gato’. El caso es que el estado anímico del jugador discurre por una auténtica montaña rusa: de jugar apenado, de repente se activó en la Liga de los récords previo asesoramiento de Zidane, quien le recomendó después del primer año que acudiese a una clínica italiana para estilizar su figura. Benzema obedeció, perdió siete kilos y notó que su presencia ya no era tan arrítmica en el Madrid voltaico que pretendía Mourinho. Sin embargo, no tardó en caer otra vez en el ensimismamiento, volviendo a la versión de monsieur empané. Y el Bernabeu es un público exigente que puede perdonar fallos delante de la portería, como los tuvo Higuaín, pero nunca una relajación de sauna turca.

Una fuente muy autorizada para hablar del Madrid, ex leyenda del club, compara a Benzema con Anelka. Afirma que al Bernabeu no le gustan esa clase de jugadores porque, sencillamente, “jamás han funcionado”. Y a tenor de lo poco que ha demostrado Benzema en cuatro temporadas, sí es cierto que el fútbol elaborado es lo que cuaja mejor con su técnica, lejos de los contraataques de tres o cuatro pases a los que se ha acostumbrado el equipo en los últimos tiempos. El delantero siempre se ha aliado bien con Cristiano, pero el portugués está ocupado ganando batallas por su cuenta, porque el colectivo no funciona, y Ancelotti aún no ha aclarado al vestuario cuál es la hoja de ruta. Tanta incertidumbre está atorando la cabeza de Benzema, sobre el que no paran de aflorar rumores en la capital, el último apunta a que juega titular porque Carletto quiere agradar a su presidente. Sea o no cierto, el madridismo no entiende por qué el club se mostró tan reticente a las salidas de Morata y Jesé, y ambos apenas han dispuesto de minutos. Técnicamente, Morata no es mejor que Benzema pero diez minutos en el derbi constataron que, a falta de fútbol, el Madrid reacciona con espasmos, como hizo el canterano y ni siquiera intentó el francés. Al final, todo es tan simple como observar la bronca de Pepe a Karim exigiéndole que sudara la camiseta (al central sólo le faltó darle varios tortas para espabilarle). El Bernabeu lo entiende así y no aceptará mucho más tiempo a un Benzema estilo lounge.

El ‘trabajo sucio’ de Khedira

Jueves, 5 Septiembre 2013

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“No conozco a nadie mejor que Khedira en su posición”. La declaración de intenciones de José Mourinho chirrió demasiado en España pero no en Alemania, donde criticar a Sami es casi blasfemia. Durante la última Eurocopa, el seleccionador alemán, Joachim Löw, se extrañó por la consideración tosca que nuestro país tenía (y sigue teniendo) de un internacional imprescindible en su selección y de los más valorados por la opinión pública alemana. Löw no entendía las críticas del Bernabeu contra un jugador que “evita que el contrario te parta la columna vertebral”. Sin duda, en Polonia y Ucrania el centrocampista madridista sorprendió a la afición española desinhibiéndose de sus funciones primarias; era obvio que si Mou quería la mejor versión de él, debió aflojarle el corsé que le ha mantenido a espaldas de Xabi Alonso. Con su país, se anima mucho en el área contraria y hasta se atreve con remates de puro ‘nueve’, como su golazo contra Grecia en los cuartos de la Eurocopa. El problema para Khedira es que la afición merengue sólo ha amado a un trotón, Makelele (y porque actuaba de fiel escudero de un genio llamado Zinedine Zidane), y se hartó de copias tan baratas como Pablo García o el histriónico Gravesen.

“No imagino a este equipo sin Khedira porque representa al fútbol alemán: potencia y actitud”, ha dicho en repetidas ocasiones el legendario Oliver Bierhoff, manager deportivo de la Mannschaft. Parece que Florentino Pérez ha tomado nota de todas estas cartas de recomendación para decir ‘no’ a una oferta más que mareante, unos 50 millones de euros, del Manchester United. Primero fue Mourinho quien se partió la cara por el alemán, “Khedira es jugador top”, y en este principio de temporada Ancelotti se ha dado cuenta que es imprescindible para mantener erguida la columna vertebral del equipo.  Cualquier equipo se precia de tener ‘desatascadores’, jugadores que se pringuen las manos con el trabajo sucio, y en eso Sami es de los mejores. Extraña que el propio Mourinho no le haya pedido para el Chelsea; más si cabe, porque siempre ha sido uno de sus favoritos. No en vano, en la pasada Eurocopa el técnico portugués juró amor eterno a Khedira después del debut alemán contra Portugal. Mesut Özil fue nombrado jugador del partido con una actuación discutible y, cuando Khedira atendía a los medios de su país, Mourinho, que presenció en el palco el partido, pasó por detrás de su jugador, le dio una palmada en la espalda y le preguntó: “¿A quién le han dado el man of the match?”; “A Mesut”, respondió Khedira. Entonces, el portugués, en uno de sus arrebatos geniales e inesperados, le espetó: “Mal hecho, tú has sido el hombre del partido”.

La respuesta que recibió esta semana el United fue muy contundente: “Khedira es imprescindible”, dijeron en la planta noble del Bernabeu. Parece que el club aprendió de aquel craso error de Makelele. Entonces, el francés era un engranaje sin recambio de la plantilla galáctica y, consciente de ello, llamó al despacho de Florentino para pedir su merecido aumento. Lástima que el presidente le considerase uno más de la clase media, porque de haber intuido las nefastas consecuencias del galacticidio, le habría sugerido un cheque en blanco. Khedira quizá no se codee con el estatus que tuvo Makelele, pero ha pasado la prueba del algodón para continuar en el Madrid unos cuantos años más. Aunque a la prensa alemana sí le ha sorprendido que Florentino no le haya canjeado por cincuenta millones. Pasará bastante tiempo hasta que en el mundo del fútbol surja otra oferta tan redonda por un futbolista entre bambalinas. No obstante, es importante que en este mundillo de estrellas y cada vez más vedettes el trabajo sucio se pague bien.

Özil en el limbo

Martes, 27 Agosto 2013

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Davor Suker se cansó de Fabio Capello en su primera temporada en el Real Madrid porque nunca le dejaba acabar un partido. Solía jugar de titular indiscutible, pero al poco rato de las segundas partes le cambiaba. El croata estalló después de un partido contra el Zaragoza en el que el técnico italiano le sustituyó por Luis Milla a media hora para el final; Suker, que no había marcado ningún gol, enfiló el vestuario con cara de pocos amigos, se vistió de calle y esperó al pitido final para presentarse delante de un corrillo de periodistas. “No lo entiendo, siempre soy el pringao”, comentó el delantero. Se había acabado el armisticio con su entrenador, y eso que era el máximo goleador del equipo durante aquella liga 1996-1997. Mesut Özil es poco amigo de la prensa, es exageradamente tímido y aún no domina el español, mejor dicho, apenas chapurrea un puñado de frases para salir del paso. Pero, como Suker, empieza hartarse de la tónica a la que le está habituando Ancelotti: en el Bernabeu contra el Betis aguantó setenta minutos, anoche fueron cinco menos. Al mediapunta alemán no le sentó nada bien el cambio porque entendía que aún podía sacar al contraataque algún pase improvisado para matar un partido que se estaba volviendo feo. Sin embargo, Carletto decidió que su concurso no daba para más, así que Özil se marchó rápido a la ducha sin esperar al final del partido, se puso el chándal y subió al autobús.

El club no va a tardar en descubrir el genio de Özil, en cualquier acepción de la palabra. Su gran rendimiento en el campo, pese a las broncas puntuales (y públicas) de Mourinho, le ha convencido para pedir un aumento al presidente. Su asesor de prensa, Roland Eitel, dijo en la concentración de la selección alemana durante la última Eurocopa que su PVP de 15 millones (precio que el Madrid pagó al Werder Bremen) “se había disparado dos o tres veces”, sobre todo, gracias a la Liga de los récords y a asistencias tan perfectas como la que le dio a Cristiano en el segundo gol del Camp Nou, que valió el campeonato. Mustafa Özil, padre y representante del futbolista, no se lo pensó dos veces y acudió al Bernabeu para reunirse con José Ángel Sánchez. Según cuenta el periodista José Félix Díaz en El Confidencial, el padre expuso a la directiva que si Kaká ganaba nueve millones, cómo no le podrían pagar a su hijo al menos siete. La justificación es indiscutible, por la misma razón por la que Cristiano ha exigido una mejora para estar en el top 3 de los mejor pagados del mundo. Sin embargo, la situación deportiva de Özil ha cambiado: Mustafa utilizó una supuesta oferta del Bayern de Munich para jugar su baza en la negociación; quería obligar al club a declararle  imprescindible de todas, todas. Y así fue, pero el aumento todavía no ha llegado y Özil otea ya no tan en el horizonte un competidor que se está ganando el cariño de la grada a pasos agigantados.

Desde el momento que el Madrid fichó a Isco, el alemán entendió que debía espabilarse para no repetir actos de relajación, esos que tanto habían molestado a Mou. No obstante, el flamante fichaje blanco ha irrumpido antes de lo previsto; Florentino Pérez esperaba mucho de él, aunque no todo concentrado en dos jornadas y unos cuentos partidos de pretemporada. Quizá sea la competencia porque, mientras Isco ha salvado al Madrid de un inicio liguero demasiado discreto, Özil deambula por el limbo y Ancelotti se lo ha hecho saber cambiándole dos veces consecutivas. Visto desde la perspectiva de sus tres años en Madrid, a Özil le va a costar coger el tranquillo a un ritmo de juego más mascado que el pim, pam, pum de su ex entrenador. Pero el talento sigue ahí, a veces escondido y de repente en plena efervescencia; por eso, no le quedarán muchas oportunidades de titular para sacar sus gafas de visión nocturna y encontrar huecos en defensas enmarañadas. No vaya a ser que el italiano se retracte de sus tácticas alegres y ponga un muro de contención delante de la zaga que suponga su sacrificio. En las botas de Özil está el secreto.

Madridismo desagradecido

Mircoles, 21 Agosto 2013

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El columnista David Gistau escribió en el diario ABC el pasado viernes una metáfora muy acertada sobre el estado actual del Real Madrid. Cree que el club “todavía recuerda a aquella imagen de un Marine en Bagdad tratando de derribar la estatua de Sadam Husein”. Se refería a la ‘desmourinhización’ de un club maltratado por los efectos pendencieros de su ex entrenador. Pero él ya no está, aunque su sombra sea demasiado alargada, tanto que en la trinchera de Casillas piensan que aquella maldita llamada a Xavi Hernández para sofocar un incendio nacional mató, desde entonces, al portero de España. Iker es un tío que ejerce su sinceridad desde la capitanía que se ha ganado por méritos incontestables; y eso, precisamente, es lo que le enfrentó para siempre al lado sith de Mourinho (los sith son los villanos extremistas de La Guerra de las galaxias cuya máxima era con ellos o contra ellos). El guardameta pasó de “merecer un Balón de Oro” (Mou dixit) a ser ninguneado por todo el cuerpo técnico, incluido forzosamente Karanka. España estaba con su ídolo, pero el portugués había logrado sembrar sospechas en un madridismo que había dejado de escribir hagiografías sobre el ‘Santo’. La consecuencia devastadora de esa grave fractura se ha visto en las últimas cuarenta y ocho horas: Casillas ya no es el tótem de toda la grada, a pesar de que nunca ha dejado de partirse la cara por el club de sus amores. Y tampoco el club ha querido parar su escarnio público.

Lo peor para él ha sido un largo e insoportable silencio que ha alimentado los argumentos de su ex entrenador. Casillas debió organizar una rueda de prensa para negar tajantemente cualquier sospecha de chivato del vestuario o, al menos, exigirle a la directiva una defensa pública de su persona. No sucedió ninguna de las dos y en estos días sólo hace falta acudir al twitter para descubrir a la legión de ‘anticasillistas’ que se encabrona si detecta el más leve apoyo al portero. Son los ‘yihadistas’ (acepción apadrinada por Arbeloa en twitter), que van a muerte con Mourinho y cualquiera detractor del mostoleño; los recuerdos de aquel Madrid que ganaba por Casillas y Ronaldo son ya episodios prehistóricos, así lo piensa el sector más desagradecido. Y, precisamente, hablando de respeto, el pasado junio Iker concedió una entrevista al suplemento Magazine de El Mundo en la que respondía a su ajusticiamiento público…”El respeto te lo ganas, y yo no me quejo por ello. Pero se nos olvidan las cosas muy rápido. Hay que tirar un poco de hemeroteca o de videoteca, incluso uno mismo. Aquí un día te están diciendo que has fallado en un partido cuando hace dos meses estabas levantando una Copa de Europa o una Copa del Mundo”. Las Champions quedan lejos, el Mundial y las Eurocopas serán eternamente recientes. Y, por supuesto, también que Iker Casillas ha sido el mejor jugador del Real Madrid durante un porrón de años. En sus inicios, el gran capitán Fernando Hierro, llegó a decir que el equipo necesitaba a Casillas porque paraba las tres que le tiraban. Buena reflexión, salvo por un matiz: daba igual que hubiese entrenado Del Bosque, Queiroz, Luxemburgo, Capello o Schuster, a la defensa la agujereaban más que un queso Gruyére y ahí siempre estaba el portero para despejarlas.

Es injusto obviar que Casillas no ha tenido sus mejores actuaciones durante la primera vuelta  que jugó la pasada temporada, una mala racha inflamada por el sambenito de las salidas aéreas. Sin embargo, le pasa lo mismo que al Barça: a falta de milagros, todo lo demás parece catastrófico. Si el Barça no juega de diez, ha bajado el rendimiento; si Casillas no salva al Madrid, está pensando en las musarañas. Es el lastre que arrastran los mejores en su especialidad. Ahora Ancelotti ha tomado una primera decisión, una elección supuestamente técnica (al italiano le gustan los porteros altos. De hecho, quiso fichar a Diego López para el Milan en 2007), física (Casillas se ha entrenado pocos días) y exenta de toda la morralla del año pasado. Aunque, empezando de cero, el meta gallego es muy buen portero, pero no de paradones imposibles. Ahí Casillas es indiscutible, lo dice hasta su colega Víctor Valdés, que algo sabe de porteros y no lo dice por ser amiguete íntimo de Iker, que tampoco lo es. Carletto conoce la dimensión del debate que ha generado: se ha ganado el respeto de los feligreses del ahora Happy One, pero se ha metido en un berenjenal, sobre todo, después de espetar en rueda de prensa que ya se vería quién juega en Granada. Y como Casillas siempre genera debate nacional, la prensa ha murmurado demasiada porquería en pocas horas, los más ruidosos saciándose con el cebo sensacionalista de que el cancerbero medita irse con inminencia. Si un partido ha originado tanto morbo, el panorama con Diego López jugando un puñado alcanzará niveles ensordecedores. Puede ser, entonces, que Casillas elija próximo destino.

Mourinho: herencia clara, herencia oscura

Lunes, 5 Agosto 2013

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El ex gurú de Ferrari, Ross Brawn, reveló una vez el secreto del éxito de Schumacher después de que éste conquistara su quinto mundial de Fórmula Uno con el Cavallino Rampante. “Michael cambió para siempre los hábitos de trabajo: quitó la hora del bocata de los mecánicos para trabajar y trabajar en el coche”. José Mourinho nunca pasará de moda en el madridismo, al menos, para parte de la gran masa, y, desde luego, su permanente y a veces impertinente presencia recuerda que él también devolvió el colmillo a un Madrid yermo de títulos y acribillado por eliminaciones facilonas en la Champions. Durante su tournée por radios y televisiones, Florentino se encargó de vender la salida amistosa del portugués: “hemos dado un salto cualitativo”, repetía con razón el presidente delante de los periodistas. Era su manera de sugerir al madridismo un recuerdo bonito del portugués y, en el fondo, justificar sus tres años de absentismo presidencial; una ausencia que obedecía al control absoluto de Mou. Aún así, el equipo encontró un método, más o menos espectacular, pero con una idea fija de matar al rival en un pim, pam, pum; y aún así, los jugadores se pusieron las pilas para no defraudarle o, a lo mejor, evitar meterse en el epicentro de su ciclón mediático.

Mourinho juró el pasado 04 de mayo que nunca hablaría mal del Madrid. “Siempre he salido bien de los clubes. La misma salida del Chelsea, que pareció controvertida, no lo fue. De todos los clubes donde he salido no existen registros de palabras negativas y críticas. Lo contrario. El día que me vaya de aquí no va a ser diferente”, espetó el portugués cuando el club ya sabía desde navidades que no iba a continuar. Y es verdad que el técnico no ha criticado al Madrid en la gira estadounidense cuando se ha referido a la entidad; “el Madrid es política”, dijo a la ESPN. Puede sonar kamikaze, pero pocos personajes que han pasado por el club han dado esa definición tan contudente. La pena es que el periodista no quiso (o no supo) ser mordaz y repreguntarle qué insinuaba su entrevistado. Da igual, con esas cuatro palabras Mourinho sí ha comprendido qué es el madridismo. Sin embargo, sin atizarlo explícitamente,  Mou ha atacado al Madrid por una lectura simplona pero certera para mucho aficionado: meterse con Cristiano es meterse con el Madrid.

Para entenderlo, Alfredo Relaño atinó con precisión en su editorial del diario AS de ayer, domingo: “Cristiano es el mejor jugador que ha pasado por el Madrid desde Di Stefano”. Es demasiado subjetivo, pero algunos lo creemos. Y todavía más carnaza contra ese “yo entrené al verdadero Ronaldo”: su resquemor traiciona la imagen de su ex presidente y todavía amigo Florentino. En aquel porrón de entrevistas, FP no se cansó de repetir que sólo contempla el futuro con Cristiano como líder de su proyecto. ¿Qué habrá pensado el presidente sobre esta última lindeza? Quizás que “una más y punto”, tal como se le escapó delante de varios periodistas en la presentación de la pasada final de Copa, cuando Mourinho se negó a comparecer en la rueda de prensa oficial de la previa. Habría sido ingenuo intuir que el affaire con CR7 iba a quedar liquidado en el Madrid. A Mou le faltaba la puntilla, de lo contrario, habría engañado a su personaje mediático. Y la respuesta de refranero que se la ha ocurrido al jugador obedece a que no quiere enturbiar más el asunto. Ambos pertenecen al universo de Jorge Mendes y una guerra de trincheras no sería buena para el negocio del superagente.

“Mourinho es como Eto’o; suele tener razón aunque a la gente le moleste”. Schuster, otro ínclito miembro del club de rajadas por antonomasia, no se equivocó en la comparación, pero atacar a Cristiano ha sido un golpe bajo. La pena es que parte del nuevo madridismo ‘yihadista’ aplaude sus palabras; por algo, es el muñeco favorito para ser despedazado por la prensa. Algunos tuiteros se preguntan qué periodismo inventaremos sin el portugués. Ninguno, porque nunca se ha ido. Y no sólo eso, sino que unos irónicamente y otros porque lo creen de verdad (juzgad vosotros) se rinden al primer entrenador de la historia de este club político al cien por cien que ha conseguido fracturar a la masa social y poner a su portero talismán de incompetente y soplón para arriba. Sí, el mismo portero que se deja la vida por el Madrid y que (es mi opinión) ha sido el mejor jugador de la plantilla durante cinco, seis, siete o vete a saber cuántos años seguidos. Ésa es la herencia oscura.