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El gran rondo de Guardiola

Mircoles, 17 Agosto 2016

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Vuelve el rondo de Guardiola. El balón siempre al pie, sin injerencias, y que corran los otros. Así hartó el City al Steaua en su propio estadio, tocando como si no hubiera mañana. A Nolito le preguntaron hace unas semanas si se arrepentía de no haber fichado por el Barça, sin duda una pregunta capciosa. “¡Pero si voy a estar con Pepe!” fue la respuesta juguetona del escurridizo delantero de la selección que anoche se asomó a la fiesta de esos locos bajitos de Manchester. De repente, el centro de gravedad ha bajado un palmo: Kun Agüero, David Silva, Sterling y el último invitado, Nolito. Un gran rondo de veinte metros cuadrados que hizo saltar por los aires la defensa rumana e hizo al portero Nita internacional. El Kun se ha quejado los últimos años del maldito último pase: socios que le pongan la pelota por delante para engatillar a la carrera, su especialidad. Con Guardiola los falsos nueves y los media puntas fantasmas estarán a su servicio: él es la estrella y si sus musculosas piernas y los penaltis no le traicionan, éste es su año. Prohibido rifar las jugadas; prohibido el patapum p’arriba; prohibido pasar sin pensar; prohibido centrar sin mirar. Es un decálogo de principios que cada jugador debe aprender o escribírselo en una chuleta como hacen los quarterbacks con las mil estrategias del fútbol americano.

A Roman Abramovich le costó conseguir la Champions para el Chelsea casi una década y más de mil millones de despilfarro. Nasser Al Khelaifi no ceja en su empeño de poner ceros en los cheques para regalársela al Paris Saint Germain, y los dueños del City  también han vaciado la caja pero con estrellas de segundas fila, algunas en permanente sospecha como Gündogan, al que las lesiones le han apartado de la élite en los últimos tiempos. Dicen que Kevin De Bruyne fue fichaje de Pep porque Ferrán Soriano y Beguiristáin ya sabían que su camarada acabaría ciclo en Munich. A él no le han traído un Pogba de 120 ‘kilos’, pero sí al central John Stones por la mitad. Suena a exageración su P.V.P. y que le nombren sucesor de John Terry en la selección inglesa. Desde luego, no será un zaguero de pedigrí británico, de los que como dijo ocurrentemente aquel Pedrag Spasic del Real Madrid, “o pasa el balón o el jugador, pero nunca los dos”. Anoche Stones tenía de referencia a Kolarov y, si no, a Otamendi, y si no, a Willy Caballero. Nunca el cielo rumano.

Desde la calle, Guardiola da la sensación de haber reunido un vestuario inmune a las peleas de egos; sin caprichos ni estrellas rebeldes. Le advirtieron que Yaya Touré se comporta como una vedete de sueldo exagerado y le está manteniendo a raya, poniendo y quitándole. Ayer ni siquiera viajó a Rumanía. Cuando Ibrahmovic fichó por el Barça en 2009, Guardiola le dio la bienvenida en su despacho de la Ciudad de Sant Joan Despí y le informó que en la primera plantilla nadie acudía a los entrenamientos en Ferraris o Lamborghinis, que intentaban educarlos en la normalidad. Ningún Ibra o Pogba encajaría en un protocolo en el que el líder entrena y el resto juega. No hay alternativas: o eres bueno con el balón o no vales para el equipo. Aunque siempre aparece alguna disfunción llamada Chigrinskiy. Las reverencias al show de Bucarest no dejan lugar a la duda: Nolito ha entrado en un patio de colegio donde no se siente extraño. Sólo falta averiguar el estímulo del público citizen, tan amante del pim, pam, pum como el del Munich. Es el fantasma que siempre persigue al a veces incomprendido Guardiola.

El piojo López en Balaídos

Jueves, 24 Septiembre 2015

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Al Barcelona se le apareció el fantasma del ‘Piojo’ López. De repente, el escurridizo y diminuto delantero argentino asomó por Balaídos para triturar la defensa azulgrana. En la pierna derecha de Nolito o en la zurda eléctrica de Iago Aspas, poco importa, el espectro del ex valencianista dinamitó el armatoste de Luis Enrique. Hacía demasiado tiempo que el Barça no se colapsaba tan pronto y entraba en barrena sin poder de reacción. El partido se intuía como una partida de ping pong con un Celta vacilón, pero que  Messi decidiría en cualquier instante. Sin embargo, un gol de escuadra y cartabón de Nolito desató la orgía goleadora. Esta vez Ter Stegen se estiró como un chicle en busca de la parada imposible; nada que reprochar al portero alemán que aún no se escapa del ojo del huracán. Y cuando cualquier equipo blindaría con tanques y autobuses el área en un intento suicida por mantener el resultado, el técnico Berizzo ordenó a sus buitres que rapiñaran el cadáver hasta dejar los huesos. Así lo entendió Iago Aspas, que aprovechó una torpeza de Piqué para rememorar la famosa ‘cuchara’ de Raúl, el eterno ‘7’. Esa genialidad invita a pensar cómo un goleador del desparpajo de Aspas entró y salió de Anfield con la misma fugacidad que Faubert lo hizo en el Madrid.

“El Celta ha jugado con la intensidad que nos ha faltado”. Busquets mentó la palabra que Luis Enrique y Mascherano obviaron en rueda de prensa. Porque aunque la revelación del campeonato salió y acabó más espabilado, al Barça de esta temporada le sobra suficiencia y cierta desgana. Pero, básicamente, necesita la mejor versión de Busquets, que descarga trabajo a Iniesta, y protege a Piqué y Mascherano. Sin Busi se apaga la luz y todos se mueven como zombis. Tal cual sucedió en el tercer gol, otro volátil contraataque que Aspas ejecutó con la facilidad del ‘Piojo’ López. En ese sentido, el Barça no es el Madrid porque no controla la mística de las remontadas taquicárdicas. La buena noticia  es que el espíritu de Anoeta les inmunizó de este tipo de contratiempos; la gran noticia es que el Barça es otro gigante anestesiado al que un par de portadas envenenadas le puede despertar. Será entonces cuando Messi se adelante diez metros y él solo trace en una pizarra la táctica tan simplona como efectiva del prisionero Pelé en Evasión o Victoria.

Por cierto, Dani Alves consiguió la renovación de su vida y parece que sus retos se agotaron. Ni un atisbo de aquel lateral que defendía a tumba abierta y, en un chasquido de dedos, se plantaba en el otro área. Cuestión de actitud, que no aptitud. Y, por ultimo, un aplauso para ‘Tata’ Martino, que sin buscarlo se ha encontrado con el centrocampista argentino más completo desde el adiós de Riquelme. Él es Augusto Fernández, bueno para hacer coberturas, notable en el manejo del balón y sobresaliente en cambios de sentido de 40 metros. Un híbrido entre Fernando Redondo y Xabi Alonso. El mercado europeo se lo apunta.