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Cristiano Ronaldo, dos Balones de Oro

Mircoles, 13 Noviembre 2013

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Las alarmas se encendieron en la concentración de la selección portuguesa. Cristiano Ronaldo no se entrenó con los demás, ni siquiera apareció al trote por los campos del cuartel general en Óbidos. Las mentes más aviesas intuían una lesión debido al hermetismo informativo del vestuario: los futbolistas se negaron a hablar con los medios, y de una posible lesión se pasó a la estrategia del despiste. Cualquier plan vale para desestabilizar al enemigo, en este caso Suecia, en una eliminatoria fatídica. Pero nada más lejos de la realidad: Nuno Luz, uno de los periodistas más prestigiosos de Portugal, con contactos que llegan hasta Mourinho, Jorge Mendes e incluso el propio Cristiano, aclaró en COPE que el crack madridista siempre se ejercita en solitario un par de días al inicio de cada convocatoria. El Mundial pende de un hilo y, en un equipo que suele jugar al borde del precipicio, Cristiano se ha convertido en un semidios para su país. “Sus sensaciones son las de la nación entera; si juega mal, Portugal perderá, porque es imposible que Ibra y él lo hagan mal a la vez. Uno de los dos fallará”, dice Manuel Saves,, de la televisión nacional RTP.

Cristiano está disfrutando del momento más excelso de su carrera. Golea en un Madrid que atisba mejoría y de repente le han escaquetado un marrón, el marrón. La prensa portugués le está vendiendo como un mesías que debe liderar a una Portugal subida a su chepa. La gloria será sólo suya y la derrota también le saldrá cara: “pérdida de crédito y, lo más crucial para el jugador, quizás el Balón de Oro”, dice Nuno Luz. El madridista está obsesionado con el galardón, pues compite en cada partido para reclamarlo ante periodistas y seleccionadores, o sea, los votantes. Tan importante y cerca está el de este año, que Mourinho ha confesado a la revista France Football que CR7 es el mejor jugador que ha entrenado en su vida. Es vox populi que ambos acabaron ignorándose la pasada temporada, por eso la declaración suena a un plan de comunicación preparado por Jorge Mendes, representante de ambos. El morbo está servido porque los periodistas ya estamos buscando la reacción de Cristiano. Si el supuesto plan Mendes sigue su ejecución, el madridista devolverá los elogios a su ex entrenador, más que nada, porque también él está metido en la carrera por ser el mejor entrenador del mundo.

La lesión de Messi le debería apartar de la disputa por el trofeo dorado, así que la eliminatoria Portugal-Suecia no es una simple repesca. Cristiano se juega dos Balones de Oro: el más inminente le obliga a ganar a Ibra, de lo contrario Ribery tendrá argumentos suficientes para defender su candidatura. ¿Quién querrá votar a un goleador cuyos goles no han dado ni un solo título? Y peor aún, el de la próxima temporada. Los últimos seis mundiales casi han influido demasiado en el ganador: en Italia 90 el campeón alemán Lothar Matthaus; en Estados Unidos 94, Stoichkov en calidad de sorprendente semifinalista y campeón de Liga con el Barça; en el 98, Zidane y su Mundial; en Corea y Japón 2002, la reaparición a escala mundial (nunca mejor dicho) de Ronaldo; en Alemania 2006, el inesperado Cannavaro, y en 2010 Leo Messi, no por méritos en Sudáfrica (eliminado en cuartos) sino por récord de goles y la Liga.

Cristiano no ha levantado copas y un batacazo en la repesca sería el empujón final al ostracismo. Sin embargo, hay otra interpretación del Balón de Oro a favor del portugués y que chirría en un título individual al fin y al cabo: Ronaldo puede acabar el año natural en más de setenta goles y desde que fichó por el Madrid, su promedio supera el gol por partido. No es que sea una estadística más, sino un dato demoledor que, simplemente, no está bien vendido a los votantes del Balón de Oro. Porque, desde luego, a los participantes de África, Asia y Oceanía, entre otros, lo que les llega es el marketing de cada futbolista. El nombre de Ribery queda eclipsado por el de Cristiano o Messi, sobre todo porque ni el equipo más perfecto del momento, el Bayern, suena tanto como Madrid y Barça. Todo son estrategias y el Madrid ya ha activado la suya: la de volver a tener al mejor del mundo en sus filas.