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Neymar y Robinho: la cuestión es trincar

Mircoles, 22 Mayo 2013

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La operación Neymar recuerda mucho a la que el Madrid se tuvo que currar con Robinho, entonces la gran estrella del firmamento brasileño. El Madrid sacó toda su artillería en los despachos cuando el jugador manifestó en público su deseo; el Barça todavía espera una servilleta firmada por Neymar con un ‘sí’ o un guiño esclarecedor. Por si acaso, el Santos, que aprendió del pasado, ha tasado a Neymar en 65 millones de euros, una cifra que intuye prohibitiva para cualquier oferta que pueda hacer el Barça. El problema es que el futuro de la rutilante estrella no depende sólo de su opinión: sus derechos se los reparten varias sociedades (55% Santos; 40% Grupo DIS y 5% TEISA), todas obsesionadas con sacar tajada de un negocio redondo. Pero los negociadores del Barça no son ingenuos y saben que la clave es engatusar al padre de Neymar. En el caso de Robinho, Florentino apuntó sus dotes persuasivas a Wagner Ribeiro, entonces apoderado de Robinho.

“Mi fichaje por el Real Madrid es cuestión de horas”. Florentino Pérez necesitaba que su siguiente crack se mojase para poner en jaque al Santos. Fue durante la Copa Confederaciones de Alemania de 2005 cuando Robinho anunció su deseo. El presidente del club brasileño, Marcelo Teixeira, había repetido hasta la saciedad que el “sucesor de Pelé” (así se atrevió a calificarle) no se iba a mover de Brasil hasta el Mundial del año siguiente, por lo menos. El presidente blanco llamó personalmente a Wagner Ribeiro para que desatascase la dura negociación: el Madrid no estaba dispuesto a pagar los 50 millones de euros de la cláusula de rescisión que el Santos impuso a su estrella cuando la prensa filtró un preacuerdo en las navidades de 2004. Teixeira llegó a confesar en la televisión brasileña Globo que “Florentino podrá haberle quitado Figo al Barça; a la Juve, Zidane; al Inter, Ronaldo y Beckham al Manchester United, pero Robinho es diferente”. El culebrón alcanzó tintes de asunto de estado en Brasil; el gran Pelé también tomó parte pregonando que Robinho estaba llamado a ser su ”sucesor” y la dichosa (o maldita) palabra provocó que el Santos se negara a recibir a dos enviados especiales del Madrid. Fue entonces cuando Teixera dijo que sólo negociaría con Florentino en persona.

Y Florentino Pérez intervino. Precisamente, el máxima mandatario blanco había elegido a dedo a Robinho; quería fabricar a su propio Balón de Oro, receloso de que el Barça fuese el verdadero rey de midas del fútbol: Stoichkov, Romario, Ronaldo, Rivaldo y en esas fechas Ronaldinho. Así se lo hizo entender a Wagner Ribeiro, eso sí, con una suculenta chequera por delante. A partir de ese instante, todos los episodios favorecieron al Madrid: Robinho se puso farruco y, a la vuelta de la Confederaciones, se negó a entrenar con el Santos. Las pancartas del estadio Vila Belmiro que le rendían pleitesía desaparecieron por otras menos agradables: ‘¡Robinho, vete ya!’ fue el sentimiento unánime de la hinchada santista.  El desenlace era cada vez más obvio: el viernes, 22 de julio de 2005, el club español anunció fumata blanca. Robinho fichaba por el Real Madrid a cambio de 24 millones, es decir, el 60% de los derechos que el Santos tenía sobre su estrella. Porque lo que realmente valoró Florentino fue la iniciativa de Robinho en rechazar el 40% restante que correspondían a su agente Ribeiro y a él. Aunque es muy poco creíble que el representante no se llevase un buen cacho en la operación. Sin embargo, el Santos no se rindió y en una conferencia de prensa dijo que el contrato de Robinho expiraba en 2008.

El Madrid transfirió los 24 millones desde una sucursal madrileña del Banco Santander a una entidad de Río de Janeiro, pero los brasileños negaron saber nada de dicha transferencia y amenazaron con denegar al Madrid el tránsfer del jugador. Finalmente, Florentino, en la enésima reunión con su homólogo brasileño, accedió a no incorporar a Robinho hasta la víspera de la primera jornada, por lo que el chaval de 21 años podría despedirse de su afición y quizá atemperar un cabreo de proporciones bíblicas. Como era de esperar, el presidente blanco se salió con la suya y el debut del jugador en el Cádiz-Real Madrid generó una expectación sin antecedentes. ¡Qué pena que la efervescencia durase tan poco!