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Derbi de argamasa y amasijos de hierro

Mircoles, 20 Agosto 2014

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A Jürgen Klopp le desmontan su Borussia Dortmund cada año y sigue siendo un dolor de muelas. Su filosofía no es el partido a partido tan repetitivo de Simeone, cuyo segundo entrenador, el ‘mono’ Burgos, se encargó de recordar anoche a los telespectadores. No, Klopp cambia de peones (bastante baratos, por cierto) pero mantiene la idea de rodar el balón cuanto más rápido mejor. El ‘Cholo’ también ha asumido que el Atleti es una empresa de compraventa de futbolistas y, más importante, el casting más fiable del que se nutren las grandes moles europeas. Sin embargo, a pesar de la exportación de estrellas y como le pasa al Dortmund, los rojiblancos incordian allá donde juegan, sea en el trofeo Ramón de Carranza o en el mismísimo Bernabéu, al que le han pillado el gustillo. Simeone es cabezón: juega a morder la yugular, a chupar la sangre del contrario como un vampiro. Y para ello, cambian los personajes pero se mantiene el músculo. La esencia es innegociable, justo lo que debe buscar Ancelotti, todavía ahogado en un mar de incertidumbre: dominar el balón o machacar a mamporros.

El nuevo Madrid quiere controlar el fútbol, aunque le sigue tirando la inercia del contraataque made in Mourinho. Provoca relámpagos en ataque con apenas un puñado de pases, pero ahora el problema se ha detectado en la ‘sala de máquinas’, como le gusta decir al narrador Sixto Miguel Serrano. El ocurrente, que no elocuente, trivote formado por Kroos, Modric y Xabi Alonso se obturó por las tuberías de los dos últimos. Al alemán se le ve suelto y, por eso, el partido pedía que él siempre cogiese la pelota. En contraste, a Xabi se le ve cansado, sin la mente clara para interpretar su orquesta sinfónica, mientras que Modric sufre el mal de Sansón: no es el mismo desde que se cortó el pelo justo después de la final de Lisboa, ¿casualidad? Ancelotti tiene que aclararles su hoja de ruta porque desde la grada da la sensación que los tres centrocampistas traspapelan sus funciones: todos hacen lo mismo o lo que no deben.

Quienes lo tienen claro son los colchoneros. Mandzukic ha encajado como un molde en ese rol de delantero tanqueta o boya de waterpolo que se pelea con toda la defensa; en cuanto abra la lata, recibirá el guiño de su entrenador. Los que están en segundo curso de Simeone y repitiendo son su guardia pretoriana: Koke, Gabi, Mario Suárez y el novato Saúl han sido fabricados artesanalmente por su míster argentino. Se entienden, quizá por pertenecer a la misma escuela del Cerro del Espino (de la que habrá que investigar su génesis) y darán que hablar, vaya que si lo harán. Tienen buen pie y sudan como Raúl García, el soldado perfecto del ‘Cholo’. Paradójicamente, en 2005 el Real Madrid sondeó el fichaje del ex jugador de Osasuna, pero por aptitudes más estéticas y, a tenor de lo visto, menos eficientes de las que presta en el Atlético.

La velada continuará el viernes con un Madrid rabioso que lo último que necesita es otro regodeo del vecino, que no hace demasiado tiempo era el hermano pequeño e inocente que recibía collejas del blanco abusón. Y la estrategia de Simeone con la ventaja del empate a uno debería ser sencilla: meter argamasa en la defensa y hasta amasijos de hierro si hace falta. Porque ellos no necesitan un contraataque, les vale un solo corner en el que Godín remata con la cabeza hasta un microondas. Vamos, como Falcao antes de que le pudiera la codicia. Pero ¡cuidado!, que en esas de repente puede aparecer un obús de Bale o una jugada de tres rebotes de la que se aproveche el pícaro James Rodríguez a lo Raúl González. Claro que de un tipo de 75 millones se esperan zurdazos a la red como el del Mundial o recortes escurridizos en un metro cuadrado. No obstante, para esto último está Di María, no sabemos por cuánto tiempo aunque si fuera por la ovación del Bernabéu, un año más seguro. Venderle huele a cagada de proporciones bíblicas. Y si pide ocho millones en el contrato, Florentino debería ser flexible. El caso Makelele le jugó una mala pasada por las devastadoras consecuencias que arrastró. Y el presidente no quiere repetir aquel error de proporciones bíblicas.

 

Los espartanos del ‘Cholo’

Mircoles, 12 Marzo 2014

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“En cuartos de final habrá siete grandes equipos y uno que molesta”. Al ‘Cholo’ Simeone todavía no le ha traicionado el subconsciente metiendo a su Atleti en la élite de los mayores. Sigue protegiendo al club de sus amores como la hembra que defiende a su cachorro y, como buen entendedor de la relación entre prensa y fútbol, va construyendo una coraza delante del micrófono en caso de que el sueño rojiblanco acabe repentinamente. Los elogios no salen de su boca, sino de la opinión pública y todos los colegas de profesión, el último, un Clarence Seedorf que supo perder honrando al rival. El técnico milanista advirtió en la víspera que el Atlético era “una máquina que funcionaba”. Sin disponer de la artillería pesada de Real Madrid o Barcelona, Simeone ha instruido a ese grupo de espartanos que tanto gusta a Arbeloa y en el que cada uno daría su vida por el compañero. Es el ‘cholismo’ en su esencia más primigenia; el equipo que “pelea como el mejor” (así reza el himno) y sabe sufrir sin volver a la versión del pupas. Porque es cierto que hubo un momento, con el empate a uno de Kaká, en el que el Atleti pareció aturdido y a un solo gancho de caer a la lona. El fantasma de los últimos cuartos fatídicos contra el Ajax del 97 sobrevolaba el Vicente Calderón; sin embargo, esta vez la Champions no podía ser tan caprichosa.

El sueño de la ‘orejona’ ha merecido varios calentamientos en la Europa League con premio incluido. Durante los últimos años el Atlético ha sido el canterano al que la liga filial se le quedaba pequeña y ansiaba por reivindicar su talento entre los mayores.  Le han dejado un balón y ha demostrado que en el fútbol no sólo se pintan los ‘picassos’ de Bayern y Barça, o se destroza al rival mediante una somanta de puñetazos al estilo Madrid o Paris Saint Germain. No, este Atleti ejerce una presión mayor de la que un ser humano puede aguantar a cientos de metros bajo el agua y deja al contrario con la tensión del levantador que aguanta pesas de tres dígitos. Pero la comparación que se lleva la palma la dijo Bernd Schuster, ídolo de masas en el Calderón: “el nuevo Atleti es una hormiguita que intentas pisarla y sigue correteando de un lado a otro”. Es una hormiga obrera que trabaja con las mismas ganas en una bonita noche de Champions o en una visita marrón de Liga, como la de Balaídos del pasado sábado. Y en ese sentido, todos y cada uno de los futbolistas le deben la vida a su entrenador. Empezando por Courtois y acabando por Diego Costa, con nueve tipos por medio que dejaron de ser comparsas hace tiempo.

Costa afiló la guadaña y enterró para siempre su sambenito de mamporrero. Ahora es el delantero de ‘La Roja’ que ha hecho olvidar al killer cafetero Falcao con goles y huevos (el orden de los factores no altera el producto). Y no se trata de un goleador del montón que necesita fallar más que una escopeta de feria para clavar uno; Costa aparece en el momento más inesperado, para abrir la lata o culminar la fiesta. Su gran virtud es que no necesita que el Atleti le busque, ya se buscará él las castañas. Si Falcao era capaz de rematar un microondas, su sucesor no sólo dispara melones de todos los tamaños sino que también le gusta montarse su propia jugada para terminarla con disparo raso cruzado. Sin embargo, en la asignatura del buen cabeceador le ha salido un competidor demasiado peleón: Raúl García.

Nunca es tarde pero si el ‘Cholo’ hubiese tomado como discípulo suyo a aquel chaval fornido que despuntó en Osasuna y por el que el Madrid preguntó, quizás la selección española tendría desde hace años una roca entre sus centrocampistas. Raúl acaba los partidos con heridas de guerra por todo el cuerpo, es la consecuencia de batirse el cobre en cada metro cuadrado. Además, esta temporada se ha erigido como un gran cabeceador, no tan avasallador como Diego Godín pero sí más efectivo. Lástima que Del Bosque tenga casi cerrada su lista para el Mundial, porque de haber sido argentino, Raúl García iba directo a Brasil. Es el futbolista a imagen y semejanza de Simeone.