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El estado contra Neymar

Mircoles, 7 Septiembre 2016

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“La estrella de rock ya no se puede lanzar al público”.  Romario da Souza Faria, futbolista de vocación y senador de profesión, sólo habla de fútbol para sobreexcitar al pueblo. Alejado del discurso de sota, caballo y rey, la gente sabía que tarde o temprano usaría su afilada lengua para referirse a Neymar. Asunto nacional en Brasil, su cabreo de proporciones bíblicas en Maracaná (final olímpica) todavía guarda facturas pendientes. Leyendas como Roberto Rivelino le tildan de blasfemo a la canarinha; Felipao Scolari declina pronunciarse porque “podría causar problemas” y Globoesporte, el gigante mediático que fabrica corrientes de opinión, le defiende a capa y espada porque tiene contratos de exclusividad firmados con Neymar. Ídolo de masas y proscrito a la vez, su renuncia a la capitanía terminó de irritar a una nación temerosa de otro ‘maracanazo’. Él no compartió la pesadilla de Alemania pero, aun así,  también fue colocado en el paredón; peleó a tumba abierta los primeros partidos de los Juegos y la torcida se burló jaleando el nombre de la estrella femenina Marta. El barcelonista tragó bilis y calló, por recomendación de uno de sus agentes, Wagner Ribeiro, el mismo que le regaló el consejo de su vida cuando fichó por el Barcelona: “Pégate a Messi y aprende de él…de momento”.

Neymar acató la decisión de Dunga sin patalear como un niño de preescolar. Los JJ.OO. son un sueño de una noche de verano, literal, y él quería jugarlos en detrimento de la Copa América. La partida de póker había comenzado: o todo o nada, la gloria o la culpa del all-in sería suya y de nadie más. Cientos de Kalashnikovs cargadas para fusilar al astro con ínfulas de Pelé: demasiados muñecos de trapo para hacer vudú a un atleta al que su país critica que no rinda en el césped más de lo que lo hace en anuncios de televisión. Sin embargo, Neymar sacó la escuadra y el cartabón en la final contra Alemania, marcó por el ángulo imposible y luego repitió con el penalti que terminó una travesía demasiado dolorosa, la que empezó el día después de que Ronaldo le robara la cartera a Oliver Kahn. De enemigo público número uno a héroe del año, Maracaná le ovacionó hasta que Neymar descubrió a los aduladores. Los que decían que era un encantador de serpientes, los que escaneaban sus partidos para comprobar cuántas veces vagueaba y no corría por el campo. El campeón tiene memoria y así se lo hizo saber a un espectador de primera fila en la ya célebre imagen. O a todos aquellos que se sintieron aludidos con ese arrebato demoledor “¡Ahora van a tener que tragar!”.

En un puñado de días su supuesta infidelidad a la selección ha dado un giro de 180 grados. Ante Ecuador se remangó la camiseta e intentó robar balones como si no hubiera mañana; anoche peleó desde el suelo, corrió, amagó regates, tiró lambrettas y revolucionó a un equipo que necesita más talento que músculo. Casemiro y Neymar, piedra y pincel, los grandes protagonistas ante Colombia. La gente de la calle vuelve a congraciarse con su rey, porque el presente es él y el futuro….también es suyo. Los que dudaban del heredero de Messi se han quedado sin balas, aguardando a la próximo resacón en Las Vegas de Neymar, a que se hunda en el egoísmo del típico genio brasileño. No pasará de momento: el consejo de Ribeiro no se olvida.

 

Primero dispara y luego pregunta

Jueves, 21 Abril 2016

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No hubo pájaras en la subida al Tourmalet. Los tres escapados ni siquiera se miran de reojo; casi que pedalean con plato grande. El líder ha vuelto a pegar un arreón cuando ha sentido en el cogote el aliento de los otros; su descalabro sonaba a los de Jan Ullrich en aquellas peleas gloriosas contra Armstrong y el ‘Pirata’ Pantani. Pero el Barça se ha descubierto como la locomotora americana que, lejos de desfallecer, ha vuelto a imponer un ritmo brutal. El que ha querido y le ha dejado un Depor demasiado relajado. El 0-8 es la coartada perfecta para reclamar como accidente la derrota contra el Valencia. El campeón entró en barrena y salió de la crisis de la manera más contundente: asustando como Mike Tyson. Resulta que Luis Enrique, enemigo público número uno de la prensa y casi de la calle, quizá tuviese razón: no fallaba el físico sino la puntería, porque en Anoeta Gero Rulli salvó a la Real Sociedad y el pasado domingo Diego Alves se convirtió en Duckadam, no parando penaltis pero sí disparos por tierra, mar y aire. El Barça espanta fantasmas y Luis Suárez se declara ganador en el debate de quién ha sido el mejor de la MSN. Desde luego, el killer uruguayo no sólo destroza sus propios récords (ya lleva 50 goles esta temporada) sino que garantiza a su equipo el mejor delantero centro del momento. Golea y da asistencias, rechazando las teorías de los ‘falsos’ nueves. Calibró su Kalashnikov cuando más lo necesitaba, y en cualquier palmo del área ataca al balón como un velociraptor a su presa. Tendría su enjundia verle en un equipo de Guardiola, con tantos delanteros móviles que, de repente, cambian a media puntas o interiores. Suárez es el delantero que pivota en el punto de penalti para rematar hasta un microondas (bonita expresión de Jorge Valdano); fuera del agua se muere porque, al contrario que Benzema, él no entiende el fútbol como un mecano donde la jugada empieza a construirse desde la banda.

A Romario le preguntaron en O Globo quién era su favorito de este Barça. Y cuando todo el mundo intuía que tiraría de inercia patriótica con Neymar, el senador más transgresor del parlamento brasileño sorprendió con Luis Suárez. “Me recuerda a mí, con mi instinto pero sin mis regates”. O Baixinho sigue pendiente del negocio del balón y sabe que el club azulgrana compró la mejor semiautomática del mercado. El Camp Nou la disfruta, como lo hizo Anfield en el año que casi les devuelve la Premier League. Por eso, el mito del Liverpool, Kevin Keegan, avisó hace tiempo al barcelonismo:No saben de qué es capaz el monstruo”. Entre sus diabluras de extremo derecho y delantero centro, se sacó dos Balones de Oro. Al igual que Suárez, ‘Super ratón’ Keegan triunfó en la Premier alejado del estereotipo de tanqueta goleadora (tal honor le correspondió a J.B.Toshack). Los regates del uruguayo son una vintage de aquellas fintas del gran ariete de los setenta. Keegan cambió la idea simplona y folclórica de los inventores del fútbol, mientras que el uruguayo no ambiciona tanto, si acaso, un recuerdo como el de Hristo Stoichkov, de quien le han dicho que puede aspirar a lo mismo: un Balón de Oro. Casi nada. Luis plantea cada partido como un duelo en el Lejano Oeste. Dispara nada más recibir, sin pensar, sin imaginar el ángulo. Le da igual a bote pronto o en pirueta, remata el balón como Hugo Sánchez. Y cualquier aroma añejo siempre es bienvenido. Suárez es el goleador del momento, que dio pistas en Amsterdam y se consagró en Inglaterra. Si Football Leaks desvelase que el Real Madrid le tuvo tan a tiro…

Romario, el martillo pilón de la FIFA

Martes, 10 Junio 2014

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“Romario ataca, Ronaldo responde y Bebeto calla”. No es la crónica de un partido de la canarinha, sino el grotesco panorama político que ha causado el inminente Mundial. Así lo describe Alexandre Martins, amigo de Romario y ex agente de Ronaldo. Las manifestaciones populares que claman estos días por los recortes sociales las advirtió ‘O Baixinho’ hace meses, antes de que el gobierno brasileño superase su límite de 11.000 millones de dólares para organizar el Mundial, y la FIFA anunciase a todo el mundo que Brasil estaba “muy bien” acicalado para celebrar el campeonato. Joseph Blatter, quizá intuyendo el martillo pilón de Romario, puso en el escaparate a Ronaldo y Bebeto como los personajes mediáticos del torneo. “O Ronaldo y Bebeto no saben lo que está pasando, o lo saben y están fingiendo que no lo saben. De cualquier forma, los dos son unos ignorantes”. Fue el primer directo que el político Romario (ahora de profesión) lanzó a la mandíbula de sus ex compañeros de selección. Tantas concentraciones compartidas, tantas sambas bailadas en vestuarios de medio mundo y lo que se presuponía una fiesta común de fútbol ha destrozado el buen rollo de estos magos del fútbol. Al menos, ellos lo fueron con las botas puestas.

Romario es el hombre del momento en su país. Se ha subido a la ola populista desde su escaño de diputado del Partido Socialista Brasileño, una división pequeña pero que se sensibiliza con toda la ciudadanía por un propósito plausible: apoyar los derechos de los 45 millones de brasileños que sufren alguna minusvalía. Romario tiene una hija con síndrome de down, de nueve años, que suele recibir a todos aquellos paisanos que se acercan a su despacho de congresista en Brasilia. Entiende que la causa de su hija Ivy merece un respaldo político y unas leyes que coloquen a su nación a la vanguardia de las ayudas a los discapacitados. Pero los tentáculos de la FIFA con obras faraónicas interminables en los estadios y la desesperación social por gente a la que no le llegan los reales para comprar leche y pan han terminado por irritar al ex delantero diminuto del Barça. Dice que Ronaldo ha incumplido una promesa de 32.000 entradas del Mundial para los más desfavorecidos y, claro, el ‘Fenómeno’ no tardó en responder hace pocos meses: “Es lamentable que Romario me responsabilice por cosas que no me competen”.

Dos ídolos del pueblo peleándose delante de las televisiones, mientras Bebeto, también metido en política, se queda al margen. El ex deportivista no quiere líos que le puedan perjudicar en su carrera como asambleísta del Partido Democrático Laborista. Ha acudido a todos los actos previos del Mundial, se ha recorrido las obras de las doce sedes y nunca ha dejado de esbozar su eterna sonrisa. “¿Romario? Lo que importa es que los brasileños disfruten del Mundial”. Palabras vacías de un Bebeto que va cogiendo el tranquillo de la oratoria política. Es obvio que a tenor de las sacudidas diarias entre manifestantes y la policía, el país se ha visto forzado a elegir entre sus mitos futbolísticos: se queda con Romario sin pensarlo. Porque Ronaldo y Bebeto, aún si tener designado un sueldo oficial, huelen a FIFA de pies a cabeza; ponen la cara del Mundial ante el mundo y tratan de esconderse de fronteras para adentro. Allí reina ‘O Baixinho’ con sus lanzamisiles preparados por tierra, mar y aire, esté quien esté delante. “Ya consiguieron lo que vinieron a buscar: dinero”. Palabra de Romario da Souza Faria, quién sabe si próximo alcalde de Río de Janeiro y, en un futuro no muy lejano, O presidente.